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La historia del niño ahogado que avergüenza al mundo

La imagen del cadáver del pequeño Aylan Kurdi, que apareció ahogado este miércoles en una playa turca, está dando la vuelta al mundo. El pequeño perdió la vida tras el naufragio de una embarcación en la que viajaban una docena de personas y que trataba de alcanzar la isla griega de Kos.

Ahora se comienza a conocer su historia, la de una familia que huía del terror del autodenominado Estado Islámico y a la que se le cerraron las puertas del primer mundo.

Junto con Aylan, de tres años, fallecieron su hermano Galip, de cinco, y su madre. Su padre, Abdulá, trata de recuperarse de la tragedia en un hotel turco. Habían pagado un billete para ir a Grecia en una barcaza que finalmente volcó. Eran de Kobani, al norte de Siria, una localidad acosada por los yihadistas, y querían marcharse a toda costa.

Antes ya habían intentado otras vías: la petición de asilo a Canadá, país en el que reside la hermana de Abdulá. Pero tras meses de espera les rechazaron la solicitud por problemas burocráticos.

Hoy la gran mayoría de medios, tanto nacionales como internacionales, llevan en sus portadas la llamada “foto de la vergüenza”. La instantánea refleja con dureza la situación crítica que viven multitud de refugiados.

Decenas de miles de sirios que huyen de la violencia y la miseria en su país llegaron hasta la costa turca en el mar Egeo este verano para tomar precarias embarcaciones con destino a Grecia, su puerta de entrada en la UE.

Según las agencias humanitarias, durante el mes pasado unas dos mil personas al día realizaron el corto trayecto entre Turquía y las islas griegas, el mismo que ayer tuvo este dramático final.

Lo que mejor resume la foto tan discutida es esta viñeta. Se llamaba Aylan Kurdi y tenía 3 años. Símbolo del calvario que viven los miles de refugiados sirios. Dolor! Una foto muy violenta, tanto como la realidad. Una vez mas el poder de la imagen, impactando sin anestesia en el alma. Despertar al mundo para que vea el dolor… Entre el 1 de enero y el 1 de sept de 2015, al menos 351.314 personas han llegado a costas europeas. El mayor flujo desde 2da Guerra Mundial. A esperar que los que deciden estén a la altura. Que encuentren refugio y consuelo.Que esa pequeña vida perdida no sea en vano. Una gran bofetada con una foto que nos hace sangrar. Escapando de la guerra se ahoga en el intento. Que mundo de mierda…(me corrijo: los fundamentalistas. si son una mierda) Este no es un caso más, es una de las crisis humanitarias más grandes de este siglo

La foto es amarillismo y no sirve para nada de nada. Por eso llevamos horas hablando de Siria, refugiados y donativos como cada miércoles

El ancho y democrático mar, al decir de Neruda, convertido en un cementerio donde el “primer mundo” ahoga su conciencia. Recuerdo, cuando apareció la foto de la “niña napalm” también el mundo entero se conmovió y después… (Los niños tocan cuerdas sensible, así como impactan las imágenes la indignación mundial es tan fugaz.) La población en Siria era de 22,4 millones. Hoy más de la mitad esta refugiada, desplazada, exiliada o muerta. Nunca hubiera sido lo mismo que nos cuenten que hubo un niño ahogado en la playa, como la crudeza de esa foto. Aunque indignarse por la foto del niño en la playa sin repudiar las causas, es el modo simple de fijarse en el árbol para no ver el bosque.

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en “La historia del niño ahogado que avergüenza al mundo

  1. Niño muerto en la playa

    La fotografía de Aylan Kurdi, un niño sirio de tres años muerto en una playa de Turquía cuando con su familia trataba de emigrar a Europa, conmovió al mundo entero. Y sirvió para que varios países europeos ampliaran su cuota de refugiados —no todos, desde luego— y la opinión pública internacional tomara conciencia de la magnitud del problema que representan los cientos de miles, acaso millones, de familias que tratan de escapar del África y de Medio Oriente hacia el mundo occidental donde, creen, encontrarán trabajo, seguridad y, en pocas palabras, la vida digna y decente que sus países no pueden darles.

    Es bueno que haya ahora, en los países más prósperos y libres del mundo, una conciencia mayor de la disyuntiva moral que les plantea el problema de estas migraciones masivas y espontáneas, pero sería necesario que, por positivo que sea el esfuerzo que hagan los países avanzados para admitir más refugiados en su seno, no se hicieran ilusiones pensando que de este modo se resolverá el problema. Nada más inexacto. Aunque los países occidentales practicaran la política de fronteras abiertas que los liberales radicales defienden —defendemos—, nunca habría suficiente infraestructura ni trabajo en ellos para todos quienes quisieran huir de la miseria y la violencia que asolan ciertas regiones del mundo. El problema está allí y solo allí puede encontrar una solución real y duradera. Tal como se presentan las cosas en África y Medio Oriente, por desgracia, aquello tomará todavía algún tiempo. Pero los países desarrollados podrían acortarlo si orientaran sus esfuerzos en esa dirección, sin distraerse en paliativos momentáneos de dudosa eficacia.

    La raíz del problema está en la pobreza y la inseguridad terribles en que vive la mayoría de las poblaciones africanas y de Medio Oriente, sea por culpa de regímenes despóticos, ineptos y corruptos o por los fanatismos religiosos y políticos —por ejemplo, el Estado Islámico o Al Qaeda— que generan guerras como las de Siria y Yemen, y un terrorismo que diariamente ciega vidas humanas, destruye viviendas y tiene en el pánico, el paro y el hambre a millones de personas, como ocurre en Irak, un país que se desintegra lentamente. No se trata de países pobres, porque hoy en día cualquier país, aunque carezca de recursos naturales, puede ser próspero, como muestran los casos extraordinarios de Hong Kong o Singapur, sino empobrecidos por la codicia suicida de pequeñas élites dominantes que explotan con cinismo y brutalidad a esas masas que, antes, se resignaban a su suerte.

    Ya no es así gracias a la globalización, y, sobre todo, a la gran revolución de las comunicaciones que abre los ojos a los más desvalidos y marginados sobre lo que ocurre en el resto del planeta. Esas multitudes explotadas y sin esperanza saben ahora que en otras regiones del mundo hay paz, coexistencia pacífica, altos niveles de vida, seguridad social, libertad, legalidad, oportunidades de trabajar y progresar. Y con toda razón están dispuestas a hacer todos los sacrificios, incluido el de jugarse la vida, tratando de acceder a esos países. Esa emigración no será nunca detenida con muros ni alambradas como las que ingenuamente han construido o se proponen construir Hungría y otras naciones. Pasará por debajo o por encima de ellos y siempre encontrará mafias que le faciliten el tránsito, aunque a veces la engañen y conduzcan no al paraíso sino a la muerte, como a los 71 desdichados que murieron hace algunas semanas asfixiados en un camión frigorífico en las carreteras de Austria.

    La capacidad para admitir refugiados de un país desarrollado tiene un límite, que no conviene forzar porque puede ser contraproducente y, en vez de resolver un problema, generar otro, el de favorecer movimientos xenófobos y racistas, como el Front National de Francia. Es algo que está ocurriendo incluso en países tan avanzados como la propia Suecia, donde la última encuesta de opinión pone a un partido antiinmigrantes como el más popular. No hay duda de que la inmigración es algo indispensable para los países desarrollados, los que, sin ella, jamás podrían conservar en el futuro sus altos niveles de vida. Pero para ser eficaz, esta inmigración debe ser organizada y ordenada de acuerdo con una política común, inteligente y realista, como está proponiendo la canciller Angela Merkel, a quien, en este asunto, hay que felicitar por la lucidez y energía con que enfrenta el problema.

    Pero, en verdad, este solo se resolverá donde ha nacido, es decir, en África y el Medio Oriente. No es imposible. Hay dos regiones del mundo que eran, al igual que estas ahora, grandes propulsoras de emigrantes clandestinos hacia Occidente: buena parte del Asia y América Latina. Esta corriente migratoria ha disminuido notablemente en ambas a medida que la democracia y políticas económicas sensatas se abrían camino en ellas, los Estados de derecho reemplazaban a las dictaduras, y sus economías comenzaban a crecer y a crear oportunidades y trabajo para la población local.

    La manera más efectiva en que Occidente puede contribuir a reducir la inmigración ilegal es colaborar con quienes en los países africanos y el Medio Oriente luchan para acabar con las satrapías que los gobiernan y establecer regímenes representativos, democráticos y modernos, que creen condiciones favorables a la inversión y atraigan esos capitales (muy abundantes) que circulan por el mundo buscando donde echar raíces.

    Cuando era estudiante universitario recuerdo haber leído, en el Perú, una encuesta que me hizo entender por qué millones de familias indígenas emigraban del campo a la ciudad. Uno se preguntaba qué atractivo podía tener para ellas abandonar esas aldeas andinas que el indigenismo literario y artístico embellecía, para vivir en la promiscuidad insalubre de las barriadas marginales de Lima. La encuesta era rotunda: con todo lo triste y sucia que era la vida, en esas barriadas los ex campesinos vivían mucho mejor que en el campo, donde el aislamiento, la pobreza y la inseguridad parecían invencibles. La ciudad, por lo menos, les ofrecía una esperanza.

    ¿Quién que padezca la dictadura homicida de un Robert Mugabe en Zimbabue o el averno de bombas y machismo patológico de los talibanes de Afganistán, o el horror cotidiano que yo he visto en el Congo, no trataría de huir de allí, cruzando selvas, montañas, mares, exponiéndose a todos los peligros, para llegar a un lugar donde al menos fuera posible la esperanza? Esas masas que vienen a Europa, desplegando un heroísmo extraordinario, rinden, sin saberlo en la gran mayoría de los casos, un gran homenaje a la cultura de la libertad, la de los derechos humanos y la coexistencia en la diversidad, que es la que ha traído desarrollo y prosperidad a Occidente. Cuando esta cultura se extienda también —como ha comenzado a ocurrir en América Latina y el Asia— por África y el Medio Oriente, el problema de la inmigración clandestina se irá diluyendo poco a poco hasta alcanzar unos niveles manejables.

    Madrid, setiembre, 2015

    Por Mario Vargas Llosa

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    Publicado por Anónimo | 28 septiembre, 2015, 08:17
  2. Un horror más

    Por Diego Marini

    La imagen de un niño muerto estuvo auténticamente en el centro de la opinión pública mundial los días pasados, sin embargo nada garantiza que situaciones similares a la que se vio en aquella playa, no se vuelvan a reproducir en distintas guerras y en diversas situaciones, ya sean conflictos armados, migraciones forzosas, situaciones de explotación sexual, de maltratos, de vejaciones o hasta de explotación laboral.

    En su libro “Filosofía política del poder mediático” el filósofo argentino José Pablo Feinmann dice: “Una de las grandes conquistas de la revolución comunicacional ha sido acostumbrarnos al horror de la historia, podemos estar haciendo cualquier cosa, estar en cualquier parte y veremos en la TV o en la tapa de un diario alguna imagen atroz. O niños que mueren de hambre o Saddam Hussein a punto de ser ahorcado o las torturas de Guantánamo o en Abu Ghraib”.

    Ese acostumbramiento al horror hace que el hombre no se espante ante las calamidades que puede ocasionar, por ejemplo la guerra, y ahí utiliza Feinmann un ejemplo sumamente esclarecedor a partir de la conocida foto de la niña vietnamita que aparece en una ruta con los brazos en alto, desnuda y llorando por las quemaduras del Napalm y se pregunta para qué tanto dolor, pero por sobre todo ¿cómo es posible que después de conocer esa fotografía el mundo no haya parado con las guerras y la violencia?

    Cuando aparecía publicada aquella foto tomada en el año 1972, también la sociedad reaccionó, eran otros tiempos, hoy podemos decir a la luz de internet que en realidad era otro mundo. En aquellos días también hubo indignación, manifestaciones y rechazo, pero volvió a pasar, por eso pese a los miles y miles de mensajes que aparecieron publicados tras la foto del niño muerto en la playa sería un abuso de candidez suponer que no volveremos a estar frente a un hecho de esa magnitud, en realidad parece innegable que nos hemos acostumbrado al horror.

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    Publicado por jotaefeb | 8 septiembre, 2015, 05:26
  3. Los que huyen

    Me fijé que en una de esas miniencuestas que se realizan en la edición digital de nuestro diario, se preguntó si la gente aprobaba que el Paraguay le ofreciera asilo a quienes hoy se encuentran huyendo de las guerras que ha desatado el Estado Islámico (EI) en una extensa región que abarca varios países de Oriente Medio. Debo confesar que me sorprendió que hubiera una opinión favorable mayoritaria en las respuestas, pues siempre pensé que en nuestro país hay una fuerte corriente de xenofobia (odio u hostilidad hacia el extranjero). Estaba equivocado.

    Desde hace más de un año, en buena parte de Europa Central, en el suroeste del continente y en el Mediterráneo, especialmente entre África y las costas italianas, se está viviendo un drama humano de características estremecedoras. Posiblemente, desde la Segunda Guerra Mundial, no se ha vivido nada parecido tanto por el desplazamiento de personas como por la cantidad de muertes que se registran.

    El conflicto provocado por el Estado Islámico no se centra en Siria, sino abarca una larga franja que incluye parte de Irán, Irak, Afganistán, sur de Turquía y, desde luego Siria y Líbano. La crueldad demostrada por estos islamistas fundamentalistas ha sembrado el terror entre la población civil, ya que no es necesario que uno sea combatiente; baste con que consideren que alguien sea un pecador, que no cumpla el Corán de acuerdo a sus interpretaciones, que sea de la rama chií en lugar de suní o que se le acuse de ser blasfemo o hereje, para que sea decapitado en la plaza pública. Uno de los últimos decapitados fue el jefe de arqueología de los yacimientos históricos de Mosul, por no querer decirles dónde se encontraban los restos arqueológicos de mayor valor de la zona. Lo acusaron de cometer idolatría.

    Mientras escribo estas líneas, llegan noticias de Austria, donde se encontró abandonado, no lejos de Viena, un camión frigorífico con más de cincuenta cadáveres en su interior; gente que iba huyendo de esas guerras y posiblemente murieron asfixiados. Las mafias del norte de África y de la costa mediterránea siria y libanesa prometen a los desesperados fugitivos cruzarlos a la costa griega, principalmente a la isla de Lesbos o a las costas italianas. El “pasaje” puede costar entre dos mil y ocho mil euros (entre 12 y 48 millones de guaraníes). Los sitios más baratos son los de las bodegas donde, encerrados por centenares, mueren asfixiados por la falta de aire o envenenados por los gases de los motores de la embarcación. Todos los días se leen noticias de estos barcos que son abordados por la marina italiana, griega o barcos humanitarios de Suecia, como el “Poseidón”, para encontrarse con decenas de muertos.

    Ángela Merkel, criticada frecuentemente por sus políticas económicas, es una de las pocas que ha pedido a Europa que muestre su lado solidario, mientras en su país, Alemania, especialmente en las regiones que constituyeron la República Democrática de Alemania, surgen los grupos de neonazis que se oponen, incluso de manera violenta, a que se les dé asilo. Por esto es importante que Latinoamérica le abra sus puertas, recordando que fue la inmigración en siglos pasados, la que enriqueció nuestros países.

    En Paraguay tenemos un importante núcleo de origen sirio-libanés a quienes llamamos impropiamente “turcos” pues, cuando emigraron, sus países estaban dominados por el Imperio Otomano, que fue desmantelado por Kemal Atatürk en 1923, proclamó la república y modernizó el Estado, ese mismo que hoy, el actual presidente turco, Recep Tayyip Erdogan se empeña en retroceder alrededor de un siglo en la historia. Abrirnos a estos inmigrantes, a más de ser un acto de profunda humanidad, nos puede enriquecer en muchos sentidos. La tolerancia nos hará mejores. Solo el fanatismo es embrutecedor.

    Por Jesús Ruiz Nestosa

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    Publicado por jotaefeb | 6 septiembre, 2015, 20:45
  4. Es fácil pasar por alto.
    Es fácil decir que no es nuestro problema.
    Es fácil decir “No a la gracia de Dios”
    Es fácil mirar hacia otro lado.
    Es fácil ser intolerante.
    Es fácil llamarlos inmigrantes.

    No es tan fácil de ver esto. Hijo de alguien, el hijo de alguien, tan desesperado como para arriesgarlo todo para escapar, lo suficientemente desesperados como para pagar el precio más alto.

    Esto podría ser su hijo.
    Esto podría ser su hija.
    Esto podría ser su hermano.

    No se apresure a condenar porque se le muestra sólo lo que la prensa quiere mostrar, lo que el gobierno muestra.

    Si esto molesta a usted entonces que así sea, no me disculpo, esta es la realidad para cientos de miles de derechos de la gente ahora.

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    Publicado por jotaefeb | 6 septiembre, 2015, 19:26
  5. La foto de un niño ahogado en una playa de Turquía, tras el naufragio de dos embarcaciones de refugiados sirios, generó conmoción en Europa, enfrentada a una creciente presión para gestionar la llegada de miles de migrantes. Los dos barcos que naufragaron habían salido de la localidad turca de Bodrum con destino a la isla griega de Kos, puerta de entrada de la Unión Europea.

    Los guardacostas turcos fueron alertados por los gritos de los pasajeros de los barcos y pudieron rescatar los cuerpos de 12 personas, entre ellos el de un niño pequeño que yacía en la playa boca abajo.

    La fotografía de un agente turco cargando al menor fue difundida por los medios y las redes sociales con el hashtag #KiyiyaVuranInsanlik (La humanidad ha fracasado en turco).

    Los diarios de toda Europa reflejaron la conmoción por la imagen.

    En España, el diario El Mundo, señaló que la foto “ya forma parte del álbum migratorio de la infamia”, mientras que El Periódico escribió que la imagen ilustra “El naufragio de Europa”.

    Para el diario británico The Guardian, la foto resume “todo el horror y el drama humano que se vive en las costas europeas”.

    “Si imágenes tan potentes como la de un niño sirio muerto arrastrado por las olas no cambian la actitud de Europa frente a los refugiados. ¿Qué podría hacerlo?”, se interroga el diario The Independent.

    En Italia el diario La Repubblica reprodujo la imagen en Twitter titulándola “Una foto para silenciar al mundo”.

    http://www.huffingtonpost.es/2015/09/03/aylan-ilustraciones-_n_8082270.html?1441282806&ncid=tweetlnkeshpmg00000001

    http://www.clarin.com/politica/publicamos-foto-nino-muerto_0_1424257621.html

    http://www.clasesdeperiodismo.com/2015/09/03/nilufer-demir-tome-la-foto-para-mostrar-la-tragedia/

    http://andresrepetto.tv/es/mundo/amplia-solidaridad-en-europa-tras-la-foto-del-nino-sirio-ahogado-146224

    http://www.dw.com/es/el-drama-de-los-refugiados-en-europa/a-18687753?maca=spa-newsletter_sp_Titulares-2358-txt-newsletter

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 6 septiembre, 2015, 19:24

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