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¿En qué se parecen Trump y Chávez?

Hay una creencia generalizada de que el aspirante presidencial Donald Trump es un payaso populista que no va poder marcar la agenda del Partido Republicano, ni capturar la nominación de su partido, ni –mucho menos– ganar las elecciones presidenciales del 2016. Pero la creencia generalizada se ha equivocado muchas veces.

El ascenso de Trump de magnate inmobiliario y estrella de reality show a candidato republicano N° 1 –lidera entre los republicanos con 24 por ciento del voto, seguido por el gobernador de Wisconsin Scott Walker con un 13 por ciento, y el ex gobernador de la Florida Jeb Bush con 12 por ciento, según una encuesta del Washington Post/ABC News– me trae a la memoria el ascenso del fallecido presidente populista venezolano Hugo Chávez.

Al igual que Trump, Chávez no fue tomado en serio por muchos cuando empezó su campaña política a fines de los años noventa.

Está claro que Trump y Chávez vienen de lados opuestos del espectro político. Trump es el epítome del capitalismo, un multimillonario que proclama “Yo soy rico” y propone abiertamente un mundo más capitalista. Por su parte, Chávez era un militar que se proclamaba socialista.

Sin embargo, Trump y Chávez tienen mucho en común: comparten las tres características clave del populismo.

En primer lugar, los populistas siempre crean un enemigo común para poder convertirse en líderes de una causa nacional. Y si el enemigo es extranjero, mucho mejor.

Trump ha elegido a los mexicanos como el enemigo, alegando que los indocumentados mexicanos están invadiendo Estados Unidos. Trump ha dicho que México está “enviando gente con un montón de problemas… Están trayendo las drogas, están trayendo el crimen”.

No importa que tales afirmaciones sean erróneas. La gran mayoría de los inmigrantes mexicanos son gente buena y trabajadora, y la inmigración ilegal procedente de México ha caído a mínimos históricos, desde alrededor de 400.000 por año hace una década a 125.000 en la actualidad, según la Encuesta Comunitaria de la Oficina del Censo de Estados Unidos.

Pero pegarle a México se ha convertido en el eje de la campaña de Trump. El populismo nacionalista parece estarle funcionando bien.

En segundo lugar, los populistas juegan constantemente a victimizarse, alegando que están a punto de ser asesinados por el enemigo en cualquier momento.

Por más ridículo que parezca, Trump dijo el jueves durante una visita al ciudad fronteriza de Laredo, Texas, que estaba poniendo su vida en “gran peligro” al viajar allí. “Tengo que hacerlo, amo a este país”, añadió melodramáticamente.

No importa que Laredo es una de las ciudades más seguras de Texas, ni tampoco que las tasas de homicidio, robo y asaltos de Laredo sean más bajas que los de la ciudad de Trump, Nueva York, según datos recopilados por el FBI, y citados por la columna The Fix del Washington Post el 23 de julio.

En tercer lugar, la mayoría de los populistas son egomaníacos. Muchas veces me he referido a Chávez como un presidente “narcisista-leninista”, porque su palabra favorita era “yo”. En un discurso pronunciado el 15 de enero de 2011 Chávez usó la palabra “yo” 489 veces.

Trump no hace discursos de cinco horas, como Chávez, pero pronunció la palabra “yo” 220 veces en su discurso de 42 minutos cuando anunció su candidatura el 16 de junio.

Hay otra cosa que Trump y Chávez tienen en común: ambos utilizan la misma estrategia electoral de hacer constantemente declaraciones escandalosas para capturar los titulares y colocarse en el centro de la escena política.

Desde que anunció su candidatura, Trump no ha parado de estar en los titulares, ya sea con sus declaraciones incendiarias sobre los mexicanos, o con su afirmación de que el condecorado senador republicano John McCain “no es un héroe de guerra”, o dando a conocer el número de teléfono celular de su rival republicano Lindsay Graham en un discurso.

Después de cada una de sus polémicas declaraciones, Trump arremete contra los medios, y los acusa de distorsionar sus comentarios, lo cual a su vez genera una nueva ronda de titulares. Así fue exactamente como Chávez –sin dinero ni maquinaria política– ganó su primera elección en 1998.

Mi opinión: En un mundo ideal, todos nosotros en los medios deberíamos ignorar a Trump, o ponerlo en la sección de entretenimiento, como lo ha hecho The Huffington Post. Pero Trump es una noticia política, nos guste o no. Está en el primer puesto de las encuestas republicanas.

Lo más probable es que no gane la nominación, pero es muy posible que marque la agenda política republicana, o –como lo hizo Ross Perot– se lance como candidato independiente y se robe muchos votos republicanos en 2016.

Es hora de tomar en serio a Trump y de describirlo como lo que es: un demagogo nacionalista-populista, como Chávez.

Por Andrés Oppenheimer

Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

Un comentario en “¿En qué se parecen Trump y Chávez?

  1. La lamentable respuesta a Trump

    Por Andrés Oppenheimer

    Lo más preocupante del primer debate de los principales aspirantes republicanos no fueron las declaraciones escandalosas de Donald Trump sobre México y los mexicanos, sino el hecho de que ninguno de sus nueve contendientes tuvo el valor de confrontarlo con argumentos contundentes en defensa de los inmigrantes y en contra del racismo.

    Incluso el exgobernador de la Florida Jeb Bush y el senador Marco Rubio –que tomaron cierta distancia de las declaraciones de Trump– parecían esforzarse por no desafiar demasiado enérgicamente la demagogia populista de Trump, que culpa a la inmigración ilegal y a México de gran parte de los males de Estados Unidos.

    Trump repitió sus afirmaciones anteriores de que Estados Unidos está siendo inundado con inmigrantes indocumentados, y que México está enviando a narcotraficantes, criminales y violadores a Estados Unidos. En rigor, el número de indocumentados ha caído significativamente en los últimos años, y la enorme mayoría de los inmigrantes mexicanos son personas de bien.

    Cuando el moderador, Chris Wallace de Fox News, le preguntó a Trump si tiene evidencias de que México está “enviando” delincuentes, Trump evadió la pregunta. Cuando Wallace lo presionó, Trump dijo: “La patrulla fronteriza… la gente con la que trato, con los que hablo, ellos dicen que esto es lo que está pasando”. Trump no dio un solo nombre, ni estudio, para apoyar su afirmación.

    Pero ninguno de los otros nueve aspirantes republicanos le salió al cruce a Trump señalando que estaba diciendo medias verdades, o disparates completos.

    Ninguno de ellos citó cifras recientes de la Oficina del Censo que muestran que el flujo de inmigrantes mexicanos a Estados Unidos ha caído desde 400.000 por año hace una década, a unos 125.000 en la actualidad.

    Ninguno de ellos confrontó a Trump con las últimas cifras del censo que muestran que ya hay más inmigrantes indocumentados procedentes de China que desde México.

    Ninguno de ellos, con la posible excepción de Bush, hizo un alegato contundente señalando que la enorme mayoría de las 34 millones de personas de origen mexicano en Estados Unidos son gente buena y trabajadora. Bush dijo que la mayoría de los indocumentados son gente que “quiere mantener a sus familias, pero tenemos que controlar nuestra frontera”.

    Es cierto que Bush también dijo que apoya una vía condicionada para un estatus legal para los indocumentados, pero al mismo tiempo se declaró en contra de una “amnistía”. Rubio, por su parte, le respondió a Trump que la mayoría de los inmigrantes indocumentados no provienen de México, sino de Centroamérica.

    Pero todos los aspirantes republicanos aceptaron tácitamente la falsa premisa de Trump de que Estados Unidos está siendo invadida por inmigrantes ilegales. La razón por la que ninguno se atrevió a destrozar el relato de Trump es, por supuesto, que ninguno quiso perder los votos de muchos republicanos conservadores que básicamente están de acuerdo con la retórica antimexicana de Trump.

    A nivel nacional, solo el 39 por ciento de los estadounidenses tienen una opinión favorable de México, por debajo del 47 por ciento antes del 2008, según una encuesta del Pew Research Center. Trump, como la mayoría de los nacionalistas-populistas, está aprovechando el resentimiento de muchos estadounidenses que buscan un chivo expiatorio para sus problemas económicos después de la crisis económica del 2008.

    “Lo bueno de lo que Trump hizo es que [sus comentarios] sacaron a la superficie el problema del racismo”, dijo la actriz Salma Hayek, tan solo medio en broma, en una entrevista con el presentador Jorge Ramos, de Fusion. “Desde el momento en que él atacó a los mexicanos, sus números subieron”.

    Mi opinión: Puede que los aspirantes a la nominación republicana piensen que hicieron lo correcto al evitar una confrontación frontal con Trump sobre el tema de la inmigración, para no perder votos de los sectores antiinmigrantes de su partido, pero se equivocan.

    Todos ellos dejaron una imagen –algunos más que otros, es cierto– de políticos sin agallas que se abatataron ante un demagogo que insulta a 34 millones de personas de origen mexicano.

    En el poco probable –pero posible– escenario de que Trump gane la nominación republicana, es casi seguro de que el Partido Republicano perderá las elecciones generales, porque no hay manera de que Trump pueda ganar el 44 por ciento del voto hispano que los encuestadores dicen que el Partido Republicano requerirá para ganar.

    Y si Trump no gana la nominación republicana y decide presentarse como un candidato independiente, como él mismo reconoce estar considerando, le robará al partido republicano millones de votos que ayudarán a que la probable candidata demócrata Hillary Clinton sea electa presidente.

    Pase lo que pase, los rivales republicanos de Trump perdieron al no salir en defensa de la verdad y de la decencia, y en contra del racismo.

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    Publicado por Anónimo | 12 agosto, 2015, 17:18

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