5 hábitos imprescindibles para mantenerte concentrado en el trabajo

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Desconcentrarse en la oficina nunca había sido tan fácil como actualmente. A diario nos asaltan mil distracciones que se entrometen rápidamente entre nuestras tareas y entorpecen nuestras rutinas: reuniones inesperadas, llamadas de clientes con las que no contábamos, compañeros que vienen a vernos para comentar algún asunto, etc.

Sabemos que es prácticamente imposible estar concentrado las ocho horas que dura la jornada laboral, pero si logramos controlar las distracciones y mantenemos el foco en nuestras tareas al menos un par de horas al día, alcanzaremos nuestros objetivos sin que se nos eche el tiempo encima.

¿Quieres conseguirlo? Incluye en tu rutina los 5 hábitos que detallamos a continuación y comprobarás que ser más productivo no implica trabajar más horas, sino controlar tu tiempo y aprovecharlo mejor:

1. Establece objetivos y organiza cada semana con antelación

Planificar es fundamental para mantener el rumbo sin desconcentrarte. Establece qué objetivos quieres cumplir y, antes de empezar cada semana, repasa tu agenda: qué tareas están por terminar, cuáles está previsto que empieces, qué reuniones tienes concretadas, etc.

Teniendo tus objetivos bien definidos y sabiendo el volumen de trabajo que te espera, te resultará más fácil asignar tiempos a cada tarea y establecer qué debes cumplir cada día. Ir alcanzando tus objetivos a diario y sentir que tienes el control de tu tiempo te motivará a no abandonar este hábito.

¡Ojo! Sé realista. Debes ser consciente del tiempo que te lleva cada tarea y establecer tus objetivos de forma razonable. Si te pones metas inalcanzables sólo conseguirás frustrarte.

2. Realiza primero las tareas más difíciles

Ya has establecido tus objetivos y sabes qué debes realizar cada día para alcanzarlos. Ahora que has llegado hasta aquí, no caigas en la tentación de empezar el día realizando las tareas rutinarias o administrativas. Ponte manos a la obra con las tareas más difíciles, aquellas que requieren mayor esfuerzo y capacidad de concentración. Sé muy consciente de que posponerlas no tiene sentido, ya que tarde o temprano las tendrás que llevar a cabo. Si las dejas para el último momento, no tendrás ni la mitad de energía ni pensarás con la misma claridad que a primera hora. Y encima, a la dificultad habrá que añadirle la urgencia, con lo que aumentarán las probabilidades de que termines todo de mala manera.

3. Evita interrupciones

Mientras estés llevando a cabo aquellas tareas para las que necesitas mayor esfuerzo, seguro te llegarán interrupciones incontrolables. Pero todas aquellas distracciones que esté en tu mano evitar, evítalas (al menos durante tus dos horas de concentración): mete el móvil en el cajón, cierra el correo electrónico y diles a tus compañeros que durante ese rato no vas a estar disponible, a menos que no sea absolutamente imprescindible.

Por tu parte, este hábito conlleva el ejercicio añadido de saber distinguir lo que es trivial de lo que no. Deja de lanzarte a solucionar asuntos que sabes que podrían resolverse perfectamente sin tu ayuda.

4. Abandona la práctica del multitasking

El multitasking es una costumbre claramente sobrevalorada. En realidad nunca ha sido recomendable realizar más de una tarea a la vez, ya que es muy probable que todas se realicen a medias y los resultados sean mediocres. Pero ha estado muy de moda su práctica por transmitir una sensación de efectividad, pareciendo que quien lo practica es capaz de terminar (bien) muchas cosas en poco tiempo.

Pero para mantener un nivel alto de concentración, nada peor que el multitasking. Lo que hay que hacer es asignar un tiempo a cada tarea y mantenerse concentrado en esa tarea durante ese tiempo, sin tratar de abarcar nada más.

5. Aprende a realizar pausas

Está comprobado que nuestro cerebro no puede trabajar sin parar durante 8 horas seguidas. O al menos no puede hacerlo manteniendo el mismo nivel de concentración y productividad. Se necesitan descansos. Algunas teorías sugieren que hay que hacer una pausa de 10 minutospor cada 50 minutos de concentración. Otras, como la conocida técnica del pomodoro, indica que hay que parar durante 3 o 5 minutos por cada 25 minutos de concentración.

Sea cual sea el intervalo de descanso que decidas realizar, apégate a él y no te lo saltes. Durante ese tiempo, da un pequeño paseo, descansa la vista, bebe agua o come un poco de fruta. Al terminar la pausa, tu cerebro se habrá repuesto del esfuerzo y retomarás tus tareas con más energía y mayor agilidad mental.

Nada de lo explicado se consigue sin fuerza de voluntad. Entrénala e incluye estos 5 hábitos en tu rutina laboral. Serás mucho más eficiente, cumplirás con tus objetivos de la mejor forma posible y, en definitiva, trabajarás mucho mejor.

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Un pensamiento en “5 hábitos imprescindibles para mantenerte concentrado en el trabajo”

  1. El alcance de los objetivos

    Si hay objetivos la sensación de estar vivos se agudiza, se palpa, se manifiesta una y otra vez, se renueva constantemente. Cada cual los construye durante su existir, así las razones alimentan la vida. Mientras ella se transita, surgen las causas que incitan para ser realizables. Era Viktor Frankl (1905-1997), catedrático de neurología y psiquiatría en la Universidad de Viena y fundador de la logoterapia, quien instaba a encontrar un sentido que le diera impulso al andar cotidiano. En una de sus obras, titulada “La psicoterapia al alcance de todos”, entre los diferentes temas que aborda durante la misma, se encarga de citar a Alfred Adler y recuerda que decía “las experiencias las hace el hombre”. Y al explicar el significado de dicha frase se extendía argumentando que es uno quien decide si se deja influir o no por el medio ambiente que lo rodea. Es notable la fortaleza que yace en cada persona. El ser humano ha superado inmensas adversidades y ha triunfado, un gran testimonio fue el propio Frankl, quien sobrevivió desde 1942 hasta 1945 al horror de los campos de concentración nazis.

    El maestro Viktor fue creador de la tercera escuela vienesa de psicoterapia, las otras dos son el psicoanálisis, fundado por Sigmund Freud y la psicología individual, cuyo fundador es el citado Adler. Más allá de las corrientes teóricas, Frank se encarga de tomar lo dicho por Adler, y eso habla de su grandeza al respetar y difundir los aportes de otros intelectuales. Frankl consideraba que “… el hombre, si quiere conservar su cuerpo y su mente sanos, necesita tener, sobre todo, un objetivo razonable en la vida, una tarea adecuada para él, en una palabra, que la vida le exija siempre algo a lo que él pueda hacer frente” y a continuación recordaba a Nietzsche, que dijo “Quien tiene un porqué para vivir, soporta casi cualquier cómo”.

    El término objetivo hace referencia al propósito que se desea alcanzar, y para ello hay que identificar lo que se quiere. Además hay que empeñarse en lograrlo, lo que implica prepararse; hay que ejercitar la voluntad y hay que perseverar. Por otra parte, conceptualmente se lo vincula a las metas, al deseo de llegar a las mismas. Sin embargo, toda intencionalidad deberá materializarse, deberá ser expuesta y compartida a los demás. Donde hay objetivos fluyen los vínculos con los otros, mujeres y hombres que poseen sus propios objetivos y que también están dispuestos a convivir. De alguna manera cada uno se posiciona hacia el frente, hacia el futuro, se dedica hoy a desarrollar lo que puede hacer con relación a lo deseado y así se dirige hacia lo que llegará a suceder, a lo anhelado.

    Es relevante formularse y proponerse objetivos. Frankl, en el texto indicado precedentemente, involucra una reflexión de Karl Jaspers, quien sostenía que “el hombre se hace hombre al darse a los demás”. Entonces nacen los interrogantes que invitan a pensar, ¿qué objetivo u objetivos lo acompañan actualmente?, ¿qué relación tienen con la presencia del prójimo?, ¿cómo involucran en sus metas a quienes forman parte de sus entornos?

    Por Marcelo A. Pedroza

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