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GRECIA: UNA DIGNIDAD EJEMPLAR Y NECESARIA

GRECIA: UNA DIGNIDAD EJEMPLAR Y NECESARIA

Según los primeros datos oficiales, el 60% de los griegos votó por el “no” a  los acuerdos   (planteados como están) con   la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Europeo, la troica financiera que acogota al país que inventó la democracia.  La crisis fue “estimulada” por la dirigencia política de los sucesivos gobiernos neoliberales y por la voracidad de la banca internacional que se especializa en alimentar su codicia vestida de generoso bombero apaga-incendios, cuando en realidad esconde una naturaleza pirómana: azuza lo que dice combatir, porque está en su esencia cebarse de las urgencias económicas de los estados con préstamos de “rescate”.

Grecia hizo prácticamente todo lo que la troica le dijo que debía hacer para “salvarse” luego del sismo económico de 2008 que golpeó con fuerza a Europa, pero sobre todo a aquellos países con altas “deudas soberanas”, a las que no podían hacer frente sin nuevos préstamos que generaran nuevas (y rentables) deudas. Digo que hizo “prácticamente” todo, porque una de las recetas con las que el FMI y sus socios condicionan regularmente para prestar su “ayuda” es la privatización de las empresas públicas —entre otras medidas de ajuste—, lo que hoy reclama el FMI que Grecia no realizó. “Hasta el momento, solo recaudó 3.200 millones de euros a través de las privatizaciones”, reclamó la semana pasada. Comprar activos estatales en tiempos de desesperación suele ser un lucrativo negocio para esa entidad metafísica que sus evangelistas suelen llamar “inversores”, enigmáticos personajes a quienes el ciudadano de a pie nunca ve, como si fueran dioses esquivos. Pensando en los intereses de esas deidades apátridas, más que en el futuro mismo de Grecia, es que el FMI reclama los trabajos (sucios) no hechos.

Sin embargo, parece ser que el propio FMI (para hablar solo de uno de sus acreedores) fue el que no hizo la tarea para que la situación griega mejorara. Su anterior presidente, Dominique Strauss Kahn (2007-2011), publicó hace unos días un sugestivo artículo en donde reconoce que el ente bancario se equivocó en su análisis de la coyuntura y en el diseño de su plan de ayuda. Pero hay más: la Oficina de Evaluación Independiente del Fondo Monetario Internacional, en su documento de auditoría Desempeño del FMI en el periodo previo a la crisis financiera y económica: La supervisión del FMI entre 2004-07 (de 2011), afirma que “la capacidad del FMI para identificar correctamente los crecientes riesgos se vio obstaculizada por un alto grado de pensamiento de grupo, captura intelectual, una tendencia general a pensar que era improbable una fuerte crisis financiera en las grandes economías avanzadas y enfoques analíticos inadecuados”.

Entonces: ¿por qué la ciudadana y el ciudadano griegos debían confiar en la troica, en los buitres prestos para engullir los bienes de cualquier Estado en crisis, en los partidos políticos conservadores que han provocado esta situación —falsificando datos macroeconómicos en connivencia con la banca inversora Goldman Sachs— y que abogaron por el “sí” a un acuerdo entreguista? El “no” griego al chantaje económico es una cuestión de dignidad política, más que una solución del problema. Pero es una dignidad básica, necesaria y ejemplar.

Por Blas Brítez

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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13 comentarios en “GRECIA: UNA DIGNIDAD EJEMPLAR Y NECESARIA

  1. QUÉ LEJOS ESTÁ ARISTÓTELES

    Para muchos, Grecia está tan próxima, o tan lejana, como Aristóteles o Platón; para otros como Esquilo o Eurípides. Sin embargo, no aquella Grecia que fue la cuna de nuestra civilización, sino la actual la tenemos tan, pero tan cerca, que de tan cercana se comporta como cualquier república bananera de nuestro continente.

    Desde hace meses Grecia ocupa la primera plana de todos los grandes periódicos de Europa, y la fotografía del primer ministro Alexis Tsipras y su renunciante ministro de Economía Yanis Varoufakis. Los escépticos de siempre se preguntarán qué nos podría importar lo que ocurre tan lejos de nosotros, con un país cuyo único vínculo que nos mantiene unidos es Aristóteles o Platón. ¡Ojalá lo fuera! A estas alturas se puede decir del Gobierno griego aquello de que “hizo muchas cosas bien y muchas cosas mal. Las cosas malas las hizo muy bien y las cosas buenas las hizo muy mal”. Si en este momento el país se sumerge en una de las peores crisis económicas y políticas de su historia, no se debe a las exigencias de la Unión Europea y las duras condiciones del Banco Central Europeo, como dijo un ciudadano, sino, principalmente, a la desbordante corrupción, a la mentira como método de trabajo y a una política descabelladamente populista, encabezada por Tsipras, quien al hacer su aparición despertó el entusiasmo de todos esos grupos que en Europa ven a Venezuela como el ejemplo a seguir para lograr el desarrollo y la felicidad de todos los ciudadanos.

    En vísperas del tercer rescate y las exigencias de austeridad y recortes presupuestarios impuestas por Bruselas, Tsipras recurrió a la demagógica medida de convocar a un referéndum para que los ciudadanos dijeran si aceptaban o no tales condiciones. Más del 60% de los votantes dijo “no” y Tsipras fue a la plaza Sintagma, en Atenas, a festejar ese triunfo de la democracia, cuando la democracia no pasa por ningún referéndum sino por la discusión y el consenso. Lo dramático fue que el domingo los griegos dijeron “no” y el martes Tsipras se fue a Bruselas a decirles “sí”. En este momento Grecia vive su segunda semana de “corralito” donde los ciudadanos solo pueden retirar de los cajeros automáticos 60 euros por día por cuenta.

    ¿Por qué se llegó a esto? Antes que nada por la corrupción. Grecia (11 millones de habitantes) tiene tres veces más empleados públicos que el Reino Unido (64 millones). La gente se jubila a los 57 años. Gasta en Defensa más del doble en porcentaje del PIB de sus socios europeos. El robo en la administración pública causa vértigo: un “sten” (utilizado para abrir las arterias) vale 155 euros (unos 930.000 guaraníes) pero se han comprado por 3.000 euros (18 millones de guaraníes). En el principal hospital público de Atenas, equipos médicos por valor de 390.000 euros (2.340 millones de guaraníes) están tirados a la intemperie en un patio. La lista es interminable.

    ¿Cómo hicieron para entrar en la Unión Europea? Mintiendo, así como suena, con balances fraguados que escondían la realidad, y mientras los números decían que el país nadaba en la abundancia, la verdad es que estaba en bancarrota. El comentarista José Ignacio Torreblanca escribió que “la eurozona es una unión de reglas a las que los Estados se suman voluntariamente. ¿Son injustas las reglas? ¿Son ineficaces? Pues, intenta cambiarlas. Pero mientras existan y no logres cambiarlas no hay más remedio que cumplirlas, así que si no te gustan las reglas o no eres capaz de cumplirlas, te marchas”. Tsipras ganó las elecciones prometiendo que no pagaría la deuda, ni impondría medidas de austeridad, ni recortaría los presupuestos y que le haría un corte de mangas a Bruselas. Los políticos populistas de Europa estallaron de alegría. Por fin comenzaban a llegar al poder. Y he aquí el resultado: una economía deshecha, un país destrozado, una ciudadanía desesperada. ¿Dónde está la victoria?

    Por Jesús Ruiz Nestosa

    SALAMANCA.

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    Publicado por Anónimo | 21 julio, 2015, 10:35
  2. EL HILO DE ARIADNA DE SYRIZA EN EL LABERINTO

    Hace dos semanas escribía en esta columna sobre lo que había sido el gran ejemplo de dignidad soberana de la mayoría de los griegos. Sobre los términos de las negociaciones a propósito de su deuda externa, el Gobierno había llamado a un referéndum, en donde un 61% votó por el NO a la capitulación ante la troica financiera del Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea. Esta entente chantajeaba a Grecia con el lugar común de aceptar un pacto igual a los que durante los últimos cinco años han acogotado a las ciudadanas y a los ciudadanos griegos. Tanto la quiebra como los pedidos de “rescate” se habían dado en el contexto de la inoperancia y la complicidad de sus gobernantes –de derecha neoliberal–, pero también mediante la voracidad del sistema de empréstitos mundial. Este hoy desespera porque el negocio de la usura deje de ser lucrativo, por un lado, y, por el otro, se convierta en un caballo de Troya en la otrora granítica unidad monetaria del euro.

    El NO fue una respuesta política y popular a la que ningún Estado de la Unión se había expuesto antes, y al que el resto de la élite continental rápidamente consideró “intrascendente”, en su pragmática a la manera de Bretton Woods y el Consenso de Washington, los acuerdos programáticos que sentaron las bases de la democracia sin democracia del neoliberalismo poscomunista.

    Pero ¿inesperadamente? La troica encontró un aliado que restaurara las negociaciones al punto previo al referéndum: el propio Gobierno griego se encargó de ningunear el resultado de su consulta, y terminó aceptando un acuerdo que incluye todo lo que más de la mitad de los votantes rechazó: reformas en las pensiones y el sector de los trabajadores, y un fondo para privatizaciones. El apocalipsis proletario en seco. Todo a cambio de otros 50.000 millones de euros. El resultado doméstico es obvio: la coalición enfrenta fisuras internas, los trabajadores estatales han llamado a una huelga, y suman renuncias dentro del gabinete.

    No hay mucha gente que no considere esto una capitulación. Hasta quienes hace dos semanas eran enemigos de Tsipras y su Gobierno, hoy no salen de su asombro y optan por no alabar a su enemigo por pura timidez escénica. Es que los culpables directos de este descalabro estaban ya frente al Minotauro de la Historia en el Laberinto, cuando sintieron que un hilo de vida se les movió en la cintura para mostrarles el camino de la salvación política. Pocos contaban (aunque había quienes, como Casandra, ya lo habían profetizado) con que la Ariadna de la derecha corrupta griega fuera Syriza.

    Aun así, ese NO histórico seguirá siendo la espada de Damocles del Gobierno griego y de la democracia europea.

    Por Blas Brítez –

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    Publicado por Anónimo | 21 julio, 2015, 10:34
  3. EL CABALLERO CIPOLLA Y EL DESVARÍO GRIEGO

    En el verano de 1926, Thomas Mann y su familia pasaron unas vacaciones en Forte dei Marmi; era una época en la que el fascismo estaba en pleno apogeo y los discursos de Mussolini retumbaban por toda Italia. Con estos recuerdos y el interés que en aquel decenio se despertó en Europa (y en Alemania, en particular) por el hipnotismo, el espiritismo y las ciencias ocultas, el autor de La montaña mágica escribió Mario y el mago, un relato aparecido en 1930 en el que la crítica ha visto siempre una parábola sobre el efecto encantatorio de líderes carismáticos, como Hitler y Mussolini, sobre las masas, que, seducidas por la palabra del jefe, abdicaban de su soberanía y poder de decisión y lo seguían, ciegas y dóciles, en sus extravíos.

    El espléndido y ceñido relato admite muchas interpretaciones y es, además de una parábola política, una historia que pone los pelos de punta. En un pueblecito de la costa, junto al mar Tirreno, Torre di Venere, el narrador describe un espectáculo en el que un mago hipnotizador, el caballero Cipolla, hombre malvado, repelente y deforme, pero dotado de una fuerza psíquica irresistible, enajena a todo su auditorio y lo obliga a humillarse y hundirse en el ridículo más espantoso.

    La verdad es que la lectura de Mario y el mago en clave política es tan actual como cuando los dictadorzuelos carismáticos campeaban por el mundo entero; en nuestros días, el caballero Cipolla se encarna no solo en caudillos fascistas y comunistas, sino, también, en aparentemente benignos dirigentes democráticos, que ganan limpias elecciones y son capaces, gracias a sus poderes comunicativos, de imbecilizar a sus propios pueblos, privándolos de razonamiento y sentido común; en otras palabras, llevándolos a la ruina. ¿No es el caso de un Perón, un Evo Morales, un Rafael Correa, un Daniel Ortega? Ningún ejemplo es más doloroso que el de Argentina, el país más culto de América Latina: ¿cómo es posible que todavía la sociedad argentina siga cautiva de la hipnosis suicida con que la sedujo hace sesenta o setenta años un coronel inculto y fascistón, y que ha llevado al país que fue el más avanzado del continente americano y uno de los más prósperos y modernos del mundo a la decadencia, la ruina económica y la miseria moral que representa la presidenta Kirchner?

    La culta Europa no se queda atrás: el espíritu del caballero Cipolla está transustanciado últimamente en el joven, apuesto y carismático primer ministro griego Alexis Tsipras. El líder de Syriza convenció a sus compatriotas de que los terribles males que aquejan a su país son obra de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional, empeñados en humillar a Grecia luego de destruirla económicamente, abrumándola de deudas y exigiéndole reformas monstruosas que salvarían a los bancos pero empobrecerían más aún a sus desamparados ciudadanos. También les hizo creer que, en vez de someterse a estos poderes malignos, si Syriza ganaba las elecciones iniciaría una política económica diametralmente opuesta a la de los gobiernos anteriores, sirvientes de la plutocracia internacional: repondría a los burócratas despedidos, inyectaría fondos para dinamizar la economía y crear empleo, y rompería todos los compromisos con los organismos financieros, dejando de pagar la deuda, a menos que los acreedores le concedieran una quita radical y admitieran que los pagos se hicieran solo en función del crecimiento económico. Los griegos le creyeron, llevaron a Syriza al poder y ahora han confirmado su fe en la palabra del joven carismático dándole un respaldo contundente en el reciente referéndum.

    Esta última consulta griega ha sido una obra maestra de confusión y delirio hipnótico. Los electores tenían que responder una pregunta incomprensible, sobre si aceptaban o rechazaban una propuesta que la Unión Europea hizo a Grecia el 25 de junio ¡pero que ya no existía! Impertérrito, Tsipras explicó a los griegos que el NO le daría fuerzas para negociar con más éxito en Bruselas, y los griegos –el 70% de los cuales no quiere que Grecia se retire del euro ni de Europa– le creyeron también y el 6l,8% de los electores votaron por el NO. Este resultado es pura y simplemente manicomial. La única manera de entenderlo es recurriendo a la sinrazón y poderes ocultos del caballero Cipolla. Para toda persona en uso de sus facultades mentales, si algo se votaba en el referéndum era saber si el pueblo griego quería seguir en Europa, respetando los compromisos políticos y económicos que ello implica, o romper con la Unión Europea negándose a aceptar dichos compromisos (que era lo que había venido haciendo el Gobierno de Alexis Tsipras en las negociaciones). Ahora bien, el 61,8% que votó por el NO creía votar por una opción inexistente que solo aparecía en el discurso del primer ministro griego: no respetar las obligaciones a que los países de la Unión se comprometen al formar parte de ella y seguir en Europa, pero exigiendo que aquellos compromisos sean cambiados radicalmente, pues así lo decidió en ejercicio de su soberanía el pueblo griego.

    ¿Hasta cuándo puede durar este espectáculo lastimoso en el que vemos empeorar día a día la situación de Grecia? En los meses que lleva en el poder Syriza, la situación se ha agravado y el país, ahora misérrimo, está al borde de un colapso económico del que le llevaría décadas recuperarse. Al corralito seguirá el corralón, sus bancos quebrarán, no habrá empresas que quieran invertir en un país en el que la inestabilidad es generalizada y difícilmente asumirá Rusia (o China) la vertiginosa deuda en la que la ineficacia y la corrupción de sus gobiernos han ido sumiendo a Grecia.

    La verdad es que Europa y los gobiernos anteriores al de Syriza sabían muy bien que Grecia no estaba en condiciones de pagar su estratosférica deuda. Dos quitas habían ya indicado que este supuesto era aceptado por los acreedores y la Unión Europea había dado muy generosas muestras de comprensión, en función de los esfuerzos de los gobiernos griegos de hacer reformas e ir cumpliendo con los compromisos contraídos. Al igual que Irlanda, España y Portugal, Grecia comenzaba a salir (muy despacio, es cierto, pero crecía al 3%) del pozo, haciendo los sacrificios inevitables que debe hacer un país semiquebrado si quiere rehacer su economía y emprender una genuina recuperación. Todo eso se fue al tacho con el triunfo de Syriza y desde entonces Grecia (su economía ahora decrece) ha retrocedido hasta el borde mismo del abismo. No será el mago hipnotizador Alexis Tsipras quien encuentre el remedio para esta catástrofe en la que la cultura que inventó la filosofía, la tragedia y la democracia ha caído por la irresponsabilidad y desvarío de su clase política. Y no es refugiándose en el nacionalismo reaccionario (¿por qué será que el Front National de Marine Le Pen, el facha y eurófobo británico Nigel Farage del UKIP y los nazis de Amanecer Dorado celebran con tanto entusiasmo el NO del referéndum griego?) que Grecia superará la crisis de la que es ella sola responsable.

    La magia y el hipnotismo colectivos pueden encaramar al poder a cualquier demagogo sin escrúpulos, sin duda, tanto en una dictadura como en una democracia. Pero los problemas económicos no admiten recetas mágicas ni son sensibles a los hipnotizadores. La receta es una sola y es la que han seguido los países a los que la crisis puso al borde de la catástrofe como Portugal, España e Irlanda, que están ahora superando aquella prueba y volviendo a crecer, a atraer inversiones, a recuperar la confianza y el crédito internacionales. Y es la que, más tarde o temprano, tendrá que resignarse a seguir el pueblo griego una vez que descubra que detrás de los magos y pitonisas a los que se ha rendido solo había hambre de poder, mentiras y vacío.

    Por Mario Vargas Llosa

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    Publicado por jotaefeb | 15 julio, 2015, 07:13
  4. EL COMIENZO DE OTRA HISTORIA: DEMOCRACIAS LIBERALES CONTRA ILIBERALES

    La crisis griega es la expresión de un gravísimo problema planetario. Es verdad que la desataron los socialdemócratas y conservadores con su gasto público desbocado y su corrupción rampante, pero la han agravado los neocomunistas y sus primos neopopulistas, en el poder desde hace pocos meses.

    ¿Por qué es un asunto que concierne al planeta? Tres ejemplos. Syriza en Grecia, Podemos en España y el chavismo en Venezuela comparten varios elementos que los hermanan: son enemigos de la democracia liberal, partidarios irrestrictos del populismo, y sostienen unas proclamadas simpatías por el comunismo.

    Sus dirigentes odian el mercado, la propiedad privada, el comercio internacional sin ataduras y los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Central Europeo. Todas estas instituciones, con sus errores y aciertos, constituyen la savia de la economía en las naciones más desarrolladas de la Tierra.

    No es una casualidad que de los primeros y más enérgicos apoyos públicos al gobierno de Alexis Tsipras hayan sido de Fidel y Raúl Castro, Evo Morales, Rafael Correa, Nicolás Maduro, Cristina Fernández, Daniel Ortega y, sobre todo, de Pablo Iglesias, el español líder de Podemos que se ha tomado este incidente como lo que es: un asunto absolutamente suyo.

    Como es notorio, en 1992 Francis Fukuyama publicó su muy citado ensayo El fin de la historia y el último hombre. Había colapsado el comunismo (salvo en algunos tercos enclaves estalinistas, como Corea del Norte y Cuba), mientras otros países, como China y Vietnam, habían abandonado el colectivismo, desovando un modelo híbrido de dictaduras capitalistas de partido único.

    En ese contexto, Fukuyana concluyó, razonablemente, que la especie humana se movía en la dirección de la democracia liberal como única opción probada y predecible, dado que los 25 países más exitosos del planeta convivían dentro de este modelo estable y enriquecedor. Era ese espléndido mundillo el que había ganado la Guerra Fría.

    ¿En qué consistía la democracia liberal? Eran sociedades en las que se respetaban los derechos humanos, incluidos los de propiedad privada, regidas por el mercado, defensoras del libre comercio internacional, administradas por gobiernos limitados, cuyas élites dirigentes eran reemplazadas mediante elecciones plurales y transparentes. Sociedades, además, organizadas de acuerdo con la receta parida por la Ilustración a fines del siglo XVIII, lo que indicaba la separación de poderes para evitar los atropellos de los mandamases.

    Era cierto que en las democracias liberales —ya fueran Inglaterra, Suecia, Francia o Estados Unidos— había notables diferencias entre los más ricos y los más pobres, pero el objetivo de este modo de organización social y económica no era alcanzar el igualitarismo, sino el ejercicio de la libertad individual, y esta traía como consecuencia una cierta disparidad en los resultados extremos, trufada por unos robustos sectores sociales medios que vivían razonablemente bien y podían tratar de mejorar sustancialmente si tenían el talento, la suerte y los impulsos psicológicos necesarios para emprender aventuras económicas.

    Podía tratarse de monarquías parlamentarias o repúblicas, podía haber democracias liberales gobernadas por socialdemócratas, conservadores, democristianos, liberales o libertarios, porque, al fin y al cabo, se trataba de una misma familia ideológica, dividida en torno al monto de la presión fiscal y al fin último de la asignación de los bienes y servicios creados, lo que determinaba el tamaño y las funciones el Estado. Pero lo que los unía era infinitamente mayor que lo que los separaba.

    Lo que Fukuyama no previó es que de los escombros del comunismo surgieran los neopopulistas y neocomunistas, un abigarrado conjunto de partidos, gobiernos y oenegés enemigos a muerte de los valores y criterios de la democracia liberal, que ya no pensaban en tomar el poder por la violencia (la desacreditada receta marxista-leninista), sino aprovechando los mecanismos democráticos para, una vez con las riendas del gobierno en las manos, y al ritmo que permitieran las circunstancias particulares de cada país, implantar la mayor cantidad de colectivismo y autoritarismo posibles.

    De alguna manera, se trataba de las democracias iliberales, o antiliberales, como describe Fareed Zakaria en El futuro de la libertad. Ese universo en el que caben los cinco gobiernos latinoamericanos del “Socialismo del Siglo XXI”, acompañados por el Partido de los Trabajadores brasileños de Lula y Dilma Rousseff, del sector peronista de Cristina, Rusia, la teocracia iraní, o las entidades adscritas al Partido de la Izquierda Europea dentro del Parlamento europeo, una amalgama en la que se amelcochan y abrazan Syriza, Podemos y los representantes de los partidos comunistas de Francia, Alemania, Moldavia y así hasta de 17 naciones.

    Ya no puede haber duda de que el gran enemigo actual de la democracia liberal es la democracia iliberal. No era el fin de la historia. Era el comienzo de otra.

    Por Carlos Alberto Montaner (*)

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    Publicado por jotaefeb | 15 julio, 2015, 07:12
  5. Grecia tomó en sus manos las riendas de su destino

    Habían llegado al gobierno con el 36% de los votos, en enero pasado. Seis meses después, el 61,3% de los electores griegos respaldaron la propuesta del gobierno de Syriza y de su primer ministro Alexis Tsipras, diciendo NO A LA AUSTERIDAD propuesta por el Fondo Monetario como supuesta fórmula para salir de la crisis y un SÍ A LA AUTODETERMINACIÓN del pueblo heleno. Y es que las fórmulas de la “troika” (FMI-BCE-CE) solo hundieron a Grecia en la más terrible de las debacles económicas y sociales de la post guerra, por lo cual seguir transitando por la misma senda sería cosa de necios. La que ahora recorrerá el pueblo griego no está cubierta con pétalos de rosa, pero al menos podrá decidir por sí mismo, de manera soberana, las medidas a adoptar, que no tengan como “variable” principal el grosero recorte del gasto social, tal como venía aconteciendo.

    Su deuda externa representa alrededor del 200% del Producto Interno Bruto (PIB), el desempleo absoluto es del orden del 25%, que alcanza el 50% de los jóvenes, la seguridad social, hasta el arribo de Syriza, se hallaba en el olvido, junto con los gastos de salud y educación. Los mayores castigados fueron los jubilados y pensionados, cuyos ingresos se redujeron a la mínima expresión. Tales eran algunos de los datos “macro” en la cuna de la democracia, a los que se sumaron más recientemente la imposición del “corralito” financiero, ante la fuga creciente de capitales con rumbo al exterior y la suspensión de las operaciones bancarias.

    En este contexto, la “troika”, comandada por la “dama de hierro” del siglo XXI, Ángela Merkel, se empecinaba en cobrarle a los griegos la friolera suma de 1.600 millones de euros el pasado martes, e imponerle la única receta que tiene para los países a los que antes endeudó de manera superlativa: más austeridad, lo que en vísperas del Referéndum del domingo fuera considerado inmoral por economistas de la talla de Paul Krugman y Joseph Stiglitz, premiados en el pasado con el Nobel de economía.

    Krugman, de 62 años, había señalado que “Primero, una austeridad aún más dura es un callejón sin salida; después de cinco años Grecia está peor que nunca. Segundo, mucho y quizá lo peor del temido caos por la salida de Grecia del euro ya ha ocurrido. Con los bancos cerrados y la imposición de los controles de capital, no hay mucho más daño que hacer”, según lo publicado por The New York Times, días atrás.

    En sentido similar se manifestó Stiglitz, execonomista en jefe del Fondo Monetario, al sostener que “un voto del sí significaría una depresión casi sin fin. Un voto del no abriría al menos la posibilidad de que Grecia, con su fuerte tradición democrática, pueda asir su destino en sus propias manos”.

    A Grecia en estado de “default” ahora se le plantean nuevos problemas y nuevos desafíos. La “troika” continúa al acecho. La eventual salida de la zona euro y la vuelta a la moneda nacional, el dracma, es una opción que conlleva sus riesgos, aunque también posibles ventajas, pues la fuerte devaluación que eso implicaría tendría como correlato la revalorización a la baja de su monumental deuda externa, gran parte de la cual es con Alemania y Francia, a los que antes destinó injustificadamente verdaderas fortunas en concepto de armamentos.

    A esto se suma los cambios de tipo geopolítico que pueden operar en Europa, no solo en el relacionamiento internacional de Grecia, que ahora podría mirar con más interés hacia Rusia, sino también sobre lo que pudiera pasar en España, donde muchos ven con simpatía el resultado del pasado domingo.

    La única conclusión provisoria del reciente Referéndum es que los griegos, ahora, tienen la oportunidad de modelar un futuro que, si bien no podría ser tan próspero como en el pasado, es definitivamente más esperanzador que el martirio padecido en los últimos cinco años.

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    Publicado por jotaefeb | 10 julio, 2015, 06:31
  6. Grecia no es Argentina

    Por Andrés Oppenheimer

    Los líderes de la vieja izquierda latinoamericana y al menos dos economistas ganadores del Premio Nobel dicen que Grecia puede dejar de pagar su deuda externa –igual que lo hizo Argentina en el 2001– sin consecuencias apocalípticas. El problema es que Grecia no es Argentina.

    Para ser justos, hay dos grupos claramente diferenciados entre quienes están aplaudiendo la decisión del primer ministro griego Alexis Tsipras de rechazar la petición de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional de que implemente reformas estructurales a cambio de un nuevo rescate financiero.

    El primer grupo está formado por los líderes de la vieja izquierda latinoamericana, como los presidentes de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, y el gobierno de Cuba. La mayoría de ellos arruinaron la economía de sus países, y no pueden ser tomados en serio cuando aplauden el voto del “No” de Grecia del 5 de julio contra las medidas de austeridad exigidas por la Unión Europea.

    Pero el segundo grupo incluye a los prestigiosos economistas ganadores del premio Nobel Joseph E. Stiglitz y Paul Krugman y otros economistas no ortodoxos, que hacen varios puntos válidos en defensa de la rebelión financiera del Gobierno de Grecia. Señalan, por ejemplo, que los líderes europeos comparten la culpa por la actual crisis de Grecia por haberle impuesto paquetes de austeridad no realistas en los últimos años.

    “Argentina es la demostración” de que para Grecia el default no es el fin del mundo, dicen Stiglitz y Martín Guzmán en una columna que publicó The Huffington Post. “Los defaults son difíciles. Pero la austeridad lo es aún más”, dicen los autores.

    Stiglitz y Guzmán argumentan que Argentina a fines de los años 90, al igual que Grecia más recientemente, adoptó severas medidas de austeridad propuestas por el FMI, que en lugar de permitir que el país crezca más, terminaron achicando la economía y haciendo más difícil pagar la deuda externa.

    En ambos casos, los gobiernos anunciaron –de diferente forma– que dejarían de pagar sus deudas externas. El default de Argentina en el 2001, al igual que el voto del “No” de Grecia el 5 de julio, sacudieron los mercados mundiales.

    Pero Argentina se recuperó rápidamente, y de hecho creció a un ritmo récord a mediados de la década del 2000. Grecia no debería ser diferente, dicen los críticos de los paquetes de austeridad.

    Para su crédito, Stiglitz y Guzmán admiten que “en cierta medida, Grecia se enfrenta a una situación más compleja de la de Argentina en el 2001”, porque Argentina se recuperó con una gran devaluación de la moneda que hizo que sus exportaciones fueran más competitivas. Grecia, en cambio, no tiene su propia moneda –adoptó hace décadas el euro– lo que significa que tendría que crear una nueva moneda nacional en medio de una crisis, con poco apoyo internacional.

    La mayoría de los economistas dicen que hay otras diferencias –más importantes– entre los dos países:

    En primer lugar, Argentina se benefició de un gran aumento de los precios mundiales de las materias primas después de su default del 2001. Gracias a sus ingresos récord por exportaciones de soja a China, la economía de Argentina creció a tasas anuales del 9 por ciento. Muchos argentinos bromeaban con que la fórmula de la recuperación económica de su país podía resumirse en dos palabras: “soja y suerte”.

    En segundo lugar, Argentina se benefició de la ayuda financiera de Venezuela, que compró aproximadamente US$ 5,6 mil millones en bonos de la deuda externa argentina e invirtió cientos de millones en la Argentina entre el 2003 y el 2008. El fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, estaba cortejando a la Argentina como un aliado ideológico en aquel entonces.

    En tercer lugar, la economía de Argentina está más diversificada que la de Grecia, que depende principalmente del turismo. Y la actual agitación de Grecia ya ha hecho caer el turismo, lo cual hará más difícil una recuperación económica allí.

    Mi opinión: Grecia y Argentina tienen mucho en común, incluyendo una historia de gastar más de lo que ganan, una enorme cantidad de empleados públicos, corrupción masiva, y la ausencia de sistemas de educación de calidad e innovación para poder competir en la nueva economía global del conocimiento.

    A modo de ejemplo, Grecia registró solo 66 patentes internacionales el año pasado, y Argentina 88, en comparación con las 18.000 de Corea del Sur y las 159.000 de Estados Unidos, según cifras de la Oficina de Patentes y Marcas de EE.UU.

    Pero Grecia no puede esperar beneficiarse de un entorno internacional favorable como el que ayudó a Argentina a salir de su default en el 2001. Podría ser rescatada por Rusia, pero eso es difícil, porque Rusia está quebrada. Salvo un acuerdo realista con sus socios de la UE, una ruptura de Grecia con Europa empeoraría su crisis actual. Para Grecia, no se ve una salida de “soja y suerte”.

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    Publicado por jotaefeb | 10 julio, 2015, 05:59
  7. Grexit

    Por José Antonio Zarraluqui (*)

    Estalló una cuestión dilatada excesivamente: si se va Grecia de la Unión Europea. O se queda, pero saliendo del euro. O si, como no se va, la echan. O si no la echan, porque el Eurogrupo no tiene carácter, si los que pagan los platos rotos seguirán pagándolos aunque quienes los rompen continúen destrozándolos.
    El premier heleno, Alexis Tsipras, con una zafiedad de campeonato y esa desvergüenza propia de los comuñangas, dice que aunque necesita nuevos préstamos, no pagará los viejos. Con la misma se levanta de la mesa de negociar, convoca un referendo en busca de apoyos y pregona que la Unión Europea no se atreverá a expulsar a Grecia.

    Todos los comuñangas se parecen, si no son idénticos. Recuerdo al compañero maruga en jefe detenido ante cuanto micrófono le pasara cerca para proclamar enfáticamente que no solo la deuda exterior cubana, sino la de toda América Latina, resultaba impagable y debía ser condonada.

    ¡Ay, qué bonito! Así que pedir prestado para mejorar el país sí pueden estos señores. Y suscribir un documento que fija los montos y los plazos de devolución sí pueden. Y gastar la plata pueden. Y dilapidarla también pueden. Y hasta robarla, que es lo que suelen hacer, claro que pueden. Pero cuando llega la hora de devolverla, ah, entonces no pueden.

    Lo cual desemboca en una situación ya clásica: “No intentes que te pague, no tengo con qué. Perdóname la deuda, borrón y cuenta nueva. Alivia al menos una parte… aunque entonces tendrás que otorgarme otro préstamo para poder pagar la parte que me has dejado, que pesa más que una losa”.

    Y como no dobles la cerviz, la que te espera. Ahora mismo, en plan solidario con Tsipras, en España, los impúdicos comuñangas de Podemos la que organizan, acusando a las instituciones económicas de la Unión Europea y el FMI de no exigir lo que es justo, recuperar el dinero que prestaron, sino de una terrible injustificable agresión al noble e inocente pueblo griego. Bueno, es lo que les ocurre a los nobles e inocentes pueblos cuando eligen para resolver sus problemas a una pandilla comuñanga.

    Porque las cuitas económicas griegas no son, en exclusiva, culpa de Tsipras, cuya administración se inauguró apenas en enero de 2015, sino que vienen de lejos. Kostas Karamanlis, del partido centroderechista Nueva Democracia, llevó antes a la casi perfección la contabilidad creativa, falsificando registros y ocultando deudas. Pero al descubrirlo la ciudadanía no lo castigaba ni componía escogiendo a una pandilla comuñanga. Jamás el remedio de una cefalea será la decapitación.

    Y se verá en noviembre en España, si el electorado, con aversión a esa calamidad supina llamada Mariano Rajoy, se decanta por Podemos. Amargamente lo lamentará después.

    De otra parte, si la Unión Europea y el FMI le hubieran dado hace años un puntapié a Grecia en lugar de compadecerla, mimarla con quitas y renovarle préstamos, ahora la situación no sería tan desagradable, complicada y onerosa. Once millones de griegos, arruinados como están, deben además los muchos miles de millones de euros con que se ha intentado rescatarlos.

    ¡Pobres griegos! Tanto da el resultado del referendo, si lo hay o si el Gobierno se retracta, su permanencia en el euro o su exclusión.

    Los griegos primigenios y los clásicos fueron los que enseñaron a Occidente a pensar, nuestros faros en ciencia, literatura, arte, historia, teatro, política y filosofía (hasta nos explicaron qué era un sofisma). Estos griegos de hoy no solo no nos alientan a pensar con sus sofismas, sino que pretenden que nos olvidemos de pensar.

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    Publicado por jotaefeb | 7 julio, 2015, 08:06
  8. La larga crisis griega en 5 cortas líneas

    1.- En el 2009, el gobierno de Grecia admite que estuvo manipulando sus datos económicos durantes años y que su realidad financiera era muy mala. Acto, seguido, Grecia entra inmediatamente en la lista negra y se dirige a la bancarota.

    2.- Europa y el Fondo Monetario Internacional “liberan” un multimillonario rescate de la economía griega que consistía en una NO desisteresada ayuda de 264.000.000.000 de dólares.

    3.- A cambio del dinero, Grecia tenía que “sanear” su economía con recortes drásticos de todo tipo. Desde lo innecesario como gastos superflúos, a lo indispensable como empleos, salud y educación.

    4.- Si bien el dinero sirvió para pagar sobretodo deudas, los recortes hicieron de los pobres, más pobres. Consecuencia directa de esto, Grecia se hundió aún más.

    5.- Este año, el nuevo gobierno griego y sus acreedores se pusieron a negociar nuevos términos de pago de la deuda. No funcionó. Europa cortó el chorro de la ayuda, Grecia cerró sus bancos y convocó a un referéndum para este domingo. Los griegos deben elegir entre continuar como antes, tutelados y pobres o ser soberanos, quebrar y ser igual de pobres. Nada fácil.

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    Publicado por jotaefeb | 6 julio, 2015, 14:22
  9. http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/06/150629_economia_grecia_mayores_deudores_default_ms

    Los países que más “defaults” han tenido en la historia (y no son Grecia ni Argentina)
    Hasta hace poco tiempo, cuando se hablaba de crisis de deuda inmediatamente surgía el nombre de Argentina.
    Y no era para menos: el país sudamericano registró su octava cesación de pagos (o default) en julio de 2014; de hecho, la segunda desde 2001.

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    Publicado por jotaefeb | 6 julio, 2015, 14:22
  10. http://www.elmundo.es/economia/2015/06/30/55919204ca4741c0708b45a6.html

    Entre lo malo y lo peor
    El desastre de la economía helena no era inevitable ni algo históricamente anunciado

    Lo ocurrido se debe en gran medida a una larga serie de errores en Atenas y Bruselas. Grecia era viable en 2008

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    Publicado por jotaefeb | 6 julio, 2015, 14:21
  11. http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/06/150629_economia_entrevista_stiglitz_lf?ocid=socialflow_twitter

    Las naciones europeas acreedoras “son las culpables” de la crisis griega y las condiciones que imponen al gobierno de Atenas son “indignantes”.
    Así resume el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, la crisis económica que sacude a Europa estos días, en entrevista exclusiva con BBC Mundo.
    Stiglitz ha sido una de las voces más críticas frente a la ortodoxia imperante en los gobiernos de las grandes capitales europeas y en las entidades financieras internacionales.

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    Publicado por jotaefeb | 6 julio, 2015, 14:20
  12. La principal causa de la crisis griega es debida a un problema del cual adolecen la mayoría de Estados Occidentales. En las últimas décadas el gasto público se ha mantenido constante, pero la capacidad recaudatoria de los estados sobre el volumen de negocio ha ido disminuyendo. Esto se ha traducido en un aumento de la cifra de déficit público en todos los países.

    En Grecia, el déficit público fue ocultado en 2001 por el gobierno conservador de Karamanlis con ayuda del banco de inversión Goldman Sachs (con Draghi, actual presidente del BCE, como vicepresidente de GS para Europa en estas fechas). La participación de Goldman Sachs en el ocultamiento del déficit fue esencial para que Grecia pudiese entrar en el Euro, ninguna de las partes engaño a la otra, una serie de operaciones entre el Gobierno Griego y GS permitieron la farsa: http://goo.gl/lJEBm3

    Tras estallar la crisis global a finales de 2008 (Lehman Brothers, hipotecas subprime). Y solo semanas después de ganar las elecciones los socialistas del PASOK, en octubre de 2009 el nuevo gobierno revela la cifra real de déficit. Esto lleva a una vertiginosa caída del “rating” de Grecia por las agencias de calificación, y la prima de riesgo se dispara.

    Aquí llegan los grandes rescates del BCE y el FMI. Estos rescates no son gratuitos, pues conllevan una pérdida de soberanía del gobierno griego y la implantación de medidas de austeridad (la Troika). Estos organismos actúan “de buena fé” (según sus principios), pretenden reflotar la economía griega aumentando la productividad, y de esta manera recuperar lo prestado y obtener beneficios. Los bonos griegos al principio de la crisis dan un altísimo interés (hasta dos cifras!!). El BCE y FMI permiten la especulación de estados y privados con la deuda griega. Hasta el propio ZP se jacta del negocio que vamos a hacer con un préstamo de 6.600M € al 5% anual. No hay solidaridad en ningún caso, sino la búsqueda legítima de beneficio (bajo el punto de vista neoliberal).

    Las recetas para recuperar el dinero pasan por aumentar la productividad, para ello se receta:

    – Reducción de salarios

    – Medidas de austeridad: despido de funcionarios, recorte de pensiones y otras prestaciones. Cortar inversión pública. Y privatizaciones de empresas públicas.

    Lo que en ningún caso esperaban los banqueros tras su particular “inversión”, es que estas recetas causaran todo lo contrario.

    – Colapso de la economía griega (-25% PIB)

    – Aumento del desempleo (del 10 al 25%), entre los jóvenes alcanza el 52%

    Y las medidas de austeridad, acaban golpeando más fuerte a los que menos tienen.

    – El 45% de las pensiones en Grecia cotizan por debajo del umbral de la POBREZA

    – 40% de los niños en Grecia en situación de pobreza

    Ante este panorama. Se siguen programando rescates, y recetando más austeridad. Pero ya no se rescata al estado ni a los ciudadanos. Los rescates van directos a tapar los agujeros que han dejado en los bancos las pésimas decisiones de la Troika. Un 90-95% del dinero va para estos menesteres, pago de deuda e intereses. Solo el 5-10% en mantener el estado griego.

    Entre 2009 y 2015 se turnan los gobiernos del PASOK y los conservadores de Nueva Democracia, que son títeres de la Troika. En Enero de 2015 llega SYRIZA, prometiendo alternativas. El mensaje es sencillo, la austeridad no ha funcionado. El pueblo quiere recuperar la soberanía perdida y poder mirar al futuro para crecer y poder pagar sus deudas. Las guerras ya no se hacen con tanques, Grecia era rehén de bancos extranjeros.

    Para que Grecia pueda levantarse de nuevo, los deudores, que tienen buena parte de la culpa de esta crisis, deben de permitir una quita. Pero el BCE y el FMI se niegan en rotundo, y pretenden derribar a SYRIZA para dar ejemplo ante el “contagio” de alternativas “anti-austeridad” en otros países. El acoso lleva a SYRIZA a formular este referendum.

    Ante este panorama, no me extraña que el NO haya arrasado.

    En España se vive una situación paralela, menos extrema. Ante la situación actual del mercado laboral, y el austericidio cometido por PSOE y PP, que nadie se extrañe del apoyo masivo que está recibiendo PODEMOS.

    Espero que muchos comprendan un poco mejor por lo que está pasando el pueblo griego. ME avergüenzo cada vez que veo ataques contra ellos (que si vagos, ladrones, mentirosos). Un poco de respeto por un país orgulloso y lleno de gente que quiere trabajar honradamente. Son muy parecidos a nosotros!

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    Publicado por jotaefeb | 6 julio, 2015, 14:20
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    Publicado por jotaefeb | 6 julio, 2015, 14:19

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