Sociedad en deterioro

Lo que ocurrió la semana pasada en la Bombonera da para pensar, analizar y comparar. Vamos a hacerlo desde la perspectiva de una sociedad que, como la argentina, está sometida a fuerzas disociantes que amenazan con deteriorarla por completo.

Un partido de fútbol interrupto, hechos violentos protagonizados por fanáticos de Boca Junior descontrolados y una sanción del ente regional que regula el fútbol son los condimentos de una receta para el desastre. Jugadores de River Plate lesionados con gas mostaza arrojado por los “barras bravas” y el saludo final de los jugadores de Boca a sus hinchas más belicosos completan la fórmula.

La Conmebol, sesionando en Luque, produjo su fallo e hizo conocer las sanciones. A partir de allí, las redes sociales explotaron. La entidad regional, comenzando por su presidente, fue cubierta de improperios, especialmente por argentinos que consideraron casi una condecoración la penalización a Boca. Querían un castigo mucho más duro, a excepción por supuesto, de los boquenses que la consideraron excesiva.

Es interesante el cuadro que este hecho plantea. Los exacerbados, vistiendo la camiseta del club finalmente descalificado, intentaron incendiar la manga de acceso a la cancha, robaron camisetas, remontaron un drone con una mención humillante para River y rociaron con gas mostaza a jugadores rivales que terminaron con fuertes traumas visuales y respiratorios.

Es difícil concebir actos más salvajes que estos, salvo el llevar armas de fuego a los estadios, que también se da. ¿Son estos hechos fortuitos, circunstanciales? Creemos que no. Son propios de una sociedad que vive en medio del antagonismo político extremo que la ha dividido en dos, azotada por una ola delictiva sin precedentes, aterrorizada por las batallas entre carteles del narcotráfico, con una inflación cercana al 40% -la segunda más alta de Latinoamérica-, sin crecimiento económico y en medio de un año electoral que crispa los ánimos y lleva a muchos a actos desesperados.

En medio de todo, barras bravas que se alquilan como “seguridad” a políticos de campanillas o que operan grandes centros de reducción de objetos robados, contrabando y falsificación, uno de ellos conocido bajo el nombre de “la salada”.

Como si fuera poco, el caso del fiscal muerto cuando denunciaba a la Presidenta de la República acaba inerte en el cajón de un juez mientras una comisión del Congreso quiere echar a un ministro de la Corte Suprema porque es viejo.

En medio de este panorama, de una República ahogada por una crisis institucional profunda, ocurre lo del partido de fútbol y la sanción al club responsable. ¿Qué querían los argentinos de la Conmebol, que fuera más severa con Boca Juniors o que le calmara su mal humor social? Cuidado por aquí, porque algunos de esos ingredientes para el desastre están a mano y peligrosamente activos.

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