El evangelio del domingo: Ser justo

El evangelio del domingo: Ser justo

La palabra del Señor es sincera y todas sus acciones son leales; Él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. El origen, la gran fuerza que mueve al hombre justo, es el amor a Cristo; cuanto más fieles al Señor seamos, más justos seremos, más comprometidos estaremos con la verdadera justicia. Un cristiano sabe que el prójimo, el “otro”, es Cristo mismo, presente en los demás, de modo particular en los más necesitados.

“Solo desde la fe se comprende qué es lo que de verdad nos jugamos con la justicia o la injusticia de nuestros actos: acoger o rechazar a Jesucristo”. Este es el gran motor de nuestras acciones. Esto es lo que solo los cristianos, mediante la fe, podemos ver: Cristo nos espera en nuestros hermanos. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed… Omisiones: Cada vez que dejasteis de hacerlo con uno de mis hermanos más pequeños, dejasteis de hacerlo conmigo.

“Durante la Misa celebrada por el Evangelio de la Vida, dentro del marco de la jornada de la Evangelium Vitae que se celebró en Roma con motivo del Año de la Fe, el papa Francisco animó a los fieles a dar un profundo “sí” a la cultura de la vida, y un rotundo “no” a la cultura de la muerte.

“Digamos sí a la vida y no a la muerte, digamos sí a la libertad y no a la esclavitud de tantos ídolos de nuestro tiempo; en una palabra, digamos sí a Dios, que es amor, vida y libertad, y nunca defrauda”, exclamó el Papa ante los miles de fieles congregados en Roma y llegados de todas partes del mundo para la ocasión.

Con esta Eucaristía el Papa invitó a dar gracias al Señor por el don de la vida en todas sus diversas manifestaciones y a anunciar el Evangelio de la Vida, y recordó que “Jesús es la encarnación del Dios vivo, el que trae la vida ante tantas obras de muerte, ante el pecado, el egoísmo, el cerrarse en sí mismos. Jesús acoge, ama, levanta, anima, perdona y da la fuerza para caminar, devuelve la vida”.

El Papa continuó su meditación, “¿Qué es esta vida? Es la vida misma de Dios. Y ¿quién nos introduce en esta vida? El Espíritu Santo, el don de Cristo resucitado. Es él quien nos introduce en la vida divina como verdaderos hijos de Dios, como hijos en el Hijo unigénito, Jesucristo. ¿Estamos abiertos nosotros al Espíritu Santo? ¿Nos dejamos guiar por él?”.

“El cristiano es un hombre espiritual, y esto no significa que sea una persona que vive «en las nubes», fuera de la realidad como si fuera un fantasma, no. El cristiano es una persona que piensa y actúa en la vida cotidiana según Dios, una persona que deja que su vida sea animada, alimentada por el Espíritu Santo, para que sea plena, propia de verdaderos hijos. Y eso significa realismo y fecundidad. Quien se deja guiar por el Espíritu Santo es realista, sabe cómo medir y evaluar la realidad, y también es fecundo: su vida engendra vida a su alrededor”.

El Santo Padre recordó que Jesús nos trae la vida de Dios, y el Espíritu Santo nos introduce y nos mantiene en la relación vital de verdaderos hijos de Dios. “Pero, con frecuencia –lo sabemos por experiencia– el hombre no elige la vida, no acoge el Evangelio de la vida, sino que se deja guiar por ideologías y lógicas que ponen obstáculos a la vida, que no la respetan, porque vienen dictadas por el egoísmo, el propio interés, el lucro, el poder, el placer, y no están dictadas por el amor, por la búsqueda del bien del otro”.

El Papa señaló que estos caminos representan “la constante ilusión de querer construir la ciudad del hombre sin Dios, sin la vida y el amor de Dios: una nueva Torre de Babel; es pensar que el rechazo de Dios, del mensaje de Cristo, del Evangelio de la vida, lleva a la libertad, a la plena realización del hombre.

El resultado es que el Dios vivo es sustituido por ídolos humanos y pasajeros, que ofrecen un embriagador momento de libertad, pero que al final son portadores de nuevas formas de esclavitud y de muerte”.

Pero “pienso también en el don de los Diez Mandamientos: una vía que Dios nos indica para una vida verdaderamente libre, para una vida plena; no son un himno al ‘no’ –no debes hacer esto ¡no! Son más bien un himno al ‘sí’ a Dios, al Amor, a la Vida”.

(Del libro Hablar con Dios y https://www.aciprensa.com)

3 comentarios en “El evangelio del domingo: Ser justo”

  1. La comunidad cristiana

    Por Hno. Joemar Hohmann Franciscano Capuchino

    El texto del Evangelio de este domingo y del siguiente pertenecen a la despedida de Jesús, cuando Él celebra la Última Cena con sus discípulos. De cierta manera, es su testamento.

    El tema de hoy es sobre las condiciones para que una comunidad sea cristiana y pueda crecer siempre. Hablamos de la comunidad como un todo o de sus miembros, individualmente. Jesús afirma: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía”.

    Aparece una comparación muy querida del Antiguo Testamento: la vid, los sarmientos, el viñador y los cuidados para que la planta dé muchos frutos.

    Cuando revela que Él es la verdadera vid está afirmando que solamente Él tiene la capacidad de producir los frutos que agradan al Padre. A la par, el Padre es el viñador que atiende cuidadosamente de la vid y cuando es necesario corta los ramos que no dan fruto y poda a los otros, para que produzcan con abundancia.

    A veces, se piensa en la poda como hacer sufrir, sin embargo, jamás pasaría por la cabeza del viñador hacer sufrir a su vid, pues lo que Él quiere es darle condiciones para una linda cosecha.

    Para que la comunidad sea realmente cristiana debe ser purificada, lo que no ocurre sencillamente con algunos rituales, sino escuchando y practicando la Palabra que Jesús enseña.

    En seguida, el Señor indica que hay un riesgo de permanecer estéril, sea la comunidad o algún miembro suyo, de no dar frutos, de derrochar tiempo, energía y oportunidades en la vida.

    Al parecer, en el mundo moderno no todos están preocupados en dar frutos abundantes, pero si, en tener un éxito redondo, ganar abundante plata y recibir largos aplausos. Si los medios usados son morales o inmorales no importa mucho; si se daña o no al semejante también no cuenta demasiado. Es el modo de permanecer estéril y no aportar nada para crear una nueva sociedad.

    Una cosa es segura: sin Cristo nada podemos hacer de bueno y podemos usar la libertad para despreciar sus enseñanzas, pero sepamos que esto no sale gratis y la vida se encargará de cobrar estas burlas y al fin de todo uno termina frustrado y amargado.

    Felizmente, el otro lado de la moneda también está claro, cuando Jesús garantiza que si nosotros permanecemos unidos a Él y respetamos sus palabras, podemos pedir lo que queremos que el Padre nos atenderá.

    Paz y bien.

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  2. domingo 03 Mayo 2015

    Quinto Domingo de Pascua

    Libro de los Hechos de los Apóstoles 9,26-31.
    Cuando llegó a Jerusalén, trató de unirse a los discípulos, pero todos le tenían desconfianza porque no creían que también él fuera un verdadero discípulo.
    Entonces Bernabé, haciéndose cargo de él, lo llevó hasta donde se encontraban los Apóstoles, y les contó en qué forma Saulo había visto al Señor en el camino, cómo le había hablado, y con cuánta valentía había predicado en Damasco en el nombre de Jesús.
    Desde ese momento, empezó a convivir con los discípulos en Jerusalén y predicaba decididamente en el nombre del Señor.
    Hablaba también con los judíos de lengua griega y discutía con ellos, pero estos tramaban su muerte.
    Sus hermanos, al enterarse, lo condujeron a Cesarea y de allí lo enviaron a Tarso.
    La Iglesia, entre tanto, gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba consolidando, vivía en el temor del Señor y crecía en número, asistida por el Espíritu Santo.

    Epístola I de San Juan 3,18-24.
    Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad.
    En esto conoceremos que somos de la verdad, y estaremos tranquilos delante de Dios
    aunque nuestra conciencia nos reproche algo, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y conoce todas las cosas.
    Queridos míos, si nuestro corazón no nos hace ningún reproche, podemos acercarnos a Dios con plena confianza,
    y él nos concederá todo cuanto le pidamos, porque cumplimos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
    Su mandamiento es este: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos los unos a los otros como él nos ordenó.
    El que cumple sus mandamientos permanece en Dios, y Dios permanece en él; y sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.

    Evangelio según San Juan 15,1-8.
    Jesús dijo a sus discípulos:
    «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador.
    El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía.
    Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié.
    Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
    Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.
    Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde.
    Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán.
    La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
    Sermón 58 sobre el Cántico de los cánticos

    Dar fruto en abundancia

    Debo advertir a cada uno de vosotros a propósito de su viña: en efecto ¿quién ha jamás suprimido en él mismo todo lo que es superfluo hasta el punto de poder pensar que no tiene nada más a cortar? Creedme, todo lo que se corta, vuelve a crecer, los vicios que creíamos superados vuelven a aparecer y nos encontramos con que las tendencias adormecidas se desvelan. No es, pues, suficiente cortar la propia viña una sola vez, al contrario, es necesario volver a menudo sobre ella, y si es posible, sin parar. Porque, si sois sinceros, es sin parar que encontramos en nosotros mismos alguna cosa que cortar… La virtud no puede crecer entre los vicios; para que ésta pueda desarrollarse, es preciso impedir a éstos de crecer anchamente. Suprime, pues, lo superfluo, entonces aquello que te es necesario podrá abrirse paso.

    Para nosotros, hermanos, la época es siempre la de cortar, ésta es necesaria siempre. Estoy seguro de ello, pues hemos salido ya del invierno, de este temor sin amor que nos introduce a todos en la sabiduría pero que no deja que nadie pueda desarrollarse en la perfección. Cuando el amor llega, echa fuera todo temor al igual que el verano echa fuera el invierno… Que cesen ya las lluvias de invierno, es decir las lágrimas de angustia suscitadas por el recuerdo de vuestros pecados y el temor del juicio… Si «el invierno ha pasado», si «la lluvia ha cesado» (Ct 2,11)…, la dulzura primaveral de la gracia espiritual nos indica que es llegado ya el momento de podar nuestra viña.. ¿Qué es lo que nos queda por hacer si no comprometernos enteramente en este trabajo?

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  3. “Yo soy la vid y ustedes las ramas. Si alguien permanece en mí, y yo en él, produce mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer nada.” Jn 15, 5
    En este V domingo del tiempo de Pascua la Iglesia nos ofrece el evangelio de la Vid y las ramas.
    También esta imagen es muy sencilla y muy conocida. La gente del tiempo de Jesús estaba muy familiarizada con la vid, con el cuidado que se debía tener con sus ramas y sus frutos.
    Conforme los apóstoles iban asimilando el gran misterio de la resurrección de Cristo, empezaban a recordar sus enseñazas y solamente entonces podían comprender la fuerza de sus palabras. A lo mejor cuando escucharon por primera vez esta comparación ni le hicieron mucho caso, pues no entendían muy bien qué significaba. Sin embargo, después de la resurrección de Cristo todos los recuerdos se llenaron de una nueva luz. Se les abrieron los ojos y el corazón. Solamente a la luz de la resurrección ellos fueron capaces de entender lo que significaba estar unido a Cristo y recibir de él la savia para sus vidas.
    Cristo está vivo. Él es el vencedor de todo el mal, hasta de la muerte. Nada ni nadie puede detenerlo o hacerle daño. Entonces estar unido a él, como los ramos están unidos a la Vid, significa tener la misma vida de él, y así poder producir los mismos frutos que él produce.
    Es más, en nuestro mundo, solamente a través de nosotros él puede continuar dando frutos. Su resurrección, su victoria, su amor, su gracia, su misericordia… puede continuar en la historia humana sólo a través de nuestras manos, de nuestras obras, de nuestra vida.
    En el bautismo nosotros fuimos injertados en Cristo. Empezamos a hacer parte de su cuerpo. Nos tornamos una rama de esta gran vid. Y él espera que cada uno de nosotros pueda expandirse mucho y producir abundante fruto, pues quien no lo hace un día será cortado de la vid y morirá. Para crecer y producir frutos necesitamos recibir la savia. Y cuanto esta sea más abundante, tanto más vigorosos seremos. La savia de Cristo nosotros la podemos recibir en la Iglesia, sobretodo en los sacramentos y en la oración. Estos son los medios que Dios eligió para alimentarnos en la fe.
    Quien se contenta solamente con una señal de la Cruz o una pequeña oración distraída, recibe seguramente muy poca savia, a lo mejor lo suficiente para no morir, pero no puede producir frutos. Nadie puede dar lo que no posee. Es la participación frecuente a la eucaristía, la escucha constante de su palabra, la intensa oración como diálogo con Dios, la que nos llena de la gracia de Cristo y hace despuntar en todo nuestra vida, en nuestras sencillas acciones y en nuestras palabras los frutos de Dios.
    Esta savia es el Espíritu Santo. Es él quien nos hace productivos en el bien. (Sin mí no pueden hacer nada!)
    Es importante darse cuenta que nosotros producimos de acuerdo con lo que consumimos. Quien sólo recibe la savia del mundo a través de, por ejemplo, las músicas, las telenovelas, los romances, los chismes, las páginas de internet… ciertamente producirá en su vida como fruto el egoísmo, la prepotencia, la mentira, la lujuria… Una persona que –por ejemplo– se llena de rock pesado todo el tiempo, que se divierte con video games violentos, que frecuenta ambientes de mucha tensión, no es difícil de entender por qué es agresiva.
    Debemos estar unidos a Cristo, y esto no puede ser sólo una idea o una buena intención. Muy en lo concreto, debemos decir que no sirve querer ser cristiano, pero no tener tiempo para Él. Sólo la buena voluntad no hace que un campo sea productivo. Nadie vive sólo teniendo ganas de comer, sin alimentarse concretamente. Lo mismo pasa con la vida cristiana.
    Hermano, es el Señor quien nos invita: “Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes.” El mundo necesita de los frutos de Dios y a través de nosotros el Señor los puede producir.

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.
    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

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