Quemá esas cartas

Quemá esas cartas

Lastimosamente, mi amigo Ronny, el que se sabía de memoria todas las letras de todos los tangos, falleció hace un par de años. Por ello no puedo recurrir a su sabiduría para recordar el tango que dice: “Quemá esas cartas…” y etcétera. Estuve pensando en ello pues debido a las nuevas tecnologías no será necesario decirle a nadie “quemá esas cartas”. A lo sumo pediremos que “deleate” esas cartas o a lo máximo “mandalas a la papelera de reciclaje”.

Por el principio de que en la naturaleza “nada se crea, nada se pierde…”, cada nueva tecnología nos cobra un precio. Nos da algo, pero nos saca otra. La celeridad de comunicarnos con alguna persona a través del correo electrónico nos arrebata –en realidad ya nos ha arrebatado– otra: la correspondencia epistolar. De haber existido correo electrónico hace ochenta años, no hubiéramos tenido hoy en nuestras manos un libro tan apasionante y apasionado como “Cartas a Milena”, que reúne las cartas que Franz Kafka le escribió, en los años 20, a Milena Jesenskà, traductora checa de su obra.

En 1939, poco antes de la entrada de las tropas alemanas en Praga, la joven se las entregó a un amigo, quien así las rescató de su posible destrucción. Milena fue apresada por la Gestapo a finales de ese mismo año y deportada al campo de concentración de Ravensbrück, donde murió el 17 de mayo de 1944. Es sorprendente descubrir un apasionamiento tan profundo en el autor de “El Proceso”, “Metamorfosis” o “El Castillo”. Y, sin embargo, es el mismo autor de “Cartas a mi padre”.

Pero si en ocasiones como esta nos reconforta acceder a tales cartas, en otras oportunidades el remitente no habría dudado un segundo en volver al viejo tango “Quemá esas cartas”. El diario español “El País” acaba de publicar un extenso artículo sobre el nuevo descubrimiento en materia epistolar: las cartas escritas entre Heinrich Himmler, el jefe las policías nazis, “arquitecto” del Holocausto, y su esposa Margaret.

En 1955, el realizador francés Alain Resnais había hecho un cortometraje documental, “Noche y niebla” (unos 30 minutos), sobre los campos de concentración nazis. En una toma se ve la fotografía de un cumpleaños infantil. El del cumpleaños está sentado en una silla alta y atrás sus padres: la familia ejemplar. Alrededor: todo el cotillón propio de tales acontecimientos. El “padre ejemplar” era el jefe de uno de esos tétricos campos de la muerte.

Las cartas de Himmler ofrecen la misma idea. En una de ellas, de 1941, lamenta “tanto haberme olvidado de nuestro aniversario por primera vez” y en otra, muy escueta, le dice a su esposa: “Viajo a Auschwitz. Besos: tu Heini”. Era en 1942. La esposa, menos tierna y cariñosa, le escribe en una oportunidad a su marido: “¿Cuándo nos dejará esta banda de judíos para que podamos disfrutar de la vida?”. Habrá que esperar que el periódico alemán “Die Welt” se decida a publicar las 700 cartas manuscritas de los Himmler fechadas entre 1927 y 1933 y entre 1939 y 1945, para saber qué le respondió su marido. Heini y Marga no escatimaban palabras cariñosas y besos a través de su correspondencia. Lo que no le cuenta a su mujer es que esa visita que realizó a Auschwitz le sirvió para presenciar, a través de una mirilla especial, cómo eran gaseados centenares de judíos en las cámaras disfrazadas de duchas, con lo que regresó satisfecho a Alemania donde le ofreció una conferencia a diferentes mandos nazis, en octubre de 1943, en la que defendió “el exterminio del pueblo judío” y se vanaglorió de que la SS estaba manteniendo la “decencia” en la consumación del crimen. Basándose en esta conferencia, la cineasta israelí Vanessa Lapa ha realizado una película documental sobre el tema, llamado “El decente”, refiriéndose a Himmler. El film será estrenado en la próxima Berlinale.

La nueva tecnología nos hubiera privado de tales testimonios escritos por sus propios protagonistas gracias a una de las más antiguas técnicas de comunicación: el papel y la tinta o el lápiz. No quemes esas cartas.

Por Jesús Ruiz Nestosa

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