Murió el pianista de jazz Dave Brubeck

El pianista de jazz estadounidense Dave Brubeck murió este miércoles a causa de un infarto en un hospital de Connecticut. Su famosa pieza “Take Five” lo hizo alcanzar la fama internacional. La causa del deceso de Dave Brubeck, un día antes de cumplir 92 años, fue un infarto, según informó el diario “Chicago Tribune” citando a su representante.

Nacido en 1920 en California, Brubeck actuó hasta una avanzada edad con diferentes grupos de jazz y fusionó este estilo con la música clásica.

Fama mundial con “Take Five”

Dave Brubeck, en concierto con De Bach a Brubeck. (Alemania, 1996).Dave Brubeck, en concierto con “De Bach a Brubeck”. (Alemania, 1996).

“Durante toda mi vida la gente quiso meterme en una estantería, pero me aburren”, dijo en una ocasión Brubeck, en referencia a su negativa a ser encasillado en un estilo determinado.

El músico alcanzó la fama mundial con piezas como “Take Five” o “In Your Own Sweet Way” y sus discos vendieron millones de ejemplares. Llegó a actuar en el famoso Carnegie Hall de Nueva York y cuenta con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, donde esta tarde se depositarán flores en su honor. Sus cinco hijos y su hija se dedicaron también a la música.

Fuente: dpa

Editora: Cristina Papaleo

4 comentarios en “Murió el pianista de jazz Dave Brubeck”

  1. Guía mínima para distinguir la calidad en el jazz

    1. La improvisación. 2. La firma. 3. Lo innombrable

    ¿Cómo explicar que el jazz no es música de elevador? ¿Cómo explicar que se encuentra cerca de lo popular y lo culto al mismo tiempo? ¿Habrá manera de hacerle entender al comprador de que aquellos discos baratitos que se consiguen en los anaqueles de ofertas del supermercado de quién sabe qué músicos que no está escuchando jazz sino un remedo?

    Charlie Parker

    Sigamos. ¿Por qué Ben Webster con su saxofón suave y discreto, Charlie Parker y su nerviosismo, Thelonius Monk y su piano minimalista y preciso sí tocan jazz pero no Kenny G ni Spyro Gyra?

    La mejor forma de entender el jazz es escuchando, pero además se tiene que aprender un poco sobre él. El jazz exige cierto esfuerzo del escucha más allá del puro oído.

    Se puede suponer que el jazz tiene dos características esenciales muy fáciles de determinar y una más que se escapa a las palabras, porque la escritura fosiliza la experiencia.

    La primera característica e incluso la más importante es la improvisación. Músico que improvisa se acerca más al jazz que aquel que toca lo mismo una y otra vez. Pero esto no significa que toda improvisación sea jazz: aquí entramos de lleno a lo que los críticos han estudiado por muchos años y que prefiero llamar el problema del jazz.

    Habrá que añadir otro elemento, éste es mucho más difícil de elaborar como intérprete y además de distinguir como escucha. El fraseo es el que obliga al músico a encontrar su propia voz pero también exige al escucha a distinguir entre uno y otro músico. Es la firma del músico, la marca personal. Pocos lo tienen, la mayoría se quiere parecer a otros. Pero lo más difícil como aficionado es distinguir a un músico sin ver la portada del disco. El blindfold test es una prueba para críticos y músicos de jazz, ésta consiste en escuchar una grabación sin ver la portada. Es muy complicado responder correctamente, esto demuestra hasta dónde el músico de jazz escucha y cómo escucha. Aquí una liga a variosblindfold test de músicos importantes y acá un video corto donde se demuestra que un músico eficiente puede equivocarse al escuchar a un clásico.

    Además del fraseo, fundamental para que la música tenga calidad, existe un elemento más que aparece y desaparece en el jazz: el swing. A pesar de que muchos saben lo que es el swing, no todos saben cómo es el swing.

    No todo el jazz tiene swing pero siempre el swing es jazz. El swing es la capacidad que tienen ciertos músicos de darle acentuación a los tiempos débiles en lugar de los fuertes. Pero va más allá de una explicación técnica. Esta cualidad rítmica no existía en la música africana ni en la europea. Aparece cuando se reúnen en Nuevo Orleans a finales del siglo XIX tanto las dos tradiciones anteriores junto a la música mexicana y la música tradicional sureña estadounidense. Esta amalgama se compenetró en el swing, esa tensión entre el tiempo objetivo y el tiempo subjetivo. Es un ritmo más suelto, libre, fluido, que permite sentir un bamboleo, una cadencia que arrastra el tiempo dos hasta el tiempo cuatro pero sin ser una síncopa completa.

    Explicadas estas tres características brevemente es momento de revisar cómo las dos primeras determinan la calidad en el jazz.

    Thelonius Monk

    Aunque al principio los músicos no improvisaban, al “embellecer” ciertos temas, al añadir algunas notas que no estaban escritas o incluidas en la melodía sembraron la raíz de la característica más importante. Esto nos demuestra que al hablar de improvisación apenas estamos destapando el problema.

    Un músico que improvisa tiene la opción de hacerlo por encima de las armonías de la pieza, esto es, inventar nuevas líneas melódicas. Tanto puede ornamentar las líneas ya existentes o crear por completo unas distintas. A partir de los años cuarenta y con la irrupción del bebop los músicos comenzaron a improvisar más y dejaron la ornamentación a la mayoría de los músicos sin habilidad para inventar líneas originales. Un excelente ejemplo es Charlie Parker, quien podía tocar la misma pieza de dos formas totalmente distintas de la primera a la segunda toma y aun así se puede distinguir la melodía, no importa que no tocara las notas ya escritas.

    Para poder explayarse en la improvisación es obvio que la creatividad del músico es importante. Y el problema se complica cuando los mismos músicos no saben por qué hacen lo que hacen. Pareciera que la intuición es el motor principal. Esta intuición funciona con la sencilla capacidad que tiene el ser humano de escuchar sonidos en su cabeza. Una habilidad que supongo todos tenemos pero que los músicos deben dominar y desarrollarla por encima del común denominador. También deben tener la facilidad de identificar un acorde y encontrar las relaciones con otros. Incluso algunos pueden deletrear acordes enteros, inventar melodías completas en su cerebro y después tocarlas. Ese proceso bastante complicado permite al músico escuchar todas las opciones y desechar las que no servirán. Mientras más desarrollada esté la capacidad, mejor tocará.

    Los solos son el espacio en donde más se explaya el músico de jazz, ese momento le permite hacer lo que quiera. Es en el solo donde aparece el fraseo. Y lo hace, hasta cierto grado, gracias a la improvisación.

    En el jazz, como en todo, hay obras maestras. Éstas se encuentran cuando un solo sobrepasa el mero nivel de interpretación y se hace famoso. Así, algunos solos que se consideran clásicos no serán tocados de manera distinta a como fueron creados. No es necesario trasladarlos a otras cumbres porque ya están suficientemente arriba. Lo improvisado queda unido al improvisador. Porque el jazzista, en ese momento, también es compositor y único intérprete de su solo. Quien repita nota por nota el mismo solo nada más demuestra habilidad técnica pero no imaginación. El sonido queda vacío, las sutilezas del original desaparecen. Esa cualidad del solo se traduce también en el fraseo. Distinguir un solo famoso tocado por su creador es la forma más sencilla de reconocer el fraseo.

    ¿Cómo distinguir la calidad en el jazz? La pregunta parece no tener respuesta. La calidad tiene más que ver con la intuición que con la razón. Esa intuición es la que nos hace recular ante los discos de Kenny G, porque aunque el saxofonista tenga muchas herramientas técnicas y haya conseguido un inútil record por tocar durante más tiempo la misma nota, tanto su fraseo ligero y meloso como la composición y la poca imaginación de sus líneas no logran entrar a la categoría de jazz. Lo mismo sucede con grupos fusión como Spyro Gyra, que son demasiados en el mundo del smooth jazz, el virtuosismo no es suficiente para construir música sobresaliente, incluso me atrevo a decir que muchos de estos grupos suenan iguales, sin una personalidad propia lo suficientemente atractiva para destacar. Y aunque Spyro Gyra o Kenny G llevan muchos años tocando, su música nunca ha alcanzado las alturas de Ben Webster o Weather Report. Para entender estas diferencias es necesario preguntarse por la calidad, algo que tiene mucho que ver con la intuición. Así que aprender a identificar al músico por su sonido, entender el proceso de improvisación y recordar que no solamente se trata de habilidad técnica, sino de creatividad al componer y tocar en el momento, son la base fundamental para distinguir entre la música de elevador y el verdadero jazz.

    Por Daniel Herrera

    http://revistareplicante.com/guia-minima-para-distinguir-la-calidad-en-el-jazz/

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  2. La engañosa apariencia de saltarina facilidad que convirtió a Take five en el tema más célebre del cuarteto de Dave Brubeck (y en uno de los más famosos de la historia del jazz) persiguió para siempre a la figura del pianista y compositor californiano, que falleció ayer, precisamente un día antes de cumplir 92 años. Murió víctima de un paro cardíaco mientras iba camino de un hospital de Norwalk, Connecticut, acompañado de su hijo, para someterse a un reconocimiento, según informó Russell Gloyd, su productor durante más de tres décadas.

    El apabullante éxito de la canción, compuesta en un ritmo de 5/4 por el saxofonista Paul Desmond, su compañero en el liderato del cuarteto hasta su disolución en 1967, condujo a malinterpretar a menudo a Brubeck y a su forma de comprender el jazz. La composición devino en estándar adorado por las masas, reclamado para sintonías televisivas y multitudinarios eventos deportivos, aunque visto con recelo por el sector más purista por su efectismo, cuando lo cierto es que aún hoy, con su mezcla de experimentación y comercialidad, perdura como una de las canciones más fascinantes del género.

    Publicado por Columbia en 1959 dentro del disco Time out, convenientemente adornado en su portada con una pintura de aire vanguardista, ingrediente idóneo para completar la sofisticación intelectual capaz de seducir a la América previa a la revolución hippie, fue el primer álbum de jazz en alcanzar el millón de copias vendidas. También marcó la culminación de las aspiraciones del grupo que Brubeck había fundado a principios de los cincuenta junto a Desmond.

    Asociada a la corriente del jazz de la costa Oeste, que vino a ofrecer desde California un contrapunto fresco y soleado a las escenas, nocturnas y fuertemente influidas por el blues, de ciudades como Nueva York y Filadelfia, la banda se hizo un nombre gracias a sus giras por las asociaciones estudiantiles de universidades de todo el país, antes de que el jazz perdiese definitivamente en favor del rock and roll su poder de influencia en la juventud.

    Algunos de aquellos conciertos, recogidos en álbumes como Jazz at Oberlin o Jazz at the College of the Pacific (ambos en el sello de San Francisco Fantasy), relucen hoy como joyas para los aficionados atentos. Si bien quedaron ensombrecidas por su obra posterior, le sirvieron para convertirse en el primer músico de jazz moderno (y uno de los pocos de todos los tiempos y categorías) en ocupar en noviembre de 1954 la portada de la revista Time.

    Nacido en Concord (cerca de San Francisco) en 1920 como el hijo de un ganadero y una directora de coro, interrumpió sus estudios para servir durante la II Guerra Mundial. Su acercamiento cerebral y meticuloso a la composición fue tanto herencia de sus años de estudio junto al francés Darius Milhaud como consecuencia de su inagotable afán por conocer nuevas formas rítmicas en sus giras por Japón, Europa o Asia.

    Nuevas formas rítmicas y Mozart como base

    Como prueba de su gusto por la contaminación estilística se erige otra de sus inmortales canciones Blue Rondo à la Turk, cuya inspiración le llegó paseando por las calles de Turquía, durante uno de los viajes que emprendió la banda financiados por el Departamento de Estado, en los lejanos tiempos de la guerra fría en los que el jazz era visto como arma propagandística.

    La pieza , de piano y saxofón, tiene un ritmo más acelerado al que solía tener el jazz y estaba basada ligeramente en una de Mozart.

    “Esa es la belleza de la música” dijo a The Associated Press en 1992. “Puedes tomar una pieza de coro sacro de Bach e improvisar. Sin importar de dónde viene el tema, se puede adecuar al jazz.”

    Los años a caballo entre los cincuenta y sesenta fueron tremendamente prolíficos para Brubeck y los suyos: de Ellington a West Side story, de la puerta de Brandeburgo a Walt Disney, cualquier pretexto parecía en aquel tiempo suficiente para armar un repertorio y grabar un disco en los estudios de Columbia.

    El ímpetu optimista del músico se mantuvo intacto, ya sin Desmond (fallecido en 1977) y hasta el final de sus días, tanto en su faceta de compositor jazzístico como de piezas orquestales, divertimentos barrocos o cantatas. Se mantuvo activo sobre los escenarios hasta 2010. Tampoco cesaron las distinciones: Bill Clinton le concedió la Medalla de las Artes, mientras que Barack Obama lo incorporó al centro Kennedy por su aportación a la cultura estadounidense. Cuenta con una estrella en el paseo de la fama de Hollywood y el Grammy a toda una carrera.

    En 1996, Brubeck fue reconocido por su trayectoria en los Grammy y en 2009 recibió el medallón del Kennedy Center.

    En sus últimos años Brubeck también compuso música para óperas y ballet. A los 88 años, en 2009, seguía de gira, a pesar de una infección viral que afectó su corazón.

    Numerosos jazzistas se preparaban para viajar a Connecticut esta semana para un concierto de cumpleaños en honor a Brubeck programado para el jueves en Waterbury. El concierto no fue cancelado y se realizará a manera de homenaje póstumo. Su hijo Darius, un prestigioso pianista, era uno de los músicos programados para presentarse junto al saxofonista Richie Cannata y Bernie Williams, ex astro de los Yanquis de Nueva York y guitarrista de jazz.

    Un documental, titulado Dave Brubeck: in his own sweet way, en homenaje a una de sus más célebres composiciones y auspiciado por la producción ejecutiva de Clint Eastwood, celebró sus logros de una vida de dedicación al jazz. Un compromiso que en cierta ocasión definió así en The New York Times: “Una de las razones por las que creo en esta música es que en ella la individualidad del hombre halla su camino a través del ritmo del corazón. Y ese latido retumba por igual en todas partes. Es lo primero que escuchas al nacer y el sonido con el que la vida te despide”.

    Llegado el momento de definitivo su adiós, le sobreviven su mujer, Iola (con la que trabajó en decenas de proyectos), así como cuatro hijos músicos y una hija.

    Con información de El País/AFP

    FRASE

    “Una de las razones por las que creo en esta música es que en ella la individualidad del hombre halla su camino a través del ritmo del corazón. Y ese latido retumba por igual en todas partes”

    Dave Brubeck, pianista y compositor de jazz

    VOCES

    “Sus dos más grandes éxitos opacaron el resto de su propuesta”

    “Era de las últimas grandes leyendas del jazz que estaban haciendo cosas. Es una pena porque hay muy pocos de esos músicos que vivieron esas grandes épocas del jazz. Su importante música no era sencilla sino compleja. Para Brubeck era muy importante el bagaje de la música clásica. Lo que hizo fue llevarle el jazz a las masas. Mucha gente dice que Take Five es una canción sobadísima, pero bueno, yo creo que es difícil que una canción tenga ese alcance. Lo memorable eran sus melodías, logró hacer un estilo que era muy fácil de gustarle a mucha gente. Quién no conoce Take Five o Blue Rondo à la Turk, son de las que en todos lados donde se escucha jazz, son piezas obligadas para todos los jazzistas.Cuando la gente que no conoce el jazz habla del jazz sabe cuál es esa canción. Para mí es un mérito enorme, que a ese nivel global, masivo, tremendo, a lo largo de los años varias de sus canciones hayan tenido este alcance. Para bien o para mal, el que muchos grupos estándares toquen esas canciones va acercando nuevos públicos al jazz, que pueden pensar que solamente eso es lo que hay y a partir de ahí descubren más cosas.

    Sara Valenzuela, cantante y promotora del jazz en la ciudad

    “Dave Brubeck le dio al jazz un carácter con ciertos ingredientes de la música clásica que no eran tan habituales hasta el momento en que él empezó a cobrar fama. Tiene algunas piezas que son emblemáticas, el Blue Rondo à la Turk, que de alguna manera está inspirado en la música clásica. Su refinamiento en la composición y en la interpretación pianística contrastaba con toda la parte más brutal, más negra del jazz tradicional con la que le tocó lidiar. Yo diría que sería lo más importante de sus aportaciones, este acercamiento con la música clásica y el refinamiento que desarrolló. Take Five lamentablemente se volvió una especie de cliché que, creo, le quitó luz a otras partes de su trabajo que también fueron muy importantes. Me llamaba mucho la atención la melodía, el hecho de que estuviera en compás de cinco, que no era tan común. En general, la obra de Dave Brubeck, sobre todo de los años sesenta y setenta, es muy importante. Su muerte es un buen pretexto para escucharlo y revalorarlo. Hay gente a quien no le gustaba porque le parecía un poco alejado de las fuentes originales del jazz. Pero eso no le quita el mérito de haber sido un innovador.

    Alfredo Sánchez, músico y periodista cultural

    Me tocó conocer a Dave Brubeck desde mi infancia. Fue lo primero que escuché del jazz. Todos mis familiares me decían: ‘Tienes que escuchar esta canción: Take Five y no sé qué’. En realidad nunca lo entendí hasta que empecé a ser músico. Hasta que pude tocarlo fue cuando realmente entendí el sistema de componer de este maestro. También me tocó verlo en vivo hace tres años en Los Ángeles en un uno de los mejores conciertos de mi vida. Fue en el Hollywood Bowl. Ver un concierto de jazz con unos personajes viejos y que estén tocando piezas que desde tu infancia conoces y las conocen generaciones mucho más atrás que la tuya es impresionante. Para el jazz, Dave Brubeck vino a ser como un parteaguas, sobre todo en el llamado jazz cool, que es el jazz comercial que se hacía hace 50 años.

    Yo destaco la cuestión de los compases que utilizaba en la música, que para su tiempo eran muy arriesgados. Había temas que de repente eran 7/8 o 6/8 y que en ese tiempo la música popular era otra. Logró hacer música complicada pero que cuando la escuchas es sencilla y natural.

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  3. Fallece el célebre pianista de jazz Dave Brubeck

    ‘Take Five’ o ‘Three to Get Ready’, son algunos de los temas que hicieron famoso a este músico, especializado en la utilización del contrapunto, polifonía y experimentación de ritmos. Dave Brubeck murió a los 91años, dejando un repertorio de un centenar de discos.

    La leyenda del jazz Dave Brubeck falleció este miércoles de un paro cardíaco a los 91 años, en vísperas de su cumpleaños.

    Nacido en California en 1920 y destinado a convertirse en veterinario, se dedicó finalmente al jazz, alcanzando un gran éxito con el “Dave Brubeck Quartet”.

    Su disco “Time Out” (1959), con los temas musicales “Blue Rondo a la Turk”, “Take Five” y “Three to Get Ready”, vendió más de un millón de copias.

    Su música lo llevó por todo el mundo, y brindó conciertos ante importantes personalidades, como el papa Juan Pablo II o, en 1988, en Moscú durante la cumbre entre los líderes estadounidense Ronald Reagan y de la ex Unión Soviética, Mijail Gorbachov.

    La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos lo nombró “leyenda viviente” y universidades de su país, Canadá, Gran Bretaña y Alemania le otorgaron doctorados honorarios.

    Deja en este mundo más de cien discos, entre ellos dos ballets, una comedia musical, cantatas, una misa y varias obras para formación de jazz y orquesta sinfónica, además de muchas piezas para piano.

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