20 curiosidades sobre la vida y obra de Antoine de Saint-Exupéry

 

La primera vez que leí “El Principito” fue a los ocho años. Lo encontré en un estante en mi casa. A pesar de mi corta edad, me quedaron algunos pasajes grabados: el dibujo de la boa que se había comido al elefante, el planeta donde vivía el contador de estrellas o aquel donde un farolero anunciaba el día y la noche en cuestión de minutos. La novela de Antoine de Saint-Exupéry es un clásico de la literatura infantil y una de las grandes influencias para la literatura fantástica de la segunda mitad del siglo XX. En las escuelas es una lectura obligada y es parte de ese selecto grupo de libros que ha logrado trascender las épocas y las nacionales. Este 29 de junio, a 112 años del natalicio del autor francés, vale la pena enumerar algunas curiosidades sobre su vida y obra.

 

1.- Saint-Exupéry fue un reconocido piloto, pionero de la aviación moderna. Antes de la Segunda Guerra Mundial, trabajó para el correo postal francés (1926) en vuelos internacionales. Solía usar aeronaves con pocos instrumentos de navegación, aduciendo que quienes usaban aviones más avanzados eran más parecidos a los contadores que a los pilotos.

2.- Antoine nació en una familia acomodada. Fue el tercero de cinco hijos del conde Jean de Saint-Exupéry. Tuvo tres hermanas y un hermano, quien falleció a los 15 años de fiebre reumática. Antoine le acompañó en su lecho de muerte; su impresión de este suceso fue plasmada en el final de “El Principito”.

3.- Saint-Exupéry solía volar la ruta Toulouse – Dakar. En varias ocasiones, el piloto debió negociar con fuerzas marroquíes que habían tomado a aviadores caídos como prisioneros. Gracias a esta labor, el gobierno francés le condecoró con la medalla de la Legión de Honor.

4.- Saint-Exupéry vivió un tiempo en Argentina. En 1929, fue nombrado director de una aerolínea postal en ese país. Su trabajo fue encontrar nuevas rutas aéreas a través de América del Sur y negociar tratados comerciales. De vez en cuando, formaba parte de misiones de rescate para encontrar pilotos caídos.

5.- Saint-Exupéry inició su carrera como escritor el año que fue enviado a Argentina. Su primer novela corta se tituló “El Aviador” y fue publicada en una revista literaria. Alcanzó el reconocimiento público en 1931, cuando escribió “Vuelo nocturno”, una obra en la que plasmó sus experiencia como piloto y directo de la aerolínea argentina. Con esa novela ganó el Prix Femina, un afamado galardón literario en Francia.

6.- En 1931, Saint-Exupéry se casó con la escritora y artista salvadoreña Consuelo Suncin. Entabló con ella una relación tormentosa, separándose y reuniéndose a través de los años. Consuelo es considerada la musa del escritor francés.

7.- Durante su vida, el piloto francés se estrelló en numerosas ocasiones. La más conocida es la del 30 de diciembre de 1935, cuando cayó en el desierto del Sahara. Esa vez, Saint Exupéry competía en una carrera en una ruta París – Saigón (hoy, la ciudad de Ho Chi Minh en Vietnam). Él y el mecánico aviador André Prévot sobrevivieron milagrosamente a la colisión, pero se quedaron rápidamente sin agua. Sus suministros les duraron sólo un par de días; debido al intenso calor del desierto, sufrieron alucinaciones y estuvieron al borde de la muerte. Fueron rescatados por un beduino al cuarto día de su desventura.

 

8.- El choque en el Sahara sirvió como inspiración para “Tierra de Hombres”, un libro biográfico publicado en febrero de 1939. El libro recibió aplausos de la crítica y ganó varios premios. Fue traducido al español y al inglés; curiosamente, la versión para Estados Unidos fue modificada por el autor, quien consideró que algunas parte del libro original eran “inapropiadas” para los lectores norteamericanos. El episodio del desierto también aparece como punto de partida de “El Principito”.

9.- Su obra más importante, “El Principito”, fue publicada en 1943. Aunque se trata de un libro infantil, la crítica lo ha considerado un trabajo sobre la naturaleza humana. Se disputa el título de la obra literaria más vendida de la historia junto con “Historia de Dos Ciudades” de Charles Dickens (más de 200 millones de ejemplares vendidos cada uno). Es considerado el mejor libro francés del siglo XX y ha sido traducido a más de 250 idiomas y dialectos.

10.- “El Principito” fue escrito durante la estancia de 27 meses de Saint-Exupéry en Estados Unidos. El autor pasó una temporada en ese país tras la Batalla de Francia en 1940, en la cual el gobierno francés fue depuesto por las fuerzas alemanas. Durante estos sucesos, el autor realizó más de la mitad de los apuntes que conformarían el libro.

11.- Más allá del episodio del Sahara -con el cual da inicio el libro-, los críticos han encontrado muchos simbolismos de la vida de Saint-Exupéry en “El Principito”:

El Piloto, personaje principal del relato, obviamente está basado en el escritor.

El Zorro, quien acompaña al Principito en su viaje, está inspirado en un fénec (o zorro del desierto). El autor conoció este animal cuando trabajaba como piloto postal en vuelos por el norte de África.

La Rosa, el objeto más preciado del Principito, está inspirada en su esposa Consuelo. El planeta donde se encuentra la Rosa está rodeado por tres volcanes; este lugar representa a El Salvador, país natal de Consuelo, conocido como “la tierra de los volcanes”. Así mismo, el autor revela sus dudas sobre la naturaleza del matrimonio y la fidelidad en el pasaje en que descubre un campo de rosas en su visita a la Tierra.

El Principito podría estar basado en una versión más joven de Saint-Exupéry, aunque algunas personas creen que fue inspirado en el hijo del aviador Charles Lindbergh, quien vivía cerca del piloto francés y con quien entabló una buena relación.

Los Baobabs, árboles que destrozan planetas con sus raíces, simbolizan al nazismo y sus intentos por dominar al mundo.

12.- Las ilustraciones de “El Principito” fueron realizadas por Saint-Exupéry. Antes de volverse piloto, Antoine estudió Arquitectura en la Escuela de Bellas Artes de Francia, aunque nunca terminó la carrera. El autor nunca se consideró bueno en el dibujo, algo de lo que se burla El Piloto al inicio de la obra.

13.- El investigador japonés Yoshitsugu Kunugiyama sugirió en 2001 que la ilustración de la portada original de “El Principito” fue elaborada por el autor con una configuración astronómica deliberada. En la imagen, Saint-Exupéry trazó en un triángulo isósceles a los planetas Saturno y Júpiter, y la estrella Aldebarán. Esa formación estelar ocurrió a inicios de los años 1940 y se repitió en el año 2000. Kunugiyama cree que Saint-Exupéry dibujó esa disposición adrede para conmemorar el centenario de su nacimiento, ya que el piloto francés era un experto en navegación y en matemáticas.

14.- La astronomía le ha rendido varios homenajes a “El Principito”:

Un asteroide descubierto en 1975 fue nombrado 2578 Saint-Exupéry, en honor al escritor.

Un asteroide descubierto en 1993 fue nombrado 46610 Bésixdouze. Traducido al español, sería B-seis-doce, en honor al asteroide B-612, donde vivía el Principito.

La Fundación B612 (cuyo nombre es una referencia al libro) se encarga de rastrear asteroides que puedan significar una amenaza a la Tierra.

En 2003, la luna de un asteroide recibió el nombre de Petit-Prince, en honor al libro.

15.- Antes de la adopción del euro en Francia, el gobierno de dicho país acuñó una moneda conmemorativa. De un lado aparecía el rostro de Saint-Exupéry; del otro, la imagen del Principito mirando hacia las estrellas. Su rostro también apareció en los billetes de 50 francos.

16.- Tras escribir “El Principito”, Saint-Exupéry volvió a la Fuerza Aérea de Francia para volar con los aliados. En 1943 intentó reingresar a labores de combate, a pesar de que había pasado el límite de edad por 8 años. Dwight Eisenhower le concedió un permiso especial; sin embargo, las lesiones ocasionadas por sus choques anteriores evitaron que pudiera desempeñar esas tareas, al grado de no poderse poner por sí mismo su traje de vuelo.

17.- El Régimen de Vichy (como se conoció al gobierno impuesto por Alemania en Francia durante la guerra) nombró a Saint-Exupéry como uno de sus miembros. El anuncio sorprendió al escritor, quien desconocía el interés de dicho gobierno. A raíz de la declaración, el general Charles de Gaulle -posteriormente, presidente de Francia- acusó al autor de simpatizar con los alemanes. Esto deterioró la moral de Saint-Exupéry, quien se refugió en la bebida tras los señalamientos.

18.- Saint-Exupéry desapareció el 31 de julio de 1944 durante una misión de reconocimiento. Nunca se supo el paradero del piloto. Varios días después, un cuerpo con un traje de la Fuerza Aérea de Francia fue hallado al sur de Marsella. Se presumió que era del escritor y se enterró en septiembre. Durante más de 50 años, la muerte de Saint-Exupéry fue uno de los grandes misterios del mundo literario.

19.- En septiembre de 1998, un pescador francés halló un brazalete de plata con los nombre de Saint-Exupéry y su esposa Consuelo, lo que reavivó el interés. En mayo de 2000, un buzo encontró restos de un P-38 Lightning -el avión que usó el escritor el día que desapareció- esparcidos por la costa de Marsella. Fue hasta 2003 que los restos pudieron ser recuperados, y tras un análisis, autenticados como la nave de Saint-Exupéry. Sobre el cuerpo hallado en 1944, se mantiene la teoría de que pudo haber sido arrastrado por el mar hasta el punto donde se encontró, aunque esta hipótesis no ha podido ser confirmada.

20.- “El Principito” legó varias frases célebres a la cultura popular. La más reconocida es “No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”; otras citas destacadas son:

Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan.

Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.

No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.

Los hombres ocupan muy poco lugar sobre la Tierra. Las personas mayores no les creerán, seguramente, pues siempre se imaginan que ocupan mucho sitio.

Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer

Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya.

Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos.

Lo que hace bello al desierto es que en algún lugar esconde un pozo.

Tendré que soportar dos o tres orugas si quiero conocer a las mariposas.

Es mucho más difícil juzgarse uno mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte correctamente serás un verdadero sabio.

Pepe Flores (Perfil) 29 de junio, 2012, 23:08

http://alt1040.com/2012/06/saint-exupery

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7 pensamientos en “20 curiosidades sobre la vida y obra de Antoine de Saint-Exupéry”

  1. ‘LE PETIT PRINCE’ DE ANTOINE DE SAINT-EXUPERY

    El escritor Antoine de Saint-Exupéry nació en Lyon en 1900. Artista y hombre de acción, fue contratado por la compañía de aviación (futura Aéropostale) destinada al transporte de correo entre Toulouse y Senegal antes de lanzar los vuelos postales a América del Sur en 1929. Durante la década de los 30 realizó reportajes en Vietnam, Rusia, España. En 1944, su avión despegó de Córcega: Saint-Exupéry nunca llegó a su destino.
    Saint-Exupéry sentía una gran fascinación por los grandes espacios, el silencio del desierto y las tribus nómadas.

    Sus numerosos vuelos a Argentina le inspiraron Courrier Sud (1929) y Vol de Nuit (1931). En Terre des Hommes, Saint Exupéry narra las aventuras de sus compañeros pilotos de avión, así como la desaparición de Mermoz y la travesía del océano Atlántico. Con este último libro recibió el Gran premio de novela de la Academia Francesa en 1939.

    Desde joven, un pequeño personaje se manifiesta en la imaginación del escritor. La conocida obra destinada a los niños será finalizada en 1943. Traducido a 103 idiomas, Le Petit Prince es uno de los libros más leídos en el mundo.

    El Principito huye de su pequeño planeta pues tiene problemas con una flor. En su periplo por las estrellas, descubre gente rara, adultos que él no comprende: un rey, un personaje vanidoso, un bebedor, un hombre de negocios y un farolero.

    En cada encuentro, el Petit Prince se da cuenta de cuán esencial es la relación con su apreciable flor.

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  2. El Principito: 70 años de un libro que vino para quedarse

    En 1943 aparecía la obra más famosa de Antoine de Saint-Exupéry, el aviador que, tras un accidente en el desierto, escribe un cuento en el que expone su filosofía de vida que impactó a millones.

    El surgimiento de este libro escrito tras un azaroso aterrizaje forzado en el desierto del Sahara, llevó a su autor a un nivel de la fama que disfrutó muy poco, pues perecería en 1944 en una misión contra las fuerzas alemanas que ocupaban su patria. Su avión se perdió en el Mar Mediterráneo. Tenía 44 años. Saint-Ex, como lo llamaban sus amigos, había nacido en Lyon, en el seno de una familia acomodada, y luego de varios fracasos académicos se puso a escribir y a volar aviones, lo que resultó no solo un oficio para él, sino una aventura apasionante. Llegó a escribir Correo del Sur (1929), su primera novela, en la que rescata la camaradería entre los pilotos de la línea postal. Un año después se trasladaría a Buenos Aires, para realizar dicho servicio desde esa ciudad con Chile y recaló también en Paraguay, donde estuvo en varias oportunidades y trabó amistad con Hérib Campos Cervera, entre otros.

    El escritor y periodista Andrés Colmán Gutiérrez se inspiró en esa anécdota para escribir un cuento que da título a uno de sus más destacados libros. A su vez, la poetisa Gladys Carmagnola destaca que El Principito sigue dándonos lecciones sobre el poder, la soberbia, la vanidad y también sobre el amor y la amistad. En tanto, Damián Cabrera, narrador, opina que se trata de un libro para adultos escrito en clave infantil.

    El Principito en la Plaza Uruguaya
    Un relato que narra la visita del escritor Antoine de Saint-Exupéry en la asuncena Plaza Uruguaya.

    Por Andrés Colmán Gutiérrez

    Periodista y escritor

    andres@uhora.com.py

    “Antoine de Saint-Exupéry fue a Asunción a inaugurar ese tramo a Buenos Aires, mucho antes de que escribiera El Principito… Recorrió sus calles, sintiendo de seguro la fuerza magnética de esa tierra suave y potente como la piedra-imán, oliendo el aroma fuerte a historia y a jazmines, a sangre seca, a sangre viva.

    Hérib Campos Cervera lo encontró cerca de la Estación Central. Contaba que se sentaron a conversar en la Plaza Uruguaya, y que Hérib, en su mal francés, le relató el último concierto que el guitarrista Agustín Barrios dio allí, tras acarrear él mismo los bancos de la plaza para que la gente pudiera sentarse”.

    (Augusto Roa Bastos, “Fragmentos de una

    autobiografía relatada”).

    Estoy atrapado en este desierto verde, pensó el francés, mirando el matorral que devoraba los bancos de la plaza, las paredes de la estación del ferrocarril, las grietas del empedrado. Le gustaba ese paisaje decadente, con las vendedoras de chipá y aloja que se desvanecían en el sopor de la siesta, cual si fueran fantasmas.

    “Me atraía, en el Paraguay, esa hierba irónica que muestra la nariz entre el pavimento de la Capital y que, de parte de los invisibles bosques vírgenes, llega a ver si los hombres mantienen aún la ciudad, si no ha llegado la hora de sacudir un poco todas las piedras. Me atraía esa forma de deterioro que no expresa sino una riqueza demasiado grande”, escribiría después en su relato “Oasis”, incluido en el libro Tierra de hombres.

    ¿Qué hacer en esta calurosa ciudad donde nada sucede? El poeta Campos Cervera, único conocido a quien le hubiera gustado saludar, había salido de viaje.

    Se abanicó con el sombrero, asfixiado por el calor. A estas horas podía estar gozando del aire fresco en Buenos Aires, un café humeante con sabor a tango en algún boliche de la calle Florida, pero el viejo Laté 25 se negaba a levantar vuelo por una pérdida de aceite en el motor. El mecánico dijo que la reparación iba a tardar dos días. Tanto andar, tanto volar por el mundo, para acabar aquí, en esta ardiente y pegajosa humedad que devora las ganas de cualquier cosa.

    Es como otro panne en el desierto, se dijo, recordando aquel aterrizaje de emergencia en el Sahara, cuando empezó a volar para la empresa Latecoere, uniendo Francia con África. En aquella ocasión no había encontrado más que piedras y víboras, y aquel increíble cielo de estrellas.

    “¿Qué te gusta más, volar o escribir?”, le había preguntado Hérib, a quien conoció en su primer viaje a Asunción, en enero de 1930, como piloto y director de la Aeroposta Argentina. Es lo mismo, contesto él. Escribir es volar y volar es escribir.

    Le gustaba volar, sobre todo de noche, sintiendo el mundo a sus pies, sombrío y misterioso, salpicado de luces fugitivas. Le gustaba cerrar los ojos y sentir el ronroneo del motor acariciado por las nubes, sabiendo que ese éxtasis no iba a durar para siempre. Ya lo sabía, quizás siempre lo supo: algún día, en algún lugar, habrá un vuelo del que nunca regresará.

    ¿Escribir…? Escribir es simplemente una forma de prolongar el vuelo. Es una forma de seguir volando cuando el Laté 25 ya no esté en el aire. Es una forma de sobrevivir a tantos aterrizajes forzosos, a tantos pannes en el desierto.

    –Nde, karai… –dijo una vocecita a su lado–. Ejoguamína che naranja.

    Giró la cabeza ante ese sonido extraño y primitivo, para descubrir a un niño descalzo y de mirada traviesa, con el pelo rubio y ensortijado. Le llamó la atención. En Paraguay no se ven muchos niños rubios, y menos de un aspecto tan lumpen.

    El mitã’i le pasó una naranja pelada, blanca, fresca, apetitosa.

    –You no tener plata… –se excusó, en su mal español.

    –No importa, karai –contestó el niño, con una sonrisa pícara–. Tomá nomás, otro día pagame.

    Le dejó la fruta en la mano e hizo un gesto de despedida. El francés maldijo haber dejado la billetera en el hotel. Buscó algo de valor para darle, pero no encontró nada.

    –Espera… –balbuceó–, you hacerte un dibujou.

    El niño lo miró con perplejidad. El francés buscó su lapicera y una hoja de la planilla de vuelo. Esbozó unos trazos apurados al dorso. Se lo pasó.

    –¡Es una caja…! –exclamó el niño.

    –¿Y qué haber dentrou del caja?

    –Una mbói chini. ¡Una víbora…! –se rió el mitã’i, y su risa sonó como el eco de millones de estrellas.

    “Lo esencial es invisible a los ojos”, pensó el francés, mientras el niño se alejaba, feliz, con su dibujo en la mano.

    El Principito inmortal
    Por Gladys Carmagnola

    Poeta

    gladyscarmagnola3@yahoo.com

    No hemos de ser los únicos que jamás llegamos a conocer el verdadero nombre del Principito. Tampoco será excepción el haber tenido con nosotros uno tan adorable, tierno y curioso, especial como el de Antoine de Saint-Exupéry en tiempos que resultaron ser los más trascendentales de nuestra vida.

    Por mi parte, he tenido no uno, sino dos, no solo en mi propio asteroide (el GCM39), sino bajo el mismo techo, contemplando las mismas estrellas, cuidando una rosa, aspirando los jazmines, compartiendo la belleza de la cotidianidad imprescindible para el crecimiento de toda persona. Pude darles nombre y apellido. Cada uno en su momento visitó los planetas que un guía excepcional iba mostrándole, sin haber aguardado una migración de pájaros silvestres para emprender el vuelo. Así lo había hecho conmigo en un remoto pasado. Y así como había puesto a mi disposición la sencillez, la pureza increíble de sus pensamientos y expresiones, también a mis principitos y a tantos otros los ayudó a ver, no a imaginar solamente, un cordero y variados tesoros a través del dibujo de una caja.

    Lecciones de vida

    ¿Habrá quien todavía dude acerca de los maravillosos mundos que podemos encontrar apenas decidimos descubrirlos? O hasta sin proponérnoslo, como el encuentro del Principito y sus aventuras con Saint-Exupéry, consecuencia de un obligado aterrizaje en el desierto que él admiraba. Tuvo que ser en las arenas de la Tierra donde ambos se vieran por primera vez, durante uno de los tantos vuelos que como piloto lo habían familiarizado con los confines del firmamento. De uno de los misteriosos asteroides del espíritu, el B 612, llegó el Principito un día de abril de hace siete décadas. Había decidido explorar otros lugares. Quizá debamos su viaje de exploración a la rosa coqueta y protestona que él cuidaba con amoroso desvelo y a la que dejó librada a su suerte con cuatro espinas que la protegieran durante su ausencia. El B 612 se vio privado de la sistemática tarea de limpieza que hasta a un volcán apagado él le dedicaba. Después de haber visitado otros seis planetas, cada uno de un solo peculiar habitante: un rey, un vanidoso, un borracho, un comerciante, un farolero y un geógrafo, gracias al consejo y buenas referencias de este último acerca de la Tierra, lo tuvimos aquí, donde conoció, como muchos de nosotros, un zorro y una serpiente, y sobre todo a quien nos relata la historia: el piloto, su padre espiritual, que no llegó a conocer la cariñosa admiración que hasta ahora prodigamos merecidamente a padre e hijo.

    Todos los personajes con los que trata el Principito y su reacción en cada caso siguen dándonos invalorables lecciones de vida: el poder, la soberbia, la vanidad…, por una parte, y el amor, el valor de la amistad, la fuerza de voluntad y disciplina…, por la otra, y siempre con expresiones tan sencillas y corrientes que hasta podrían pasar inadvertidas si no encerraran en cada caso un hermoso o un patético retrato y la posibilidad de elección del sentido que podemos dar con nuestras acciones a nuestra vida. Permanente alegoría que alberga muchas otras siempre a nuestra disposición en doscientas lenguas, de las cuales la edición en español de Emecé, siempre conmigo, data de 1951, en traducción de Bonifacio del Carril, con apropiadísimas ilustraciones de Saint-Ex, como dicen lo llamaban sus amigos, de los que acaso más de uno conoció cuando estuvo en nuestro país y entre quienes hubiera querido contarme.

    La imaginación domesticada
    Por Damián Cabrera

    Escritor

    guyrapu@gmail.com

    Hay una primera distancia. Lejos, la experiencia inicial del mundo, la percepción de las cosas que sin el filtro de la clave aparecen, cada vez, insólitas ante la mirada. Y una segunda instancia: el ingreso al orden de ese mundo, y la expresión del mismo y de los conocimientos que suscita a través de sus símbolos. Entre estos dos puntos imaginados se despliega una distancia, en apariencia insalvable. Pero, sorteando la nostalgia fácil, Antoine de Saint-Exupéry nos acerca en este pequeño libro a los mundos perdidos y a las visiones olvidadas de un mundo.

    El Principito es la metáfora de muchas cosas, y entre ellas, la de una pérdida, pero también la de un retorno; en suma, el encuentro con la imaginación, sofocada por el orden de lo simbólico, por la ley de los adultos y de la razón.

    El piloto se ve obligado a descender en el desierto, debido a una avería en el motor de su nave. Distante de cualquier población humana, la aparición de un pequeño niño rubio, que le interpela sobre sus acciones y demanda su atención, se transforma en una perturbación de lo estable para el narrador: la desestabilización de la norma, de la razón, y el ingreso a los sentidos oblicuos, a los valores otros, a la imaginación.

    Ese Principito, cuyo reino se reduce a un planeta diminuto, no más que un asteroide –el B-612–, hace que el narrador recupere una expectativa conocida; perdida en la búsqueda de la madurez; oculta para que quienquiera la descubriera, por ejemplo, en el dibujo de una boa. Cuando el Principito le pide a su nuevo amigo que le dibuje un cordero, y entre la representación de su deseo y la imagen ideal del mismo hay un desfase, la solución es una caja que libera la imaginación para que ella complete la apariencia del animal que se resiste a la captura sobre el papel.

    La adultez y la ternura

    Juzgado por muchos como un libro para adultos escrito en clave infantil, en El Principito se puede leer una pregunta por el estatuto de la ternura como dominio vedado a los adultos, atrapados en la lógica del trabajo y la acumulación.

    Entre el Principito y el narrador se va construyendo, poco a poco, una relación horizontal, que posibilita aprendizajes; en el tejido de esta historia, estos aprendizajes se hacen emancipadores, desafiando la lejanía y las jerarquías. En su libro El espectador emancipado, Jacques Rancière reflexiona acerca de la imposibilidad de transferir los conocimientos, y sobre la posibilidad de construirlos en un sistema más igualitario y solidario: “Se puede así soñar una sociedad de emancipados que sería una sociedad de artistas. Tal sociedad rechazaría la división entre los que saben y los que no saben (…), hombres que hacen, que hablan de lo que hacen y que transforman así todas sus obras en modos de significar la humanidad que existe tanto en ellos como en todos”.

    Quizás uno de los pasajes más conmovedores de este libro, tan caro a nuestros afectos, sea el Capítulo 21. El zorro le pide al Principito que lo domestique, para que este pueda quererlo, consciente del sufrimiento que supondría un posible distanciamiento. Cuando el Principito se marcha, este le deja al zorro el regalo de su recuerdo, en el amarillo de los trigales, semejante al rubio de su pelo. Por su parte, el zorro le regala su secreto. ¿Cómo ver lo esencial, si lo esencial no está a la vista?

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  3. “El principito” de Saint-Exupéry cumple 70 maravillosos años

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    “Lo esencial es invisible a los ojos”, la expresión que la gente ha hecho suya, pertenece a uno de los libros màs vendidos y traducido en el mundo despuès de la Biblia, “El principito” de Antoine de Saint-Exupéry. En este mes de abril, el libro cumple 70 años y la Sucesión que administra el legado de su autor, se prepara a festejarlo a lo grande en 2013 y 2014.

    “El Principito” fue publicado en abril de 1943 casi simultáneamente en inglés y francés en Nueva York, donde Saint Exupéry se había radicado desde 1941, junto con su esposa, la salvadoreña Consuelo Suncín.

    La historia de ese libro, cuyo misterioso y entrañable protagonista de rizos rubios es un ícono en el mundo entero, es el resultado de “una aventura improbable”, señaló Olivier d’Agay, director de la Sucesión Antoine de Saint-Exupéry, que reúne a los herederos de la familia del escritor.

    “Saint-Exupéry, partió a Estados Unidos no para escribir, sino para ayudar a convencer a ese país de unirse al combate contra la barbarie”, señaló en una rueda de prensa D’Agay, nieto de una hermana del autor.

    Escritor y piloto, Saint-Exupéry, “que era uno de los franceses más conocidos en Estados Unidos, se radicó en Nueva York para cumplir la misión que se había dado de convencer a los estadounidenses de unirse a la guerra contra el nazismo”, recordó.

    Fue entonces que su editor estadounidense lo convenció de escribir un cuento de Navidad, un cuento infantil. “Saint-Exupéry estaba siempre dibujando en todas partes –en restaurantes, en cuadernos– la figura de un pequeño niño rubio, que se inspiraba en su infancia feliz, y al que convirtió en el personaje de ese cuento”.

    El resultado de esa aventura neoyorquina, que nació en un contexto de exilio y en un mundo en guerra, fue ese cuento mágico y filosófico de un centenar de páginas, que se convirtió en un fenómeno editorial. En los 70 años desde que fue publicado “El Principito”, se han vendido 143 millones de ejemplares en el mundo.

    Saint-exupéry en Paraguay

    Saint Exupéry llegó a la Argentina el 12 de octubre de 1929, junto con Jean Mermoz y Guillaumet, sus compañeros en la aviación. Fue el fundador y primer piloto de Aeroposta Argentina, la primera compañía de aviación del país. Esta línea estaba dedicada fundamentalmente al transporte de correspondencia.

    Ese mismo año, Saint-Exupéry llegó al Paraguay, en vuelo de inspección, utilizando un Laté 25. Algunos archivos cuentan que se alojó en el Hotel del Lago, en San Bernardino, durante su estadía.

    Ademàs de “El principito”, el escritor ha dejado otras obras como “El aviador”, “Correo Sur”, “Vuelo nocturno” y “Tierra de hombres”, entre otros.

    En 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, desapareció mientras volaba entre Córcega y Francia. Hace algunos años, un piloto alemán confesó que fue él quien lo había derribado.

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  4. El principito Saint-Exupéry ya tiene quien le dibuje

    Que somos lo que hacemos es una constante en la vida de Antoine de Saint-Exupéry, desaparecido en el Mediterráneo hace 70 años. Una biografía, escrita e ilustrada por el premiado Peter Sis, “El piloto y el Principito”, conecta las vivencias del aviador y escritor francés con su obra más universal.

    Espíritu libre, humanista y gran aventurero, Saint-Exupéry nació un 29 de junio de hace 114 años. Fue uno de los pioneros del reparto de correo en avión, creó nuevas rutas aéreas, intentó batir récords, se estrelló varias veces y ganó premios literarios, pero su gran legado siempre será “El Principito”, un héroe positivo e intemporal.

    Con 265 traducciones, 1.300 ediciones y 145 millones de ejemplares vendidos es un auténtico fenómeno editorial, el libro no religioso más traducido en el mundo, según Ediciones Gallimard.

    Rebosante de valores humanistas, esta pequeña joya de la literatura condensa vivencias y reflexiones surgidas en la soledad de las muchas horas de vuelo de Saint-Exupéry, quien tuvo una vida y una muerte dignas, siempre en consonancia con sus ideas.

    Desapareció el 31 de julio de 1944 en el mar Mediterráneo, frente a las costas de Marsella, tras ser alcanzado por un avión nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque otras versiones apuntan a que pudo sufrir un desvanecimiento por falta de oxigeno.

    Publicado por primera vez en Estados Unidos, el 6 de abril de 1943, en plena contienda bélica, “El Principito” transmite un mensaje de tolerancia, paz, ecología y amistad que nunca se agota, y funciona como un cuento filosófico, con varios niveles de lectura.

    Y es que “El Principito” hace una firme apología sobre la importancia de cuestionar las cosas, el rechazo a la injusticia, la aceptación del otro por quien es y no por aquello que representa o la búsqueda continua del contacto con la naturaleza.

    Que “lo esencial es invisible a los ojos” o que “uno es siempre responsable de lo que domestica” son dos de las frases más conocidas de este relato en el que también destaca la invitación a conservar el espíritu de la infancia: “Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan”.

    Toda una invitación a recuperar la esencia de quienes fuimos que recoge como un guante el dibujante, autor y cineasta nacionalizado estadounidense Peter Sis (Brno, Checoslovaquia, 1949) en una biografía ilustrada de Saint-Exupéry, que edita en español Sexto Piso, y que invita a los lectores a pensar en la fusión entre la vida y obra del aviador y escritor nacido en Lyon en 1900.

    Premio Hans Christian Andersen (máximo reconocimiento mundial de la literatura infantil) en 2012, Sis repasa de forma pormenorizada los episodios más destacados de la vida y obra del famoso aventurero, cuya divisa literaria era “escribir solo de lo vivido”, y su lema “creer en los actos y no en las palabras”.

    Saint-Exupéry plasmó sus vivencias como piloto comercial en “El aviador”(1926), “Correo del Sur” (1928) y “Vuelo nocturno” (1931), sus largos periodos en soledad y en el desierto en “Tierra de hombres” (1939) y sus reconocimientos aéreos en 1939-1940 en “Piloto de guerra”.

    También sus meditaciones, en “Ciudadela” (1948), publicada póstumamente, al igual que “Notas de juventud” (1953), “Cuadernos” (1953), “Cartas a su madre” (1955), “Escritos de guerra” (1982), “Manon, la bailarina” (2007) y “Cartas a lo desconocido” (2008).

    Su pasión “irresistible” por pilotar le acompañó toda la vida. Tercero de cinco hermanos de una familia de la nobleza, vivió su bautismo en el aire con 12 años, los que podría tener “El Principito”, su aparente sencilla fábula sobre un niño del asteroide B612 que llega a la Tierra, donde mira todo sin a priori.

    Una mirada limpia, desde el corazón, que Saint-Exupéry compartía con el niño de pelo dorado y bufanda al aire que inmortalizó con sus acuarelas. Y que tal vez le dio el haber pasado tantas horas lejos del suelo, en su avión, con miles de estrellas como techo.

    Voló por Europa, por la costa del norte y oeste de África, por Latinoamérica, y lo hizo por trabajo, razones militares, placer o sed de aventuras. Sufrió dos aparatosos accidentes, en el desierto de Libia y en Guatemala. Sobrevivió a ambos.

    Durante su convalecencia del segundo, en Nueva York, escribió “El Principito”, que dedicó a su amigo Léon Werth, escondido en la Francia ocupada por los nazis, así como “Carta a un rehén” (1944).

    “Soy de mi infancia como de un país”, decía. Sus recuerdos de aquellos años están presentes en toda su obra. Fue, pese a todo, afortunado, pues vivió a fondo sus dos pasiones: la literatura y la aviación. Su estela alimenta la imaginación de legiones de lectores.

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  5. “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry
    PUBLICADO POR JOTAEFEB ⋅ 27 JULIO, 2011 ⋅ DEJA UN COMENTARIO
    ARCHIVADO BAJO LIBROS

    “A mi amigo León Werth. Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo, puede comprender todos los libros, hasta los libros para niños, tiene verdadera necesidad de consuelo. Corrijo pues mi dedicatoria: A mi amigo León Werth cuando era niño. Todas los mayores han sido niños, pero pocas lo recuerdan”.

    Casi es innecesario contar el argumento de este libro delicioso sobre la amistad, el amor y la responsabilidad como motor de la conducta ética, en el mundo descubierto por El Principito, añorado planeta del que hemos sido exiliados y al que sólo mediante la imaginación y la ternura es posible regresar. Ya sabemos que es la maravillosa historia de un pequeño niño que viene de un planeta, apenas más grande que una casa, hace preguntas y busca respuestas a cosas que para los adultos pueden ser poco importantes. Para mí es una de las lecturas que más me han impresionado y que más veces creo haber leído y subrayado.

    Una obra maestra, heredera de la simbología más pura, la que surge del imaginario más profundo de la humanidad. Literatura, simbología, profundidad, grandeza en estado puro

    Saint-Exupéry (1900-1944) alternó la pasión por los viajes y por la aventura en su búsqueda de un significado para la existencia. Sus libros, Correo del Sur, Vuelo nocturno, Tierra de hombres, Carta a un rehén o Ciudadela han sido luces que han guiado mi vida. Sobre todo considero Tierra de hombres como uno de los libros más humanos que jamás haya leído, por eso recomiendo que se tenga al alcance de la mano como brújula para recuperar nuestras señas de identidad perdida, y el rostro originario de las cosas.

    J. C. Gª Fajardo

    Permitidme que comparta algunas citas:

    “Es triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo”
    “Si alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas: “Mi flor está allí, en alguna parte…”
    “- Busco amigos, le dijo al zorro. ¿Qué significa domesticar? – Significa ‘crear lazos’ Yo no soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero si tú me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mi único en el mundo. Seré para ti único en el mundo… Sólo se conocen las cosas que se domestican. Los hombres compran cosas hechas en los mercados, pero no existen mercados de amigos. Si quieres un amigo… ¡domestícame!”
    “¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. No me dicen nada, pero tú tienes cabellos dorados… cuando me hayas domesticado me sentiré feliz y amaré el ruido del viento en los trigales”
    “He aquí mi secreto: Lo esencial es invisible para los ojos. No se ve bien más que con el corazón… El tiempo que perdiste por tu rosa hace que sea tan importante. Uno es responsable para siempre de lo que ha domesticado.
    Y el final: “Si alors un enfant vient à vous, s’il rit, s’il a des cheveux d’or, s’il ne répond pas quand on l’interroge, vous devinerez bien qui il est. Alors soyez gentils! Ne me laissez pas tellement triste: écrivez-moi vite qu’il est revenu…”
    (“Si entonces un niño llega a vosotros, si ríe, si tiene cabellos de oro, si no responde cuando se le interroga, adivinaréis quién es. ¡Sed amables! No me dejéis tan triste. Escribidme en seguida, decidme que el principito ha vuelto…)

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  6. A veces me parecía que el Saint-Exupéry era un bluff, un farsante, pero no sabía en qué radicaba mi prejuicio. Hasta que leí el libro que escribió su esposa, “La rosa”. ¡Pobre mujer! Si hubiese sido ciervo, la cornamenta que hubiese ostentado sería impresionante. Me gustan los libros de Saint-Exupéry por lo filosófico, No hay que mirar al autor, sino a la obra (¡qué otro consuelo queda!).

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    1. Como escritor, Saint-Exupéry nos dejó una obra que ha devenido un clásico moderno. Como persona, era otra cosa. Su lamentable personalidad ha quedado bastante descubierta en la obra de su viuda Consuelo, titulada “Memoras de la Rosa”. Como autor , merece que nos saquemos el sombrero. Pero como ser humano, Saint-Exupéry merecía que nos pusiéramos diez sombreros.

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