La abuela y su móvil

En Oasis, un proyecto de nuevas tecnologías de la comunicación al servicio de la tercera edad, un instituto mexicano intenta con otros europeos, crear aplicaciones para hacerle a los mayores la vida más fácil.

Setenta y cinco años, le gusta leer, es vegetariana, vive sola. Toca la pantalla de su teléfono móvil y aparece la información de una actividad cultural en un club de lectura, la línea de autobús que la lleva hasta ahí y en donde, en la cercanía, encuentra ofertas de comida apropiadas. Así mismo -sin introducir más datos- puede ver una propuesta de dieta para la semana, adaptada a los últimos exámenes médicos. ¿Para el fin de semana? Existe un centro cultural que necesita, para dos días, la colaboración de adultos en la supervisión de niños; se puede anotar a través de su teléfono.

Ciencia aplicada

Ése es el futuro, no muy lejano. “Suena muy fácil, pero no lo es”, dice a Deutsche Welle Miguel González, director de programas de Ciencias e Ingeniería de la Computación del Tecnológico de Monterrey, único instituto latinoamericano que participa en un proyecto internacional que une, entre sus 33 participantes, a la ciencia, la industria y la gestión pública.

Oasis se llama el proyecto, parte de la Alianza para la Vida Asistida; su objetivo concreto es lograr fuentes de aplicaciones estandarizadas compatibles con toda empresa de comunicaciones; se trata de incluir socialmente a la población mayor. Investigadores del Instituto alemán Fraunhofer para Desarrollo de Software Experimental y de la Universidad de Bremen también forman parte del equipo.

“Por lo general, las personas mayores no están muy convencidas de usar mucha tecnología”, comenta el especialista. Los entrenamientos para lograr seducir a los posibles clientes de las bondades de estas aplicaciones también están contemplados en el proyecto. Por lo pronto, en un piloto con cincuenta personas mayores en Milán no ha sido mucha la resistencia a esta ayuda, que viene con la forma de un teléfono inteligente.

Aplicación más concreta

Oasis está a punto de concluir y de los 18 millones de euros que habrá costado, el 60 por ciento proviene de fondos de EuropeAid de la Comisión Europea. El instituto de Monterrey se ha encargado de la parte de estandarización de perfiles de usuarios. “Hemos intentado llevar algunas de estas iniciativas de manera local a institutos que trabajan con adultos mayores. No fue posible. En México el rezago en tecnologías es considerable”, comenta González; a pesar de ello está satisfecho de que la investigación aplicada que ha desarrollado su instituto haya logrado visibilidad para el tema de las tecnologías de la información al servicio del desarrollo. En esta cooperación con la UE “se trata de cerrar esa brecha”, dice González.

¿Se han probado las aplicaciones en su país? No. Pero, “aunque en México no ha habido un impacto directo en las personas, sí ha habido uno a nivel político”, dice el especialista. En una siguiente etapa, focalizada concretamente en zonas de riesgo, se trata, por ejemplo, de trabajar con el instituto nacional de salud pública en epidemiología.

Autora: Mirra Banchón

Editor: José Ospina Valencia

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Por un consumo más responsable

No compramos viviendas ni coches. Tampoco gastamos tanto en ocio y ropa. En las Navidades de 2011, gastaremos una media de 200 euros menos por la crisis económica. Sin embargo, cada día vemos más la televisión. Hoy, consumimos contenidos de la “caja tonta” durante demasiadas horas a la semana. En Alemania, llegan a 18 horas y en Estados Unidos a 21. En España, en 2011, estamos 234 minutos delante del televisor, frente a los 225 minutos de 2008.

El gasto en el ocio ha sido uno de los que más reducciones sufren en momentos de crisis. Menos viajes, menos salidas a comer, al cine o al teatro. Y todo ese tiempo que nos queda libre, hoy lo gastamos más que nunca en ver la televisión. También el mayor número de personas desempleadas hace que el número de horas frente a la tele aumente de manera considerable. Cuando uno tiene un trabajo, al menos ocho horas diarias está en el “tajo”.

La televisión, como medio de comunicación de masas, tiene unas funciones que cumplir dentro de la sociedad: formar, informar y entretener. En la actualidad, los contenidos de entretenimientos llenan las parrillas de las cadenas de televisión. La información queda relegada exclusivamente a los espacios informativos, los telediarios, telenoticieros… La actualidad diaria queda resumida, como mucho, en dos horas al día. Un informativo a mediodía y otro a la noche. Y de ellos, más de 20 minutos se dedican a los deportes y otro gran bloque a los sucesos: accidentes de tráfico, robos, asesinatos… Las plantillas de las redacciones de informativos se ven reducidas cada día, y también la calidad de las noticias.

El espacio de la formación está en una situación aún más precaria si cabe. Los espacios formativos han desaparecido de la mayoría de las cadenas privadas, y en las públicas quedan relegados a algunos buenos documentales, que siempre se programan en horarios residuales. Sin duda, la función formativa es un “espejismo”.

Así, la mayor parte de las horas de la programación televisiva está dedicada al entretenimiento. Con suerte, se puede ver en televisión algún buen programa con el que pasar el rato y aprender algo. En España, por ejemplo, están los programas, como “Pasapalabra” o “Cifras y letras”, que llevan años en antena. Pero, tampoco son los que llenan las parrillas semanales. También, con algo de suerte puede que en la tele programen una buena película o una buena serie de ficción. Sin embargo, no son tampoco abundantes. Por el contrario, el resto del tiempo, la programación está llena de telenovelas, series malas, películas de clase B, programas del corazón y “reality shows”. En todos ellos, la ficción supera ampliamente la realidad. Los insultos, los gritos, la falta de educación llenan muchos espacios y horas de televisión. Pero también programas donde el “sensacionalismo” llega a cotas muy altas. Programas donde hay que ir siempre un poco más allá y mostrar el cadáver si es necesario. Frente a estos, otros programas más “dulces”. Telenovelas o programas donde se muestra un mundo lleno de riquezas inalcanzables para la gran mayoría de las personas. En España, por ejemplo, programan “Españoles por el mundo” y todos los protagonistas, allá donde estén, siempre viven en grandes casas, tienen buenos sueldos y lujosos coches. Da la sensación que con sólo salir de España, la vida de uno cambiará sin esfuerzo. Y este es el ejemplo que muchos jóvenes están recibiendo.

Los directivos de las grandes cadenas de televisión argumentan que la programación que tiene audiencia es aquella dedicada al entretenimiento, eso sí mal entendido. Y es una realidad. Nadie aprieta el off del mando a distancia para ponerse a leer la última novela de un gran escritor. Cada uno de nosotros, como consumidores de televisión, tenemos en nuestra mano la respuesta. Es necesario un consumo más inteligente y responsable de los contenidos televisivos. Sólo así hay una posibilidad de que algo cambie.

Ana Muñoz Álvarez

Periodista

Qué temprano se nos hizo tarde

Qué temprano se nos hizo tarde. Es la sensación que nos invade ante las mutaciones de la vejez. De la actitud que adoptemos depende seguir siendo nosotros mismos hasta la culminación de la vida. Ser felices sabiéndonos adaptar como agua al terreno sin dejar de ser agua. ¿Le preocupa envejecer? ¿O su papel en la sociedad cuando tenga 60, 70 u 80 años?

Muchas personas se preocupan por si hay vida después de la muerte. Lo que es evidente es que hay vida antes de la muerte. Y es necesario vivirla con dignidad, con la mayor autonomía posible, con salud y en buena forma física, relacionándose con los demás, participando en actividades apropiadas a la riqueza del tiempo con el que ahora vivimos.

Hay mucha vida después de los 60, y la sociedad aprecia cada vez más la contribución de las personas mayores.  Aprovechar más de la vida, no menos, cuando se envejece, tanto en el trabajo como en casa o en la comunidad.

Con un control médico regular y programado, con un plan de vida al igual que hacíamos en nuestros años de formación, con alimentación adecuada a nuestras necesidades, con ejercicio físico diario, consultado por su médico, y en casi todas las situaciones, con una caminata diaria al aire libre. Poniendo en activo y ejercitando las capacidades para hacer cosas que no hemos podido durante lo años en los que teníamos otras responsabilidades: cuidar plantas, juegos, lecturas, paseos, viajar, escribir, asistir a conferencias, museos, hobbies, y a disfrutar lo más posible de las facilidades que nos permiten los nuevos medios de comunicación social. En Internet, Facebook, Twitter, blogs, chats, Skype, etc.

Con demasiada frecuencia, tanto las personas como las sociedades creen que hacerse mayor es un engorro y no un triunfo. Un desafío lleno de oportunidades adecuadas a nuestra edad y capacitaciones. Nuestra experiencia personal, familiar, académica, profesional, laboral y de toda índole puede ayudar a muchas personas de todas las edades. A los mayores, para hacerles comprender que son necesarios y que es preciso que se mantengan activos, que pueden y deben participar en actividades sociales.

A las personas de edad media, porque aliviaremos sus preocupaciones de envejecimiento y porque podremos mostrarles cómo es posible mantenerse con autonomía con una vida llena de posibilidades. Con humor y con libertad, con alegría y con disponibilidad, responsables de nosotros mismos y de nuestro entorno, cooperando con organizaciones de la sociedad civil y siéndonos útiles y necesarios para otras personas, ambientes y comunidades. A los jóvenes, porque comprenderán que los mayores llevamos dentro al niño que fuimos o al joven que pudimos haber sido.

No se trata de añadir años a la vida sino de vivir el tiempo que tenemos ante nosotros con plenitud y satisfacción. Claro que no podemos tirar de un carro, cambiar las ruedas al coche, o hacer esfuerzos propios de otras edades. Pero sí podremos mantenernos activos, despiertos y capaces de compartir conocimientos y habilidades.

Pero, sobre todo, prevenir situaciones de dependencia, que llegarán o no, pero que nos encontrarán más capacitados y mejor dispuestos.

Esto es posible y somos muchos los que nos hemos puesto en camino. Porque, en nuestras sociedades, cada vez somos más los mayores de 65 años que los menores de 25, y no queremos ser una carga para nadie sino disfrutar de ese capital vital y existencial que hemos ido acumulando durante toda una vida.

Aquí entra la imperiosa necesidad de la Solidaridad intergeneracional. No son pocas las personas mayores que viven solas ni menos los jóvenes que no han podido desarrollar esa riqueza de una vida familiar plena. Matrimonios separados, familias desestructuradas, hijos con vida independizada, migraciones, separaciones físicas que hoy pueden ser superadas con esta maravilla de los nuevos medios de comunicación que nos permiten en tiempo real establecer contacto con nuestros seres queridos, amigos y nuevos conocidos. La soledad querida, vivida, enriquecida es algo muy distinto al aislamiento impuesto o soportado. Tenemos una tarea, nosotros, los viejos, que no se puede improvisar y que podemos compartir.

El aumento del número de personas mayores se percibe como una carga para las más jóvenes en activo. Sin embargo, hoy  vamos cumpliendo años con mejor salud que las generaciones anteriores. Y los mayores tienen unos conocimientos y unas experiencias válidos que los más jóvenes pueden aprovechar. A mis 75 años me siento dichoso y activo relacionándome a diario con miles de personas con las que compartir experiencias, lecturas, viajes, conocimientos, sabiduría gracias a Internet.

El Año Europeo quiere concienciar sobre los distintos problemas y las mejores maneras de abordarlos. Pero más que nada, quiere animar a los responsables a establecer objetivos por sí mismos y actuar para alcanzarlos.

José Carlos García Fajardo

Profesor Emérito de la UCM, director del CCS

Esperanza para los adictos a la cocaína

Científicos de la Universidad de Ginebra desarrollaron un nuevo método que podría ayudar a combatir la adicción a la cocaína en el ser humano.

Los especialistas lograron borrar en el cerebro de ratones el rastro dejado por el consumo de cocaína, un modo de revertir el comportamiento adictivo.

La cocaína crea una elevada dependencia; y los que la han consumido saben bien de las dificultades que provocan las recaídas tras meses o años de haber dejado la droga.

La revista Nature en su más reciente edición publicó un artículo sobre esta investigación desarrollada por el equipo del Departamento de Neurología de la Universidad de Ginebra. El valor de esta constatación se encuentra en el hecho de que evidencia el principio de que esta “huella” que deja el consumo de la cocaína en el cerebro, puede desaparecer. Y eso no es todo.

“Es la primera vez que hemos podido manipular específicamente una conexión entre dos células nerviosas (en el cerebro) para cambiar el comportamiento relacionado con la adicción” indica Christian Lüscher, al frente del equipo de investigadores, en conversación con swissinfo.ch.

Áreas del cerebro

Las zonas cerebrales concernidas son la corteza prefrontal y el núcleo accumbens, que desempeñan un papel importante en el sistema de recompensa del cerebro -base de la regulación y el control del comportamiento con efectos agradables- y en ese sentido, la adicción.

Para efectuar la modificación, los investigadores utilizaron un proceso relativamente nuevo que se conoce bajo el nombre de ‘método optogenético’, que Lüscher describe como “una técnica realmente revolucionaria que ha cambiado esta relación”.

“Básicamente tomamos una proteína, un canal del ion sensible a la luz que se coloca de modo artificial en las neuronas afectadas. Después, se emplea fibra óptica para tratarlas con estos rayos de luz”.

El equipo observó que, después del procedimiento, los ratones expuestos a la cocaína reaccionaron a una nueva dosis de la droga como si nunca antes la hubieran consumido.

Estos resultados abren una esperanza para terminar con la adicción humana a la cocaína, puesto que la investigación sugiere que los cambios en el comportamiento adictivo podrían ser reversibles, lo que bien podría reducir las posibilidades de una recaída.

A la espera de una eventual aplicación en el humano

No obstante, Lüscher advierte que se requiere de más investigaciones antes de que se pueda pensar en aplicar este método en seres humanos.

“Lo que hacemos con un ratón se trata de un experimento muy controlado en base a los efectos realmente muy tempranos en el consumo de la cocaína, con una a cinco inyecciones de la droga. Por el contrario, un ser humano se hace adicto a ella después de años de consumo crónico, por lo que hablamos de una situación muy distinta”, advierte.

“Pero en principio, es un concepto interesante que se podría traducir ciertamente a un uso clínico en el futuro.”

La Fundación Addiction Info Suisse considera sumamente interesantes los resultados de esta investigación. “Seguramente se trata de principios de base para la comprensión de la fisiología de la adicción”, comenta Simon Frey, portavoz de esta agrupación dedicada a la tarea de prevención de adicciones en Suiza.

Sin embargo, también Frey reconoce la necesidad de mayores estudios en la materia antes de poder hablar de una eventual terapia con el empleo de este método.

Consumo de cocaína en Suiza

Difícil de medir la dimensión del problema en este país, indica Frey. “Lo que podemos decir al respecto es que según un estudio de campo de 2009, en el grupo de personas entre los 15 y los 39 años de edad, el 4,4% declaró haber consumido cocaína. Los resultados de la misma investigación, pero de 2002, arrojaron un porcentaje en el mismo grupo de edad del 2,9%”.

Pero estos números no son del todo confiables: las encuestas telefónicas no cubren al grupo de consumidores frecuentes y la gente no comparte con franqueza sus experiencias con las drogas en tales interrogatorios”, advierte Frey.

Sea como fuere, lo cierto es que la cocaína es una droga altamente adictiva, punto que subraya el portavoz de Adicction Info Suisse. La gente puede recuperarse, pero el riesgo de recaídas es bastante alto. “Si las personas se enfrentan a una situación de riesgo, son más propensas a consumirla, si se compara con una persona que nunca la ha probado anteriormente”.

En cuanto al futuro de sus investigaciones, el científico Christian Lüscher sabe que este tipo de esfuerzos dependerán de lo dispuesta que esté la sociedad para apoyar los estudios sobre adicción.

“Aunque la adicción es una enfermedad frecuente, a veces se le llama enfermedad huérfana porque, debido a muchas razones, la industria privada vacila en desarrollar nuevas terapias ya que se trata de un mercado difícil, pues se trata de personas poco confiables para los estudios clínicos, porque, precisamente, son adictos a las drogas”.

“Esperamos que al presentar nuevas ideas de las ciencias básicas podamos así ayudar a impulsar iniciativas en esa dirección.”

Isobel Leybold-Johnson, swissinfo.ch

Traducción: Patricia Islas

Muere un gigante del periodismo británico

Por Alejo Schapire

El brillante polemista, ensayista y corresponsal de guerra Christopher Hitchens falleció a los 62 años como consecuencia de un cáncer de esófago. Su original recorrido como intelectual puso en evidencia las contradicciones de la intelectualidad de izquierda tras los atentados del 11 de septiembre. Su amigo, el escritor Salman Rushdie aseguró este viernes que “una gran voz ha quedado en silencio” y un “gran corazón se ha parado”.

“Es un escritor soberbio, superior en ingenio y elegancia a su ídolo George Orwell y una voz elocuente. Tiene una curiosidad insaciable por el mundo moderno y un conocimiento enciclopédico de él, así como una inclaudicable fascinación consigo mismo. A través de saber conocer a la gente adecuada, un instinto que tiene tan incorporado como su páncreas, puede recomendar sin un instante de duda quién es la persona ideal para consultar en Rabat sobre la política educativa en las montañas Atlas”.

En estos términos calificaba recientemente a Christopher Hitchens el crítico literario británico Terry Eagleton, quien despreciaba profundamente a su compatriota por su supuesto giro derechista, una acusación frecuente, que le valió al periodista la animadversión de buena parte de la izquierda europea tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Porque el itinerario de Christopher Hitchens cristalizó por sí mismo las divisiones ideológicas que sufrió la izquierda en el inicio del siglo 21.

Christopher Hitchens nació el 13 de abril de 1949 en Portsmouth, Inglaterra. Hijo de un oficial de la marina real británica, se sometió al mandato de su madre Yvonne: “Si tiene que haber una clase alta en este país, Christopher va formar parte de ella”. El joven estudió Filosofía, Ciencias Políticas y Economía en el Balliol College de Oxford, donde empezó a llevar una doble vida, entre la izquierda radical de los 70 y los cócteles mundanos donde participaba el establishment británico.

Bajo el signo de George Orwell y Arthur Koestler, empezó a ganarse la vida y una reputación de bebedor empedernido en la revista de izquierda New Statesman. En esa época conoció a las jóvenes promesas literarias Martin Amis, Salman Rushdie o Ian McEwan, que se convirtieron en sus mejores amigos.

Rápidamente se granjeó una reputación de lúcido y despiadado columnista. Su oposición a la guerra de Vietnam, su apoyo a Nelson Mandela, su amistad con el intelectual palestino Edward Said, sus virulentos ataques a Henry Kissinger, “un criminal de guerra”, o a la Madre Teresa, a quien calificó de “enana fanática albanesa”, hicieron de él una referencia del antiimperialismo, los derechos humanos y la defensa del laicismo.

Desde temprano se impuso una regla: ir por lo menos una vez al año a “un país menos afortunado” que el suyo. La Argentina de la dictadura de Videla, la Nicaragua de los contras, la Grecia de los Coroneles o las revoluciones de Polonia o Portugal fueron algunos de sus destinos como reportero y/o defensor de derechos humanos.

Como si Gran Bretaña le hubiera quedado chica, Hitchens se instaló en 1981 en Estados Unidos, donde empezó a trabajar para The Nation. Allí publicó ácidos artículos atacando a Ronald Regan primero y a George H. Bush por su intervencionismo en Centroamérica.

El distanciamiento con la izquierda tercermundista aparece cuando su amigo Salman Rushdie es condenado a muerte por un edicto religioso del ayatolá Jomeini, a quien acusó de “usar la religión para preparar un contrato para asesinar”. Sin embargo el divorcio con su familia política llegó recién con los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando empezó a escuchar entre sus allegados que Estados Unidos de algún modo “se había buscado” los ataques.

Hitchens toma entonces distancia de sus amigos Noam Chomsky y Gore Vidal, quien lo consideraba una suerte de heredero, y atacó lo que llamaba “el fascismo con un rostro islámico”. El polemista, quien empezaba a ser escuchado en Washington, apoyó abiertamente el derrocamiento de Sadam Hussein, a quien acusaba de haber convertido Irak de su “sala personal de torturas”. Una postura que mantuvo pese a las mentiras de la administración de George W. Bush para justificar la guerra.

Y cuando estalló la polémica sobre la utilización del submarino o “waterboarding” para interrogar a los detenidos de Guantánamo, Hitchens confirmó que se trataba de una tortura tras someterse al suplicio por ex militares y asistido por un médico que controlaba que no muriera.

Pero Hitchens no sólo atacó a lo que llamaba el “islamofascismo”; sus últimos años estuvieron dedicados a luchar contra la fe en general con su libro “Dios no es bueno”, donde definió a la religión como “un aliado violento, irracional e intolerante del racismo, el tribalismo y la mojigatería que se apoya en la ignorancia y se muestra hostil al libre cuestionamiento”.

“Estoy absolutamente convencido de que la religión, la religión organizada, es la principal fuente del odio en el mundo”, escribió.

Sus memorias, tituladas “Hitch-22” (Editorial Debate) fueron publicadas en 2011 en español.

‘Decenas de miles de menores’ abusados por clérigos holandeses

Una comisión investigadora establece en un informe independiente que miembros del clero de los Países Bajos sometieron a sexuales de leves a muy graves a varias decenas de miles de niño entre 1945 y 2010. Identificaron a 800 autores de abusos. Los obispos holandeses aseguran que ‘lamentan’ los hechos. El Vaticano no hará comentarios.

“Varias decenas de miles de menores enfrentaron formas leves, graves o muy graves de conductas sexuales que iban más allá de los límites entre 1945 y 2010 en la Iglesia católica holandesa”, indicó un comunicado emitido este viernes por una comisión investigadora independiente al presentar su informe final.

Los abusos sexuales iban de “ligeros contactos físicos” hasta la “penetración”, dijo el viernes el ex ministro de Educación, Wim Deetman.

“Sobre la base de 1.795 casos, la comisión pudo encontrar los nombres de 800 autores de abusos sexuales que trabajan o trabajaron para los arzobispados”, añade el texto que presenta las conclusiones de una investigación iniciada el pasado 24 de agosto.

“De esas 800 personas, al menos 105 siguen en vida”, afirma la comisión presidida por el ex ministro Wim Deetman, e integrada además por un juez, un psicólogo y tres profesores universitarios.

El informe señala asimismo que “la problemática de los abusos sexuales era conocida por las órdenes (religiosas) y las diócesis de la Iglesia católica holandesa” (…) “pero no se llevaron a cabo acciones adecuadas” para impedirlo.

Tras conocerse el informe, los obispos holandeses pidieron perdón. “Lamentamos los abusos”, indicó la Conferencia Episcopal en un comunicado. “Compadecemos a las víctimas y les presentamos nuestras sinceras disculpas”, añadió.

“Esto nos llena de vergüenza y de pena”. “Los obispos y los dirigentes de la Conferencia de los Institutos Religiosos holandeses están conmocionados por los abusos sexuales de menores y las prácticas descritas en el informe final”, agregó.

Por su parte, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, declaró que no haría ningún comentario.

Jacques Chirac, condenado a dos años de prisión en suspenso

El ex presidente francés fue declarado culpable de ‘malversación de fondos públicos’, ‘abuso de Confianza’ y ‘adquisición ilícita de intereses’ durante su desempeño al mando de la alcaldía de París. Es sospechoso de haber utilizado el dinero público de la capital francesa para preparar su candidatura a las elecciones presidenciales de 1995.

Por primera vez desde la condena del mariscal colaboracionista Philippe Pétain en 1945, la justicia gala condenó a un ex jefe de Estado francés. Este jueves, el ex mandatario Jacques Chirac, de 79 años, fue sentenciado a dos años de prisión en suspenso en un caso de empleos ficticios de la municipalidad de París cuando era alcalde de la capital francesa, a principios de los 90.

El tribunal correccional lo halló culpable de ‘malversación de fondos públicos’, ‘abuso de Confianza’ y ‘adquisición ilícita de intereses’ en el caso de 28 empleos ficticios, remunerados por la alcaldía de París entre 1990 y 1995. Chirac era entonces el presidente de su partido, el RPR, y se disponía a presentarse a las elecciones presidenciales de 1995, que ganó en segunda vuelta ante el socialista Lionel Jospin. Se sospecha que el ex mandatario utilizó este sistema de desvío de fondos para financiar su campaña electoral.

Chirac no estaba en el tribunal en el momento de la lectura de la sentencia: un informe médico lo dispensó de asistir al juicio al determinar que el ex presidente padece problemas neurológicos “severos” e “irreversibles”.

Durante el proceso, el predecesor de Nicolas Sarkozy rechazó estas acusaciones y aseguró no haber cometido “ninguna falta penal ni moral”, en una declaración leída por sus abogados durante el juicio por su abogado Jean Veil.

Junto a Chirac fueron condenadas otras siete personas, mientras otros dos acusados, el ex director de gabinete Michel Roussin y Pierre Boué, resultaron absueltos

Por ser su primera condena, Chirac -que se exponía a una pena máxima de diez años de cárcel y 150.000 euros de multa- no irá a prisión.