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La estrella de Belén no es sólo símbolo de la Navidad

La estrella de Belén no sólo juega un rol importante y misterioso en la celebración del nacimiento de Jesús; sino que sienta precedentes para gran parte de la simbología no religiosa que conocemos hoy.

¿Pasó un cometa, se avistó la explosión estelar de una supernova o chocaron los planetas Júpiter y Saturno la noche en que Jesús vino al mundo? Los científicos debaten hasta hoy acerca de qué puede haber sido, desde el punto de vista astronómico, la llamada “estrella de Belén”.

No importa lo que haya sido tal aparición celeste, ¿por qué seguirían los tres Reyes Magos la ruta de esta luz? ¿Cómo ha llegado esta estrella, en las más disímiles variantes, a la simbología de las más diversas ideologías y proyectos?

Algo les quedó claro a los reyes magos cuando avistaron la estrella de Belén, dice el estudioso del Nuevo Testamento Jens Herzer, de la Universidad de Leipzig: “La ascensión de esa estrella era para los magos una señal de que había nacido un nuevo rey”. Ya lo había anunciado el profeta Balaam: “Saldrá estrella de Jacob y levantaráse cetro de Israel”.

El cielo y los nacimientos importantes

Las personas importantes no llegan al mundo sin dejar huellas en el cielo. Una estrella se enciende o cae de lo alto, la luna o el sol se eclipsan. La historia está llena de este tipo de relatos, recuerda este teólogo de Leipzig. “Apariciones de la naturaleza, apariciones celestes asociadas con el nacimiento o la muerte de personalidades significativas. Ellas pertenecen al repertorio de narraciones sobre tales personalidades”, explica.

Fueron los antiguos babilonios los primeros en examinar minuciosamente el cielo estrellado y establecer conexiones entre las estrellas y la política, afirma la especialista en Ciencias de la Religión Hannah Müller, de la Universidad de Marburgo.

“Se trata básicamente de la idea fundamental de que lo que acontece en el cielo es parte también del acontecer en la Tierra. Los antiguos sacerdotes babilonios estudiaron las estrellas para calcular la aparición de eclipses lunares, con una significación para el calendario, en relación con cuándo había que consumar actos rituales y cuándo no”, aclara Müller.

Las estrellas y los dioses

Los griegos añadieron un nuevo elemento a la observación de las estrellas, asociándolas con determinadas deidades: Marte, ligada al dios de la guerra; Mercurio, responsable del comercio; y Venus, de la belleza. Saturno fue identificada como la estrella de los judíos y Júpiter, como la estrella rey. Y son éstas últimas las que explican el fenómeno con que se asocia la estrella de Belén.

Los historiadores de la astronomía cuentan que, hace 2011 años, Saturno y Júpiter se encontraron en la constelación de Piscis. Así que, según la significación astrológica dada entonces a este suceso: a los judíos les nació un rey. Cuando Mateo, según su Evangelio, envía desde Occidente, o sea, desde Babilonia, a los intérpretes de estrellas de la época (hoy serían astrónomos o astrólogos), obtiene una confirmación: tiene que tratarse realmente de un evento único.

“Esto es un reflejo de este centro, de este baluarte de la astronomía que representaba Babilonia. Ellos provienen de este lugar, son los expertos de entonces”, destaca Hannah Müller. Y la estrella no sólo señala el nacimiento de un niño extraordinario en Belén, la estrella es Cristo. Al menos así lo ve San Ambrosio, en el siglo IV: “Esta estrella es el camino y el camino es Cristo”.

Hijos de estrellas

Ver al Señor como una estrella, también esto es parte de la tradición judía, apunta el teólogo Jens Herzer: “Bar Kojba, el líder de la segunda gran revuelta de judíos en Judea (que dio inicio a la última de las grandes guerras judeo-romanas) a inicios del siglo II, se adjudicó a sí mismo ese nombre: Bar Kojba, hijo de una estrella. Él hizo imprimir monedas con el símbolo de la estrella. Ello muestra claramente que la llegada de un mesías se asociaba con esta simbología astronómica“.

¿A quién le asombra entonces que tampoco la doctrina de la salvación del comunismo se haya librado de acudir a esta simbología? Una estrella roja brilló durante décadas en las sedes de los partidos, fábricas y monumentos comunistas. La versión china de la estrella dorada sigue haciéndolo hasta hoy.

Asimismo, el inventor del idioma esperanto, L.L. Zamenhof, depositó en una estrella verde (Verda Stelo) sus esperanzas de que prosperara una lengua internacional. Y hasta los padres fundadores de los actuales EE.UU., representaron con 13 estrellas blancas las aspiraciones libertarias de aquella joven nación.

Autor: Hartmut Schade / Rosa Muñoz Lima

Editor: Pablo Kummetz

La medida de los sueños

Por César González Páez

Debe ser así, que bajo las distintas capas de pintura con la que nos educaron, que nos impusieron y con las cuales siempre hemos creído que éramos felices o nos conformamos, haya una mano de pintura de lo que realmente somos.

Debe quedar esa tintura de lo que siempre quisimos ser y nos animamos, presionados por lo convencional y lo que ‘debe hacerse’ y de ‘cómo debe hacerse’, según el gusto de los demás. Hablo de ese pintor escondido que no dejaba explotar su alma de colores, de ese personaje que quería pensar y expresarse en un libro, ese manuscrito que existe en cada uno de nosotros.

Volver a ser como niños para empezar a jugar y encontrar lo que nos gusta y nos haga ser completos como personas.

Hablo de ese poeta de palabras emocionadas que no se animaba a escribir, hablo de ese cantante que dejó de esconderse en la ducha para cantar la canción que le dictaba el alma.

Hablo del guitarrista que soñaba sacar arpegios a la guitarra o al arpa encantada de música del alma. Hablo del que quería decir las cosas que pensaba y no se animaba a enarbolar la bandera de sus convicciones.

Hablo de los indignados que dejaban hacer a los políticos sus insensateces y sus derroches a costa de la gente humilde.

Hablo del que cedió a la tentación de expresar sus ideas y hacerse vocero de los que no saben cómo expresar las injusticias de la vida.

Raspando bien en la personalidad de cada uno, debe estar el color de pintura original de lo que éramos, de lo que debimos ser y no pudimos. Porque nos deseducaron, nos amaestraron en ‘valores’ de comportarnos como pacíficas ovejas en el corral de la sociedad.

Nos quitaron los colores del pincel con que debíamos pintar nuestras vidas, la música que era nuestra banda de sonido, el original de nuestra película, de la obra maestra a la que tenemos derecho.

Usted podrá decir, “ese no es mi caso”, feliz de los que tienen escrito su libreto tal cual lo idearon. Porque también existen los conformes con el destino que les ha tocado. Si esto fuera así con todo no habría tanta injusticia en el mundo, por ejemplo no existirían los que todo le es poco y no les alcanza porque siempre ambicionan más.

Y no digo más. Raspen en la piel de lo que verdaderamente son, descubrirán el color de la pintura original, el boceto de la vida que siempre quisieron y no se animaban a mostrar.

Bendita suerte de ser como uno es.

https://laoveja100.wordpress.com/

La economía del miedo, de Joaquín Estefanía (Galaxia Gutemberg, 2011).

Hoy se teme a un nuevo poder fáctico que denominan “la dictadura de los mercados”, que tiende a reducir los beneficios sociales y las conquistas de la ciudadanía económica del último medio siglo; miedo a quedarnos sin ese bien cada vez más escaso que se llama trabajo, a reducir nuestro poder adquisitivo, al subempleo, a la marginación económica y social.

Joaquín Estefanía explica cómo el temor ciudadano al paro o al empobrecimiento contribuye a la dominación de los mercados. El temor ha sido siempre uno de los aliados más fieles del poder, que intenta que la población viva inmersa en él. La creación artificial de atmósferas de miedo obliga a los ciudadanos a blindarse frente a los contextos sociales. El miedo que anida en el cerebro quebranta la resistencia, genera pánico y paraliza la disidencia; no hay poder en la Tierra que no haya confiado en alguna forma de terror. Tras un desastre -natural, político, económico- el miedo inicial deja paso a la ansiedad; la gente teme más los riesgos que se le imponen que los que acepta. Todos los esfuerzos por liberar al hombre han sido en realidad impulsos por liberarlo del miedo, para crear las condiciones en que no sintiera la dependencia como una amenaza; cuanto más asesino y más totalitario es el poder más priva al hombre de libertad porque lo que engendra es temor. Surge así lo que algunos han denominado la ideología del miedo.

El miedo como arma de dominación política y control social; el miedo como herramienta de destrucción masiva en la guerra de clases. A lo largo de la historia ha habido todo tipo de movimientos sociales y culturales fundamentados en esa sensación provocada por la percepción de ese peligro real o supuesto, presente o futuro.

Como es omnipresente y está arraigado, produce desconfianza y conflicto con el “otro”, al que se atribuye la culpa de lo ocurrido o de lo que puede acontecer, y genera la necesidad de protegerse de él. Esa es la ideología del miedo, que llega a través de sus transmisores, los “fabricantes de miedo”, muy vinculados en la contemporaneidad a los medios de comunicación de masas y a la información, comunicación y propaganda que se transmite instantáneamente a través de Internet.

El miedo se manifiesta cuando las relaciones de poder son muy extremas: se esfuman las certezas, lo garantizado, el statu quo, y emergen la precariedad y el desasosiego paralizante. Antes ello ocurría en tiempo de guerras y represiones políticas -cuando los inquisidores llegaban a las ciudades medievales, cuando entraban en vigor las leyes raciales contra los judíos, cuando los negros veían arder delante de sus casas las cruces de madera instaladas por el Ku Klux Klan, en los regímenes totalitarios o dictatoriales,  pero ahora el temor se expande y añade otra naturaleza a la tradicional. El miedo adopta rostros inéditos.

Hoy no se trata solo de los temores tradicionales a la muerte, el infierno, la enfermedad, la vejez, la indefensión, el terrorismo, la guerra, el hambre, las radiaciones nucleares, los desastres naturales, las catástrofes ambientales. El nuevo temor y desasosiego producidos por la crisis que se expande a la velocidad de la luz entre la ciudadanía paraliza las reacciones, incluso la del miedo al miedo mismo.

El temor es una emoción que inmoviliza, que neutraliza, que no permite actuar ni tomar decisiones con naturalidad. Este miedo contemporáneo hace a todos susceptibles de ser dominados, subyugados por los que poseen la capacidad de generarlo: por los que ejercitan el poder, que someten a los miedosos y les inyectan pasividad y privatización de sus vidas cotidianas, los culpabilizan y, a continuación, los castigan bajándolos de la escala social en beneficio de los primeros.

Con la irrupción de una crisis tan profunda como la de nuestra época, conceptos como los del miedo y la inseguridad, que pertenecen con más propiedad a otras disciplinas sociales (la psicología, la psiquiatría) que a la economía, se han incorporado con mucha fuerza al análisis técnico de esta última disciplina. El dibujante El Roto publica una viñeta en la que un tipo con pinta de gran ejecutivo dice: “Tuvimos que asustar a la población para tranquilizar a los mercados”.

J. C. Gª Fajardo