En Durban, los BRICS esperan acción de los industrializados

Brasil, Sudáfrica, India y China se niegan a asumir buena parte de la responsabilidad en la lucha por frenar el cambio climático. Que cambien su posición durante la conferencia en Durban se ve como poco probable.

Sube el tono en las negociaciones para lograr un acuerdo que suceda al Protocolo de Kyoto. Brasil, Sudáfrica, India y China han sido categóricos: se niegan a asumir la mayor parte de la responsabilidad en los esfuerzos por frenar el cambio climático. Después de una conferencia previa en Pekín, los Gobiernos de estos países declararon que “según la convención, la responsabilidad de llevar el liderazgo está del lado de los países más desarrollados”.

Así, las actuales negociaciones en Sudáfrica, en donde tiene lugar la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático (COP17), se asemeja más bien a un ajuste de cuentas: las economías emergentes esperan que las naciones más industrializadas se muevan primero y éstos esperan de los primeros –los actuales motores de la economía mundial- mayor disposición al compromiso. En el centro de la discusión, el Protocolo de Kyoto que expira con el año 2012.

“El Gobierno sudafricano ha sugerido la posibilidad de prolongar el Protocolo de Kyoto aunque de manera no vinculante, sobre todo debido a la posición de Estados Unidos y China”, dice Narnia Bohler-Muller del African Institute of South Africa.

Los países de economía emergente están a favor de una prolongación de Kyoto, que obliga a los países industrializados a reducir sus emisiones. Todas las naciones deben asumir “una responsabilidad común pero de manera diferenciada”, subrayan los representantes de los llamados BRICS –los anteriores más Rusia. Los datos actuales de la Agencia Internacional de Energía  producen un 30 por ciento del PIB mundial; en 1990, el volumen ascendía al 18 por ciento. Los BRICS, por otro lado, producen un 37 por ciento de las emisiones causantes del cambio climático.

Crecimiento “sucio”

Poco antes de la conferencia en Durban, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) informó que, de seguir así, la emisión de gases de efecto invernadero probablemente se doble para el 2050. El mayor peligro proviene, así la OCDE, del vertiginoso crecimiento de las economías emergentes debido a su mayor demanda de automóviles y de transporte aéreo. Aunque históricamente la mayor responsabilidad de esto está del lado de los países de la OCDE, el crecimiento de los BRICS y su mayor demanda de energía agudizarán el problema. El carbón -uno de los factores claves del calentamiento global- sigue siendo esencial en la producción de entre el 68 y el 94 por ciento de la electricidad y el calor de China, India y Sudáfrica.

Un quedo “sí” a Kyoto

Brasil –cuya energía proviene en un 75 por ciento de plantas hidroeléctricas – está haciendo esfuerzos por extender el tratado existente, informan sus representantes. El Gobierno, con todo, evita criticar a sus detractores; a la vez subraya que no se debe intentar lograr un acuerdo vinculante a cualquier precio.

A este respecto, Luiz Alberto Figuereido Machado, representante del ministerio brasileño de Exteriores, opina que su país “ha hecho mucho más que otros. Tenemos la impresión de que en la siguiente ronda de negociaciones en cuestiones de protección medioambiental se requerirá un comportamiento diferentes de todos”.

En aumento van las críticas por la posición de Estados Unidos, el segundo mayor polucionador; muchos países hacen depender su decisión de Washington. “India ha dejado claro que no quiere hacer concesiones cuando otros pueden enriquecerse en un escenario, en el que Estados Unidos no asume obligaciones de reducir emisiones”, dice Bohler-Muller.

China –que encabeza la lista en volumen de emisiones- publicó hace poco su nueva política en la lucha contra el cambio climático y advierte que espera más acción y liderazgo por parte de las naciones industrializadas.

Un caso aparte

Yuri Izrael, investigador ruso y ex vicedirector del Consejo Mundial para el Clima, cuestiona la eficiencia del Protocolo de Kyoto, pues “la reducción del 40 o 50 por ciento de las emisiones no es suficiente para la estabilización del clima. Además, es muy cara”, dice a DW. Como director del Global Climate and Ecology Institute y miembro de la Academia Rusa de las Ciencias, Izrael opina que las negociaciones no deberían restringirse a la reducción de emisiones sino incluir también debates acerca de diversas tecnologías. Moscú ha anunciado que se ha comprometido a alcanzar los objetivos del Protocolo de Kyoto; en una siguiente fase, no tomará parte como Canadá y Japón.

Con todo, “somos buenos diplomáticos y podemos lograr que nuestros socios nos sigan”, dice a DW Bohler-Muller, la negociadora en jefe de la conferencia; no obstante, sería una gran sorpresa que los BRICS cambiasen sus anunciadas posiciones en Durban.

Autora: Nadia Pontes/Mirra Banchón

Editor: José Ospina-Valencia

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¿Cómo reaccionar ante una ciberguerra?

¿Espiados por el enemigo a través de la red?

¿Ataques digitales? ¿Super trojanos? Autoridades alemanas realizan maniobra de simulación con el objetivo de buscar las mejores estrategias de reacción ante ataques cibernéticos.

Infraestructuras y transporte público bloqueados,  teléfonos fuera de servicio, hospitales sin corriente eléctrica, aeropuertos parados, cuentas bancarias inaccesibles y líneas saturadas por llamadas de emergencia… Mientras tanto, gabinetes de crisis en varias ciudades se reúnen dispuestos y obligados a tomar el mando de un país sumido en el caos con cualquier infraestructura controlada por ordenador al borde del colapso. ¿Podría darse todo ésto en un escenario real?

Como si fuera un clásico de la ciencia ficción tipo  “La Guerra de los Mundos”, con los continuos ataques a manos de colectivos como Anonymous o escenarios como el bloqueo de comunicaciones durante la revolución egipcia, cada día parece más probable que situaciones como éstas formen parte de un “estado de emergencia” o una ciberguerra. Y por ahora, este concepto es cada vez más aceptado tanto entre las autoridades como entre los ciudadanos o las élites militares.

“No es una visión”

Precisamente buscar respuestas a problemas como éstos es el objetivo del experimento iniciado este 30 de noviembre en Alemania. Denominado bajo el nombre “Lükex 11” y realizado bajo el auspicio de la Oficina Federal para Protección del Pueblo y Ayuda en Caso de Catástrofes (BBK por sus siglas en alemán), los participantes analizan tras 18 meses de trabajo escenarios posibles y estrategias de respuesta en base a una situación de caos originada por ciberataques.

Entre los cerca de 3.000 participantes en esta maniobra militar, funcionarios tanto del Gobierno como de los Estados federados, trabajan en conjunto con empresas y militares para responder a ataques simulados a infraestructuras de tráfico, finanzas, telecomunicaciones y administración pública. Como meta, comprobar los sistemas de seguridad. Pero también, obtener  información sobre el comportamiento de los ciudadanos ante tales situaciones.

“Lo que aquí estamos practicando no es una visión”, aclaraba Horst Flätgen, vicepresidente de la Oficina Federal de Seguridad en las Tecnologías de la Información. Y con razón. Además de la red del Gobierno Federal, que diariamente recibe miles de ataques, durante 2010 se perpetraron en Alemania más de 60.000 casos de delitos cibernéticos con daños ocasionados aproximados de cerca de 60  millones de euros.

Medios sociales en situaciones de crisis

Además del proceso de decisión y competencias  de los distintos organismos, en referencia a la reacción y que el pánico cunda entre la ciudadanía, un grupo de trabajo analizará también las estrategias y el papel de los medios de comunicación ante tales situaciones. Y por primera vez, además del de los medios clásicos, también el papel de los medios sociales como Twitter o Facebook.

Estos medios, si bien quizás menos “controlables”, son una fuente de información cada vez más rápidas y válidas. Y sin embargo, en manos inadecuadas, pueden convertirse en una peligrosa herramienta para que los atacantes logren su objetivo.

Autor: José A. Gayarre

Editor: José Ospina-Valencia

Gbagbo en La Haya: primer ex presidente entregado a la CPI para ser juzgado

El avión que transportaba a Laurent Gbagbo a su llegada al aeropuerto de Rotterdam, Holanda, el 30 de noviembre de 2011.
El ex mandatario marfileño Laurent Gbagbo, detenido en abril pasado, se halla este miércoles 30 de noviembre de 2011 en una prisión de Holanda, a la espera de ser juzgado por la Corte Penal Internacional. Gbagbo está en el mismo centro de detención que Ratko Mladic, Radovan Karadzic y Charles Taylor. Seguir leyendo Gbagbo en La Haya: primer ex presidente entregado a la CPI para ser juzgado

Día Mundial de la Lucha contra el SIDA

Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon

1 de diciembre 2011

Al comenzar el cuarto decenio de la lucha contra el SIDA, estamos finalmente en condiciones de poner fin a la epidemia.

El progreso que hemos logrado hasta el momento demuestra que podemos hacer realidad nuestra visión de cero nuevas infecciones por el VIH, cero discriminación y cero muertes relacionadas con el SIDA.

El número de nuevas infecciones por el VIH se ha reducido en más de un 20% desde 1997. Las nuevas infecciones siguen disminuyendo en casi todo el mundo. En el África subsahariana, la región más afectada por la epidemia del SIDA, la incidencia del VIH ha disminuido en 22 países.

Entre las poblaciones en riesgo, la situación está cambiando. El acceso a los servicios de prevención de la infección por el VIH ayuda a los jóvenes, los trabajadores sexuales y sus clientes, las personas que se inyectan drogas, los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, y las personas transexuales a tomar el control de su propia salud para alcanzar un mayor bienestar.

El tratamiento ha permitido evitar 2,5 millones de muertes relacionadas con el SIDA desde 1985. En el último año únicamente, se salvó la vida a 700.000 personas. Cerca de 6,6 millones de personas, casi la mitad de los que necesitan tratamiento en los países de ingresos medianos y bajos, lo reciben actualmente.

Las relaciones sinérgicas entre la prevención y el tratamiento aceleran el proceso.

Sin embargo, para poner fin al SIDA necesitamos conseguir resultados aún más favorables.

En la reunión de alto nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el SIDA, celebrada en junio del presente año, se adoptaron audaces objetivos para 2015: reducir a la mitad la transmisión sexual del VIH, eliminar las nuevas infecciones en niños, ofrecer tratamiento a 15 millones de personas que viven con el VIH, poner fin a la estigmatización y la discriminación, y colmar los vacíos en la financiación de la lucha contra el SIDA.

Con una firme voluntad política, recursos financieros razonables y un sólido enfoque basado en los derechos humanos, podemos alcanzar todas esas metas.

La financiación revestirá importancia crítica en ese empeño. Insto a todos los interesados a pronunciarse en relación con el marco de inversiones propuesto por ONUSIDA y a aportar financiación suficiente para cumplir la meta de inversiones establecida, de 24.000 millones de dólares anuales. Los resultados compensarían los costos iniciales en menos de una generación.

Debemos persistir en nuestro compromiso político y mantener las inversiones, el entusiasmo, el dinamismo y la determinación que nos han permitido llegar a este momento crucial.

Tenemos el impulso necesario para triunfar. Aprovechémoslo para poner fin al SIDA definitivamente.

Reflexiones de un enfermo en torno al dolor

En el corazón del hombre hay muchas cavidades que desconocemos hasta que viene el dolor a descubrírnoslas.

El dolor es un misterio. Hay que acercarse a él de puntillas y sabiendo que, después de muchas palabras, el misterio seguirá estando ahí hasta que el mundo acabe. Tenemos que acercarnos con delicadeza, como un cirujano ante una herida. Y con realismo, sin que bellas consideraciones poéticas nos impidan ver su tremenda realidad.

La primera consideración que yo haría es la de la cantidad de dolor que hay en el mundo. Después de tantos siglos de ciencia, el hombre apenas ha logrado disminuir en unos pocos centímetros las montañas del dolor. Y en muchos aspectos la cantidad del dolor aumenta. Se preguntaba Péguy: ¿Creemos acaso que la Humanidad esta sufriendo cada vez menos? ¿Creéis que el padre que ve a su hijo enfermo hoy sufre menos que otro padre del siglo XVI? ¿Creéis que los hombres se van haciendo menos viejos que hace cuatro siglos? ¿Que la Humanidad tiene ahora menos capacidad para ser desgraciada?

LA MONTAÑA DEL DOLOR

Los medios de comunicación nos hacen comprender mejor el tamaño de esa montaña del dolor. El hombre del siglo XIV conocía el dolor de sus doscientos o de sus diez mil convecinos, pero no tenía ni idea de lo que se sufría en la nación vecina o en otros continentes. Hoy, afortunada o desgraciadamente, nos han abierto los ojos y sabemos el número de muertos o asesinados que hubo ayer. Sabemos que 40 millones de personas mueren de hambre al año. Y hoy se lucha más que nunca contra el dolor y la enfermedad… Pero no parece que la gran montaña del dolor disminuya. Cuando hemos derrotado una enfermedad, aparecen otras nuevas que ni sospechábamos (¿cómo olvidar el SIDA?) que toman el puesto de las derrotadas. En la España de hoy, y a esta misma hora, hay tres millones de españoles enfermos. Y diez millones pasan cada año por dolencias más o menos graves. Pero el resto de sus compatriotas (y de sus familiares) prefiere vivir como si estos enfermos no existieran. Se dedican a vivir sus vidas y piensan que ya se plantearán el problema cuando les toque a ellos.

Sabemos muy poco del dolor y menos aún de su porqué. ¿Por qué, si Dios es bueno, acepta que un muchacho se mate la víspera de su boda, dejando destruidos a los suyos? ¿Por qué sufren los niños inocentes? Nosotros, cristianos, debemos ser prudentes al responder a estas preguntas que destrozan el alma de media Humanidad. ¿Quién ignora que muchas crisis de fe se producen al encontrarse con el topetazo del dolor o de la muerte? ¿Cuántos millares de personas se vuelven hoy a Dios para gritarle por qué ha tolerado el dolor o la muerte de un ser querido?

Dar explicaciones a medias es contraproducente y sería preferible que, ante estos porqués, los cristianos empezásemos por confesar lo que decía Juan Pablo II en su encíclica sobre el dolor: El sentido del sufrimiento es un misterio, pues somos conscientes de la insuficiencia e inadecuación de nuestras explicaciones. Algunas respuestas pueden aclarar algo el problema y debemos usarlas, pero sabiendo siempre que nunca explicaremos el dolor de los inocentes.

TEORÍAS, NO

Una de esas respuestas parciales podía ser la que afirma que dedicarse a combatir el dolor es más importante y urgente que dedicarse a hacer teorías y responder porqués.

Hemos gastado más tiempo en preguntarnos por qué sufrimos que en combatir el sufrimiento. Por eso, ¡benditos los médicos, las enfermeras, cuantos se dedican a curar cuerpos o almas, cuantos luchan por disminuir el dolor en nuestro mundo!

El dolor es una herencia de todos los humanos, sin excepción. Un gran peligro del sufrimiento es que empieza convenciéndonos de que nosotros somos los únicos que sufrimos en el mundo o los que más sufrimos. Una de las caras más negras del dolor es que tiende a convertirnos en egoístas, que nos incita a mirar sólo hacia nosotros. Un dolor de muelas nos hace creemos la víctima número uno del mundo. Si en un telediario nos muestran miles de muertos, pensamos en ellos durante dos minutos; si nos duele el dedo meñique gastamos un día en autocompadecernos. Tendríamos que empezar por el descubrimiento del dolor de los demás para medir y situar el nuestro.

Es la humilde aceptación de que el hombre, todo hombre, es un ser incompleto y mutilado. Es el descubrimiento de que se puede ser feliz a pesar del dolor, pero es imposible vivir toda una vida sin él. El mayor descubrimiento, el que más me ha tranquilizado como hombre ha sido precisamente este sano realismo. Tratar de no mitificar mi enfermedad, no volverme contra Dios y contra la vida, como si yo fuera una víctima excepcional. Desde el primer momento me planteé la obligación de pensar que yo no era un enfermo, sino un señor que tiene un problema como todos tienen sus problemas.

Cuando vas conociendo a los hombres, descubres que todos son mutilados de algo. Así pensé que a mí me faltaban los riñones o me sobraba un cáncer, pero que a los demás o les faltaba un brazo, o no tenían trabajo, o tenían un amor no correspondido, o un hijo muerto. Todos. ¿Qué derecho tenía yo, entonces, a quejarme de mis carencias, como si fueran las únicas del mundo? Sentirme especialmente desgraciado me parecía ingenuo y, sobre todo, indigno.

DEMASIADA RETÓRICA

La tercera gran respuesta es ver los aspectos positivos de la enfermedad. Quiero prevenir contra un gran error muy difundido entre personas de buena voluntad: la tendencia a ver en la enfermedad y el dolor algo objetivamente bueno. Creo que se ha hecho, especialmente entre los cristianos, mucha retórica sobre la bondad del dolor, con la que se confunden tres cosas: lo que es el dolor en sí; lo que se puede sacar del dolor; y aquello en lo que el dolor puede acabar convirtiéndose, con la gracia de Dios. Lo primero es y seguirá siendo horrible. Lo segundo y lo tercero pueden llegar a ser maravillosos.

Cristo mismo lo dejó bien claro en su vida: jamás ofreció florilegios sobre la angustia, no fue hacia el dolor como hacia un paraíso. Al contrario: se dedicó a combatir el dolor en los demás, y, en sí mismo, lo asumió con miedo, entró en él temblando, pidió, mendigó al Padre que le alejara de él y lo asumió porque era la voluntad de su Padre. Y entonces acabó convirtiendo el dolor en redención. Es mejor no echarle almíbar piadoso al dolor. Pero hay que decir sin ningún rodeo que en la mano del hombre está conseguir que ese dolor sea ruina o parto. El hombre no puede impedir su dolor, pero puede conseguir que no lo aniquile, e incluso lograr que ese dolor lo levante en vilo.

En lo humano y mucho más en lo sobrenatural, el dolor puede llegar a ser uno de los grandes motores del hombre. Luis Rosales afirmaba que los hombres que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir.

El dolor es parte de nuestra condición humana; deuda de nuestra raza de seres atados al tiempo y a la fugitividad. No hay hombre sin dolor. Y no es que Dios tolere los dolores, es, simplemente, que Dios respeta la condición temporal del hombre, lo mismo que respeta que un círculo no pueda ser cuadrado. Lo que Dios sí nos da es la posibilidad de que ese dolor sea fructífero. Empezó haciéndolo fructífero él mismo en la Cruz y así creó esa misteriosa fraternidad de dolor de la que nosotros podemos participar.

VINAGRE, O VINO GENEROSO

El hombre tiene en sus manos esa opción de conseguir que su propio dolor y el de sus prójimos se convierta en vinagre o en vino generoso. Yo he comprobado aquella frase de León Bloy que aseguraba que en el corazón del hombre hay muchas cavidades que desconocemos hasta que viene el dolor a descubrírnoslas. Así puedo afirmar que el dolor es, probablemente, lo mejor que me ha dado la vida y que, siendo en sí una experiencia peligrosa, se ha convertido más en un acicate que en un freno.

Pase lo que pase, a lo que tú no tienes derecho es a desperdiciar tu vida, a rebajarla, a creer que, porque estás enfermo, tienes ya una disculpa para no cumplir tu deber o para amargar a los que te rodean. Debes considerar la enfermedad como un handicap, como un reto, como una nueva forma para testimoniar tu fe y realizar tu vida. Has de buscar todos los modos para sacar todo lo positivo que haya en la enfermedad y así rentabilizar más tu vida.

Lo verdaderamente grave de la enfermedad es cuando ésta se alarga y se alarga. Un dolor corto, por intenso que sea, no es difícil de sobrellevar. Lo verdaderamente difícil es cuando ese camino de la cruz dura años, y peor aún si se vive con poca o ninguna esperanza de curación en lo humano.

Sólo la gracia de Dios ha podido mantenerme alegre en estos años. Y confieso haberla experimentado casi como una mano que me acariciase. Dios no me ha fallado en momento alguno. Yo llamaría milagro al hecho de que en casi todas las horas oscuras siempre llegaba una carta, una llamada telefónica, un encuentro casual en una calle, que me ayudaba a recuperar la calma. Confieso con gozo que nunca me sentí tan querido como en estos años. Y subrayo esto porque sé muy bien que muchos otros enfermos no han tenido ni tienen en esto la suerte que yo tengo.

La verdadera enfermedad del mundo es la falta de amor, el egoísmo. ¡Tantos enfermos amargados porque no encontraron una mano comprensiva y amiga!

Es terrible que tenga que ser la muerte de los seres queridos la que nos descubra que hay que quererse deprisa, precisamente porque tenemos poco tiempo, porque la vida es corta ¡Ojalá no tengáis nunca que arrepentiros del amor que no habéis dado y que perdisteis!

La enfermedad es una gran bendición: cuando te sacude ya no puedes seguirte engañando a ti mismo, ves con claridad quién eras, quién eres.

Descubrí a su luz que en mi escala de valores real había un gran barullo y que no siempre coincidía con la escala que yo tenía en mis propósitos y deseos. ¡Cuántas veces el trabajo se montó por encima de la amistad! ¡Cuántos más espacios de mi tiempo dediqué al éxito profesional que a ver y charlar pausadamente con los míos! Aprendí también a aceptarme a mí mismo, a saber que en no pocas cosas fracasaría y no pasaría absolutamente nada, entendí incluso que uno no tiene corazón suficiente para responder a tanto amor como nos dan. Todo hombre es un mendigo y yo no lo sabía.

Entre estos descubrimientos estuvo el de los médicos, las enfermeras y los otros enfermos. Hasta hace algunos años apenas había tenido contactos con el mundo de los hospitales y tenía de sus habitantes ese barato concepto por el que, con tanta frecuencia acostumbramos a medir a los seres más por sus defectos que por sus virtudes. La enfermedad, al vivir horas y horas en los hospitales, me descubrió qué engañado estaba.

UN ABUSO DE CONFIANZA

La idea de que la enfermedad es redentora no es un tópico teológico, sino algo radicalmente verdadero. Dios espera de nosotros, no nuestro dolor, sino nuestro amor; pero es bien cierto que uno de los principales modos en que podemos demostrarle nuestro amor es uniéndonos apasionadamente a su Cruz y a su labor redentora. ¿Qué otras cosas tenemos, en definitiva, los hombres para aportar a su tarea?

Os confieso que jamás pido a Dios que me cure mi enfermedad. Me parecería un abuso de confianza; temo que, si me quitase Dios mi enfermedad, me estaría privando de una de las pocas cosas buenas que tengo: mi posibilidad de colaborar con él más íntimamente, más realmente. Le pido, sí, que me ayude a llevar la enfermedad con alegría; que la haga fructificar, que no la estropee yo por mi egoísmo.

Autor: José Luis Martín Descalzo- Fecha: 2011-11-25