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El atentado contra las Torres Gemelas muestra que el camino de la intolerancia es equivocado

Se cumplen mañana diez años del más grande atentado terrorista suicida sufrido por los EE. UU. El mundo se estremeció con la conmovedora caída de las Torres Gemelas de Nueva York, el avión estrellado en el Pentágono y la aeronave sacrificada para evitar males mayores. Ningún argumento será suficiente nunca para justificar un atropello tan descomunal como perverso. Para que ese episodio trágico no solo sea un recuerdo puntual en el calendario, es necesario aprender que por el camino de la intolerancia la humanidad retrocede al tiempo de las cavernas.

Ningún ser humano que merezca el calificativo de civilizado, según los parámetros de la cultura occidental y gran parte de la oriental, puede aprobar lo sucedido. Por eso, el rechazo y el repudio fueron universales.

Razones, sin claudicaciones éticas, no las hay ni puede haberlas. Matar a miles de inocentes escapa al raciocinio, la moral, el sentido de justicia y la condición humana. Causas, sí existieron. El motivo, la excusa o la causa que movilizan a muchos humanos, no se basan en el pensamiento, la reflexión, el análisis crítico o el sentido ético.

Los hijos de esta tierra, desde sus orígenes, se movilizan por fanatismos, odios ge- nuinos o instigados, rencores, adoctrinamientos dolosos, excusas religiosas y todo aquello que atenta contra la razón, los valores y principios que posibilitan una con- vivencia con libertad y dignidad.

No hace falta abrevar de las ciencias que estudian el comportamiento humano -aunque siempre es loable hacerlo- para llegar a la conclusión de que los asesi- nos-suicidas eran el producto de mentes alteradas por verdaderos maestros en el patético arte de enturbiar el cerebro y el espíritu de los seres humanos. Estos criminales sin armas son el mayor peligro que los sucesos del 11 de Setiembre han dejado como secuela.

Este peligro de los atentados sigue incólume. No se trata de un pequeño grupo de alienados. Son muchos, y están en todas partes. Los instrumentos del horror desatado en Londres, luego del ataque a EE. UU., eran ingenieros de ascendencia musulmana y nacioalidad británica. Lo que pasó en Atocha, España, después, tuvo como correlato la dirigencia en los delitos de españoles nativos, dispuestos a seguir las sinrazones de sus predecesores en el tiempo. Este panorama aterrador sube de punto cuando nos damos cuenta de que no hay armas que destruyan esas alteraciones del espíritu hu- mano.

EE. UU. tuvo la desgracia complementaria de que en los tiempos de los ataques fuera presidente George Bush (h). A sus conocidas deficiencias intelectuales sumó una prepotencia sin límites, que no hesitó en atropellar los consejos de la alicaída Naciones Unidas, no dejó sitio libre de bombas en Afganistán y desató un genocidio sobre Irak, buscando armas químicas que no existían.

Barack Obama, lo más opuesto a Bush, es una llama de esperanzas. No podrá solu- cionar todo lo que destruyó su predecesor, pero EE. UU. tiene un hombre en la Casa Blanca que quiere basar sus actos en la razón y el diálogo. Proviene de una etnia des- preciada hasta hace poco tiempo.

Es posible que esa dura escuela del dolor haya posibilitado el desarrollo de una sensibilidad proclive a entender los extravíos de las mentes enceguecidas. Y eso haga posible que EE. UU. inicie una gran campaña para mostrar al mundo, no su poderío militar o económico, sino sus grandes valores morales, sus magníficos intelectuales y sus mejores filósofos y catedráticos. Esta lucha por hacer saber lo más excelso es factible que sea más exitosa que la amenaza de las armas. Los pueblos deben conocer, más que el numero de aviones y acorazados, el peso y la trascendencia que dejaron como legado Jefferson, Lincoln, Adams, F. D. Roosevelt, Kennedy y Carter.

La gran lección de aquel atentado está a la vista: con la intolerancia -cualquiera fuese su motivo y sea cual fuere el sector que lo provoca-, una señal evidente de barbarie, la humanidad no puede avanzar un solo milímetro.

http://www.ultimahora.com/notas/462185-El-atentado-contra-las-Torres-Gemelas-muestra-que-el-camino-de-la-intolerancia-es-equivocado

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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34 comentarios en “El atentado contra las Torres Gemelas muestra que el camino de la intolerancia es equivocado

  1. Increíble hallazgo

    Esta es la imagen suministrada por las autoridades del tren de aterrizaje de uno de los Boeing estrellado contra las Torres Gemelas.
    Trabajadores de una obra de la calle Murray, en el sur de Manhattan, encontraron partes del tren de aterrizaje de un avión Boeing. Al parecer, corresponde a una de las naves estrelladas contra las Torres Gemelas del World Trade Center.

    La policía de Nueva York tiene acordonada y muy custodiada la parte trasera del 51 Park Place en el 50 de la calle Murray, en el sur de Manhattan, en donde fue encontrado un trozo de un tren de aterrizaje de un avión Boeing.

    “Una parte de un tren de aterrizaje, aparentemente de uno de los aviones comerciales destruidos el 11 de septiembre de 2001, fue descubierta entre la parte trasera del 51 Park Place y la parte trasera del edificio de detrás, en el 50 de la calle Murray, en el sur de Manhattan”, anunció el vocero de la policía Paul Browne en un comunicado.

    La zona del hallazgo es relativamente cerca del lugar de los atentados.

    “La parte incluye un número de identificación claro de Boeing (…). La policía de Nueva York ha puesto bajo vigilancia el lugar como si fuera una escena de crimen, documentándolo fotográficamente y restringiendo el acceso hasta que los forenses completen su evaluación”, explicó.

    En algún momento de la indagación “se tomará una decisión sobre la excavación del suelo para buscar restos humanos”, se dio a conocer oficialmente.

    En el peor atentado terrorista contra Estados Unidos, la red Al Qaeda estrelló dos aviones de línea comercial contra el centro financiero del World Trade Center en el sur de Manhattan el 11 de septiembre de 2001. El número de víctimas superó los tres mil.

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    Publicado por Anónimo | 29 abril, 2013, 15:42
  2. 11 de septiembre, reflexiones después de una década

    Bruno Lima Rocha

    Escribo estas palabras en pleno 11 de septiembre de 2011, diez años después del llamado mayor atentado terrorista de la historia de la humanidad. Es difícil formular cualquier análisis de tipo retrospectivo una vez que casi todo ya fue dicho de dos maneras. Los enunciados públicos, verdaderas piezas propagandísticas de la guerra imperial contra Afganistán y el Irak, ya fueron mil veces reproducidos por los llamados medios empresariales corporativos, en la época muy insuflada por grupos económicos como la News Corp, del hoy parcialmente sin máscaras Rupert Murdoch. Los enunciados no públicos, se hicieron misión en contra de aquellos que se oponen a la tesis de guerras y choques de civilización y rechazan reproducir el imperialismo occidental bajo la forma de “democracia”. Mucho del periodismo y de los análisis políticos de la Internet en escala mundial toman ese partido, al cual este escritor modestamente se vincula, afilia y aporta un grano de arena más.

    Todos los que pronunciamos públicamente análisis, impresiones, opiniones y conflictos de opiniones, ya hablamos, y mucho, a lo largo de los últimos diez años, acerca de la década donde la Guerra contra el Terror impuso para el mundo su conflicto sin límite de terrenos y escenarios de operaciones móviles. Esta debe ser nuestra primera reflexión. En una escala de operaciones por encima de la media, los Estados Unidos asumen su vocación imperial y promueven un conflicto en escala planetaria, más allá de los escenarios complejos del Irak (un pantano sin salida alguna) y el escenario conjunto de Afganistán-Pakistán. La “Guerra contra el Terror” es una coordenada para un Estado-Mayor conjunto, este de tipo combatiente, llamado United Special Operations Command (Mando de Operaciones Especiales, equivalente a un Estado-Mayor de Operaciones Especiales, USSOCOM). A través de esta articulación de Grandes Unidades, y el brazo extendido del Joint Special Operations Command (JSOC), el Pentágono incluye una ideología de tipo “Seguridad Nacional” dentro del territorio de los 50 estados que componen el país, construido por el pacto oligárquico de las 13 colonias originarias. Así, la “Guerra contra el Terror” se aplica en escenarios diversos, en escala planetaria, incluyendo el escenario doméstico.

    Evaluar los efectos post11 de septiembre para la democracia americana, cuando la avanzada de los neo-conservadores y el estímulo del combate al terror integrista suman fuerzas y atropellan barreras legales y políticas, será objeto de un próximo artículo. El punto obligatorio aquí es citar, sólo para demarcar su relevancia, que la creación del Department of Homeland Security (DHS, equivalente al Ministerio del Interior) reorganiza una serie de agencias federales de los EUA (como el Servicio Secreto, la Inmigración, la Guardia Costera, Patrulla de Fronteras y Aduanas, entre otros) y estas así como el FBI (DEA, ATF, y US Marshals, entre otros), tienen prerrogativas sobre las fuerzas de seguridad de estados, condados y municipios. Esto implica, como mínimo, una tensión permanente entre la disidencia interna, las oposiciones civiles y contestatarias y los macro-designios del complejo industrial-militar y del poderío de los lobbies, como el del petróleo.

    Pero, como dije más arriba, el análisis de la política estadounidense post11 de septiembre, ya está destinado a otro texto. El momento es atenernos a otro reflejo después de los atentados y a las guerras de invasión recurrentes provocadas por estos. En escala global, el mundo cambió, es posible que nos estemos aproximándonos a un sistema descentrado –aunque tenga el mando militar directo de un Imperio tipo superpotencia– y cuyas oposiciones a la Globalización Transnacional Capitalista se ven atrapadas, ofuscadas más allá del Occidente, en función de la presencia integrista de un lado (el correcto sería afirmar de los integristas, de los jihadistas) y de la avanzada de la China y el nuevo bloque en formación (donde el Brasil se incluye y avanza), por otro. Y, como una pista interpretativa, esa puede ser una de las grandes modificaciones que vivimos hoy en el planeta en términos de opciones y alternativas.

    La tesis del choque de civilizaciones y de las visiones totales del uso de recursos y formas de acumulación en la Tierra no es algo exclusivo del momento en que vivimos. La exacerbación de ese combate, sí lo es. George W. Bush asume un gobierno a través de elecciones como mínimo sospechosas (fraudulentas para algunos críticos, donde me incluyo) y aplica la venganza como lema de su gobierno, garantizando que a pesar de su desastrosa administración fuera reelecto en una victoria arrasadora en 2004. Ya en la carrera electoral de 2008, dos proyectos, uno de tono levemente neo-keynesiano (el de Obama con Joe Biden y la bendición de Hillary y del lobby sionista de la AIPAC), compitiendo con un belicista y héroe de guerra, John Mccain y su impagable candidata la vice, Sarah Palin, apuntó a la necesidad de salida del modelo ya agotado de los EUA. Faltó avisar esa suspensión de pagos de proyecto a los poderes fácticos del Imperio, que hicieron del gobierno de Obama un infierno desastroso, y cuyo gran mérito en la política internacional fue eliminar a Osama Bin Laden.

    Retrocediendo el tiempo de la lucha Antiglobalización para comprender

    En 11 de septiembre de 2001, cuando los ataques contra las Torres Gemelas, el occidente volvía a respirar a través de una nueva izquierda que resucitaba con discursos renovados o rememorados (como el fortalecimiento de ideas-fuerza libertarias), buscando soluciones para el neoliberalismo arrasador. La China era ya una potencia, pero no tenía la proyección de hoy, aunque ya operara como Chimérica, siendo uno de los mayores compradores de títulos de la deuda estadounidense. Aquel año, al menos en términos de ideario, se forjaban un conjunto de ideas de modo a superar la democracia realmente existente, y se cicatrizaban las heridas de los pocos que aún eran “viudas” del horror societario (distribuctivista sí, pero totalitario), que fuera el “socialismo real”. Hasta la invasión de los EUA a Afganistán, iniciada en octubre de 2001, este país era gobernado –al menos sus centros de poder– por la facción victoriosa de la guerra civil post-derrota y retirada de la antigua Unión Soviética, en 1989 (entonces con largos diez años de penuria en las montañas desérticas en aquel Estado ficticio, siendo de hecho un territorio aún tribal), por un partido de estudiantes (Taleban), cuyos líderes fueron educados en escuelas religiosas (madrastas), con el apoyo financiero de las mismas redes comandadas por sauditas wahabitas (como el Sheik Osama Bin Laden), apoyadas por la CIA durante los años ’80 del siglo XX.

    El debate político en el mundo se hace, de nuevo, simplificado, pues de un lado estaría el conjunto de valores occidentales, concomitante con la apología demente al fundamentalismo de mercado y al Estado gendarme. Del otro, la igualmente bestial afirmación de la Umma y de la Avanzada Verde, esta vez bajo la interpretación integrista de la lucha justa en escala global. Hoy, en términos de proyectos globales, tenemos tres opciones fallidas y muchas veces no concurrentes, pero sí complementarias. El fundamentalismo de mercado, cuyo peor de los ejemplos es el fraude con nombre de crisis a partir de la operación de la burbuja inmobiliaria de los EUA; ese neo-bismarckismo (incompleto, es cierto), donde el Estado promueve empresas campeonas nacionales y recibe capitales transnacionales (desde que gestionan empleo directo) y financia el crecimiento a la base de venta de productos primarios, superexplotación de mano de obra o el conjunto de éstas (cómo es la base transversal de los BRICs); o entonces la propuesta aún beligerante y con cierta ascendencia en algunos territorios (como en Somalia, otra derrota estadounidense más), de una interpretación más o menos cerrada del integrismo (ahí se localiza una disputa entre Arabia Saudí e Irán, y la tentativa de influencia de estos Estados sobre las redes jihadistas), en que tampoco se toman en cuenta las libertades individuales y los derechos colectivos no hegemónicos.

    En ese promedio del último decenio, vivimos experiencias muy interesantes, como la de Oaxaca (México 2006), y el soplo de esperanza con la Primavera Árabe (“revolución de los jazmines” es un bello neologismo también aplicable), donde se cae la mascara de la falsa oposición entre gobiernos dictatoriales y un Occidente en guerra contra el terror integrista. La guerra clandestina, además de secuestrar (potencialmente a cualquiera y en cualquier parte del planeta), detener sin ninguna legalidad (como en Guantánamo, una aberración jurídica, un enclave imperial en Cuba), y a veces soltar sin juzgar, antes entregaba prisioneros para ser torturados en mazmorras árabes, en países como la Libia de Khadafi, la Siria de Assad y el Egipto de Mubarak. En este intervalo de tiempo el capitalismo desarrolló una solución esencial para las perspectivas neoliberales, cuando el problema de la acumulación económica es muy superior al problema de la libertad política. En este sentido, China apunta hacia los herederos de la Sociedad Mont-Pèlerin y los entusiastas del pacto neo-conservador (como el Tea Party de los EUA, insuflado por la Fox News de Murdoch y cia.), como una salida pinochetista en escala mil veces superior.

    La herencia del 11 de septiembre es para el Occidente que se opone a la Globalización Transnacional Capitalista, colocada como un problema a ser superado. No hay como negar el horror integrista; ni tampoco el terror de Estado de la acción imperial en Oriente Medio, en el Magreb y en la Asia Central; ni tampoco la opción de desarrollo capitalista a toda costa, agotando los recursos naturales y profundizando las fusiones y concentraciones de capital (como los proyectos del Plan IIRSA en América Latina y la acción de China en la África). Demarcar un campo de trabajo más allá de estas opciones totales (siendo también, bajo algunos ángulos, totalitarias), es un obstáculo a la política internacional de los movimientos populares y de contestación contra la Globalización Capitalista (hegemonizada por la Mundialización Financiera). El afirmar tal proyecto político, en el que se incluiría la base de la Justicia Social y Libertades Políticas y Derechos Individuales y Colectivos, teniendo como base del desarrollo el respeto por las culturas originarias y el equilibrio en el uso de los recursos naturales; está presente en todos los discursos más o menos legítimos. y a la vez ausente del horizonte de posibilidades a corto plazo.

    El 11 de septiembre y la Guerra contra el Terror, como que dieron carta blanca a lo peor de las fuerzas del capitalismo para hegemonizar a la ya pobre cultura política de los EUA. Esto sobre-dimensiona las fuerzas del fundamentalismo de mercado, que arremeten con todo e imponen la inconsecuencia total de sus actos. Un ejemplo de esta demencia fue que sobreviniera, generando desde el centro del sistema el mayor fraude financiero (y fiscal, y societario, y tal vez político) de la humanidad. Un día como hoy, además de respetar la memoria de las víctimas del ataque inhumano y absurdo (¡no hay causa que justifique el ataque contra inocentes!), debería servir para superar la manipulación mediática y la pobreza de los argumentos de liberales estériles, defensores del sistema de mercado y de las instituciones de la democracia representativa (delegativos y superficiales) realmente existentes. Este dibujo de poder fáctico y producción de sentido no genera nada además de un consenso fabricado en industrias de bienes simbólicos, y desarman así lo mejor del espíritu rebelde del Occidente. En estos diez años después de los ataques promovidos por el ex-aliado de los EUA, ya se hace hora de superar esta mentira sistémica alimentada por la desinformación estructural.

    http://www.estrategiaeanalise.com.br / blimarocha@gmail.com

    Publicación Barómetro 15-09-11

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    Publicado por jotaefeb | 15 septiembre, 2011, 10:20
  3. Los olvidados del 11-S
    Publicado el : 10 de septiembre 2011 – 4:39 de la tarde | Por Ana Fuentes

    Centenares de miles de víctimas y sobrevivientes latinoamericanos de los atentados del 11 de septiembre del 2001 quedaron excluidos tanto de los homenajes como de las ayudas oficiales.

    Se trata de personas que trabajaban en los restaurantes y oficinas de la zona, pero que nunca se contabilizaron en las listas de víctimas porque carecían de documentos y, por tanto, sus empleadores se negaron a reconocer que los habían contratado. Los que lograron salvarse viven hoy en un limbo sin derecho a cuidados médicos. Son los olvidados del 11S.

    Tomas Figueroa trabajaba en un restaurante junto a las torres gemelas, donde acomodaba la mercancía. Aquel 11 de septiembre siguió trabajando hasta que vio que se resquebrajaba la segunda torre. “En esos momentos te invaden los nervios, el miedo, no tienes conciencia del tiempo. Estaban cayendo muchos pedazos de metal ardiente, papeles, y los carros tenían ya los cristales rotos”, explica. Este mexicano del Distrito Federal, que ya vive 22 años fuera de su país, corrió y corrió hasta el metro y consiguió tomar uno de los últimos trenes antes de que se interrumpiera el servicio.

    Durante el primer año y medio posterior a los atentados, recibió atención médica gratuita mediante un programa de la ciudad de Nueva York, cuyos fondos se agotaron pronto. El problema es que muchas enfermedades derivadas de la nube tóxica, como asma, dificultades respiratorias, de digestión y lesiones, se manifiestan al cabo de los años, y eso fue lo que le ocurrió a Tomás, quien, hace un año y medio, empezó a sentir mucho dolor en el costado izquierdo, como consecuencia de lo cual le costaba cada vez más respirar. Lamentablemente, ya hacía tiempo que se le había acabado la ayuda.”Llamé al centro que suministraba ayuda para la revisión de ese tipo de dolores a causa de lo de las torres,” explica, “pero me dijeron que yo no aplicaba. Nunca entendí por qué, puesto que yo estaba trabajando ahí”, se queja.

    Estados Unidos es uno de los países con la atención sanitaria más costosa del mundo. Cuando el dolor ya era insoportable, Tomás acudió al hospital, donde le cobraron 5.000 dólares, suma que aún sigue pagando. Pese a que le constataron una mancha en el pulmón, ya no podía permitirse más exámenes médicos.

    Polémica ley
    A finales del año pasado, es decir diez años después, Washington aprobó la Ley de Compensación para quienes se enfermaran como consecuencia del 11-S, con 4.300 millones de dólares de presupuesto. La norma es muy controvertida por varias razones. En primer lugar, excluye de la compensación a enfermos de cáncer, pues considera que esta enfermedad no es consecuencia de la nube tóxica. Actualmente, varios miembros del Congreso norteamericano están intentando que se modifique este aspecto, ya que es un tema muy polémico en Estados Unidos. A pesar de ello, de momento sólo se da cobertura a los enfermos de ansiedad y afecciones respiratorias.

    En segundo lugar, esta ley solo beneficia a bomberos, voluntarios y rescatistas, y exclusivamente a los que posean documentos. En consecuencia, miles de inmigrantes indocumentados que trabajaron en la Zona Cero quedaron excluidos de tratamiento.
    Afortunadamente, pudieron salir adelante gracias a algunas asociaciones, entre ellas Tepeyac, una de las más importantes en la ayuda a inmigrantes hispanos indocumentados. Lo que nunca lograron es que los empleadores reconocieran que habían contratado a indocumentados.

    “Los empleadores nunca cedieron, no modificaron su actitud, aunque podían ayudar a las familias que habían perdido a seres queridos que eran sus empleados, que hubieran podido ser aceptados”, explica Joel Magallán, fundador de Tepeyac. “Si los empleadores hubieran accedido, entonces sus familias hubieran conseguido las ayudas del fondo federal para los afectados”.

    El número de casos podría ascender a centenares, incluso millares, nadie lo sabe. Tepeyac llevó el caso de unas 200 personas que sobrevivieron. Y de 60 desaparecidos consiguió documentos para 15, que se incluyeron en la lista oficial. El resto quedó en un limbo, no recibió atención médica, y sus nombres no se mencionaron en ningún homenaje.

    A los pocos días del atentado, la limpieza de la Zona Cero se encargó a empresas privadas que contrataron por hora a inmigrantes indocumentados. “Los contrataron y los pusieron a trabajar semanas. Y desde luego no figuran en ninguna lista; les pagan y ya. Lo que los trabajadores no sabían era que se iban a enfermar”, puntualiza Magallán.

    Enfermos y olvidados
    El drama de los enfermos es que nadie los volvió a contratar debido al deterioro de su salud. No podían asumir responsabilidades porque a menudo se sentían indispuestos, pero la mayoría soportaba mucha presión, ya que sus familias esperaban dinero cada mes. Las asociaciones, las iglesias y la Cruz Roja organizaron colectas y pudieron ayudar a estos afectados durante un tiempo. Pero en el 2008, la crisis económica acabó con todo. “Entonces los abandonamos”, reconoce Magallán con tristeza, “porque nos cortaron las ayudas y ya no pudimos atenderlos más”.

    Para Joel Magallán, los homenajes del 11-S diez años después son, en cierto modo, un teatro, una forma de mantener una imagen de Estados Unidos, pero sin tener en cuenta que miles de familias se han quedado sin sustento.

    “Debido a los ataques, se vino abajo la reforma migratoria, que era una esperanza para todos nosotros. Por el contrario, después de los atentados, nosotros resultamos ser culpables de lo que pasó, por ser inmigrantes”, comenta amargamente Tomás Figueroa.

    A juicio de Joel Magallán, Estados Unidos se empeña en velar por su imagen, pero es incapaz de conceder sus derechos a miles de personas. “Este país se chupa las vidas de inmigrantes indocumentados, mas no es capaz de hacer justicia y regularizar su situación, de darles trabajo honesto y con documentos para que no tengan que ocultarse por temor a que los deporten.”

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    Publicado por jotaefeb | 13 septiembre, 2011, 10:06
  4. El fotógrafo y el once de septiembre
    Publicado el : 11 de septiembre 2011 – 7:00 de la mañana | Por Klaas den Tek
    http://www.rnw.nl/espanol/article/el-fot%C3%B3grafo-y-el-once-de-septiembre

    En shock, los transeúntes miraban la humareda en el centro de Nueva york, hace diez años. Todos con el horror en su rostro. Aunque alguno que otro seguía impasible su camino.

    El fotógrafo holandés Guy van Grinsven se encontraba en el lugar con su cámara en el momento de los atentados. Sus imágenes recorrieron el mundo. Sin embargo, él preferiría no haber vivido ese día fatal.

    Le resulta difícil hablar del 11/9. Guy van Grinsven prefiere no ver las imágenes que tomó ese día. “Lo tengo en la mente. Ya eso me da suficiente problema. Fue fantástico haber estado allí como reportero pero, en retrospectiva, es un sentimiento ambiguo.”

    Guy van Grinsven (62) se encontraba en Nueva York para grabar un nuevo programa de televisión. Las primeras tomas habían sido planeadas para las nueve y media de la mañana, en el famoso restaurant “Windows of the World”, en lo alto de una de las Torres Gemelas. Justo a tiempo lo llaman por teléfono desde Holanda. Una de las famosas torres se estaba incendiando.

    “Nos dirigimos de inmediato hacia el lugar y vimos la torre en llamas. Nadie se dio cuenta en ese momento de lo que pasaba. La vida en Nueva York todavía continuaba con normalidad. Pero todo cambió cuando se derrumbó la primera torre. Ese ruido. El gemido de las torres que se desploman. Como si fueran los fantasmas de las personas que morían allí adentro. Fue terrible.”

    Estoico
    Van Grinsven toma inmediatamente su cámara para registrar las emociones del público presente. Esas imágenes recorrerían más tarde el mundo entero. La imagen de un hombre que, durante varios minutos, mira boquiabierto e incrédulo el lugar donde alguna vez había dos torres gemelas. Completos extraños intentan consolarse entre sí. Pero también hay un hombre que sigue caminando, estoico. Palpa su bolsillo para comprobar que aún lleva sus llaves en el pantalón.

    Van Grinsven: “También encontré una artista que estaba dibujando las torres. Después de su derrumbe, ella miró hacia arriba y siguió dibujando algo que ya no existía. Quise comprarle el dibujo pero no fue posible en ese momento. Insistí más tarde y lo logré.”

    Van Grinsven también recoge papeles de la calle, como en un arrebato de locura. Los ha guardado en un sobre grande. Contratos de alquiler chamuscados, memos, hojas de papel. “Todavía huelen a polvo, a humo y a quemado. Ese olor que permaneció en Nueva York por varias semanas, me trae de inmediato los recuerdos a la memoria.”
    Sorprendentemente, la catástrofe también cambió la ciudad de manera positiva. Según Van Grinsven, antes era una ciudad impersonal. “Cada uno para sí mismo y Dios para todos. Ahora son más amables, y se alegran de volverte a ver. Es un pueblo optimista. Nunca olvidarán a los suyos, pero la vida continúa.”

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    Publicado por jotaefeb | 13 septiembre, 2011, 10:05
  5. Neoyorquinos olvidan la Zona Cero con el Memorial del 11-S

    Por Emilio López R., de EFE

    NUEVA YORK – EE. UU.

    Los neoyorquinos recuperaron el simbólico lugar que los terroristas les robaron en el sur de Manhattan tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, con la apertura de las puertas al público del nuevo Memorial del 11-S en la antigua Zona Cero.

    “Este es un lugar en el que nadie ha puesto un pie en 10 años. Es una mañana maravillosa”, afirmó el presidente del Memorial del 11-S, Joe Daniels, quien subrayó que el lugar para recordar a las víctimas de los atentados tiene un significado especial para los familiares, pero también es “para todos” de los neoyorquinos.

    Inaugurado formalmente este domingo en el marco de los actos centrales con motivo del décimo aniversario del 11-S, al que solo asistieron los familiares de las víctimas, el Memorial abrió hoy sus puertas al público presidido por dos imponentes piscinas emplazadas en el lugar exacto donde se alzaban majestuosas las Torres Gemelas.

    A su alrededor están grabados en bronce los nombres de las 2.983 personas que murieron el 11-S en Nueva York, incluidos los miembros de los servicios de emergencia, y los fallecidos en el Pentágono, y en Pensilvania, así como los de los muertos en el primer atentado contra el World Trade Center en 1993.

    Uno de los nombres inscritos en bronce en el Memorial es el de John Katsimatides, que aquella fatídica mañana trabajaba en las torres. Su hermana Anthoula no pudo esconder su emoción al ver que el lugar donde falleció su hermano hace ahora diez años está “tan lleno de vida”.

    “Fue un sitio caótico y oscuro, y ahora ha sido transformado en un espacio de belleza, gracia y luz”, afirmó a Efe Katsimatides, cuya familia todavía no ha podido recuperar los restos de John, al igual que el 40 por ciento de los que perdieron a alguien en las Torres Gemelas por el atentado de la red terrorista islamista Al Qaeda.

    Esta neoyorquina del barrio de Queens, ejecutiva de cuentas del mundo de la publicidad y reconvertida en actriz, productora y escritora tras el mazazo del 11-S, dijo estar “encantada” de visitar el Memorial, un lugar cuya primera impresión le dejó una “alegría tremenda” y que le llena de “esperanza e inspiración”.

    Los responsables del Memorial optaron por no grabar los nombres en orden alfabético sino en nueve grandes grupos y distribuidos en función de las relaciones personales que había entre ellos, y varios dispositivos electrónicos situados en diferentes puntos del parque permiten localizar el lugar exacto de cada víctima.

    “Los neoyorquinos, los estadounidenses y los turistas de todo el mundo tienen ahora un lugar bonito y digno para rendir tributo a la memoria de los 2.983 hombres, mujeres y niños que perdimos en los trágicos ataques del 11-S”, afirmó el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, con motivo de la apertura.

    El nuevo parque está poblado con un bosque de 400 robles entre los que destaca un peral rescatado de entre los escombros de las Torres Gemelas, e incluirá también un museo cuyas obras siguen adelante y no se espera que estén concluidas hasta dentro de un par de años.

    Las autoridades de Nueva York mantienen unas férreas medidas de seguridad en la apertura de este lugar simbólico de recordación de las víctimas de ese atentado.

    Inaugurado el domingo con los actos centrales con motivo del décimo aniversario, al que solo asistieron los familiares de las víctimas, el Memorial abrió desde ayer sus puertas al público en general.

    EL MONUMENTO

    Según Joe Daniels, el nuevo Memorial se diseñó con la idea de “unir a la gente”, y uno de sus arquitectos, Michael Arad, resaltó el “poder extraordinario” que supone haberlo construido en el mismo lugar donde hace ahora 10 años perdieron la vida casi tres mil inocentes. “Como diseñadores, nuestro reto fue que tuvimos que encontrar la manera de mostrar ese poder sin alterarlo, sin adornarlo o exagerarlo, simplemente dejar que saliera la historia del monumento”, indicó.

    La entrada es gratuita, aunque hay un sistema de reservas por internet.

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    Publicado por jotaefeb | 13 septiembre, 2011, 10:01
  6. El sueño de paz unió a Münich con Nueva York

    En el décimo aniversario del atentado contra las torres gemelas

    MÜNICH, lunes 12 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- “Sentimos un desconsuelo moral contra los fanáticos que asesinaron a mi hermano, contra el destino imprevisible que le llevó a estar en el lugar equivocado en el momento equivocado”.

    En Münich, en Marstallplatz, la conexión audio-video con Nueva York hace palpable el silencio atento del público de líderes religiosos convocados por la Comunidad de San Egidio para el congreso “Bound to live together. Destinados a vivir juntos”, ayer domingo, cuando todo el mundo recordó el décimo aniversario del atentado contra las Torres gemelas de Manhattan.

    El cielo estaba azul y hacía un calor insólito para esta estación en Alemania: un tiempo tan feliz parecía poco adecuado para la celebración que a las 14,46 – las 8.46 en Nueva York, la hora del ataque – conmemoró las 2.997 víctimas del odio fanático.

    “Para muchos, como para mi hermano, no hubo alternativas – prosigue Coleen Kelly, la hermana de Bill, muerto atrapado en el piso 106° de la Torre 1, donde se encontraba absolutamente por casualidad para asistir a una conferencia – pero, después del 12 de septiembre, el pueblo americano y la comunidad global podían elegir cómo debían haber respondido al terror”.

    “Quien recogió los últimos mensajes de las personas que iban a morir – reflexiona Kelly – constató que ninguno de ellos decía ‘matémosles’ o gritaba venganza”. El último pensamiento era para los seres queridos, “en la mayor parte de los casos eran palabras de amor”.

    “Hay un mensaje fuerte – afirma Kelly – para quien está dispuesto a escuchar, y es que nuestra elección puede ser creativa y a favor de la vida, o destructiva como la violencia inicial”.

    “Diez años después – afirmó durante la conmemoración el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Münich y Frisinga, diócesis que acoge el congreso – la herida del 11 de septiembre no es fácilmente restañable, pues las consecuencias de este acto de desprecio hacia la humanidad se sienten aún hoy”.

    La violencia, de hecho, “se perpetua en los conflictos, en cada nueva reacción de violencia y de contraposición. Es una cadena cuyo fin no se consigue ver aún”. “Esta celebración – precisó el purpurado – nos pide que reflexionemos de nuevo. Se trata de una memoria en sentido amplio, de un recuerdo que sea compromiso”.

    “Yo prometo a mi padre – añadió también en conexión desde Nueva York Emily Aoyama, hija de David, muerto a los 48 años en el vuelo número 11 del American Airlines de Boston a Los Angeles, el primero que impactó en las Torres Gemelas – y a todas las víctimas de esta tragedia, que es el símbolo de todas las tragedias sucedidas durante la primera terrible década del siglo XXI, que no han muerto en vano, y que trabajaré para construir un camino hacia una paz duradera”.

    Mientras la voz emocionada de Emily Aoyama llena la Marstallplatz, un avión traza una estela blanca en el cielo, casi materializando esos recuerdos grabados por las imágenes de innumerables telediarios o sitios de Internet que cada uno lleva dentro.

    “Las imágenes de las dos torres del World Trade Center – recordó mientras tanto el cardenal – se han impreso profundamente en la memoria de la humanidad”. “Todos – prosiguió el cardenal – recordamos esa jornada, recordamos qué hicimos ese día, qué nos conmovió”.

    En la plaza, en la ejecución musical que acompaña la conmemoración con la voz cálida del gospel y la dulcura de la viola, irrumpe la violencia del tambor, trayendo bruscamente el golpe y la turbación. Toques de campana aluden a la pregunta sobre la fragilidad de la vida humana.

    Líderes religiosos, budistas, judíos, musulmanes junto a católicos y ortodoxos reflexionan sobre el papel de las religiones para la paz.

    “Es un error – dijo a ZENIT Antonios Naguib, patriarca de Alejandría de los coptos católicos – que en las celebraciones de la Zona Cero no hayan estado presentes los representantes religiosos. La separación entre religión y Estado puede llevar a Europa y América al riesgo de eliminar no sólo los símbolos religiosos, sino la propia religión de la vida del hombre, en la que el anhelo religioso es en cambio insuprimible”.

    “Hace unos años – explicó a ZENIT Gregorios III Laham, patriarca de Antioquía de los greco melquitas – estuve en la Zona Cero para una conmemoración, y recordé cómo el misterio del mal no puede prevalecer para los cristianos sobre el de la Resurrección. Perder la esperanza en la paz y en el bien es negar la vida”.

    “El título de este congreso, ‘bound’ – y entrelaza los dedos de las manos para subrayar la eficacia del término – lo dice todo: estamos todos unidos y debemos seguir adelante juntos”.

    Un coro de niños se une a la ejecución para cantar el himno a la paz de Konstantia Gourzi. “Un mundo para todos los pueblos”, cantan los niños, y canta con ellos también la primera fila de invitados, donde están presentes las autoridades civiles, incluido el joven presidente de la República Federal de Alemania, Christian Wulff. Más tarde, en la inauguración oficial del congreso, afirmó con convicción: “La religión nunca da licencia para matar”.

    “Ciertamente – dijo en su intervención en la conmemoración el cardenal Marx –, es necesario defenderse de quienes con violencia y una inimaginable fantasía del mal actúan contra personas inocentes y desean sólo la destrucción total”.

    “Pero nuestra respuesta – subrayó el arzobispo de Münich – debe ser más grande, más amplia y profunda”. Esto significa que “los Estados Unidos y toda la civilización occidental, la entera comunidad mundial, es decir, quienes fueron el objetivo del ataque, deben encontrar nuevas respuestas de paz y de convivencia en un mundo global. Un mundo en el que las distintas culturas, religiones e ideas deben y pueden tener un lugar”.

    “Dejad que este sueño sea cierto”: concluyó así el himno a la paz en la Marstallplatz, el 11 de septiembre de 2011.

    Por Chiara Santomiero, traducción del italiano por Inma Álvarez

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    Publicado por jotaefeb | 13 septiembre, 2011, 05:40
  7. Nueva York recuerda su día más trágico

    Diez años después de los ataques a las Torres Gemelas del World Trade Center, el presidente Barack Obama y su predecesor George Bush, participaron en la ceremonia en memoria de las cerca de 3000 victimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

    El presidente Barack Obama encabezo la conmemoración junto a la primera dama, Michelle Obama, y del ex presidente George W. Bush y su esposa, Laure. Ocupando su lugar en la tribuna, en una breve introduccion a la ceremonia, el presidente Obama cito el Salmo bíblico N° 46 :” Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, una ayuda muy presente ante las dificultades”.

    Poco después a las 08h46 locales, Nueva York observó un minuto de silencio, mancando el momento exacto cuando el primero de los aviones secuestrados impactó en una de las torres del World Trade Center. Seria el primero de los seis momentos de silencio que se observaron durante la ceremonia en la Zona Cero: uno por cada impacto en las torres, otro por el ataque al Pentágono, otro por el vuelo 93 que se estrelló en Pensilvania y otros dos por el instante en que se derrumbaron cada una de las torres.

    Una inmensa bandera fue desplegada en el lugar y otra fue izada sobre la torre 1World Trade Center, en construcción. Familiares de los fallecidos participaron en la ceremonia, leyendo uno a uno los nombres de las victimas de los atentados.

    También estaban presentes el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, el ex alcalde de la ciudad Rudolph Giuliani, y los gobernadores de Nueva York y Nueva Jersey.

    -Familiares de las victimas descubren el Monumento Recordatorio del 11 de septiembre

    Parientes y allegados de las victimas de los ataque del 11 de septiembre de 2001 y del atentado previo de 1993 en el mismo lugar, pudieron ingresar por vez primera este domingo al monumento conmemorativo. Un memorial que contempla dos plazas con forma de las huellas de las Torres Gemelas y caídas de agua de 9,1 metros. Alrededor de los perímetros de las fuentes se encuentran los nombres de las victimas de los ataques A partir del lunes, el monumento quedará abierto al publico.

    Otra muestra de reconstrucción del lugar a pesar de un comienzo vacilante. El nuevo One World Trade Center, emblemático edificio del lugar y destinado a ser el mas alto de Estados Unidos.

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    Publicado por jotaefeb | 12 septiembre, 2011, 19:05
  8. Lecciones del 9-11

    Roberto Torres Collazo
    Activista puertorriqueño residente en Massachussets
    Adital

    Son muchas las lecciones que podemos o debemos aprender del trágico 11 de Septiembre. Muchos en diez años hemos aprendido, otros no y los siguientes, tienen sus dudas. Sea como sea, si no hemos aprendido nunca es tarde para aprender. Algunas enseñanzas que podemos aprender son:

    A no invadir países, como por ejemplo Afganistán e Irak. En ambos casos se presentaron supuestas pruebas. En el caso de Afganistán se tenían “pruebas” de que Bin Laden fue el culpable del ataque terrorista. En este caso todos sabemos que las presuntas pruebas se las repartieron solamente entre dos gobiernos: Inglaterra y Estados Unidos y sus ciudadanos nunca las vieron. Lo que fue para buscar a Bin Laden se convirtió en poco tiempo en una invasión y una guerra. Una guerra que por cierto actualmente no goza de mucha popularidad entre los estadounidenses.

    A no aceptar ciegamente declaraciones de ninguna autoridad, sea política, militar, científica o religiosa, aunque se presenten pruebas. No olvidemos al ex-Secretario de Estado Collin Powell que se presentó en el 2003 ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, mostrando al mundo supuestamente “pruebas” de que Saddam Hussein en Irak tenía armas de destrucción masiva apuntando hacia Estados Unidos. Al final, ¡no se encontró ni un pirotécnico!

    Que el terrorismo no se puede combatir con más violencia. Todos sabemos de las amenazas, intentos, desmantelamiento de planes, los ataques en Indonesia, España, Inglaterra, Palestina y Noruega, entre muchos otros, no han disminuidos en diez años. Es un hecho que la violencia engendra más violencia.

    A no juzgar a todos los religiosos de una determinada religión por un grupo, de dos o tres terroristas. Estudios y encuestas muestran que la mayoría de los musulmanes, cristianos y judíos no son terroristas. La historia de las tres grandes religiones del mundo el Judaísmo, el Islam y el Cristianismo nos demuestran que a lo largo de la historia las guerras y el terrorismo han sido producto por un pequeño grupo de terroristas religiosos. Hoy Al Quaeda por parte del Islam, el noruego Anders Behring Breivik quien atacó el centro de Noruega y la isla Utoya, es cristiano y el gobierno de judío de Israel en Palestina. El terrorismo puede venir desde cualquier ideología o creencia.

    Podemos aprender a no ser acríticos de los ejércitos del mundo. En el 2004 salió a la luz pública las torturas en Irak del ejército estadounidense contra los “enemigos”. No eran unas cuantas “manzanas podridas”, las órdenes venían de las altas esferas militares. Así como de las torturas en la Base de Guantánamo confirmadas por la Cruz Roja Internacional.

    Quizas en un futuro cercano podamos aprender que el costo económico de las guerras que nos sale muy caro, más aún cuando estamos actualmente en una encrucijada, a punto de caer en otra recepción. Algunos estimados indican que se han gastado entre $4 y $6 billones en las guerras, que bien podrían usarse para ayudar a restablecer la mal parada economía de la nación, desarrollar empleos, restablecer los presupuestos estatales, asegurar los servicios sociales para mayores de edad y niños pobres.

    Otra enseña, es que la superioridad tecnológica militar no garantiza la vida de los inocentes. Todos sabemos por la prensa los cientos de mujeres, niños, ancianos y enfermos asesinados por las mal llamadas “bombas inteligentes”. A las víctimas civiles los altos mandos le llaman daños colaterales, un eufemismo para encubrir los errores, mejor, los horrores de las guerras.

    Una lección muy importante, es que nos duele las pérdidas de nuestra gente que fallecieron en las Torres Gemelas, la pérdida de nuestra privacidad a causa de la vigilancia excesiva, la destrucción de las infraestructuras, quizás podemos entender de los dolores y sufrimientos que sienten otros hermanos en otros países que son invadidos, destruidos, humillados, cuando son masacradas las mujeres, niños, enfermos y ancianos que han sido víctima de la violencia a manos del gobierno de Estados Unidos y de otros gobiernos en nombre de la supuesta seguridad.

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    Publicado por jotaefeb | 12 septiembre, 2011, 18:35
  9. 11/09/01: Cuando los beatos matan
    Enrique Vargas Peña

    Santo Tomás de Aquino es Doctor Angélico y Seráfico de la Iglesia Católica Apostólica Romana, venerado como tal desde el 11 de abril de 1567 por decisión de Su Santidad el papa Pío V. La Iglesia reconoce a algunos pocos santos la categoría de doctores para evocar “su erudición como eminentes maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos” (http://ec.aciprensa.com/d/doctoresiglesia.htm).

    Sostiene Santo Tomás en el Artículo 8 de la Cuestión 10 de la Parte Segunda de su “Suma Teológica” que “Entre los infieles hay quienes nunca aceptaron la fe, como son los gentiles y los judíos. Estos, ciertamente, de ninguna manera deben ser forzados a creer, ya que creer es acto de la voluntad. No obstante, si se cuenta con medios para ello, deben ser forzados por los fieles a no poner obstáculos a la fe, sea con blasfemias, sea por incitaciones torcidas, sea incluso con persecución manifiesta. Este es el motivo por el que los cristianos promueven con frecuencia la guerra contra el infiel. No pretenden, en realidad, forzarles a creer (ya que, si les vencen y les hacen prisioneros, deben dejarles en libertad de creer o no creer), sino forzarles a no poner obstáculos a la fe de Cristo”.

    “Hay, en cambio, infieles que en algún tiempo recibieron la fe y conservan aún cierta profesión de la misma, como los herejes o cualquier otro tipo de apóstata. Este tipo de infieles deben ser forzados, incluso físicamente, a cumplir lo que prometieron y a mantener lo que una vez aceptaron” (http://hjg.com.ar/sumat/c/c10.html#a8).

    Y, para estos últimos, en el Artículo 3 de la Cuestión 11 de la Parte Segunda de su “Suma Teológica”, Santo Tomás sostiene que “En los herejes hay que considerar dos aspectos: uno, por parte de ellos; otro, por parte de la Iglesia. Por parte de ellos hay en realidad pecado por el que merecieron no solamente la separación de la Iglesia por la excomunión, sino también la exclusión del mundo con la muerte. En realidad, es mucho más grave corromper la fe, vida del alma, que falsificar moneda con que se sustenta la vida temporal. Por eso, si quienes falsifican moneda, u otro tipo de malhechores, justamente son entregados, sin más, a la muerte por los príncipes seculares, con mayor razón los herejes convictos de herejía podrían no solamente ser excomulgados, sino también entregados con toda justicia a la pena de muerte”.

    “Mas por parte de la Iglesia está la misericordia en favor de la conversión de los que yerran, y por eso no se les condena, sin más, sino después de una primera y segunda amonestación (Tit 3,10), como enseña el Apóstol. Pero después de esto, si sigue todavía pertinaz, la Iglesia, sin esperanza ya de su conversión, mira por la salvación de los demás, y los separa de sí por sentencia de excomunión. Y aún va más allá relajándolos al juicio secular para su exterminio del mundo con la muerte. A este propósito afirma San Jerónimo y se lee en el Decreto: Hay que remondar las carnes podridas, y a la oveja sarnosa hay que separarla del aprisco, no sea que toda la casa arda, la masa se corrompa, la carne se pudra y el ganado se pierda” (http://hjg.com.ar/sumat/c/c11.html).

    Hace diez años, un día como hoy, el 11 de setiembre de 2001, Osama ben Laden logró asesinar a más de tres mil personas en Estados Unidos estrellando tres aviones de pasajeros contra las Torres Gemelas del Centro Mundial de Comercio de Nueva York y el Pentágono (ministerio de Defensa de EEUU). Un cuarto avión se estrelló antes de llegar al objetivo debido al heroísmo de sus pasajeros, que prefirieron luchar antes que esperar pasivamente a que los enviados de Ben Laden lograran su objetivo.

    Según Lawrence Wright, quien hizo uno de los estudios detallados sobre la vida de Ben Laden, Osama ben Mohamed ben Awad ben Laden fue educado por píos wahabitas (el wahabismo es un movimiento inspirado por Mohamed ben Abd al Wahab, quien proponía mantener la pureza del Islám) y aunque estudió administración de empresas en la Universidad Rey Abdulaziz, su principal interés en sus años de estudio era la religión, la caridad y el estudio del Corán (http://en.wikipedia.org/wiki/Osama_bin_Laden).

    El 2 de agosto de 1990, el entonces dictador de Irak, Saddam Hussein, invadió Kuwait. Este acto fue visto por la familia Al Saud, reinante en Arabia Saudita, como una amenaza directa, que requería una respuesta.

    Una de esas respuestas fue ofrecida por Ben Laden: Movilizar a sus bien entrenados guerrilleros, curtidos en la (Primera) Guerra de Afganistán contra los comunistas, para defender la Tierra Santa, el País de las Dos Mezquitas, Arabia Saudita.

    La realeza saudita, sin embargo, optó por la seguridad de una coalición encabezada por Estados Unidos que estacionó tropas en territorio saudita.

    En una extensa carta dirigida a Fahd, rey saudita, publicada en 1995, Bin Laden explicó claramente lo que la presencia de esas tropas no musulmanas implicaba en términos de fe: “No existe duda ni controversia alguna entre los doctores sobre que tener a infieles como aliados y darles soporte contra los musulmanes es definitivamente contrario a las enseñanzas del Islam… Dios Todopoderoso dice ‘Oh aquellos que creen! No tomen a los judíos o a los cristianos como aliados o protectores; ellos no son sino aliados y protectores entre ellos. Y aquel de entre ustedes que se torna a ellos por protección, es uno de ellos’. Sura 5:51” (http://www.answers.com/topic/open-letter-to-king-fahd-from-bin-laden).

    Por esas razones, idénticas en todo a las planteadas por Santo Tomás, Osama ben Laden empezó a matar a cristianos al menos desde el primer atentado contra las Torres Gemelas, en 1993: “…si se cuenta con medios para ello”, (los infieles) “deben ser forzados por los fieles a no poner obstáculos a la fe… Este es el motivo por el… promueven con frecuencia la guerra contra el infiel”.

    De modo que en agosto de 1996, Ben Laden publicó en “Al Quds Al Arabi” su “Declaración de Guerra contra los americanos ocupantes de la Tierra de los Dos Lugares Sagrados”.

    En los años transcurridos desde el infausto 11 de setiembre de 2001 no ha habido tregua ni paz. Religiosos del estilo de Santo Tomás y de Ben Laden han convertido a nuestro planeta en un lugar inseguro, matando y muriendo (autocalificándose de mártires) en su perpetua lucha contra la libertad.

    A cada medida que se toma para prevenir nuevas masacres, estos beatos responden con nuevas e imaginativas formas de matar. Anders Behring Breivik, un cristiano noruego digno del Doctor Angélico, mató a 92 de sus compatriotas a los que consideraba cómplices de la islamización de Europa.

    Hace diez años, yendo a cubrir los preparativos para la (Segunda) Guerra de Afganistán, escribí una crítica al libro “Choque de Civilizaciones” (1996) de Samuel Huntington (1927-2008) que se publicó en este mismo diario.

    Hoy creo que Huntington tenía razón y que las culturas formadas por religiones militantes y proselitistas son la principal amenaza para la paz y la libertad del mundo y que mientras los que creemos en la libertad actuemos como si los criaderos de estos beatos religiosos no existiesen, indiferentes ante su crecimiento y consolidación, estos criaderos seguirán produciendo asesinos, asesinatos, guerras y tiranía, como lo han hecho desde siempre.

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    Publicado por jotaefeb | 12 septiembre, 2011, 18:16
    • FORZADO PARALELISMO

      Un texto fuera de contexto es un pretexto, al leer la columna de opinión titulada de manera tendenciosa “11/09/01: Cuando los beatos matan” (de Enrique Vargas Peña) me vino a la mente dicha frase pues de otra manera no se puede entender el paralelismo que realiza de manera forzada el autor entre el pensamiento de Santo Tomás de Aquino y la acción de un grupo terrorista de inspiración fundamentalista islámica sunita wahabita.

      Me parece una falta de honestidad intelectual juzgar el pensamiento de Santo Tomás con los paradigmas actuales, las ideas expuestas en su Suma Teológica constituyeron un enorme avance en el respeto a la dignidad humana en su tiempo y estamos hablando del siglo XIII. Todas las ideas deben ser juzgadas en el contexto histórico en que se desarrollaron.

      Al mismo tiempo, considero una falta de sensibilidad utilizar hechos que a todos nos lastima en nuestra humanidad como pretexto para atacar a las religiones –dicho sea de paso parece ser que el autor tiene una predilección especial hacia la Iglesia Católica– pues los excesos en que cayeron una pequeña minoría –porque son exactamente eso, una minúscula minoría– como regla para juzgar a toda una fe. Aprovecho para recomendar al autor cualquier documento del magisterio católico con referencia al diálogo ecuménico e interreligioso.

      Y para finalizar quisiera expresar que con el mismo razonamiento que utiliza el autor puedo con toda justicia decir que la ideología que él sostiene si que es la que mata, si no pregúntenle a Robespierre con su “Terror” y a sus amigos jacobinos.

      E.I. Rodríguez

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      Publicado por jotaefeb | 12 septiembre, 2011, 18:17
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    Publicado por jotaefeb | 12 septiembre, 2011, 15:13
  11. 11 y + 11S que cambiaron el mundo (o contribuyeron decisivamente a ello)

    Si a cualquier persona de nuestra generación nos preguntan qué imagen llevas asociada al 11 de septiembre, no dudaría en responder que el ataque terrorista contra las Torres Gemelas en 2001. Algunos, incluso, señalarían esta barbarie como el acontecimiento más importante acaecido en ese día a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, siendo un hecho de una enorme relevancia, no es, ni de lejos, el único ni posiblemente el más impactante, trascendente o determinante en nuestro devenir sobre la Tierra. Por ello, te dejo por aquí una relación de otros de los 11 de los acontecimientos más sobresalientes acontecidos un 11 de septiembre en la historia de la humanidad…

    1609: en España se da la orden de expulsión contra los musulmanes no convertidos de Valencia; este será el inicio de la expulsión de todos los musulmanes de España.
    1714: en la Guerra de Sucesión Española, Barcelona y con ella las tropas imperiales cae ante las tropas borbónicas; por ello es proclamado Día Nacional de Cataluña.
    1853: el telégrafo eléctrico se utiliza por primera vez.
    1906: Mahatma Gandhi inicia su Movimiento de No Violencia.
    1929: primer vuelo del autogiro (antecedente del helicóptero) cruzando el Canal de la Mancha.
    1940: George Stibitz, hace la primera operación remota desde un teléfono hacia una computadora.
    1943: en Minsk y Lida, los nazis comienzan el exterminio del ghetto judío.
    1965: a Vietnam llega la Primera División de Caballería estadounidense.
    1973: un golpe de estado en Chile, dirigido por el general en jefe del ejército Augusto Pinochet, derroca al gobierno socialista del presidente Salvador Allende y da inicio a un régimen militar que duraría diecisiete años.
    1978: Jimmy Carter (presidente de EEUU), Saddat (presidente de Egipto), y Begin (primer ministro de Israel) se encuentran en Camp David y acuerdan un marco para la paz entre Israel y Egipto y una paz extensa en Oriente Medio.
    1982: las fuerzas internacionales que estaban garantizando la seguridad de los refugiados palestinos, abandonan Líbano tras la invasión por parte de Israel. Cinco días después, varios miles de refugiados son masacrados en los campos de refugiados de masacre de Sabra y Chatila por falangistas cristianos maronitas.

    Y, sí, el 11 de septiembre de…

    2001: en EE. UU., suceden atentados en las Torres Gemelas (en Nueva York), al Pentágono (en Washington) y a un avión (en Somerset, Pensilvania). Casi 3000 personas fallecen, y el grupo Al Qaeda (encabezado por Osama bin Laden), es señalado como el presunto autor de dichos ataques. Desde entonces este día se conoce como 11 S (en los países de habla inglesa 9/11).

    Pero hay más…

    1541: en Guatemala, un terremoto destruye totalmente la ciudad de Guatemala.
    1609: Henry Hudson es el primer europeo que llega a la isla de Manhattan.
    1847: en un bar de Pittsburgh (Pensilvania) se interpretan por primera vez las notas de la canción de Stephen Foster, Oh! Susanna.
    1857: ocurre la Masacre de Mountain Meadows.
    1897: en Etiopía, generales de Menelik II capturan (después de meses de persecución) a Gaki Sherocho, el último rey del Reino de Kaffa, lo cual significó el final de este antiguo reino.
    1898: Isabel de Wittelsbach (llamada Sissi), emperatriz de Austria-Hungría, es apuñalada por el anarquista italiano Luigi Lucheni, en Ginebra.
    1919: EEUU invade Honduras.
    1941: en EEUU empiezan las excavaciones para la construcción del Pentágono.
    1951: Florence Chadwick atraviesa nadando el Canal de la Mancha desde Inglaterra hasta Francia, siendo la primera mujer que completó la travesía en ambas direcciones.
    1954: Elección de la primera Miss América.
    1961: Fundación de World Wide Fund for Nature (WWF) (Fondo Mundial para la Naturaleza).
    1962: Inglaterra: The Beatles termina de grabar su primer single Love Me Do.
    1977: un millón de personas se manifiestan en la ciudad de Barcelona para pedir el retorno de las instituciones de autogobierno, con ocasión de la Diada, fiesta regional de Cataluña.
    1981: el Museo de Arte Moderno de Nueva York entrega a España el Guernica, el más célebre de los cuadros de Picasso, pintado en 1937.
    1989: El telón de acero se abre entre la Hungría comunista y Austria. Desde Hungría, miles de alemanes del Este salen en tropel hacia Austria y Alemania Occidental.
    1991: la URSS decide retirar sus tropas de Cuba, calculadas en 11 000 hombres.
    1992: en Pakistán y el norte de la India, las tormentas monzónicas causan la muerte de 2000 personas.
    1992: el huracán Iniki, uno de los más dañinos huracanes en la historia actual de EE. UU., devasta el estado de Hawái, especialmente las islas de Kaua’i y Oahu.
    1995: protestas masivas ante el regreso de la amenaza nuclear tras las pruebas nucleares realizadas en el Pacífico Sur por parte de Francia.
    1997: Escocia vota para restablecer su propio Parlamento, después de 290 años de unión con Inglaterra en el 700 aniversario de la Batalla de Stirling Bridge, por la influencia de la película ‘Braveheart‘ del actor y director australiano Mel Gibson.
    Y muchos más…

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    Publicado por jotaefeb | 12 septiembre, 2011, 11:26
  12. La prensa opina
    11-S: “El debate debe continuar”

    Los atentados del del 11-S en EE. UU. y sus consecuencias para el mundo son
    analizados por editorialistas.

    The Independent, de Londres: “Como consecuencia de los atentados del 11
    de septiembre de 2001 se constata, en principio, que la opinión pública
    en los países musulmanes se ha apartado de EE. UU., especialmente en
    Pakistán, donde la oposición contra el conflicto militar en Afganistán
    ha convertido a este aliado histórico de EE.UU. en un bastión de
    sentimientos anti-estadounidenses. Otras pérdidas que hemos sufrido son
    las limitaciones de las libertades ciudadanas y las numerosas y graves
    restricciones que tenemos que soportar al viajar. Muchos piensan que Blair
    y Bush despertaron con sus reacciones militarizadas a los ataques
    terroristas las mismas energías que intentaban sofocar. Si queremos salir
    poco a poco de la sombra de este día aciago, el debate debe continuar.”

    “Instrumentalización del terror”

    Tageszeitung, de Berlín: “No sólo los medios liberales y la
    intelectualidad critican en EE. UU. la instrumentalización del terror
    llevada a cabo por políticos de derecha, sino también el común de la
    gente. Están de duelo. Recuerdan. (…) Y no ven con buenos ojos que su
    país se haya preparado para ese día como para una guerra. Sobre todo el
    estado de alerta por nuevos atentados desconcierta a los habitantes de
    Nueva York y Washington. Muchos no saben qué es peor: si el miedo a un
    nuevo ataque terrorista o la falta de confianza en la honestidad del
    Gobierno. Después de todo, es época de campaña electoral. Y se preguntan
    qué es verdad y qué es circo político. Claro que se debe satisfacer la
    necesidad de seguridad de un país traumatizado. Pero, ¿debe hacérselo de
    ese modo?”

    “11-S, a los libros de historia”

    Der Standard, de Viena: “Lo que queda es la certeza de que el 11-S fue el
    atentado terrorista más sangriento de la historia, pero, en definitiva, un
    crimen espantoso sin un mensaje profundo, y que no deja ninguna lección
    importante a las futuras generaciones. En el fondo, las tragedias no sirven
    para convertirse en la base de la conciencia histórica y de la identidad
    de un país, ya que promueven la paranoia política. Afortunadamente, EE.
    UU. ya superó esa fase. Para los familiares de las víctimas, el 11-S
    sigue vivo, pero para el país ha llegado el momento de dejar que el suceso
    descanse en los libros de historia.”

    “Se salvó a la democracia”

    Lidovne Noviny, de Praga: “Se logró salvar a la democracia, que se está
    imponiendo incluso en partes del mundo árabe en las que, anteriormente, se
    la consideraba perjudicial. Pero el entusiasmo inicial por el modelo de
    democracia occidental de exportación ha sido remplazado, entretanto, por
    una cautela que linda con el derrotismo. Mientras los estadounidenses
    marcharon con visible orgullo hacia Afganistán, en Libia dirigieron todo
    por control remoto. Al mismo tiempo, el centro del poder económico y
    financiero sigue desplazándose hacia el continente asiático. No todo
    depende, claro está, del 11-S. Al hacer un balance de la década pasada,
    se debe contemplar el panorama en su totalidad. Occidente no ha sido
    derrotado. Pero una victoria es algo muy distinto.”

    Autora: CP/ dpaEditora: Emilia Rojas

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    Publicado por jotaefeb | 12 septiembre, 2011, 11:22
  13. ESTADOS UNIDOS HOMENAJEÓ A LAS VÍCTIMAS DE LOS ATENTADOS DE 2001

    Estados Unidos se abocó al recogimiento y el recuerdo el domingo, para conmemorar el décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001. En Nueva York, las ceremonias estuvieron enmarcadas por un operativo de seguridad a gran escala. El presidente estadounidense, Barack Obama, fue a la Zona Cero, en Manhattan, en el sitio donde se erigía la torre norte del World Trade Center, en compañía de su predecesor, el ex presidente George Bush. Una multitud se congregó en rededor del lugar para seguir la ceremonia y escuchar la lectura de los nombres de los cerca de 3.000 muertos en los ataques. El 11 de septiembre de 2001, 19 piratas aéreos integrantes de Al-Qaeda desviaron 4 aviones de línea para estrellarlos contra las torres gemelas en Nueva York y el Pentágono en Pennsylvania. Una de las naves no llegó a su objetivo y se precipitó tras una revuelta de los pasajeros.

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    Publicado por jotaefeb | 12 septiembre, 2011, 05:37
  14. Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 12 septiembre, 2011, 05:35
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    Publicado por jotaefeb | 12 septiembre, 2011, 05:34
  16. A diez años, los ojos aún se llenan de lágrimas
    10/09/11 – 23:04
    El escritor español, residente en Nueva York, evoca los días de aturdimiento y miedo que siguieron al 11 de septiembre de 2001. Pero a la vez rescata cómo, en medio del dolor y la angustia que aún perduran, la ciudad pudo seguir siendo persistente, digna y eficaz, y con los brazos abiertos para los que aún llegan.
    PorANTONIO MUÑOZ MOLINA*
    Escritor

    Salgo del metro en la esquina de la calle 12 con la 7ª Avenida y al mirar hacia el sur aún siento el espacio en blanco donde estuvieron las Torres Gemelas. Otras torres de cristal han empezado a levantarse en los últimos años, pero carecen del relieve suficiente para fijarse en la memoria, para dar una forma duradera al horizonte. Al bajar por la Séptima avenida paso junto al gran edificio de ladrillo rojo y perfiles romos que fue hasta hace menos de dos años el hospital Saint Vincent’s, que fue a la quiebra en uno de tantos episodios desastrosos del sistema sanitario americano. Junto al portón cerrado de St. Vincent’s, en el que ha ido acumulándose la basura, cuelga sobre la fachada una gran bandera americana. A su lado hay un letrero: WE SHALL NEVER FORGET (No olvidaremos). Pero el tiempo pasa muy rápido, y ya es probable que mucha gente pase junto a ese edificio clausurado sin saber qué es lo que hace tiempo alguien se propuso no olvidar nunca.
    Yo me acuerdo. En los días de aturdimiento y miedo que sucedieron al 11 de septiembre de hace diez años por esa esquina rondaba un multitud de gente que llevaba en las manos copias de fotos de desaparecidos, con una actitud que adquiere en el recuerdo algo de ceremonia de súplica: fotos de pasaporte o de permiso de conducir ampliadas y mal copiadas, fotos de boda con los colores desvaídos por la fotocopia, fotos de personas sonrientes en momentos triviales de la vida, ahora recortadas y enmarcadas, sostenidas entre las dos manos por personas que andaban como sonámbulas en el gentío de los que buscaban igual que ellas, con los ojos enrojecidos por el llanto y por la falta de sueño. La gente iba al hospital St. Vincent’s en busca de noticias sobre los heridos o los desaparecidos y mostraba las fotos a las cámaras de los reporteros de televisión y las pegaban en cualquier superficie lisa, en las farolas, en las papeleras, en los muros del hospital, en las vidrieras de las tiendas cerradas. Pero apenas había heridos y todo el mundo sabía que los desaparecidos no iban a aparecer. Y sin embargo por allí seguían, preguntando al personal con batas blancas que entraba y salía del hospital, pidiendo por favor a los reporteros que enfocaran con sus cámaras por si alguien reconocía las caras en la televisión, contando cuándo había sido la última vez que vieron al desaparecido, al hijo, hija, marido, esposa, padre, cualquiera de los casi tres mil que no aparecían, con aquellas caras de invariable sonrisa que pertenecían a un pasado cercano y ya inexplicable, el de sólo uno o dos días antes, el de una normalidad cancelada de golpe, abolida, como el horizonte del sur que había dejado de existir, las dos torres idénticas que ya no se veían al fondo anchuroso de la avenida.
    Lo que se veía ahora era una columna, una torre sólida de humo, recortada en el azul suave del cielo de septiembre, ascendiendo siempre, cercada y atravesada por helicópteros. Las palas de los helicópteros y las sirenas de las ambulancias y de los camiones de bomberos y los coches de la policía eran el sonido permanente de fondo. Pero además allí, en aquella esquina de la Séptima Avenida, había otro sonido que tampoco puedo olvidar, una trepidación que hacía vibrar el pavimento igual que los trenes del metro que habían vuelto a circular: a lo largo de la avenida, cerrada al tráfico particular, había camiones y camiones con remolques, con los motores en marcha, en una fila idéntica que se perdía hacia el sur. Esperaban turno para cargar escombros de lo que hasta hacía nada fueron las Torres, y el estruendo no cesaba nunca, igual que no cesaba nunca el trabajo, aunque la torre de humo siguiera ascendiendo con el mismo espesor. La ciudad parecía entregaba simultáneamente al estupor y al trabajo, al dolor contenido y al colosal empeño práctico de remediar los efectos del desastre, de proveer corriente eléctrica para las máquinas que excavaban los escombros y los grandes reflectores que iluminaban de noche las ruinas con una claridad blanca como de otro mundo o de otro planeta.
    Salgo del metro y me acuerdo siempre. En la valla metálica de un solar que está en la esquina de la Séptima y de Greenwich Avenue siguen colgados azulejos, láminas, estampas, pequeños recuerdos gastados por la intemperie, nombres. Las últimas fotos pegadas en las farolas o en las paredes desaparecieron hace mucho tiempo, cuando ya habían dejado de ser anuncios de búsqueda para convertirse en precarios testimonios funerales. La zona es en cierto modo el umbral del Village: más al sur están Bleecker, Christopher, Grove, el corazón bohemio de un barrio que nunca tuvo ningún apego a esos vecinos plutócratas que eran las Torres Gemelas. Las torres relucían mucho en las postales y en los souvenirs del turismo más kitsch, pero en la gente de la ciudad no despertaron nunca la simpatía casi fraternal con que se mira el Empire State o el Chrysler Building. Eran un prisma doble que surgía de pronto al fondo de algunas calles del Village, a una escala no mitigada por la lejanía. Ahora, de pronto, no estaban, aunque su ausencia fue percibida al principio de manera menos radical a causa de su misma inverosimilitud y de aquella otra torre de humo que seguía subiendo, que brillaba cuando se hacía de noche con fulgores como de relámpagos. Ahora, si salgo del metro con algún amigo que está de visita en la ciudad, señalo hacia el espacio en blanco al sur de la Séptima Avenida y le digo: “Ahí estaban las Torres Gemelas”, noto casi un principio de insinceridad. ¿De verdad estuvieron ahí?
    En aquellos días, en las primeras semanas, todo el mundo se apresuraba a emitir dictámenes, a hace vaticinios: de qué modo el ataque había cambiado a Nueva York para siempre; cómo sería posible que la ciudad pudiera llegar a recuperarse. A los que estábamos allí nos llamaban para que atestiguáramos los cambios que sin remedio tenían que notarse en la vida cotidiana de la ciudad y en el carácter de la gente. A nosotros nos daba mala conciencia ser incapaces de advertir lo que desde fuera parecía obvio. Lo que percibíamos entonces, con la dificultad que hay siempre en ver de verdad lo que está sucediendo, era lo que el tiempo ha confirmado: no los cambios, sino la persistencia; la dignidad severa con que la gente ayudaba en lo que hiciera falta o simplemente continuaba con sus tareas diarias; el esfuerzo de los trabajadores que limpiaron en un tiempo tan asombrosamente breve todo los escombros; la eficacia tan neoyorquina de una generosidad que se volcaba en mil tareas, organizar comedores para las brigadas de trabajo, guarderías o excursiones recreativas para los niños de las escuelas cercanas, exposiciones de fotos en las que profesionales y aficionados unían fuerzas para reunir el testimonio colectivo de la catástrofe y del luto y de camino recaudar fondos para las víctimas.
    Hubo quien auguró huidas masivas de la ciudad; años de declive económico; de miedo y rechazo al forastero. Nada de eso ha sucedido. Nueva York, muy a su manera, ha mantenido intacta su vitalidad nerviosa, su energía siempre un poco desastrada, su aceptación tranquila del primero que llega. En estos diez años Manhattan se ha vuelto más cara y más limpia, lo cual a veces provoca nostalgias parcialmente justificadas en los veteranos de la ciudad, que echan de menos los tiempos en que una persona joven y pobre podía llegar a ella y abrirse camino. Ahora, en Manhattan, los alquileres son demasiado altos para la gente que empieza y para los negocios modestos, y las zonas más celebradas de la isla corren el peligro de fosilizarse, a la manera de París, en monumentos y tiendas para los turistas y residencias caras para los oligarcas del mundo. Pero el corazón popular de la ciudad puede encontrarse más pujante que nunca en anchas zonas de Queens y de Brooklyn, en esos barrios de emigrantes en los que el metro parece haberlo dejado a uno en un vecindario bullanguero de Medellín o Dakar o Port-au-Prince, cuando no en una acera del Once de Buenos Aires.
    “We New Yorkers don’t gloat over the past”, dice un amigo mío: no se regodean en el pasado, que no es sólo el de la ciudad, sino el de los orígenes complicados de cada uno. El día del décimo aniversario de la caída de las torres habrá inevitablemente ceremonias y discursos oficiales, pero muchos menos que en cualquiera de nuestros palabreros países hispánicos, y serán menos floridos y más cortos. En cualquier caso, el regodeo durará poco, pero aun así perdurará la memoria, con pudor y respeto, como durante estos años, pero sin victimismo quejumbroso, sin patriotería vengativa, porque Nueva York es una ciudad práctica y nada sentimental, a pesar de que viva en parte de las nostalgias manufacturadas que alimentan el flujo tan provechoso del turismo. Quienes vivieron aquellos días están siempre a un paso del recuerdo: en una caminata, en la visión de un hospital cerrado a la salida del metro, en una conversación en la que se abre de pronto una perspectiva inesperada del tiempo. Hace poco, en una cena entre amigos, a uno de ellos se le llenaron los ojos de lágrimas y tuvo que interrumpirse porque le faltaba la voz: contaba que había visto desde la terraza de su casa en Brooklyn Hights, al otro lado del East River, cómo se desplomaba la segunda torre, y que luego vio el puente inundado por una multitud que huía en silencio, cubierta de ceniza.

    * Muñoz Molina es un escritor español que vivía en Manhattan cuando se produjo el ataque contra las Torres.

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 18:21
  17. La memoria de las heridas también tiene un límite
    10/09/11 – 23:37
    Cada 11 de septiembre, el dolor de todo un país, y sobre todo de los familiares de las víctimas, vuelve a convocar a la unidad y a la solidaridad. Sin embargo, según el autor, que critica las ceremonias, cuando los norteamericanos pongan más energía en olvidar que en recordar, la paz estará mucho más cerca.
    PorDAVID RIEFF *

    El 11 de septiembre de 2011, el décimo aniversario de los atentados que destruyeron las Torres Gemelas del World Trade Center, la conmemoración oficial se concentrará en el Ground Zero (la inauguración del museo adyacente se postergó y ahora está prevista para 2012). Con diseño del arquitecto Michael Arad y el arquitecto paisajista Peter Walker, el homenaje, llamado “Reflecting Absence”, tendrá algo más de tres hectáreas y consistirá en dos lagos hundidos, cada uno de los cuales estará rodeado de una enorme cascada, las más grandes que haya hecho el hombre en América del Norte, según el sitio web oficial del homenaje. Los nombres de las 2.982 personas que murieron el 11 de septiembre y en el fallido intento de 1993 de destruir las Torres Gemelas estarán grabados en los paneles de bronce que bordean los lagos. La última frase de la declaración del homenaje reza: “Que las vidas recordadas, los hechos reconocidos y el espíritu redescubierto sean faros eternos que reafirmen el respeto por la vida, fortalezcan nuestra decisión de preservar la libertad e inspiren el fin del odio, la ignorancia y la intolerancia.”
    Se trata de sentimientos nada excepcionales. Un memorial es un lugar, y va a ser un momento de solidaridad más que de sutileza, de deferencia más que de crítica y de piedad más que de revisionismo. Sin embargo, al afirmar que la memoria es necesaria para la humanidad, no debemos fingir que es por completo inocente ni que no tiene un costado moral negativo. Hasta la devota conclusión de la declaración del homenaje plantea más preguntas de las que responde. No hay nada que resulte problemático en el plano moral en recordar a los caídos y honrar el heroísmo de los que primero reaccionaron. El llamamiento a “fortalecer nuestra decisión de preservar la libertad” parece un eco deliberado de un discurso de George W. Bush que sostenía que los atentados se habían producido porque los terroristas “odian nuestras libertades: nuestra libertad de culto, nuestra libertad de expresión, nuestra libertad de voto, de reunión y de disentir con otros.”
    Hasta quienes aceptan la versión de Bush, a pesar de que no considerara la posibilidad de que hayan sido los actos estadounidenses en lugar de la forma de vida de los Estados Unidos lo que los jihadistas odiaban, admitirían que se trataba de una proclama política. Es por eso que será inevitable que la dedicación del monumento al 11-S comprenda la movilización de la solidaridad nacional y la reafirmación de la lealtad grupal en lugar de un establecimiento de la exactitud histórica.
    En el caso de los familiares y amigos de quienes murieron ese día, el recuerdo seguramente proporcionará cierto grado de reconocimiento y consuelo, si bien, por supuesto, no de cierre, que es una de las fantasías psicológicas más malignas y corrosivas de nuestra época. La memoria no se valora porque ilumine demasiado la verdad en todos sus matices y ambigüedad, y eso es por completo apropiado. El problema es tanto el grado en que la memoria alimenta engaños sobre durante cuánto tiempo los seres humanos pueden recordar como, lo cual es mucho más serio, las graves consecuencias históricas y políticas que puede engendrar. Después de todo, recordar puede no significar sólo llorar, sino también abrigar una visión de justicia o venganza mucho después de que sea hora de hacer a un lado las armas.
    Suele decirse que los estadounidenses fetichizan el cambio y no se sienten limitados por la historia, ya sea la personal o la nacional. Sin embargo, las afirmaciones de fidelidad a la memoria del 11-S sugieren la convicción de que aquello que hoy nos parece central seguirá siendo por lo menos igualmente importante para nuestros descendientes mucho después de que quienes experimentamos el 11-S nos hayamos convertido en polvo. Por más inocentes que sean las intenciones que subyacen en esas afirmaciones, también comportan un riesgo, sobre todo en una era como la nuestra, que tiende tanto a confundir deseo con destino, anhelo con realidad y presente con eternidad. La realidad es que, a muy largo plazo, nada se recordará. Eso puede resultar una verdad amarga, pero es necesario admitirla. No equivale a decir que en el décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre quienes participen deben renunciar por completo a la consoladora ilusión de que siempre recordaremos a los que murieron. La alternativa, que sería afirmar que tarde o temprano nuestros descendientes se olvidarán del 11-S, así como en buena medida nosotros hemos olvidado hechos horrendos del pasado, sería tan insoportable como saber con mucha anticipación la fecha en que nos vamos a morir.
    Todas las grandes tradiciones espirituales afirman que, en mayor o menor grado, nuestros recuerdos son tan mortales como nosotros, ya se trate de la idea budista de la transitoriedad personal como de las escalofriantes palabras del Eclesiastés 1:11: “No queda el recuerdo de las cosas pasadas; ni quedará el recuerdo de las futuras en aquellos que vendrán después.” Pensar que nuestros propios grandes líderes y controversias políticas y tragedias históricas de alguna manera serán inmunes al olvido no tiene relación alguna con las realidades de la existencia humana y tiene, en cambio, mucha relación con nuestros deseos y esperanzas, que siempre son mala guía en lo que concierne a la historia. Lo que demuestra la historia es que hasta el más monumental de los logros y proezas marciales de los seres humanos es efímero. Lo único que en verdad importa es cuáles son los límites exteriores de nuestra capacidad de recordar, de celebrar, de llorar.
    En junio de 1940, mientras trataba de convocar a su pueblo a la lucha y de ganar lo que llamó la Batalla de Inglaterra, Winston Churchill dijo: “Si el Imperio Británico y su Commonwealth perduran mil años, los hombres seguirán diciendo: ‘Ese fue su mejor momento.’” Lo notable de ese discurso es que hasta en su momento más retórico, Churchill, uno de los más intransigentes defensores del Imperio Británico, no podía imaginar que éste durara más de un milenio. Se trata de una afirmación con un límite de tiempo, lo que contrasta con las promesas eternas de los grandes monoteísmos: el judaísmo, el cristianismo y el islam.
    Así como los seres humanos tienen una vida acotada, también la tienen los imperios. Es una enseñanza que harían bien en internalizar muchos de quienes en los Estados Unidos siguen insistiendo en que el imperio estadounidense no seguirá los pasos de Roma, de los mogoles ni de los británicos.
    Hay muchas cosas que entendemos en el plano intelectual, pero sentimos que debemos vivir como si no las supiéramos. Sin duda hay razones humanas sensatas para querer vivir en la ilusión o, que Freud nos disculpe, para actuar como si esa ilusión tuviera un futuro. Vivir con la conciencia de que todos los países y la totalidad de los grandes acontecimientos que jalonan su historia son tan mortales como los individuos sería paralizante, si es que puede llamársela vida. ¿La verdad no tiene miedo, como dicen algunos sabios budistas? Puede ser. Pero también puede haber un exceso de verdad. La dificultad reside en cómo navegar entre la memoria eterna y las realidades desesperantes de extinción, no sólo de los seres humanos, sino de nuestras tradiciones y de aquello que nos ha importado y que hemos considerado importante y digno de recordar.
    Todas las guerras terminan, y la larga guerra que los Estados Unidos y sus aliados libran contra los jihadistas no será una excepción, por más inimaginable que pueda parecer en este momento. Sabiéndolo, es hora de dejar de postergar la cuestión de para qué es bueno y de cuáles son los riesgos del tipo de memoria colectiva que se expresa en las conmemoraciones del décimo aniversario del 11-S. Para hacerlo, hay que considerar la posibilidad indigerible en términos morales o psicológicos de que en ciertos momentos y contextos olvidar puede ser preferible a recordar. No es un punto de vista que en la actualidad tenga seguidores en sector alguno, desde la derecha nacionalista hasta la izquierda defensora de los derechos humanos. La mayor parte de la gente digna se inclina por perdonar, pero es muy improbable que puedan escucharse muchas buenas palabras en defensa del olvido. Tal vez estamos demasiado influenciados por la advertencia en exceso admirada de George Santayana respecto de que “quienes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.” Tal vez asumimos la superioridad ética de la memoria sobre el olvido porque a todos nos han dicho con demasiada frecuencia que recordar es ser responsable, mientras que olvidar no sólo es irresponsable sino el símbolo de una caída en alguna especie de cobardía moral o nihilismo cívico. Después de todo, hasta Jesús instó a sus seguidores a perdonar a quienes los habían ofendido, no a olvidar la afrenta.
    No cabe duda de que el olvido ha sido un recurso de algunos de los peores personajes de la historia. Hitler hacía la pregunta retórica de quién recordaba en 1939 la matanza de armenios que habían perpetrado los turcos como prueba de que los nazis podrían hacer lo que quisieran sin riesgo alguno. Pero la memoria no es sólo un consuelo; también puede inflamar. ¿La memoria del 11-S tendrá ese efecto? Es prematuro decirlo, pero no lo es preguntar si alguna vez será posible la paz sin olvido. La mayor parte de las guerras no termina con un solo bando que obtiene una victoria absoluta y, por lo tanto, puede dictar los términos de la rendición física y psíquica del adversario. Sin embargo, al final de la larga guerra contra los jihadistas no habrá una capitulación como la japonesa en la Bahía de Tokio, ni juicios de Nüremberg para los talibanes, como tampoco una Comisión de Verdad y Reconciliación al estilo sudafricano en la cual el mullah Omar, Zawahiri o quien esté al frente de los talibanes para entonces confiese sus crímenes a cambio de una amnistía, y tendremos que aprender a vivir con ese hecho.
    Mientras tanto, haríamos bien en considerar la posibilidad de que si nuestras sociedades dedicaran a olvidar una mínima parte de la energía que ahora ponemos en recordar, y si se considerara que la opción de olvidar es algo por lo menos tan accesible como el deber de recordar, entonces la paz que terminará por llegar en realidad podría llegar antes. Es una convicción austera. La gran escritora sudafricana Nadine Gordimer dijo una vez que pensaba que los escritores tenían que escribir como si ya estuvieran muertos. Pedirle a la gente que renuncie a la memoria, o que por lo menos contemple esa posibilidad, es, en efecto, pedirle que actúe como si ya hubiera muerto. ¿Alguna vez nos será posible renunciar a la memoria de nuestras heridas? Por nuestro bien, es de esperar que así sea. Una vez que terminen las ceremonias conmemorativas, sería un buen momento para empezar.

    * Rieff, nacido en Boston, es periodista y analista político.
    Traducción de Joaquín Ibarburu

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 18:20
  18. El cine, un arma de Nueva York para la recuperación
    10/09/11 – 23:12
    Para el actor, símbolo neoyorquino, organizar un festival en la devastada ciudad fue un mensaje de esperanza. Y ahora, además, lo hace en conjunto con una ciudad árabe.
    PorROBERT DE NIRO*
    Actor

    Creo que aquellos que vivíamos y trabajábamos en el centro de Nueva York en 2001 sentimos más directamente el impacto de los ataques. Todavía puede sentirse. Ground Zero es nuestro barrio, así que estuvimos rodeados de la devastación a raíz del 11 de septiembre.
    Ese día recuerdo que estaba en una reunión y a punto de dirigirme al aeropuerto para tomar un vuelo a Los Angeles, cuando mi hijo Raphael me llamó para decirme que un avión comercial se había estrellado contra el World Trade Center. De inmediato regresé a casa. Desde mi departamento podía ver las torres, a unas nueve calles de distancia. Observaba con binoculares las llamas y el humo que salían de los edificios. Cuando se derrumbó la torre sur, el noticiero estaba encendido y tuve que voltear de la ventana al televisor para confirmar lo que había visto con mis propios ojos; fue totalmente surrealista. Después cayó la torre norte. No podía dar crédito a lo que estaba viendo.
    Yo no perdí a ningún pariente cuando las torres se derrumbaron después de los ataques, pero todo lo que yo había hecho, todo por lo que yo me esforzaba, perdió todo su sentido; todo simplemente se detuvo. Creo que el 11 de septiembre afectó a todos los neoyorquinos de alguna manera dramática.
    Poco después, el alcalde Rudolph Giuliani estaba diciendo que había que volver a vivir en la ciudad como siempre, en la medida en que se pudiera. Para hacerlo, necesitábamos empezar de nuevo, necesitábamos limpiar y seguir viviendo en nuestro barrio. Para mí, el mensaje de Giuliani fue muy lógico. Necesitábamos reconstruir lo que habíamos perdido.
    Antes del 11 de septiembre ya habíamos tenido la idea de celebrar un festival de cine en Nueva York. Después de los ataques nos pareció que un festival cinematográfico podría atraer más gente al barrio. Así que empezamos a llamar a gente como Martin Scorsese, Meryl Streep, Ed Burns y muchos otros. Todos querían ayudar.
    Desde el principio, el festival adquirió vida propia. A diferencia de muchos otros festivales, éste se trata de la comunidad y la familia: un auténtico festival de cine de barrio. Estoy particularmente orgulloso de lo que atrae a todos al festival: el ambiente de fiesta callejera familiar.
    Al festival vienen personas de todo el mundo. Una de ellas fue la hija del emir gobernante de Qatar. Pensamos que un festival en Doha era una buena idea y eso nos dio la oportunidad de interactuar con una comunidad del Oriente Medio. Esta asociación fue un paso en la dirección indicada para crear conciencia. Los dos festivales tendrían un impacto en la cultura y no sólo en el ámbito local: los ataques del 11 de septiembre fueron un evento mundial.
    A fin de cuentas, todos podemos tener nuestras diferencias, incluso actitudes estereotipadas unos con otros, pero cuando somos más conscientes, estamos más cerca de darnos cuenta de que no somos diferentes de los demás.

    * Robert De Niro es actor y uno de los fundadores del Festival de Cine de Tribeca.

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 18:19
  19. La democracia y la libertad siempre van a prevalecer
    10/09/11 – 23:15
    Bajo las ruinas humeantes de las Torres Gemelas, un concepto se hizo más fuerte, según la ex secretaria de Estado: al terror se le gana impulsando mejores instituciones y no apoyando regímenes autoritarios.
    PorCONDOLEEZZA RICE*
    Ex Secretaria de Estado

    “¡Dios mío! ¡Esto es un ataque terrorista!” Me acababa de enterar de que un segundo avión se había estrellado contra el World Trade Center en Nueva York. Treinta minutos después me enteraría de que otro avión había golpeado al Pentágono.

    “Tiene que irse al búnker, ¡pero ya!”, me gritó un agente del servicio secreto. “Hay aviones sobrevolando todo Washington. La Casa Blanca ha de ser el próximo blanco.”

    Mientras me llevaban casi en vilo y me empujaban a la seguridad del Centro Presidencial de Operaciones de Emergencia, me detuve para llamar al presidente Bush.

    “No puede regresar aquí”, le advertí.

    “Voy a regresar”, me respondió.

    “Quédese donde está”, contesté, elevando la voz de una manera que nunca antes había hecho, y que nunca volvería a hacer con el presidente de Estados Unidos. “Nosotros, quiero decir, Estados Unidos, está siendo atacado.”

    Para quienes ocupábamos un cargo ese día fue como si el tiempo se hubiera suspendido. Para nosotros y para la familia de las víctimas, cada día desde entonces ha sido el 11 de septiembre.

    Se alteró irrevocablemente nuestro concepto de lo que constituye la seguridad y de lo que se necesita para proteger al país. Estados Unidos, el país más poderoso de la tierra en términos militares y económicos, había sufrido un ataque devastador. Y éste había sido llevado a cabo por un grupo apátrida de extremistas, que operaba desde el territorio de lo que en ese tiempo era un estado fallido, Afganistán.

    En los meses que siguieron a los ataques reflexionamos una y otra vez en las causas profundas. ¿Qué pudo haber provocado el odio que hizo que un grupo de personas estrellara unos aviones contra los edificios en ese brillante día de septiembre?

    La perspectiva, diez años después, es que esos ataques hicieron que fuera una necesidad global fomentar la democracia y apoyar las instituciones políticas.

    En 2002, un grupo de académicos árabes en Naciones Unidas emitió el Reporte sobre Desarrollo Humano Arabe. En éste se identifican tres brechas -respeto por la libertad humana, condición de las mujeres y acceso al conocimiento- que están impidiendo el progreso de millones de personas. Y esas brechas causan aún más daño: generan la desesperanza que, a su vez, crea el vacío en el que fluyen el extremismo y el odio.

    Esa es la relación entre lo que sucedió el 11 de septiembre de 2001 y la urgencia de una reforma democrática en todo el Oriente Medio. Desde hace 60 años, Estados Unidos ha buscado la estabilidad a costa de la democracia y ha apoyado a regímenes autoritarios. Pero debimos haberlo previsto.
    Si el pueblo no tiene manera de pedirle cuentas a su gobierno a través de un cambio pacífico, lo hará de forma violenta. Hay una razón de que los extremistas sean las fuerzas políticas más organizadas en el Oriente Medio actual. Los regímenes autoritarios no permiten la política en la plaza pública y, por tanto, la “política” se refugia en cambio en las mezquitas radicales y en las madrazas.

    Ahora, las fuerzas políticas decentes -aquellas que defienden los derechos de la mujer y la tolerancia étnica y religiosa- necesitarán tiempo para organizarse y llenar el hueco. El autoritarismo simplemente es insostenible. Por difícil que pueda ser la jornada hacia la democracia, es el único camino a la verdadera estabilidad.

    La muerte de Osama bin Laden, pocos meses antes del décimo aniversario de los atentados de septiembre de 2001 y el estallido de la primavera árabe el mismo año, juntan las lecciones de esa fecha devastadora. El extremismo se irá marchitando conforme la gente obtenga medios legítimos para controlar su futuro. No creo que gane el extremismo cuando la plaza pública permite el debate abierto de las ideas.
    Surgirán instituciones políticas; débiles al principio pero, a fin de cuentas, necesarias para definir la relación entre la autoridad del Estado y los derechos del individuo.

    En Bagdad y Kabul, los ciudadanos están tratando de usar las nuevas instituciones democráticas para garantizarse una vida mejor como hombres y mujeres libres. Ese camino es largo pero al menos ya lo emprendieron, con una constitución que define la relación entre aquellos que gobiernan y aquellos que aceptan ser gobernados.

    Los pueblos que están experimentando atisbos de libertad en Túnez, Egipto, Libia, Siria y a través del Oriente Medio, apenas han empezado a erigir las instituciones que garantizarán sus libertades. Y, en algunos lugares, los dictadores están luchando por posponer el día de su caída. La libertad puede demorarse pero no negarse.

    Desde el 11 de septiembre de 2001 hemos llegado a entender que ningún país puede asegurarse a sí mismo de manera aislada y que ayudar a la recuperación de estados fallidos ya no es simple cuestión de generosidad, ahora es una necesidad.
    En consecuencia, Estados Unidos ha seguido una política exterior que es tan práctica como compasiva y transformativa. Fomenta el desarrollo económico y social, fomenta el facultamiento y la protección de los sectores vulnerables y lucha por un mundo civilizado y, a fin de cuentas, más pacífico.

    Estos ideales trascienden los partidos políticos y constituyen los valores básicos por los que lucha la democracia estadounidense y que nosotros, como ciudadanos estadounidenses, representamos. En los próximos días, quienes perecieron el 11 de septiembre recibirán el homenaje de familiares, amigos, conciudadanos y gente simpatizante de todo el mundo. Las vidas perdidas nunca podrán recuperarse y dejan atrás a padres e hijos en duelo, esposos y esposas, hermanos y hermanas que nunca volverán a sentirse completos de nuevo.
    Pero quizá haya algo de consuelo para ellos -para todos nosotros- en el hecho de saber que hubo mucho más significado en los horrores de ese día. Gracias a la fortaleza de Estados Unidos, el 11 de septiembre no es un día que nos recuerda nuestra derrota, nuestra vulnerabilidad o el supuesto declive de la potencia global. Es un día que nos une, en la tragedia y en la victoria, para declarar que la libertad va a prevalecer. Muchos de nosotros hemos sido bendecidos por el don divino de la libertad. Es nuestra responsabilidad y nuestro trabajo no descansar nunca hasta que sea disfrutada universalmente.

    * Condoleezza Rice fue secretaria de Estado de 2005 a 2008. Fue asesora de Seguridad Nacional de 2001 a 2005.

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 18:18
  20. Nueva York recuerda una década del 11-S desde la nueva zona cero

    Exactamente diez años después de los atentados que conmocionaron al mundo, Nueva York conmemoró hoy el más simbólico de los aniversarios del 11-S desde la nueva “zona cero”, donde las familias lloraron unidas por primera vez en el parque en memoria de los casi tres mil fallecidos en los ataques.

    Por Teresa de Miguel

    Los familiares de las víctimas vieron este domingo fluir el agua en las dos inmensas fuentes construidas donde alguna vez se erigieron las Torres Gemelas, y la desesperación por el lento ritmo de la reconstrucción latente en otros aniversarios quedó de lado al ver por fin el Memorial del 11-S inaugurado hoy oficialmente.

    Allí, en la nueva “zona cero” que trata de olvidar el humo y los escombros que se hicieron con esa área diez años atrás, los familiares pudieron leer los nombres de quienes perdieron la vida en los atentados a las Torres Gemelas, tanto en 1993 como en 2001, así como los de los muertos en el ataque al Pentágono y en el avión que se estrelló en Pensilvania, que están grabados en los paneles de bronce que rodean las dos fuentes del parque.

    Como en cada aniversario desde que se produjeron los atentados, los nombres de las 2.983 víctimas fueron leídos por sus propios familiares, una actividad que transcurrió con la música como telón de fondo del chelo de Yo-Yo Ma, las guitarras de James Taylor y Paul Simon y la flauta de Emi Ferguson.

    “Con todo el dolor de mi corazón, mi esposo, Pedro Francisco Checo”, dijo en español la mujer de una de las víctimas, quien entre sollozos expresó que él siempre será “la pieza que falta en nuestro puzzle”.

    La voz de los familiares se entrecortó mientras recordaban a los padres, madres, hijos, hermanos, tíos o abuelos que perdieron la vida en el mayor atentado terrorista de la historia de Estados Unidos y que una década después “todavía parece que fuera ayer”, según expresó otra de las víctimas.

    El silencio inundó Nueva York a las 8.46 hora local (12.46 GMT), el momento exacto en el que se estrelló el primero de los aviones contra la Torre Norte, y lo hizo cinco veces más para conmemorar cuando el segundo impactó en la Torre Sur, el desplome de los dos rascacielos, el ataque al Pentágono y la caída de la aeronave en Pensilvania.

    El acto de este décimo aniversario fue probablemente el más ceremonioso de todos, con la presencia por primera vez del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien acudió acompañado de su esposa, Michelle, y en una muestra de unión, de su predecesor, George W. Bush, y su mujer, Laura.

    La unidad de los estadounidense en torno a la tragedia del 11-S quedó patente en sus intervenciones durante la ceremonia, ya que en lugar de pronunciar un discurso, Obama recitó el Salmo 46 de la Biblia y Bush un fragmento de una carta que Abraham Lincoln envió a la madre de un soldado muerto en la Guerra Civil en EE.UU.

    “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar”, dijo Obama en la que supone la primera vez que un presidente de EE.UU. rinde homenaje a las víctimas el día del aniversario del 11-S.

    También participaron en la ceremonia, entre otras muchas personalidades, el entonces alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, así como el actual gobernante de la ciudad, Michael Bloomberg, quien dijo: “jamás podremos olvidar lo que pasó aquí”, una destrucción que convirtió “la más azul de las mañanas en la más oscura de las noches”.

    La lluvia pronosticada para esta mañana de domingo no apareció y el color del cielo, parecido al azul cristalino del día en el que se modificó el rumbo de la historia reciente, predominó durante las más de cuatro horas y media que duró la ceremonia.

    Familiares, políticos y neoyorquinos en general respiraron aliviados porque finalmente la ceremonia transcurrió sin ningún incidente o alarma, pese a que el jueves las autoridades estadounidenses alertaron de una amenaza “creíble y específica”, aunque no corroborada, de un atentado por parte de Al Qaeda.

    Con el intento de venganza del grupo terrorista por la muerte de Osama bin Laden ya en un segundo plano, Nueva York pudo hoy así pasar la página y rendir su primer homenaje a las víctimas sin la sombra del que fuera el autor intelectual de los atentados que cambiaron al mundo hace diez años. EFE

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 15:51
  21. EE.UU. conmemora los 10 años del peor atentado de su historia
    Con un minuto silencio y la lectura de los nombres de las casi 3.000 víctimas que dejaron los atentados, se iniciaron en todo Estados Unidos las ceremonias que rinden homenaje a los que perdieron la vida la fatídica mañana del 11-S.

    El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y su predecesor, George W. Bush, iniciaron hoy las ceremonias en recuerdo de las víctimas de los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York con una pequeña conmemoración íntima en la zona de los ataques junto a sus esposas.

    Obama, su esposa Michelle, y George y Laura Bush, todos vestidos de negro, ingresaron minutos después de las 8 en la zona cero y, paseando ambas parejas de la mano, llegaron hasta la fuente cuadrada que se erige en homenaje a las víctimas donde se alzaba la Torre Norte destruida hace diez años por uno de los aviones que se estrellaron contra el World Trade Center.

    Ambas parejas permanecieron unos instantes en silencio frente al monumento antes de acercarse a un grupo de familiares de las víctimas a quienes abrazaron y con los conversaron también unos momentos.

    Poco después, a las 08:46 hora local (09:46 hora de Chile), Nueva York observó un minuto de silencio, marcando el momento exacto cuando hace 10 años el primero de los dos aviones secuestrados impactó en una de las torres del World Trade Center, comenzando los ataques del 11 de septiembre.

    Este fue el primero de los seis momentos de silencio que se observarán durante la ceremonia en la Zona Cero: uno por cada impacto en las torres, otro por el ataque al Pentágono, otro por el vuelo 93 que se estrelló en Pensilvania y otros dos por el instante en que se derrumbaron cada una de las torres.

    De inmediato, se comenzaron a leer uno a uno el nombre de las víctimas fatales de los atentados por parte de algunos de sus familiares.

    La lectura de las 2.983 víctimas fue realizada en parejas por familiares de las víctimas, que concluían cada serie de nombres con el del propio familiar muerto.

    “Y mi padre, Christopher Blackwell, te queremos”, recitaba la hija de uno de los bomberos fallecidos cuando acudieron al rescate en aquella fatídica mañana a las Torres Gemelas, donde hoy son recordadas con sendos monumentos en forma de piscina con agua cayendo en cascada y los nombres de las víctimas grabados en sus paredes.

    La lectura de los nombres de las víctimas, acompañada por la discreta música de un violoncelo, fue brevemente interrumpida a las 9:03 (10:03 hora de Chile) para guardar el segundo minuto de silencio del día, en el momento en que hace una década el segundo avión se estrellaba contra la Torre Sur, que sería además la primera en derrumbarse poco después.

    Inmediatamente después, los Obama y los Bush partieron de la zona cero mientras las puertas de ésta se abrían para dejar entrar al resto de los familiares de las víctimas que hasta entonces habían aguardado fuera del recinto, rodeado al igual que el resto de Nueva York y Washington por medidas de seguridad reforzadas tras conocerse la amenaza “creíble pero no confirmada” de un posible ataque este día que trascendió a finales de semana.

    Muchos de los asistentes portaban imágenes de sus familiares o amigos muertos, o camisetas con su nombre.

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 15:42
  22. 11.09.2011
    El mundo recuerda a las víctimas del 11–S

    A nivel internacional se conmemora con diversos actos el décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos. También en Alemania se recordó los trágicos acontecimientos.

    El presidente Christian Wulff calificó de “profundamente inhumanos” los ataques terroristas del 11 de septiembre en un acto ecuménico. El terrorismo “contradice la esencia de toda religión”, señaló el mandatario. “No nos doblegaremos ante el terrorismo”.

    Wulff participó en una misa en Berlín organizada por religiosos cristianos, judíos e islámicos, a la que también asistieron los ministros Guido Westerwelle (Exterior) y Hans-Peter Friedrich (Interior), así como el ex canciller Gerhard Schröder.

    El presidente asiste también esta tarde al encuentro de la paz anual que representantes de diversos credos celebran cada año en Múnich.

    El décimo aniversario de los atentados en Nueva York y Washington estuvo precedido en Alemania por la detención de dos sospechosos de tramar un ataque terrorista en el país.

    En una entrevista publicada por el diario “Tagesspiegel am Sonntag”, la canciller Angela Merkel consideró que las detenciones demuestran que “el terrorismo sigue siendo una amenaza muy real” y que Alemania debe mantenerse alerta.

    La canciller envió esta semana un telegrama al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, subrayando los lazos “más estrechos que nunca” que unen hoy a los dos países y transmitiéndole sus condolencias.

    Como parte de la conmemoración, la embajada de Estados Unidos en Berlín descubrirá mañana un fragmento original de los escombros de las Torres Gemelas en el patio de la legación en Berlín.

    El Papa reza por víctimas del 11-S

    Mientras tanto en Ancona, Italia, el Papa Benedicto XVI rezó por las víctimas de los ataques del 11-S y llamó a quienes se sientan agraviados a resistirse a la tentación de recurrir al odio y la violencia para resolver sus problemas.

    El Papa, quien también envió un mensaje a los líderes de la Iglesia Católica estadounidense para conmemorar el aniversario, ofreció misas por las víctimas y sus familias durante una visita a la ciudad adriática de Ancona, hacia donde viajó para cerrar una conferencia de la Iglesia italiana.

    El líder espiritual llamó a las personas a “rechazar siempre la violencia como una solución a los problemas y resistirse a la tentación de recurrir al odio, sino trabajar dentro de la sociedad e inspirarse en los principios de la solidaridad, justicia y paz.”

    En una carta enviada el sábado a funcionarios de la Iglesia Católica estadounidense, condenó la violencia en el nombre de dios, pero dijo que 10 años después de los atentados del 11 de septiembre, el mundo aún tenía mucho trabajo que hacer para resolver la frustración que llevó a los actos de terrorismo.

    Obama y Bush en Ground Cero

    En Estados Unidos se recordará este domingo el horror del 11-S y a las cerca de 3.000 personas que murieron en los ataques con aviones secuestrados, mientras las autoridades trabajan para garantizar que el décimo aniversario sea pacífico.

    Las autoridades policiales de Nueva York y Washington estaban en alerta frente a lo que fue descrito como una “creíble pero no confirmada” amenaza de una conspiración de Al Qaeda para atacar nuevamente a Estados Unidos después de derribar a las Torres Gemelas del World Trade Center con aviones secuestrados.

    La seguridad es especialmente estricta en Manhattan, donde la policía estableció puestos para revisar vehículos en las calles, al igual que en los puentes y túneles que llevan a la ciudad.

    El presidente Barack Obama y el ex presidente George W. Bush, quien era mandatario en el momento de los ataques, están entre los dignatarios que visitarán la Zona Cero en Nueva York, para escuchar junto a las familias de las víctimas la lectura de los nombres de quienes murieron el 11 de septiembre. Las campanas tañerán en toda la ciudad.

    Netanyahu: la lucha continúa

    En Israel el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo durante la reunión semanal de su gabinete en Jerusalén que “la lucha no terminó, todavía nos encontramos inmersos en ella”.

    “El islamismo radical amenaza a los musulmanes moderados y las formas de gobierno árabes y amenaza la existencia del Estado de Israel”, agregó el jefe de gobierno.

    Según Netanyahu, “vivimos en una década de terror”, que no afecta no sólo a Israel y Cercano Oriente, sino también a Europa, Estados Unidos, Rusia y “muchos otros países”.

    El primer ministro israelí advirtió que la amenaza terrorista será “inmensamente mayor” si los islamistas radicales se hacen con armas de destrucción masiva. Por ello, agregó, todas las democracias del mundo deben luchar unidas contra los islamistas radicales.

    Ahmadineyad: 11-S pretexto para guerras

    Por su parte el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, acusó a Estados Unidos de haber utilizado los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 como pretexto para iniciar guerras.

    “Este incidente fue un juego complicado utilizado por Estados Unidos como pretexto para atacar a Irak y Afganistán y derramar la sangre de gente inocente”, dijo el mandatario iraní en un discurso emitido por los medios estatales.

    En varias ocasiones, Ahmadineyad dijo que todavía hay “100 preguntas sin respuesta” sobre los ataques terroristas de 2001 y Estados Unidos, por lo tanto, debe aclarar todos los aspectos del incidente.

    También acusó a Washington y sus aliados de haber usado los ataques como pretexto “para enriquecerse con el petróleo y otras riqueza de estos países”.

    En un discurso pronunciado el año pasado ante la Asamblea General de la ONU, Ahmadineyad causó indignación generalizada, al afirmar que algunos “segmentos” del gobierno estadounidense “orquestaron” los ataques para “revertir la crisis económica estadounidense y controlar Medio Oriente con el fin también de salvar al régimen sionista (Israel)”.

    Detienen a sospechosos en Suecia

    Finalmente en Suecia, la policía detuvo la noche del sábado a cuatro personas sospechosas de terrorismo en Gotemburgo, según informaron fuentes oficiales.

    Los temores respecto a un posible atentado hicieron que se desalojase el centro de arte de Röda Sten, en Gotemburgo, la segunda ciudad más grande del país. En el edificio se encontraban en el momento del desalojo varios cientos de personas que asistían a la inauguración de una bienal internacional de arte.

    Una portavoz de la policía confirmó que hay “fuertes sospechas” contra los cuatro detenidos, aunque no dio más detalles al respecto.

    Resumen de agencias: DPA/Reuters/AFP

    Editora: Claudia Herrera Pahl

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 15:37
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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 08:00
  24. A 10 años del 11 de setiembre de 2001. Lo que la tv no contó
    POR MIGUEL MÉNDEZ PEREIRA ⋅

    “Todo el terrorismo que la prensa publicita a full fue gestado en la prensa por los gobiernos de Carter y de Bush. y también utilizada por Obama con el mismo fin, limitar las libertades, los derechos e invadir” El mero ser
    Llegado el 11 de setiembre de 2011 los medios de masas recordarán la primera década de la caída de las Torres Gemelas del Word Trade Center.

    Hablarán de un supuesto atentado de la red Al Qaeda, seguro mencionarán el ajusticiamiento a su líder.

    varias fotos de la caida de las Torres Gemelas se ven como suceden explosiones en pisos inferiores antes de que caiga la Torre Gemela, como si la estuvieran demoliendo.
    Las pantallas de los noticieros volverán sobre aquellas imágenes de las dos torres desmoronándose, el agujero en el pentágono y familiares recordando a las víctimas.

    Pero… ¿qué es lo que NO dirán los medios de masas?

    No dirán que Osama Ben Laden ya durante la administración de Bill Clinton se encontraba muy enfermo de los riñones. No mencionarán que en abril de 2002 Steve R. Pieczenik, antiguo vice de los Secretarios de Estado Henry Kissinger, Cyrus Vance y James Baker, respondió al locutor Alex Jones que Osama llevaba meses muerto.

    No hablarán de los 19 secuestradores suicidas que fueron identificados como responsables por la CIA, de los cuales 9 estaban vivos (¿?)

    No contarán que la única hipótesis coherente sobre el derrumbe de los rascacielos es la de la demolición asistida; pues esos edificios estaban construidos incluso contra impactos de aviones.

    No revelarán nada sobre la tercera torre caída, siete horas después (¿?)

    No se relatarán los testimonios de los sobrevivientes que refirieron las explosiones entre los pisos de las torres.

    No hablarán de la Nanotermita, explosivo que se utiliza para este tipo de demoliciones asistidas. No explicarán que de otra forma es imposible que se derrita tanto acero.

    No explicarán como el tercer avión, un Boeing 757 hace un giro de 270° -maniobra que solo un avión caza puede lograr- para impactar contra el lugar más seguro del planeta, el Pentágono.

    No hablarán acerca de que Al Qaeda fue un invento de la CIA y mantenida por diferentes administraciones Usamericanas.

    No explicarán por qué todos los altos mandos militares de entonces fueron promovidos.

    Los medios de comunicación de masas no dirán nada de eso porque la realidad mediática en la que vivimos es la realidad de las grandes corporaciones de noticias aliadas al capital y a sus socios -en este caso al poderío de la industria armamentística usamericana- capaz de crear una realidad como ya lo hiciera Orson Welles en su experimento radiofónico social “La Guerra de los Mundos” en el siglo pasado.

    El Fascismo Global, es así.

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 08:00
  25. El “costo” de la paz

    por Adrián Cattivelli

    La conmemoración de los atentados del 11 de setiembre, al tiempo de ser la ocasión propicia para rendir homenaje a las víctimas de aquellos pavorosos ataques, constituye una oportunidad para reflexionar acerca del gasto militar que el mundo tiene actualmente, incesantemente incrementado desde aquella fecha aciaga.

    Paradójicamente, en la medida que se multiplican los discursos en favor de la “reconciliación y el entendimiento universales”, cuanto más se exalta la retórica pacifista, los gobiernos más consolidan sus planes armamentistas en previsión a escenarios de reales o hipotéticos conflictos.

    El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, según sus siglas en inglés) informó recientemente que en 2010 existían en el mundo grandes conflictos armados activos en 15 lugares del mundo: Rwanda, Somalia, Sudán, Uganda, Colombia, Perú, Estados Unidos, Afganistán, India, Myanmar, Pakistán, Filipinas, Irak, Israel y Turquía.

    Estados Unidos lidera el grupo de los diez países que más gastos de defensa tienen en el mundo. Lo siguen China, Gran Bretaña, Francia, Rusia, Japón, Arabia Saudí, Alemania, India e Italia. El año pasado, Washington dispuso de un presupuesto militar de 698.000 millones de dólares, lo cual representa un 43 por ciento del total del gasto en defensa de todo el planeta.

    Paradójicamente, en América del Sur, donde más a menudo es invocado el manido lenguaje de la “integración”, es la región del mundo que mayor crecimiento del gasto militar tuvo en 2010, un 5,8 por ciento más en relación con el anterior periodo medido, superando los 63.000 millones de dólares.

    En enero de 2011, señala SIPRI, ocho Estados (Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia, China, India, Paquistán e Israel) poseían más de 20.500 armas nucleares. Más de 5.000 de ellas están desplegadas y listas para su uso, “incluidas alrededor de 2.000 que se mantienen en un estado de alta alerta operacional”.

    Adquieren, pues, relevancia las expresiones de Dwight Eisenhower, quien en su discurso de despedida de la Presidencia advertía sobre los efectos de una “injustificada influencia” del complejo militar-industrial de su país: “El potencial para la perniciosa acumulación de poder en manos ilegítimas existe y no cesará de existir. No debemos permitir jamás que el peso de esta influencia ponga en peligro nuestras libertades ni nuestros procesos democráticos”.

    Lamentablemente, lo sucedido en el último medio siglo parece haber confirmado los peores temores del entonces saliente mandatario de los Estados Unidos. Cada vez se vuelve más difícil saber en manos de quiénes estamos.
    11 de Septiembre de 2011

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 06:58
  26. ¿Vale la pena recordar los desastres?

    por Victor L. Romero MD (*)

    Recordar los grandes desastres como el 11 de Setiembre en los Estados Unidos o el 1 de Agosto para nosotros los paraguayos construyendo monumentos ¿no es acaso volver a traumatizarnos de nuevo, o es que tal vez sirva para fortalecer nuestra capacidad de recuperación? En cualquiera de los casos, conmemorar es parte de la naturaleza humana. Es un deseo universal el recordar a los muertos y muy a menudo, la única manera de hacerlo es creando un lugar para tales efectos. Cuando nuestros antepasados colocaron cruces a la orilla de los viejos caminos de tierra, a veces ya olvidados con el tiempo, fue para decirnos: respetamos y no olvidamos a nuestros muertos.

    Un monumento en la memoria de los que cayeron en Nueva York el 11 de setiembre y de los que perdieron sus vidas de una manera horrible en Asunción aquel 1 de agosto puede ayudar a muchos de los sobrevivientes a manejar el dolor y continuar con el proceso de recuperación después de tanta pérdida. Es justamente una de las cosas que hasta hoy día los paraguayos no hemos tomado el tiempo de hacer después de la hecatombe de 1864 a 1870. Olvidamos a nuestros muertos al no construir un camino poblado de cruces y de recordatorios desde Paso de Patria hasta Cerro Corá de manera que nuestra historia nos una en el dolor en vez de separarnos como lo ha hecho por tanto tiempo.

    Sin embargo, es conocida la falta de una sola respuesta valedera para todos aquellos traumatizados por un hecho catastrófico. Quienes no han terminado aún el proceso del duelo ante las grandes pérdidas pueden sufrir trastornos al exponerse a estas memorias por quedarse como atascados en un proceso de duelo interminable. Se les vuelve difícil revivir los hechos porque aún siguen con el dolor tan vívido y pueden tener sobresaltos con esos recuerdos. Hasta los aniversarios son dolorosos en estos casos. Para aquellas personas que han superado el hecho traumático, o una pérdida, un memorial tiene un rol curativo y saludable. Sirve para integrar los hechos del pasado y recordar las experiencias. Pero recordar el aniversario de un desastre es una cosa y construir un memorial permanente es algo muy distinto, ya que está en nuestro ADN recordar a nuestros muertos. Estos monumentos deben ser lugares sagrados en donde inclusive descansen los restos de los que ahí cayeron. Los estudios hechos sobre el holocausto judío demostraron que una vez creada la memoria, pasa de tener un impacto meramente emocional a tener un efecto profundamente educativo. Por eso, la conmemoración no es solo pasar por el duelo y la memoria, sino, inclusive aquellos que no han estado presentes en el evento o nacieron después, pueden aprender de aquellas experiencias, convirtiéndose así en algo significativo para las generaciones futuras.

    * Médico especialista diplomado del Board Americano de Psiquiatría y Neurología.

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 06:55
  27. El 11 de setiembre convirtió al mundo en un lugar más hostil

    Los pavorosos ataques terroristas cometidos el 11 de setiembre de 2001 en los Estados Unidos tornaron al mundo en un lugar más inseguro. Aún conservamos intacto en nuestras retinas el siniestro espectáculo de aquellos aviones impactando a plena luz del día contra las Torres Gemelas del World Trade Center y el Pentágono. Todavía sigue sobrecogiendo nuestro espíritu la consideración del altísimo costo en vidas humanas de esos atentados, la violenta e innecesaria muerte de miles de personas procedentes de los cuatro puntos cardinales del planeta.

    Aquel impacto al corazón de la nación más rica y poderosa del mundo mueve a millones de seres humanos a interrogarse acerca de los márgenes de seguridad en que se desenvuelve cotidianamente su existencia: si esto le pasa a Estados Unidos, ¿qué podría sucederles a mi país, a mi familia o a mí mismo?

    El 11 de setiembre marca la fecha en que el terrorismo internacional hizo aparición a una escala planetaria. Aquellos eventos excedieron en mucho lo que la mente humana y su imaginación conciben. ¿Cómo puede explicarse el uso de aviones civiles, con cientos de inocentes pasajeros a bordo, para convertirlos en misiles destinados a producir la muerte más horrorosa de miles de seres humanos?

    Los ataques perpetrados hace diez años supusieron el inicio de una nueva era, de una época signada por el terror y por el miedo. Ellos significaron, también, el fortalecimiento del terrorismo internacional, ya que los delincuentes instalaron en el imaginario colectivo la idea de que era posible producir una enorme herida a la principal potencia política, económica y militar del mundo, reduciéndola a la dimensión de un objeto vulnerable.

    Tras los ataques registrados hace una década, como si fueran “hijos” suyos, se produjeron nuevos atentados de vastas proporciones en Madrid, Londres y Moscú, con un elevado costo en vidas humanas, incluidas las de humildes obreros latinoamericanos que se dirigían a sus lugares de trabajo cuando los terroristas volaron el tren en la estación de Atocha, en la capital española, el 11 de marzo de 2004.

    Los tentáculos del fundamentalismo islámico se extendieron a lo largo y ancho del planeta, como para hacernos saber a todos que su azote de muerte y desolación puede alcanzar cualquier objetivo que se trace en cualquier parte del mundo, sin mayor consideración hacia el tamaño o el poderío de la nación que se pretenda atacar.

    Con sus luces y sus sombras, tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, Estados Unidos y muchos países del mundo desplegaron una ofensiva contra el terrorismo internacional. Esta no ha carecido de desaciertos, es preciso mencionarlo, sin embargo, ha tenido la virtud de contener a los violentos y, seguramente, de evitar un número mayor de ataques y de innecesarias muertes. Hoy más que nunca es preciso no bajar la guardia.

    Poco más de dos semanas después de los atentados en Estados Unidos, el 28 de setiembre de 2001, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas emitió la Resolución número 1373, ordenando a los estados miembros de la organización que adoptaran una serie de medidas legales para combatir al terrorismo internacional. Fruto de esa disposición, nuestro país aprobó el año pasado una ley que tipifica el delito de terrorismo en el Código Penal paraguayo.

    Paraguay, como integrante de la comunidad internacional, también debe dar su aporte en el combate a este flagelo mundial, especialmente a través del cumplimiento de la resolución de Naciones Unidas en lo que respecta a: prevención y represión de la financiación de actos terroristas, detección de fondos que puedan ser utilizados por aquellos que pretendan cometer estos delitos, y proporcionando el máximo nivel de asistencia en las investigaciones que se realizan en el ámbito internacional.

    La cooperación bilateral y multilateral es clave en estos momentos para hacer frente a un fenómeno que constituye una amenaza directa a la paz y a la seguridad mundial, sobre todo, teniendo en consideración los estrechos vínculos existentes entre el terrorismo internacional y la delincuencia organizada transnacional, fundamentalmente en lo atinente a las drogas ilícitas, el lavado de dinero y el tráfico de armas.

    El Paraguay también puede y debe colaborar para que el terrorismo internacional no encuentre ningún resquicio por el cual pueda infiltrar su insidiosa acción en nuestro territorio. Es mucho lo que el Gobierno tiene para hacer y para decir en esta delicada cuestión, especialmente a través de una atinada política preventiva que sepa descubrir amenazas a la seguridad colectiva de los paraguayos allí donde ellas existan o amenacen con existir.

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 06:49
  28. BARACK OBAMA DESTACÓ LA FORTALEZA DE ESTADOS UNIDOS A UNA DÉCADA DE LOS ATAQUES TERRORISTAS

    El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, declaró el sábado que su país se encuentra más fuerte que hace 10 años, cuando se produjeron los atentados del 11 de septiembre de 2001. A pocas horas del décimo aniversario de esos ataques, que dejaron un saldo cercano a los 3.000 muertos en Nueva York, Washington y Pennsylvania, el mandatario estadounidense se dirigió a sus ciudadanos en su emisión radial habitual de los sábados, también difundida por Internet, y destacó que los esfuerzos incesantes de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo tuvieron como resultado el debilitamiento de Al-Qaeda. Obama tiene previsto asistir el domingo a los 3 sitios en los que hace una década se estrellaron 4 aviones, en los que se desplazaban los autores de esos actos. Dos de los aparatos provocaron la caída de las torres gemelas del World Trade Center, en Nueva York, otro impactó contra el Pentágono, en Washington, y el último se estrelló en un campo de Pennsylvania.

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 06:45
    • Alianzas necesarias

      por Barack Obama, presidente de EE.UU.

      En este 10º aniversario de los ataques terroristas del 11 de setiembre de 2001, recordemos que en esa fecha se produjo no solo un ataque contra Estados Unidos, sino un ataque contra el mundo y contra la humanidad y las esperanzas que compartimos.

      Recordemos que entre las casi 3.000 personas inocentes que perdimos aquel día había cientos de ciudadanos de más de 90 países. Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, de muchas razas y credos. En este solemne aniversario nos sumamos a sus familias y sus países para rendir homenaje a su memoria.

      Recordemos con gratitud cómo, hace diez años, el mundo manifestó su unidad. En todo el planeta, ciudades enteras se paralizaron en momentos de silencio. La gente ofreció sus oraciones en iglesias, mezquitas, sinagogas y otros lugares de culto. Y todos en Estados Unidos nunca olvidaremos cómo las personas en todos los rincones del mundo se solidarizaron con nosotros en vigilias con velas y entre los mares de flores delante de nuestras embajadas.

      Recordemos que en las semanas posteriores al 11 de setiembre actuamos como comunidad internacional. En el marco de una amplia coalición, expulsamos a Al Qaeda de sus campamentos de entrenamiento en Afganistán, derribamos a los talibanes y ofrecimos al pueblo afgano la oportunidad de vivir sin terrorismo. Sin embargo, los años posteriores fueron difíciles y el espíritu de la alianza mundial que sentimos tras aquel día se desgastó.

      Como presidente, he dirigido mis esfuerzos a renovar la cooperación mundial que tenemos que tener para responder a la gama entera de retos que afrontamos. Por medio de una nueva era de participación, hemos establecido alianzas con países y personas que se basan en intereses y respeto mutuos.

      Como comunidad internacional, hemos demostrado que los terroristas no son rivales para la fortaleza y resistencia de nuestros ciudadanos. He dejado bien sentado que Estados Unidos no está en guerra contra el islam y nunca lo estará. Más bien, con aliados y socios estamos unidos contra Al Qaeda, que ha atacado docenas de países y matado a decenas de miles de hombres, mujeres y niños inocentes, en su gran mayoría musulmanes. Esta semana, recordamos a todas las víctimas de Al Qaeda así como el valor y la resistencia con que sus familias y conciudadanos han perseverado, desde Oriente Medio a Europa, desde África hasta Asia.

      Al trabajar juntos, hemos desbaratado complots de Al Qaeda, eliminado a Osama bin Laden y a gran parte de sus altos mandos, y hemos colocado a Al Qaeda en el camino hacia la derrota. Mientras tanto, los pueblos de Oriente Medio y el norte de África demuestran que el camino más seguro hacia la justicia y la dignidad es la fuerza moral de la no violencia, en lugar del terrorismo y la violencia sin sentido. Está claro que los extremistas violentos se están quedando atrás y que el futuro pertenece a aquellos que desean construir y no destruir.

      A los países y a las personas que desean un futuro de paz y prosperidad les digo que tienen un socio en Estados Unidos, pues aunque nos enfrentamos a desafíos económicos internos, Estados Unidos continuará desempeñando un papel singular de liderazgo en el mundo. Mientras replegamos el resto de nuestras tropas de Iraq y trasladamos las responsabilidades en Afganistán, apoyaremos a los iraquíes y a los afganos en sus esfuerzos por lograr la seguridad y ofrecer oportunidades a sus pueblos. En el mundo árabe y más allá de este, defenderemos la dignidad y los derechos universales de todos los seres humanos.

      En todo el mundo, continuaremos el arduo trabajo de lograr la paz, fomentar el desarrollo que saque a la gente de la pobreza, y contribuir a avanzar la seguridad alimentaria, la salud y el buen gobierno que desatan el potencial de los ciudadanos y las sociedades.

      Al mismo tiempo, nos hemos vuelto a comprometer con el ejercicio de nuestros valores en nuestro país. Como país de inmigrantes, Estados Unidos recibe a personas de todos los países y culturas. Estos nuevos estadounidenses, como las víctimas inocentes que perdimos hace diez años, nos recuerdan que a pesar de las diferencias de raza u origen étnico, antecedentes o creencias, a todos nos une la esperanza común de que podemos hacer que el mundo sea un lugar mejor para esta generación y las venideras. Este debe ser el legado de aquellos que perdimos.

      Aquellos que nos atacaron el 11 de setiembre querían crear divisiones entre Estados Unidos y el mundo. Fracasaron. En este 10º aniversario, nos sumamos a nuestros socios y amigos para recordar a todos aquellos que perdimos en esta lucha. En honor a su memoria, reiteramos el espíritu de alianza y respeto mutuo que necesitamos para hacer realidad un mundo en el que todas las personas vivan con dignidad, libertad y paz.
      11 de Septiembre de 2011

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      Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 06:55
  29. CANADÁ TAMBIÉN CONMEMORA LOS ATENTADOS DE 2001 EN ESTADOS UNIDOS

    La ciudad de Gander, en la provincia canadiense de Terranova y Labrador, recuerda los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Esa pequeña urbe de 10 mil habitantes jugó un rol importante, cuando las autoridades estadounidenses decidieron cerrar su espacio aéreo, poco después que los aviones impactaron contra los edificios del World Trade Center, en Nueva York, y contra el Pentágono. Gander acogió durante 4 días a 6.700 pasajeros, a bordo de 38 vuelos que fueron desviados de su destino original. Varios de los viajeros retornaron a Canadá durante el fin de semana, para agradecer a la población lo que hizo por ellos en ese momento. Un gran concierto a beneficio fue organizado a favor de los niños que perdieron a sus padres en los atentados. El embajador de Estados Unidos en Canadá, David Jacobson, se hizo presente en Gander para la ocasión. En una carta enviada al primer ministro canadiense, Stephen Harper, el presidente Barack Obama destacó la generosidad de la pequeña ciudad del este canadiense. También Vancouver recibió a 8.500 personas.

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    Publicado por jotaefeb | 11 septiembre, 2011, 06:45
  30. 11 de septiembre: Recuerdo y compromiso

    Por Robert Imbelli

    CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 11 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha publicado en “L’Osservatore Romano” Robert Imbelli, sacerdote de la archidiócesis de Nueva York, profesor de teología en el «Boston College», Estados Unidos.

    * * *

    El 11 de septiembre de 2001, en Boston, Nueva York y Washington d.c., era radiante y despejado —un día perfecto de final de verano—. Pocos de los que experimentaron su inicio y luego el horror que le siguió pueden volver a recordar tal jornada sin un suspiro de tristeza. Pero el recuerdo de la tragedia, como la anamnesis de la liturgia, pueden servir de exhortación a un renovado compromiso y comunión.

    El beato John Henry Newman nos enseñó a distinguir entre comprensión nocional y real. La primera, aun siendo importante, permanece abstracta y conceptual. La segunda es concreta y experiencial, y estimula a la acción. La tragedia del 11 de septiembre evoca la comprensión viva de cuatro verdades.

    Primero: la pasión y convicción religiosa puede estimular al bien, pero también puede alimentar un fanatismo letal. Para ser don de vida, el compromiso religioso debe ser templado por el discernimiento de la razón. Un importante texto del Nuevo Testamento, frecuentemente citado por Benedicto XVI, es el comienzo del capítulo doce de la Carta a los Romanos. En él, el Apóstol nos exhorta a comprometernos en el «culto espiritual» — logiken latreian (12, 1). Este culto «según el logos» se percata de que «el amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor» (13, 10). Para el Papa Benedicto la fe auténtica no desprecia la razón, sino que la purifica y perfecciona.

    Segundo: muy a menudo damos por descontado y no logramos reconocer el valor del don de la vida y del amor. Muchos jóvenes, después del 11 de septiembre, han releído la Encíclica del beato Juan Pablo II «El Evangelio de la vida» que les ha desafiado a hacer propia, de modo más completo, su visión de un humanismo integral. Han llegado a comprender que una visión auténticamente católica integra la solicitud por el feto en el seno materno, por la viuda y el huérfano, el refugiado y el anciano. No sitúa estos intereses en competición entre sí, sino que los entrelaza en un compromiso sin fisuras con el Señor que vino para que todos «tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10, 10).

    Tercero: el 11 de septiembre reveló fuertemente la absoluta precariedad de la vida humana. Todas nuestras aspiraciones y logros pueden apagarse con rapidez. «Los días del hombre duran lo que la hierba… que el viento la roza, y ya no existe», lamenta el salmista (Sal 103, 15-16). A la luz de esta constatación, todos pueden con seguridad tomarse en serio la exhortación de la tradición budista: «¡Sed conscientes!». El reto espiritual para cada quien es ser consciente del momento presente y de la valiosa presencia del otro. La tradición bíblica, repetida cotidianamente en la liturgia de las Horas, insiste: «Ojalá escuchéis hoy su voz: “No endurezcáis el corazón”» (Sal 95). Y muy frecuentemente la voz de Dios habla a través de la voz de nuestro prójimo, a través de su alegría y de su esperanza, su dolor y su aflicción.

    Cuarto: el recuerdo más vivo de aquel día terrible persiste, no en el odio de los terroristas, sino en el valiente sacrificio de los socorristas, «los primeros que respondieron». Aquellos hombres y mujeres, fueran cristianos o judíos, musulmanes o personas sin una fe explícita, observaron la enseñanza de Jesús: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15, 13). La suya fue una solidaridad vivida, incluso hasta la muerte.

    Con todo, la esperanza católica llega a trascender esta generosa solidaridad terrena. No se limita sólo a la vida presente. Nuestra gran esperanza engloba también la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Como escribe el Papa Benedicto en su espléndida encíclica Spe salvi (48): «Deberíamos darnos cuenta de que ningún ser humano es una mónada cerrada en sí misma. Nuestras existencias están en profunda comunión entre sí, entrelazadas unas con otras a través de múltiples interacciones. Nadie vive solo. Nadie peca solo. Nadie se salva solo. En mi vida entra continuamente la de los demás: en lo que pienso, digo, me ocupo o hago. Y viceversa, mi vida entra en la vida de los demás, tanto en el bien como en el mal. Así, mi intercesión en modo alguno es algo ajeno para el otro, algo externo, ni siquiera después de la muerte. En el entramado del ser, mi gratitud para con él, mi oración por él, puede significar una pequeña etapa de su purificación. Y con esto no es necesario convertir el tiempo terrenal en el tiempo de Dios: en la comunión de las almas queda superado el simple tiempo terrenal. Nunca es demasiado tarde para tocar el corazón del otro y nunca es inútil».

    Esta es la oración y la esperanza que los creyentes albergarán en su corazón cuando se reúnan el día del Señor para recordar el décimo aniversario del 11 de septiembre y para celebrar una vez más la comunión de todos en Cristo.

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    Publicado por jotaefeb | 10 septiembre, 2011, 19:32
  31. CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 11 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos la carta que ha enviado Benedicto XVI al arzobispo de Nueva York y presidente de la Conferencia episcopal estadounidense monseñor Timothy M. Dolan en el décimo aniversario de los ataques terroristas contra los Estados Unidos.

    * * *

    ¡Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo!

    En este día, mis pensamientos se dirigen a los sombríos sucesos del 11 de septiembre de 2001, cuando se perdieron tantas vidas inocentes en la brutal agresión contra las torres gemelas del World Trade Center y los ataques sucesivos en Washington D.C. y Pensilvania. Me uno a vosotros al encomendar a las miles de víctimas a la infinita misericordia de Dios Omnipotente y al pedir a nuestro Padre celestial que siga consolando a quienes lloran la pérdida de sus seres queridos.

    La tragedia de aquel día se agravó aún más por la reivindicación de sus autores de actuar en nombre de Dios. Una vez más, se debe afirmar inequívocamente que ninguna circunstancia jamás puede justificar actos de terrorismo. Cada vida humana es preciosa ante los ojos de Dios y no se debería escatimar ningún esfuerzo en el intento de promover en todo el mundo un respeto genuino por los derechos inalienables y la dignidad de los individuos y los pueblos en todo lugar.

    El pueblo americano debe ser elogiado por la valentía y generosidad que mostró en las operaciones de rescate y por su tenacidad para seguir adelante con esperanza y confianza. Es mi ferviente plegaria que un compromiso firme por la justicia y una cultura global de solidaridad ayuden a liberar al mundo del rencor que tan a menudo desencadena actos de violencia; y creen las condiciones de mayor paz y prosperidad, ofreciendo un futuro más luminoso y seguro.

    Con estos sentimientos, extiendo mi más afectuoso saludo a usted, a sus hermanos en el episcopado y a cuantos están encomendados a su cuidado pastoral, y con mucho gusto les imparto mi bendición apostólica como prenda de paz y serenidad en el Señor.

    Vaticano, 11 de septiembre de 2011


    BENEDICTUS PP. XVI

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    Publicado por jotaefeb | 10 septiembre, 2011, 19:31
  32. El día que comenzó el siglo XXI
    por Jesús Ruiz Nestosa
    “Así como la Primera Guerra Mundial dio inicio al siglo XX, creo que acabamos de entrar en el siglo XXI”. Así comencé mi clase de periodismo aquella noche del martes del fatídico 11 de septiembre de 2001. El domingo se cumplirán diez años de un atentado que, del mismo modo que el asesinato de Sarajevo, provocó la Gran Guerra en 1914, así este atentado criminal, que dejó 2.602 muertos, además de 24 desaparecidos, daría un vuelco a la historia.

    La organización criminal Al Qaeda se responsabilizó del atentado después de haber estrellado dos aviones de pasajeros contra las Torres Gemelas, otro contra el Pentágono en Washington y un cuarto que se precipitó a tierra en Pensilvania, cuando posiblemente se dirigía hacia la Casa Blanca. Osama Bin Laden, cerebro de estos atentados, al elegir los edificios de Nueva York, apuntó a uno de los símbolos de la ciudad, de los Estados Unidos y del mundo capitalista. Esto, sin contar la osadía de dar el golpe en uno de los centros neurálgicos del país.

    Con sus 417 metros de altura y sus 100 plantas, fue durante varios años el edificio más alto del mundo, desbancando así al Empire State que desde los años 30 llevaba con orgullo esta marca. No solo fue un prodigio de la arquitectura, diseñado por el japonés Minoru Yamasaki, sino también de la ingeniería, al desarrollar un sistema revolucionario para sostener la estructura; innovación que terminó siendo su perdición, ya que la alta temperatura alcanzada por la explosión de los aviones, con los depósitos llenos de combustible, hizo que los tubos de acero se derritieran, desplomándose primero la parte superior y luego, arrastrado por el excesivo peso, el resto del edificio.

    El domingo, como parte de los actos conmemorativos de aquella fecha, se inaugurará un monumento y un espacio en el lugar que ocupaba una de las dos torres desaparecidas. El sitio, a no dudarlo, seguirá siendo, por muchos años, un lugar obligatorio de visita, como recuerdo de la barbarie de que es capaz de alcanzar la irracionalidad, el fundamentalismo religioso o, simplemente, la demencia.

    También están las contradicciones. Los curiosos se acercan al lugar y pasan frente a la estación de bomberos que tuvo mayor participación en el rescate de las víctimas por su proximidad a los edificios. En la esquina, en la pared, se ve un cuadro con las fotografías de todos los bomberos que murieron en esa oportunidad, cumpliendo con su deber. En la acera, simplemente en el suelo, la gente deja flores y otras encienden velas. A continuación, un gigantesco mural de más de cien metros de bronce, recuerda en altorrelieve, los episodios de aquella mañana. Lo llamativo son los turistas que posan frente a estas imágenes y se fotografían con una amable sonrisa en los labios. La imposibilidad de comprender la magnitud de ciertas tragedias es universal. La ausencia de sensibilidad alcanza a todos.

    Cerca de las Torres, en una guardería infantil, nada más entrar, hay una serie de fotografías. La secretaria explica: “Son los padres de los niños que nunca más vendrán a buscar a sus hijos porque murieron en las Torres”. Toda la zona, no solo la llamada “Zona Cero”, está impregnada de fatalidad y dramatismo. Es una experiencia dolorosa, como debe ser visitar el campo de la muerte de Auschwitz o la Plaza de la Paz de Hiroshima.

    Cerca de allí, un grupo de americanos musulmanes desea levantar una mezquita y ha despertado una reacción violenta por parte de muchos ciudadanos de Nueva York. Es comprensible, pero creo que debería hacerse, porque no fueron los musulmanes quienes cometieron el crimen, sino los criminales que buscaron en un dios inexistente el pretexto para dar satisfacción a sus instintos irracionales. Esta sería una señal inmejorable que todos, no importa de qué religión se sea, estamos por una convivencia pacífica.
    9 de Septiembre de 2011
    http://www.abc.com.py/nota/el-dia-que-comenzo-el-siglo-xxi/

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    Publicado por jotaefeb | 10 septiembre, 2011, 18:27

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"La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes"24/05/17
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