Sábato, un hombre con compromiso ético a quien el arte salvó del suicidio

El escritor argentino Ernesto Sábato, fallecido hoy a los 99 años, pronunció durante su vida numerosas frases que dan cuenta de sus reflexiones ante la evolución del mundo, la vejez y la globalización, entre otras temáticas.

El escritor dejó una serie de frases memorables.

“Siempre tuve miedo al futuro, porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte”. (Diálogos con Jorge Luis Borges).

“Ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás”.

“Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables”.

“El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria. Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse”.

“A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza. La masificación ha hecho estragos, ya es difícil encontrar originalidad en las personas y un idéntico proceso se cumple en los pueblos, es la llamada globalización”.

“¿Qué se puede hacer en ochenta años? Probablemente, empezar a darse cuenta de cómo habría que vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena”. (Uno y el universo)

“Habrá siempre un hombre tal que, aunque su casa se derrumbe, estará preocupado por el Universo. Habrá siempre una mujer tal que, aunque el Universo se derrumbe, estará preocupada por su hogar”. (Uno y el universo).

“Se discute si Dalí es auténtico o farsante. Pero ¿tiene algún sentido decir que alguien se ha pasado la vida haciendo una farsa?”.

“¿Por qué no suponer, al revés, que esa continua farsa es autenticidad? Cualquier expresión es, en definitiva, un género de sinceridad”. (Uno y el universo).

“El presente engendra el pasado”. (Uno y el universo).

“El oficio -en el arte-, consiste en que no se lo advierta”. (Uno y el universo).

“¿O será uno de esos seres solitarios y a la vez temerosos que sólo resisten la soledad con la ayuda de ese gran enemigo de los fantasmas, reales o imaginarios, que es la luz?” (Sobre héroes y tumbas).

“Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano”. (Antes del fin)

“Todo hace pensar que la Tierra va en camino de transformarse en un desierto superpoblado … Este paisaje fúnebre y desafortunado es obra de esa clase de gente que se habrá reído de los pobres diablos que desde hace tantos años lo veníamos advirtiendo, aduciendo que eran fábulas típicas de escritores, de poetas fantasiosos”. (Antes del fin).

“Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa”. (Ensayo La Resistencia).

15 comentarios en “Sábato, un hombre con compromiso ético a quien el arte salvó del suicidio”

  1. Pastillas para no soñar
    Sergio Cáceres Mercado
    Según Sabina, pastillas para no soñar son las que uno debe tomar si lo que se quiere es vivir cien años. De algo estamos seguros: Ernesto Sabato jamás tomó semejantes píldoras. Lo sabemos no solo porque murió a días de su centenario, sino por lo que escribió en sus novelas y ensayos.

    En este sentido, recuerdo su explicación, sacada de su propia experiencia, sobre el efecto de las matemáticas en la psiquis (alma). Durante su pasado como científico físico -cuenta- se había refugiado en los perfectos mundos matemáticos (“[…] todo es luminoso y resplandeciente como un teorema”). En ese hiperuranio platónico todo era bello, bueno e inmutable; le estaba vedada la entrada a lo que de monstruoso tiene la existencia humana. Pero algo se revolvía en el interior de esa psiquis, que parecía estar a salvo gracias al bálsamo geométrico, hasta que su encuentro con ciertas vanguardias del arte rompieron esos castillos de cristal.

    El producto de ese quiebre fue Uno y el universo (1945), el libro que le mostró realmente quién era y cuál era su camino en la vida. Desde ese momento empezó a soñar sin miedo a sus fantasmas, o para exorcizarlos, como le gustaba decir. Así empezaron a llegar, alternadamente, sus tres novelas e innumerables ensayos.

    Nadie vuelve a ser el mismo luego de sobrevivir a El túnel (“¿Toda nuestra vida sería una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?”) o al Informe sobre ciegos (“Si prevalece siempre el bien, ¿por qué hay que predicarlo?”). La tensión metafísica que vertebra sus obras es de una crudeza que muchas veces incomoda. Y de sus reflexiones sobre la ciencia, el arte, la verdad, las virtudes y las miserias del hombre, ahora recobran un especial sentido aquellas donde la muerte es lo central.

    Aquel escritor que hacía sus primeras armas debutando con El túnel ya nos decía: “Con los años se llega a saber que la muerte no sólo es soportable, sino hasta reconfortante”. ¿Puede dudar alguien que le habrá sido confortante su propia partida? A muchos habrá dejado descolocados su impertinente partida, justo ahora que las pompas (no fúnebres) se preparaban para cerrar su siglo de vida, pero seguro que a él no.

    Pero todo su existencialismo sartriano se nota en su tercera novela, Abbadón, el exterminador, donde protesta: “¿Cómo se puede estar conforme con haber sido puesto involuntariamente en este planeta y, a su debido tiempo, asquerosamente viejo, ser expulsado en medio de horribles dolores, sin recibir ni explicaciones ni disculpas?”. Y se fue así, sin explicaciones ni disculpas.

    Más premonitorias aún son aquellas líneas de su segunda novela: “¿Qué podés saber de lo que pasa en la cabeza de un viejo desvelado que tiene casi cien años? Quizá solo recuerdos, qué sé yo… Dicen que a esa edad sólo se recuerda…” (Sobre héroes y tumbas).

    Sí, Ernesto Sabato estaba obsesionado con muchas cosas, entre ellas la muerte. Le llegó ahora el momento de la inmortalidad, la única posible entre los mortales, y que es forjada con recuerdos.

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  2. Bastará con decir que Ernesto Sabato no ha muerto

    Ni el rigor de los años, ni la crueldad del olvido podrían arrebatar lo que el pesar de un hombre dejó escrito en pasajes de novelas y ensayos. Para que un hombre muera solo hace falta que se lo olvide.
    por Rubén Romero

    Ernesto Sabato se preparó a morir en 1998, luego del fallecimiento de su esposa Matilde y después de haber recibido unas prevenciones de los doctores. No tuvo mejor forma de hacerlo que escribiendo un libro que tituló “Antes del fin”, libro que, me permito decir, es uno de los pocos que consiguieron entusiasmarme verdaderamente, de esos que se leen más de una vez en el mismo día.

    Pero cómo no iba a entusiasmarme aquella especie de testamento en donde el posible difunto se dispone a dejar su herencia, que no consistía en objetos materiales sino en profundos recuerdos que resultaron ser trascendentales en su vida. Es imposible no recordar cómo sufría todavía la muerte de su hijo; o la vez en que el pintor surrealista Óscar Dominguez lo invita a que se suicidaran juntos una noche. Sabato rechaza la invitación a pesar de reconocer haber sido tentado por la propuesta. El pintor, sin embargo, decide postergar su suicidio (lo concreta al año siguiente). Este era el contexto en el cual se desarrollaba su vida en París. Este tipo de riesgo se corría al involucrarse con los surrealistas, cuya corriente estaba en pleno apogeo.

    Esa era la vida de Ernesto Sabato por las noches, porque de día era un respetado científico del Laboratorio Curie en París. “En el Laboratorio Curie, en una de las más altas metas a las que podía aspirar un físico, me encontré vacío de sentido. Golpeado por el descreimiento, seguí avanzando por una fuerte inercia que mi alma rechazaba”, reconoce en un pasaje.

    Era un hombre que se debatía entre dos vertientes: la racional y la emocional. La ciencia representa lo metódico, lo riguroso, lo exacto y preciso, cualidades que deslumbraron al Sabato adolescente, le entusiasmaba ese mundo donde logaritmos sinusoides conseguían establecer un orden absoluto, inequívoco y perfecto. Sin embargo este mundo le parecía frívolo y cruel, con escaso o nulo compromiso con el hombre y su tiempo. Entonces decidió dedicarse de lleno a la escritura.

    Renunció no solo al Laboratorio Curie, sino también a un futuro promisorio y estable, para embarcarse al por entonces incierto territorio de la literatura. Esta decisión resultó ser valiente para algunos y absurda para sus colegas científicos, más todavía porque ya tenía esposa y un hijo que mantener.

    El túnel

    “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne”, así comienza su intensa novela psicológica que tituló “El túnel”, en donde Sabato nos hace viajar por el vertiginoso mundo paranoico y obsesivo de Juan Pablo Castel, quien narra con meditada turbación los acontecimientos que lo indujeron a asesinar a la mujer que amaba.

    Castel no es más que el espejo en donde nos miramos y nos reconocemos algunos, tanto así como María Iribarne, o Hunter, o el marido ciego. Pero detrás de todos ellos está uno solo: Ernesto Sabato, hombre perseguido y atormentado por un fantasma: “Uno se embarca hacia tierras lejanas, indaga la naturaleza, ansía el conocimiento de los hombres, inventa seres de ficción, busca a Dios. Después se comprende que el fantasma que se perseguía era Uno-Mismo”, dice en el prólogo de Hombres y Engranajes.

    En este período también escribió obras como “Uno y el Universo”, un pequeño libro en donde encontramos ensayos, aforismos, reflexiones expuestas a manera de microficción, otras con más criterio dogmático, sin dejar de poseer altos porcentajes de ironía y entusiasmo.

    El porqué del título, además de hacer alusión al comienzo de El Túnel, también tiene algo que ver con una conversación en donde con una amiga reflexionábamos sobre la muerte del escritor. Ella respondió a algo que dije con esta frase: “Sabato no está muerto. Hace rato que Sabato se volvió inmortal”.
    6 de Mayo de 2011

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  3. Realizarse en la utopía

    por Jesús Ruiz Nestosa

    SALAMANCA. El mismo se reconocía como un “cascarrabias”, perdía la paciencia con facilidad y, según quienes estaban más cerca de él, era un depresivo crónico. Cuando estuvo en Asunción hace algunos años, le hice una entrevista para este periódico y en un momento dado me dijo: “Daría todas mis distinciones, todas mis medallas, todos mis premios, todo, con tal de volver a ver con vida a mi hijo entrando a casa los domingos para la comida familiar”. Su hijo acababa de morir en un accidente de automovilismo.

    Es un lugar común ya hablar de sus largos momentos de amargura, pero se tiene que ser una persona extraordinaria, fuera del común de la gente, como lo fue Ernesto Sábato, para concluir su libro “Antes del final” (Seix Barral, Barcelona, 1999) con este párrafo, después de mencionar un texto de Miguel Hernández lleno de esperanza y confianza en los demás, mientras se estaba muriendo de tuberculosis y hambre en una cárcel franquista, Sábato aporta lo suyo: “Piensen siempre en la nobleza de estos hombres que redimen a la humanidad. A través de su muerte nos entregan el valor supremo de la vida, mostrándonos que el obstáculo no impide la historia, nos recuerdan que el hombre solo cabe en la utopía. Solo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido” (p. 188).

    Ernesto Sábato, que murió el sábado último en su casa de Santos Lugares, a las afueras de Buenos Aires, nos dejó una obra literaria escasa, tres novelas, pero especialmente significativa, en la que expuso esa manera tan especial de encarar la honestidad, la dignidad humana, el compromiso del escritor con su entorno, donde no se dejó llevar por la denuncia panfletaria, pero cuando fue necesario asumió su compromiso político con inteligencia y coraje. Al asumir como presidente Raúl Alfonsín, el primer presidente de la democracia después de la dictadura militar, le confió a Sábato la dirección de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep). Se documentaron allí 8.960 desapariciones y se ubicaron 340 centros de detención ilegal y tortura.

    Cuando joven fue secretario general de la Juventud Comunista Argentina y a causa de ciertos desvíos ideológicos el Partido (“siempre debíamos escribir Partido con mayúscula”) decidió enviarlo a la Escuela Leninista de Moscú, previo paso por Bruselas para asistir al Congreso contra el Fascismo y la Guerra. Una noche, discutió con su compañero de cuarto, un marxista ortodoxo, sus dudas sobre el “materialismo dialéctico”. Pensó luego que ese compañero iba a denunciarlo y decidió escaparse con la seguridad de que si viajaba a Moscú nunca más saldría de allí.

    Según la “intelligentsia” argentina Sábato es un mito, que “Sobre héroes y tumbas” no resiste una lectura seria en la actualidad. En estos días la he vuelto a leer, por lo visto de manera “no seria”, porque su relato, que es un compendio magistral de la historia argentina, me conmovió tanto como cuando la leí por primera vez hace más de treinta años. A partir de una crónica policial sórdida, publicada en el diario “La Razón” del 28 de junio de 1955, la mirada del escritor se extiende desde la huida y muerte del general Juan Lavalle (1797-1841) hasta los días contemporáneos a la redacción del libro (1961) sin olvidar aquella noche luctuosa del 16 de junio de 1955 en que Juan Domingo Perón lanzó a sus “descamisados” a quemar iglesias y el Jockey Club. Sábato, a través de su personaje Martín, está allí esa noche para relatarla como testigo. En medio del relato, como enigma para desentrañar el enigma mayor que es la historia, se incluye el famoso “Informe para ciegos”. En una entrevista dijo: “Esta es la obra en que intento dar una versión total de mi realidad. De toda mi realidad, sobre héroes y tumbas, sobre esperanzas y desesperanzas, sobre la vida y la muerte, el bien y el mal”. Sábato nos ha dejado así no solo una lección de literatura, sino una verdadera lección de vida.

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  4. Sábato o el eterno oficialista

    Luis Menéndez analiza la relación del escritor argentino con los poderes de turno.

    Por Luís Menéndez Publicado en el blog de Luis Menéndez

    Sábato escritor. Como escritor, Ernesto Sábato es inimputable. Sus libros pueden juzgarse como buenos o muy buenos o mediocres o tajantemente malos de acuerdo a los múltiples planos de identificaciones, significaciones, análisis literarios o cadencias imaginativas que cada persona ponga en juego cuando se acerca a ellos. Si lo que se ha muerto es un escritor poco queda por decir porque nunca se puede decir mucho de la muerte de un escritor: ha muerto un escritor -para algunos buen escritor, para otros mal escritor, para algunos otros ambas cosas a la vez y para la gran mayoría de las personas un escritor de nombre reconocido, autor de textos y novelas a los que esa gran mayoría nunca leyó ni habrá de leer-.

    Si se muere un escritor a lo sumo se puede escribir una pequeña semblanza de sus afanes literarios o planear con ágil revoloteo sobre sus textos más reconocidos: es el cauteloso camino que elige Horacio González, director de la Biblioteca Nacional en su nota periodística aparecida en Página12.

    Operación Sábato. Sin embargo, la gran mayoría de los artículos y opiniones aparecidas en ocasión de la muerte de Ernesto Sábato elige un sendero radicalmente diferente: no el sinuoso y modesto camino delineado por la muerte de un escritor enmarañado y confuso sino la vertiginosa y rimbombante autopista laudatoria del emblema, los laureles del héroe moral, la apología del icono nacional. Se prefiere no el sendero de la cautela -la muerte de un escritor, para honrarlo como tal, siempre debiera ser humilde y casi silenciosa- sino la carretera de la beatificación y del ruido apologético. El espectáculo del fin y la ceremonia en el espectáculo. El precio de esta beatificación es altísimo: lo que se paga por esta operación santificante no es otra cosa, como se verá más adelante, que el cruento sacrificio de la verdad.

    Ernesto Sábato 24 de junio de 1911 – 30 de abril de 2011. Fuente: http://www.sabato90.com.ar/

    La pasión de Sábato. La beatificación de Sábato comenzó mucho antes de su muerte y el principal mentor de ella fue el propio Ernesto Sábato quien trabajó duramente durante toda su vida para construirse “un destino de bronce”, como justamente afirmara David Viñas, también escritor recientemente fallecido. Hace seis años, en una de sus últimas apariciones públicas, Ernesto Sábato fue homenajeado en la Casa Rosada por el gobierno nacional en una ceremonia que incluyó un respetuoso beso de Néstor Kirchner en la frente del escritor maestro. La fotografía de ese momento casi sublime para el escritor, que fuera publicada en algunos diarios, puede considerarse el resumen de lo que fue la persistente y casi única pasión en la vida de Sábato: constituirse en icono de culto, en monumento de cultura, en referente espiritual, casi un poco mágico y misterioso, para el conjunto de los argentinos.

    Embustes y mentirijillas. El aluvión adulatorio que surge de los titulares, artículos, comentarios y obituarios no es inocente. La apología post festum de Sábato por parte de gran parte de intelectuales, personajes de “la cultura”, políticos profesionales y opiniólogos advenedizos se construye sobre profundos escamoteos y escandalosas mentiras y expresa, una vez más, la moral endeble, acomodaticia y negociable presente en muchos sectores de la sociedad argentina. Dos ejemplos, entre muchos otros, de este desangramiento de la verdad por afán de oportunismo y memoria tramposa son la retórica fullera del historiador Pacho O’Donnell y los dichos engañosos de Alberto Sileoni, Ministro de Educación de la Nación. O’Donnell, quien fuera funcionario de anteriores gobiernos patrios (Secretario de Cultura de Buenos Aires y de la Nación, Senador Nacional y también Embajador en países latinoamericanos), es conocido por pergeñar relatos caricaturescos y digeribles de la muchas veces indigesta historia argentina. Idéntica operación se propone en el proceso de beatificación a Sábato. Centrándose exclusivamente en el conocido almuerzo de camaradería entre Sábato y otros escritores y el dictador Videla en 1976, O’Donnell relativiza el compromiso de Sábato con la dictadura: fue “un error de Don Ernesto”, dice; aunque “en aquellos tiempos de terrorismo de Estado, si uno se negaba a una invitación del dictador lo que cabía hacer era salir del país y Sábato había decidido quedarse en la Argentina”.

    O’Donnell escamotea el verdadero vínculo de Sábato con la dictadura militar porque metamorfosea un apoyo explícito en un error, pero además oculta que en muchas otras ocasiones y durante varios años, durante aquellos tiempos de plomo y muerte, Sábato hizo público su apoyo y compromiso con el Proceso de Reorganización Nacional y se enfrentó a quienes criticaban y denunciaban a la dictadura desde el exterior, como el escritor Julio Cortázar. O’Donnell no sólo escamotea la verdad sino que miente descaradamente cuando afirma, muy suelto de cuerpo, que Sábato concurrió al almuerzo con Videla para pedir por el escritor desaparecido Haroldo Conti. A comer y beber con Videla ese mediodía fueron cuatro escritores: Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Horacio Esteban Ratti y Leonardo Castellani.

    Es bien sabido, para el que no quiere enterrar la verdad entre las oscuras nubes del olvido y de la mentira, que en esa reunión gastronómica la suerte de algunos artistas secuestrados fue un tema del que se habló tibiamente y que quien preguntó por la situación Haroldo Conti fue el cura Castellani. Es bien conocido que Ernesto Sábato guardó el más profundo silencio en ese asunto. Aunque a la salida del almuerzo mientras Borges, Ratti y Castellani casi no se acercaron a los micrófonos de los ansiosos periodistas, a Sábato le regresó la palabra fecunda: “puedo decir que con el presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación… se habló de la transformación de la Argentina, partiendo de una necesaria renovación de su cultura”.

    Sábato no dijo una sola palabra acerca de Haroldo Conti, pero en cambio sí opinó del milico Videla: “el general me dio una excelente impresión; se trata de un hombre culto, modesto e inteligente; me impresionó la amplitud de criterio y la cultura del presidente”. O’Donnell miente con descaro, aunque -por las dudas- se ataja: “cuando le pregunté a Sabato por qué había asistido a ese encuentro con Videla me contestó que los hijos de Haroldo Conti se lo habían pedido, para reclamar por su padre”. Un embustero se encubre en otro embustero. Otra pata de la mentira: Alberto Sileoni, ministro de Educación de la Nación, resaltó el “aporte que Sábato hizo a la democracia”. Aquí, hay que decirlo, es pertinente una duda: no está claro si Sileoni afirma lo que afirma por desconocimiento o dice lo que dice por determinación de sumarse a la patraña.

    El analfabetismo y la ignorancia de los hombres que se asientan en el poder ha llegado a ser casi axiomático. El reciente episodio de la diputada Diana Conti, atribuyendo con énfasis y con obstinación la autoría de Las venas abiertas de América Latina a Mario Vargas Llosa puede parecer un divertido rasgo del patetismo cultural en las personas con poder, pero no es, en modo alguno, una manifestación aislada de la supina brutalidad imperante entre los llamados políticos profesionales. Destacar a Sábato como gladiador demócrata y como inmaculado defensor de los derechos humanos es una de las operaciones favoritas y redundantes, al mismo tiempo que la más hipócrita, que están presentes en el proceso de beatificación de don Ernesto.

    El eterno oficialista. Poco antes de morir, en oposición a la propuesta elaborada por los intelectuales que conforman Carta Abierta, el escritor David Viñas dejó caer una frase que, aunque simple, emociona por su contundencia y honestidad: “un intelectual no puede ser oficialista”. Con esa sentencia Viñas quería reafirmar que el intelectual no debe enajenar su condición de crítico y que la participación y el compromiso con el gobierno de turno, cualquiera sea éste, hace perder distancia y objetividad y conduce muy fácilmente al ejercicio de algún tipo de comisariado cultural, como el reciente episodio de Horacio González con Vargas Llosa dejó demostrado.

    Es verdad que la pretensión de Viñas, aunque justa y éticamente imprescindible, es difícil de cumplir en todos sus términos. Casi por naturaleza y por necesidad el escritor y el pensador tienden a embarrarse y a participar en el juego del poder. Muchas veces lo hacen de mera palabra, algunas otras con acciones de un tenor mucho más comprometido. La historia argentina es un compendio del intelectual orgánico: Castelli, Echeverría, Sarmiento, Lugones, Marechal, por decir sólo de algunos. Céline y Sartre, por decir de otros en otras tierras: escritores que se embarcaron de cuerpo, alma y pasión en las disputas políticas y sociales de su época, desde terrenos y pensamientos definitivamente enfrentados en su praxis, en sus palabras, “en el barro y en la sangre”.

    Ninguna participación es impune: dar el paso al frente impone la posibilidad de equivocarse, invoca la presencia del error, incluso el asomo de la injusticia. ¿Se equivocó entonces Sábato al dar apoyo y cobertura a la dictadura militar del Proceso y, como desliza Pacho O’Donnell, ese es un error menor dentro de su trayectoria de consumado demócrata? No. O’Donnell, Sileoni y todos los que ensalzan la beatificación de Ernesto Sábato como adalid de la democracia y los derechos humanos mienten. Mienten descaradamente. Mienten interesadamente.

    Sábato no fue adalid de la democracia ni de ningún particular sistema de gobierno ni de ningún derecho, en tanto estas reivindicaciones no le aportaran elementos concretos para la pasión de su vida, a saber: la construcción del monumento cultural argentino llamado Ernesto Sábato. A Sábato jamás le importó quién gobernara o bajo qué circunstancias. Le importaba, y mucho, ubicarse siempre en los primeros planos, sostener la voz reconocida, manifestar la opinión esperada. Por eso Sábato fue siempre, durante toda su vida, el eterno oficialista: amigo de los demócratas en la democracia, camarada de los golpistas en las dictaduras.

    El eterno oficialista dos o un pequeño repaso contra el olvido o por su boca caen el pez, Oscar Wilde y Ernesto Sábato. La trayectoria y relaciones con el poder por parte de Sábato están documentadas y cualquiera con un mínimo afán de verdad puede recurrir a diarios, entrevistas y libros que desmienten la construcción de paladín democrático que la operación Sábato pretende imponer a la sociedad argentina. A saber:

    * Septiembre de 1955, el golpe de Estado derroca a Juan Perón. Sábato afirma, en sintonía con el dictador Aramburu: “En toda revolución hay vencidos. En ésta los vencidos son la tiranía, la corrupción, la degradación del hombre, el servilismo. Son vencidos los delincuentes, los demagogos, los torturadores. Personalmente, creo que los torturadores deberían ser sometidos a la pena de muerte”.

    * Años sesenta, presidencia de Arturo Frondizi, ungido gobernante por medio de elecciones en las que el partido político mayoritario, el peronismo, esta proscrito. Sábato se desempeña como funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores.

    * Golpe de Estado de 1966 que derroca al presidente Illia, presidencia del general Juan Carlos Onganía. Sábato declara: “Creo que es el fin de una era. Llegó el momento de barrer con prejuicios y valores apócrifos que no responden más a la realidad. Debemos tener el coraje para comprender (y decir) que han acabado, que habían acabado instituciones en las que nadie creía seriamente. ¿Vos creés en la Cámara de Diputados? ¿Conocés mucha gente que crea en esa clase de farsas? Ojalá la serenidad, la discreción, la fuerza sin alarde, la firmeza sin prepotencia que ha manifestado Onganía en sus primeros actos sea lo que prevalezca, y que podamos, al fin, levantar una gran nación”.

    * Año 1973, regreso y triunfo electoral peronista. Sábato, preocupado por esa ideología foránea que era la izquierda revolucionaria, da recomendaciones y sugiere represiones, muy cercano al pensamiento de la naciente Triple A: “Un gobierno que se proponga la gran transformación debe tener la convicción filosófica y la fuerza suficiente como para sacar a puntapiés a organizaciones extranjerizantes. La libertad absoluta no existe, no ha existido nunca ni existirá jamás. Si alguien entra en mi casa e intenta humillar o destruir o vejar a mi gente, yo no tengo el ‘derecho’ de impedirlo hasta con la fuerza, creo que tengo el ‘deber’ de hacerlo”.

    * Después, una vez instaurada la dictadura militar del Proceso, vendrá el ya conocido almuerzo con Videla en mayo de 1976. Pero para dejar en claro a todos sus apologistas que su apoyo a la dictadura no fue un hecho aislado o un simple error de cálculo, como algunos de ellos pretenden, Ernesto Sábato puso el hombro a la maniobra publicitaria y encubridora más fabulosa llevada adelante por los militares en el gobierno: el Mundial de Fútbol de 1978. Dos años después del almuerzo con Videla, Sábato aún se mostraba solidario con los militares en el poder y criticaba la “campaña antiargentina en el exterior”. En ese mismo año, para compensar las denuncias de los exiliados y los organismos de derechos humanos sobre las torturas y desapariciones, expuso su opinión en la revista alemana Geo Magazin: “La inmensa mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las fuerzas armadas tomaran el poder”. “Los extremistas de izquierda habían llevado a cabo los más infames secuestros y los crímenes monstruosos más repugnantes. Sin dudas, en los últimos meses en nuestro país, muchas cosas han mejorado: las bandas terroristas armadas han sido puestas en gran parte bajo control”.

    * En 1979 el escritor Julio Cortázar denunció desde el exterior del país las torturas y asesinatos que ocurrían a diario en la Argentina y escribió llamando a los intelectuales “a tomar la respuesta más activa y eficaz posible al genocidio cultural que crece día a día en tantos países latinoamericanos”. Sábato le salió al cruce: “la inmensa mayoría de sus escritores, de sus pintores, de sus músicos, de sus hombres de ciencia, de sus pensadores, están en el país y trabajan”.

    * Ante los primeros síntomas de derrumbe de la dictadura, a principios de los años ochenta, Sábato se reconvierte otra vez y apela a la democracia y a las instituciones de la democracia, las mismas en las que antes “nadie creía seriamente”. En 1983 el presidente Raúl Alfonsín crea una comisión de “notables”, presidida por Sábato para investigar la desaparición de personas durante la dictadura. En el prólogo del Informe que elabora esa comisión (el Nunca Más) Sábato despliega su “teoría de los dos demonios”, fundamento teórico para lo que después serían las leyes de Obediencia Debida y Punto Final que garantizaron, durante décadas, la impunidad de centenares de torturadores y asesinos de la dictadura militar.

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  5. Muerte de Ernesto Sábato y Primero de Mayo

    Adiós, maestro
    Miguel Guaglianone
    En el momento que estábamos intentando escribir algo sobre el Primero de mayo, tratando de reivindicar su sentido más que de festejo, de fecha de lucha y resistencia, un balde de agua fría nos cambió totalmente el tema. Una vez más la muerte y la ausencia nos llegan envueltas en la frialdad informativa. “A los 99 años muere el escritor argentino Ernesto Sábato”.
    Luego de una larga y muy fructífera vida, uno de los hombres más destacados entre los pensadores y artistas de nuestra América Latina nos abandona y nos deja un vacío en la conciencia colectiva, solamente compensado por su extraordinaria obra, por la suma de sus haceres y por su condición privilegiada de testigo y protagonista de nuestra convulsionada época.
    Aunque quizás sea más conocido a nivel público por su obra literaria, o por su condición de presidente de la Comisión de la Verdad que produjo en la Argentina posdictadura el informe Nunca Más (conocido también como Informe Sábato), este hombre extraordinario antes de ser artista y filósofo, fue también un destacado científico. Creo que no mucha gente conoce esa historia en la cual, luego de haber llegado al más alto nivel en la ciencia en su época (trabajó en París con los Curie y en el MIT, además de en la Universidad de la Plata; e investigó en Matemáticas, Teoría Cuántica, Relatividad y Rayos Cósmicos) renunció total y completamente a la ciencia, para dedicarse con toda su alma al Arte y al oscuro mundo de su intuición. En alguna de sus obras cuenta que aún cuando trabajaba en el día en el Instituto Curie, por las noches compartía la bohemia y el desenfreno con los surrealistas, quizás ya desde allí estuviera marcado su destino en la literatura y la pintura.
    Siendo muy joven conocí primero su obra literaria con El Túnel. El intenso y angustiante periplo del pintor y la desesperación de su mundo interior cuyo amor lo lleva hasta asesinar a su amada, me conmovieron profundamente. Pero cuando de allí salté a Sobre Hombres y Tumbas, su otra gran novela, y me encontré con el Informe de Ciegos, el impacto fue aún mayor. Acceder a ese oscuro y delirante submundo —que posteriormente solo he visto reflejado en castellano en algún cuento de Onetti o en los exaltados relatos de Isidore Ducasse (el Conde de Lautréamont)— constituyó una experiencia interior que marcó el resto de mi vida.
    Quizás lo que me ha hecho considerarlo siempre como un Maestro, además de una cierta identificación con su proceso interno de haber comprendido que el frío y abstracto mundo de la razón (un seguro útero que nos puede proporcionar la ciencia) está muy alejado de la realidad concreta de la vida; haya sido esa claridad de pensamiento y perspectiva, que mucho más tarde he identificado con la de aquellos que de alguna manera han podido desarrollar conjuntamente las dos visiones que nuestra mente nos proporciona (la racional y la intuitiva) y que la educación tradicional separa y mutila. Aunque Sábato renunció a la ciencia para siempre, nunca abandonó la claridad de raciocinio que le proporcionó su formación primera, la que pudo combinar magistralmente con las verdades profundas de su intuición y de sus fantasmas.

    Este enfoque le permitió, en los años 50 escribir una pequeña obra fundamental: Hombres y Engranajes. Allí, intentando explicar su alejamiento de la Ciencia y su acercamiento al Arte, dejó sentadas algunas reflexiones que creo constituyen un hito fundamental para la comprensión de la crisis nuestra época. Transcribo algunas de ellas:

    “Esta crisis no es sólo la crisis del sistema capitalista: es el fin de toda esa concepción de la vida y del hombre, que surgió en Occidente con el Renacimiento. Tal como Berdiaeff advirtió, el Renacimiento se produjo mediante tres paradojas… que no son sino aspectos de una sola y gigantesca paradoja: la deshumanización de la humanidad. Esta paradoja, cuyas últimas y más trágicas consecuencias padecemos en la actualidad, fue el resultado de dos fuerzas dinámicas y amorales: el dinero y la razón. Con ellas, el hombre conquista el poder secular. Pero —y ahí está la raíz de la paradoja— esa conquista se hace mediante la abstracción: desde el lingote de oro hasta el clearing, desde la palanca hasta el logaritmo, la historia del creciente dominio del hombre sobre el universo ha sido también la historia de las sucesivas abstracciones. El capitalismo moderno y la ciencia positiva son las dos caras de una misma realidad desposeída de atributos concretos, de una abstracta fantasmagoría de la que también forma parte el hombre, pero no ya el hombre concreto e individual sino el hombre—masa, ese extraño ser todavía con aspecto humano, con ojos y llanto, voz y emociones, pero en verdad engranaje de una gigantesca maquinaria anónima.” 1

    Sábato fue un hombre que combinó el pensamiento y la acción, desde muy joven militó primero en el Partido Comunista y luego fue desarrollando una perspectiva política humanista, que fue definiendo así:

    “La formidable crisis del hombre, esta crisis total, está sirviendo al menos para reconsiderar los modelos. Y no es casualidad que en diferentes partes del mundo empiece a reivindicarse otro tipo de socialismo, más cercano a aquel que preconizaba Proudhon, o al que en nuestros tiempos han sostenido espíritus nobles y lúcidos como Mounier, entre los cristianos y Bertrand Russell, entre los agnósticos. […] Un socialismo que respete la persona, que termine con la alienación y la sociedad de consumo, que termine con la miseria física pero también con la espiritual, que ponga la técnica y la ciencia al servicio del hombre y no, como está sucediendo, el hombre al servicio de aquellas. Un socialismo descentralizado que evite los pavorosos males del superestado, de la policía secreta y de los campos de concentración […]” 2

    “Aunque fui comunista activista, el anarquismo siempre me ha parecido una vía de conseguir justicia social con libertad plena. Y valoro el cristianismo del Evangelio. Este siglo es atroz y va a terminar atrozmente. Lo único que puede salvarlo es volver al pensamiento poético, a ese anarquismo social, y al arte.” 3

    Aunque en algún momento de sus últimos años pueda reprochársele haber profesado una cierta aceptación de la “teoría de los dos demonios” (la que intenta justificar la monstruosidad de la persecución, la tortura, la muerte y la desaparición; como una consecuencia de las acciones de quienes se rebelaron), creo que ella pudo estar originada en el horror que Sábato sentía ante la violencia y todas sus consecuencias. Y aunque así no lo fuera creemos que esta opinión no invalida toda una vida dedicada a promover lo mejor del ser humano y a condenar su lado oscuro, además de a generar obras de arte y reflexiones filosóficas fundamentales.
    Finalmente, cerramos esta apresurada semblanza y saludo final a un Maestro, con sus propias palabras referidas al día Primero de Mayo, que encontramos hojeando uno de sus libros para escribir esta nota.

    “… recuerdo las manifestaciones del primero de mayo, un conjunción de protesta y a la vez de profunda tristeza por los Mártires de Chicago. Eterno funeral por modestos héroes, obreros que lucharon por ocho horas de trabajo y que luego fueron condenados a muerte: Albert Parsons, Adolf Fisher, George Engel, August Spies y Louis Lingg, el de veintitrés años que se mató haciendo estallar un tubito de fulminato de mercurio en su boca. Los cuatro restantes fueron ahorcados. Posteriormente la investigación probó que eran inocentes de la bomba arrojada contra la policía. Estos obreros declararon estar orgullosos de su lucha por la justicia social y denunciaron a los jueces y el sistema del cual éstos eran típicos representantes. Hasta el último momento no renegaron de sus convicciones….4

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  6. INHUMARON AL ESCRITOR ARGENTINO ERNESTO SÁBATO
    Uno de los principales escritores argentinos, Ernesto Sábato, fue enterrado el domingo en la localidad de Pilar, al norte de Buenos Aires. Sábato falleció el sábado a la edad de 99 años. La obra más conocida del escritor, El Túnel, fue su primera novela publicada en 1948, que lidió con la búsqueda existencialista del propio ser y la identidad. Otras ficciones, incluyendo Sobre Héroes y Tumbas y Abaddón el Exterminador, también lograron popularidad en la literatura de América Latina. Sábato también ganó respeto por liderar una investigación sobre los abusos cometidos por la dictadura militar argentina entre 1976 y 1983.

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  7. GUILLERMO Y CATALINA ¡LARGO PLANEO AL REY!
    por Bernd Graff

    Fuente:

    http://www.sueddeutsche.de/leben/william-und-kate-lang-schwebe-der-koenig-1.1090276-2

    Traducido por Caroline Schmidt

    Según un cálculo aproximado cada adulto en este planeta ha sido testigo hoy como Kate le dice a su William “Sí, quiero”. Y ¡qué grandiosa se veía ella y sus joyas! El mundo acaso no tenía algo mejor que hacer, ¿que querer ser partícipe de eso? No. Pues todos deseamos ser engañados.

    Si hoy día, cualquier Katie del mundo le hubiera dado el sí a su Willi, lo que no sería excepcional un viernes, entonces este evento le hubiera importado poco o nada a muchas personas, salvo a Katie y a Willi. Quizás también a sus familias y hasta ahí.

    Pero en nuestro caso, se casan la burguesa Kate Middleton y el sangre azul William Mountbatten-Windsor, el actual número dos sucesor al trono inglés. Hace ocho años ambos son pareja. Eso está bien. Se ven felices en las fotos de casamiento. Se los ve un poco acartonados, pero eso también está bien.

    La madre de William, la difunta, con brillo sobrenatural, Diana, era la divorciada del actual número uno sucesor al trono inglés. Charles, es ese con las orejas grandes, pero está casado nuevamente. El príncipe es para los ingleses, algo así como los del Schalke 04 para los alemanes. Nunca será campeón, es decir rey. Pues hace aproximadamente sesenta años rige sobre el clan, la abuela del novio, la reina de hierro, que por cierto, en sus apariciones públicas podría ser reemplazada sin problemas por una figura de cera del gabinete de Madame Tussauds. Sobrelleva la vida de reina con un solo rostro, como se diría en el mundo del espectáculo, y ayuda con sus sombreros divertidos, siempre combinados con la bolsa. La abuela tuvo también una mamá, que bebía un poco y que cumplió más de 100 años – probablemente por ese detalle.

    ¿Qué se sabe de la realeza británica? Nada o muy poco. Fotos existen en masas, una cantidad de ellas en tazas y almohadones. Tuvieron muchos divorcios, también infidelidades: inclusive uno de estos reyes abdicó al trono, porque quería casarse con una divorciada. Este se llamaba Edward, tuvo que ir prácticamente al exilio parisino y por ese motivo solo podía volver a la isla con invitación. Pero eso fue hace mucho tiempo, antes de la guerra grande.

    ¿No tienen nada mejor que hacer?

    ¿Qué más sabemos acerca de esta familia? Muy poco – nada. Y, sin embargo, la ceremonia de boda en la Abadía de Westminster y el canto y el baile posterior se calcula fue vista por -unos 2,5 millones de personas que se conectaron por la cobertura en directo en red y en la televisión. 2,5 millones de personas, un tercio de la población mundial – de todas las edades, desde recién nacidos hasta ancianos. Así es – aproximadamente – cada sujeto adulto en este planeta de alguna manera ha notado cómo Katie le dio el “Sí, quiero” a Willi. Y ¡cómo se veía estupenda y sus joyas!

    ¡Adultos de este mundo! ¿No tuvieron mejor cosa que hacer? Pero ahora, ¡por favor, vuelvan a casa! No había realmente nada que ver. Aparte de Pompa y Circunstancias: vestido, anillo, flores y árboles en la iglesia.

    Sí, Katie se veía bien, Willi como roja mezcla de su padre y madre.. Él se parecía a un mayordomo de la ceremonia en rojo. Entonces, ¿qué? Ellos no van a salvar el mundo, resolver los problemas de su país y ni aún fundar una secta. Ni siquiera ahora. Por lo tanto, todavía no hay motivos para preocuparse por los dos, más de lo que uno se preocupa por los bien logrados hijos de los vecinos.

    William y Kate. La Realeza – Disneyworld de verdad

    No hay ninguna razón, sin embargo, pero la hay: Son de la realeza los que se casaron aquí. Y la Realeza es Disneyworld auténtica. Un clan, como los Kennedy, pero con corona. No son representantes del gobierno, no son poderosos, ni toman las decisiones. Carlos, el de las orejas grandes, puede querer las granjas de coles acariciadas con la mano, totalmente orgánico, pero no es un hombre de negocios, no un agricultor. Es un como-si fuera- empresario. El trabajo de la realeza consiste, en ser solo realeza para el público. Por lo tanto, no humano. O tan humano como la gente es en los cuentos de hadas . La Realeza no tiene que ir al baño.

    ¡Corre, corre, vamos al palacio! Flotando sobre el velo de lo irreal: el príncipe Guillermo lleva a su novia Catalina lejos de la realidad hacia un mundo nuevo.

    La Realeza no tiene que ver con la realidad de este planeta y con sus acuciantes problemas, nada. Son seres fuera del tiempo, que viven al mismo tiempo que nosotros. En realidad son personajes ficticios. En otras palabras, son la proyección perfecta de la nostalgia de una vida libre de coerción, por los viejos tiempos, cuando alguna vez tuvieron poder.

    El historiador Ernst Kantorowicz muestra en su libro Los dos cuerpos del rey que, desde la Edad Media la figura del rey se divide en dos: una en el mortal cuerpo natural, que todos tenemos. Y otra en un cuerpo metafísico, casi inmortal de poder, al que se rinde homenaje, que es ungido y vestido con los rituales más complicados. Es como con Luis XIV de Francia. Vivió y fue tratado como si estuviera alejado de la realidad. Y lo fue entonces: se lo llamaba el Rey Sol.

    Incluso el cuento de hadas El traje nuevo del emperador juega con esta duplicación. Si bien todos los sujetos del reino no deseaban ver el cuerpo desnudo real, sino solo el poder andante, el niño ingenuo, tan incorruptible nota que el rey se pasea desnudo, el hombre rey sin nada. Los reyes de por sí son Superhombres.

    Para mantener esta aura, la reina mantiene un rostro inmóvil durante 60 años. La reina es representante, como ser humano ha internalizado esta tarea. Ya que, el Imperio Británico fue una vez el más poderoso del mundo. El legado aún tira de las comisuras de los labios – no es de extrañar, ya que en cierto sentido proviene de la edad de piedra de la civilización.

    Cuerpo real con sentimiento

    Así que cuando Guillermo se casó con Kate, también la besó por segundos, resuena en la memoria emocional colectiva dos cosas: En primer lugar, una vez más, el cuerpo del rey posee sentimientos, el rostro petrificado del representante adquiere por un momento breve rasgos humanos. Y eso produce – si se lo quiere decir así- un hormigueo de lo frívolo. Cierra los ojos y piensa en Inglaterra!

    En segundo lugar, los besos de Kate tienen un precio alto. Es posible gracias a una panacea fabulosa, una vida por demás agradable, un ser VIP-estrella del pop-, que en ese día se muestran en forma de joyas, carruajes y vestido de novia, lo que tiene y puede. Kate y Guillermo son los representantes en este día de la posible felicidad terrenal.

    Así que aquí está un cuento de hadas hecho realidad, y sin embargo, no. No habla de un emperador desnudo, por el contrario, habla de un rey arrullado por desbordamiento de riqueza. Y además, de alguna manera ambos se ven bien.

    Así que lo que la humanidad vivió y desea seguir viviendo con la boda de Kate-William- es una fantasía colectiva hecha realidad. Representa la esperanza de una existencia sin peso, exitosa. Esto es, por supuesto, toda una mentira, y querer creerla tampoco es muy maduro. Tampoco lo debe ser. Pero tan irreal como el cuerpo del rey, son las fantasías de interés y la participación en esta ceremonia. Kate y Guillermo se casan de esta forma en 2.5 mil millones de formas distintas.

    Lo que uno cree entonces saber de la realeza, seguirá siendo un rumor muy querido y amargo. Y así ocurrió que en el mismo día de la boda fuimos engañados por Kate. Pero nosotros, el mundo, no lo quizo de manera diferente.

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  8. No resignarse, la recomendación de Sabato

    Entre las frases célebres que guardo en el corazón, que me acompañan siempre, está una de Ernesto Sabato con la que me identifico plenamente. Dice así: “Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse”. Caer en la resignación es suicidarse de por vida. Los tiempos actuales son una invitación permanente a la actuación. Hoy, quizás como ayer y tal vez como mañana, debemos rebelarnos ante la siembra de injusticias que ahogan el mundo; sublevarnos ante los sembradores del terror; negarnos a tomar el camino de la violencia; levantarnos tras cualquier caída; alzarnos con la bandera del diálogo y anunciar que es posible la paz, porque la paz realmente la injertan las personas, no las estructuras de poder.

    En los pequeños gestos humanos que brotan de la vida es donde nace la armonía. Por eso, detrás de cada acción humanitaria, florece la ansiada concordia que todos requerimos como el pan con el que nos alimentamos. Lo que sucede es que hay que situarse en el verdadero corazón de la existencia humana, y asistirla con los cuidados que un artista incrusta a su obra. Partamos de la realidad. Todo ser humano siente el deseo de amar y de ser amado. Sin embargo, ¡qué complicado es a veces amar, dejarse amar y sentirse amado! Las carencias afectivas son grandes males que ahogan al mundo, hasta el punto que muchas personas consideran que el amor es una visión ilusoria, algo irrealizable ¿tendremos que resignarnos, pues? A mi juicio, ¡jamás! El amor es lo que mueve todo y lo que, en verdad, nos conmueve por dentro. Lo admirable, como tantas veces dijo Ernesto Sabato, “es que el hombre siga luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil”.

    Por consiguiente, desfallecer es lo último. Al final uno llega a la conclusión de que solamente una vida de entrega a los demás es una vida plena, una vida vivida en la perfección y bebida por la hermosura. Esto es lo que nos sacia el corazón. El que lo probó, sí que sabe de qué estoy hablando.

    Víctor Herrero

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  9. ERNESTO SABATO
    Andrés Granje.

    Ernesto Sabato, integra la galería de personas amigas, que resultan gratas e importantes en nuestras vidas, a quienes nunca hemos conocido sino a través de sus obras, personas de genio singular que influyeron en nuestra formación, que nos deleitaron, que alumbraron el camino por donde transitamos y nos dieron la clave para entender o comprender el porque de las cosas que nos suceden y pasan en el mundo, nos mostraron la oscuridad o perversidad del alma humana, pero también elevadas cumbres de altruismos y desprendimientos individuales o colectivos de la especie humana, quizás con mucho pesimismo, dentro de la corriente existencialista, como Albert Camus, pero siempre alentando o confiando en la redención del hombre.

    Ese talentoso y casi centenario creador abandonó la existencia terrena y su partida envuelve de tristeza nuestro espíritu, porque es la pérdida de alguien muy valioso que nos acompañó a través de sus libros por demasiado tiempo.

    Sabato en uno de sus últimos trabajos literario, “antes de partir”, escribió, como el mismo explica en el libro, no sus memorias o una autobiografía, sino impresiones de sucesos y situaciones históricas o personales que marcaron su existencia y moldearon su carácter y sus convicciones, justificaba el hecho de dejarlo por escrito señalando que en la antigüedad se creía que cuando un anciano moría, desaparecía con el todos los conocimientos que acopio en su existencia lo que constituye una perdida para la humanidad, señalando que era como si se quemara una rica biblioteca con cientos de libros en su interior.

    Por eso señalaba que en ciertas tribus en la antigüedad los ancianos eran venerados y ejercían la tarea de transmitir sabidurías a los niños quienes sentados en rededor escuchaban los consejos de estos venerables personajes.

    Decía que esta sabiduría transmitida, antes que grandes revelaciones científicas o fantásticas se referían a sucesos cotidianos de la aldea y las explicaciones que daban los ancianos a estos hechos en relación con la historia y proyección de esas etnias, con sus costumbres y tradiciones, atando pasado y presente e indicando el futuro. Así los ancianos enseñaba el camino que debían de recorrer los nuevos integrantes de la comunidad, esencial para la sobrevivencia de esas colectividades, imagínense entonces cuan importante es la perdida cuando desaparece alguien de la estatura de Sabato, con un talento de dimensiones tan grandes que se constituye en unas de las cumbres literarias de la lengua castellana. En el Sabato que nos deleitó con su genialidad literaria se unían dos hechos plausibles su probidad intelectual y su talento de escritor, atributos que no congenian comúnmente en los grandes escritores a quienes en muchos casos, debemos buscarlos y admirarlos solo en sus creaciones literarias.
    Sabato forma parte de una generación maravillosa de escritores argentinos y latinoamericanos cuya existencias físicas van llegando a su fin, pero que nos deja un legado valioso, responsables de elevar la literatura iberoamericana a un sitial de encumbramiento nunca alcanzado en la historia universal.

    Felizmente en este caso, la muerte del longevo y genial creador no significa la quema de ninguna biblioteca porque sus obras permanecerán por siempre en nuestras memorias y serán fuentes de consultas y compañía permanentes en las alacenas de conocimientos y sabidurías de las bibliotecas tradicionales con textos o en los nuevos formatos electrónicos.

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  10. Falleció Ernesto Sábato

    El escritor argentino tenía 99 años y llevaba años retirado en su residencia de Santos Lugares, en las afueras de Buenos Aires. Es allí donde en la madrugada del sábado su cuerpo no pudo más, complicada su salud por una bronquitis. Con el autor de “El Túnel” se va uno de los Grandes de la literatura en lengua española, que, además, marcó por su compromiso social y ético.

    Hace tiempo que Ernesto Sábato había dejado de leer y de escribir. Su ceguera le obligó a ello. Fue su segunda renuncia. La primera había sido por convicción y no por salud. Doctor en Física, trabajó en París, en el Laboratorio Curie, pero en 1945 dejó las ciencias para dedicarse plenamente a la literatura.

    El reconocimiento internacional le llegó en 1961 con “Sobre héroes y tumbas”. En 1974 publicó “Abaddón el exterminador”, que cierra la trilogía iniciada en 1948 con “El Túnel”.

    “Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables”. La frase de Sábato suena casi como consigna de exigencia, de rigor. La misma que quiso aplicar a la búsqueda de la verdad. “Sucede que, ante determinados acontecimientos, todo intelectual auténtico debe postergar su obra personal en favor de la obra común, poniendo su voz al servicio de los hombres, para ayudarlos a construir una nueva fe, una débil pero genuina esperanza. Entonces, en el vertiginoso suceder de los acontecimientos, la palabra que surge en respuesta logra evadir su destino fugaz y perecedero”, defendió Sábato en un discurso pronunciado en Madrid en la entrega de los Premios Ortega y Gasset de Periodismo.

    Ernesto Sábato en la CONADEP

    30/04/2011

    Escuchar (01:04)

    El escritor plasmó su compromiso presidiendo en 1984 la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP). De allí saldrá un informe sobre los crímenes de la última dictadura militar argentina (1976-1983), que daría paso a los juicios a la dictadura militar en 1985.
    Ernesto Sábato dijo a menudo que él no se consideraba un escritor profesional. Sus últimos años le llevaron a la pintura y llegó a exponer en el Centro Pompidou de París en 1989. Unos años antes, en 1984, había recibido el premio Miguel de Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas.

    En su libro de memorias “Antes del fin” (1999) Sábato se describe como “un niño solo y asustado”, que “desde la ventana contemplaba el mundo de trompos y escondidas que me había sido vedado”. Ahora nos va a faltar su melancolía y su lucidez.

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  11. Profeta a la medida de su tiempo
    Como aquellos mensajeros bíblicos, el fuego de sus palabras desnudaba la hipocresía.

    POR JUSTO LAGUNA – EX OBISPO

    Hace unos años comparé al escritor Ernesto Sabato con los profetas bíblicos. La sorpresa de quienes escuchaban me obligó a recordarles su significado primigenio. Dije que no cometieran el error de limitar la excepcionalidad de los profetas a la adivinanza del futuro. Este don era el menos importante y ni siquiera quedó registrado en la obra de muchos profetas.

    Quienes formularon anuncios sobre el porvenir, lo hicieron en relación a hechos distantes, siempre vinculados con premios y castigos a la conducta social o la promesa de una conclusión feliz del drama cósmico: no se referían a episodios individuales o de corta proyección como suelen hacerlo brujos y adivinos de toda laya.

    El cristianismo focalizó con mayor énfasis los versículos que anunciaban al Mesías, para hacer comprensible la misión de Jesús y enhebrar firmemente la Torá con el flamante Evangelio, pero no cercenó de los profetas su dimensión ejemplar, ética e iluminadora. Los profetas constituyeron un fenómeno sin paralelo en el mundo antiguo. Eran personalidades originales y vigorosas que irrumpían en la sociedad como un ventarrón, con el propósito de transmitir mensajes de alto voltaje público. Su lengua producía desconcierto porque emitía conceptos de una claridad y fuerza extraordinarias. Denunciaban inequidades y corregían perversiones. Ponían en riesgo la propia vida, porque no se arredraban ni ante el poder del Palacio ni del Templo. Afirmaban que por su boca hablaba el mismo Dios y, en efecto, sus mensajes daban la impresión de haber sido generados en un ámbito sobrenatural, sagrado. Se dirigían con idéntica eficacia tanto a una multitud de siervos como a un grupo de príncipes o una columna de sacerdotes. Jamás incurrían en dobleces ni engañifas; eran frontales, descarnados. El fuego de sus palabras desnudaba la hipocresía, la codicia, la arrogancia, la injusticia, el abuso. Hacían temblar la espada y el altar. Nada menos. No exigían recompensa. Luego de cumplida su misión se retraían a los oscuros sitios de los que habían brotado. Algunos se marchaban al desierto, donde podían reestablecer su vínculo con la inmensidad de donde provienen todas las cosas.

    En aquella ocasión opiné que Sabato tenía rasgos que lo emparentaban con esos profetas. En efecto, no le importaba adivinar el futuro, sino esclarecer el presente. Escribió y habló en momentos difíciles, bajo riesgo de su vida, con el mismo estilo que cuando imperaba mayor seguridad. Denunció la miseria de ciertos hombres y tuvo generosidad al reconocer la virtud de otros. No ha cedido a las seducciones de la izquierda sectaria ni a la derecha insensible. En vez, ha roturado el surco hondo de un discurso propio, reconocible, límpido, en el que demolía los disparates de ambos extremos. También se parecía a los profetas porque mostró probidad en la confección de sus textos. No era un escritor caudaloso, porque eligió callar cuando no tenía algo preciso y rotundo para decir. Ha publicado sólo cuando sus escritos le parecieron maduros para la difusión. Igual que los profetas, sólo se manifestó cuando la voz interior le exigió salir de su persona y llegar a los demás. En los interregnos callaba, sumido en la calidez de su casa suburbana Santos Lugares, como si fuese una colina bíblica desde donde podía reconectarse con la inmensidad. Don Ernesto Sabato, qué duda cabe, se ha convertido en un referente moral de la última mitad del siglo XX.

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  12. El Nunca Más, la Biblia de los Derechos Humanos. Por Norma Morandini

    Las nuevas generaciones actualizan las preguntas que increpan a la Historia y se agregan al repertorio que ya existe como legado. De modo que el libro “NUNCA MAS” debe ser visto como lo que es: un documento histórico, casi la Biblia de lo que nos pasó. De la misma manera que la Biblia no se rescribe sino que se reinterpreta al calor y el color de las contingencias, es que debiéramos ser respetuosos con aquellos que vencieron su propio miedo y, cuando pocos en el país se animaban siquiera a querer saber, abrieron esa caja de Pandora para que se desparramaran entre nosotros todos los males del mundo. “Descendí a los infiernos”, decía Ernesto Sabato en todos los idiomas. Fue el “NUNCA MAS” el que sirvió como base para acusar en un juicio sumario a las Juntas Militares, pero sobre todo fue el informe que desmontó el sistema de terror que hizo de la desaparición de personas una estrategia deliberada para evitar las pruebas a la hora de los juicios en los tribunales. Cuando, en realidad, la ausencia de cadáveres ya es la prueba irrefutable de que en nuestro país la represión fue clandestina. Una verdad que cumple con la sentencia de la filósofa alemana Hannah Arendt: “Las verdades históricas no son verdades en sentido propio, y por más probadas que estén, tanto su facticidad como su demostración son contingentes: la demostración sigue siendo de naturaleza histórica. Las verdades históricas son sólo verdaderas, es decir, universalmente convincentes y vinculantes si son confirmadas por las verdades de la razón. De este modo, ha de ser la razón la que ha de decidir sobre la necesidad de una revelación, y por ende sobre la historia”.

    Qué razón existe para modificar el prólogo del “NUNCA MAS” cuando, en realidad, la necesidad histórica nos exige corregir la cultura autoritaria legada por el terror e incorporarcomo cultura una verdad sencilla e irrefutable: el único que puede violar los derechos humanos es aquel que debe garantizarlos. O sea: el Estado.

    Si la política es una fusión de la sociedad que expresa la acción, el pensamiento y el discurso, la revisión del pasado se hizo en los tribunales, casi a espaldas de la restauración democrática. Cuando las palabras políticas han sido vaciadas porque no expresan a la sociedad y por eso se muestran inservibles, suelen pedirse prestadas a otros ámbitos de lo humano. Y la religión es siempre una gran tentación. Nada revela mejor la impotencia política frente a las monstruosidades que comenzaban a ver la luz que la metáfora bíblica, los dos demonios con los que fue simplificada la estrategia de pacificación del primer presidente de la democracia, Raúl Alfonsín. Un falso enunciado que desvirtuó la revisión del pasado de terror y marcó el inicio de la brecha entre la política y la sociedad, porque, hoy lo sabemos, el gran cadáver que nos dejo la dictadura fue la política.

    El mismo Estado que ocultó la información burocrática de la represión, en la restauración democrática no oficializó una memoria colectiva. De la misma forma que la tortura no hizo diferencias partidarias ni ideológicas, la democracia debiera cobijar bajo un mismo paraguas a los que fueron haciendo el camino de la libertad, que es plural y no se mide por el número de muertos de cada partido. La insurgencia guerrillera cometió delitos que el Estado debiera haber castigado garantizando juicios justos y no convirtiéndose en verdugo. El demonio es sólo uno: la violencia como forma de resolver las diferencias. Y si la guerra fue tan cara a la insurgencia guerrillera como a los jerarcas militares, la equiparación lleva a otro equívoco, suponer que hay guerras limpias, justas o sucias. El pasado quedó en manos de la justicia, pero se eludió el debate político sobre las causas del desquicio. Y eso es lo que falta. No modificar un documento histórico que ya en su prólogo advierte sobre las condiciones políticas de esa época. Si aún el pasado provoca ira o temor, por qué borrar en un texto lo que es, en sí misma, una prueba de la presión militar sobre el primer gobierno civil. Las nuevas generaciones corrigen la historia, como vemos hoy, que se han puesto en duda los textos que educaron a varias generaciones de argentinos por haber sido textos hechos a la medida de los vencedores, con próceres congelados en el bronce.

    Modificar el prólogo del “NUNCA MAS” es como reinventar el Génesis de la democracia, sin la generosidad histórica que merecen aquellos que hicieron lo que se podía frente a un poder militar humillado pero amenazante. A pesar de esas limitaciones, sentaron en el banco de los acusados a los jerarcas de la ultima dictadura. Eso es el “NUNCA MAS”: un testimonio de ese esfuerzo y coraje, un documento testimonial de la peor época de la historia contemporánea .

    *Norma Morandini es escritora-periodista, senadora por Córdoba. Texto escrito como fundamento para rechazar la modificación del prólogo del NUNCA MAS en 2006, Tercer Aniversario del Golpe Militar de 1976

    El proyecto de repudio fue firmado. Además, por los diputados Claudio Lozano, Emilio Garcia Mendez y Pedro Azcoiti

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  13. El laberinto interior de un gran escritor que se convirtió en personaje

    El autor, ex director de la Biblioteca Nacional, acompañó a Sabato en un viaje por Europa tras la presentación del informe de la Conadep. Aquí recupera la dimensión literaria de una obra tan paradigmática como su autor.

    PorHORACIO SALAS – PERIODISTA Y ESCRITOR

    Cuando en los días finales de 1961 Ernesto Sabato publicó Sobre héroes y tumbas, se había creado desde hacía meses un nivel de expectativa desconocido hasta entonces para la aparición de una novela. Numerosas entrevistas en diarios, revistas y publicaciones literarias habían preparado el clima. El libro se agotó en días y los lectores no se sintieron defraudados. En pocos meses, la sórdida historia de Alejandra y Martín, cruzada por la retirada del ejército de Lavalle trasladando el cuerpo descarnado de su jefe, sumado al descenso al infierno del “Informe sobre ciegos, conmovió a miles de personas. Era la novela gracias a la cual muchos jóvenes ingresaron en los vericuetos de la narrativa argentina.

    Los personajes habitaban un paisaje reconocible y usaban un idioma que era el que se hablaba en la calle. Sabato se atrevía a escribir en argentino, como lo habían hecho Borges y Arlt. Y hasta los estereotipos sonaban creíbles para los que comenzaban a asomarse a la literatura. Rápidamente, el éxito editorial del libro se desparramó por todo el mundo y llegaron múltiples traducciones, centenares de críticas, tesis y coloquios universitarios. Los jóvenes porteños se identificaban con Martín y Alejandra; las muchachas escuchaban a Brahms, el músico preferido del personaje trágico de Sabato. El premio Nobel Salvatore Quasímodo calificó a Sobre héroes y tumbas: “Un apocalipsis de nuestro tiempo” y Witold Gombrowicz aseguró: “No conozco ningún libro que introduzca mejor a los secretos de la sensibilidad contemporánea de la América Latina, a sus mitos, sus fobias, sus alucinaciones”.

    A partir de ese momento, Sabato quiso seguir el ejemplo de Jean Paul Sartre y transformarse en el escritor/personaje, capaz de intervenir en el cúmulo de problemas de un país conflictuado al extremo: el reflejo sudamericano del escritor comprometido, burilado tanto por el autor de La Náusea como por Albert Camus. Lo que a comienzos de siglo se denominaba escritor nacional, que tuvo su representante justo (más allá de las diferencias ideológicas) en Leopoldo Lugones.

    Sabato escribió también ensayos sobre la novela y la crisis de nuestro tiempo, y edificó su espacio de pensador, pero al mismo tiempo surgía, con un vigor incontenible, el boom de la literatura latinoamericana: Fuentes, Cortázar, Vargas Llosa y García Márquez, que dio a conocer Cien años de soledad en 1967. Era evidente que el gusto de los lectores había cambiado. En la Argentina, Martín fue desalojado por Horacio Oliveira, protagonista de Rayuela y la desdichada Alejandra, por la misteriosa Maga del libro de Cortázar.

    Sabato sufrió la suerte de los pioneros y continuó en su coto de personajes neuróticos y angustiados. El extremo llegó con su última y voluminosa novela, Abaddón, el exterminador, de 1974, en la que, para subrayar sus propios conflictos existenciales, eligió asumirse como protagonista, método que le permitía observarse y ser observado, según la imagen con que pretendía reflejarse en los demás. La novela provocó interés en Europa, pero en la Argentina pasó sin pena ni gloria.

    La reaparición de Sabato ante el público ya no sería literaria: el presidente Raúl Alfonsín lo puso al frente de la CONADEP, la notoria comisión encargada de recoger testimonios sobre los desaparecidos de la dictadura militar. A partir de ese momento se produjo una construcción mediática, que incluso llegó a moverse más allá de su voluntad: Sabato (más allá de un almuerzo con el presidente Videla que sus detractores se obstinan en colocar en primer plano) creció en el imaginario colectivo como una suerte de paradigma ético: pasó a ocupar un espacio ejemplificador. Un largo viaje por Europa que realicé acompañándolo días después de entregar el Informe sobre los desaparecidos, me permitió deducir de largas charlas que hubiera preferido que lo reconocieran por sus obras. Un hombre rara vez puede elegir la mirada con que lo verán los otros. En el caso de Sabato, el escritor se deslizó hacia el personaje, y el personaje se adueñó de la totalidad del espacio.

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  14. FALLECE EL ESCRITOR ARGENTINO ERNESTO SABATO

    En Argentina, el escritor Ernesto Sabato falleció a la edad de 99 años en su casa de Santos Lugares en la provincia de Buenos Aires. El anuncio fue dado por su esposa, Elvira González Fraga, que añadió que el célebre escritor sufrió de una bronquitis hace 15 días. El autor de El Túnel (1948), de Héroes y Tumbas (1961) y del Ángel de las Tinieblas (1974) habría cumplido los 100 años el 24 de junio próximo e iba a recibir un homenaje especial en la feria del libro de Buenos Aires. Nacido en 24 de junio de 1911 en Rojas, en la provincia de Buenos Aires, de un padre italiano y de una madre italo-libanesa, Sabato era el más importante escritor argentino aún en vida. En 1984 recibió el premio Cervantes, la máxima distinción de la literatura española. Ese mismo año, Sabato dirigió la Comisión Nacionalsobre la Desaparición de personas, cuyas investigaciones acerca de las víctimas de la dictadura (1976-1983) fueron publicados en el libro “Nunca más”.

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  15. ¿Quién fue Ernesto Sábato?

    El escritor argentino falleció hoy a sus 99 años de edad en su casa a las afueras de Buenos Aires –cumplía 100 el próximo 24 de junio-, allí permanecía desde hace varios años alejado de las letras por sus complicaciones de salud, había perdido la visión y recientemente una bronquitis complicó su salud.

    Sábato será recordado siempre como uno de los más grandes representantes de la literatura latinoamericana, su partida entristece el corazón de todos los que lo admiraron y crecieron con sus libros. Culturizando forma parte de ese sentimiento colectivo y por ello traemos un recuento sobre su vida y obra. ¿Quién fue Ernesto Sábato?

    • Ernesto Sábato nació el 24 de junio de 1911 en la ciudad de Rojas, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Hijo de Francisco Sábato y Juana María Ferrari, fue el décimo hijo de once. Nació poco tiempo después de la muerte de su noveno hermano, Ernestito, por lo que llevaba su nombre.

    • En el año 1929 ingresó a la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de La Plata.

    • Fue un activo militante del movimiento de Reforma Universitaria, fundando el Grupo Insurrexit en 1933, de tendencia comunista, junto con Héctor P. Agosti, Ángel Hurtado de Mendoza y Paulino González Alberdi, entre otros.

    • En 1933 fue elegido Secretario General de la Federación Juvenil Comunista. Y en un curso sobre marxismo conoció a Matilde Kusminsky Richter, una estudiante de 17 años, la cual abandonó la casa de sus padres para ir a vivir con él.

    • En 1934 comenzó a tener dudas sobre el comunismo y sobre la dictadura de Iósif Stalin. El partido, que advirtió este cambio, decidió enviarlo por dos años a las Escuelas Leninistas de Moscú, en donde, según las palabras de Sábato: “Era un lugar en donde uno se curaba o terminaba en un gulag o en un hospital psiquiátrico”.

    • En 1938 obtuvo el Doctorado en Física en la Universidad Nacional de La Plata, y de allí una beca anual para realizar trabajos de investigación sobre radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie en París.

    • En 1939 fue transferido al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), por lo que abandonó París antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

    • Regresó a Argentina en 1940 con la decisión de abandonar la ciencia, pero para cumplir con quienes le habían otorgado la beca se desempeñó como profesor en la Universidad de La Plata, en la cátedra de ingreso a Ingeniería y en un postgrado sobre Relatividad y Mecánica Cuántica.

    • En 1943, debido a una crisis existencial, decidió alejarse de forma definitiva del área científica para dedicarse de lleno a la literatura y la pintura. Se instaló entonces en Pantanillo, en la provincia de Córdoba, para residir en un rancho sin agua ni luz pero entregado a la escritura.

    • En 1941 apareció su primer trabajo literario, un artículo sobre La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares, en la revista Teseo de La Plata.

    • En 1945 publicó su primer libro, “Uno y el universo”, una serie de artículos filosóficos en los que critica la aparente neutralidad moral de la ciencia y alerta sobre los procesos de deshumanización en las sociedades tecnológicas. Con el tiempo iría avanzando hacia posturas libertarias y humanistas. Ese mismo año recibió, por el libro, el primer premio de prosa de la Municipalidad de Buenos Aires y la faja de honor de la Sociedad Argentina de Escritores.

    • En 1948, después de haber llevado los manuscritos de su novela a las editoriales de Buenos Aires y de ser rechazado por todas, publicó en la revista Sur “El túnel”, una novela psicológica narrada en primera persona. Enmarcada en el existencialismo, una corriente filosófica de enorme difusión en la época de posguerra, El túnel recibió críticas entusiastas de Albert Camus, quien lo hizo traducir por Gallimard al francés. Aparte de éste, la novela ha sido traducida a más de diez idiomas.

    • En 1951 se publicó el ensayo “Hombres y engranajes” bajo la editorial Emecé.

    • En 1953, nuevamente bajo la editorial Emecé, editó el ensayo “Heterodoxia”.

    • En 1955 fue nombrado interventor de la revista Mundo Argentino por el gobierno de facto impuesto por la Revolución Libertadora, cargo al que renunciaría al año siguiente por haber denunciado la aplicación de torturas a militantes obreros.

    • Ese mismo año presentó El otro rostro del peronismo: Carta abierta a Mario Amadeo, en donde, sin abdicar de sus antipatías hacia la figura del ex presidente Juan Domingo Perón, efectúa la defensa de Evita y sus seguidores; posición que le crearía numerosas críticas de los sectores intelectuales argentinos, que eran mayoritariamente opositores al gobierno derrocado.

    • En 1958, durante la presidencia de Arturo Frondizi, Sabato fue designado Director de Relaciones Culturales en el Ministerio de Relaciones Exteriores; puesto al que también renunciaría al año siguiente por discrepancias con el gobierno.

    • En 1961 publicó “Sobre héroes y tumbas”, que ha sido considerada como una de las mejores novelas argentinas del siglo XX.

    • En 1971, publicó “Claves Políticas” y comenzó a colaborar con el periódico La Opinión. En 1973, organizó sus ensayos sobre el tema La cultura en la encrucijada nacional y obtuvo el premio del Institut fur Auslandsbeziehungen de Stuttgart, República Federal de Alemania.

    • Su siguiente novela, “Abaddón el exterminador” se publicó en 1974; de corte autobiográfico con una estructura narrativa fragmentaria y de argumento apocalíptico en el cual Sábato se incluye a sí mismo como personaje principal y retoma a algunos de los personajes ya aparecidos en Sobre héroes y tumbas. En aquel año recibió el Gran Premio de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE).

    • En 1975, Sabato obtuvo el premio de Consagración Nacional de la Argentina. En 1976, se le concedió el premio a la Mejor Novela Extranjera en París, Francia, por “Abaddón el exterminador”, en Italia recibió el premio Medici.

    • En 1978, le otorgaron la Gran Cruz al mérito civil en España.

    • En 1979 fue distinguido en Francia como Comandante de la Legión de Honor.

    • En 1984 recibió el Premio Miguel de Cervantes, máximo galardón literario concedido a los escritores de habla hispana. Fue el segundo escritor argentino en recibir este premio, luego de Jorge Luis Borges en 1979.

    • El 21 de diciembre de 1990, en su casa de Santos Lugares se casa por iglesia con Matilde Kusminsky Richter.

    • En 1995 murió su hijo Jorge Federico en un accidente automovilístico.

    • El 30 de septiembre de 1998 falleció su esposa, Matilde Kusminsky Richter, y publicó sus memorias bajo el título de “Antes del fin”.

    • El 4 de junio de 2000 presentó La Resistencia en la página de Internet del diario Clarín, convirtiéndose de esta manera en el primer escritor de lengua española en publicar un libro gratuitamente en Internet antes que en papel.

    • Desde 2005 dejó de salir de su casa y llevando una vida rutinaria, asistido por enfermeras y asistentes, que le preparan la comida y le leen durante la tarde hasta que se duerme, solo se dedicaba a la pintura, ya que por prohibición médica no podía leer ni escribir.

    • El 11 de febrero de 2009 la SGAE lo propuso por tercera vez ante la Academia Sueca como candidato al Premio Nobel de Literatura de 2009 junto con los escritores españoles Francisco Ayala y Miguel Delibes.

    @Culturizando

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