“LA LECCIÓN DE ANATOMÍA”, DE REMBRANDT

“La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp” es un cuadro del pintor holandés Rembrandt (Leiden, 15 de julio de 1606 – Ámsterdam, 4 de octubre de 1669).

Fue pintado en 1632. Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo, que mide 169,5 centímetros de alto y 216,5 cm de ancho. Se conserva en el Mauritshuis de La Haya (Países Bajos).

 

Es el primer retrato de grupo pintado por Rembrandt, que tenía entonces 26 años. Fue un encargo del potente gremio de los cirujanos, de los cuales Tulp, famoso médico de Ámsterdam, era un representante eminente. Un cuadro de similares características fue pintado por Thomas de Keyser en 1619.

 

En 1828 se decidió la venta pública de este cuadro en favor de la caja de las viudas de cirujanos. El rey Guillermo I impidió esta venta y ordenó comprar esta obra maestra para su «gabinete real de pinturas».

 

 

Un comentario en ““LA LECCIÓN DE ANATOMÍA”, DE REMBRANDT”

  1. Magnífica pintura, que se presta además a un análisis historiológico-fenomenológico: algo así, la realización de ese cuadro, habría sido extraño doscientos y hasta cien años antes. La imagen muestra el ascenso de una nueva clase, y la elevación de una técnica y de la ciencia misma a una aceptación y prestigio social que antes no tenían. Por otro lado, nos permite ver varias cosas curiosas: como ya se podía hacer un examen de un cadáver, y por lo que parece mostrar el personaje central del Dr. Tulp, como ya se examinaban con detalle ciertos espacios anatómicos como el de los nervios del antebrazo y la mano. No en todas partes de Europa era común tal práctica académica (en algunos lugares, inclusive en América, estuvo dificultada hasta el siglo XIX). Se ha dicho que los que aparecen con el Dr. Tulp no eran “alumnos” de él, ni siquiera eran médicos, sino amigos a quienes hizo entrar en el cuadro (y en la inmortalidad siempre tan frágil de las cosas humanas). Mingote ya hace décadas nos hacía notar lo pequeño de las batas blancas de esos galenos. Yo creo que no todos estaban cómodos con la cercanía del cadáver, ya evidentemente en estado de descomposición, aunque no tan avanzada. El cadáver es, en realidad, el más humilde y sincero de los participantes, porque no dice más de lo que es: cadáver. Lo cual muestra que la sinceridad es, más de las veces, una cualidad pacata, hasta inoportuna y que no sirve de mucho, aunque le queda bien a los muertos. Gracias por traernos esta imagen del pasado, que aún sigue haciéndonos imaginar.

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