POLÉMICO PREMIO NOBEL, VARGAS LLOSA CUMPLE 75 AÑOS

Se lo considera uno de los mayores autores latinoamericanos, pero también un maestro de la simplificación y el lugar común. Aburre o entusiasma, y sus polémicas posturas políticas siempre dan de qué hablar.

Es, sin duda, uno de los grandes escritores latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX, parte del boom al que pertenecieron grandes como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Carlos Fuentes. Él era el más joven de todos ellos y creó, a lo largo de décadas, una obra literaria coherente y de gran envergadura. Su producción abarca unas 15.000 páginas impresas y el conjunto de su cosmología resulta prácticamente imposible de definir en pocas palabras.

Vargas Llosa nació un 28 de marzo en Arequipa, Perú, y su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por un padrastro severo que lo envió a un colegio militar. Su madre le hizo creer hasta los diez años que su padre había muerto para no contarle que se habían divorciado. A los 22 años, Vargas Llosa huyó de la dictadura peruana, y, en su época de estudiante, luchó en la clandestinidad por la reconstrucción del Partido Comunista de Perú. Vivió 20 años en España, donde, en 1963, recibió el Premio Biblioteca Breve por su primera novela La ciudad y los perros, en la que trata el tema de la brutalidad y militarización de la educación en país de origen, iniciándose así su carrera internacional.

 

Tomas de posición polémicas

 

En su juventud, Vargas Llosa se identificó con la revolución cubana, pero, al contrario de Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, el escritor peruano viró hacia un liberal individualista que rechaza “tanto las dictaduras de derecha como las de izquierda”. “La democracia es la negación de la utopía”, dijo alguna vez. En 1989 se presentó como candidato presidencial a las elecciones en Perú, pero fue derrotado por Alberto Fujimori. Esto no sólo determinó su regreso a Europa, sino también un giro en sus ideas políticas.

 

Sobre todo, sus artículos ensayísticos publicados en el periódico español El País y su tribuna Piedra de toque son material de controversia. Pero es indiscutible que se trata de “uno de los grandes arquitectos de la novela y uno de los más brillantes de la narrativa latinoamericana”, dice Michi Strausfeld, experta en literatura iberoamericana y antologista de la editorial alemana Fischer. “Está claro que siempre habrá polémica acerca de sus opiniones, y es legítimo que la haya, pero no se puede dudar de su obra, de su calidad excepcional”, sostiene Strausfeld.

 

“Mirada machista y de voyeur”

 

La obra de Vargas Llosa influyó en muchos autores jóvenes que, directa o indirectamente, pasaron por su escuela. No sólo resalta por sus dieciocho novelas, sino también por una extensa obra periodística, además de su abarcadora crítica literaria y sus obras de teatro. En total, lleva editados unos 50 volúmenes.

 

Para la especialista en cultura y literatura latinoamericanas Ellen Spielmann, de la Universidad Libre de Berlín, sin embargo, todo esto no justifica el que se le haya otorgado el Premio Nobel. “En Vargas Llosa no está presente en absoluto el factor innovador”, dice. “Su maestría no se puede comprobar ni en la constelación en la que se mueven sus personajes, ni en sus descripciones psicológicas, ni a nivel narrativo”, alega Spielmann.

 

En cuanto al elemento erótico en la prosa del escritor, “prima una mirada voyeurística como se da en la pintura, una forma masculina del deseo y del poder que conduce al sometimiento”, describe la experta germana. Especialmente la descripción de una violación en La fiesta del chivo la califica Spielmann de “horripilante y sexista”, por lo que, considera, “Vargas Llosa no tiene nada que envidiarle a otro Premio Nobel, el español Camilo José Cela”.

 

“Ímpetu innovador en la narrativa latinoamericana”

 

“Irrumpió en la literatura latinoamericana con un ímpetu innovador”, opina, por el contrario, Jürgen Dormagen, responsable desde 1984 del lectorado en alemán de las obras de Mario Vargas Llosa en otra editorial germana, Suhrkamp & Insel. Según él, el escritor peruano lo pudo hacer porque es un lector apasionado de los grandes clásicos de la literatura mundial. “Probó formas de contar que conocía y las renovó”, señala.

 

“Hay gran cantidad de intelectuales, tanto en América Latina como en Europa, que no comparten sus posiciones políticas. Pero hay que reconocer que argumenta siempre claramente acerca de cómo llegó a esas conclusiones”, dice Dormagen. Además, para él, “no es sólo un determinado contenido en su obra el que hace de Vargas Llosa un gran escritor, sino su forma soberana y cautivadora de trasladar a la novela hechos reales”.

 

Vargas Llosa, ¿la voz de América Latina?

 

Hace cerca de un mes, un grupo de intelectuales cercanos al Gobierno de Cristina Fernández de Kichner, pidió en una Carta abierta vetar que Vargas Llosa pronunciara el discurso de apertura en la Feria del Libro de Buenos Aires de 2011. “El motivo fue, probablemente, que el escritor denunció el enriquecimiento ilícito del matrimonio Kirchner”, cree Michi Strausfeld.

 

La presidenta argentina se ocupó de bajar de inmediato el tono de la controversia haciendo dar marcha atrás a la solicitud. Para Jürgen Dormagen, se trató de “un asunto de política interna de las diversas corrientes del peronismo”. “Es posible que Vargas Llosa se exprese con cierta aspereza al referirse a las cuestiones políticas de otros países, pero negarle la palabra es algo ridículo”, dice el alemán, para quien éste es “un episodio insignificante que pronto pasará a la historia”.

 

“Vargas Llosa es considerado, especialmente en Alemania y Europa, como el portavoz de América Latina”, recuerda Ellen Spielmann.” Luego de sus dos primeras novelas, “y para sorpresa de muchos”, se colocó en una posición extremadamente conservadora, señala la literata, que relaciona este hecho con su fracaso como candidato electoral en Perú.

 

En los años 80 Vargas Llosa dirigió una comisión para esclarecer la muerte de ocho periodistas en un pueblo de Los Andes. “Pero antes de que cerraran las investigaciones, decidió vender la exclusiva de la historia al New York Times. Transformó el caso en un relato de indios que vivían y mataban de manera arcaica. Eso se vivió en Perú como una traición, y le costó a Vargas Llosa una posible presidencia”, refiere Spielamann.

 

Coqueteo editorial en Alemania

 

En Alemania, las obras de Mario Vargas Llosa se han publicado siempre en la editorial Suhrkamp. Aún así, hubo un forcejeo cuando su agente literaria, Carmen Balcells, planeó recientemente que El sueño del celta saliera en Rowohlt.

 

Sobre la suma ofrecida por Rowohlt y la exigida por Ballcels evita Jürgen Dormagen dar detalles. “El autor expresó inmediatamente su sólido vínculo con Suhrkamp, incluso por escrito, en una carta dirigida a mí y a la editora Ulla Unseld-Berkéwicz, que se publicó en parte”, se limita a sostener. De acuerdo con Dormagen, ya se firmó el contrato y la novela aparecerá en Alemania el 12 de septiembre bajo el sello de Suhrkamp, “y ese siempre fue nuestro deseo”, recalca Jürgen Dormagen.

 

¿Escritor político o maestro del cliché?

 

Vargas Llosa definió alguna vez su proceso de escritura en varias fases. La primera es siempre “un magma, un caos”, recuerda Michi Strausfeld. “Es un artesano minucioso del lenguaje que primero se dedica a recabar material y documentarse y luego a la escritura propiamente dicha. Escribir una novela le lleva a Vargas Llosa unos cuatro años”, subraya Strausfeld.

 

Para la crítica literaria Ellen Spielmann, sin embargo, todo el arsenal retórico de Vargas Llosa “está al servicio del cliché”. Según ella, las mujeres en la obra de Vargas Llosa son hermosas y fuertes, o madres, o víctimas. Él crea un narrador masculino con características de deidad, y el  tono moral de sus libros siempre es alto. “A menudo, cuando debería aparecer la maquinaria que impulse la narrativa latinoamericana, lo que aparece es el motor del cliché”, considera la experta.

 

Sus tramas no dejan de ser interesantes, explica la investigadora, “pero es una lástima que simplifique las cosas y siga utilizando los lugares comunes latinoamericanos de la violencia, de una población que vive en condiciones arcaicas, de una sexualidad desbordante”. El hecho de que siga encontrando eco en el público europeo tiene mucho que ver, concluye Spielmann, “con que el mercado editorial sigue anunciando la obra de Vargas Llosa con bombos y platillos”.

 

Autora: Cristina Papaleo

Editora: Luna Bolívar Manaut

 

 

3 comentarios en “POLÉMICO PREMIO NOBEL, VARGAS LLOSA CUMPLE 75 AÑOS”

  1. Jaime Bayly: El marqués y la filipina

    Jaimín, ¿qué te ha parecido el escándalo de Vargas Llosa?

    –Me ha parecido muy bien, mamá. Salir en la portada de ¡Hola! es siempre un triunfo personal, casi tan importante como ganar el Nobel.

    –No sé, hijito, no sé. Te digo que acá en Lima todas mis amigas están furiosas, furibundas con Vargas Llosa. ¿Qué se ha creído de abandonar así a su esposa de toda la vida, si recién acababan de celebrar sus bodas de oro en Nueva York?

    –Ay, mamá, no sé qué decirte, no es para tanto. A mí me parece estupendo que Mario celebre sus bodas de oro acostándose con la filipina. ¡No tendría ninguna gracia celebrarlas acostándose con su esposa! La gracia es celebrarlas con otra señora, ¿no crees?

    –No, hijito, estás muy equivocado. ¿Y dónde queda su esposa en todo esto? La pobre debe de sentirse ¡fatal! Enterarse de que Vargas Llosa le está sacando la vuelta ¡en la revista ¡Hola!!

    –Pero por algo se llama ¡Hola!, mamá. Quiere decir ¡Hola!, ¡Entérate!, ¡Espabila!, ¡Abre los Ojos! Yo siempre he querido salir en la carátula de ¡Hola! y es una frustración muy grande no haberlo conseguido. Pero ¿te acuerdas de que hace años me hicieron un reportaje y salí en las páginas interiores posando en tu departamento del Ocean Club?

    –No inventes, Jaimín, no inventes, tú nunca has salido en ¡Hola! ¿Y ya has hablado de esto con Alvarito, tu amigo?

    –No, mamá, ya no es mi amigo, me traicionó, me dejó por otro hombre. Pero he hablado con Enrique Iglesias. Lo he llamado, está encantado, dice que le parece fantástico que su mamá salga con Mario.

    –¿Así dice Enrique?

    –Así mismo, mamá. Y yo lo entiendo. Creo que Mario pasará las Navidades en casa de Enrique y la rusa Anna Kournikova acá en Miami. A Isabel le encanta pasar las Navidades con ellos. ¿Te imaginas a Mario jugando al tenis con la Kournikova? ¿No te parece que se va a divertir mucho más que hablando de la crisis de Ucrania con el pesado de Álvaro?

    –Mira, hijito, no te equivoques: yo estoy totalmente con Patricia, su esposa. Ella no sabía nada. No es justo hacerle eso. Y Mario ya está muy mayor para dárselas de latin lover, ¿no crees?

    –No me parece, mamá. Mario es un hombre supremamente atractivo, no solo por su inteligencia y cultura y sentido del humor, sino porque, a diferencia de tu amigo Alan, no se pinta las canas, y además es dientón y no se opera, lo que tiene mucho mérito. Y yo creo que salir con la Preysler, que ya estuvo con otro marqués, lo va a rejuvenecer mucho, ¿sabes?

    –Pero ¿y dónde queda la esposa, mi amor? ¿Dónde queda Patricia?

    –Bueno, ella es muy guapa, muy elegante, una mujer espléndida, lo justo sería que en unos meses dé la sorpresa y salga en la portada de ¡Hola! tomada de la mano con Julio Iglesias, o mejor aún con Julio Iglesias junior, que dicen que tiene una debilidad por las señoras mayores. ¿No sería la venganza perfecta? Muy bien, Marito, tú sales con la ex mujer de Julio Iglesias, pues ¡yo salgo con el mismísimo Julio Iglesias! O, por último, con Raphael o Camilo Sesto. O, si me apuras, con Sabina: que el gran Sabina deje a su peruana Jimena por otra peruana igual de regia, ¡cómo le quedaría el ojo a Vargas Llosa, dime tú!

    –Ya no te entiendo, Jaimín.

    –Y luego va Sabina y le tira un puñetazo a Vargas Llosa y le deja el ojo morado, como Mario se lo dejó a Gabo, y le dice “Esto es por lo que le hiciste a Patricia”.

    –Yo en lo único que estoy de acuerdo con Vargas Llosa es cuando dice “yo no hablo de mi vida privada”.

    –Es cierto, pero podría decir “yo no hablo de mi vida privada, porque de eso ahora se ocupa la revista ¡Hola!”.

    –Dime una cosa, hijito, ¿y Mario es ateo?

    –No, mamá, es agnóstico.

    –Pero mis amigos de La Obra en Madrid me dicen que Isabel es creyente, y donante.

    –Sí, sí, ella es creyente de toda la vida. Sobre todo cree en el euro, más que nada en la libra esterlina, en el franco suizo, también en el dólar y ocasionalmente en Dios. Pero sí, entiendo que por lo general reza, sí.

    –¿Se casarán Vargas Llosa y la Preysler por religioso, mi amor?

    –Lo veo muy improbable, mamá. Vargas Llosa no es hombre de casarse por religioso. Con la tía no se casó así, con la prima tampoco, y no pudo casarse con su hermana porque es hijo único.

    –Pero ¿tú dices que se casan por civil?

    –Sí, sí, absolutamente sí. Y serán portada de ¡Hola! ocho semanas seguidas. Y la nueva novela de Mario, titulada estupendamente “Cinco Esquinas”, se venderá muchísimo, eso seguro.

    –¿Y sabes por qué le ha puesto “Cinco Esquinas” a su novela?

    –No lo sé, pero el chisme en el mundillo literario es que Mario tiene los colmillos tan afilados que algunos de sus dientes tienen literalmente cinco esquinas.

    –Hijito, ¿te parece que debo mandarle unas flores o unos chocolates La Ibérica con una notita a Patricia, para aliviarle el duelo tremendo que debe de estar pasando?

    –No, mamá, ni se te ocurra, no seas cursi. Te aseguro que Patricia está aliviadísima. Aguantar cincuenta años a Mario debe de haber sido tenaz, tenaz. Patricia lo ha sacrificado todo por él. Y le dio tres hijos maravillosos.

    –¿O sea que no siempre los hijos de dos primos salen tarados, Jaimín?

    –Parece que no, porque los tres salieron muy listos. Y además, mamá, dejémonos de hipocresías, ¿quién no ha tenido un romance secreto con una prima, dime tú?

    –Pues yo nunca estuve con ningún primo, mi amor.

    –Porque tú eres una santa. Pero tienes casi la edad de Mario…

    –¡Casi, no! ¡Tengo setenta y cinco! ¡Y él tiene casi ochenta!

    –Bueno, setenta y cinco, ya, ¿y acaso no estás enamorada de tu españolito que te pasea por el mundo en su avión privado?

    –Sí, Jaimín, es el gran amor de mi vida.

    –Entonces ¿por qué Vargas Llosa no puede darse el lujo de vivir un gran amor a los setenta y nueve años? No hay edad para el amor, mamá. Mírame a mí: le llevo veinticuatro años a Silvia, veinticuatro, y somos muy felices.

    –Pero ¡ni se te ocurra dejarla cuando cumplan sus bodas de plata, que te hago salami el pipilín!

    –Todo esto es buenísimo para Mario, mamá. Él tenía una relación amor–odio con la revista ¡Hola! Odiaba la frivolidad. Escribió un ensayo pesadísimo, La civilización del espectáculo, contra la frivolidad, el exhibicionismo, el entretenimiento puro, ¡y ahora sale con la reina de los corazones, del papel cuché, con la mujer más frívola del reino de España! ¿No es genial? Porque uno diría que Mario podía enamorarse de una intelectual gorda, casposa, ermitaña, de una bibliotecaria muda, de una filósofa tuerta, pero no: se enamora de la mujer cuyo álbum de fotos familiar es la revista ¡Hola! O sea que Mario es ahora el Rey de la Civilización del Espectáculo, qué honor.

    –¿Y tú conoces a la señora Preysler, mi Jaimín? ¿La has entrevistado?

    –Sí, sí, la conozco, la he visto en el aeropuerto de Miami, es guapísima, delgadísima, un encanto. Y conozco a Enrique y Julio junior, los he entrevistado, son divinos los dos. Ya le dije a Enrique que el próximo video de Bailando con los cubanos de Gente de Zona tiene que ser con Mario de frac, de pajarita, bailando afiebrado con Isabel en las calles de La Habana Vieja, ¿no sería un éxito? Esto para Vargas Llosa es como salir del clóset intelectual, tan apolillado, lleno de momias feas, y entrar de lleno en la pista de baile de la farándula.

    –Bueno, mi amor, te dejo, me está llamando mi novio, el españolito, como le dices.

    –Salúdalo, mamá. Dile que te compre la crema de Isabel, “My Cream”. Te aseguro que funciona mejor que tu aceite de marihuana para las manchas en la piel.

    –No, no, mi aceite de marihuana no me lo quita nadie.

    –¿A quién habré salido yo marihuanero, no?

    –Jaimín, si hablas con Vargas Llosa, dile que se confiese, que se arrepienta de sus pecados, que si quiere ser feliz con la filipina, vuelva al Estado de Gracia.

    –Se lo diré, mamá. Y no te preocupes que si te casas con tu galán español, serás portada de ¡Hola! Perú y competirás con Vargas Llosa.

    –No sigas, Jaimín, que me derrito de la ilusión.

    http://peru21.pe/opinion/jaime-bayly-marques-y-filipina-2220943

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  2. La intelectualidad y el affaire Vargas Llosa: ¿Se reunifica el conformismo?

    Ariane Díaz y Demian Paredes (LA VERDAD OBRERA – PTS. Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

    En el artículo de Vargas Llosa “Piqueteros intelectuales” (La Nación, 13/3), el neoliberal ex izquierdista se alegra de coincidir con la presidenta que ordenó “retirar” la carta de “censura”(1), y da su visión de la política latinoamericana en clave del cliché “civilización o barbarie”. Criticando al populismo, acusa a la intelectualidad K de un “nacionalismo primitivo”. De sus dichos, lo más insólito es quizás que busque correr “por izquierda” a los intelectuales K recordándoles el internacionalismo del Che Guevara. Aleccionando, también opone a este supuesto nacionalismo “una izquierda genuinamente democrática” que se habría encarnado en Chile, Brasil y Uruguay, donde ex izquierdistas renunciaron “no sólo a sus tradicionales convicciones revolucionarias” y aceptaron “la alternancia en el poder, el mercado, la empresa y la inversión privadas, y las instituciones formales que antes llamaban burguesas”. El Nobel sigue pifiando: los gobiernos K fueron aliados en todos esos puntos de los gobiernos de Bachelet, Lula y Mujica, y los intelectuales K hace rato han aceptando los valores de la institucionalidad burguesa. Que pagar puntualmente a los organismos multinacionales y mandar tropas a Haití pueda llamarse “nacionalismo”, o que los intelectuales que vienen tragando estos sapos sean considerados “de izquierda”, muestra tanto el derechismo de Vargas Llosa como la adaptación de los intelectuales K, y no los intereses de quienes efectivamente pierden en esa ecuación: los trabajadores y el pueblo son los que soportan la “barbarie” capitalista.

    Pero por si quedaban dudas, en lo últimos meses el gobierno de Cristina ha girado a la derecha en sus alianzas, en sus políticas (seguridad, buenos negocios, amenazas a la acción directa) y en su discurso (como el de la apertura de la Asamblea legislativa); los intelectuales K no han estado haciendo más que cubrirle sus espaldas en ese giro. La referencia a los intelectuales K como piqueteros(2), a la que nos referimos la semana pasada, sería casi graciosa si no fuera porque el gobierno no sólo ha amenazado a quienes recurran a la acción directa para defender sus derechos: ha metido sendas causas judiciales a decenas de luchadores, avanzando en la represión, policial o judicial, de la protesta social.

    En respuesta, terminada la penitencia que le impuso la presidenta y fortalecido con el apoyo de distintos intelectuales que reivindicaron el derecho a criticar al neoliberal, González escribió a Vargas Llosa(3). Aclara que “no intentaba dar ninguna indicación a las autoridades de la Feria contrapuestas a la presencia” del Nobel, sino a seguir “interpretando la inauguración como el espacio de la voz de escritores”, aunque su “primera carta se prestaba a interpretaciones de diversa intencionalidad”. Haciendo gárgaras con Alberdi, Sarmiento, Borges, Jauretche y más, discute contra Vargas Llosa que quiere “confundir a las buenas conciencias sobre los gobiernos populares que usted busca debilitar”.

    El contraataque de González muestra incluso así qué tibio es un intelectual que se pretende crítico pero trabaja de excelso degustador de sapos. Su carta inicial no tuvo que ver con un ataque al neoliberalismo, sino con la defensa por las críticas a su gobierno; algo que le indigna más que la continuidad de funcionarios y armados políticos que se mantuvieron desde el menemato hasta los K. Es González y los intelectuales K los que confunden sobre las políticas de lo que llaman “gobiernos populares”, encubriendo con palabrería de izquierda los giros a derecha.

    Pero, ¿no era no sólo legítima sino necesaria la disputa política e ideológica con semejante representante de la derecha? Tibias excusas y mínimas defensas. Todo el affaire Vargas Llosa no hace más que dejar en evidencia que los integrantes de Carta Abierta, que se vanagloriaron de apoyar este gobierno en lo “bueno” y criticar lo “malo”, no sólo no critica al gobierno sino que ya no puede, en virtud de sus compromisos, ni siquiera criticar a un neoliberal declarado. Lo impide la “razón de Estado sin más”, de la que González quiso separarse cuando muchos fanáticos K la esgrimían para tapar nada menos que la muerte de Mariano Ferreyra a manos de la patota de Pedraza (aliada al gobierno aunque éste ahora le haya soltado la mano).

    Esos compromisos con la “razón de Estado” son los que criticara el fallecido Viñas, cuya figura, sin embargo, la intelectualidad progre parece estar tratando de usar para reunificarse después de años de disputas entre oficialistas y opositores. En el acto homenaje en la Biblioteca, González se preguntaba si tal escenario sería del agrado de Viñas, a lo que muchos contestaron “no” porque el desaparecido escritor no era afecto a los homenajes y pompas. Pero seguramente el escritor tendría motivos más importantes para ese “no”: que su figura, reivindicada por “polémica”, “comprometida”, “de izquierda”, fuera utilizada para que el homenaje se convirtiera en un acto político de reunificación de la intelectualidad progresista y acomodaticia tras las banderas de un nuevo conformismo. Que tal reunión pueda significar un aporte al pensamiento crítico, a las causas justas y a un proyecto de liberación latinoamericano, es lo que la mojigatería intelectual de Carta Abierta acaba de negar en todo el affaire Vargas Llosa: a lo sumo conseguiremos un berrinche en una mesa de feria. Más probablemente, sólo están adobando nuevos sapos que prepara Cristina para tragar.

    Una nueva juventud militante y una intelectualidad que se ubique del lado de los que efectivamente pagan las consecuencias de la derrota de la dictadura y el neoliberalismo, tendrá que hacerse no a la vera de esta intelectualidad sino en disputa con ella.

    Notas:
    1) Analizamos este debate en las dos ediciones anteriores del periódico La Verdad Obrera.
    2) El “ataque” del que habla Vargas Llosa fue una manifestación en repudio a un “seminario” que reunía a derechistas latinoamericanos como Roger Noriega, Aznar, Fox y Macri. No fue llamada por una agrupación cercana al gobierno sino por partidos de izquierda y organizaciones sindicales no alineadas con el mismo. Los “incidentes” comenzaron cuando el micro que transportaba a varios asistentes al seminario se metió entre los manifestantes.
    3) “Largas a Vargas”, Página/12, 14/3.

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  3. El artículo es curioso. Me parece que lamenta tener que otorgar reconocimientos a alguien que se los ha ganado, y por otro lado se esfuerza en lanzar sospechas o reproches a la trayectoria de este intelectual latinoamericano. Todo ello trasluce una mezquindad que no sería desestimada por los envidiosos. Esa es mi apreciación del texto y su autor, pero, a fuer de específico, acotaré de su texto los pasajes que me parecen más objetables o cuestionables.
    1. “…maestro de la simplificación y el lugar común…” En primer lugar, la simplificación no es algo que denigre a nadie. Es el don de los maestros, pues eso es lo que hacen: verter lo duro en suave, diluir lo difícil en sencillo, bajar lo abstracto a lo concreto, y hacernos ver lo especial en lo común. Si simplificar es reprochable, creo que es un honor llevar encima tal reproche. En cuanto al lugar común, no debe ser tan “común”, al menos en nuestra época. Cuando un “lugar común” levanta ronchas y escozores, es porque no es común: porque lo que se nos está mostrando y enrostrando, a veces sentido como impertinente, es lo que no queremos ver. Lo que, de tanto verlo, ya no lo vemos o creemos rebajarlo llamándolo “común”. A veces, para hacernos ver el “cliché” hay que entrar por el cliché mismo. Estamos en un continente en el cual cada vez queremos ver menos lo que tenemos al frente de nosotros, y queremos ver más nuestras ilusiones y utopías de un mundo ideal. No me extraña nada que ante alguien que nos echa la realidad, cruda, sencilla, simple, pero tajante ante los ojos, lo creamos “maestro del lugar común”, pero eso no dirá tanto mal del destinatario de esa calificación, sino de quien la expresa.
    2. “Aburre o entusiasma,…”. ¿Acaso no se ha dicho esto de multitud de escritores y de obras? ¿De Shakespeare, Balzac, Cervantes? ¿Del Mío Cid, de “Los Hermanos Karamazov”, de “La montaña mágica”? ¿Qué pensar de una observación así? ¿Es una muestra de criterio? ¿O es algo que se le lanza al lector para invitarle al menosprecio? Si Vargas Llosa le aburre a alguien, eso no hace ni a Vargas Llosa culpable de su pluma, ni a ese alguien un lector culto, más bien muestra o sugiere en éste último todo lo contrario. Pero en atención a una postura más realista, diría que si el lector se aburre, ese es su problema. Y vaya que es un problema.
    3. “…y sus polémicas posturas políticas siempre dan de qué hablar.” Muy bien. Eso creo que es una buena noticia. En un mundo donde mucha gente se siente intimidada de expresar su opinión porque les pueden caer remoquetes que suelen considerarse insultantes, como reaccionario, fascista, socialista, racista, clasista, totalitario, fanático, fundamentalista, recalcitrante, retrógrado, conservador, liberal, neoliberal, comunista, nazista, etc. es satisfactorio que alguien pueda pasar por encima de esa intimidación cultural y diga lo que piensa. Ciertamente, una vez que se le oye y se le oye bien, hasta quienes le adversan desde lo ‘ideológico’ admitirán que sus ideas y opiniones, aunque estén lejos de ser de su gusto, son plausibles y completamente tolerables y comprensibles y respetables en un ambiente democrático. Porque, en cierto modo, la superación de “lo” izquierda y “lo” derecha, pasó por admitir que ambos polos eran normales y corrientes en toda realidad política (y no, como se creía y quería antaño, desde uno u otro lado, que unos eran los “buenos” y los otros los “malos”). Pero, a tanta gente le han vendido de tal manera masiva la estúpida e injusta idea de que para ser inteligente había que vender el alma a la izquierda, que aún les parece anormal, exótico o un exabrupto que haya gente brillante en la derecha, con todo derecho a tener opiniones sensatas y justas… tanto como las pueden tener los de izquierda. Habría que recordarles ese refrán español: la verdad no se casa con nadie. CON NADIE. Así que, si las posturas políticas dan que hablar, mejor que mejor. Lo malo es que estuviera prohibido hablar ante unas posturas políticas que alguien expresa, como sucede en ciertos países…
    4. “Luego de sus dos primeras novelas, «y para sorpresa de muchos», se colocó en una posición extremadamente conservadora”. Dos cosas a observar: la “sorpresa” de quienes se imaginan que los intelectuales no pueden cambiar de opinión, y tienen que siempre rumiar los mismos “discursos” de moda, desde una incambiable acera política: esos que imaginan tal cosa los considero unos pobres de espíritu, que Alá les ayude. Lo segundo: la desmesura. No creo que la posición de V.L. sea ni siquiera “conservadora” como tal, y mucho menos “extremadamente” conservadora. Yo lo consideraría más bien como un liberal, un demócrata liberal, e inclusive, si se quiere, un socialdemócrata. De todas maneras, dentro del conservadurismo tenemos distintas corrientes y tendencias. Por ejemplo, aunque cualquier enciclopedia informada le dirá que las corrientes conservadoras apoyan la orientación espiritual del Estado y la nación hacia directrices religiosas, hay un buen número –cada vez más creciente- de conservadores ateos o agnósticos, que no necesitan fundar su defensa de la propiedad privada, las libertades individuales, la decencia y la moral, y muchas de las tradiciones civiles de sus naciones, en principios netamente religiosos. Ni tampoco son automáticas las respuestas de los conservadores a problemas vitales de nuestro tiempo. Por ejemplo, en el mismo conservadurismo hay quienes aceptan y quienes rechazan el aborto, y de unos y otros, hay quienes lo aceptan basados en creencias religiosas, o sin ellas, desde el ateísmo, y hay quienes lo rechazan, basados en creencias religiosas o sin ellas, desde su ateísmo. Y son conservadores todos, pero en distintas corrientes. Así que, lo que esa señora Spielmann dice, de la “sorpresa” y de las posturas “extremadamente conservadoras” de V.L., solo indican su ignorancia y falta de imaginación.
    5. En los años 80 Vargas Llosa dirigió una comisión para esclarecer la muerte de ocho periodistas en un pueblo de Los Andes. “Pero antes de que cerraran las investigaciones, decidió vender la exclusiva de la historia al New York Times. Transformó el caso en un relato de indios que vivían y mataban de manera arcaica. Eso se vivió en Perú como una traición, y le costó a Vargas Llosa una posible presidencia”. Bien, yo tendría que tener más información para juzgar esto, pero, sin ser abogado, ya uno puede detectar varias cosas que, sin informar, quieren sesgar los hechos ocurridos. De plano digo que no tengo la información de por qué pueden haber ocurrido las cosas así como lo dice allí (si es que fue así), pero, haciéndola de ‘ficcionario’, no me cuesta mucho imaginar este escenario parecido: un escritor de prestigio y respetada reputación dirige una comisión para investigar unos crímenes. En el proceso de la investigación descubre que la misma se está manipulando para no presentar resultados satisfactorios a la justicia. Decide entonces entregar los resultados hasta el momento obtenidos no al gobierno que intenta manipularlos o esconderlos, sino a una tercera opción, que es un órgano serio de prensa mundial. Así la noticia y la verdad obtenida por la investigación de la comisión es sabida en todo el mundo MUCHO MEJOR DE LO QUE LA DIVULGARÍA UN GOBIERNO QUE UTILIZARÍA TALES DATOS PARA NEGOCIACIONES Y MANIPULACIONES POLÍTICAS. Desde luego, muchos elementos políticos, que se ven perjudicados por lo revelado en la investigación considerarían al reputado escritor “un traidor”, pero éste tendría su conciencia tranquila: habría hecho lo correcto. Podría ser el argumento de una buena película, pero es otro escenario o perspectiva imaginativa, ficticia, para interpretar lo ocurrido con V.L. Solo que en el caso de éste, como lo pone su detractora Spielmann, ello le habría costado a V.L. una posible presidencia. Ese “coste” lo hace, a mi juicio, más admirable, porque no se vendió por una presidencia, ni entregó esos resultados por dinero o posición, sino para que se supiera en todo el mundo lo que se había descubierto en las investigaciones aludidas.
    6. Como decía antes, a veces algunas de las cosas que se expresan en esta noticia, dicen más de los que la escriben, que del propio V.L. Si lo que dice la Spielmann más adelante, sobre que “…el tono moral de sus libros [de V.L.] siempre es alto”, es un reproche, yo creo que ese reproche dice más de ella que de él. Pues, ¿No reclamamos de nuestros intelectuales precisamente eso, que no asumen un tono moral alto en sus obras? Y no solo ellos: también los científicos, los artistas, los creadores, los políticos, las figuras importantes y resaltantes de la sociedad, en vez de ayudar a consolidarla con ejemplo y palabra, con lección y reflexión, asumen a veces un tono timidito de inseguros morales, de relativistas culturales, que no saben la diferencia entre el bien y el mal. Cuando en una sociedad los que más pueden se hacen los tontos y las ovejas desorientadas, ¿Qué le quedará a los pobres que no han tenido oportunidad de instruirse o tener buena educación?
    7. Por último en esta lista, creo que el autor del texto se ha apoyado mucho en la detractora Spielmann, citándola hasta cerrar con sus palabras su propio texto. Pero, aun si fuere una experta conocedora de la obra y la personalidad de V.L., me parecen demasiado sesgados sus juicios y demasiado prejuiciada la elaboración del texto mismo, basado sobre todo en lo que ella dice. Y porque, como creo haber aclarado anteriormente, en mucho de lo que leemos ya al final del texto, ella descalifica a V.L. por no escribir como ella piensa que debería escribir, ni pensar como ella cree que debería pensar, y porque no deja aparecer la famosa “maquinaria” esa que supuestamente impulsa la narrativa latinoamericana”. Yo diría: deje que escriba lo que le dé la gana, y los lectores que decidan. Muchos escritores buenos luego escribieron mal y su prestigio decayó hasta la insignificancia o cerca. Pero, los que, una vez alcanzados cierto renombre o posición, continuaron viviendo, y no mal, de su escritura, eso dice que al menos lo que escribían se vendía; y –siguiendo el hilo de los hechos‒ eso significa que eso que seguían escribiendo todavía tenía mucho que decir a mucha gente que los seguía leyendo. Un escritor no tiene como deber “llegar al éxito”, ya sea el éxito como cabeza literaria aprendida en las academias de Letras o como vedette jet set Best Seller de réditos millonarios. Un escritor tiene como deber escribir. Ya dirá si lo hace bien y si tiene algo que decir si surge el otro, el lector, que lo espere y lo quiera leer.
    Para terminar: En cuanto al dicho de V.L. que reza: “La democracia es la negación de la utopía”, la verdad es que, en cuanto que la utopía es algo irreal (u-topía : “ningún lugar”, lo que no está en ninguna parte), todo lo que sí exista tiene una calidad mucho más positiva ante ella. Dicho de otro modo, es preferible tener un Wolkswagen de verdad que un Rolls Royce en la imaginación. Claro que de imaginación también se vive, pero cuando hay que trasladarse lejos o llevar a un pariente al hospital o ir rápido a presentar un examen, no vamos a ninguna parte con un Rolls imaginario, sino con un Wolkswagen real. La democracia será siempre imperfecta,… como lo es el hombre. Pero es con el hombre con quien se debe construir, no solo con ideas. Como dijo santa Teresa, ‘con estos bueyes hemos de arar’. Y en este sentido, la democracia niega la utopía como la realidad niega lo abstracto. A mi juicio, ante el hecho de muchas cosas trazadas en utopía y que luego se cumplieron de alguna forma (como el material flexible transparente afín al plástico actual, imaginado en la Utopía de Tomás Moro), muchas veces no es la utopía la que nos hace imaginar una realidad mejor, sino la realidad, la que nos ayuda a superar mejor las utopías.
    Luis Vivanco

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