EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SALVADOR DEL MUNDO

por Hno. Joemar Hohmann – Franciscano Capuchino

Jn 4,5-42

El Evangelio de hoy muestra una autorrevelación de Jesús, es decir, El va manifestando progresivamente su identidad.

Es muy pedagógico este texto, pues muchos hoy día van haciendo un proceso hasta conocer y reconocer a Jesús como su Salvador.

Imaginemos el cuadro: un mediodía caluroso, un encuentro en un pozo con una mujer de Samaria, a quien él le pide de beber. Ella extraña que le dirigiera la palabra un judío, pues eran pueblos que se evitaban mutuamente.

En

seguida, Jesús le recomienda que vaya a buscar a su marido y ella declara que no lo tiene. El Señor le dice que ya tuvo cinco y el actual no es su marido también. Ella se queda impactada y por causa de esta afirmación concluye que él es un profeta.

El otro paso es cuando la mujer empieza a proclamar a sus compatriotas que Jesús es el Mesías, y les invita a verlo y a escucharlo. Sin embargo, ella no afirmó categóricamente que él era el Mesías, sino lo sugirió en forma de pregunta. Lo cierto y concreto es que muchos fueron para encontrarse con él.

Y Jesús les predicaba así: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra”. Esta revelación asegura que hacer la voluntad de Dios es para él como un alimento que le fortifica para concluir debidamente la tarea que el Padre le encomendó.

Finalmente, los samaritanos dicen que creen que Jesús es el Salvador del mundo, no tanto por las palabras de la mujer, pero porque escucharon lo que El les enseñaba.

Por lo tanto, la revelación de Jesús se da en cuatro pasos: es un judío; un profeta, el Mesías y por fin, es el Salvador.

Mi hermano y mi hermana, EN ESTE MOMENTO lea este texto y señale en su Biblia estos cuatro pasos, de tal modo que también usted pueda darse cuenta de ellos. Trate de identificar en cuál de las etapas está usted.

Son muchas las instrucciones que podemos quitar, como por ejemplo, el inicio fue un encuentro casual en el pozo, para expresar que el Señor nos busca también en las cosas comunes y corrientes de la vida, a las cuales debemos interpretar mejor.

Igualmente, la actitud misionera de la samaritana, que atrajo a otros para el encuentro con Cristo. Por ello, no sea tan acomodado y procure motivar a otros para participar de la Misa dominical, para confesarse, o para hacer alguna buena obra, sin esperar ninguna recompensa humana.

Paz y bien.

hnojoemar@gmail.com

10 comentarios en “EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SALVADOR DEL MUNDO”

  1. Mensaje de Adriano Fratini, en el marco de su Iglsia en Uruguay

    Una cuaresma de silencio para dejar secar el barro

    Hace poco una hermana muy sabia me hizo llegar un mail que comparaba la rabia, el miedo, y los sentimientos negativos que nos desarmonizan con el barro en una prenda de vestir. Para sacar el barro de la misma, la mejor manera es dejar que el barro seque para así, poder rasparlo y sacarlo en profundidad antes de lavarlo. Y pensé inmediatamente en Aarón, el hermano de Moisés cuando al morir sus hijos por ofrecer un fuego extraño calló (Lev. 10:1-3), no dijo nada. Aarón que siempre había sido el adalid del pueblo, la voz de este ante Moisés, que comunicaba y bregaba por las necesidades del mismo, esta vez, ante un gran dolor, una tragedia y unas palabras de su propio hermano nada consoladoras se mantuvo en silencio.

    La Cuaresma es el tiempo del ayuno, la oración y la ofrenda. Es un tiempo de silencio de examen de conciencia, de abstenernos de algunas cosas, no solo materiales sino también intangibles, las cosas que nos hacen mal en la vida, incluso los pensamientos que nos lastiman. En ese silencio todo cambia de sentido, y la realidad cobra un significado distinto. No se ven las mismas cosas en la sobriedad de la cuaresma que en las fiestas de la Navidad y Epifanía.

    ¿Por qué se mantuvo en silencio Aarón ante el dolor de tan lamentable pérdida? ¿Era insensible? ¿Por qué no le contestó a Moisés que dijo palabras tan hirientes? preguntó una vez un rabino. Hay varias respuestas que dieron sus discípulos judíos. Sin embargo, pienso que dejó “secar el barro”. Dice un proverbio que “el mundo se salva porque hay personas que cuando son insultadas callan” y Jesús dijo “cuando te golpean en una mejilla pon también la otra”. La exégesis tiene muchas explicaciones que revelan nuevas perspectivas para estas palabras, aunque el mensaje original de perdonar, de no perder el temple es innegable.

    Que en esta Cuaresma del año 2011, todos los cristianos podamos recuperar el sentido del silencio, de la reflexión profunda, del encuentro con nosotros mismos, resignificar nuestros dolores, deconstruír nuestros temores y elaborar nuestras aspiraciones. Particularmente los metodistas estamos elaborando profundos dolores, pérdidas, quebrantos de salud, liviandad en los compromisos, temores al futuro y comunidades empobrecidas. Quizá Dios nos está invitando hoy a mantener el silencio y revisarnos profundamente, atendiendo a lo que hicimos bien y lo que debe ser ajustado. A consultar en oración y poner en las manos del Señor Pastor todo esto, para que nos de la luz y la capacidad para transformarnos y resucitar en Pascua con nuevas fuerzas, con esperanzas creativas y con bríos de vida, energía divina.

    La historia de Aarón sigue en el pasaje y nos cuenta que en adelante los sacerdotes no beberían vino ni sidra antes de presidir el culto, dando a entender que los jóvenes hijos de Aarón habían bebido antes y por eso sucedió el accidente. En el silencio todos encontraron una solución para que lo que sucedió una vez, no se repitiera y nunca más supimos de algo así en la historia del Antiguo Testamento. Que en el silencio como en el de Aarón encontremos la lucidez para seguir siempre adelante con amor y responsabilidad. Un abrazo fraterno.

    Adriano Frattini

    Me gusta

  2. EL MECÁNICO DE CUARESMA
    Un día de cuaresma, tuve la necesidad de llevar mi automóvil con un mecánico, ya que está haciendo ruidos raros y se comportaba de forma extraña.
    Al entregarle mi unidad al “Don Pablo” -el mecánico-, le comenté que mi coche tenía varios problemas y que necesitaba que me lo dejara “como nuevo”; y de broma le dije: …. también mi auto necesita renovarse esta cuaresma…”. Me sorprendió que a Don Pablo no le hiciera gracia.

    Al cabo de tres días, nuevamente me presenté en el taller para recoger la unidad. Ya estaba lista!!! y al momento de entregarme las llaves, Don Pablo me dijo…. “realmente cree en la cuaresma?. Yo en definitiva no creo que exista, la gente sigue siendo grosera, se siguen cometiendo crímenes, sigo escuchando los mismos problemas de siempre… la cuaresma no existe ya!”

    Me dejó triste; pero también inquieto el comentario. Salí del taller, pero al cabo de 10 minutos regresé nuevamente para aclararle a Don Pablo: “Maestro… sabe que, me acabo de dar cuenta de que no existen lo mecánicos!”

    Don Pablo por fin se sonrió y me dijo que estaba loco; como que no existen?

    y le respondí: “… si, ahorita que salí con mi coche, vi varios automóviles que echan humo, que andan fuera de tiempo, otros que se notan claramente delineados….etc.”

    Don Pablo me dijo: “mi amigo; no es que No existan los mecánicos…. si los hay, lo que pasa es que no se acercan a ellos”….

    Gracias Don Pablo por aclararme la existencia de la Cuaresma.

    Envió: Miguel Jiménez

    Me gusta

  3. COMENTARIO

    por Mons. Rafael Escudero López-Brea
    obispo prelado de Moyobamba

    En el evangelio de este domingo Jesús se revela a través del símbolo del agua. Estamos ante una de las páginas más hermosas del cuarto evangelio. En el diálogo con la mujer samaritana Jesús desarrolla toda una catequesis, que llevará a la mujer a la fe en el Señor y al compromiso apostólico.

    “En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio
    Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo”. Una de las características exclusivas de Cristo es que la entrega a su gran tarea no seca su corazón, no le fanatiza, no le hace olvidar las pequeñas cosas de la vida. En Él asistimos al desfile de todos los sentimientos humanos más cotidianos. Le vemos buscando como Buen Pastor a la mujer samaritana, metiéndose en territorio hostil arriesgándose a ser expulsado. Jesús, desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los hombres, conoce el hambre, la sed, el cansancio y la privación. Realmente es uno de nosotros.

    “Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: Dame de beber”. En el diálogo que el Señor inicia con la mujer la conversación discurre desde la sed de Jesús que le pide de beber a la mujer hacia el agua que Él le ofrece a ella. La petición de Jesús a la samaritana expresa la pasión de Dios por todo hombre, también por cada uno de nosotros. “La samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? Porque los judíos no tienen trato con los samaritanos”.

    “Jesús le contestó: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva”. Jesús no revela plenamente el Espíritu Santo hasta que él mismo no ha sido glorificado por su Muerte y su Resurrección. Sin embargo, lo sugiere a la Samaritana: “Agua viva”. El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo. El Espíritu es también personalmente el Agua viva que brota de Cristo crucificado como de su manantial y que en nosotros brota en vida eterna. Agua que hace de los cristianos adoradores verdaderos capaces de orar al Padre en espíritu y en verdad.

    El diálogo entre Cristo y la samaritana nos habla de la oración, del trato amistoso con el Señor. Nos enseña el Catecismo: ““Si conocieras el don de Dios”. La maravilla de la oración se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él, dice San Agustín. “Le pedirías tú, y él te daría agua viva”. Nuestra oración de petición es paradójicamente una respuesta a Dios…, respuesta de fe a la promesa gratuita de salvación, respuesta de amor a la sed del Hijo único”.

    “La mujer le dice: Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es muy hondo, ¿de dónde sacas esa agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?”. Solo Jesús conoce el pozo que quita la sed para siempre por eso “le contestó: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed”. La persona humana tiene una sed mayor que la sed biológica, tiene una sed que vas más allá del agua del pozo, pues busca una vida que va más allá de lo terreno. El ser humano sólo necesita y ansía una sola cosa: la vida plena, la felicidad. Jesús quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del “manantial que salta hasta la vida eterna”: es el manantial que no está sometido al principio de muerte y transformación que es propio de todas las criaturas. Es el don del Espíritu Santo. Es la gracia de Cristo. Es el don gratuito que Dios nos hace de su vida infundida por el Espíritu Santo en nuestra alma para sanarla del pecado y santificarla. Es la gracia santificante, recibida en el Bautismo. Es en nosotros la fuente de la obra de santificación ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza, de amor! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, riega los desiertos de nuestra alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.

    “La mujer le dice: Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla”. El agua es un bien muy preciado para los pueblos del desierto. También para el corazón de cada unos de nosotros, sedientos de felicidad y de sentido de la vida. Somos por naturaleza seres insatisfechos. Un ejemplo es la samaritana, que había tenido ya cinco maridos y un amante, y su corazón estaba sediento de cariño y de amor verdadero.

    Jesús cambia el rumbo de la conversación y va ahora al fondo de la conciencia de la mujer y “le dice: Anda, llama a tu marido y vuelve”. La samaritana, que quiere esconder a Jesús su pecado de concubinato, le confiesa parte de la verdad: “le contesta: No tengo marido”. “Jesús”, que conoce hasta el fondo el corazón de la mujer, ni la reprende, ni la amenaza, sino que toma pie de su confesión parcial para alargarle la mano de su misericordia, y lleno de bondad, “le dice: Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el que ahora tienes no es tu marido. En eso has dicho la verdad”.

    “La mujer”, impresionada de cómo Jesús conoce su vida, “le dice: Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, pero ustedes los judíos dicen que el lugar donde se debe dar culto está en Jerusalén”. La mujer participa de la esperanza mesiánica de la época de Jesús. También ella esperaba un profeta excepcional en el que se cumplirían todas las profecías anteriores. Jesús como los profetas tiene la misión de transmitir la palabra divina y de enseñar a los hombres a percibir el alcance divino de los acontecimientos. Jesús transmite lo que ha oído al Padre, como cosa propia. Es un profeta, pero mucho más, Él mismo es la Palabra de Dios encarnada y viva.

    “Jesús le dice: Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén darán ustedes culto al Padre”. Cristo vivirá bajo el signo de la “hora”, la de su muerte, cuando se lleva a cumplimiento la redención. Jesús vive en esa espera con serena certeza. Es también la hora del culto nuevo. El Señor declara la superación del culto en el templo. Él mismo se declara superior al templo. Presenta su cuerpo como el mismo templo y a la samaritana le explica que, al llegar Él, ha venido la hora en que ya no será necesario acudir al templo: “Se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad”. Jesús nos da esta enseñanza para dar el verdadero culto al Padre, que se da en la Verdad y en el Espíritu, en Cristo y en el Espíritu Santo. El culto cristiano no es un sumergirse en sí mismo, no es un espectáculo donde el hombre es el centro y el protagonista, el culto de la Nueva Alianza no está ligado a un lugar exclusivo. Toda la tierra es santa y ha sido confiada a los hijos de los hombres. Cuando los fieles nos reunimos en un mismo lugar, lo fundamental es que nosotros somos las “piedras vivas”, reunidas para “la edificación de un edificio espiritual”. El culto es un encuentro con el Hijo y con el Espíritu y, así, un entrar en comunión con Dios vivo.

    “La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo. Jesús le dice: Soy yo, el que habla contigo”. Numerosos judíos e incluso ciertos paganos que compartían su esperanza reconocieron en Jesús los rasgos fundamentales del mesiánico “hijo de David” prometido por Dios a Israel. Jesús aceptó el título de Mesías al cual tenía derecho. La identidad de Cristo se le va desvelando poco a poco a la mujer, para la samaritana Jesús empieza por ser “un judío” más, para pasar a ser “un profeta”, hasta llegar a la plena manifestación en las palabras de Cristo: “Yo soy”, que nos recuerda la fórmula de revelación de Dios en el Antiguo Testamento: El “Yo soy” de Yavé y, finalmente “el Salvador del mundo”.

    “La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo lo que hice; ¿será éste el Mesías?”. Tan iluminada y saciada quedó la mujer que se olvida de sí misma y de su cántaro y va a anunciar a otros lo que ha visto y oído. De ser una persona sedienta, se ha convertido en manantial de vida eterna para otros. Se ha convertido en apóstol.

    “Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él… En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: Me ha dicho todo lo que hice”. Para la mujer y sus paisanos la persona de Jesús se convirtió en alguien digno de ser buscado y de ser creído. Y todo esto sucede en un encuentro primero casual, luego personal y profundo, sin que Cristo violente el ritmo de cada persona, más bien Él se acomoda al ritmo sicológico de la samaritana y de los samaritanos. Maravillosa pedagogía de Jesús. Así nos trata el Señor.

    “Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó
    allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de
    verdad el Salvador del mundo”. El entusiasmo de la predicación de la mujer samaritana se trocó en entusiasmo de muchos que se convertían al Señor.

    Me gusta

  4. ERES UN HUÉSPED

    Vive en este mundo como si fueras un huésped. Tu verdadero hogar no está aquí.

    Puede que la escritura de la casa esté a tu nombre; pero, ¿De quién era antes de que tú la compres? ¿Y de quién será cuando mueras?

    Es tan sólo una posada al borde del camino, un lugar para descansar brevemente del largo viaje hacia tu hogar que se halla en Dios.

    ¡Qué necia es la gente al dedicar tanto tiempo a mimar sus cuerpos, a acumular riquezas, a amasar más posesiones! Cuando los golpee la muerte deberán abandonarlo todo.

    Por lo tanto, considérate un huésped en la tierra.

    Como es natural, mientras vivas aquí, intenta ser un buen huésped.

    Compórtate lo mejor que puedas. Actúa responsablemente. Cuida las cosas que Dios te ha dado para hacer uso de ellas. Pero nunca olvides, ni por un instante, que no son tuyas, sino suyas.

    Envió:: Perla del Mar

    Me gusta

  5. Evangelio del domingo: Del corazón, de sus pozos y su sed

    – Publicamos el comentario al Evangelio del próximo domingo, tercera de Cuaresma (Juan 4, 5-42), 27 de marzo, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo.

    * * *

    Dame un poco de sed, que me estoy muriendo de agua. Así podría rezar el grito de una generación que teniéndolo casi todo, parece que no logra descubrir el sentido de la vida. Dentro de nuestro camino cuaresmal hoy se nos propone una escena conocida: la samaritana. El pozo en la literatura bíblica, es un lugar de encuentro, un espacio donde descansar y compartir. Los pozos determinan el itinerario terrestre y espiritual de aquel Pueblo que atravesó un desierto para llegar a la tierra de la Promesa. Por eso el pozo, el agua, se convertirán en símbolos de la cercanía de Dios, de la vida que ese Dios ofrece a sus hijos. La ausencia del agua será siempre para el Pueblo nómada y peregrino, una dura prueba que muchas veces terminará en infidelidad, en desconfianza e incluso en apos­tasía de Dios, como nos dirá la primera lectura de la misa.

    Un pozo, una mujer y Jesús encuadran el Evangelio de este domingo. A lo largo de todo el relato, se van mezclando dos símbolos que en parte representan el centro de la persona, el corazón del hombre: el marido y el agua. La vida de aquella mujer había trans­currido entre maridos y entre viajes al pozo para sacar agua. La insuficiencia de un afecto no colmado (los seis maridos) y la insuficiente agua para calmar una sed insaciada (el pozo de Sicar), nos llevan a pensar en la otra insuficiencia: la de una tradición religiosa que aun teniendo rasgos de la que Jesús venía a culminar con su propia revelación, si faltaba Él era incompleta.

    Por eso en el evangelio de Juan, el Señor se presentará como el Agua que sacia y como el Esposo que no desilusiona. Cuando no daban más de sí nuestros esfuerzos y empeños y seguíamos arrastrando todas las insuficiencias, lo que representa también en nosotros los mari­dos y la sed, el desencanto y la fatiga, ha venido a nuestro lado como esposo, como amigo, como agua… el Mesías esperado.

    Desde todas nuestras preguntas, afanes y preocupaciones, desde nuestra aspiración a habitar un mundo más humano y fraterno que el que nos pinta la crónica diaria, Dios se nos acerca en nuestro camino, se sienta junto al brocal de nuestros pozos y cansancios, para revelársenos como nuestra fuente y nuestra sed. Ojalá que también nosotros podamos contagiar a nuestras gentes como aquella mujer lo hizo con los de su pueblo, y también nuestros contemporáneos puedan testimoniar: «Ya no creemos por lo que tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sa­bemos que Él es de verdad el Salvador del mundo» (Jn 4,42).

    Me gusta

  6. Padre Cantalamessa advierte contra el peligro de “amar sin el corazón” Primera predicación de Cuaresma, sobre el “eros” y el “agape”

    CIUDAD DEL VATICANO, viernes 25 de marzo de 2011.- Las personas consagradas corren muchas veces el riesgo de amar a Dios “sólo con la cabeza”, sin implicar el amor afectivo meramente humano.

    Sin embargo, el rechazo del amor humano como algo opuesto al amor de Dios puede ser un obstaculo en la nueva evangelización. Contra esta tentación quiso poner en guardia el padre Raniero Cantalamessa en su primera predicación de Cuaresma hoy, ante el Papa y la Curia Roma.

    Cantalamessa afirmó que uno de los ámbitos en los que la secularización “actúa de modo particularmente difundido y nefasto”, es el ámbito del amor. “La secularización del amor consiste en separar el amor humano, en todas sus formas, de Dios, reduciéndolo a algo puramente profano, donde Dios está de más e incluso molesta”.

    Pero el tema del amor, subrayó, “no es importante solo para la evangelización, es decir, en la relación con el mundo; lo es también, y ante todo, para la vida interna de la Iglesia, para la santificación de sus miembros”.

    El predicador pontificio hizo un análisis sobre la distinción que ciertos teólogos han hecho entre el “eros” o amor humano y pasional, y el “agapé”, o el amor de oblación, apoyando sus reflexiones en la Deus Caritas est de Benedicto XVI.

    El amor “sufre una nefasta separación, no sólo en la mentalidad del mundo secularizado, sino también en el lado opuesto, entre los creyentes y en particular entre las almas consagradas. Simplificando al máximo, podríamos formular así la situación: en el mundo encontramos un eros sin agape; entre los creyentes encontramos a menudo un agape sin eros”.

    “El eros sin agape – explicó – es un amor romántico, muy a menudo pasional, hasta la violencia. Un amor de conquista que reduce fatalmente el otro a objeto del propio placer e ignora toda dimensión de sacrificio, de fidelidad y de donación de sí”.

    El agape sin eros, en cambio, es como un “amor frío”, un amar “con la cabeza”, “sin participación de todo el ser, más por imposición de la voluntad que por impulso íntimo del corazón”, en el que “los actos de amor dirigidos a Dios se parecen a aquellos de ciertos enamorados inexpertos que escriben a la amada cartas copiadas de un prontuario”.

    “Si el amor mundano es un cuerpo sin alma, el amor religioso practicado así es un alma sin cuerpo”, afirmó. “El ser humano no es un ángel, es decir, un puro espíritu; es alma y cuerpo sustancialmente unidos: todo lo que hace, incluyendo amar, debe reflejar esta estructura suya”.

    Si la corporeidad es sistemáticamente negada o reprimida, subrayó, “el resultado será doble: o se sigue adelante de forma fatigosa, por sentido del deber, por defensa de la propia imagen, o bien se buscan compensaciones más o menos lícitas, hasta los dolorosísimos casos que están afligiendo a la Iglesia”.

    “En el fondo de muchas desviaciones morales de almas consagradas, no puede ignorarse, hay una concepción distorsionada y deformada del amor”, advirtió.

    Por ello, añadió, la redención del eros “ayuda antes que nada a los enamorados humanos y a los esposos cristianos, mostrando la belleza y la dignidad del amor que les une. Ayuda a los jóvenes a experimentar las fascinación del otro sexo, no como algo turbio, vivido lejos de Dios, sino como un don del Creador para su alegría si se vive en el orden que Él quiere”.

    Pero también ayuda a los consagrados, hombres y mujeres, para evitar “ese amor frío, que no desciende desde la mente hasta el corazón. Un sol invernal que ilumina pero que no calienta”.

    La clave, explicó, es el enamoramiento personal de Cristo.

    “La belleza y la plenitud de la vida consagrada depende de la calidad de nuestro amor por Cristo. Sólo éste es capaz de defender de los bandazos del corazón. Jesús es el hombre perfecto; en él se encuentran, en un grado infinitamente superior, todas esas cualidades y atenciones que un hombre busca en una mujer y una mujer en un hombre”.

    “Su amor no nos sustrae necesariamente de la llamada de las criaturas y en particular de la atracción del otro sexo (esta forma parte de nuestra naturaleza, que él ha creado y que no quiere destruir); pero nos da la fuerza de vencer estas atracciones con una atracción más fuerte. “Casto – escribe san Juan Clímaco – es aquel que expulsa al eros con el Eros”, concluyó el padre Cantalamessa.

    Me gusta

  7. A – Tercer domingo de Cuaresma
    Primera: Ex 17,3-7; Sal 94,1-2.6-7.8-9; Segunda: Rom 5,1-2.5-8; Evangelio: Jn 5,5-42
    Autor: P. Octavio Ortíz | Fuente: Catholic.net

    Sagrada Escritura

    Primera: Ex 17,3-7;
    Sal 94,1-2.6-7.8-9;
    Segunda: Rom 5,1-2.5-8;
    Evangelio: Jn 5,5-42

    Nexo entre las lecturas

    Deseamos proponer como elemento unificador de este tercer domingo de Cuaresma por una parte el “anhelo de Dios que existe en el corazón del hombre” y por otra parte el amor salvífico de Dios que sale a su encuentro. La prueba más elocuente y hermosa del amor de Dios es que nos amó cuando todavía éramos pecadores (2L), cuando nos habíamos despeñado y alejado del redil. En la primera lectura se muestra la rebelión del pueblo contra Moisés al experimentar la sed asfixiante del desierto. Ponen a prueba a Dios y lo emplazan para que diga si efectivamente está o no, con ellos. Las pruebas tan claras de su poder en favor de los israelitas se olvidan ante la angustia de la sed del desierto. El Señor, sin embargo, sale a su paso y hace fluir de la roca corrientes de agua (1L). En el evangelio de San Juan es Jesús quien experimenta la sed de la fatiga y del peso del día, pero es la samaritana la que tiene el deseo y la nostalgia de Dios. Cristo que padece sed da de beber a la samaritana un agua que se convierte para ella en fuente de agua viva. Cristo se le revela como el Mesías que debe salvar al mundo (EV).

    Mensaje doctrinal

    La sed del hombre y la voluntad salvífica de Dios. El pueblo de Israel se siente agobiado por la sed del desierto. No comprende cómo el Señor, que lo hizo salir de Egipto con mano poderosa, lo encamina al desierto para hacerlo perecer en él. Se encara con Moisés y ponen a prueba al Señor. Moisés, el liberador de Egipto, recibe instrucciones precisas de parte del Señor: “preséntate al pueblo, lleva contigo los ancianos, toma el cayado golpea la roca y yo estaré allí”. Y de la roca brotó el agua que apagaría la sed de los israelitas. A pesar de que éste es un pueblo de dura cerviz, el Señor no lo abandona: “yo estaré allí”. Incluso cuando no sean dignos de mi amor y mi cuidado, “yo estaré allí”. Sabe que más allá de esa sed material hay una sed espiritual mucho más profunda y dolorosa. Ahora el verdadero Moisés es Cristo, liberador del pecado y de la muerte, que se ofrece en rescate del mundo. Es Él quien intercede por nosotros ante el Padre. Es Él quien nos amó cuando éramos impíos y pecadores. Jesús sale al encuentro de la Samaritana y le hace presente que tiene sed, sin embargo, la mujer no comprende cómo un judío pide de beber a una mujer samaritana. El amor de Jesús y su habilidad pedagógica conducen a aquella mujer al reconocimiento de su necesidad y de su nostalgia de Dios. En las palabras de Jesús ella encuentra que hay alguien que la conoce, la ama y desea su bien sobrenatural y eterno; alguien que no la abandona y que le ofrece la vida eterna. Iluminada interiormente y saciada por este agua de Cristo, la Samaritana se convierte en apóstol entusiasta del evangelio entre los suyos. Quien ha experimentado a Dios no puede quedar quieto, siente la imperiosa necesidad de anunciarlo.

    “Tanto amó Dios al mundo que le envió a su unigénito” (Jn 3,16). ¡Qué valor debe tener la persona humana a los ojos de Dios para que el Padre haya enviado al Hijo para rescatarle. El hombre es precioso a los ojos de Dios. La experiencia del Éxodo es aleccionadora. A pesar de que los israelitas han visto grandes prodigios, han visto cómo la mano poderosa de Dios los libraba de la esclavitud de Egipto y los hacía caminar por el fondo del mar Rojo, ellos dejan caer su confianza en Dios en tiempos de dificultad. Aquella pregunta del pueblo sigue siendo una gran tentación: “¿Está Dios con nosotros sí o no? Cuando la sombra de la cruz se alarga sobre nuestras vidas, el hombre se encuentra con Dios y lo interpela ¿Por qué, Señor, este dolor, esta enfermedad, esta guerra, esta falta de sentido, esta pérdida de fuerzas para vivir, este mal que nos rodea? ¿Estás con nosotros sí o no? Fue la misma tentación del pueblo en el desierto. Pero Dios revela su continua voluntad de salvar y, aunque el pueblo lo rechazó en varias ocasiones, Él no viene a menos en su promesa: lo cuida, lo protege y lo conduce a la tierra de promisión. Si en tiempo de Moisés bastaba que éste intercediera para que el Señor saliera en favor de su pueblo, ¿qué podremos decir en la Nueva Alianza que Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, ha establecido? El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas? (Rom 8,32) Dios nos amó cuando éramos pecadores. Dios salió a nuestro encuentro en el Pozo de Jacob para darnos el agua viva. Dios está siempre haciéndonos presente su voluntad salvífica porque no quiere que ninguno se pierda. Él es el agua viva.

    La esperanza si la voluntad salvífica de Dios no cede ante ningún obstáculo, la actitud que conviene al creyente, no obstante las obscuridades y la sed del camino, es la de la esperanza. La esperanza que no defrauda porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. La situación propia del cristiano es la de la esperanza: de un lado tiene ya la reconciliación con Dios, pero por otro, no ha superado todavía todas las alienaciones del camino, especialmente la muerte se le presenta como un enigma. “Ya, pero todavía no” y por ello se exige la esperanza. Romano Guardini, después de una larga enfermedad concluía: “He reflexionado para ver si se pudiese encontrar una palabra con la que exprimir la actitud humana justa ante la vida y no he encontrado mas que una sola: Esperanza-Confianza. Confianza ¿en qué? ¿En la vida? ¿En el orden de la existencia? Creo que toda abstracción sería equivocada. Más bien es confianza en aquel que ha creado el mundo, lo dirige, lo gobierna en un sentido supremo. El elemento decisivo es la benevolencia de Dios que es radicalmente bueno en relación con nosotros… Fiarse de Dios es la única solución para subsistir” (Romano Guardini “Sobre el límite de la vida”).

    Sugerencias pastorales

    El año jubilar dio lugar a que miles de personas se acercaran al sacramento de la penitencia. Los frutos de conversión fueron espléndidos. El Papa manifestó su esperanza de que esta práctica penitencial se prolongara en los años venideros. Sin duda, el período de cuaresma nos ofrece la oportunidad para intensificar la participación en el sacramento de la penitencia. Sabemos que todos tenemos necesidad de Él porque todos pecamos. Será importante en la acción pastoral insistir en la formación de las conciencias, redescubrir el verdadero sentido del pecado y ayudar a los fieles a procurar la compunción del corazón. Así como Cristo iluminó y formó la conciencia de la Samaritana, así el sacerdote debe iluminar y formar la conciencia de sus fieles. Tarea no fácil en un mundo caracterizado por el relativismo moral. El sacerdote debe conducir a los fieles con habilidad pedagógica y con verdadero amor pastoral a la conversión del corazón en la penitencia. Muy elocuente fue el caso de aquel hombre que reconocía que se había confesado después de varias décadas de no hacerlo, sólo porque: “el Papa, cuando pasó en el coche, me miró”.

    La pedagogía de Dios. Existe un principio fundamental de la fe: antes y más allá de nuestros programas hay un misterio de amor que nos envuelve y nos guía: es el misterio del amor de Dios. Es oportuno repetir en nuestra predicación esta verdad tan necesaria para el mundo de hoy abatido por múltiples miserias. La fe viva logra descubrir en medio de los acontecimientos y los avatares de la vida la mano providente de Dios. Esto no se da de modo inmediato, sino más bien, es el resultado de un proceso de conversión. En la medida en la que el cristiano participa de la vida y de la misión de Cristo, en la medida en la que bebe en las fuentes de la vida como la Samaritana, en esa medida va creciendo su capacidad de comprensión. Dios actúa con una pedagogía divina: a veces nos hace caminar por el desierto en medio de hambre y sed, a veces se muestra soberano en la cumbre del monte, a veces permite la experiencia de la derrota y el cansancio de la vida. El creyente es aquel que sabe descubrir en todo ello una pedagogía amorosa de Dios. Si queremos organizar nuestra vida, debemos aprender a “descifrar su designio” leyendo la misteriosa “señalización” que Dios pone en nuestra historia diaria.

    Me gusta

  8. Dios toca el corazón del hombre y espera paciente su respuesta, dice el Papa

    VATICANO, 27 Mar. 11 (ACI/EWTN Noticias).-Un nutrido número de fieles se congregó este domingo al mediodía en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus dominical con el Papa Benedicto XVI, quien antes de la oración mariana resaltó que Dios respeta la libertad de toda persona y por eso “toca su corazón y espera con paciencia su respuesta”.

    “El cansancio de Jesús, signo de su verdadera humanidad, puede ser visto como un preludio de su pasión, con la que nos ha realizado en plenitud la obra de nuestra redención”, dijo el Santo Padre al meditar sobre el Evangelio de hoy, en que se narra el encuentro de Cristo con la samaritana que va al pozo a recoger agua.

    El Papa afirmó que “en el encuentro con la samaritana en el pozo, surge el tema de la ‘sed’ de Cristo, que culmina en el grito en la cruz: ‘Tengo sed’. Ciertamente esta sed, como el cansancio, tiene una fase física. Pero Jesús, como dice San Agustín, ‘tenía sed de la fe de aquella mujer’, como la fe de todos nosotros”.

    “Dios Padre envió a Cristo para saciar nuestra sed de vida eterna, donándonos su amor, pero para hacer este don, Jesús pide nuestra fe. La omnipotencia del Amor respeta siempre la libertad del hombre: toca a la puerta de su corazón y espera con paciencia su respuesta”.

    El Pontífice reflexionó sobre los símbolos presentes en el encuentro con la samaritana: “el agua, alude claramente al sacramento del Bautismo, fuente de vida nueva para la fe en la Gracia de Dios. Esta agua representa al Espíritu Santo, el ‘don’ por excelencia que Jesús ha venido a darnos de parte de Dios Padre. Quien renace del agua y del Espíritu Santo entra en una relación real con Dios, una relación filial”.

    “Cada uno de nosotros -dijo el Papa- puede ponerse en el lugar de la samaritana: Jesús nos espera, especialmente en este tiempo de Cuaresma, para hablar a nuestro, al propio corazón. Detengámonos en silencio. Escuchemos su voz que nos dice: ‘Si tu conocieras el don de Dios'”.

    “Que la Virgen María nos ayude a que no faltemos a esta cita, de la que depende nuestra verdadera felicidad”, concluyó.

    En su saludo en español, el Santo Padre animó a que en este tiempo de Cuaresma, “renovando los compromisos de fe, os encontréis con el Mesías que colma de gracia y verdad, y podáis ofrecer el culto de alabanza que brota de un discípulo fiel. Feliz domingo”.

    Me gusta

  9. EL PLACER DE SERVIR

    Toda la naturaleza es un anhelo de servir. Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco. Donde haya un árbol que plantar, plántalo; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo; donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo.

    Sé el que aparta la piedra del camino, el odio de los corazones y las dificultades del problema. Hay la alegría de ser sano y la de ser justo; pero hay la hermosa, la inmensa alegría de servir. Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho, si no hubiera en él un rosal que plantar, una empresa que emprender…

    No caigas en el error de creer que sólo se hacer mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios: regar un jardín, ordenar unos libros, peinar a una niña. El servir no es sólo tarea de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: El que sirve. Y tiene sus ojos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quién? ¿A tu amigo, a tu madre?.

    Envió:: Perla del Mar

    Me gusta

  10. Gotas de Paz – 435 Asunción, 25 de marzo de 2.011

    “Una mujer samaritana llegó para sacar agua y Jesús le dijo: Dame de beber.” (Jn 4, 7)

    Jesús, el Señor de la Historia, el Principio y Fin de todas las cosas, pide a la Samaritana justamente lo que él le quiere dar: el agua, pero un agua viva. Para entender la fuerza del simbolismo del agua es necesario detenernos un poquito sobre nuestra experiencia concreta con el agua.
    De hecho, el agua es uno de los elementos básicos de la vida. Sin ella todo se transforma en desierto. Es imposible pensar nuestra existencia sin ella. En la tierra de Jesús (Palestina) el agua no es un elemento muy abundante y por esto es muy precioso. Los ríos no son muchos y los pozos, en aquella época eran raros. La lluvia que llegaba solamente en algunas épocas del año era un signo claro de la bendición del cielo para hacer fértil los campos y por eso, era esperada con mucha ansia, y su no llegada significaba, hambre.
    Además para poder tener agua en casa era necesario un gran esfuerzo, se tenía que ir hasta el pozo, quitarla y trasportarla. (Quien ya cargó un cubo de agua por una buena distancia, sabe que ésta, después de un gran esfuerzo, adquiere un valor muy especial. Desperdiciarla, era despreciar a quien la había traído. Tal vez hoy con el agua en la canilla nosotros ni nos damos cuenta de su valor y de su importancia.)
    El autor sagrado sabía lo que significaba el agua para la vida humana y sabía también que todos, por experiencia propia, reconocían su inmenso valor. Es por eso que, muchas veces el Libro Sagrado usa la imagen del agua para hablar de Dios y de su relación con nosotros.
    Así nos dice el Salmo 63: “Señor, Tú eres mi Dios, a Ti te busco, mi alma tiene sed de Ti, en pos de Ti mi carne desfallece cual tierra seca, sedienta y sin agua.”
    Este nuestro deseo del infinito, del amor, de la paz, de la felicidad… es comparado a la sed. Hasta incluso puede ser sintetizado como: sed de Dios. Sin Él en nuestras vidas, somos como la tierra sin agua, esto es absoluto desierto, sin posibilidad de vida. Así como necesitamos del agua para vivir biológicamente, y perecemos en pocos días si no la bebemos, también sin Dios perecemos como persona humana. No es posible una vida auténticamente humana sin la presencia de Dios. El cuerpo sin agua se deshidrata, la persona sin Dios se desintegra, se pierde, se anula.
    Jesús conoce nuestro corazón, conoce nuestra vida y nuestra fatiga, conoce nuestros deseos y proyectos, y por eso en este tiempo de cuaresma, viene a nuestro encuentro y nos pide: “Dame de beber”. En verdad, su pedido es una provocación. Él quiere despertarnos. Él quiere hacernos entender que las cosas de este mundo, son efímeras y finitas, y así no pueden saciar nuestra sed de infinito.
    Muchas veces nos ilusionamos. Nos sentimos insatisfechos y corremos tras las cosas del mundo pensando que ellas pueden saciarnos. Pensamos que lo que nos falta es un determinado bien material: una casa, un auto, un salario alto, un título, o una ropa lujosa… pero cuando lo conseguimos inmediatamente nos quedamos contentos, pero luego después descubrimos que aún nos falta algo, que continuamos insatisfechos. Y entonces, en nuestra ceguera, empezamos a buscar tener dos casas, o dos autos, o dos salarios, o dos títulos… pero hasta hoy nadie se satisface con estas cosas, por más que lo haya conseguido. (La mujer samaritana del Evangelio ya había tenido cinco maridos y el actual no era suyo…) No existen cosas materiales que puedan satisfacer una necesidad espiritual: nuestra sed de Infinito; nuestro deseo de Dios.
    Es por eso que Jesús ofrece a aquella mujer un “agua viva”, un agua capaz de satisfacernos desde lo profundo de nuestro ser. Un agua que nos hace sentir saciados y realizados, aún cuando nos falten algunos bienes materiales. Un “agua viva” que se trasforma en una fuente inagotable en nuestro interior.
    Esta “agua viva” es el Espíritu Santo. Es él el Único que puede verdaderamente saciarnos. Es Él quien puede darnos todo lo necesitamos. Es Él quien puede hacernos plenamente humanos.
    A veces nos cansamos inútilmente corriendo de pozo en pozo, buscando aguas que solamente nos sacian parcialmente, cuando el único pozo que puede realmente satisfacernos es el Costado de Cristo, de donde salió Sangre y Agua, que son los Sacramentos de la Iglesia. Cada Sacramento (Bautismo, Confesión, Eucaristía, Confirmación, Matrimonio, Unción u Ordenación) nos hace participar del misterio pascual de Cristo y nos da el Espíritu Santo.
    ¡Coraje, mi hermano, mi hermana! Cuaresma es tiempo de conversión. Es tiempo de recomenzar la vida. Es tiempo de descubrir la Fuente de Agua Viva.

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su Rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su Mirada cariñosa y te dé la PAZ.
    Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino

    En otros años, la cuaresma fue un tiempo también para encontrar nuevas personas que puedan recibir Gotas de Paz. Hoy estamos en la red social, Facebook, puedes pedir la amistad a: Gotasdepaz Hnos Franciscanos Capuchinos. ( http://es-es.facebook.com/people/Gotasdepaz-Hnos-Franciscanos-Capuchinos/100001952991952 )
    Nuestro desafío, como un propósito cuaresmal, es también que cada uno pueda encontrar personas que puedan conocer nuestra página web, http://www.gotasdepaz.com y así divulgar el evangelio.
    ¡Gracias por tu colaboración!

    Si usted quiere escribir un correo personal al Hno. Mariosvaldo Florentino, puede utilizar esta dirección: hnomario@yahoo.com

    Suscripciones nuevas en http://www.gotasdepaz.com/suscripcion.htm

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s