ANALISTAS: DESEMPLEO SUBE EN LAS MAYORES ECONOMÍAS DE AMÉRICA LATINA

Empujada por una expansión económica del 7,5% el año pasado y un auge del consumo interno, la inflación en Brasil ronda niveles del 6% y la autoridad monetaria -que subió este año la tasa de interés en un punto porcentual al 11,75%- espera que siga elevada en 2011.

En México, pese al alza en el desempleo, la gente sin trabajo se mantiene aún por encima de los niveles previos a la crisis global de 2008.

El desempleo en Brasil y México, las dos mayores economías latinoamericanos, repuntó en febrero, un indicio de que el ritmo económico podría estar empezando a enfriarse.

El desempleo en Brasil subió al 6,4% el mes pasado, desde del 6,1 en enero, dijeron este jueves las autoridades. Pero no sería una noticia tan mala si alivia las presiones sobre el banco central para que suba las tasas de interés, a fin de contener la creciente inflación.

Empujada por una expansión económica del 7,5% el año pasado y un auge del consumo interno, la inflación en Brasil ronda niveles del 6% y la autoridad monetaria -que subió este año la tasa de interés en un punto porcentual al 11,75%- espera que siga elevada en 2011.

La tasa de desempleo había tocado un mínimo histórico en diciembre en un nivel del 5,3%.

“Factores estacionales empujaron el desempleo al 6,4% (…)”, dijo Guilherme Loureiro de Barclays Capital en un reporte, quien aseguró que sacando el efecto estacional en realidad el desempleo se está moviendo lateralmente.

Pero en México, el alza en el desempleo no se ve con los mismos ojos, porque las presiones inflacionarias no son tan fuertes y la gente sin trabajo se mantiene aún por encima de los niveles previos a la crisis global de 2008 y 2009.

Las autoridades reportaron e jueves que la tasa de desempleo desestacionalizada -un indicador considerado más preciso por analistas- subió a 5,28% en febrero, frente al 5,21% del mes anterior.

“El mercado laboral todavía está operando con un retraso significativo”, dijo en un reporte Alberto Ramos, analista de Goldman Sachs.

Además, este jueves se conoció que la inflación anualizada mexicana se desaceleró en la primera quincena de marzo al 3,09%, su menor nivel en casi cinco años, lo que da aún más espacio al banco central para mantener estables las tasas de interés.

Eso muestra que la demanda y el consumo no están presionando a los precios.

“Las medidas de desocupación y subocupación siguen sin reflejar claramente la recuperación económica en curso”, dijo en un reporte Carlos González, analista de Scotiabank.

Se espera que la economía mexicana crezca entre 4% y 5% este año, tras haberse expandido 5,5% el año pasado, uno de los ritmos más moderados en Latinoamérica en parte por su dependencia comercial de Estados Unidos, que lucha por recuperarse de la crisis global.

Colombia creció a un ritmo parecido en 2010. El departamento de estadísticas colombiano dijo el jueves que la economía se expandió 4,3% el año pasado, por arriba de lo esperado por analistas, impulsada principalmente por la explotación de minerales.

4 comentarios en “ANALISTAS: DESEMPLEO SUBE EN LAS MAYORES ECONOMÍAS DE AMÉRICA LATINA”

  1. Latinoamérica: los países que más crecen

    Los nuevos pronósticos económicos del Banco Mundial y de las Naciones Unidas prevén que Latinoamérica seguirá creciendo en tasas moderadas este año, y que las economías más florecientes de la región serán las de tres países que empiezan con “P”: Paraguay, Panamá y Perú.

    Antes de analizar qué tienen en común estos tres países que empiezan con “P”, y por qué el Banco Mundial y la Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe de las Naciones Unidas (Cepal) están moderando sus pronósticos a veces demasiado optimistas de hace uno o dos años, echemos un vistazo a las últimas cifras.

    Según un nuevo informe sobre Latinoamérica del Banco Mundial, titulado “América Latina y el Caribe sin viento a favor: en busca de un mayor crecimiento”, Latinoamérica crecerá un 3,3 por ciento este año, un leve progreso respecto al crecimiento del 3 por ciento del año pasado, pero significativamente por debajo del índice de crecimiento promedio del 5 por ciento de la última década.

    Las estrellas económicas de la región en el 2013 serán Paraguay, que crecerá alrededor del 11 por ciento, Panamá y Perú, que crecerán el 9 y el 6 por ciento, respectivamente, según el estudio del Banco Mundial.

    En el medio de la tabla están algunos países con índices de crecimiento relativamente buenos, como Chile, Colombia y Bolivia, que crecerán este año entre el 4 y 5 por ciento. Brasil y Argentina, a su vez, crecerán casi un 3 por ciento, y la economía de peor desempeño de la región será Venezuela, que crecerá el 0,1 por ciento, o sea prácticamente nada, dice el estudio.

    El informe del Banco Mundial señala que los vientos de cola que ayudaron a gran parte de Latinoamérica a crecer rápidamente en la década pasada, tal como los altos precios de las materias primas y el constante aumento de las importaciones de China, ya no soplan más.

    Hoy, Latinoamérica se encuentra en un entorno global “sin vientos”, en el que el crecimiento futuro dependerá de las políticas de cada país, y no tanto de factores externos.

    “El viento de cola desapareció, y ya no podemos avanzar sin esfuerzo”, concluye el informe. “Ha llegado la hora de remar”.

    De manera semejante, un nuevo informe de la Cepal dado a conocer esta semana revisó hacia abajo sus pronósticos económicos de diciembre –que proyectaban un crecimiento regional del 3,8 por ciento para este año– a un 3,1 por ciento.

    Las economías latinoamericanas que crecerán más rápido en el 2013 serán Paraguay (10 por ciento), Panamá (8 por ciento) y Perú (6 por ciento), según el organismo de la ONU. México crecerá un 3,5 por ciento, mientras Brasil y Argentina experimentarán una recuperación menos dinámica de la esperada, afirma.

    Casi todos los economistas dicen que a Paraguay, Panamá y Perú les irá bien este año por motivos diferentes. En el caso de Paraguay, será un rebote de la aguda recesión que provocó su crisis política del año pasado, sumado a cosechas récord.

    Panamá, a su vez, está cosechando los beneficios de enormes inversiones vinculadas a la expansión del Canal de Panamá, y Perú se está beneficiando de inversiones récord gracias a las políticas económicas abiertas a la inversión que goza desde hace más de una década.

    Aunque el caso de Paraguay puede ser una anomalía estadística, Perú y Panamá son otra historia, dicen los economistas. Ambos países han estado creciendo sostenidamente en la última década, con porcentajes que casi duplican el promedio regional.

    “En Perú y Panamá vemos un gran dinamismo de las inversiones, y un notable optimismo entre los inversores”, me dijo el principal economista para Latinoamérica del Banco Mundial, Augusto de la Torre. “También están haciendo significativos avances en sus esfuerzos por mejorar la calidad de la educación pública”.

    Mi opinión: Aunque se trata de casos diferentes, Paraguay, Panamá y Perú tienen algunas cosas en común.

    A diferencia de Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador y otros países cuyos presidentes populistas ahuyentan a los inversores creando un clima de confrontación constante para culpar a otros de sus problemas económicos, Paraguay, Panamá y Perú reciben con alfombra roja las inversiones nacionales y extranjeras.

    Y mientras Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador han crecido en los últimos años gracias a factores externos –como el auge de los precios mundiales del petróleo, el gas y la soya– Perú y Panamá crecen en gran parte debido a razones internas: ofrecen estabilidad, y no cambian las reglas de juego a los inversores con cada cambio de gobierno.

    Y los resultados están a la vista, sobre todo en Perú: el país ha disminuido su tasa de pobreza del 55 por ciento de la población al 28 por ciento de la población desde el año 2001, mucho más que los países con presidentes populistas que viven gritando al micrófono, y ahuyentando inversiones que generan trabajo.

    Por Andrés Oppenheimer

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  2. Dejar de ser inofensivos

    Francisco L. tiene 42 años y la última vez que ganó un salario fue en 2008. Desde entonces no ha encontrado empleo y vive en una tienda de campaña en un bosque cercano a la ciudad andaluza de Jaén. No tiene medios para otra cosa. Sus únicas pertenencias son un saco de dormir, una manta, una toalla, una bolsa con utensilios de aseo personal y una radio. Consigue agua de un pilar cercano a su tienda y come dos veces al día conservas y bocadillos. Subsiste en condiciones precarias.

    Esta historia es real. Y hay millones semejantes y peores en el mundo. La crisis, claro. Sí, la crisis como estafa o la crisis como atraco. Pero, como denuncia Josep Fontana, refiriéndose a la maldita crisis, “la gran trampa, que ha hecho que nos convenzan de asumir mansamente los costes de la crisis, ha sido permitir a quienes la causaron presentar los problemas creados por un sector muy concreto del mundo económico como problema colectivo del que todos somos responsables”. Y en absoluto es así.

    Sin embargo, aceptamos que reduzcan nuestros derechos y legitimamos el ataque contra ellos al no responder o, peor aún, votando a quienes desmantelan el estado de alguna justicia y cierta equidad que tanto ha costado levantar. El mal designado “estado de bienestar” no es privilegio ni lujo ni exceso, como pretende el neoliberalismo e insinúan los medios, sino un acercamiento al respeto de los derechos humanos de todos.

    ¿Por qué aceptamos que recorten nuestros derechos?

    En un debate televisivo que vi, la cuestión a debatir era: ¿hasta donde han de llegar los recortes? No era un debate entre presuntos profesionales de la opinión y periodistas bien remunerados. En el plató había una veintena de ciudadanas y ciudadanos normales que aceptaban tranquilamente debatir sobre el ataque contra sus derechos que son los recortes presupuestarios.

    Se hace buena la trampa del nazi Goebbels: la mentira repetida muchas veces suena a verdad. La falacia repetida hasta la saciedad por políticos y medios es que no hay otro camino para superar la crisis que recuperar la confianza de los “mercados” con austeridad y recortes sociales. Tiene razón José Luis Sampedro, cuando afirma que “necesitamos reeducarnos, pues pasamos por una fase de barbarie porque los valores democráticos se han degradado”.

    La primera fase de esa re-educación es abrir los ojos y la segunda, no ser inofensivos. Porque hemos devenido una ciudadanía inofensiva. Quienes vulneran nuestros derechos hoy no tienen ningún temor de que los ciudadanos los pongamos en su sitio (que en muchos casos sería la prisión). Somos ciudadanos inofensivos. Salvo en África del Norte, Oriente Próximo e Islandia, dónde ciudadanas y ciudadanos luchan por sus derechos civiles y políticos, pero también económicos y sociales. Porque ningún derecho es más importante que otro.

    Islandia es la excepción europea. Fue saqueada hasta la ruina por banqueros, unos pocos empresarios y un puñado de políticos, pero Islandia se recupera porque ciudadanas y ciudadanos han reaccionado con una respuesta democrática de calado. Echaron al gobierno responsable, dejaron hundirse a los bancos, promovieron investigar los delitos perpetrados y ahora hacen más democrática su Constitución. No aceptan tener que pagar las canalladas de los bancos, como ha ocurrido en otros países. Y saben que la solución no es sólo económica. Es también política: ser inofensivos como ciudadanos.

    En España, la asociación ATTAC y otras organizaciones sociales han interpuesto ante la Audiencia Nacional una querella criminal contras las agencias de calificación Moody’s, Standard & Poors y Fitch por alterar el precio de la deuda pública y utilizar ilegítimamente información privilegiada en beneficio propio. Al margen del resultado, eso es empezar a dejar de ser inofensivo. Roberto Unger, que fue ministro con Lula, ha denunciado que “España es una democracia secuestrada por las grandes empresas, por una plutocracia mercantilista que ha puesto las instituciones del Estado a su servicio”. Lo malo es que juicio tan duro es aplicable a los otros 26 estados de la Unión Europea, a Estados Unidos y un montón de países más. Por tanto, la respuesta es política y nada complaciente.

    ¿Cuándo decidiremos dejar de ser inofensivos y exigiremos nuestros derechos?

    Xavier Caño Tamayo

    Periodista y escritor

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  3. “Si los ricos no pagan impuestos se enfrentarán a una revolución”
    Paul Farell, analista de ‘The Wall Street Journal’, se hace eco de una corriente de opinión que pone en entredicho la recuperación en EE UU
    RAMÓN MUÑOZ 04/04/2011

    La economía vence a la política, artículo de JOSÉ ESTEFANÍA | ‘Indignaos contra imputaos’, lee la nueva entrada del blog 3.500 Millones

    Predice un cataclismo económico y una revolución social en EE UU. Pero no es el polémico y a veces abiertamente demagogo director de cine Michael Moore. Ni el predicador televisivo Glenn Beck, insignia mediática del movimiento conservador estadounidense del Tea Party. Ni, más cercanamente, Niño Becerra, el catedrático que vaticina el cataclismo de la economía española cada año y cada año lo aplaza. Se trata de Paul B. Farrell, un prestigioso columnista de The Wall Street Journal, el diario financiero por excelencia nada sospechoso de sensacionalismo. Y esta semana ha lanzado un aviso ciertamente preocupante aunque con argumentos y cifras mucho más contundentes que la de los otros teóricos apocalípticos citados.
    · La economía vence a la política

    “O los ricos comienzan a pagar impuestos o se enfrentarán a una revolución”. Con ese provocativo arranque, Farell, que trabajó para Morgan Stanley, advierte en su columna que la brecha entre el 1% de los “súper ricos” y el 99% restante de la población en EE UU no había sido tan grande desde la Gran Depresión de 1929, y que solo el “engaño” o el “espejismo” que lanza esta clase privilegiada desde sus diversas tribunas, ya sean políticas o mediáticas, impiden a la gente darse cuenta de que estamos a punto de vivir otro colapso como el de hace casi un siglo. Y concluye que. o los ricos vuelven a pagar los impuestos que les corresponden por su nivel de riqueza u Occidente se enfrentará a una revuelta social como las que se están viviendo en el norte de África
    Farrell señala que, tras el estallido de la crisis financiera en 2008 y la intervención del Estado para salvar el sistema, Estados Unidos vive ahora de la falsa esperanza que le transmiten los súper ricos, las “estadísticas del Gobierno que tratan de exagerar la recuperación” o los mensajes sobre un nuevo mercado alcista de Wall Street.
    “Sigan soñando”, apunta Farrell, que avisa de que el 93% de lo que se oye acerca de los mercados, las finanzas y la economía “son conjeturas, ilusiones y mentiras con el único fin de manipular en la toma de decisiones para sacar el dinero de los bolsillos” de la gente. “Ellos se enriquecen diciendo mentiras sobre los valores. Odian a las normas de la SEC [regulador de la Bolsa de EE UU] que les obligan a decir la verdad”. Y pone un dato como ejemplo: en los últimos 10 años, el 20% de los fondos de pensiones de los trabajadores -10 billones de dólares- se ha esfumado en Wall Street.

    Apoyado en otros testimonios, el columnista establece un paralelismo entre las revoluciones como las que han ocurrido en Egipto, y las que están por venir en los países desarrollados. Ambas serán impulsadas por los jóvenes, las mayores víctimas de la crisis, condenados a un desempleo crónico. “Los jóvenes van a ser los más doloridos cuando los gobiernos traten de reequilibrar sus presupuestos. Se elevarán los impuestos de los trabajadores y caerá el gasto de educación (…) mientras que los recortes fiscales para ricos siguen intocables”.”¿Cuánto tiempo resta para que el resto de los países ricos estalle como Egipto?”, se pregunta.

    El análisis de Farrell no es aislado. En Estados Unidos se está formando una creciente corriente de opinión que denuncia que la crisis se ha cerrado en falso, que la recuperación económica que vende la Administración Obama no es sino un maquillaje estadístico y que cuando toque pagar la factura del rescate del sistema financiero mediante más impuestos para la clase media y recortes sociales, se desvelará la verdadera gravedad de la situación.

    Una de las abanderadas de esta teoría es Arianna Huffington, la editora que acaba de hacerse multimillonaria tras la venta de su portal de noticias online a AOL. Pese a que su actitud personal no sea muy ejemplarizante (se vanagloria públicamente de no pagar a la mayoría de sus periodistas), su opinión es muy crítica hacia el sistema. “Se está madurando la América del Tercer Mundo. Washington se apresuró al rescate de Wall Street, pero se olvidó de Main Street (la calle principal, metáfora para expresar a la gente común en EE UU). Uno de cada cinco estadounidenses es desempleado o subempleado. Una de cada nueve familias no tiene un saldo mínimo en sus tarjetas de crédito. Una de cada ocho hipotecas está en mora o ejecución hipotecaria. Uno de cada ocho estadounidenses vive con cupones de alimentos. La movilidad social hacia arriba siempre ha estado en el centro del sueño americano. Y esa promesa se ha roto. El sueño americano se está convirtiendo en una pesadilla. Y pronto va a implosionar”, asegura.

    El magnífico documental Inside Job, ganador del último Oscar, también ha desperezado muchas conciencias, sobre todo las de aquellos que confiaron en que con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca se cambiarían las reglas del juego, se restablecerían los controles y la regulación sobre el sistema financiero y se pondría coto a la “avaricia de Wall Street”como prometió el ahora presidente durante la campaña electoral. Pero como denuncia la cinta, las tímidas reformas que inició están varadas en las comisiones del Congreso o han sido bloqueadas por el poderoso lobby financiero que controla no solo la esfera política sino la académica para hacer valer su falso mensaje.
    Inside Job deja en evidencia también que Obama no solo no ha perseguido a los “avaros” que provocaron el desastre con productos financieros tóxicos como las subprimes o los CDO, sino que ha puesto al mando de su equipo económico a algunos de sus más señeros representantes, que participaron o, al menos no quisieron ver el inmenso fraude que se estaba fraguando, y fueron reclutados por el anterior presidente, George W. Bush, para diseñar el rescate a costa del contribuyente y sin pedir responsabilidad alguna a sus causantes. Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, Timothy Geithner, secretario del Tesoro, o Lawrence Summers director del Consejo Nacional Económico de la Casa Blanca, están entre ellos.
    El capitalismo refundado de rostro social con el que se presentaba Obama en las primeras reuniones del G-20 tras al estallido la crisis sigue teniendo el mismo perfil injusto e inmisericorde en EE UU: récord de desahucios en 2010 y récord de bonus para los ejecutivos de las agencias de calificación como Moody’s o Standard & Poor’s, que avalaron los productos financieros basados en las hipotecas basuras, precipitando el desastre financiero. También fuera de las fronteras de la primera potencial mundial hay una creciente corriente en la misma dirección y que tiene en ¡Indignaos! (Destino), del francés de origen alemán Stèphane Hessel, uno de sus puntos de ignición. En España, el testigo lo ha cogido, entre otros, el escritor y pensador José Luis Sampedro.
    Desde la sección de mercados del periódico de referencia de Wall Street, a Farrell no le tiembla el pulso al hacer un llamamiento a que la gente despierte ante “el espejismo de los súper ricos que está destruyendo el sueño americano para el resto de nosotros”. “Los súper ricos no se preocupan por usted” exhorta a sus lectores, porque viven al margen de la crisis, a lo sumo se preocupan “en abstracto” por el bienestar del país, envueltos en una burbuja en la que “disfrutan de vacaciones en los mejores resorts, de los mejores profesores de pilates, el mejor masajista, los mejores cirujanos y las mejores escuelas privadas para sus hijos”. “Y nada de lo que se escriba va afectarles”. Y acaba: “No digan que no fueron advertido. Tienen tiempo para preparar la revolución que se avecina, la depresión”.

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  4. “El comercio intra-ALADI crece significativamente luego de la crisis.”

    El informe relativo a la evolución del “Comercio exterior global. ALADI” se elabora con el propósito de analizar el comportamiento coyuntural de las exportaciones e importaciones intrarregionales y extrarregionales, por país de destino y de origen respectivamente. En esta ocasión se presenta el informe correspondiente al año 2010. La información disponible refiere a 11 de los 12 países miembros (no se incluye Cuba) y en el caso de Venezuela no se dispuso de información de exportaciones petroleras desagregadas por destino.

    La región atravesó la crisis de una forma relativamente poca traumática. Luego de una caída del 2% del producto en 2009, los países de la ALADI registraron un fuerte crecimiento en 2010 (6,3%), que se extendió a la casi totalidad de los países miembros. La excepción en este sentido fue Venezuela, país que por segundo año consecutivo experimentó una contracción del nivel de actividad económica.

    En ese contexto el comercio exterior global de los países miembros también experimentó una fuerte recuperación: 28,1% las exportaciones y 30,5% las importaciones, no obstante ambos flujos se encuentran aún por debajo de los valores alcanzados en el año 2008.

    El comercio intrarregional también se expandió a muy buen ritmo en 2010, superando los 125 mil millones de dólares, unos 24 mil millones de dólares más que el año anterior, pero aún por debajo de los 140 mil millones de dólares, máximo histórico registrado en 2008. El crecimiento del comercio intrarregional fue relativamente generalizado para todos los países miembros y en ambos flujos. Las excepciones fueron las caídas de las importaciones de Venezuela (-24,4%) y de las exportaciones de Colombia (-10,1%), explicadas precisamente por la fuerte disminución de las colocaciones en aquel mercado. Entre los restantes flujos destacan por su dinamismo las exportaciones a la región de México (49,7%) y Perú (42%) y las importaciones de Argentina (45,1%), Paraguay (37,2%) y Brasil (35,5%).

    En materia de saldos comerciales en el intercambio con la región los cambios de mayor magnitud son los aumentos de los saldos positivos de Brasil y México (con aumentos en torno a los 3.500 millones de dólares) y en sentido contrario, la reducción del superávit de Argentina en 1.900 millones de dólares y la profundización del déficit de Colombia en 3.300 millones de dólares.

    Siguiendo la misma evolución que el comercio intrarregional, el intercambio de la ALADI con el Resto del Mundo se expandió a un ritmo significativo, algo superior en el caso de las importaciones (32%) que en el correspondiente a las exportaciones (28,1%). Este comportamiento fue generalizado a todos los países y en ambos flujos, con la sólo excepción de las importaciones de Venezuela. (-12,2%). La expansión significativa del intercambio con el Resto del Mundo también fue generalizada por origen y destino. En efecto, las exportaciones e importaciones hacia y desde las principales áreas geoeconómicas se incrementaron encima del 20% en todos los casos.

    El superávit comercial extrarregional de la ALADI se mantuvo prácticamente en el mismo valor (69 mil millones de dólares). No obstante, merecen destacarse algunos cambios registrados en la situación por país, entre ellos el deterioro de los saldos positivos de Brasil (se redujo prácticamente a la mitad) y Argentina, el aumento moderado del déficit de México y, en sentido contrario, el incremento de los superávits de Venezuela, Chile y Colombia.

    La desagregación del saldo comercial muestra déficits crecientes con China, las Economías de Reciente Industrialización, Japón y la Unión Europea, que son más que compensados por el superávit creciente obtenido con los Estados Unidos, y en menor medida, con Centroamérica y el Caribe y con Canadá. No obstante, estos resultados están muy influidos por la relación extrarregional de México, que prácticamente por sí solo explica el superávit de la región con Estados Unidos. Si se excluye a México del agregado, el patrón del saldo comercial varía en forma significativa: la región registra déficit con los Estados Unidos y superávits con casi todas las restantes áreas geoeconómicas. Dentro de estas destacan los saldos positivos con la Unión Europea, China -aunque en ambos casos decrecientes- y con Centroamérica y el Caribe.

    Documento elaborado por la Secretaría General de la ALADI en cumplimiento de su Programa de Actividades para el año 2011, Actividad III.8.

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