SOY TROYANO

Por César González Páez

Se ha despertado mi vena literaria, y con miras a escribir un lúcido comentario sobre la nueva calidad de políticos latinoamericanos, me salió espontáneamente esta especie de cuento de ficción, que puede ser “del momento” para quien está haciendo lectura atenta de lo que sucede en la región.

De más está recordarle que cualquier parecido con la realidad es cosa suya, pero como todos saben, estas cosas no suceden.

Ahí va:

 

“Sí señor, estoy preparando mi huelga personal, llamaré a las masas (hasta las de las confiterías) para que se adhieran a mi causa, soy H. Troyano y organizo mis propias salidas al mar en caso de dificultades. En estos tiempos de escándalos y que tan bien les sienta a los mediáticos, los usaré a mi favor”.

 

Estoy así desde que llené la cancha de Boca, se imaginan, no en vano le dicen la mitad más uno.

 

Y la revelación que voy a hacer es que esa mínima diferencia, ese ‘uno’ soy yo. En este segmento manden a esos asalariados que aplaudan. Porque soy H. Troyano, organizo paros a mi manera, como diría Frank Sinatra.

 

Soy el único, soy Troyano, si la Justicia suiza me busca, huelgas tendrán, ordenaré paros de aviones para que ningún juez pueda salir o entrar al país. Perdón por la errata, quise decir ‘mi país’, y ya saben lo que eso significa ¿verdad?

 

Puedo detener la producción de un país solo porque la justicia de un país extraño, donde me habrán ‘plantado’ una cuenta bancaria, me reclama no se qué cosas.

 

Para que sepan, soy un hombre honesto, bien limpio y entonces me acusan porque soy limpio, un hombre que lava sus ropas sucias.

 

Ordenaré una inmediata ola de huelgas de aquí al domingo que se me antoje, porque soy Troyano, un héroe civil no reconocido. ¿Que si tengo matones? ¿Que si alguna vez le propiné un puñetazo a alguien que no pensaba como yo? ¿Que si me quedo con algo que me pertenece, como el derecho a huelga quieren sacármelo? no señor, antes pasarán por mis patovicas.

 

Basta de dictadura, esa palabra tan versátil que parece hecha a mi medida. Hecha esta declaración de derechos humanos míos, usaré el derecho a protestar por lo que sea que esté en mi contra, pasaré lista a quienes estén embarrando mi cancha personal.

 

Y, como aquellas alegres noches bohemias de la dictadura, pasaremos a visitarles por sus casas. Será a la hora de la impunidad, la noche cerrada que lava culpas.

 

Si tienen alguna diferencia hablen con mi secretaria, que para eso la hice presidenta de mi club. “Huelga, huelga, por Troyano hemos de luchar”.

 

Mándese a publicar este bando, que lo aprendan de memoria los nuevos descamisados a sueldo, los sindicalistas “caviar” y los desubicados que votan en blanco a mi favor.

 

Y vos… ¿qué mirás?”

 

Anónimo Veneciano

 

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