¿CÓMO ELIGEN EL NOMBRE DE LAS OPERACIONES MILITARES?

OPERACIÓN EN LIBIA

‘Odisea del amanecer’, ‘Tormenta del desierto’, ‘Causa justa’, ‘Plomo fundido’ son algunos de los apodos que la burocracia militar ha inventado para designar los emprendimientos bélicos. A veces, son explícitos, otras crípticos, pero nunca son elegidos al azar. Bueno, a veces sí. Explicaciones sobre el bautizo de las guerras.

¿A quién se le ocurrió bautizar Odisea del amanecer la intervención de la coalición internacional en Libia? A los franceses y a los británicos, no. París, de hecho, llama a la operación Harmattan, como un viento que sopla en el desierto, y Londres, Ellamy, un nombre de niña.

Odisea del amanecer es el nombre escogido por el Pentágono, que asegura que no lleva ningún mensaje oculto, y añade que el título surgió de un sistema de atribución aleatorio utilizado por el ejército estadounidense. En este caso, el U.S. Africa Command (Africom), que se ocupa de Libia, recibió una serie de pares de letras elegidas al azar para inventar un sobrenombre. Combinándolas, y evitando cualquier apodo que sugiriera una intención, llegaron a Odyssey Dawn, asegura el vocero de Africom, Eric Elliot, entrevistado por la revista estadounidense Wired.

Desde 1972, el ejército estadounidense impuso una serie de lineamientos para encuadrar los nombres de las operaciones, como la prohibición de usar marcas, nombres exóticos o expresiones insultantes para algún credo en particular. Tres años después, impuso la utilización del sistema basado en las dos letras, explica el Teniente Coronel Gregory Sieminski en su breve historia de El arte de nombrar las operaciones. Es cierto que bautizar las operaciones Killer (asesino) o Masher (pisapuré), como ocurrió durante las guerras de Corea y Vietnam, plantea problemas de imagen.

La regla del azar permite a veces excepciones. Sobre todo cuando se trata de iniciativas de gran envergadura, como Tormenta del Desierto en Irak en 1990. La necesidad de encontrar un nombre “vendedor” para la guerra se planteó en 1989, cuando Estados Unidos decidió invadir Panamá. Según cuenta Sieminski, una vez que el presidente George H.W. Bush ordenó la operación, el general Thomas Kelly recibió una llamada del Comandante en Jefe del Comando de Operaciones Especiales James Lindsay, quien le preguntó: “¿Quiere que sus nietos digan que usted estaba en la Operación Cuchara Azul?”. Fue así que la invasión fue rebautizada “Causa Justa”, aunque no está claro si la opinión de los nietos de Kelly mejoró con el cambio.

Por su parte, el Reino Unido también le deja la cuestión al azar: una computadora elige el nombre. Francia prefiere en cambio designar las operaciones con una palabra que no esté demasiado connotada. “Bautizamos las operaciones con el nombre de un viento, de una planta o de un animal endémico”, explica una fuente del ministerio de Defensa francés. “El primer criterio a la hora de elegir es la neutralidad, para mostrar que el nombre no vehicula ninguna simbología particular, que se trata de una planificación militar pensada y no de una guerra ideológica”.

En Oriente Medio, la inspiración suele abrevar en textos religiosos. Así, Israel bautizó “Plomo fundido” la ofensiva en Gaza en 2008, una alusión a un verso de una canción de la fiesta de Janucá que se celebraba en el momento de la operación. Otro ejemplo, en Irán, las maniobras de lanzamientos de misiles son llamadas “Gran profeta”. En cualquier caso, y pese a los hallazgos de los encargados de relaciones públicas de los ejércitos, el resultado de la guerra no cambia con el nombre.

20 comentarios en “¿CÓMO ELIGEN EL NOMBRE DE LAS OPERACIONES MILITARES?”

  1. LA LECCIÓN DE LA JUVENTUD áRABE

    Por pa’i Oliva – http://www.paioliva.blogspot.com

    Muchas somos las personas que en el Paraguay, desde la izquierda o desde la derecha, estamos buscando un candidato para Presidente para las elecciones del 2013.

    Interesante y necesario, pero pareciera que la juventud árabe ha elegido otro camino. Ha removido primero el fondo de sus sociedades.

    «Ya nos lo han anunciado: “El pueblo quiere la caída del régimen”. Quieren decir: esos regímenes que en los países árabes han robado la dignidad a los ciudadanos. También quieren decir: un régimen de alcance regional, cuya piedra basal ha sido la humillante sumisión a los dictados de los EEUU e Israel y que robaba a todos los árabes la dignidad colectiva» (Profesor Edgard Said, Universidad Columbia de Nueva York).

    El término clave es el de “dignidad”. Algo que comienza a moverse en el subconsciente joven paraguayo. Dignidad mancillada entre nosotros por la conducta de politiqueros que no acaban de comprender que lo que les separa del Pueblo es ya una distancia demasiado grande.

    Tan grande que ni los politiqueros ni el Pueblo, cuando se miran el uno al otro se reconocen como parte de un mismo colectivo. Legislaron contra el pueblo en el 2010. Lo compraron como mercancía en las municipales y en las internas coloradas. Están tramando un futuro al margen del Pueblo.

    Repito: la juventud árabe ha comenzado removiendo los hombres escombros. ¿Nosotros?

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  2. ¿QUÉ SE ESCONDE EN EL CONFLICTO DE LIBIA?

    Por pa′i Oliva – http://www.paioliva.blogspot.com

    Hace dos semanas participé en una manifestación de seis personas que nos llegamos a las Naciones Unidas en Asunción para presentar una nota contra los bombardeos de los Estados Unidos y la OTAN en Libia. Posiblemente la nota entregada nunca llegó al Comisionado de las NNUU en el Paraguay. Pero, hicimos lo que debíamos hacer.

    “Reconocemos los problemas que existen en el mundo árabe y cuestionamos ciertas prácticas políticas de Gadafi, pero eso no debe ser motivo para aceptar como verdad lo escrito sobre la acción salvadora de los Estados Unidos y la OTAN en Libia.

    Un ejemplo: al comienzo del conflicto se habló en los medios internacionales de comunicación de 10.000 muertos. Ocho días después fueron solamente 300, incluyendo soldados del ejército libio… Por estas razones denunciamos la sumisión de la OTAN a los intereses de los Estados Unidos y que sustituyendo a las Naciones Unidas sea la plataforma donde se define la política internacional norteafricana”.

    Insistimos, además, en que no queríamos ni otro Afganistán, ni otro Irak. Y mucho menos otro negocio de las petroleras made in EEUU.

    Hay Estados árabes que intentan crecer en democracia como Túnez, Egipto. Pero la excusa de mayor democracia no puede ser la causa para que todo el petróleo caiga en manos norteamericanas.

    ¿Qué piensa Ud. de este escrito? Por favor no lo acepte ni tampoco lo rechace, sin antes analizarlo, conocer las dos caras del conflicto y librarse de la dominación mediática.

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  3. Entrevistas
    Guerra en el norte de África: la primavera del mundo árabe Monseñor Landel: “Occidente no ha sabido intuir el malestar social”
    RABAT, jueves 31 marzo de 2011 (ZENIT.org).- Los obispos católicos del norte de África (Marruecos, Algeria, Túnez, Libia), unen la llamada del Papa, realizada el pasado 27 de mazo, a una solución diplomática en Libia y destacan que tal intervención debe “tener en cuenta las aspiraciones a la libertad y a la ciudadanía responsable”.

    Monseñor Vincent Landel, arzobispo de Rabat y presidente de la Conferencia episcopal de las Regiones del Norte de África (CERNA), explica, en esta entrevista a ZENIT, cómo nació la revolución en la tierra de Gheddafi y las aspiraciones de los jóvenes, verdaderos promotores del cambio. Una propuesta, finalmente, para frenar a los enormes flujos migratorios de los últimos meses, exacerbados por los acontecimientos del continente africano.

    – Muchos observadores hablan de una primavera del mundo árabe que ha cogido por sorpresa a Occidente. ¿Usted que opina?

    Monseñor Landel: Creo que se trata realmente de una “primavera” porque es algo que se ve que quiere nacer. Y como en todo nacimiento se dan unas fases que hay que atravesar y problemas que hay que superar, especialmente por parte de quienes están en dificultad ya que nunca han tenido la oportunidad de expresarse. En todo este tiempo, Occidente se ha entretenido en especulaciones sobre las sucesiones al poder en este o en este otro país, sin embargo, quizás sin comprender suficientemente lo que estaba sucediendo en esas tierras, donde comenzaban a surgir y organizarse, estos espíritus vivos y lúcidos.

    Demasiado cerrado en el aspecto “político”, Occidente, con otras palabras, no ha sabido analizar todas las dificultades sociales que se iban imponiendo. Y aunque no se puede negar que esté en juego el elemento político, lo que ha hecho desbordar el vaso en todo esto ha sido el descontento social. Ha sorprendido que en esta fuerte expresión de voluntad popular, los manifestantes no se han dejado instrumentalizar por este o este otro partido, sea político o religioso. Han sabido estar vigilantes, pasando a través de una “purificación política y social”. No se han dejado seducir ni comprar.

    – Detrás de estas insurrecciones está el pueblo, sino todo, al menos una categoría muy concreta de personas: los jóvenes, diplomados y en paro, frustrados, sin trabajo, sin una casa, sin perspectivas de futuro.

    Monseñor Landel: Es verdad, no está todo el pueblo, porque en cada país hay personas que se aprovechan del régimen existente o que no están preparadas para el cambio. Sin embargo el motivo de estos cambios fue “la llamada a la libertad, a la dignidad, a la justicia” de personas que, obligadas a la sumisión, han decidido convertirse en ciudadanos responsables. No ha habido nunca un deseo de restricción religiosa. Son los jóvenes sin trabajo y diplomados, los representantes de todos los excluidos de la sociedad que no tienen trabajo, una vivienda digna y no tienen siempre una buena educación. Como también lo es la clase media, que aunque tiene una ocupación, no esta en el poder y ve cerrarse su futuro en el horizonte.

    El reino de la corrupción y del clientelismo ha destruido mucha buena voluntad y por otra parte un poder ciego fue el origen del gesto del joven graduado que se prendió fuego en Túnez. Sin embargo, en general, se ha desarrollado de forma no violenta, (con excepción de Libia), también cuando algunas fuerzas del viejo régimen han intervenido a disciplinar el orden. En los demás países en los que hoy se está realizando la “revolución”, por desgracia parece que el ruido de las armas se ha hecho oír muy rápidamente. ¿Por qué? En Libia, la situación es ligeramente diversa porque somos una nación de “tribus”, por tanto la protesta social se ha mezclado con una lucha entre clanes, sobre todo entre aquellos que están en el poder y los demás, los que retienen la riqueza y los que por el contrario son pobres. Libia, con otras palabras, está delante de este movimiento, no ha tenido la fortuna de ser una nación unida, y esto por causa de las divisiones tribales.

    Hay que decir, sin embargo, que han sido el medio de construcción de esta nueva mentalidad “democrática”. La gente observa lo que sucede en todas partes, ve que en otros países hay libertad de palabra y que la diferencia de opinión puede ser una riqueza. El pensamiento crítico ha comenzado por tanto, a funcionar y no se sabe aceptar un poder que se impone sin consenso, sin compartir y que se convierte en opresor. En Marruecos, el sistema de gobierno, a partir del discurso del Rey Mohammed VI del pasado 9 de marzo, ha tomado en consideración la idea de aplicar un paquete de reformas. Cierto, que como en muchos lugares el riesgo es querer todo ya, transformaciones políticas y desarrollo social. Es necesario, sin embargo, dar tiempo al tiempo.

    – Las relaciones entre los cristianos y los musulmanes: según usted ¿están unidos en la lucha por la democracia y la recomposición de las injusticias sociales?

    Monseñor Landel: Según lo poco que sé de Oriente Medio, estas “revoluciones” no han tocado nunca la esfera religiosa. También en Egipto hemos visto a jóvenes musulmanes y cristianos manifestarse en la misma plaza, orgullosos de su propia fe y de su ciudadanía. Son los egipcios por tanto, en su totalidad, los que han hecho caer el régimen. En muchos países occidentales se tiene miedo, sin embargo, que los partidos religiosos extremistas puedan tomar el poder. Yo, en realidad, pienso que los jóvenes no están dispuestos a dejarse robar su propia revolución. Quizás “extremistas” han sido, pero cuando había un régimen autoritario. En esta nueva realidad se están convirtiendo, sin embargo, en mucho más moderados.

    En todas partes, en Oriente Medio, se es cristiano y ciudadano, con los mismos derechos y deberes que los musulmanes y otros de confesiones distintas. Sin embargo, en los países del Magreb (Libia, Túnez, Algeria, Marruecos), los cristianos son de hecho “extranjeros” y por tanto no pueden ser considerados propiamente ciudadanos. Además, los cristianos del Magreb son una pequeñísima minoría que llega a estas tierras sólo por un breve periodo de tiempo, por razones de trabajo o de estudio. Aquí los cristianos están implicados en el desarrollo del país, comprometidos con una mayor justicia social: aspiran a un derecho de ciudadanía democrática de la cual no pueden disfrutar.

    Dicho esto, cada uno desde su sitio, hay un respeto recíproco. Y no serán estos sucesos los que destruirán los lazos tejidos a través de los años. Y también aunque esta palabra ha sido usada en ambas costas del Mediterráneo, no hablamos de “cruzada”. Es verdad que, para un árabe, el occidental es un cristiano. Y que para un occidental, el árabe es necesariamente musulmán, sin embargo son atajos falsos. No transformemos lo que está sucediendo en una “guerra de religiones”.

    – Estos sucesos han provocado traslados de poblaciones: en efecto la crisis del mundo árabe ha acelerado el proceso de migración y más de 8.500 personas desembarcaron en Italia del pasado enero, mientras que otros se arriesgan a no ser bien acogidos. Usted ¿Qué políticas migratorias -extremadamente concretas y realizables- sugiere?

    Monseñor Landel: Es verdad, sobre todo en el caso de Libia, que tenían una Embajada de referencia volvieron al propio país sin embargo “los más pobres entre los pobres”, entre los que los etíopes, los eritreos y los muchos sub-saharianos se encuentran en Libia no por trabajo sino por estar en tránsito hacia Europa. Y así ahora están dando vueltas por las calles, esperando encontrar un contrabandista que les permita atravesar el mar.

    – Desde Egipto y desde Túnez, muchos trabajadores han conseguido alcanzar las costas italianas y tantísimos otros están llegando. ¿Podemos, sin embargo, culpar a las personas que no teniendo nada de lo que vivir, buscan un futuro en Europa, poniendo su esperanza en poder sostener a las familias y la educación de sus propios hijos?

    Monseñor Landel: Se trata de un drama que no terminará hasta que una cierta justicia internacional no se ejerza. Los que dejan África no cuentan con la generosidad de los europeos: hasta que el dinero no sea repartido equitativamente entre las naciones y las personas, continuaremos encontrando estas situaciones y por otra parte en el inicio del siglo pasado, los italianos llegaban a Francia por los mismo motivos, pero eran cristianos. Debe haber una justicia internacional que ayude a los países africanos a seguir hacia delante. Se necesita sólo un cambio de mentalidad.

    Cuando enciendo la televisión para sintonizar los canales occidentales y veo manifestaciones y huelgas en acción para pedir aumentos salariales, un poder de adquisición sostenible, mejores escuelas y condiciones de trabajo y de salud más justas, entonces me digo a mí mismo que probablemente son razones válidas. Pero, no obstante, si estas personas pudiesen pasar un mes en África quizás su actitud cambiaría.

    Es verdad, hay corrupción, clientelismo y muchas otras cosas, pero ¿no las hay también en Occidente? Hasta que no aceptemos compartir la riqueza del mundo, las migraciones continuarán. Y si somos cristianos, no hay razones mejores que esta: compartir todo, no sólo lo superfluo. Lo que caracteriza, sin embargo, a los emigrantes actuales es que la mayoría de estos es musulmana y en nuestra mente un musulmán es un extremista, un terrorista. ¡Cómo se puede acoger a nadie si se tiene miedo!. También en este caso es necesario vivir una gran conversión. Nosotros cristianos que tenemos la fortuna de vivir en un país musulmán podemos aseguraros que vivimos en paz y en serenidad los muchos encuentros que nos enriquecen.

    – La intervención de los occidentales continúa dividiendo. Las divisiones en el interior de la comunidad internacional permanecen y, nos guste o no -como usted ha dicho en un comunicado- la guerra en Oriente Medio será percibida siempre como una “cruzada”. ¿Desde donde es necesario iniciar para dialogar y intentar encontrar una solución pacífica?

    Monseñor Landel: Sí, hemos usado el término “cruzada”en la declaración de la Conferencia episcopal de la Región del Norte de África (CERNA), y lo hemos hecho porque ha sido usado en ambas costas del Mediterráneo, pero nuestro intento no es hacer una cuestión de guerra de religión. Se trata simplemente de una llamada urgente a una mayor libertad, dignidad y justicia y de un fuerte reclamo a convertirse en ciudadanos responsables y no dirigidos. Pero en nuestro caso, quiero afirmar, tras la estela de cuanto ha dicho el Santo Padre, que “la guerra no resuelve nada y cuando explota es incontrolable como una explosión de un reactor nuclear”. ¿Porque “sentarse en la misma mesa no es la única manera de conseguir juntos renovar los lazos que se rompieron y recomponer un tejido social que deje de lado la venganza y odio?”.

    Por Mariaelena Finessi. Traducción del italiano por Carmen Álvarez

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  4. La OTAN toma el mando en Libia, pero las preguntas persisten

    Y si Gadafi cae, ¿a dónde con él?
    Sobre si se entregarán o no armas a los rebeldes libios y sobre si la resolución 1973 de la ONU daría cobertura a ese paso todavía se discute. Mientras tanto, la OTAN asume, los rebeldes retroceden y la población huye.

    Ya el pasado sábado hablaba el Washington Post de que algunos miembros de la coalición internacional que interviene en Libia podrían estar planteándose la posibilidad de armar a los rebeldes que luchan contra Muamar al Gadafi. Ayer martes (29.01.2011), la Casa Blanca confirmó estar barajando el asunto; hoy, el primer ministro británico, David Cameron, no lo descartaba.

    Según Cameron, la resolución 1973 de la ONU permitiría la entrega de material militar a los insurgentes “bajo determinadas circunstancias”- si estuviera éste, aclaró el premier, destinado a proteger la vida de civiles-. El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, como también Italia, Rusia y otros países, no están de acuerdo con la interpretación y consideran que el texto de Naciones Unidas no da cobertura a tal acción.

    Claro queda, a fin de cuentas, que en este asunto, como en tantos otros en torno a Libia, no existe unidad ni dirección definida. La Alianza atlántica- que acaba de asumir el comando de las operaciones- y los “dispuestos” escudriñan el terreno político y militar en busca de los siguientes pasos a seguir en el conflicto norteafricano, pero no parece que hayan encontrado aún el camino.

    Preguntas en el aire

    Excursiones organizadas por las autoridades libias tratan de demostrarle a la prensa internacional la muerte de civiles.
    Las noticias que llegan de Libia confirman un día el avance de la oposición a Gadafi y al otro la pérdida de posiciones de los rebeldes. La semana pasada lograban los insurgentes, gracias a la ayuda aérea extranjera, hacerse con el control de las ciudades costeras de Ras Lanuf y Brega. Hoy, ambas caían de nuevo en manos de las tropas fieles al régimen y los insurgentes se veían de nuevo en retirada.

    Dónde va a acabar esta guerra y con cuánta participación internacional se logrará salvaguardar a la población es la pregunta que desde el principio sigue abierta. Según el ministro francés de Exteriores, Alain Juppé, en las filas del ejército regular libio se están produciendo ya las primeras deserciones. “Gadafi está perdiendo a sus hombres”, aseguró Juppé ante el Parlamento parisino. Pero a quién creer en este enfrentamiento es la segunda cuestión que continúa sin clara respuesta.

    Lo que parece confirmarse es que funcionarios del Gobierno galo habrían mantenido una reunión con el ministro de Exteriores libio, Mussa Kussa, en un hotel de la isla vacacional tunecina de Djerba. El contenido del encuentro se desconoce, pero por supuesto se especula con la posible negociación de una salida más o menos digna para Gadafi. Qué pasará con el dictador si su sistema cae es el tercero de los interrogantes vigentes.

    400.000 personas huyendo de Libia

    Tal vez Gadafi quiera saberse a salvo antes de que la OTAN, que se hizo hoy oficialmente cargo de las acciones militares, empiece a ejercer efectivamente el mando desde su cuartel marítimo en Nápoles. Quizás el “ya tenemos lo que necesitamos”, que comentó una fuente de la Alianza, signifique el principio de mayores éxitos para los milicianos contrarios a Trípoli. De momento, lo que sin duda se conoce son las cifras de desplazados que deja la violencia.

    El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) recordó en Ginebra que las casi 180.000 personas que desde el principio del conflicto libio han huido a Túnez, las más de 158.000 que se han marchado a Egipto y las miles que han empezado a llegar a las costas europeas -a territorio maltés e italiano-, también necesitan ayuda internacional. La situación de estos refugiados es, calificaba la agencia, “muy complicada”.

    LB/ dpa/ afpd
    Editor: Enrique López

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  5. Guerra en Libia: “El miedo paraliza”

    Siguen las luchas en Libia.
    El incierto panorama en Libia en cuanto al posible desenlace de las luchas y la resistencia de Gaddafi en el marco de la conferencia internacional llevada a cabo en Londres es analizado por los editorialistas europeos.

    Corriere della Sera, de Roma: “El miedo al ‘después’ es el mejor combustible para conservar y defender lo existente. En la noche anterior a la caída del Muro de Berlín, Giulio Andreotti, el político italiano conservador, dijo que él amaba tanto a Alemania que prefería seguir teniendo dos. El ‘después’ de la caída del Muro era lo desconocido, la aventura, algo que provocaba temor e inestabilidad. Las dictaduras aparentan aumentar la seguridad en el mundo, y el miedo a lo que vendrá puede ser paralizante. Pero la peor impotencia política es aquella de los que permanecen cautivos de la nostalgia por los dictadores con los que, alguna vez, hicieron excelentes negocios.”

    “Panorama poco claro”

    Ouest France, de Rennes: “Reina la inseguridad acerca del desenlace de las luchas y del destino de Gaddafi, y hay diferentes opiniones sobre el objetivo de la intervención internacional armada en Libia. También hay diferencia de criterios dentro de la Unión Europea, de la OTAN, de la Liga Árabe y de la Unión Africana. La crisis en Libia es como el dictador que todos quieren derrocar: ambivalente e impredecible. En la cumbre de Londres, alrededor de 40 países y organizaciones internacionales subrayaron ayer su apoyo a una misión militar. (…) Se escuchó a la oposición libia, a pesar de que no pudo participar de la reunión. Sus objetivos –lograr que Libia se convierta en un país libre, democrático y unificado- son también los de la coalición. Al leer los comunicados oficiales se podría pensar que todo eso es muy fácil de alcanzar. Pero el panorama militar, político y diplomático que se perfila en Libia es todo, menos claro.”

    “Consenso al fin”

    Le Figaro, de París: “Para facilitar el avance de los rebeldes y complementar los ataques aéreos se está considerando enviar ayuda militar a Bengasi, y Francia aparece como fuerza impulsora. El ministro de Defensa francés, Alain Juppé, anunció que hablaría con sus socios sobre el tema. La ausencia de la Organización para la Unidad Africana y la representación de la Liga Árabe a través de un simple embajador demuestran cuántas resistencias hay aún contra una intervención militar en Libia. Pero, finalmente, la conferencia mostró amplio consenso, al que se sumaron Turquía y Alemania, que estuvieron en un comienzo en contra de toda acción militar.”

    “Resistencia de Gaddafi, clave”

    La Stampa, de Turín: “A nivel concreto, de la tan mentada conferencia de los 34 países y siete organizaciones internacionales no se ha obtenido nada nuevo. La OTAN sigue dividida en lo que respecta a su orientación política, con Alemania, Italia y Turquía del lado moderado, cada uno por diferentes motivos. Francia e Inglaterra se adhieren por completo a las metas de los rebeldes de Bengasi y quieren intentar orientar hacia ellas sus objetivos. Pero sólo la capacidad de resistencia de Muamar al Gaddafi decidirá quién tiene razón en este juego en el que hoy es más fácil ver a los perdedores que a los ganadores.”

    CP/dpa

    Editor: Pablo Kummetz

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  6. Por un nuevo amanecer

    Nos falta memoria para apreciar el presente. Nos falta historia para valorar el logro que implican unas naciones que se unen para imponer el respeto por la vida. ¿Quién detenía en el pasado las matanzas de civiles inocentes? Ayer no había Mirages, ni F-15 apoyados por la ONU que hicieran temblar a los tiranos.

    Europa salió ya del túnel de las dictaduras azules o rojas, el color es lo de menos. No así un norte de África, que ahora ya por fin alborea. La misión de la coalición en Libia se ha limitado a operaciones “quirúrgicas” con el objetivo exclusivo de reducir la capacidad de ataque aéreo de Gadaffi y defender así a la población civil amenazada. La cuidadosa “cirugía” no ha generado daños colaterales. Hay que estar en una Bengasi rodeada por un ejército para decir “No a la guerra”. Hay que estar defendiendo la libertad y los derechos humanos en una ciudad de 650.000 habitantes a punto de ser tomada por tropas crueles para clamar alto y sonoro: “No a la intervención de la coalición”.

    Claro que anteriormente las cosas se debieron haber hecho en Libia de otra forma. Claro que el trato con el déspota no debía haber sido tan condescendiente, que se le hicieron demasiadas gracias a un tirano disfrazado, pero quizás el error sea más de ayer que de ahora. Cierto también que cada pueblo ha de conquistar su futuro. Ahí radica la mayor objeción a esta intervención. Aún con alto precio, los pueblos deberían tumbar sus propios dictadores y en esa gesta concienciarse, entrenarse, prepararse para vivir en democracia. Soluciones más “fáciles” entrañan también sus serios riesgos. ¿Hasta que punto en el largo plazo es positiva la, siquiera inicial, ingerencia externa? La pregunta va saltando de un continente a otro: ¿Qué hacer cuando los pueblos por sus propios medios no logran sacudirse sus propias y brutales dictaduras, cuando la diplomacia internacional se rinde? ¿Qué hacer cuando los derechos humanos son salvajemente conculcados, mientras los pueblos se hacen libres y dueños de sus destinos? Se nos escapan las respuestas rotundas. La patata caliente fue de Kosovo a Afganistán y ahora va a Libia.

    ¿Habría que haber dejado caminar sobre las avenidas de Bengasi a los tanques del coronel? ¿Cuál hubiera sido el precio de la rendición? ¿La comunidad internacional debería haber asumido el “iré casa por casa y no tendré compasión” como atropello imparable? ¿Para qué las armas si, llegada la hora, no sirven para proteger a los oprimidos y a los débiles, para poner una raya en la arena de los tiranos? Elevo dudas que no certezas, interrogantes que no seguridades, pues ¿quién estará libre de vacilación cuando tercia la atroz guerra y la sagrada vida de seres humanos?

    Probablemente era preciso el Odisea al amanecer, volar a Libia y descargar los misiles sobre los tanques y los carros que estaban prestos a sembrar la destrucción y la muerte en Bengasi. Detenida la sangría humana, es cierto que la coalición no ha de ir mucho más allá en sus ataques. El pulso es de los propios libios, por más que quisiéramos que los vientos de la libertad azotaran para siempre sus desiertos.
    Nadie quiere la intervención, pero ¿quién defenderá la vida? No hay lugar aquí para ensalzar las “proezas” del dictador, para el relato de sus cuatro décadas de terror, pero antes de salir a la calle con el “No a la guerra”, sugiero aventurarnos en las hemerotecas. Nadie quiere la guerra, pero aún gobiernan las fuerzas del mal más abyecto. Nadie tiene todas consigo en tan delicado y complicado tema, pero reconozco que me cuesta colgarme la chapa antibelicista y dejar al albur de un sanguinario el futuro de los valientes defensores de una Libia libre.

    Por el otro lado político, tampoco nadie aproveche la ocasión para vender barato y burdo militarismo. Absolutamente todos los ejércitos están llamados un día a desaparecer. Más pronto que tarde las armas convertidas en arados, pero para ello también todos los tiranos deberán ser ya capítulo de la historia. Mañana iremos a los desiertos a extasiarnos, a amar… Caminaremos sus arenas impolutas para perdernos, para dejarnos engullir por su infinito, nunca ya más para pelear. Mañana enterraremos todas las armas, también los flamantes Mirages y los F-15, pero si al día de hoy las armas, los aviones y buques de guerra encuentran una sola y quizás exclusiva justificación, es para posibilitar la ayuda humanitaria y hacer respetar la vida.

    Koldo Aldai

    Escritor

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  7. Libia no debería ser un campo de experimentación

    La última resolución del Consejo de Seguridad sobre la situación en Libia continua siendo objeto de debate y controversias. Como siempre, se trata de la interpretación de los términos de la citada resolución.

    A diferencia de las precedentes resoluciones que autorizaban el uso de la fuerza, y donde el mando de la coalición era conocido y ejercía de coordinador de las operaciones y de interlocutor único, en este caso, ese instrumento brilla por su ausencia. A lo sumo, el Consejo de Seguridad pide a los Estados miembros “el establecimiento de un mecanismo apropiado”. El hecho es que este mecanismo no se ha puesto en marcha pero los ataques sí que han empezado. Sólo gracias a los medios, sabemos que habría una repartición de tareas por franjas horarias o por zonas, y que el mando militar no estaría definitivamente fijado. Lo cierto es que sólo disponemos de suposiciones y de ninguna certeza, salvo la de la realidad de los bombardeos que intervienen por turno. A última hora nos llega la noticia de que a la OTAN se la podría asignar un papel de apoyo y habría un “mando político” para la operación.

    Aunque nos encontramos ante una situación que podríamos calificar de insólita en sí, lo más preocupante se refiere a las divergencias en cuanto a los objetivos.

    Si nos referimos a los términos aparentes de la resolución, podemos destacar que exige el alto el fuego inmediato decide el envío de un comité especial de alto nivel con el fin de facilitar el diálogo decide establecer una zona de prohibición de vuelos autoriza a los Estados miembros, a título nacional o por conducto de organizaciones o acuerdos regionales de cooperación, a adoptar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles y las zonas habitadas por civiles, excluyendo el uso de una fuerza de ocupación extranjera, de cualquier clase y en cualquier parte del territorio libio.

    Estas implican, pues, acciones diplomáticas y militares paralelas que se aplicarían a todas las partes beligerantes armadas con el fin de proteger a los civiles e implementar el diálogo y la Zona de exclusión aérea, así como la puesta en marcha de mecanismos de coordinación y de seguimiento, sin olvidar el cumplimiento del embargo de armas sobre todo el territorio libio.

    Vista desde esta perspectiva, la resolución parece privilegiar la vía del diálogo y de la concordia nacional en Libia, bajo la amenaza del recurso a la fuerza con el fin de imponer las exigencias mencionadas. Mientras que sobre el terreno los Acontecimientos parecen tomar otra dirección, ya no son un secreto para nadie las serias críticas de miembros de la comunidad internacional así como las reservas ante ciertos componentes de la coalición, ¿no sería urgente que el Consejo de Seguridad volviera a tomar cartas en el asunto y precisara el alcance de la acción de la coalición, en el sentido del interés del pueblo libio y del respeto a la legalidad internacional en todas sus dimensiones? Estamos hablando de vidas humanas, de la estabilidad regional y de la preservación de la unidad e integridad territorial de un Estado soberano. Está en juego la credibilidad y el prestigio de una iniciativa de ámbito humanitario internacional, tal como fue presentada y aprobada.

    Lo que también es preciso temer es que la explosión de armas de ambas partes, además los bombardeos realizados bajo la cobertura de la ONU, desbaraten y ahoguen un renacimiento responsable, pacífico y cívico de los pueblos del sur del Mediterráneo, que con todo derecho pretenden su plena emancipación y la igualdad internacional.

    Los que hoy se escudan en una resolución del Consejo de Seguridad, son los mismos que ignoraron durante décadas los legítimos derechos del pueblo palestino y el exilio forzado de una población martirizada. Y justamente por ello, las resoluciones de Naciones Unidas nunca serán creíbles para los demás pueblos mientras no se apliquen al Estado de Israel.

    La humanidad es una e indivisible, la dignidad también. No puedo sentirme libre si mi vecino no lo es. Si admitimos que a causa de un cierto sentimiento de culpabilidad histórica en Europa hacia el pueblo judío, víctima del abyecto nazismo y el fascismo, un Estado pretenda actuar por encima de la leyes internacionales, y que se trate de justificar una ocupación territorial y el escarnio del pueblo palestino inocente, es que el “nuevo mundo” y “la primavera árabe” no se presentan con buenos auspicios.

    Abdeslam Baraka

    Analista político internacional

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  8. Educación y agua como urgentes necesidades

    La FAO y otras agencias e instituciones supranacionales llevan años priorizando el uso múltiple de los sistemas de agua para proporcionar a los usuarios más vulnerables servicios de bajo costo para agua de uso doméstico, agrícola (riego, secano), ganadero. También para el riego de jardines así como para mantener el hábitat de peces y otros recursos hídricos y prestar servicios a las pequeñas empresas rurales de abastecimiento de agua.

    El agua es el indiscutible tesoro para la supervivencia de nuestro planeta, más que el oro, los hidrocarburos o las nucleares, pues el desarrollo de energías alternativas tiene que estar acompañado de la educación pública y gratuita para todos los seres humanos. De esta forma la explosión demográfica será contenida como sucede en los países en los que la mujer tiene acceso a la educación y a puestos de trabajo iguales a los de los hombres. Así se podrá desactivar esa arma de destrucción masiva que llevó a la población mundial de un millón doscientos mil seres humanos, en 1914, a seis mil millones en 1991. Actualmente, en menos de 20 años ya hemos alcanzado los siete mil millones de personas. Cualquier proyecto de prepararnos para la población que, a semejante ritmo, habría en 2050, sería una locura. Hay que invertir el problema y actuar sobre las causas de esta natalidad incontrolada, y esto sólo se consigue mediante la educación, la sanidad, la maternidad responsable y el cuidado de las riquezas naturales

    Con el fin de la guerra fría, el tema de los recursos recuperó su papel central en la planificación militar. Primero fue una lucha por el oro y otros minerales estratégicos. Luego fue por el petróleo (oro negro). Y ahora por el agua (oro azul). Las guerras futuras tendrán lugar en Asia central y África donde esos recursos siguen siendo abundantes y los gobiernos demasiado débiles para protegerlos. No sólo Estados Unidos se prepara para esos conflictos, sino que todas las potencias regionales desarrollan planes para aumentar su acceso a recursos vitales para la próxima generación.

    El despliegue permanente de la fuerza naval estadounidense en el Golfo es un ejemplo de las prioridades políticas de Washington, pero señala que no sólo EEUU trata de asegurarse sus futuros recursos energéticos, y cada vez con mayor ahínco las reservas de agua en otros países. De ahí el apoyo que tiene de tantos países europeos que no podrían subsistir más de tres meses sin el petróleo de la zona; aún a costa de sostener regímenes feudales que han violado sistemáticamente y durante décadas los derechos humanos en Medio Oriente y en los países del sur del Mediterráneo. La actual efervescencia en esas zonas no sólo se debe a la conquista de esos derechos por sus poblaciones sino a la pretensión de control de sus riquezas energéticas ante el cambio generacional de sus autócratas dirigentes.
    El petróleo y el gas no pueden ser la única causa de conflictos. La lucha por el agua dulce puede hacerse crítica en los próximos años en vastas áreas que se extienden desde el norte de África hasta Asia meridional. Hay estudios que demuestran que en la misma Europa se están comprando y privatizando la mayor parte de los recursos hídricos.
    Las cuencas fluviales donde la situación es más grave se encuentran en regiones donde el rápido crecimiento de la población presiona los recursos existentes y el recalentamiento del planeta puede agravar las condiciones de sequía. Con el crecimiento de la población y el consiguiente aumento de la demanda de agua y alimentos, cada uno de los estados ribereños intentará utilizar al máximo los recursos disponibles. Y cuando las acciones de uno de esos estados provoquen una disminución en el suministro de alguno de los otros, las condiciones estarán dadas para un conflicto por la distribución del agua.
    La lucha por el control de las fuentes y reservas de agua dulce es más implacable aunque escudada en otros motivos como medioambiente, previsiones meteorológicas o lucha para proteger la capa de ozono. Como resultado, los conflictos se trasladarán cada vez más a regiones con recursos naturales abundantes, que habían sido olvidadas durante la guerra fría.

    El resultado es una nueva geografía estratégica, definida por la concentración de recursos y no por las fronteras políticas. Los Estados no importan tanto como los intereses en esta ciega escalada de los poderes económicos sobre los sociales. Del agua y de la educación depende nuestra supervivencia porque está en juego la de nuestro planeta que un día fue llamado azul.

    José Carlos García Fajardo

    Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del CCS

    fajardoccs@solidarios.org.es

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  9. Libia: “La postura de América Latina es consecuente”

    La mayoría de los países latinoamericanos desacreditan tanto la legitimidad como la efectividad de la intervención militar extranjera en Libia. Dos expertos alemanes –Günther Maihold y Manuel Paulus– explican por qué.

    El próximo martes (29.3.2011), la ministra de Exteriores colombiana, María Ángela Holguín, explicará ante el Congreso por qué votó a favor de la Resolución 1973 –que autorizó el establecimiento una zona de exclusión aérea sobre Libia– en la sesión del 17 de marzo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

    Y es que, aunque diputados oficialistas respaldan la posición del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, de cara al conflicto magrebí “porque va en sintonía con naciones que tienen asiento en la OTAN y el Consejo Europeo”, la oposición la critica por violar los derechos humanos y contradecir la postura predominante en la región. Perú rompió relaciones con el régimen del líder libio Muamar el Gadafi, pero de resto…

    En América Latina predomina el “no”

    De resto, en el coro latinoamericano imperan las voces que exigen un cese al fuego que fomente el diálogo y desacreditan tanto la legitimidad como la efectividad de la operación Amanecer de la Odisea. “Eso de salvar vidas a los bombazos es un contrasentido inexplicable”, comentaba al respecto el presidente uruguayo, José Mujica.

    También Brasil, el único otro país de América Latina con voz y voto temporal en el Consejo de Seguridad, negó su respaldo a la Resolución 1973. Günther Maihold, subdirector de la Fundación Ciencia y Política (SWP) de Berlín, y Manuel Paulus, politólogo de la Universidad de Rostock, coinciden al identificar el motivo principal del repudio latinoamericano hacia la creación de un frente anti-Gadafi.

    Una cuestión de principios

    “El factor determinante es la percepción de esa operación militar como una agresión a la soberanía libia, como una intervención exógena en un país afligido por una guerra civil. Y eso viola uno de los principios fundamentales de la política exterior de los países latinoamericanos: el de no inmiscuirse en los asuntos internos de los vecinos”, sostiene Maihold. Paulus lo secunda, añadiendo otro elemento.

    “Brasil procura que se establezca un orden mundial multipolar, en donde Washington no juegue el rol principal. De ahí que su posición y la de sus vecinos sólo pueda ser descrita como consecuente”, enfatiza el investigador de Rostock, aclarando, eso sí, que la política latinoamericana de cara a Libia no se deja explicar únicamente desde la perspectiva de sus ambivalentes relaciones con Estados Unidos o Europa.

    Traumas históricos y Realpolitik

    “Los países con un pasado colonial tienen otra percepción del acontecer mundial que los europeos. Yo no considero el posicionamiento de América Latina frente a Libia como un alejamiento estratégico de Estados Unidos, pero sí creo que los latinoamericanos divisan el peligro de que la operación militar culmine con la invasión y ocupación del territorio libio”, apunta Paulus.

    “Y ellos comparan ese escenario con las experiencias de sus propios países”, acota el politólogo de Rostock. Cabe preguntar si los pasados excesos político-militares de Estados Unidos y Europa –como potencias colonizadoras, como mediadores con intereses propios, como defensores de sistemas ideológico-económicos– debilitan ahora su credibilidad como protectores del pueblo libio.

    El peso del pasado

    “Siempre se puede argumentar que sólo se interviene en los conflictos de países cuando hay interés en sus materias primas. Pero, en este caso, la solicitud de intervención provino de la Liga Árabe y no de los países occidentales. Entonces, no creo que se puedan realizar fácilmente comparaciones que se extiendan desde la época colonial hasta hoy”, señala Maihold.

    El experto de Berlín advierte que, aunque los traumas coloniales y postcoloniales de América Latina siguen siendo “importantes patrones de identificación que influyen sobre el análisis de los sucesos actuales”, es necesario discernir entre países, intereses y relaciones coloniales, por un parte, e instancias del sistema internacional como la ONU y su Consejo de Seguridad, por otra. “Ciertas comparaciones carecen de sentido cuando hablamos de la situación libia”, cierra Maihold.

    Autor: Evan Romero-Castillo
    Editor: Enrique López

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  10. Libia: la OTAN quedó atrapada en un laberinto

    La intervención europeo-estadounidense contra Kadafi recuerda la estrategia aplicada por EE.UU. en la primera guerra del Golfo contra el dictador iraquí Saddam Hussein.
    Por MARCELO CANTELMI

    Al tiempo que no deja de agravarse, la crisis en Libia está generando una extraordinaria confusión respecto a lo que en verdad ha venido sucediendo con las rebeliones democráticas en el mundo árabe. La intervención militar occidental, ahora definitivamente en manos de la OTAN, oscureció el sentido de aquellas protestas y fomentó la victimización de un régimen sanguinario que es improbable que ni aun así alcance algún tipo de legitimidad.
    Lo que no parece notarse con claridad es que la ofensiva armada de Europa y EE.UU. en Libia, lejos de ser un nuevo capítulo de la puja colonialismo o independencia en clave setentista, como sostienen algunos defensores del régimen, obedece, en cambio, a otra dicotomía posiblemente más grave y compleja en este presente, entre revolución y contrarrevolución en el mundo árabe . En este sentido es una curiosidad para coleccionistas que debido a una coyuntura inevitable, se enfrenten bandos que esencialmente coinciden en su carácter contrarrevolucionario como Kadafi o la propia OTAN.
    Lo que sucede en esta región, no sólo en Libia, y que se intenta abortar, es un levantamiento republicano laico que ha desintegrado supuestos y prejuicios . Eso sucede no sólo por la unidad idealista detrás de la noción de que la democracia, las instituciones y la libertad son valores humanos y no atributos occidentales, sino además porque estos movimientos, al tener una profunda base de reivindicaciones sociales, se han mostrado reactivos al ultra islamismo y a su emergente terrorista.
    En sólo unas semanas este fenómeno se ha extendido como una marea, desafiando las balas tanto en países pro-occidentales como Yemen o pro-iraníes como Siria. Eso es porque las demandas tienen en todos los casos una matriz homogénea social y política. Dicho de otro modo, en todas partes se protesta contra el mismo oscurantismo, sojuzgamiento y represión porque no existe una tercera posición benevolente entre democracia y tiranía.
    Una mutación de este tipo abre la demanda de participación ciudadana vedada hasta ahora, una buena noticia que el norte mundial traduce según sus intereses como pura incertidumbre respecto de qué modo y por quiénes acabará gobernado un suburbio de enorme valor estratégico y no sólo por sus reservas energéticas . En esa clave hay que observar el sentido final de la intervención de la OTAN, lejana de cualquier idea humanitaria, y con esa misma luz comprender porqué esa operación ha quedado atrapada en un extraordinario laberinto.
    La discusión que se produjo en el liderazgo de la coalición occidental sobre el destino y dirección de la campaña develó una etapa donde son más las debilidades que las fortalezas en el poder global. Esas contradicciones, que de paso ilustran porqué esas capitales han perdido control sobre esta región, son esenciales para comprender lo que está sucediendo por debajo de la superficie.
    Es la primera vez en la historia que EE.UU.
    forma parte de una coalición militar de este tipo pero elude dirigirla . “Desde el comienzo Barack Obama dejó en claro que no estaba entusiasmado con una acción militar y que la respaldaría si la pedía la oposición libia, y la Liga Árabe y con Europa haciendo la parte mayor”, escribe el politólogo Fareed Zakaria en Time . Eso sucede debido a un puñado de motivos, entre ellos que Libia no es prioritaria en la agenda de Washington, pero también porque la Casa Blanca no logra resolver el hecho de que la dictadura de Muammar Kadafi ha sido funcional a sus intereses compartiendo enemigos como Irán o la brumosa guerra antiterrorista. Norteamérica, también, no tiene ya poder para involucrarse en otro conflicto bélico en un país musulmán mientras no encuentra el camino de salida de los de Irak y Afganistán El callejón de Libia, además, ha derruido las relaciones entre Francia y Alemania a niveles sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Nicolás Sarkozy ha buscado un extraordinario alto perfil y liderar esta ofensiva en una acción dirigida a su frente interno para buscar ganar un electorado doméstico cada vez más seducido por una vigorosa ultraderecha xenóboba y arabofóbica con vistas a las elecciones de 2012.
    Esa acción calculadora enfureció a la pragmática Berlín, que pretende vigilar otros intereses más específicos debido a la voracidad de energía que tiene Alemania carente de fuentes propias e incluso de materias primas. Conviene recordar que si bien Libia produce sólo el 2% del petróleo mundial, la mitad de lo que bombea va a Italia, Alemania y Francia , en ese orden.
    Es por estas entre otras razones que EE.UU. y sus aliados europeos han venido apostando que los regímenes autoritarios árabes puedan derrotar, en principio, estas revoluciones o, en su defecto, intentar luego controlar y atenuar sus efectos.
    El titular del Pentágono norteamericano Robert Gates acaba de derramar en El Cairo cálidos elogios a los militares a cargo hoy del poder en Egipto y que acompañaron los 30 años de dictadura del derrocado Hosni Mubarak. En ese país hubo un referéndum el pasado fin de semana para habilitar modificaciones en la Constitución con vistas a las elecciones nacionales de setiembre. Muchos de los rebeldes que lograron el cambio histórico en Egipto y que todavía se enfrentan en la calle con las fuerzas de la represión del régimen, votaron en contra porque advierten que hay una operación para evitar una reforma más amplia.
    Mientras Gates verificaba en Egipto ese decurso y alababa el rol “constructivo” de las Fuerzas Armadas, confirmó la apuesta persistente de Washington por los líderes autoritarios que aún son mayoría en la región al sostener que no hay ningún plan para detener la masacre contra la oposición en Bahréin o la sangrienta campaña que está ejecutando Abdullah Saleh en Yemen.
    El caso de Kadafi no escapa a esa regla y recuerda por muchos motivos la estrategia aplicada por EE.UU. en la primera guerra del Golfo contra el dictador iraquí Saddam Hussein. El entonces presidente George Bush padre, expulsó a Saddam de Kuwait, pero no avanzó a Bagdad, lo que acabó sí haciendo su hijo una década después.
    No lo hizo porque dotado de un olfato realista, Bush padre entendía que el sanguinario Saddam servía para mantener un límite a la expansión de Irán y controlar las furias internas en Irak.
    La actual ofensiva militar en Libia parece tener por momentos esa impronta de castigar a Kadafi pero no tanto como para que se caiga de su palacio. O que lo haga cuando esté asegurada la transición, cuestión que por ahora parece cualquier cosa menos clara en un país corrompido hasta sus cimientos y donde no hubo nunca partidos políticos o instituciones de ningún tipo.

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  11. CON LAS GUERRAS, TODOS PERDEMOS
    Las guerras no conducen a ningún puerto. Todas las guerras son crueles, lo destruyen todo, y la mejor manera de vencerlas es evitándolas. El mundo actual tiene una prisa enorme por batallar y piensa que recurriendo a la guerra va a solucionar el problema. Posiblemente se acreciente más el conflicto. Antes debemos agotar todas las vías diplomáticas y buscar interlocutores que medien en el asunto. El camino de las armas es siempre una vereda de derrotas contra todos, contra la propia humanidad. Hay que buscar el diálogo como sea; el acercamiento, la rectitud y la libertad se defienden con la razón. Es cierto que la gente tiene el derecho legítimo de expresar sus quejas y demandas al gobierno de turno de cualquier país, pero si en verdad lo que queremos y buscamos es la paz, el primer deber ha de ser, fabricar menos armas (hoy es un gran negocio hacerlo), y trabajar más por la Justicia, que si la hay, nadie va a quedar excluido y todos vamos a poder alzar nuestra voz en libertad, con total garantía.
    V. Herreros

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  12. EL ATAQUE A LIBIA
    El ataque militar de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Canadá a territorio libio ha desatado una verdadera polémica mundial, pues no se percibe claridad en los objetivos que persigue el bombardeo aéreo y con misiles, mientras que reina la confusión entre las potencias involucradas y comienzan a surgir dudas acerca de las razones auténticas que motivaron la acción. La situación tiende a agravarse, ya que otras naciones están ya en curso de sumar sus propios efectivos u otro tipo de colaboración a una campaña dirigida, según se dice, a proteger a la población civil víctima de las balas del régimen tiránico de Muamar Gadafi. El ataque fue realizado en el marco de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y cuenta con el respaldo de las Naciones Unidas, cuyo Consejo de Seguridad se reúne hoy para analizar el problema de Libia. Es decir, la acción militar emprendida compromete la autoridad moral de los gobiernos de los países mencionados y también de organismos multilaterales de la máxima importancia.
    La sensación que existe en buena parte de la población mundial es que la decisión de bombardear el país norafricano es precipitada y se produce sin haber agotado las vías pacíficas y diplomáticas. Las exhortaciones al régimen de Gadafi fueron muy pocas y tampoco hubo esfuerzos por entablar cualquier tipo de diálogo mediante la intervención de algún mediador de buenos oficios. Cierto es que la dictadura de Gadafi merece la condena más enérgica de la comunidad internacional. Sin ningún tapujo, este militar sanguinario que lleva más de cuarenta años en el gobierno de su país ha utilizado la fuerza de aviones y tanques contra gente desarmada en más de una ocasión. Sin embargo, el paso asumido por las potencias occidentales parece prematuro y entraña riesgos considerables. En primer lugar, la resolución de alterar la vida política de los pueblos con balas y bombas debe ser sopesada con mesura y cautela. No es esa una determinación que pueda tomarse a las apuradas y sin una sólida concertación entre las naciones involucradas y los organismos internacionales, aun cuando se trate de una tiranía tan repugnante como la de Gadafi. En el caso concreto de Libia se podría causar malestar en todo el mundo árabe –que se encuentra desde hace algunos meses atravesando una gran crispación política– profundizando la inestabilidad y sentando las bases para la extensión de los conflictos. En segundo término, incluso con aviones dotados de la más avanzada tecnología, no es posible asegurar que los ataques de los aliados no afecten también a la población civil. Los ejemplos en ese sentido abundan en los enfrentamientos en curso en Irak o Afganistán.
    No hay dudas de que no se puede asistir de brazos cruzados a la matanza del pueblo libio a manos del dictador Gadafi. Equivaldría esa actitud a aplaudir a genocidas. Pero con medidas extremas adoptadas sin una coordinación eficaz –las contradicciones entre los poderosos países intervinientes salieron a luz desde el primer día– y sin un objetivo preciso enunciado con sencillez irrebatible, podría empeorarse aún más el estado de cosas. No solo por las consecuencias inmediatas sino también porque sentaría precedentes nefastos que en definitiva acabarían por favorecer a regímenes dictatoriales similares al de Muamar Gadafi.

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  13. Escribir es la cuestión
    Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

    Dije el otro día que no volvería a prestar atención a la política ni volvería a escribir sobre política. Pero enseguida, después del bajón tras la rabieta, caí en la cuenta de que yo en realidad no escribo de política. No escribo de política, no soy politólogo, ni pretendo jugar a serlo. Mi necesidad va más allá, es más profunda. Soy eticista, moralista civil de la postmodernidad. Escribo de ética universal. Pero no me di cuenta al decirlo tajantemente…

    Siempre, o casi siempre, cuando no escribo ensayo (que no publico), escribo sobre virtudes y sobre acciones públicas abominables, execrables y pecados nefandos; escribo de desviaciones y de manipulaciones de poder, de contrasentidos y de necedades también públicas; de abusos institucionales; de la tergiversación de los hechos y de los pseudo razonamientos de que son capaces los políticos, los periodistas, los falsos intelectuales y los ideólogos. Y también salgo al paso de las mentiras y de las omisiones insultantes -eso que se ha dado en llamar “mirar a otra parte”- de los poderes, tanto de los reales como de los aparentes. Todo lo cual nada tiene que ver con charlatanear o discurrir o discutir de política; de la que, por cierto, el filósofo Epicuro aconsejaba a sus discípulos mantenerse alejados si querían evitar que su alma y su intelecto se contaminaran de cualquier inopinada patología.

    No es, por ejemplo, hablar de política llorar en estos momentos porque unos gobiernos avaros de petróleo y criminales aplastan a Libia, amparados en una rebuscada legalidad de la ONU y del Consejo de Seguridad, con la pasividad de otros miembros, sabiendo, además, quienes son los que manejan la ONU y cómo se las gastan. Y todo, para apropiarse rápida y directamente de yacimientos de petróleo: la misma treta que usaron para arramplar con el de Irak, y la misma para ocupar Afganistán y extender la red de oleoductos. No es escribir sobre política cuando uno estalla de indignación al recordarles y preguntar a toda esa canalla, por ejemplo: ¿Por qué no decidieron zonas de exclusión o no invadieron y ocuparon Chile cuando otro sanguinario dictador masacraba, ese sí, a su pueblo durante años?

    Pues bien mi discurso es sociológico, antropológico o moral, y, cuando se trata de ciertos acontecimientos siempre contiene recriminaciones vinculadas al imperativo categórico kantiano que se formula así: “que tu comportamiento y tu pensamiento sirvan de ejemplo universal”. Y la conducta de los criminales de guerra que van a depredar Libia, como antes maniobraron para invadir Afganistán e Irak, ¿sirven de ejemplo universal a los pueblos y a sus hijos? No. De acuerdo a ese principio es indiferente que la ONU y el Consejo de Seguridad hayan dotado de “legalidad” al ataque contra Libia, lo mismo que antes dotaron de ella a las precedentes invasiones que aún colean. Tan indiferente es, para los bien nacidos esa artificiosa legalidad, como lo es la “legalidad” de que han revestido Estados bárbaros del mundo la pena de muerte. La pena de muerte es una iniquidad, y punto. E iniquidad es esta canallesca y farsante legalidad en la que se escudan gobiernos canallas para laminar ahora a Libia.

    Quien no comparta el núcleo de esta idea será simplemente para nosotros un desalmado y un cínico que maneja dobles morales. Y desde luego este país está plagado de ellos, tanto por la derecha como por la izquierda. Y luego serán tan desvergonzados que se atreverán a pedirnos nuestro voto…

    Por todo esto seguiré en la brecha escribiendo para responder a las necedades, felonías e ignominias de los politicastros, a las de los gacetilleros despreciables que se dicen periodistas, a las de los escribidores indecentes que se consideran intelectuales… pues me estallaría el pecho si no pudiera drenar mi indignación pasándola desde el corazón y la cabeza al papel o a la pantalla. Así pues, volveré a la carga calificando a los políticos y a sus cómplices, los periodistas, unas veces de traidores a sus principios y programas, otras de cretinos, otras de necios y otras de criminales “legales”… Este es mi drama, y a él me seguiré ateniendo.

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  14. El hijo de Kadafi a Sarkozy: “Payaso, devuélvenos nuestro dinero”

    Saif al Islam asegura que el Gobierno libio financió la campaña electoral de 2007 del presidente francés. Kadafi dijo que su “amigo” Sarkozy se había “vuelto loco” y amenazó con revelar un secreto que le “costaría” la presidencia. Sarkozy ha sido el primer dirigente en reconocer el ‘Gobierno’ rebelde y pide una intervención militar internacional.

    “Lo primero que le pido a ese payaso es que devuelva el dinero a los libios. Le dimos esa ayuda para que actuara a favor del pueblo libio, pero nos ha decepcionado”. Estas palabras las ha pronunciado el hijo del dictador libio, Muamar Kadafi, en una entrevista concedida a Euronews donde afirma que Libia financió la campaña electoral del presidente francés, Nicolas Sarkozy, en 2007.

    Saif al Islam ha asegurado que tiene pruebas de sus afirmaciones. Sostiene que tiene “todas las cuentas bancarias, los documentos y los movimientos de las transferencias” que supuestamente realizaron desde Trípoli. Y ha advertido al presidente francés: “Revelaremos todo muy pronto”.

    En la entrevista, Kadafi ha insistido en esa idea: “Fuimos nosotros los que financiamos su campaña, tenemos todos los detalles y estamos listos para revelarlos”, ha indicado instando al presidente francés a “devolver a Libia el dinero que tomó para financiar su campaña electoral”. La presidencia francesa ha negado sus afirmaciones.

    Nicolas Sarkozy es uno de los líderes que más presión está haciendo para que la comunidad internacional actúe militarmente en Libia y el suyo ha sido el primer Gobierno que ha reconocido al Consejo Nacional de los rebeldes libios como única autoridad en el país.

    El dictador libio y su séquito no le perdonan esta posición. El martes, el propio Kadafi afirmó en una entrevista a la televisión alemana que su “amigo” Sarkozy se había “vuelto loco”. Y anteriormente, la agencia oficial de noticias de Libia anunció que el Gobierno de Kadafi iba a revelar un secreto sobre el presidente francés que le costaría la presidencia francesa.

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  15. América Latina alza la voz contra la intervención aliada

    La diferencia entre guerra abierta y aplicación de la resolución de la ONU –la delimitaciòn de una zona de exclusión aérea- han hecho reaccionar a varios mandatarios de la región que se quejaron por la Operación “Odisea al Amanecer”. Sólo García, de Perú, y Piñera, quien este lunes recibe a Obama en Santiago, saludaron la intervención.

    Mientras en el seno de la coalición Italia parece no estar tan contenta con lo que hasta ahora es una “abierta guerra y no la delimitación de una zona de exclusión aérea”, como clamó su canciller franco Frattini, América Latina, menos comprometida regional, militar y políticamente con Libia, no ha recibido de la mejor manera la furiosa operación militar liderada por Francia, Reino Unido y Estados Unidos contra Trípoli.

    Ecuador condenó el lunes la “intervención militar extranjera” en Libia que ha causado víctimas civiles, y pidió un cese al fuego y una mediación que ponga fin a la violencia, según un comunicado de la Cancillería. “Se están lanzando bombas, se está participando directamente como fuerza beligerante en el conflicto y se está causando víctimas, incluso entre la población civil”, dijo a la prensa el presidente Correa. “La salida al conflicto que vive este país solo puede y debe estar en las manos del pueblo libio”, sostuvo la Cancillería.

    Una declaración anterior de la cancillería ecuatoriana, difundida el sábado, ya había tildado la ofensiva militar de “intrusión”, afirmando que era “inadmisible”.

    El presidente uruguayo José Mujica también rechazó la intervención de una coalición internacional en Libia calificando la operación de “un contrasentido inexplicable”, en declaraciones al diario la República. “Este ataque implica un retroceso en el orden internacional vigente. Es mucho peor el remedio que la enfermedad. Eso de salvar vidas a los bombazos es un contrasentido inexplicable. Todo esto es para llorar”, dijo el ex guerrillero y segundo presidente de izquierda en la historia de Uruguay.

    El fin de semana, el Plenario del partido gobernante Frente Amplio emitió una declaración de rechazo a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que habilitó la intervención en Libia, reivindicando “la libre determinación de los pueblos y la no intervención en sus asuntos internos”.

    El líder cubano Fidel Castro consideró “inoportuno” una guerra en Libia y criticó la gira del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, por América Latina, según un artículo publicado este lunes en la prensa local. Además, en un comunicado de la Cancillería difundido la noche del domingo, Cuba expresó su “más enérgica condena” a la “intervención extranjera” en Libia y pidió resolver el conflicto por la vía del “diálogo y la negociación”.

    Castro también apuntó a supuestas contradicciones con el Gobierno de Dilma Rousseff. “Obama quiso congraciarse con el gigante suramericano elogiando su
    economía, pero no se comprometió en lo más mínimo con apoyar a Brasil como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU”, apuntó.

    También el presidente de Paraguay, Fernando Lugo, condenó el ataque y exhortó a la racionalidad y el respeto a la autodeterminación de los pueblos, en un mensaje leído este domingo. “Ningún tipo de violencia se puede justificar. Lo hemos dicho siempre”, expresó el gobernante durante un mitin izquierdista, al criticar la ofensiva internacional contra Libia.

    En Argentina, el canciller Héctor Timerman se expresó a través de Twitter: “No se habían agotado los medios diplomáticos disponibles”, aseguró.

    A favor

    Al contrario que sus vecinos, Chile apoyó la resolución de ONU que permitió
    las acciones militares y la instalación de una zona de exclusión aérea en Libia, según un comunicado difundido este domingo por la cancillería chilena. También el presidente peruano, Alan García, saludó este domingo la acción de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña para enfrentar a “la masacre perpetrada por la dictadura” en Libia de Muamar Kadafi contra rebeldes de su régimen.

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  16. “Los aliados dominan el cielo libio”, titula el rotativo español El País en su portada y explica cómo la coalición internacional, liderada por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, ha arrebatado a Kadafi el control del espacio aéreo de Libia en menos de 24 horas de ataques.

    El diario conservador francés Le Figaro escribe que la coalición destruyó sistemas de defensa antiaérea, así como numerosos tanques.

    El diario económico Les Echos titula “Kadafi bajo el fuego de Occidente”. Una fotografía muestra una gran explosión con varios automóviles en un primer plano, una imagen retomada por varios diarios. Además, el rotativo publica un gráfico de los principales ataques que comenzaron el sábado 19 de marzo por la tarde.

    En la portada del diario francés Libération se ve un avión de combate en pleno vuelo. El diario propone un reportaje especial del enviado a Bengasi, Christophe Ayad, quien da cuenta de cómo las tropas pro kadafi, que se preparaban para tomar la ciudad rebelde, fueron detenidas en seco por los ataques aéreos de la coalición internacional. “Decenas y decenas de soldados yacen allí, muertos instantáneamente, por el rayo de los aviones Rafale franceses que atacaron entre 5 y 7 de la mañana. Los rebeldes, a 30 kilómetros de allí”, señala el reportero, “no vieron nada, sólo escucharon los golpes secos”.

    El diario comunista L’Humanité escribe sin rodeos “Libia, la guerra que no se enuncia como tal”. y explica cómo la estrategia de la coalición suscita numerosas críticas en el mundo, empezando por la Liga Árabe quien protesta por la intensidad del bombardeo.

    A todo esto, los diarios se preguntan quién controla la operación. Libération explica que por el momento son los norteamericanos quienes coordinan las operaciones desde su sede Africa Command en Stuttgart (Alemania). Les Echos cita al jefe de estado mayor, el almirante norteamericano Mike Mullen, quien asegura que la zona de exclusion aérea está ahora garantizada, lo que permitiría transferir la responsabilidad a los otros aliados de la coalición.

    Le Figaro recalca la postura del presidente francés Nicolas Sarkozy en verdadero jefe de guerra, y subraya que, de una ofensiva diplomática pasó a tomar la cabeza de la coalición. El diario católico La Croix explica cómo en la resolución 1973 de la ONU está explicitado que es Francia la que lleva el liderazgo de esta coalición.

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  17. El francés Libération es el que mejor resume el desorden: “Los que comenzaron no son los que dirigen. Y los que dirigen no quieren dirigir”. El diario francés añade que esta guerra comenzó en medio de una extraña neblina en el puesto del piloto. Explica Libération que estas operaciones se iniciaron bajo dirección estadounidense, pero Washignton desearía entregar el mando a sus aliados. El problema es quién asumirá esta tarea. Según afirma Le Figaro las fisuras de la coalición son profundas, lo demuestra el hecho de que Noruega ha suspendido los vuelos de sus cazas hasta que se fije un mando claro. De su lado, “Italia amenaza con cerrar sus bases si los aliados no se ponen bajo el mado de la OTAN”, dice el conservador francés, posibilidad que descarta París considerando que una operación en Libia bajo la bandera de la alianza atlántica no es del gusto de los países árabes.

    El País de España recuerda que ayer, desde Santiago, el presidente “Barack Obama aseguró que su país transferirá el mando ‘en días, no en semanas'” pero sin aclarar quién se ganará esta lotería. Y añade: “Las dudas sobre el mando y sobre el tiempo (…) es un ejemplo de otras dudas que rodean esta misión, como las de su objetivo y su duración”. Volviendo a las páginas de Libération, este diario sostiene que “París, Londres y Washington mantienen su determinación de neutralizar al ejército de Kadafi y desalojar al líder libio”. Un punto polémico en tanto que la resolución 1973 del Consejo de seguridad de la ONU, abrió la posibilidad de esta intervención, no tiene esta objetivo.

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  18. A cinco días después del inicio de la ofensiva militar liderada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia contra el gobierno libio han surgido divergencias dentro de los miembros de la coalición. El británico The Guardian destaca que dos llamadas por teléfono del presidente Barack Obama a Londres y París lograron que los tres países se pusieran de acuerdo para que la OTAN tome el control de las operaciones en Libia. El presidente Sarkozy hizo una declaración diciendo que era un acuerdo entre él y Obama, aunque en la realidad las cosas son diferentes pues París se había opuesto abiertamente a que la alianza militar participara en el operativo.

    El conservador francés Le Figaro aporta otra prueba de las disensiones a propósito de la participación de la OTAN. Para la Casa Blanca se trata de un “papel clave”, en tanto que el Elíseo evoca un simple “apoyo” y, más importante, pese al acuerdo del Consejo de Seguridad de la ONU, para evitar una masacre provocada por el Gobierno libio contra su población. Al final de cuentas, el presidente francés y el primer ministro británico apenas han logrado convencer a cinco de los otros 25 Estados de la Unión Europea de embarcarse en la protección militar de los civiles libios, señala el diario.

    Por su parte, La Tribune de Genève destaca la aparición ayer en la televisión del coronel Kadafi quien, de manera desafiante, dijo que su país “estaba listo para la batalla, ya sea larga o corta”, y añade que Hillary Clinton, responsable de la diplomacia estadounidense, “declaró tener conocimiento de informaciones sobre la muerte de uno de los hijos de Kadafi, durante uno de los ataques aéreos”, aunque precisó que “las pruebas no son suficientes”. El francés Libération observa que, aunque la rebelión ha sido salvada, no ha logrado vencer a las fuerzas pro Kadafi en Ajdabiya, tercera ciudad libia donde éstas bloquean la progresión de los rebeldes.

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  19. LA PRENSA OPINA | 21.03.2011
    INTERVENCIÓN MILITAR EN LIBIA DISMINUYE RIESGO DE GUERRA CIVIL
    El significado de la intervención militar internacional en Libia es motivo de comentarios de la prensa europea.
    Neue Zürcher Zeitung, de Zürich: “El hecho de que haya sido Francia y no Estados Unidos quien empezó con los ataques aéreos tiene un significado práctico, simbólico y político. Simbólico porque tanto para Europa como para el mundo árabe es importante que la yunta británico-francesa pueda tirar del carro y que no siempre tenga que ir a trote detrás de Estados Unidos. Tanto en política interna como en la internacional, Sarkozy ha logrado presentarse como protector de los derechos humanos y también, de nuevo, como un hombre de acción. Hasta hace pocas semanas su política hacia el norte del África se encontraba hecha añicos, debido a la lenta reacción a los acontecimientos en Túnez y Egipto. Con responsabilidad y olfato ha logrado para Francia, para Europa y para sí mismo un mejor papel”.

    Disminuir peligro de guerra civil
    Süddeutsche Zeitung, de Múnich: “La Liga Árabe se declaró a favor de una zona de exclusión aérea sobre Libia antes que el Consejo de Seguridad. No es suficiente. Los pilotos árabes también tienen que pelear contra las tropas de Gadafi. Sólo así se puede rebatir el viejo argumento árabe según el cual una misión militar representa una agresión de las potencias coloniales y los cruzados que quieren asegurarse los campos petrolíferos. Si Occidente y por lo menos algunos países árabes responden por la misión, los rebeldes tienen alguna probabilidad de derrocar a Gadafi. Así disminuye el peligro de una guerra civil en el Mediterráneo, que desestabilice la región por años. Y así queda la esperanza de que Occidente gane credibilidad en el mundo árabe, quizá también ante algunos de sus dirigentes”.

    Entrar a la Historia como un demente
    Gazeta Wyborcza, de Varsovia: “La intervención militar en Libia debe tener objetivos delimitados y debe ser de limitada duración. Ni Estados Unidos ni Europa pueden permitirse, por motivos políticos, económicos y también morales, otra guerra prolongada en un país islámico. Los mismos libios deben derrocar a Gadafi, el mundo sólo puede ayudarlos en ello […] Ha sido muy grave que Occidente esperase tanto para intervenir. Es bueno, no obstante, que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas diera su aprobación antes. Sólo queda esperar que Gadafi no quiera entrar en la Historia como un demente que arrastró consigo a la muerte a miles de personas”.

    The Times, de Londres: “Será difícil lograr el objetivo último de esta acción militar. Gadafi ha demostrado que está dispuesto a reprimir brutal y cruentamente a su pueblo. La resolución de Naciones Unidas atañe a una misión humanitaria cuya meta es lograr un cambio de Gobierno. El comportamiento de Gadafi muestra que una misión humanitaria no es posible mientras él esté en el poder y siga utilizando la violencia. Lo mejor sería que los rebeldes lograsen en Libia derrocarlo, mientras las fuerzas aéreas de los Aliados ponen en jaque a los aviones militares y a la artillería de Gadafi. No se debe perder tiempo, Gadafi debe ser detenido lo más rápido posible”.

    Los libios decidirán su destino
    Libération, de París: “Permitir que Gadafi masacrase a su pueblo era un mensaje de dudoso calibre para los dictadores de la región, que les prometía impunidad justamente en el momento en que los pueblos árabes luchan por su libertad con un ímpetu histórico. Por el contrario, esta intervención militar pone a los regímenes autoritarios bajo presión y los obliga a hacer reformas, siguiendo el ejemplo del rey Mohamed VI de Marruecos […] Los mismos libios decidirán su destino. El domingo a la noche, Bengasi y su millón de habitantes se libraron, en el último minuto, de un baño de sangre. Hasta hace pocos días eso formaba parte de un sueño lejano”.
    mb/dpa
    Editor: Enrique López

    LIBIA: “DAÑOS POLÍTICOS COLATERALES” PARA LA OTAN Y LA UE
    La prensa europea comenta los desacuerdos en el seno de la OTAN y la UE en torno a la operación militar internacional en Libia.
    La Repubblica, de Roma: “La Unión Europea está dividida y la OTAN tampoco puede esconder sus fisuras internas (…) En el centro está el desacuerdo entre Italia y Francia. El ministro de Exteriores italiano, Franco Frattini, exige en Bruselas que la OTAN asuma el comando de las operaciones. París se niega. La oposición de los cada vez aislados franceses podría dañar la frágil estructura de esta coalición contra Gadafi. Italia amenaza con retomar el control de sus bases áreas. Holanda se retira. Turquía pone condiciones. Y Alemania se congratula a sí misma por no haber votado la resolución de la ONU sobre Libia.“

    Dañada imagen de Alemania y Europa…

    Frankfurter Rundschau, de Fráncfort del Meno: “Una mirada al convenio de coalición muestra que (los gobernantes partidos de) conservadores y liberales están unidos por concretos objetivos de política exterior. O, más bien, estaban. ‘El estrecho acuerdo y la acción conjunta de la comunidad de valores occidentales son y seguirán siendo una de las claves del éxito de la política exterior alemana’, se lee allí. Quién se impone a sí mismo tales metas, debe cumplirlas o, al menos, debatir públicamente un cambio de rumbo. Pero, en el caso de Libia, la canciller y su ministro de Exteriores renunciaron de la noche a la mañana a tan sublimes obligaciones. Según la lógica de su propio programa, han debilitado el rol de Alemania en el mundo y han aislado al país.”

    Neue Zürcher Zeitung, de Zurich: “Cada guerra trae consigo daños colaterales no deseados. También ésta (…) La Unión Europea ya ha minado su propia imagen como actor en la política exterior. Si los europeos no se ponen de acuerdo ni siquiera cuando una intervención militar es moralmente correcta, está claramente cubierta por las leyes internacionales y se cuenta con medios razonables para acometerla, no se pondrán de acuerdo nunca. La política exterior sigue siendo un dominio de los gobiernos nacionales y ellos es, frecuentemente, una ventaja. Pero en este caso significa, sin embargo, que la operación pensada como demostración de fuerza europea se transforma en una demostración de impotencia europea.”

    ¿A dónde lleva la intervención?

    The Guardian, de Londres: “Entre más dure la campaña de bombardeo más rápido habrá que responder a la pregunta esencial: ¿a dónde conduce todo esto? (…) ¿Deben los aviones de combate de la coalición hacerse cargo de la lucha de los rebeldes si es que estos no tienen los medios militares para recuperar sus ciudades? La respuesta es, claramente, no. Miembros del Consejo de los rebeldes temen que limitar la acción militar evite su éxito y han pedido, por ello, más ataques aéreos para desactivar el Ejército de Gadafi. Esto se corresponde con la lógica de una intervención pero sobrepasa lo establecido por la resolución de la ONU. La situación se complica.”

    Kurier, de Viena: “Inversamente proporcional a la lentitud con que la comunidad internacional reaccionó a los acontecimientos en Libia fue la rapidez con que se aprobó la resolución de la ONU y la ‘Coalición de Voluntarios’ se puso de acuerdo. Hasta ahí llegó la unidad. El ‘rápido Sarkozy’ ya había ordenado bombardear cuando aún cenaban en París las damas y caballeros que debían discutir los objetivos militares. Pero a Sarkozy (el presidente francés) le preocupa más Le Pen, su contrincante de extrema derecha, que Gadafi. Por otro lado, (la canciller alemana,) Ángela Merkel toma ejemplo de la política anti-guerrerista de (su antecesor) Gerhard Schröder, sobre todo con la mirada puesta en su política interior. El eje franco-alemán está perdido. Y uno se pregunta cuánta capacidad tendrán estos señores para enfrentar el verdadero problema, o sea, Libia.“

    Süddeutsche Zeitung, de Múnich: “El mandato de la ONU no sirve explícitamente al derrocamiento de Gadafi. Así que todas las naciones hacen bien en destacar el carácter protector de la misión. Pero aquello que no está contemplado en el mandato no es por ello incorrecto. Por supuesto que los ataques aéreos debilitan a Gadafi. El mandato está dirigido contra él, no a su favor. El efecto de la resolución de la ONU más esperado es político y se trata de que el hombre reconozca su falta de perspectiva, desista y se marche al exilio. Las Naciones Unidas no pueden tener el menor interés en quedar como árbitro aéreo que vigile un Estado dividido.”

    RML/dpa
    Editor: Enrique López Magallón

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