PROFESIONALES SANITARIOS

Teodoro J. Martínez Arán

El camino que existe entre la vacunación universal de los niños y la cobertura de las operaciones estéticas de blanqueamiento de ano separa dos extremos de la sanidad: la necesidad y la necedad. Son tantas las posibles prestaciones sanitarias que el gasto sanitario podría crecer hasta el infinito, sin que ello conllevara una mejor salud de la población.

 

No todo lo que se puede hacer se debe hacer. El hecho de que seamos capaces de dejar embarazada a una septuagenaria no nos da derecho a convertir a sus hijos en huérfanos tres años después a cargo del erario público.

Las prestaciones sanitarias que una población espera recibir de su sistema de salud suelen relacionarse con el nivel de renta disponible. Sin embargo, aunque las necesidades sanitarias objetivas son mucho más uniformes, aquella salud que la Organización Mundial de la Salud (OMS) evocara en su constitución -la del completo bienestar físico, psíquico y social- se ha mostrado tan asimétrica en su distribución como el resto de los bienes humanos. Mientras que los países empobrecidos miran los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) como sueños inalcanzables, los ricos aumentan paulatinamente sus expectativas de atención sanitaria, traspasando con creces lo estrictamente necesario. Como en tantas otras paradojas de nuestra extraña sociedad global, los que más tienen roban incluso lo esencial a los menos afortunados: los profesionales.

En algunos países, los profesionales de la salud se han convertido en algo más preciado que el oro, tras haberse convertido en materia de tráfico y especulación a nivel mundial, como si de cereales o petróleo se tratasen. Los pudientes, llevados de sus crecientes y desmedidas demandas de atención sanitaria, aprovechan las debilidades de los jóvenes sistemas sanitarios emergentes para esquilmarlos de recursos humanos. En un nuevo desembarco colonial, se vuelve a los países que antes fueron explotados por la metrópoli, para robar una vez más los más preciados frutos de sus plantaciones intelectuales. Enseñados por sus padres maltratadores, los países ahora emergentes compensan sus déficits sanitarios sustrayéndoselos a otros aún más pobres. Con ello se convierten en una ficha más del dominó que ha llevado a 57 países (36 de ellos en África) a sufrir déficits críticos de profesionales de salud.

La OMS ha advertido de que el déficit de recursos humanos sanitarios ralentiza la consecución de los ODM relacionados con la salud. Además, la efectividad de los proyectos de cooperación y desarrollo se ve mermada en estos países al no disponer de personal entrenado y una estructura sanitaria que pueda absorber, implementar y rentabilizar plenamente las inversiones realizadas. Para revertir esta tendencia, ha propuesto tres grandes líneas estratégicas: el seguimiento y control de los recursos disponibles, incrementar y optimizar la inversión en formación de nuevos profesionales, y trabajar por el adecuado equilibrio entre especialización y versatilidad de los trabajadores sanitarios.

Al valorar estas migraciones, es importante recordar que los profesionales sanitarios son seres humanos, a diferencia de los instrumentos que manejan o los fármacos que prescriben. Se abusa en ocasiones del término “recursos humanos sanitarios” para despersonalizar los términos optimización, racionalización, redistribución, retención, racionalización, recorte o rentabilización. Este sucedáneo subordina todo derecho humano o laboral de este colectivo al de su condición de bien necesario para la sociedad. El personal sanitario suele tener la mala costumbre de tener familia, aficiones, sueños, inquietudes, y derechos, además de su trabajo. No eligió un moderno tipo de esclavitud estatal que lo obligue a saltar ante todo toque de corneta, justificado o no, que las veleidades políticas y sociales puedan tener a bien ejecutar. Como decía un amigo mío, “estamos para todo lo que usted necesite, no para todo lo que quiera”.

Cuando un profesional emigra a la región, el país o el continente de al lado no suele hacerlo para crear una crisis sanitaria nacional, sino buscando algo que cree poder encontrar en su destino, y no necesariamente tiene que ser el vil metal. Respeto, desarrollo profesional, capacidad de autogestión, participación en la organización de su ámbito laboral o en la formación de nuevos profesionales, la huida de la politización de la sanidad,… Las posibilidades de que los países seduzcan a sus profesionales son infinitas, la mayoría de ellas muy baratas. Porque no hay nómina que pueda compararse con la sonrisa de un paciente agradecido, y tener la posibilidad de disfrutar de ella.

 

Médico, especialista en Pediatría

ccs@solidarios.org.es

 

 

 

 

 

 

7 comentarios en “PROFESIONALES SANITARIOS”

  1. Mercado de la salud
    Hace unos meses, el nombramiento de Paul Herrling, directivo de la multinacional farmacéutica Novartis, como miembro de un grupo de expertos asesores de la OMS, fue objeto de crítica por parte de algunos países y ONGs. El comité del que forma parte es el encargado de definir cuáles son las estrategias que deben seguirse a la hora de investigar y desarrollar los tratamientos necesarios para las enfermedades que afectan a los países empobrecidos, poco rentables para el negocio de las farmacéuticas.
    Las ONGs que se oponían al nombramiento de Herrling, entre las que estaban Médicos Sin Fronteras e Intermón Oxfam, alegaban que su participación en las reuniones del grupo de expertos podía desembocar en un conflicto de intereses. La razón principal es que el científico suizo es también director del Fondo para la Investigación y Desarrollo de Enfermedades Olvidadas (FRIND por sus siglas en inglés) de Novartis, una de las propuestas que la comisión va a evaluar.
    “Si se le invita a él, debería invitarse a otros que también tienen programas que evaluar y financiar”, afirmaba el director de la Campaña para Medicamentos Esenciales de Médicos sin Fronteras. Quienes defendieron a Herrling aseguraban que su candidatura fue propuesta por Suiza con total transparencia y que la industria farmacéutica no puede quedar fuera del debate.
    No era la primera vez que la OMS estaba en el punto de mira. En 2010 se cuestionó el resultado de los trabajos de un primer grupo de expertos encargado de este mismo asunto, la búsqueda de propuestas para la investigación de las llamadas “enfermedades desatendidas”. Según demuestran una serie de documentos revelados por Wikileaks, la Federación Internacional de Asociaciones de Industriales Farmacéuticos (IFPMA, en inglés) tuvo acceso a los informes del grupo de trabajo al menos 5 meses antes de que el informe con las conclusiones finales se presentase ante los Estados Miembros de la OMS. La influencia de la industria farmacéutica en las decisiones de la OMS provocó la dimisión de algunos de los miembros de la comisión. Es el caso de la senadora colombiana Cecilia López: “todo parecía girar en torno a la necesidad de proteger a la industria farmacéutica y no a defender a cientos de millones de personas que pueden enfermar y morir cada año por estas enfermedades”.
    Países como Brasil o Tailandia rechazaron el documento. Sus sugerencias sobre la liberación de patentes de los fármacos no se tuvieron en cuenta.
    Según datos de la propia OMS, las enfermedades tropicales desatendidas como el cólera o la lepra afectan a cerca de 1.000 millones de personas, en particular a las poblaciones más vulnerables y empobrecidas en zonas de clima tropical y subtropical. Los pacientes a menudo están afectados por más de una de ellas. Estas enfermedades no suscitan la atención de la industria farmacéutica. Su incidencia en zonas del mundo como Europa o Estados Unidos es muy baja y su investigación no resulta rentable a estas grandes empresas multinacionales.
    Los países en desarrollo luchan por incorporar sus intereses en las negociaciones internacionales que abordan el tema. Buscan favorecer el acceso a los medicamentos y tratamientos a través del abaratamiento de su coste, y piden la modificación de las leyes que protegen las patentes de productos farmacéuticos y bloquean el uso de medicamentos genéricos accesibles. Se trata de proteger el derecho a la salud pública de la población frente a los intereses comerciales de las grandes corporaciones.
    La participación de miembros de la industria farmacéutica en el asesoramiento y la toma de decisiones del organismo que lidera los asuntos sanitarios mundiales pone de manifiesto la falta de independencia de la OMS. La salud global es una cuestión de vida y muerte para millones de personas, muchas de las cuales fallecen de enfermedades curables. En ese tipo de cuestiones no deben primar los intereses comerciales y sí la ética, la vida y la humanidad.

    Leticia Roncero Portas
    Periodista
    ccs@solidarios.org.es

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  2. Cinco alimentos que combaten el cáncer

    El cáncer es una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que, de no mediar intervención alguna, 84 millones de personas habrán muerto de cáncer entre 2005 y 2015. Estos son algunos de los alimentos que, según recientes investigaciones, pueden ayudarnos a poner freno a la enfermedad.

    Brócoli

    A principios de 2011, científicos descubrieron la base bioquímica de la capacidad del brócoli para combatir el cáncer. La clave está en su elevado contenido en isotiocianatos. El gen p53 , también conocido como el “guardián del genoma”, se ocupa de mantener a las células sanas y evitar que se inicie el crecimiento anormal propio del cáncer. Sin embargo, cuando este gen se vuelve defectuoso su falta de control hace que las células anormales proliferen y den lugar a cáncer de pulmón, mama, colon, vejiga o linfoma. Los isotiocianatos presentes en el brócoli, así como en el repollo y la coliflor, son capaces de eliminar la proteína del gen p53 defectuoso y dejar libres las proteínas sanas para suprimir el desarrollo de tumores.

    Ketchup

    El tomate fresco y sus derivados, entre ellos el kétchup, podrían convertirse en buenos aliados para la prevención de distintos tipos de cáncer después de que una revisión de 28 ensayos clínicos de los últimos diez años, realizada por un grupo de científicos de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, haya relacionado el licopeno que contienen con un efecto protector que reduce la incidencia de distintos tipos de cánceres, especialmente del cáncer de próstata. El licopeno, sostienen los investigadores, ha demostrado su capacidad para inhibir la proliferación celular, al tiempo que posee un efecto anti-carcinogénico y anti-aterogénico, al intervenir en la comunicación intercelular y modular los mecanismos inmunológicos.

    Vino

    De acuerdo con un estudio del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson, los hombres que beben alrededor de cuatro copas de vino tinto a la semana reducen en un 50% el riesgo de contraer cáncer de próstata. Este efecto se debe a que la bebida contiene un antioxidante llamado resveratrol, que entre otras cosas reduce los niveles de hormonas masculinas, como la testosterona, que estimulan el crecimiento de este tipo de tumores.

    Nueces

    En 2009, científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad Marshall en Estados Unidos demostraron que tomar un puñado de nueces al día reduce el riesgo de padecer cáncer de mama. Según explicaron a sus colegas durante el encuentro anual de la Asociación Estadounidense de Investigación del Cáncer, estos frutos secos contienen muchos ingredientes que, individualmente, han demostrado desacelerar el crecimiento del cáncer, incluidos los ácidos grasos omega-3, los antioxidantes y los fitosteroles. Otro estudio más reciente, realizado por científicos de la Universidad de California-Davis (EE UU), ha demostrado que las nueces también reducen el tamaño y la tasa de crecimiento del cáncer de próstata en experimentos en animales.

    Ciruelas y melocotones

    Un artículo publicado hace unos meses en la revista Journal of Agriculture and Food Chemistry por investigadores de Texas ( EE UU) revelaba que usando extractos de ciruela y melocotón se puede destruir a las células del cáncer de mama, incluso a las más agresivas, sin dañar a las células sanas. Los científcios aseguran que estas propiedades podrían aprovecharse para desarrollar nuevos tratamientos de quimioterapia sin efectos secundarios.

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  3. Día Mundial de la Salud

    Por Silvia Celi
    Anualmente en Europa mueren por lo menos 25.000 personas víctimas de infecciones provocadas por bacterias resistentes a los antibióticos. Esta cifra corresponde a las muertes registradas en 27 de los 53 países del continente, lo que supone que el número de personas fallecidas por esta causa es superior. La OMS alerta sobre este problema mundial.

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  4. Amnistía Internacional divulga informe sobre ‘Sentencias de muerte y ejecuciones’ en 2010

    Camila Queiroz
    Periodista de ADITAL

    Amnistía Internacional divulgó hoy (28) el informe ‘Sentencias de muerte y ejecuciones 2010’. El informe revela que el año pasado, al menos 527 personas fueron ejecutadas en 22 países, una disminución en relación a 2009, cuando las ejecuciones llegaron a 714. En 2010, más de dos mil personas fueron condenadas a muerte, totalizando casi 18 mil en todo el mundo.

    A pesar de los números, la organización evalúa que cada vez menos países están imputando la pena de muerte y existe una tendencia global hacia la abolición de la pena capital. “Nos oponemos a ella independientemente de la naturaleza del delito, de las características del delincuente, o del método utilizado por el Estado para la ejecución. La pena de muerte es cruel, inhumana, ineficaz e injusta”, dijo el secretario general de Amnistía, Salil Shetty.

    De acuerdo con el documento, 31 países abolieron la pena de muerte en la última década. En Estados Unidos se ejecutó a 46 presos e impuso 110 penas de muerte en 2010, lo que representa una disminución del 70% en relación con la década de 1990. En total, hay más de 3.200 personas en los “corredores de la muerte” en Estados Unidos.

    Un hecho importante para mantener la esperanza es que, desde 2003, menos de la mitad de los países donde la pena de muerte tiene vigencia ha realizado ejecuciones. También hay informaciones de que en menos de un tercio de ellas se ejecutaron penas de muerte en cada uno de los últimos cuatros años.

    Hubo también algunos retrocesos, ya que seis países y territorios retomaron las ejecuciones y uno de ellos amplió el ámbito de aplicación de la pena capital. Asia y Oriente Medio son las regiones en que ocurrieron más ejecuciones –aunque, en Oriente Medio, los números hayan disminuido en relación con 2009.

    En todo el mundo, muchas personas fueron condenadas por delitos no violentos. Un número expresivo se relaciona con las drogas, pero también hay casos de ejecuciones por adulterio y blasfemia. Salil denuncia que esto va en contra de las normas internacionales de derechos humanos, “que, excepto en el caso de los delitos más graves, prohíben el uso de la pena de muerte”.

    De acuerdo con el informe, las muertes en 2010 ocurrieron por decapitación, electrocución, ahorcamiento, inyección letal, disparos a quemarropa en la nuca o en el corazón o fusilamiento. A veces, las ejecuciones fueron realizadas en público.

    El informe Sentencias de muerte y ejecuciones 2010 en su totalidad está disponible en el link: http://www.amnistia-internacional.pt/dmdocuments/DeathPenalty_Report.pdf.

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  5. CINU/20 29 de marzo de 2011

    Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon,
    con motivo del Día Mundial de la Salud

    7 de abril de 2011

    “Combatamos la resistencia a los antimicrobianos: si no actuamos hoy,
    no habrá cura mañana”

    El descubrimiento de los antibióticos y otros medicamentos antimicrobianos dio lugar a algunos de los adelantos más espectaculares en la esfera de la salud humana. Antes de que se introdujeran esas medicinas en el decenio de 1940, las enfermedades infecciosas cobraban la vida de decenas de millones de personas todos los años. Esos medicamentos ayudaron a aliviar la carga que suponen las enfermedades infecciosas.

    Los primeros logros se consiguieron fundamentalmente en los países de mayores ingresos y entre los sectores más ricos de la población de los países pobres. En los dos últimos decenios, sin embargo, gracias a nuevas estrategias de salud pública y mecanismos de financiación, las comunidades más pobres han podido tener acceso a medicamentos contra enfermedades letales, como la tuberculosis, la infección por el VIH, la malaria, la neumonía y las enfermedades diarreicas. La venta privada de medicamentos para uso humano y animal también ha aumentado enormemente.

    Se han hecho importantes avances, pero hoy día corremos el riesgo de perder muchos de esos valiosos medicamentos en la medida en que surgen organismos resistentes a ellos. La resistencia a los antimicrobianos es un fenómeno natural, pero se ve exacerbado por el consumo generalizado, excesivo e indebido de medicamentos y por la propagación de infecciones resistentes en los ámbitos de la atención de la salud y la agricultura. El comercio, los viajes y las migraciones contribuyen a que esos organismos se propaguen más entre las distintas comunidades y a través de las fronteras.

    Algunas de las medicinas que salvaron la vida de nuestros padres y abuelos resultan inútiles actualmente. La resistencia a los medicamentos entraña enormes costos para los sistemas de salud y está cobrándose un número creciente —e innecesario— de vidas, por lo que amenaza con revertir una buena parte de los progresos que habíamos realizado en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio relacionados con la salud. Podría también perjudicar los logros obtenidos con tecnologías y otros medicamentos modernos que se utilizan para combatir enfermedades no transmisibles. Tal vez lo más preocupante es que prácticamente se han agotado las fuentes para obtener nuevos medicamentos antimicrobianos y sustituir los que se han perdido.

    Para el Día Mundial de la Salud en este año, la Organización Mundial de la Salud ha seleccionado el tema titulado “Combatamos la resistencia a los antimicrobianos: si no actuamos hoy, no habrá cura mañana”. El surgimiento de la resistencia a los antimicrobianos es un problema complejo en el que interviene toda una serie de interesados y que es necesario encarar con urgencia y enérgicamente mediante una respuesta intersectorial amplia dentro de los países y a nivel internacional.

    La Organización Mundial de la Salud hace hoy un llamamiento a la acción para aumentar la rendición de cuentas y detener la propagación de la resistencia a los medicamentos por medio de un conjunto de medidas de política en los seis ámbitos siguientes: la planificación conjunta; la vigilancia epidemiológica; la reglamentación de los medicamentos; el uso racional de los medicamentos; la prevención y el control de las infecciones; la innovación y las investigaciones. Los gobiernos, la industria y todos los interesados deben responder a este llamamiento porque están en peligro la salud mundial y muchos millones de vidas.

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  6. “SEAMOS REALISTAS, TODO ES IMPOSIBLE”
    FERNANDO VALLESPÍN
    Hace unos días, un grupo de jóvenes portugueses fueron convocados para manifestarse por las calles de su país. Su lema era Este no es país para jóvenes, y con ello querían denunciar la situación de precariedad y falta de expectativas en que se encuentran. Los jóvenes franceses de los liceos ya se habían sumado antes a las manifestaciones convocadas por los sindicatos con motivo de la prolongación de la edad de jubilación. Cabe, pues, preguntarse si estamos ante algún tipo de reacción de este grupo social frente a las obvias dificultades que encuentran para buscar empleo estable y hacerse un hueco digno en la sociedad. ¿Estamos ya ante una potencial rebelión de jóvenes que han conseguido al fin “indignarse”, como les pide el nonagenario Sthéphane Hessel en su panfleto, o son meras expresiones aisladas de descontento? Y, si no, ¿hasta cuándo van a esperar para hacerse oír con fuerza en el escenario público? Bajo las condiciones de un paro juvenil que supera el 40% en la Europa meridional, o condenados, en el mejor de los casos, a una indefinida situación de mileuristas permanentes o a la emigración, el milagro es que no lo hayan hecho antes.
    Los jóvenes son los paganos de un mundo que ya ha dejado de creer en el futuro, temeroso de todo cambio
    Cada vez que intuimos una revuelta juvenil no podemos evitar volver la vista a los acontecimientos de finales de los años sesenta, la edad dorada de este tipo de rebeliones. Entonces, sin embargo, quienes se lanzaban a la calle no lo hacían ya tanto por mejorar su propia situación objetiva, cuanto por introducir cambios profundos en la organización general de la sociedad y la política. Se trataba además en gran medida, como observaría Raymond Aron al ver las algaradas de mayo del 68, de “hijos de papá tocados por la gracia”, de estudiantes inquietos vástagos de las clases medias en ascenso que no se daban por satisfechos con el “represivo” orden de sus padres. Frente al crecimiento puramente cuantitativo y el despilfarro de la “sociedad opulenta” (Galbraith) reclamaron una nueva e imprescindible valoración de los elementos cualitativos que estaban siendo negados por un sistema capitalista únicamente atento al beneficio y la “productividad”. Fueron, pues, “posmaterialistas” sin saberlo, antes de que el sociólogo Ronald Inglehard diera con el término y el concepto. El objetivo a batir era la autoridad, una autoridad a la que había que oponerse casi por principio para liberar lo soterrado; aquello que ansiamos pero que se nos impide imaginar como realizable (Marcuse). De ahí que su eslogan de seamos realistas, pidamos lo imposible acabara siendo literalmente cierto. No conseguirían cambiar las bases del sistema capitalista, pero sí lograron transmutar las costumbres sexuales y las principales fuentes de autoridad.
    El mundo al que hoy se enfrentan los jóvenes se les presenta en cambio como un lugar en el que ya nada parece posible. Salvo algunos grupos minoritarios, su objetivo no es otro que el adaptarse a lo dado. No les guía ninguna utopía de cambio social. Su máxima aspiración es encontrar un hueco en el que poder guarecerse dentro del sistema. Pero eso es precisamente lo que no consiguen en esta sociedad de la precariedad que les afecta a ellos más que a nadie. Han descubierto con horror que el sistema establecido no está haciendo honor a los tradicionales pactos generacionales, que ha incumplido sus promesas. Se formaron mejor y más intensamente que cualquier generación anterior para terminar encontrándose ante la aterradora sensación de sentirse prescindibles. Son los paganos de un mundo que ya ha dejado de creer en el futuro, temeroso de todo cambio, y en el que la idea de progreso se ha acabado por identificar con el que todo siga igual. Quizá de esto venga su creciente escepticismo hacia la política establecida.
    Allí donde hay miedo al futuro no puede haber, sin embargo, un lugar en el que los jóvenes puedan desplegar todo el potencial que atesoran. Son los grandes desaprovechados, y su perplejidad va en aumento a medida que crece su impotencia. Los jóvenes sesentaochistas, hijos del baby-boom, se sabían poderosos por su mera fuerza demográfica. En nuestras sociedades envejecidas, donde casi forman una minoría, no tienen ni siquiera el consuelo de conseguir llamar la atención de la política como fuerza con capacidad para decidir unas elecciones; tampoco encuentran un discurso que les muestre una salida y les alivie de su orfandad.
    Que no se nos olvide. Las grandes revueltas -y aquí las de los países árabes pueden ser un nuevo ejemplo- siempre se han gestado por parte de grupos que vieron cegadas sus expectativas de ascenso social. Atentos a los jóvenes.

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  7. RENOVACIÓN DE LA VIDA
    Por Guillermo Marcó
    A mis queridos estudiantes universitarios dedico estas reflexiones. En el día de hoy conmemoramos dos cosas: la renovación de la vida que nos trae la primavera y la renovación del compromiso educativo que va de la mano de su vocación. La gran mayoría de los hombres y mujeres del mundo no tienen la posibilidad de elegir lo que quieren hacer en la vida, simplemente, tienen que salir a buscar el modo de ganarse el pan con el sudor de la frente. Sólo una escasa proporción de habitantes de este planeta tiene la oportunidad de soñar y elegir un futuro. Ustedes están entre ellos y, por eso, el resto esperamos también mucho de ustedes.
    La palabra vocación viene del verbo vocare, que significa “llamado”, es un llamado que viene de afuera y repercute adentro y les hace descubrir que algo se despierta en su interior. Es la respuesta a la razón de la existencia: “Yo he nacido para esto” y por eso es necesario vivir esa respuesta con pasión, sacudiendo la modorra de la mediocridad y llenándola de sentido con ese ideal que se convierte en un norte.

    Siempre me pareció dramático que a la edad de los 17 o 18 años, en la que disponen todavía de escasos recursos madurativos, tengan que elegir algo tan grave como lo que van a ser el resto de sus vidas. Quizá por esto nos desorienten, con una búsqueda que sólo ustedes comprenden, cambiando a menudo de carrera.

    El estudio pueden vivirlo como un medio para llegar a ser profesionales. Pero es importante que sepan que, cuando uno se empeña en una vocación intelectual, existe una profunda experiencia de gozo al comprender la verdad, al ir avanzando en el conocimiento hasta alcanzar sabiduría. Estudiar no es sólo un trámite para “zafar de un examen”, es una disciplina que enaltece el espíritu humano y que los hace crecer como personas. Es importante que sepan que toda vocación tiene una dimensión sagrada. Si han recibido estos talentos y estas oportunidades -que otros no han tenido-, hay que devolver lo que se les ha otorgado. No sólo es importante usar la profesión como herramienta de sustento y progreso material, sino devolverles a la sociedad y a la Nación algo de lo que nos han otorgado formándonos. Esto se hace aún más evidente para los que aprenden en una universidad del Estado. Ella no es gratuita; son los ciudadanos con sus impuestos los que sostienen esta fundamental herramienta para nuestro futuro.

    Sabemos de sus dificultades, sobre todo para los que llegan del interior del país para concretar sus sueños, extrañando el pueblo natal, la familia y los amigos. Sabemos que es difícil pero ¡cuánto bien les hace cuando superan la prueba!

    En este Día del Estudiante, los adultos necesitamos de su entusiasmo, de su frescura y de sus ganas, en ustedes ponemos la esperanza de futuro. Los ciudadanos de nuestra Patria los miran con esperanza, necesitarán de sus conocimientos para llegar a superar la marginación y la pobreza y asegurar a todos un futuro mejor.

    Nosotros, los adultos, queremos renovar nuestro compromiso de apoyarlos en el camino con nuestra experiencia. Que Dios los bendiga y acompañe.

    Para LA NACION
    Viernes 21 de setiembre de 2007 | Publicado en la Edición impresa
    El presbítero Marcó es director de la Pastoral Universitaria del Arzobispado de Buenos Aires.

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