FUSIÓN NUCLEAR: ¿EL ÚLTIMO VOTO DE CONFIANZA EN LA ENERGÍA ATÓMICA?

¿Recibirá la fusión nuclear un impulso definitivo tras lo ocurrido en Fukushima?

“Fusión” en lugar de “fisión” nuclear: ésa es la meta de los países que siguen apostando por la energía atómica, pero excluyendo la posibilidad de accidentes como el de Fukushima, que hoy es motivo de alarma.

El estado de la central atómica de Fukushima sigue siendo motivo de alarma internacional, con todo y que sus seis reactores están conectados de nuevo a la red enérgetica pública. La electricidad ha vuelto a tres de ellos y los ingenieros planean poner a prueba las bombas de agua de las instalaciones, aunque los trabajos de seguridad en la planta debieron ser interrumpidos en varias oportunidades, debido a que se registró humo saliendo de los bloques 2 y 3.

 

La instancia encargada de la seguridad nuclear en Japón anunció que no se habían medido cambios considerables en los niveles de radiación en la central. Un gas gris brotó del reactor 3, pero sólo brevemente. La agencia de noticias nipona Kyodo informó que lo que salía del reactor 2 era probablemente vapor y no humo, desestimando que el gas blanco proviniera de la piscina de desechos radioactivos; pero es Tokyo Electric Power, la empresa operadora de la central, la que deberá ofrecer detalles al respecto.

 

Fusión nuclear en lugar de fisión nuclear

 

Aunque es demasiado temprano para suspirar de alivio, cabe señalar la importancia de que este incidente nuclear haya ocurrido ahora y en un país tenido como uno de los más responsables en el manejo de la tecnología atómica: la comunidad internacional ha empezado a familiarizarse con aspectos de la energía nuclear que nunca han debido serle ajenos, en un momento en que cuenta con medios para ejercer presión sobre los gobiernos y obligarlos a buscar opciones de abastecimiento menos peligrosas.

 

Un ejemplo pertinente: muchas más personas saben ahora que la temida fusión de núcleo –el daño que sufre un reactor atómico al sobrecalentarse– no debe ser confundida con la prometedora fusión nuclear, el proceso con el que los partidarios de la energía atómica querrían sustituir el de la fisión nuclear, mañana mismo si pudieran. Fusión nuclear en lugar de fisión nuclear: ésa es la meta de países como China, Francia y Rusia, conscientes de los beneficios que traería consigo ese relevo de tecnologías.

 

En búsqueda de la energía atómica segura

 

La diferencia entre estos procesos radica en que un reactor de fisión genera energía mediante la fragmentación de un núcleo pesado de uranio, mientras que un reactor de fusión la produciría uniendo partículas de hidrógeno con helio. Dos de las ventajas de la fusión nuclear: los combustibles que la harían posible son prácticamente inagotables –todo lo contrario del uranio– y el reactor atómico de fusión no produciría desechos radioactivos longevos, haciendo innecesaria la construcción de almacenes geológicos profundos, de por sí controversiales.

 

Otra virtud del reactor de fusión es que, como almacena tan poca energía, excluye la posibilidad de un accidente como el de Fukushima, Harrisburg (1979) o Chernóbil (1986). El problema es que nadie ha podido fabricar un reactor atómico de fusión porque amerita el empleo de técnicas extremadamente complejas. Los recursos invertidos por varios gobiernos en la construcción del Reactor Termonuclear Experimental Internacional (ITER) constituyen el primer intento realista en ese ámbito.

 

El ITER todavía alimenta esperanzas

 

Junto a Japón, Corea del Sur, China, Rusia, India y Estados Unidos, la Unión Europea decidió en 2005 que el ITER fuera erigido en Francia. En aquel momento se estimó que las instalaciones costarían 5.000 millones de euros y estarían listas para el año 2018; pero hacia 2008 quedó claro que los costos de producción se triplicarían y el encendido del reactor no sería posible antes de 2026. Las razones abundan: los precios de la técnica y las materias primas requeridas subieron más de lo calculado y ciertas decisiones gerenciales entorpecieron el flujo de trabajo.

 

La construcción del ITER sigue adelante, pero la UE –que aporta casi la mitad de la inversión económica por ser la anfitriona– deberá retirarle recursos a otros proyectos de investigación científica y partidas de dinero hasta ahora no utilizadas a su propio presupuesto. De ahí que expertos en energía atómica pertenecientes a organizaciones ecologistas insistan en exigir que se detenga el proyecto ITER, y se inviertan los medios disponibles en la consolidación de las fuentes de energía renovables.

 

Autor: Frank Grotelüschen / Evan Romero-Castillo / Reuters

Editor: Luna Bolívar Manaut

 

 

9 comentarios en “FUSIÓN NUCLEAR: ¿EL ÚLTIMO VOTO DE CONFIANZA EN LA ENERGÍA ATÓMICA?”

  1. “Ya hay daños medibles en el mar alrededor de Japón”

    Latif: “La radioactividad liberada por el accidente de Chernobil todavía es medible en el mar de Barents”.
    Cerca de Fukushima, los niveles de radioactividad en el mar están 1.850 veces por encima de los valores normales. Deutsche Welle conversó sobre la contaminación nuclear de las aguas con el oceanógrafo alemán Mojib Latif.

    Este domingo (27.3.2011), la radiación alcanzó niveles tan altos en la central nuclear japonesa Daiichi –diez millones de veces por encima de lo normal–, que las labores para evitar una fusión del núcleo debieron ser interrumpidas de inmediato. Tepco, la empresa operadora de la planta atómica de Fukushima, tenía previsto extraer agua contaminada con yodo radioactivo de los cuatro edificios más dañados por el terremoto y el tsunami del 11 de marzo; el agua alcanza un metro de altitud en todos ellos y dificulta las tareas de estabilización del complejo nuclear porque expone a los trabajadores a radiaciones letales.

    Pero a la catástrofe en tierra firme le sigue otra mar adentro. Y es que, aunque todavía se desconoce el origen y la trayectoria exacta de la filtración, Tepco admitió que agua contaminada con yodo radioactivo puede haber corrido desde la central atómica hasta las costas cercanas. Mediciones realizadas este 27 de marzo revelan que los niveles de radiación en el mar superan 1.850 veces los valores tenidos por normales. Sin embargo, Hidehiko Nishiyama, un funcionario de alto rango de la Agencia de Seguridad Nuclear e Industrial de Japón, aseguró que las corrientes del océano diluirían las partículas de radiación, haciéndolas inocuas para los peces y las algas.

    ¿Inocuas? Los niveles de radiación del agua del reactor 2 ascendieron a 1.000 milisieverts por hora y el estándar de seguridad nacional es de 250 milisieverts… por año. La Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos sostiene que una sola dosis de 1.000 milisieverts basta para ocasionar una hemorragia y tres trabajadores del reactor 3 debieron ser hospitalizados el pasado 24 de marzo tras entrar en contacto con agua contaminada; sus niveles de radiación estaban 10.000 veces por encima de lo normal y Tepco confesó no haber advertido a los trabajadores sobre los riesgos que estarían enfrentando.

    Latif: “Ya es mucho el material radioactivo que ha contaminado las aguas cercanas a Fukushima”.
    Este sábado (26.3.2011), un vocero de Tepco reportó que sus expertos aún no han decidido dónde almacenar el agua radioactiva que procuran sacar de los reactores nucleares; pero es poco probable que ese gesto de franqueza consiga mejorar la imagen del Gobierno nipón y la de la empresa operadora ante los japoneses: la mayoría de ellos los acusa de no informar debidamente sobre los alcances del incidente nuclear de Fukushima. Deutsche Welle conversó con el oceanógrafo y meteorólogo alemán Mojib Latif, del Instituto Leibniz de Oceanografía, adscrito a la Universidad de Kiel, sobre las secuelas de la contaminación radioactiva de los mares.

    Deutsche Welle : Agua contaminada con yodo radioactivo ha corrido desde la planta nuclear de Daiichi hasta las costas de Fukushima. ¿Qué implica esta situación para la vida de las especies marinas y, en general, para el medio ambiente?

    Mojib Latif : El mar se ve afectado directamente y en distintas maneras por el incidente nuclear en la central de Fukushima: por un lado, la radioactividad atenta contra la vida de los organismos más pequeños y penetra la cadena alimenticia desde el momento en que un pez consume materia contaminada. Por otro, las corrientes marinas arrastran el material radioactivo hasta contaminar áreas más extensas y éste terminará convirtiéndose en una fuente permanente de radioactividad tras asentarse en el relieve oceánico.

    Algunos expertos han declarado que la concentración de las sustancias radioactivas en cuestión se disolverán rápidamente en el mar y que, por ahora, ni los seres humanos ni el medio ambiente están expuestos a un “peligro mayor”. ¿Hasta qué punto es creíble esta afirmación?

    A la distancia es difícil constatar la veracidad de esta declaración. Pero es un hecho que, mientras más se prolongue la exposición del mar a las sustancias radioactivas de la planta nuclear de Fukushima, mayores serán los daños registrados. Yo estoy seguro de que ya hay daños medibles en el mar alrededor de Japón; sucesos pasados nos permiten dar por sentado que ya es mucho el material radioactivo que ha contaminado las aguas cercanas a Fukushima y que éste dejará sentir sus efectos durante muchos años.

    Latif: “El material radioactivo será arrastrado hasta cubrir grandes superficies del Pacífico”.
    ¿Cuánto tiempo tardan las sustancias radioactivas en infiltrarse en la cadena alimenticia?

    Eso ocurre con relativa rapidez, es una cuestión de semanas o meses. Los peces se ven afectados por la radioactividad o bien cuando consumen organismos más pequeños que están contaminados o por exposición directa al material proveniente de los reactores atómicos. De ahí que a partir de ahora sea necesario supervisar cuidadosamente el estado de los alimentos importados de Japón.

    Algunos países supervisan desde hace días los productos alimenticios importados desde Japón. ¿Cree usted que la pesca se vuelva impracticable en todo Japón o solamente en las aguas cercanas a los reactores de Fukushima?

    En este momento el peligro de contaminación pende sobre las aguas cercanas a la central nuclear de Fukushima. Sin embargo, insisto, debemos esperar para ver cuánto tiempo estará expuesto el mar a las sustancias radioactivas. Si ese proceso de contaminación se extiende durante varios meses, la totalidad de la industria pesquera que opera en aguas niponas estará en peligro y el material radioactivo será arrastrado por las corrientes marinas hasta cubrir grandes superficies del océano Pacífico, incluyendo las aguas frente a las costas de Alaska, en donde se pescan muchos productos consumidos en Europa.

    Considerando únicamente los efectos de los incidentes nucleares sobre las aguas, ¿diría usted que la catástrofe de Fukushima es más grave que la de Chernobil?

    Sí. Por lo menos en lo que a la contaminación de las aguas se refiere. La radioactividad liberada durante el accidente de Chernobil todavía es medible en el mar de Barents [al norte de Noruega y Rusia], con todo y que la radioactividad ‘sólo’ llegó a sus aguas a través del aire y los ríos. Las circunstancias actuales en Japón son muy diferentes porque el material radioactivo fluye directamente al mar y la contaminación de las aguas a causa del accidente en la planta atómica de Fukushima es mucho mayor que la causada por la central de Chernobil.

    Autor: Evan Romero-Castillo / dpa / Reuters
    Editora: Claudia Herrera Pahl

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  2. Sábado 26 Marzo 2011
    Alerta en Japón por los altos índices de radiactividad en el mar

    Las autoridades han detectado 1250 veces más de yodo radiactivo en el mar, a unos 330 metros al sur de la central de Fukushima 1. La situación retrasa el inicio de las tareas de enfriamiento en esa planta y ha obligado al gobierno japonés a ampliar a 30 kilómetros la potencial zona de riesgo.

    Los altos niveles de radiación no sólo retrasan las tareas de enfriamiento del reactor de Fukushima, sino que también aumentan el riesgo de una contaminación alimentaria de productos marinos, que se sumarían así al agua potable, la leche y las espinacas en donde ya se detectó niveles de contaminación hace algunos días.

    Una contaminación alimentaria que las autoridades niponas han negado de plano. Desde la Agencia de Seguridad Nuclear –desde donde se originó la noticia de la radiactividad en el mar- precisan que los niveles de radiación en las aguas ‘se diluirá con las mareas, lo que significa que hará falta una concentración notablemente más alta para que las algas y los animales marinos la absorban’. A pesar de esto el gobierno ha decidido prever cualquier posible inconveniente y desde el martes pasado incrementó los controles de peces y mariscos a los largo de sus costas.

    Esto mientras los trabajos en la central de Fukushima continúan, sobre todo centrados en la refrigeración de los reactores 1 y 3. Este sábado los técnicos de la central esperan encender las luces del reactor número 2.

    Temores de nuevas fugas

    Ante la magnitud de la alerta las autoridades niponas decidieron extender el perímetro de seguridad en torno a la central de Fukushima: se ha pedido a la población que vive a 30 kilómetros de la planta que abandone sus hogares. Esto porque según el ministerios de Ciencias japonés los niveles de radiación en esta área superan el límite anual.

    Otro punto de inquietud: las sospechas de que el reactor número 3 pudiera estar agrietado, aumentando seriamente el riesgo de contaminación. Esta posibilidad se maneja desde que tres empleados que trabajaban en ese reactor fueran hospitalizados con quemaduras que indican que estuvieron expuestos a un nivel inusual de radiactividad. Según la operadora Tepco los valores serían 10.000 veces mayores de lo normal.

    Estas cifras elevadas hablan de varias posibilidades. La primera es que sean las barras de combustible del reactor las que estén dañadas. Otra hipótesis es que sea la vasija de contención la que esté dañada, aunque todavía se investiga la razón de esta elevada radiactividad.

    La central de Fukushima sufrió graves daños cuando el pasado 26 de marzo un violento sismo –de 8.9 grados en la escala de Richter- sacudió Japón y un posterior maremoto arrasará las zonas circundantes a sus costas. El último balance de la Agencia Nacional de Policía habla de 10.151 muertos y casi 20.000 desaparecidos.

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  3. Inquietud en el cementerio nuclear de América por accidente en el Japón
    Es el mayor cementerio nuclear del continente americano: 200 millones de litros de material radioactivo residual de la fabricación de bombas de plutonio. Según las autoridades, el lugar es seguro, pero el accidente nuclear japonés reactivó la inquietud de los vecinos de la zona. Por Shaun Tandon.

    Más de 20 años después de su cierre, doce mil personas siguen trabajando todavía en la reserva de Hanford con el único fin de asegurar la limpieza de esta instalación que data de la segunda guerra mundial. De esta fábrica, situada en el estado de Washington (noroeste de Estados Unidos), salió la bomba lanzada sobre Nagasaki en 1945.

    Sesenta y cinco años después, este extenso lugar sigue almacenando bajo tierra 177 barriles de hormigón rellenos de material radioactivo. Tom Carpenter, del movimiento ecologista Hanford Challenge, teme el impacto que una catástrofe natural podría tener en esta zona amenazada por los temblores de tierra y en la que también hay instalada una central nuclear en actividad.

    Carpenter teme también que grupos terroristas o personas desquiciadas metan mano a los residuos: “Los gobiernos no duran eternamente. ¿Habrá alguien de aquí a cien o mil años que se asegure de que los residuos estén fuera del alcance, de que nadie penetre en el interior de la instalación y de que las aguas no estén contaminadas?”

    Hasta los años 1960, Hanford vertía directamente sus residuos en la naturaleza: las autoridades reconocieron haber vertido más de 3,8 millones de litros de residuos radioactivos y que parte de ellos penetraron en la tierra.

    Tras haberse gastado ya 100.000 millones de dólares en limpiar la instalación, las autoridades prevén construir de aquí a 2019, con 11 años de retraso, una nueva planta que vitrificará los residuos a una temperatura de 1.150 grados, antes de almacenarlos eternamente.

    “Es como una bomba de efectos retardados. Tarde o temprano sucederá algo”, explica Walt Tamosaitis, un ingeniero que trabajó 40 años en la instalación y que según él fue despedido el año pasado por haber manifestado abiertamente sus inquietudes. “Sería terrible si los depósitos reventaran. Jamás tendríamos los medios para pararlo”, dijo.

    El departamento estadounidense de Energía asegura que las condiciones de seguridad de la instalación están progresando, con trabajos para proteger el Columbia, el río que fluye cerca, y la demolición de dos centrales eléctricas.

    “El proyecto está al alcance de la mano, en pleno impulso”, explica JD Dowell, un alto funcionario del ministerio. “Se trata de un compromiso nacional”.

    Pero en período de vacas flacas, los ecologistas temen que la limpieza de la instalación sea víctima de las reducciones presupuestarias debatidas en el Congreso.

    “Tenemos miedo de que pierda impulso en el presupuesto de 2012”, se alarma Susan Leckband, que dirige el Hanford Advisory Board, un organismo encargado de reunir a los diferentes actores implicados en el asunto.

    Sea cual sea la solución será demasiado tarde para Gloria Wise, una habitante de la región que en 2005 recibió una indemnización de 300.000 dólares por su cáncer de tiroides, tras haber demandado a los gigantes de la química Dupont y General Electric, dos grandes operadores de la instalación.

    “Estoy segura de que la radioactividad entró en nuestros alimentos”, explica Wise, de 67 años, que cultivaba legumbres en su jardín. “Nos daban leche todas las mañanas, cuando yo era pequeña. No se nos contaba lo que estaba aconteciendo”.

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  4. El factor humano ante la adversidad

    Por Héctor Farina Ojeda (*)

    La tragedia que afecta a Japón tras los golpes sucesivos del terremoto, el tsunami y la crisis nuclear debida a los daños sufridos en sus reactores, es una muestra clara de cómo los fenómenos de la naturaleza pueden destruir o reconvertir, de un momento a otro, un país, una ciudad o una determinada forma de vida. Fue cuestión de horas para que de la tranquilidad se pase a la zozobra, el temor y sobre todo a la incertidumbre: se perdieron muchas vidas, hay muchos daños materiales y persiste la amenaza de desastre nuclear, por lo que al dolor y al temor hay que sumarle la duda de cómo saldrá el país en cuanto a su economía, su desarrollo y la calidad de vida de su gente.

    El año pasado ya tuvimos varias muestras de la furia destructora de la naturaleza, como los terremotos que afectaron a Haití –el país más pobre de América- y Chile –una de las economías más emergentes y sólidas de Latinoamérica. En el caso de Haití, el país quedó totalmente devastado, y a los daños materiales y las muertes siguió una crisis humanitaria marcada por epidemias, hambre y precariedades de todo tipo. Mientras que Chile soportó un terremoto aún mayor, que le causó enormes pérdidas materiales y humanas.

    En estos dos casos hay resultados dispares: mientras que Haití se hundió completamente y todavía soporta tremendas carencias en cuanto a rubros fundamentales como la alimentación, Chile tuvo el año pasado un crecimiento económico de 5,2% y se sigue manteniendo como una de las economías más sólidas y con visión de futuro del continente.

    De fondo, hay una serie de elementos que marcan una diferencia clara de la preparación que se debe tener para soportar una crisis y emerger de ella: Chile es un país planificado, con una economía competitiva y fundamentalmente basa su proyecto de país en la preparación de su gente. Esto ha derivado en tener una sociedad ordenada, precavida y consciente de que se requiere conocimiento para no estar siempre a merced de los golpes de la naturaleza. Por eso el efecto de los terremotos pudo ser aminorado, en contraste con Haití, en donde el 50% de su población es analfabeta, tiene niveles de pobreza que llegan al 80% y su economía es extremadamente primaria y precaria, por lo que el terremoto terminó de derrumbar un país ya demasiado lastimado.

    El factor humano es fundamental: la capacidad de la gente, su educación, su visión de país y su grado de conciencia para prevenir y planificar son la base para la construcción y la reconstrucción de cualquier sociedad. Por eso creo en Japón y en su recuperación, pues tiene gente preparada, altamente comprometida con el conocimiento y el trabajo, y cuenta con niveles de competitividad suficientes para hacer emerger al país a pesar de las tragedias, como ya quedó demostrado tras las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Lo importante es la gente, lo demás vendrá por añadidura.

    (*) Periodista y profesor universitario.
    Desde Guadalajara, Jalisco, México

    Comentario para el suplemento “Estrategia”, del Diario La Nación, Paraguay.

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  5. DRAMÁTICO DESTINO EN JAPÓN
    Oscar B. Llanes Torres
    La noticia llega cargada de aterradores escenarios, la televisión nos muestra el lado amargo, la violencia de la naturaleza es incomparable, se arrastran con delirante furia predios y puentes, el mar se agita con alocada intensidad nunca vista, nos llegan escenas escalofriantes en su dimensión humana, personas y animales desaparecen del palco de destrucción y muerte, todo es terrorífico de incalculable perjuicio al imperio japonés, su resignado pueblo bajo la insignia de la paciencia de siglos, el cuadro es alarmante, se calcula que el daño es mayor que la provocada por la bomba atómica, escenario de destrucción y tristeza, retrato de la impotencia humana ante el furor de la naturaleza ante tanta grandiosidad destructiva.
    Las explosiones se suceden, los comentarios políticos sobre temas técnicos y científicos se vuelven terriblemente deshumanos, discutir que la irradiación nuclear es de peligro inminente hasta treinta u ochenta kilómetros es de una superficialidad inigualable, afirmar que el gobierno japonés miente y minimiza, es desconocer el sentido ético que poseen los gobernantes orientales, la dialéctica sobre estos temas considero de una vulgaridad política que daña la inteligencia internacional.
    Es hora de ser solidario con el pueblo y las instituciones del Japón, los gobiernos y pueblos de todas las geografías del mundo, la sola intención no basta, es el momento crucial de extender las manos a una sociedad vigorosa y disciplinada que en orden y paciencia realizarán la reconstrucción como ya lo hicieron después de la segunda guerra mundial y convirtieron al Japón en una sociedad desarrollada, rica y prospera, con una educación social y ética de profundo sentido humano y enorme relevancia que hacen del Japón un ejemplo de altruismo, fe y respeto a sus instituciones.
    El pronunciamiento del Emperador es admirable, su voz de aliento irradia amor, paz, ventura y formula sus votos de pronta recuperación del valeroso pueblo japonés ante tanta adversidad.
    Diplomático y Profesor Universitario Paraguayo

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  6. | 23.03.2011
    Tokio: alarma por radioctividad dispara venta de agua pero no éxodo

    Ya en otras localidades japonesas hubo escasez de suministros en supermercados. Ahora le toca al agua, en Tokio.
    Aunque la alarma gubernamental por los niveles de radioactividad en el agua sólo prohíbe su consumo por los menores de un año, los adultos también están atemorizados: se aprovisionan de agua embotellada.

    “Espero encontrar todavía botellas de agua”, dice Makiko. El gobierno acaba de advertir que en la ciudad de Tokio los bebés no deben beber agua corriente. Y aunque la alarma por los niveles de radioctividad en el agua sólo afecta a los menores de un año, los adultos también están atemorizados.

    Los tokiotas afirman que en algunos supermercados el agua mineral se agotó de repente. “En nuestra empresa todos hablan de agua contaminada. Una de mis compañeras está preocupada porque está esperando un bebé en mayo”, explica Makiko. También esta empleada de una editorial tiene algo de temor. Pero por el momento no ha cundido el pánico.

    Los extranjeros se van… y los tokiotas se quedan

    En una planta de tratamiento de agua se detectaron niveles elevados de yodo radiactivo. Los cuidadores de los jardines de infancia deben evitar ahora que los pequeños beban agua. Aunque, como insisten las autoridades, no existe un peligro inmediato para la salud.

    Especialmente los extranjeros han abandonado la ciudad y el país en estos días.
    Hasta ahora, los habitantes de Tokio habían escuchado noticias de radioactividad procedentes sobre todo del noreste del país, la zona afectada por el terremoto del 11 de marzo. Aquellos que, asustados, huyeron de la capital, tuvieron que escuchar las burlas o incluso el desprecio de sus conocidos.

    De momento, no hay rastro de una salida masiva de la ciudad, algo que si han hecho muchos extranjeros, los “gaijin”, que según los japoneses abandonaron hace días el país ante las exageradas informaciones sobre la catástrofe natural procedentes de sus países de origen.

    Ahora también se les llama “flyjing”, una nueva palabra para designar a quienes huyeron del país. La mayor parte de los japoneses se han quedado sin embargo en Tokio y siguen acudiendo a trabajar, entre otras cosas por lealtad a sus empresas.

    Esta situación no cambió ante el anuncio de una elevada radioactividad en el agua. Pero la preocupación aumentó. “Algunas personas se dan cuenta ahora de lo peligrosa que es la situación”, opina una joven que vive en las inmediaciones de Tokio.

    ¿No acaparar el agua en los supermercados?

    El portavoz gubernamental, Yukio Edano, advirtió a la población de acudir en masa a comprar agua embotellada, ya que ésta se necesita urgentemente en el noreste del país. Según Edano, para los niños mayores de un año y los adultos es inofensivo beber el agua corriente de Tokio. Pero algunos ya hicieron acopio de provisiones de agua, no sólo ante el riesgo de la elevada radioactividad sino ante las réplicas sísmicas que todavía pueden sentirse.

    “Después de que la tierra temblara por primera vez, aumentamos nuestras raciones de emergencia anti-terremotos, por si acaso nos cortaban el suministro de agua”, explicó el empresario alemán Günter Zorn, residente en Tokio. Ante el riesgo de terremoto, a los habitantes de Japón se les recomienda tener siempre provisiones de emergencia. (dpa)

    Editora: Rosa Muñoz Lima

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  7. CONVIVIR CON LA RADIACTIVIDAD

    Ni todo es blanco, ni todo es negro. Hay quien propone la energía nuclear para todos, mientras otros formulan lo contrario. La radioactividad puede matar, pero también puede curar. Puede generar riqueza, pero también destruirla. De entrada, está visto que tenemos que convivir con la radiactividad, puesto que en todas partes cohabita la energía con la vida.

    Todo parece supeditarse al buen uso que se haga de las cosas, no en vano es mejor el empleo de las riquezas que la posesión de ellas, el mismo capital no es un mal en sí mismo, el mal germina del abuso.

    La cuestión pasa, pues, por estar vigilantes para que estos excesos no se produzcan. Este es el caso de las centrales nucleares, habrá que controlar -según además corroboran los entendidos- las reacciones en cadena y la emisión de radiactividad. En todo caso, cada persona tiene derecho a vivir con las debidas garantías de seguridad y los Estados deben contribuir a ello.

    Durante la Segunda Guerra Mundial, las explosiones de Hiroshima y Nagashaki, en Japón, muestran al mundo el efecto devastador de las grandes dosis de radiación. Asimismo, el accidente de la central nuclear de Chernobyl, ocurrido en 1986 en la Unión Soviética, puso también de manifiesto que las altas dosis de radiación pueden causar la muerte.

    La actual tragedia del terremoto en Japón que estamos viviendo en estos días, es verdaderamente apocalíptico. Los gobiernos de los países del mundo han de emplearse a fondo para que todas las plantas nucleares estén preparadas para condiciones meteorológicas extremas, terremotos, ataques terroristas.

    La protección a la ciudadanía es el acto más justo y no cabe resignación. Carece de sentido, en consecuencia, mantener vivo aquello que sea dañoso para el ser humano. Por consiguiente, en el momento que se detecta una central nuclear con un mínimo de inseguridad debe cerrarse o corregirse.

    Germina un nuevo éxodo de extranjeros, en este caso por la radiactividad de la planta nuclear Fukushima Daiichi, tras el seísmo y el tsunami de Japón. La alarma es cada vez mayor. El mundo, todo el mundo, debe volcarse en ayudar al valiente pueblo japonés, ante el horror del drama nuclear que afronta el archipiélago nipón. Ayudar al que lo necesita no sólo es parte del deber, sino también ha de formar parte de la conciencia humana.

    Víctor Corcoba Herrero

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  8. “La seguridad de las centrales no podrá ser absoluta nunca”
    El editorial del padre Federico Lombardi en “Octava Dies”
    ROMA.- La energía nuclear es un recurso inmenso para el hombre pero no se pueden obviar los interrogantes planteados por los riesgos que esta conlleva. Es lo que dijo el padre Federico Lombardi, S.I., director de la Sala Stampa de la Santa Sede, en el último editorial de “Octava Dies”, el semanal informativo del Centro Televisivo Vaticano, comentando los hechos ligados a la central atómica de Fukushima.
    “Las imágenes de la tragedia japonesa continúan, desde hace días, interrogándonos y turbándonos – observó el portavoz vaticano –. En Primer lugar nos han recordado los suceso dramáticos del tsunami del Océano Índico de hace seis años, que también provocó un número alarmante de víctimas, todavía más: un mar de sufrimiento y de dolor que pide nuestra compasión, nuestra solidaridad, nuestra oración”.

    El 11 de marzo, un violento terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter, golpeó el nordeste de Japón, con epicentro frente a las costas de Sendai, provocando después un tsunami con olas de hasta 10 metros de altura, que devastó hasta 650 km de costa. Desde entonces, además, se han sucedido más de 150 réplicas de asentamiento.

    Según lo relatado por la Oficina de la ONU para los Asuntos Humanitarios las víctimas confirmadas son 6.539, más de 11.000 están desaparecidas, y 25.000 continúan todavía aisladas en las zonas nordorientales que son las que más han sufrido el maremoto. Y mientras más de medio millón de personas han perdido la casa y se encuentran acogidas en las estructuras facilitadas por el Gobierno, las temperaturas han bajado drásticamente en las áreas que han sufrido más, rozando los cero grados centígrados en áreas de Iwate, Miyagi y Fukushima.

    “En pocos días – continuó el padre Lombardi – la atención del mundo ya no se centra en la ola destructora sino que lo hace en el desastre de la central nuclear”.

    El 14 de marzo, explotó, de hecho, el edificio que contenía el segundo reactor de la central nuclear de Fukushima, como ya había sucedido al primer reactor el día después del terremoto, aunque si el envoltorio que protege el combustible permaneció intacto.

    El 15 de marzo, sin embargo, después de una explosión en el reactor número 4, el nivel de radiación alrededor de la central subió peligrosamente, mientras que se registró también una elevación del nivel de radioactividad en Tokyo. La falta de electricidad, de hecho, ha impedido el encendido del sistema de enfriamiento, de manera que la temperatura comenzó a subir vertiginosamente y las cápsulas de circonio que revestían las barras de uranio comenzaron a fundirse y a dejar salir gas radioactivo e hidrógeno.

    El pasado sábado, sin embargo, el responsable de la Agencia Internacional para la Energía Atómica en Viena, Graham Andrews, no excluyendo todos los factores de riesgo afirmó que “la situación se está desarrollando en la dirección justa”.

    “Los japoneses – destacó el padre Lombardi – han demostrado que han aprendido a afrontar con previsión los riesgos de los terremotos de un modo admirable, construyendo edificios capaces de resistir los temblores más fuertes. En otros países temblores similares habrían causado un número incalculable de muertos”.

    “Y sin embargo, también el progreso técnico japonés ha demostrado en esta ocasión, un punto débil, de alguna manera inesperado – destacó después –. Ha bastado que una de las más de 50 centrales nucleares japonesas fuese seriamente dañada por el terremoto, para que se originase una nueva ola – esta vez de miedo, por otra insidiosa fuente de muertes –, que está cubriendo todo el mundo, más que la ola destructiva del maremoto”.

    “La energía nuclear es un recurso natural inmenso, que el hombre trata de poner a su servicio, pero si pierde el control, se vuelve contra él – comentó el jesuita –. Y nadie sabe mejor que los japoneses cuales son los efectos de la energía liberada del corazón de la materia dirigida contra el hombre”.

    “La seguridad de las centrales y la custodia de los residuos radioactivos no podrá ser nunca absoluta – evidenció a continuación –. Es justo y adecuado volver a reflexionar sobre el correcto uso del poder tecnológico, sobre sus riesgos, sobre su precio humano. El Papa lo recomienda a menudo”.

    “Hoy en la central enloquecida, un grupo de héroes está dando generosamente la vida para la salvación de muchos. Como los bomberos del 11 de septiembre – concluyó –. Como entonces, el amor solidario por los demás, incluso arriesgando la propia vida, es la verdadera luz en la oscuridad de la tragedia. Indica la dirección en la que buscar. Es la misma dirección del camino con Jesús hacia la Pascua”.

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  9. ELOGIO DEL ATRASO
    Dios no juega a los dados con el universo. La sentencia se le atribuye a Albert Einstein. No sé si eso es correcto. Lo que sí dijo es: Yo creo en el Dios de Spinoza que se revela en la armonía ordenada de lo que existe, no en el Dios que se involucra Él mismo con los destinos y acciones de los seres humanos. Creo lo mismo y pienso que hacemos poco para sostener esa armonía divina. Depredamos los bosques, contaminamos las aguas, sacrificamos la evolución de la conciencia en pro del desarrollo tecnológico. Generamos peligrosos residuos radiactivos, ensuciamos el aire y perforamos la capa de ozono.
    por Carla Fabri
    La catástrofe en las centrales nucleares de Japón, después del terremoto y posterior tsunami, hace obligatoria la reflexión acerca del tipo de vida que nos interesa. ¿Queremos dinero, éxito económico, tecnocracia, motores y artefactos? ¿O preferimos una vida simple, que demande menos energía del tipo que sea? Como país atrasado todavía estamos a tiempo de elegir una existencia que respete lo que queda de la naturaleza, alejada del exagerado consumismo con el que el Dios Mercado nos tienta segundo a segundo.

    Quizás nuestra vida llena de sol, el clima caluroso, la tierra fértil y pródiga, el agua, que todavía es abundante, sean los motivadores de nuestras costumbres lentas, de la hora paraguaya, del tereré y la molicie. No somos laboriosos ni competitivos como el pueblo japonés. Tal vez aquellos componentes de nuestra conducta que consideramos defectos sean una bendición, de cierta forma. Todavía disponemos de tiempo para compartir una charla entre parientes y amistades. La comida casera sigue vigente. El empedrado que aborrecemos nos exige andar despacito para no romper el vehículo, al que privilegiamos incluso por encima de las personas. Para alcanzar la felicidad las prisas siempre fueron malas. El asfalto que suponemos ventajoso para el transporte no drena el agua de las lluvias, imposibilita que las napas freáticas se alimenten y estas corren el riesgo de secarse. Cuando llueve, las arterias asfaltadas se convierten en caudalosos ríos que arrastran coches, personas y cuanto encuentran a su paso. Algo que sí deberíamos tratar de superar es la ignorancia unida a la tendencia de hacer ostentación de bienes materiales.

    En el mundo desarrollado, lejos de nuestras bucólicas costumbres, la seguridad de las centrales nucleares vuelve a estar en entredicho y el planeta contiene el aliento ante la situación de las nucleares japonesas.

    En el debate, un ciudadano español dice: Conozco pocos políticos, por muy pronucleares que sean, que tengan sus domicilios o sus segundas residencias en los alrededores de una central nuclear. Por algo será.

    Mi amiga, cocinando compotas de las guayabas de su patio mientras conversa conmigo, es la imagen perfecta del atraso nuestro de cada día que nos deja caer en la tentación de un progreso tonto, como es querer atravesar más rápido la avenida Eusebio Ayala por encima de un viaducto mal construido, carísimo y que no se acaba nunca.

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