EVANGELIO DEL DOMINGO: PARADA Y FONDA

Publicamos el comentario al Evangelio del próximo domingo, segundo de Cuaresma (Mateo 17, 1-9), 20 de marzo, redactado por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo.

* * *

Es un refrán andarín del que se sabe peregrino: que hay que parar la andadura para llegar a feliz término en el camino, y solemos decirlo con esa expresión castiza: “parada y fonda”. Algo así resulta el monte Tabor como símbolo de algo muy querido en la vida de todo hombre. Todos tenemos en la vida un momento, una situación en que re­almente las co­sas van bien, van según las intuye y las sueña nuestro corazón. Por fugaces que sean estas situaciones, son reales, gratificantes, verdaderas. En el camino hacia Jerusalén, Jesús escoge a aquellos tres discípulos y les permite entrever y gozar por unos momen­tos la gloria de Dios, esa sensación de estar ante alguien que desdramatiza tus dramas, y con sola su presencia pone paz, una extraña pero verdadera paz en medio de todos los contrastes, dudas, can­sancios y dificultades con los que la vida nos convida con demasiada frecuencia.

Por unos momentos, estos tres hombres han hecho como parada y fonda en su fa­tiga cotidiana, han tenido la experiencia de lo extraordinario, de lo que es más grande que sus mezquindades y tropiezos, de la luz que es mayor que todas sus oscuridades juntas. Ha sido un intervalo en el camino, pero ahora hay que seguir caminando a Jerusalén. Por impor­tantes que sean este tipo de momentos, la vida no se reduce a éstos.

 

El fin de la vida, de toda vida -incluida la cristiana-, no es encontrar un nido agradable, ni hallar un paraíso libre de impuestos y pesares. El fin de la vida es realizar el plan que Dios nos confió a todos y a cada uno, encontrarse con Jesús, y con Él caminar hacia su Pascua, entrar en ella, acogerla y vivirla. Aquellos tres discípulos no habrían podido llegar a la Pascua si no hubieran ba­jado de la montaña. Si se hubieran apropiado del don de la gloria de Dios, si hubieran amado más los consuelos de Dios que al Dios de los consuelos, si se hubieran encerrado en sus tiendas agradables, no habrían podido seguir a Jesús que haciendo el plan que el Padre le trazó, seguía ade­lante, bajaba de la Transfiguración de su tabor y subía al Jerusalén de su calvario.

 

Nuestra condición de cristianos no nos exime de ningún dolor, no nos evita nin­guna fatiga, no nos desgrava ante ningún impuesto. Hemos de redescubrir siempre, y la cuaresma es un tiempo propicio, que ser cristiano es seguir a Jesús, en el Tabor o en el Calvario; cuando todos le buscan para oír su voz y como cuando le buscan para acallársela; cuando todos le aclaman ¡hosannas!, como cuando le gritan ¡crucifixión! En el Evangelio de este domingo volvemos a escuchar también nosotros: no tengáis miedo… pero levantaos, bajad de la montaña y emprended el camino.

 

 

 

 

 

 

7 comentarios en “EVANGELIO DEL DOMINGO: PARADA Y FONDA”

  1. SIEMBRA

    Siembra amor, y recogerás unión,
    siembra unión, y recogerás paz,
    siembra paz, y recogerás armonía,
    siembra armonía, y recogerás ilusiones.

    Siembra ilusiones, y recogerás vida,
    siembra vida, y recogerás regalos,
    siembra regalos, y recogerás alegría,
    siembra alegría y recogerás fe.

    Siembra fe, y recogerás esperanza,
    siembra esperanza, y recogerás confianza,
    siembra confianza, y recogerás unidad,
    siembra unidad, y recogerás carácter.

    Siembra carácter, y recogerás hábitos,
    siembra hábitos, y recogerás destinos,
    siembra destinos, y recogerás felicidad,
    siembra felicidad, y recogerás éxito.

    Y con ese éxito, crecerá tu sueño,
    con ese sueño, crecerá tu realidad,
    con esa realidad, crecerá tu verdad,
    y esa verdad, te llevará a Dios.

    Envió:: Perla del Mar

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  2. La transfiguración de Jesús ayuda a comprender la cruz, dice el Papa

    Para que comprendiesen la divinidad del crucificado

    CIUDAD DEL VATICANO.- Cuando Jesús tomó a sus discípulos y se transfiguró delante de ellos, lo hizo para que pudiesen afrontar el escándalo de la cruz, explicó el Papa Benedicto XVI hoy al introducir el rezo del Ángelus.

    Al dirigirse desde la ventana de su estudio a los peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, el Papa quiso reflexionar brevemente sobre el evangelio de la Transfiguración, correspondiente al segundo domingo de Cuaresma.

    Jesús, tras haber preanunciado a sus discípulos su pasión, “tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz”, citó el Pontífice.

    “Según los sentidos, la luz del sol es la más intensa que se conoce en la naturaleza, pero, según el espíritu, los discípulos vieron, por un breve tiempo, un esplendor aún más intenso, el de la gloria divina de Jesús, que ilumina toda la historia de la salvación”.

    La Transfiguración, explicó el Papa, “no es un cambio de Jesús, sino que es la revelación de su divinidad, la íntima compenetración de su ser con Dios, que se convierte en pura luz. En su ser uno con el Padre, Jesús mismo es Luz de Luz”.

    Así los discípulos, “contemplando la divinidad del Señor, son preparados para afrontar el escándalo de la cruz”.

    Recordando en un antiguo himno, dijo: “En el monte te transfiguraste y tus discípulos, en cuanto eran capaces, contemplaron tu gloria, para que, viéndote crucificado, comprendieran que tu pasión era voluntaria y anunciaran al mundo que tu eres verdaderamente el esplendor del Padre”.

    El Pontífice invitó a los presentes a participar “de esta visión y de este don sobrenatural, dando espacio a la oración y a la escucha de la Palabra de Dios”.

    Por otro lado, exhortó a los fieles a, “especialmente en este tiempo de Cuaresma, responder al precepto divino de la penitencia con algún acto voluntario, además de las renuncias impuestas por el peso de la vida cotidiana”.

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  3. “Este es mi Hijo amado, escuchad¬lo” (Mt 17,1-9)
    Semana II del Tiempo de Cauresma – 20 de marzo de 2011

    Así como el I Domingo de Cuaresma se caracteriza por el Evangelio de las tentaciones de Jesús, así este II Domingo de Cuaresma se caracteriza por el Evangelio de la Transfiguración del Señor, que este año, por tratarse del ciclo A de lecturas, se toma de San Mateo.

    Lo que ocurrió sobre ese monte alto, que la tradición ha identificado con el monte Tabor, es algo que no puede decirse con las palabras de nuestro lenguaje humano. Allí Jesús concedió a los discípulos que había elegido, Pedro, Santiago y Juan, una manifestación de su divinidad. Usemos las mismas palabras del Evangelio: “Se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”. Esto es lo que vieron objetivamente. Pero esto evidentemente no es todo. San Pablo con razón dice, refiriendose a estas realidades: “lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que lo aman” (1Cor 2,9). Lo que esos tres apóstoles vieron es distinto de todo lo que conocemos por experiencia sensible. Jesús mismo habla de “una visión”, cuando les ordena: “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

    Examinemos ahora el aspecto subjetivo, es decir, lo que ocurrió en los testigos. Pedro exclama: “Señor, bueno es estarnos aquí”. Es un grito de entusiasmo que indica la belleza de lo que están viendo. No desean que acabe: “Si quieres haré aquí tres tiendas, una para tí, otra para Moisés y otra para Elías”. Y cuando se oyó la voz que salía de la nube luminosa que los envolvió, ellos “cayeron rostro en tierra llenos de temor”. Este es el modo típico de la Biblia de expresar la reacción del hombre ante una teofanía, es decir, ante una manifestación de Dios.

    ¿Por qué quiso Jesús conceder a sus apóstoles esta visión? Para responder a esta pregunta es necesario fijarnos en la introducción del episodio. El relato comienza con la frase: “Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y los lleva aparte a un monte alto”. Rara vez encontramos en el Evangelio una precisión cronológica como esta. Es evidente la intención de vincular la Transfiguración con lo acontecido “seis días antes”. Seis días antes había tenido lugar la confesión de fe de Pedro y el primer anuncio de la pasión de Jesús. A la pregunta de Jesús: “¿Quién decís vosotros que soy yo?”, Pedro se había adelantado a responder: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16). Y el Evangelio precisa: “Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas” (Mt 16,21).

    Con esto se vincula la Transfiguración. El prefacio de la Misa de este II Domingo de Cuaresma da la siguiente explicación: “Después de anunciar su muerte a sus discípulos, Jesús les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que la pasión es el camino de la resurrección”. Y el prefacio de la Misa del día propio de la fiesta de la Transfiguración (6 de agosto) agrega esta otra explicación: “Cristo, nuestro Señor, manifestó su gloria a unos testigos predilectos, y les dio a conocer en su cuerpo, en todo semejante al nuestro, el resplandor de su divinidad. De esta forma, ante la proximidad de la pasión, fortaleció la fe de los apóstoles, para que sobrellevasen el escándalo de la cruz”. En ambos casos se subraya la vinculación de este hecho con el anuncio de la pasión y muerte de Jesús.

    Pero es obvia también su vinculación con la confesión de Pedro. Pedro había dicho a Jesús: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. Y el punto central de la Transfiguración es precisamente la voz del cielo que confirma esa declaración de Pedro: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco, escuchadlo”. Jesús había prometido a Pedro: “Lo que ates en el tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo” (Mt 16,19). Aquí vemos qué significa esa promesa. Pedro había formulado la identidad de Jesús por una revelación del Padre concedida a él y aquí esa revelación es confirmada y compartida por los otros dos discípulos. Cuando se trata de decir quién es Jesús y de exponer su palabra, Pedro y sus Sucesores no pueden decir sino aquello que el cielo confirma.

    Y ¿por qué Moisés y Elías? Ellos representan la ley y los profetas. Ante Jesús que manifiesta su divinidad ellos ceden la palabra. En efecto, la voz del cielo dice solo respecto de Jesús: “Escuchadlo”. Y cuando acabó la visión “ya no vieron a nadie más que a Jesús solo”; Moisés y Elías habían cesado. Es claro que ya no debemos acudir a ningún otro maestro, porque sólo Jesús “tiene palabras de vida eterna” (Jn 6,68) y él solo es “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6).

    + Felipe Bacarreza Rodríguez
    Obispo de Los Angeles (Chile)

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  4. Evangelio según San Mateo, capítulo 17, versículos del 1 al 9
    20 de Marzo de 2011

    Semana II del Tiempo Ordinario
    Transfiguración del Señor

    1. Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan su hermano, y los llevó aparte, sobre un alto monte.
    2. Y se transfiguró delante de ellos: resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.
    3. Y he ahí que se les aparecieron Moisés y Elías, que hablaban con Él.
    4. Entonces, Pedro habló y dijo a Jesús: “Señor, bueno es que nos quedemos aquí. Si quieres, levantaré aquí tres tiendas, una para Ti, una para Moisés, y otra para Elías”.
    5. No había terminado de hablar cuando una nube luminosa vino a cubrirlos, y una voz se hizo oír desde la nube que dijo: “Éste es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco; escuchadlo a Él”.
    6. Y los discípulos, al oírla, se prosternaron, rostro en tierra, poseídos de temor grande.
    7. Mas Jesús se aproximó a ellos, los tocó y les dijo: “Levantaos; no tengáis miedo”.
    8. Y ellos, alzando los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.

    La venida de Elías

    9. Y cuando bajaban de la montaña, les mandó Jesús diciendo: “No habléis a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

    COMENTARIO

    3. En la interpretación de los Santos Padre, Moisés representa la Ley Antigua, y Elías a los Profetas. Ambos vienen a dar testimonio de que Jesús es el verdadero Mesías, en quien se cumplen todos los divinos oráculos dados a Israel. Cf. 16, 20 y nota.

    5. Escuchadlo: “Si a cualquier pueblo, culto o salvaje, se dijera que la voz de un dios había sido escuchada en el espacio, o que se había descubierto un trozo de pergamino con palabras enviadas desde otro planeta… imaginemos la conmoción y el grado de curiosidad que esto produciría, tanto en cada uno como en la colectividad. Pero Dios Padre habló para decirnos que un hombre era su Hijo, y luego nos habló por medio de ese Hijo y enviado suyo (Hebr. 1, 1 ss.) diciendo que sus palabras eran nuestra vida. ¿Dónde están, pues, esas palabras? y ¡cómo las devorarán todos! Están en un librito que se vende a pocos céntimos y que casi nadie lee. ¿Qué distancia hay de esto al tiempo anunciado por Cristo para su segunda venida, en que no habrá fe en la tierra?”. (P. d’Aubigny).

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  5. GOTAS DE PAZ
    Transfigurar: espíritu y economía

    por Hno. Joemar Hohmann

    Mt 17,1-9

    Mateo nos relata la transfiguración de Jesús en tres puntos: él llevó a tres apóstoles al monte Tabor y se transfiguró delante de ellos. Aparecieron Moisés y Elías conversando con Jesús, y principalmente, la voz del Padre asegurando que Jesús es su Predilecto. Finalmente, el Señor recomienda que los apóstoles no digan nada sobre lo ocurrido, hasta que él resucite de entre los muertos.

    Jesús realiza su transfiguración antes de anunciarles su muerte en la cruz, y como este hecho iría llenarlos de confusión, El trata de afianzarles en la fe y el excelente modo que encontró fue a través del gesto que leemos en el Evangelio.

    Nosotros ya podemos quitar una enseñanza para la vida concreta: muchas veces, antes de que nos pasara algo doloroso, Dios ya nos habrá prevenido, exhortado y enviado muchas bendiciones.

    Personalmente, me gusta entender la transfiguración como si Dios “abriera un agujerito” en el cielo y nos permitiera ver lo que hay allá.

    Así que encontramos a Moisés y Elías, que representan a todas las personas buenas; Jesús con el rostro resplandeciente, y brota la expresión extasiada: “¡Señor, qué hermoso es estar aquí!”.

    Por otro lado, delante de las crueldades del sistema capitalista en el cual tenemos que desarrollarnos, de las manipulaciones de algunas autoridades y de la negligencia de uno mismo, nos sentimos aplastados y perturbados.

    Y Dios viene en nuestro auxilio, robusteciendo nuestra confianza y dando una orientación precisa: “Este es mi Hijo, escúchenlo”. Por lo tanto, si queremos transformar de modo positivo nuestro espíritu hay que escuchar al Hijo Predilecto.

    Para transformar la economía también hay que escuchar y obedecer a este Hijo, sin caer en las trampas del materialismo y del consumismo.

    Escuchar a Cristo no es solamente conocer de un vistazo su vida, pero es realizar una adhesión personal a él, con todo el corazón, mente y bolsillo.

    Estas tres características son muy significativas: con el corazón, pues donde está nuestro corazón, ahí está lo que consideramos como tesoro; con la mente, pues hay que usar la inteligencia y organización para que los criterios del Evangelio hagan nuestra realidad económica más justa; y con el bolsillo, para que las cosas no se queden en buenas intenciones.

    Pensemos siempre que nuestra meta final es el cielo y que debemos transfigurarnos para lograrla.

    Y cuando un ser humano cambia honestamente en su interior, entonces lucha como un león para implementar transfiguraciones en el país, para que sea desde ya un “pequeño cielo” para todos.

    Paz y bien.

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  6. II DOMINGO DE CUARESMA

    AÑO A

    Gn 12,1-4: http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9absaul.htm

    2Tm 1,8b-10: http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9an3hpa.htm

    Mt 17,1-9: http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9abta1q.htm
    La experiencia de la Transfiguración es una anticipación del Misterio Pascual y de la experiencia de realización que, en relación con Cristo, todos estamos llamados a vivir.

    En el Mesías, toda la vida histórica de Dios con los hombres, que pasa a travéz de la predilección de Israel se condensa y actualiza. Moisés y Elías, la Ley y los Profetas, es decir, toda la Antigua Alianza esta entrelazada, asimilada y realizada en el Misterio de la Encarnación que se extiende hasta la muerte y Resurrección de Cristo.

    La promesa hacha a Abraham se cumple: “la tierra” que el Padre nos indíca es el mísmo Cristo, que viene a nuestro encuentro y hácia el Cual estamos llamados a ir. ¡En efecto estamos llamados! El seguimiento de Cristo supone una llamada, exactamente como la expreriencia de la Trasnfiguración, que lleva en si mísma un profundo sentido de cumplimiento humano: «Es bueno estar aquí».

    El seguimiento del Señor y el camíno por recorrer, coinciden, después en Su mísma Persona. De hécho, a travéz de la experiencia de la Trasfiguración, todo, en la vida de los tres Apóstoles, indíca en el Señor, la realización de la história del pueblo de Israel, de su personal existencia y de todo el cosmos: la Ley y los Profetas, a los cuales habían escuchado obedientemente désde la juventud, les indícan ahora al Maestro; su mísma humanidad, a travéz de las palabras de Pedro, que se inundan en el reconocimiento de una alegria profunda, nueva e inimaginable; el mísmo Dios Padre les dona, desde lo alto de aquel monte, la Nueva Ley en su Hijo, el Amado.

    De los Evangelios sabemos que esta es la última manifestación de la divinidad de Cristo, duarante Su vida terrena. Casi para subrayar esto, el Evangelista nos dice que, terminada esta extraordinaria teofanía, los Apóstoles «cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo» vieron, osea, “solamente” Su santisima Humanidad, que habrian visto después, transfigurada en el Amor encarnado y crusificado.

    Sigamos por lo tanto, también nosotros, la Humanidad de Cristo, sabiendo que Él nos dona en el presente todos los instrumentos necesarios para conocerlo y seguirlo, porque nos ha introducido en su Iglesia, la compañia humana que, regenerada por el Espíritu, prolonga la presencia del Resucitado en la história; nos ha donado a Pedro y a los demás Apóstoles, sacramentalmente radicados en la viva relación con el Señor, a travéz de los cuáles, Él mísmo nos ofrece, no solo sus enseñanzas, si no todo de sí mísmo, sobre todo en la Eucaristia celebrada y adorada; nos ha dado la explendida maternidad de María Santísima, en la cual resplende de modo perfecto la Luz de la Resurrección de Cristo.

    Con el tiémpo, en el fiel y humilde seguimiento del Señor, se nos permitirá ver, en nuestra mísma vida, el acontecer progresivo y profundo, de aquella transfiguración que se llama santidad.

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  7. Gotas de Paz – 434 Asunción, 18 de marzo de 2011.
    “En presencia de ellos, Jesús cambió de aspecto: su rostro brillaba como el sol y su ropa se puso resplandeciente como la luz.” (Mt. 17, 2)
    Estamos en un tiempo fuerte de la cuaresma. Tiempo de conversión. Tiempo de renovarse en la fe y en la vida. El domingo pasado Jesús nos invitó a ir al desierto y reconocer cuales son las tentaciones en nuestra vida, y con una vida de penitencia, vencerlas. En este segundo domingo de la cuaresma Jesús nos invita a subir con él al monte Tabor y contemplar su Transfiguración.
    La montaña en el lenguaje bíblico, es el lugar del encuentro con Dios, de oración, de intimidad con él. Jesús muchas veces se retira a la montaña para hacer sus oraciones. Todos nosotros estamos invitados a hacer esta experiencia. Experiencia fuerte de oración, contemplación a Dios y a su gloria. Pues más que cualquier otra cosa, es esto que nos hace capaces de recomenzar totalmente nuestra vida. Algunos teólogos llaman a una experiencia verdaderamente fuerte de Dios: “experiencia fundante”, pues es el fundamento, el motor de toda la renovación de nuestro modo de actuar, de pensar, de relacionarnos, en fin de vivir. Sin esto, nuestro cristianismo queda siempre en la cáscara superficial y no es capaz de un compromiso con todo el corazón y con toda el alma. La cuaresma es un tiempo muy propicio.
    El objetivo de la transfiguración parece ser el de preparar a éstos apóstoles para poder soportar el gran momento de la pasión de Jesús. En nuestra vida muchas veces suceden cosas muy difíciles de sobrellevar, son pruebas durísimas, que exigen tener una esperanza de raíces muy profundas para no dejarnos caer en la depresión o en el pesimismo. Jesús ya sabía que llegaba el momento en que lo verían clavado en una cruz, tan desfigurado por las que ni parecería un hombre. Rechazado por todos. Despreciado hasta por aquellos a quien había ayudado. Sin embargo, quería dejar en aquellos discípulos una imagen de su gloria que ciertamente les llevaría a sospechar delante de la cruz: “aquel Dios a quien vimos la gloria en el Tabor, no puede terminar así, hay algo más…”
    Cuando nosotros también en algún momento de nuestras vidas tuvimos la oportunidad de experimentar la gloria de Dios, su poder, su gracia, su amor… en un modo existencial, nos volvemos capaces de enfrentar hasta las pruebas más difíciles, los momentos más duros, la cruz, sin perder la esperanza, sin perder la paz. Nos tornamos invencibles. ¿Qué es lo que tenemos que hacer? Es necesario “subir la montaña”, es necesario buscar la cercanía con Dios, entregarse a la oración. Y esperar que Él te de la gracia de su manifestación. Busquemos, hagamos nuestra parte, Dios sin dudas, en su tiempo, hará la suya.
    Con todo, es importante saber que la “montaña” no es la finalidad. Es solo el medio. No podemos permanecer en ella siempre. A veces tenemos la tentación de una FE, que nos aleja de la realidad de la vida, que nos aliena; que quiere cerrar los ojos a la triste realidad social, política, moral… Esta no es la propuesta cristiana. Nosotros estamos invitados a contemplar la Gloria de Dios, pero después debemos bajar de la montaña, aun sabiendo que nos esperan cruces. Nuestra misión de cristianos es en la realidad concreta, no basta estar bien dentro de una iglesia, es necesario trasformar el mundo, aunque nos crucifiquen. Pedro con sus palabras “¿Quieres que hagamos tres tiendas?”, revela la tendencia de todos nosotros de querer quedar solo en lo bueno. Pero en esto, Dios no nos hace caso, él mismo después de la consolación nos lleva al lugar de la misión.
    Querido hermano, querida hermana, aprovechemos bien esta cuaresma, dejemos a Dios que nos conduzca movidos por la fe, sea en la montaña del Tabor, sea en la montaña del Calvario, pues en las dos Él nos quiere mostrar su gloria, su proyecto, su amor, su fidelidad.

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.
    Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

    En otros años, la cuaresma fue un tiempo también para encontrar nuevas personas que puedan recibir Gotas de Paz. Hoy estamos en la red social, Facebook, puedes pedir la amistad a: Gotasdepaz Hnos Franciscanos Capuchinos. ( http://es-es.facebook.com/people/Gotasdepaz-Hnos-Franciscanos-Capuchinos/100001952991952 )
    Nuestro desafío, como un propósito cuaresmal, es también que cada uno pueda encontrar personas que puedan conocer nuestra página web, http://www.gotasdepaz.com y así divulgar el evangelio.
    ¡Gracias por tu colaboración!
    Si usted quiere escribir un correo personal al Hno. Mariosvaldo Florentino, puede utilizar esta dirección: hnomario@yahoo.com
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    Esta reflexión se encuentra también disponible en forma gráfica, audio y video en http://www.gotasdepaz.com/homilias.html
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