TODOS QUEREMOS SER JOVENES

La -información- Juventud es Poder: We All Want to Be Young (Documental)

Generación rebelde, generación Y, milleanials, llámale x. Lo que si entender a la generación del mundo digital, sus causas y sus formas de actuar son indispensables para interactuar en este siglo. El vídeo que acompaña este post es una muestra de ese análisis profundo, de la consecuente y necesaria reflexión.

El audiovisual plasma magistralmente las conclusiones de un estudio realizado por Box 1824 -una empresa especializada en el estudio de hábitos, comportamiento de los consumidores-, que aporta una visión sobre las diferentes etapas de la vida.

Asimismo, se subraya la necesidad de entender e interiorizar la evolución como parte fundamental para la creación del discurso generacional.

Seas x, seas y, seas lo que fueses, sos…

http://www.dementesx.com/

5 comentarios en “TODOS QUEREMOS SER JOVENES”

  1. ”Generación Vodka”: adolescentes alemanes y el abuso del alcohol

    Cada vez más jóvenes y cada vez bebidas de mayor graduación.
    Es alarmante: cada vez son más los niños y adolescentes alemanes que consumen regularmente alcohol de alta graduación. Gran parte de la sociedad se desentiende del problema.

    Padres, pedagogos, médicos y mutuales de atención sanitaria se ven obligados a dar la voz de alarma cada vez con mayor frecuencia. Y es que el número de niños y adolescentes que consumen regularmente alcohol de alta graduación aumenta constantemente. A menudo, incluso hasta perder el conocimiento. El lema es: “beber hasta desplomarse”.

    Bernd Siggelkow, fundador de “Arche”, una oficina de atención a niños y adolescentes de familias desfavorecidas en el barrio berlinés de Hellersdorf ha escrito, juntamente con los periodistas Wolfgang Büscher y Markus Mockler, el libro “Generación Vodka – cómo nuestros jóvenes enturbian su futuro con alcohol.”

    Una cuestión de mesura

    “Hablamos de una forma de beber alcohol que no conoce medida”, explica el editor del libro, Ralf Markmeier, quien al mismo tiempo admite que la mayor parte de la gente sí que es capaz de convivir sin problemas con el alcohol. El libro no supone un ajuste de cuentas general con el tema “alcohol”. Los autores no pretenden aparecer ante la opinión pública poco menos que como “ascetas que viven de espaldas al mundo”, sino como “personas que se preocupan por los niños y adolescentes”.

    Un estudio de la Deutsche Angestellten Krankenkasse (DAK), una de las mayores mutuales de atención sanitaria del país, presenta cifras alarmantes: uno de cada diez adolescentes menor de 12 años consume alcohol asiduamente, llegando a registrarse casos de alumnos de educación primaria que tuvieron que ingresar en el hospital debido a la ingesta de alcohol. Pese a que, según Siggelkow, se ha reducido el número de niños que consumen alcohol, los que lo hacen recurren cada vez más a bebidas de alta graduación.

    Muchos de los adolescentes recurren al alcohol para vencer la frustración o la decepción, o como manera de compensar la presión excesiva a la que se ven sometidos en su vida diaria. Así lo considera el pedagogo social Sebastian Kuttler, quien desde hace tres años trabaja para “Arche” en Hellersdorf, en el este de Berlín. Entre cuarenta y sesenta adolescentes pasan diariamente por las instalaciones.

    Uno de ellos, de tan sólo once años, es el miembro más joven de una pandilla. Según Kuttler, fue él quien le explicó cómo consiguen el alcohol: los mayores envían a los más jóvenes a un supermercado, donde roban la mercancía y la esconden en una bolsa de deporte. Una vez en la caja, pagan por un par de paquetes de chicles y abandonan el supermercado cargados con las botellas de vodka.

    El problema no es exclusivo de las clases bajas

    Con su libro, Siggelkow quiere acabar con los prejuicios que atribuyen el consumo incontrolado de alcohol a las capas sociales más desfavorecidas: “porcentualmente, hay más estudiantes de Bachillerato que alumnos de la ‘Hauptschule’ -una enseñanza secundaria de menor exigencia-. El problema se extiende por todos los estratos”. Lo único que sucede es que los miembros de las élites sociales tienden a cerrar los ojos ante esta problemática. Mientras los padres juegan al golf, sus hijos mezclan bebidas de alta graduación en sus habitaciones.

    El consumo de alcohol entre niños y adolescentes tiene también un coste económico al que “Generación Vodka” pone cifras: en las grandes ciudades alemanas, unos 15 adolescentes acaban cada fin de semana en el hospital con intoxicación etílica. Una cifra que se multiplica hasta alcanzar los 80 ingresados cuando se trata de acontecimientos como el inicio de las vacaciones escolares, la Fiesta de la Cosecha o la “Schützenfest” -“Fiesta de los tiradores”-. A menudo, se trata de niños de apenas 12 o 13 años de edad. Además: el número de adolescentes cuyo consumo de alcohol acaba en coma etílico va en aumento. En el caso de los accidentes de tráfico con adolescentes implicados, el alcohol figura como primera causa de muerte.

    Desterrar el alcohol de los espacios públicos

    Rostros conocidos como el de la actriz Veronica Ferres colaboran en la lucha contra el consumo abusivo de alcohol por parte de niños y adolescentes. “Me resulta increíble que haya niños que tengan acceso al alcohol sin ningún tipo de problema”, explica Ferres. Lamentablemente, son muchos los padres que no establecen ningún tipo de control. La actriz alemana hace pedagogía con su propia hija, de quien espera que, llegado el momento, sea capaz de decir “no” al alcohol.

    El abuso del alcohol debe convertirse en un tema de debate político. Los autores de “Generación Vodka” reclaman medidas drásticas, como la prohibición del alcohol en los espacios públicos, que las gasolineras no puedan vender alcohol pasadas las diez de la noche, precios más elevados para las bebidas de alta graduación e indicaciones sobre los riesgos en las etiquetas de las botellas. Se trata de lanzar una señal a la sociedad.

    Autor: Sabine Ripperger (EV)
    Editor: Emilia Rojas

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  2. Mensaje del Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon,
    en el Día Internacional de la Juventud

    12 de agosto de 2011

    “Cambiemos nuestro mundo” es algo más que el tema del Día Internacional de la Juventud de este año; es un imperativo que debe inspirar a los jóvenes en todo momento.

    Entre los mil millones de jóvenes que hay en el mundo, son demasiados los que carecen de la educación, la libertad y las oportunidades que merecen. Sin embargo, pese a estas limitaciones, y en algunos casos debido ellas, los jóvenes se movilizan en un número creciente para construir un mundo mejor. A lo largo del año pasado han obtenido resultados asombrosos, ya que han derribado dictaduras y han desencadenado ráfagas de esperanza que abarcan regiones enteras y se extienden por todo el mundo.

    Los jóvenes tienen el don de la apertura de pensamiento y son sumamente sensibles a las tendencias nuevas. Además, aportan su energía, ideas y valentía para hacer frente a algunos de los retos más complejos e importantes que afectan a la familia humana. Con frecuencia comprenden mejor que las generaciones mayores que podemos trascender las diferencias religiosas y culturales para alcanzar las metas que compartimos. Luchan por los derechos de los oprimidos, incluidos quienes sufren discriminación por motivos de género, raza y orientación sexual. Acometen cuestiones delicadas para detener la propagación del VIH. Y suelen ser los principales defensores de la sostenibilidad y los estilos de vida ecológicos.

    La comunidad internacional debe seguir colaborando a fin de ampliar el campo de oportunidades para los jóvenes de ambos sexos y atender sus legítimas demandas de dignidad, desarrollo y trabajo decente. No invertir en nuestra juventud es un ahorro engañoso. Las inversiones en los jóvenes producirán grandes dividendos en forma de un futuro mejor para todos.

    Con este Día concluye el Año Internacional de la Juventud, que constituye un hito en la promoción de y por los jóvenes del mundo a nivel global. Tengo la esperanza de que esta experiencia sirva de base para ir todavía más lejos en el aprovechamiento del talento y la energía de los jóvenes. Y a ellos les digo: Tienen la oportunidad de cambiar nuestro mundo; aprovéchenla.

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  3. EL INFORME OPPENHEIMER
    La crisis de la juventud “ni-ni” (*)

    por Andrés Oppenheimer

    México no es Libia, Egipto o Túnez, pero tiene algo en común con ellos: una enorme masa de jóvenes desempleados que está en el centro de la violencia que está azotando a esos países.

    En el Norte de Africa, los jóvenes desempleados están llevando a cabo revoluciones. En México, no tienen una agenda política, pero son una parte integral de la violencia de los cárteles de las drogas, que ha dejado más de 30.000 muertes durante los últimos cuatro años.

    Ahora, este silencioso ejército de jóvenes mexicanos que ni trabajan ni estudian –conocidos aquí como los “ni-nis”– está más en las noticias que nunca.

    El tema del día en México es la controversial propuesta del gobernador del estado norteño de Chihuahua, César Duarte Jáquez, de que los “ni-nis” mexicanos sean alistados para cumplir tres años de servicio pago en el ejército.

    Duarte dice que su propuesta sacará a esos jóvenes de las calles, les permitirá ganar un salario y acceder a los programas educativos subsidiados del sistema militar. Muchos de ellos podrían encontrar una carrera permanente en las fuerzas armadas, afirma.

    La propuesta del gobernador suscitó una avalancha de críticas por parte de diputados federales y periodistas. Algunos dicen que eso llevaría a que miles de jóvenes sicarios de los cárteles del narcotráfico inundaran las filas del ejército. Otros dicen que solo serviría para darles a millones de jóvenes desempleados un entrenamiento militar que luego pondrían al servicio de los narcotraficantes.

    Pero la propuesta del gobernador de Chihuahua ha colocado en las primeras planas un problema que no solo azota a México, sino a toda Latinoamérica.

    Según nuevos datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), hay 20 millones de jóvenes en Latinoamérica que ni trabajan ni estudian. De este total de “ni-nis”, 16 millones ni siquiera están buscando trabajo, en muchos casos porque han perdido toda esperanza de hallar empleo.

    A nivel nacional, el porcentaje de jóvenes entre 15 y 24 años que ni trabajan ni estudian es del 28 por ciento en Colombia, 24 por ciento en El Salvador, 21 por ciento en México, 20 por ciento en Perú, 19 por ciento en Argentina y 17 por ciento en Chile. En el caso de Argentina, la cifra probablemente sea mayor, porque las estadísticas allí solo miden el desempleo juvenil urbano, dicen los funcionarios de la OIT.

    “Igual que en el norte de Africa, el desempleo juvenil es un problema serio en América latina”, me dijo Guillermo Dema, el experto en desempleo juvenil de Latinoamérica de la OIT. “Es algo que tiene grandes consecuencias en términos de gobernabilidad y democracia en todos los países”.

    ¿Cómo solucionar el problema de los ni-nis? Entre los muchos programas interesantes destinados a sacarlos de las calles se cuenta el plan “Prepa-Sí”, de Ciudad de México, que ofrece unos 45 dólares por mes a los estudiantes secundarios para que sigan yendo a la escuela, y hasta 65 dólares mensuales si sacan notas altas.

    “Esencialmente, les pagamos para que estudien”, me señaló el secretario de Educación de Ciudad de México, Mario Delgado Carrillo. “Hemos reducido la deserción escolar del 20 al 6 por ciento en los tres últimos años. Y las calificaciones de los estudiantes subieron de un promedio de 7,3 a 8,3 durante el mismo período”.

    Bajo este programa, la ciudad le paga el dinero a los estudiantes –no a los padres– por medio de una tarjeta bancaria, que también ayuda a que los jóvenes aprendan a manejar sus propias cuentas.

    Otro programa interesante que se está llevando a cabo en 11 países latinoamericanos es “A Ganar”, en parte financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo. Este plan usa el fútbol y otros deportes de equipo como anzuelo para poner a los jóvenes marginales bajo la supervisión de entrenadores deportivos que los alientan a aprender oficios o a regresar a la escuela. El programa planea entrenar a 5.400 jóvenes en los próximos dos años, un número relativamente pequeño de los “ni-nis” de la región.

    Mi opinión: además de los planes económicos para aumentar los empleos para los jóvenes, casi todos los países latinoamericanos –y Estados Unidos también– necesitan reestructurar sus sistemas universitarios para crear escuelas vocacionales de dos o tres años de duración, que den títulos de técnicos mecánicos, electricistas y otros oficios. Casi todas las universidades latinoamericanas solo ofrecen carreras tradicionales de cinco años de duración, como abogacía o medicina.

    En Singapur me sorprendió ver que el Estado destina tantos o más fondos a las escuelas vocacionales que a las universidades. El 25 por ciento de los jóvenes de Singapur asisten a esas escuelas vocacionales de alto nivel, y el 90 por ciento de sus graduados consiguen empleo. Eso, conjuntamente con estímulos económicos a los estudiantes, sería una excelente ayuda para reducir el número de “ni-nis” latinoamericanos.

    * Se llama generación “ni-ni”, a los jóvenes menores de 30 años que “ni estudian ni trabajan”. (N. de la R).

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  4. Trabajo esclavo y religiosidad

    Bruno Peron Loureiro
    América Latina colecciona casos de precarización, explotación y esclavización en el trabajo.
    A abultados números de personas sin embargo no les importa trabajar en condiciones degradantes a cambio de un salario que les permita pagar el mínimo de cuentas, porque es la única opción que les queda o porque tienen que mantener una familia.

    No pasa por las cabezas de estos trabajadores la existencia de productos superfluos, tan caros a la publicidad de los medios de comunicación. Tampoco preocupa a los trabajadores infantiles, inmigrantes ilegales o indigentes que los patrones se enriquezcan a costa del sudor de sus frentes.

    De este modo algunas cooperativas, en lugar de cumplir con el papel de defensoras de los derechos de quien labora, se prostituyen y precarizan las condiciones de trabajo, y aseguran que los trabajadores mantengan un vínculo laboral con el patrón, un ente distante.

    La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) de Argentina, institución responsable de ejecutar las políticas aduaneras, tributarias y de arrendamiento de recursos para la seguridad social, realizó operativos en las provincias de Misiones, Corrientes y Chaco a fin de descubrir las condiciones subhumanas de trabajo a las que se someten a algunos trabajadores. Agentes de esta institución encontraron más de 60 trabajadores en condiciones casi esclavas.

    En Corrientes la AFIP descubrió 21 trabajadores que dormían en un autobús abandonado sin las mínimas condiciones de higiene y confort. Igualmente encontró 30 empleados en condiciones de trabajo subhumano en una plantación de yerba mate en la provincia de Misiones.

    Por la localización de estas provincias, ubicadas entre Brasil y Paraguay, se aprovecha el flujo de emigrantes y trabajadores temporales, sobre todo del segundo. Muchos trabajan sin ser registrados en nómina y otros son tercerizados, con una modalidad de apropiación de la mano de obra que distancia al patrón del empleado y que dificulta los procesos de trabajo del sistema de justicia.

    El trabajo informal y esclavo mancha el desarrollo social en Argentina. Se utilizan niños en la cosecha de yerba mate en Puerto Esperanza, a 260 km. de Posadas, sin agua potable, sin energía eléctrica ni sanitarios. Niños y extranjeros ilegales se amontonan en barracas y manipulan productos agrotóxicos sin un mínimo de seguridad. ¿Cuál es el mundo que estos niños abandonados deben experimentar desde muy temprano? ¿Quién viola sus derechos, la familia que los pone en el mundo o el Estado que elabora las políticas públicas para niños y adolescentes?

    La proximidad fronteriza de Argentina con los gigantes en irrespeto al trabajador, Brasil y Paraguay, incita a algunas de sus provincias a seguir el mal ejemplo.
    Aquellos que deberían promover los derechos de los trabajadores en Brasil, los abogados del trabajo, poco hacen por ellos además de formar mafias en busca del dinero fácil.

    Brasil padece de debilitamiento y burocratización de sus sindicatos, del trabajo infantil en la agricultura y la industria y de la todavía existente esclavitud por deudas, que son recurrentes en algunas regiones remotas del país. En ésta última forma de esclavitud, el trabajador debe pagar hasta por sus herramientas de trabajo de tal forma que el patrón nunca dejará de ser el señor del ingenio, antigua forma de dominio del período colonial.
    Un objeto de explotación continúa siendo el mismo en varios estados del Brasil: el azúcar. Las condiciones de trabajo en las plantaciones de caña de azúcar son de las más penosas para la dignidad de cualquier ser humano. Emigrantes del Norte y el Nordeste del Brasil chorrean sudor para cortar toneladas de caña bajo el sol abrasador.

    Por un lado tenemos logros agrícolas e industriales que han enaltecido la presencia económica brasilera en el mundo, pero por otro presentamos un retroceso en los condiciones de trabajo. La producción de caucho en el Norte de Brasil fue un ejemplo.

    ¿Qué alternativa le queda al trabajador frente a la precarización de su mano de obra? Primero el trabajador debe asegurarse de que las cooperativas apoyen sus derechos en lugar de establecer un mecanismo de reducción de las garantías de quien trabaja. Luego debe reforzar su organización sindical como la vía de canalización de sus inquietudes y demandas y que ella no sea el lugar para los corruptos tanto líderes sindicales como gestores del gobierno.

    Parte del trabajo precario se debe a la aceptación por parte de los empleados de trabajar en tales condiciones, cuando a menudo no ven otra alternativa para sostener a su familia. Por tanto, la necesidad del dinero para sobrevivir los lleva a aceptar cualquier condición laboral. Esta es la realidad que mueve a niños e inmigrantes ilegales a trabajar en lugares degradantes en Argentina, Brasil y otros países de América Latina conforme a lo mencionado.
    Mineros dinamitan, perforan y extraen plata del Cerro Rico de Potosí, en Bolivia, en las mismas condiciones en que lo hacían hace siglos. Y sin dejar de lado la alusión al “Tío” dios creado por los españoles para subyugar a los indígenas, y hoy protector del submundo de explotación de las montañas.

    La religiosidad complementa la degradación de los trabajadores a cambio de muy poco. Por eso el “Tío” guarda las entradas de las minas, único foco de luz natural en la oscuridad de los pasadizos.

    La razón demora en deshacer apologías, creencias y mitos inútiles que absorben las energías de los pueblos sumisos, a través de la desvalorización de su mano de obra. Es posible que alguna “fe racional” nos pudiera hacer avanzar como especie para que el trabajo nos traiga dignidad.

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  5. HOMICIDIO DE JÓVENES ES “EPIDEMIA” EN BRASIL
    Camila Queiroz
    Periodista de ADITAL
    El próximo día 26, jóvenes capixabas se reunirán para organizar las acciones de la Campaña Estadual contra la Violencia y el Exterminio de Jóvenes. El encuentro será a las 10:30 hs. en la Mitra Arquidiocesana de Victoria, en la ciudad Alta. El mismo día, la campaña realizará el Seminario de Formación “Políticas Públicas de Juventud y Seguridad Pública: desafíos y perspectivas”, desde las 13 hasta las 18 horas, en el Auditorio del Colegio Agustiniano, Parque Moscoso.
    Estas acciones apuntan a combatir el alto índice de muerte entre los jóvenes en el estado, que, de acuerdo con el Mapa de la Violencia 2011 – Los jóvenes de Brasil, elaborado por el Instituto Sangari en colaboración con el Ministerio de Justicia, tiene el segundo mayor índice de homicidios entre los jóvenes en el país, con 120 por cada grupo de 100 mil.

    En el relevamiento realizado por el Mapa, Espíritu Santo pierde sólo con Alagoas con 125,3 homicidios cada 100 mil habitantes. El Mapa caracteriza el número de homicidios de jóvenes como una “epidemia”. Brasil es el 6º país en tasas de homicidios en esta población. En primer lugar está El Salvador, con 105,6.

    “Los 34,6 millones de jóvenes que el IBGE estima que existían en Brasil en 2008, representaban el 18,3% del total de la población. Pero los 18.321 homicidios que el DATASUS registra para ese año duplican exactamente esa proporción: 36,6%, indicando que la victimización juvenil alcanza proporciones muy serias”, alerta el estudio, que tiene como objetivo apoyar, con informaciones, políticas públicas de enfrentamiento de la violencia.

    En la franja “joven”, de los 15 a los 24 años, los homicidios alcanzan tasas más crueles: alrededor de 63 homicidios por cada 100 mil jóvenes. Entre la población no joven, hubo una leve caída en los índices de homicidios: de 21,2 cada cien mil habitantes en el año 1998, a 20,5 en 2008. “Esto evidencia, de manera clara, que los avances de la violencia homicida en Brasil de las últimas décadas tuvieron como motor exclusivo y excluyente la muerte de jóvenes”, afirma el Mapa.

    La situación empeora bastante cuando el joven es negro. Mientras que el número de homicidios entre jóvenes blancos bajó en el período de 2002 a 2008, pasando de 6.592 a 4.582 (30% de reducción), entre los jóvenes negros la tasa subió de 11.308 a 12.749, un aumento del 13%.

    Por cada blanco asesinado en 2008, más de 2 negros murieron en las mismas circunstancias. La “brecha” de mortalidad entre blancos y negros creció un 43% en el pequeño período estudiado. “Por el balance histórico de los últimos años, la tendencia de estos niveles pesados de victimización es crecer todavía más”, señala la investigación.

    En relación con el sexo, más del 90% de las muertes son de personas del sexo masculino, un nivel alarmante que, según el estudio, desequilibra la composición de la población adulta. Anualmente, Brasil pierde 40 mil hombres debido a los homicidios.

    Las muertes causadas por accidentes de transporte también presentan mayor tasa para los jóvenes: 26,5% para la población total y 32,4% para la población joven. Sin embargo, según el Mapa, esto no puede ser considerado un índice de victimización de los jóvenes.

    El Mapa de la Violencia 2011 puede ser bajado, en versión integral, en el sitio del Ministerio de Justicia (http://portal.mj.gov.br/data/Pages/MJEBAC1DBEITEMIDDD6FC83AAA9443839282FD58A5474435PTBRIE.htm)

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