4 comentarios en “LA HORA DEL PLANETA”

  1. LA CANASTA MECÁNICA
    Imbancables
    Ando cansándome de la gente argel últimamente. No sé qué me pasa. A lo mejor es por la edad que les voy perdiendo la paciencia. Entiendo que cualquiera puede tener un mal día, levantarse con el pie izquierdo o sufrir un dolor de muela. Eso se comprende. Pero se me están volviendo insoportables quienes con su estado de argelería permanente invaden nuestra existencia con su mala onda tóxica radiactiva. Tienen el comentario desagradable en la punta de la lengua.
    por Carla Fabri

    Si se cruzan contigo en un pasillo no desaprovechan la ocasión para lanzar una púa sobre tu nuevo peinado, tu sobrepeso, tu delgadez o tu vestuario, tu estado civil o tu religión. Y como una es educada sonríe, le toma en broma y se guarda las ganas de decirle vos fijate en tus arrugas, en tu mal aliento y en tus dientes horribles. Tu más pequeño error lo chimentan con media humanidad. Si tenés pareja nueva te la ningunean. Te dan lecciones de cómo hacer mejor tu trabajo, siempre tienen razón, saben todo de todo y de sus agresiones dice que forman parte de su sentido del humor.

    Se nota que ya son como plaga, al punto que abunda literatura dedicada a instruir al resto de los mortales en las mejores técnicas para tratar a la gente difícil. ¡Pero qué chiste! Además de soportarles, ahora resulta que tenemos que hacer cursos para aprender la metodología adecuada para alternar con imbancables. Hasta se dictan talleres que enseñan: Como Lidiar con Personas Conflictivas. Se anuncian seminarios para Desarrollar la Habilidad de Relacionarse con Seres Complicados. No. Es mucho. ¿Por qué no lanzan libros de autoayuda y talleres de recuperación para gente desagradable?

    Especialistas del comportamiento afirman que la argelería se debe a necesidades insatisfechas… ejeem. Cierto autor habla de una hostilidad-agresiva que se comporta como quien posee licencia para aplastarte.

    Las personas de mal carácter roban energía y joroban la vida a tal punto que pueden llegar a enfermar a sus semejantes.

    Stephanie Rosenbloom en The New York Times cita al científico social Mark I. Rosen, autor de Gracias por ser tan molesto: guía espiritual para tratar con gente difícil, quien dice: Algunas personas realmente son malas personas, pero no creo que su porcentaje sea tan alto como en general se cree. En realidad, la mayoría de esta gente entra en las categorías de incompetente o ignorante.

    Los consejos oscilan entre alejarse de plano o al menos evitar a la persona tóxica. Otra alternativa sugiere intentar una conversación amable para arreglar la situación. También existe la posibilidad de ignorar completamente las críticas punzantes y venenosas; responder con el silencio tranquilo suele ser una buena manera de poner en evidencia la mala entraña ajena. Esto logra a veces que la argelería avergonzada de sí misma se mande mudar a otra parte y nos deje vivir en nuestra inteligente tranquilidad. Como dice Buda, el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. Ohmmm.

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  2. La Hora de la Tierra: Una Disidencia
    Por Ross McKitrick
    WattsUpWithUp.com
    Marzo 17, 2011

    En 2009 un periodista me pidió mi opinión sobre la importancia de La Hora de la Tierra. Esta es mi respuesta.

    Aborrezco a la Hora de la Tierra. La electricidad abundante y barata ha sido la fuente más grande de liberación humana en el siglo 20. Todos los avances sociales en el siglo 20 dependieron de la proliferación de electricidad económica y confiable.
    La libertad de las mujeres para trabajar fuera de sus hogares dependió de la disponibilidad de artículos eléctricos para liberar tiempo para las tareas domésticas. Sacar a los niños de trabajos menores y llevarlos a las escuelas dependió de la misma cosa, como también de la capacidad de proveer una segura iluminación interior para la lectura.
    El desarrollo y la provisión de asistencia médica moderna sin electricidad es absolutamente imposible. La expansión de nuestro abastecimiento de alimentos, y la promoción de higiene y nutrición dependió de ser capaces de irrigar los campos, cocinar y refrigerar alimentos, y tener una constante provisión de agua caliente en los hogares.
    Muchos de los pobres del mundo sufren condiciones ambientales brutales en sus propios hogares a causa de la necesidad de cocinar en su interior sobre fuegos que queman leña y guano de animales. Esto provoca deforestación y la proliferación del humo y enfermedades pulmonares relacionadas con los parásitos.
    Cualquiera que desee ver el mejoramiento de las condiciones locales en el Tercer Mundo debería darse cuenta de la importancia del acceso a la electricidad barata generada por usinas que emplean combustibles fósiles. Después de todo, esa es la manera en la que se desarrolló Occidente.
    Toda la mentalidad que rodea a la Hora de la Tierra demoniza a la electricidad. Yo no puedo hacerlo, en su lugar la celebro y todo lo que ha provisto a la humanidad.
    La Hora de la Tierra celebra la ignorancia, pobreza y atraso. Al repudiar al gran motor de la liberación se convierte en una hora de devoto anti humanismo. Alienta al mojigato gesto de apagar triviales aparatos eléctricos durante un trivial período de tiempo, en aras de una mal definida abstracción llamada “la Tierra,” mientras que se retiene hipócritamente los verdaderos beneficios de una electricidad continua y confiable.
    La gente que ve virtud en deshacerse de la electricidad debería desconectar sus heladeras, cocinas, microondas, computadoras, calefones eléctricos, luces, TV y todos los demás artículos hogareños durante un mes, no una hora. Y presentarse en la unidad coronaria y pulmotores de los hospitales y desconectar allí también la electricidad.
    No quiero volver a la Naturaleza. Viajar a zonas golpeadas por terremotos, inundaciones y huracanes para ver que tan lindo es volver a la naturaleza. Para los humanos, vivir en la “naturaleza” significa una vida más corta marcada por la violencia, enfermedad e ignorancia. Gente que trabaja para terminar con la pobreza y aliviar las enfermedades están luchando contra la naturaleza. Yo espero que ellos dejen sus luces encendidas.
    Aquí en Ontario, a través de las tecnologías de control de la polución e ingeniería de avanzada, nuestra calidad del aire ha mejorado desde los años 60, a pesar de la expansión de la industria y la provisión de electricidad.
    Si, después de todo esto, vamos a tomar la visión de que las restantes emisiones al aire tienen más peso que todos los beneficios de la electricidad, y de que deberíamos estar avergonzados y tenemos que sentarnos en la oscuridad durante una hora, como niños malos que fueron sorprendidos haciendo algo malo, entonces estamos estableciendo que la naturaleza es un ideal trascendente, absoluto, que destruye todas las demás obligaciones éticas y humanas.
    No gracias.
    Me gusta visitar a la naturaleza pero no quiero vivir allí, y me rehúso a aceptar la idea de que la civilización, con todos sus inconvenientes, es algo de los que tenemos que avergonzarnos.

    Ross McKitrick
    Profesor de Economía
    Universidad de Guelph
    Canadá

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  3. TRIBUNA / CIENCIA|BJORN LOMBORG
    Yo no apagaré la luz el sábado
    27.03.2009
    Este sábado, World Wildlife Fund (WWF) quiere que se apaguen durante una hora las luces en todo el planeta como un gesto a favor de la Tierra y en contra del calentamiento global. En España, muchas ciudades tomarán parte en esta iniciativa de manera oficial, entre ellas Barcelona, Madrid, Zaragoza, Granada, Bilbao, Valencia y Segovia. Las luces de monumentos emblemáticos como la Giralda, la Torre del Oro, el Puente de Triana, el Palacio Real, el Congreso de los Diputados y la puerta de Alcalá se quedarán a oscuras. A los españoles se les ha animado, además, a que apaguen las luces en sus casas.
    Estos esfuerzos están cargados de buenas intenciones. Pero, desgraciadamente, esta iniciativa es un gesto puramente simbólico que infunde la errónea impresión de que hay fórmulas fáciles e instantáneas para resolver el cambio climático. Aun en el supuesto de que en este sábado 1.000 millones de personas apagaran las luces, toda la operación supondría en su conjunto el equivalente a la suspensión de las emisiones de gases de efecto invernadero de China durante sólo seis segundos. En términos económicos, los beneficios medioambientales y humanitarios de los esfuerzos de todo el mundo desarrollado ascenderían a no más de 10.000 libras esterlinas [alrededor de 10.752 euros al cambio de hoy].
    La campaña no pide a nadie que haga algo que le cueste más, como prescindir de calefacción, el aire acondicionado, los teléfonos, internet o la comida caliente. Es de suponer que si alguien se sienta en su casa a ver la televisión, con la calefacción y el ordenador en funcionamiento, podrá afirmar que ha tomado parte en una respuesta al recalentamiento del planeta siempre que mantenga apagadas las luces de su casa. El simbolismo es casi perverso. Además, la iniciativa podría producir una contaminación más elevada en conjunto que si nos limitamos a dejar las luces encendidas.
    Cuando se le pide que prescinda de la electricidad, la gente recurre a las velas. Las velas parecen muy naturales, pero son casi cien veces menos eficaces que las tradicionales bombillas incandescentes y más de 300 veces menos eficaces que las luces fluorescentes. Si se enciende una vela por cada bombilla que se apague, el que lo haga no estará reduciendo las emisiones de CO2 en absoluto e incluso, si enciende dos velas, emitirá aún más CO2. Por si fuera poco, las velas contribuyen a la contaminación del aire en recintos cerrados entre 10 y 100 veces más que el nivel de contaminación producido por todos los coches, la industria y la producción de electricidad.
    No hay ningún sustituto barato del carbono que quemamos. Esta es la razón por la que muchas promesas de reducciones drásticas de CO2 se quedan simplemente en compromisos vacíos de contenido. Una solución seria al recalentamiento del planeta tiene que centrarse necesariamente en la investigación y desarrollo de energías limpias en lugar de empeñarse en promesas vacías de reducción de las emisiones de carbono.

    Es indispensable que de manera urgente consigamos hacer de la energía solar y de otras tecnologías innovadoras recursos más baratos que los combustibles fósiles, de manera que podamos liberarnos de las fuentes tradicionales de energía durante mucho más tiempo que una sola hora y, a la vez, mantener el planeta en funcionamiento. Todos los países deberían ponerse de acuerdo en destinar un 0,05% de su PIB a la investigación y desarrollo de energías con bajas emisiones de carbono.
    No deja de resultar irónico que actos puramente simbólicos nos retrotraigan en estos tiempos a otras épocas más sombrías.

    • Bjorn Lomborg es profesor de la Escuela de Negocios de Copenhague, divulgador medioambiental y autor del libro El ecologista escéptico.

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  4. POR EL PLANETA, UNA HORA DE APAGONES
    La hora del planeta
    Millones de personas en varios países del mundo se sumaron ayer a la “Hora del Planeta”. La iniciativa contra el cambio climático logró dejar gran parte de montones de ciudades a oscuras durante una hora (entre las 20.30 y 21.30 horas locales de cada país).
    Los organizadores de la iniciativa, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), buscan presionar a los gobiernos para que avancen con políticas concretas en la protección del medio ambiente y la lucha contra el calentamiento global. La Hora del Planeta comenzó en las islas Chatman (Nueva Zelanda) y terminó en las islas Cook, tras haber pasado por todos los husos horarios.
    En esta edición, Canadá es el país con más ciudades inscriptas en la campaña (422) . En total, fueron 135 los países y territorios que participaron, con 4.500 ciudades a lo largo de los continentes. En la Argentina fueron 17 ciudades de 13 provincias las que se oscurecieron durante una hora. La Fundación Vida Silvestre fue la organizadora local, bajo el slogan “Apagá la luz, encendé el futuro”. Y convocó a la gente a apagar la luz de sus casas e ir al Obelisco. Allí cantó Elena Roger y actuó un grupo de malabaristas. Se repartieron velas entre los asistentes. El predio La Rural y las cadenas de hoteles Sofitel y Sheraton se unieron a la iniciativa.
    La famosa ópera de Sydney fue uno de los primeros monumentos que apagó las luces . Se sumaron a lo largo del día el rascacielos Burj Khalifa en Dubai, la torre Eiffel en París, el Cristo Redentor de Río de Janeiro, el edificio de Times Square en Nueva York, la Sagrada Familia en Barcelona, la Mezquita de Córdoba y el Palacio Real en Madrid. En Nueva Zelanda, algunos conciertos previstos al aire libre tuvieron que celebrarse en salas porque llovía, mientras que en el Planetario de Wellington, los astrónomos no pudieron mostrar el firmamento estelar porque el cielo estaba cubierto de nubes. Para los organizadores fue un éxito de participación.

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