SOCIEDAD SIN PADRES

Una niña de 15 años es abusada sexualmente por su padre con el consentimiento de la llamada madre. Otra, de la misma edad, es forzada por sus progenitores a matar a su bebé de 9 semanas de gestación. Asqueroso, triste, macabro.

Gustavo A. Olmedo

Estos hechos ocurridos en Paraguay que salieron a la luz en estos días, dejan en evidencia la bestialidad a la que podemos llegar los seres humanos cuando crecemos en ambientes y entornos destructivos, inhumanos, sin afecto, sin educación verdadera.

Está claro que el historial de estas personas -padres biológicos- estará marcado por profundas heridas psicológicas y afectivas, sufrimientos que hoy dejan ver estos dolorosos frutos y dejan a su paso víctimas por doquier, mientras ellos se sumergen en un oscuro mundo de tristeza e infelicidad. Nadie da lo que no tiene.

 

Cuando los padres no son padres; cuando la familia se reduce a personas aisladas que conviven bajo un mismo techo; cuando nadie nos ha enseñado a amarnos y respetarnos, a valorar la vida, por más pequeña que sea, a entender que la existencia tiene un sentido más allá de las cosas que podemos comprar o la meta o éxito a los que podamos llegar, las consecuencias son indescriptibles, como estos casos que hoy lamentamos como sociedad y como país.

 

Son hechos que evidencian la imperiosa necesidad de fortalecer la familia, de invertir en políticas destinadas a su consolidación como célula vital de la sociedad, como punto clave de desarrollo social y comunitario; urge crear estructuras y mecanismos que apoyen la educación integral de los padres y faciliten la formación de los hijos; es vital combatir la ignorancia y la pobreza en todas sus formas.

 

“La educación de los hijos es una empresa para adultos dispuestos a una dedicación que se olvida de sí misma”, decía San Ambrosio. Y es así, porque amar constituye un juicio de valor sobre la realidad, sobre la positividad de lo real, y no simplemente un sentimiento de atracción instintiva.

 

Para ser padres no basta estar enamorado de la pareja y engendrar. Se necesita responsabilidad para asumir que es para toda la vida, y que no se reduce a facilitar recursos materiales para su alimentación y vestimenta; madurez para aceptar que estos requieren más que otros de una permanente educación y ayuda; y sencillez para reconocer que ser padres significa mostrar el sentido de la vida a los hijos, y ello, a través de la propia experiencia; ayudar a los hijos a encontrar y emprender el camino de la felicidad, de la plena realización. Los hijos necesitan padres que les ayuden a formarse en el camino de la felicidad hasta tener la capacidad de hacer uso de su propia libertad.

 

“Debemos empezar por los adultos. Son ellos los que deben redescubrir en sí mismos el significado de la experiencia educativa, la pasión por la vida y los propios proyectos. Antes que nada es necesario que los padres vuelvan a entusiasmarse y adquieran conciencia de esta misión. Se necesita un nuevo inicio”, me decía con impresionante profundidad y claridad una directora de colegio que el próximo mes organiza un congreso para padres en la ciudad de Lambaré.

 

A lo que vale agregar aquellas sabias palabras del papa Juan Pablo II: “Sólo en una familia auténtica, unida duraderamente y amorosa, los hijos pueden alcanzar la sana madurez, sacando ejemplo de amor gratuito, de fidelidad, de entrega recíproca y de respeto por la vida”. Un desafío que, sin dudas, vale la pena asumir para construir una sociedad paraguaya más humana y verdadera.

http://www.ultimahora.com/notas/412458-sociedad-sin-padres

 

 

 

 

 

 

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