LA NIÑEZ, EL PARAÍSO EN LA TIERRA DE JANOSCH

En sus mundos de ficción, en paraísos cercanos, reinan la armonía y la felicidad de la niñez. Pero su propia vida estuvo marcada por la violencia. Janosch, autor alemán de obras infantiles, cumple 80 años.

Él, que durante su infancia vivió en un entorno en el que reinaban la humillación y el desprecio, creó para millones de niños y adultos un mundo regido por la confianza y la amistad, en el que los más pequeños son los más fuertes. Janosch, el padre de los personajes del Oso y del Tigre, que entusiasmaron a más de una generación de alemanes, escribió historias que hoy todavía entusiasman a abuelos, padres e hijos.

El autor y sus fantasmas

 

Su propia y compleja historia estuvo signada por la crueldad del nazismo. “No quiero tener un nombre, no me siento bien con eso”, dice Janosch, cuyo verdadero nombre es Horst Eckert y nació un 11 de marzo de 1931 en el pueblo minero de Hindenburg, en Alta Silesia, una región de la actual Polonia.

 

Su padre, que se había inspirado en el nazi Horst Wessel al elegir el nombre de su vástago, formó parte, durante un breve período, de la SA, las tropas de asalto nazis, primera organización paramilitar del Partido Nacionalsocialista de Hitler. “Mi padre me llamó Horst, pero ponerme ese nombre, justamente en Polonia, fue una cerdada”, critica el autor. Janosch vivió de niño con su familia en una casa muy pequeña y pobre. Sus primeros años de vida estuvieron marcados por una estricta educación religiosa y por los castigos corporales que le infligían sus padres.

 

 

 

“Mi padre era un borracho. Usaba el látigo de los perros para enseñarme lo que, según él, era correcto. Le pegaba a mi madre, y ella me pegaba a mí. Y luego me llevaban a la iglesia y me amenazaban con lo peor, que vendría después de la muerte, si yo no creía y hacía lo que ellos me decían. Y un niño cree en todo lo que le dicen los padres. Naciste del pecado, y allí es donde comienza todo el desastre. A los 13 años tenía una psicosis total”, recuerda el artista.

 

 

 

 

‘Qué bonito es Panamá’

 

La familia huye hacia el Oeste de Alemania en 1946. Janosch trabaja en fábricas textiles, en el norte de Alemania, y aprende a diseñar camisas, pero eso no le basta, ya que quiere estudiar bellas artes y pintar. En 1953 comienza su formación en la Escuela de Bellas Artes de Múnich. Pero su espíritu libre y a contracorriente hace que lo echen de allí después de unos semestres.

 

En 1960 se publica su primer libro, ‘La historia de Valek, el caballo’, y, a partir de ahí, siguen los éxitos. Su editor lo bautiza con el nombre de ‘Janosch’, que perdurará en la memoria de varias generaciones.

 

En 1978 aparece su obra ‘Qué bonito es Panamá’ (‘Oh, wie schön ist Panama’), con la que se vuelve conocido fuera de Alemania. Los personajes del libro, el Tigre y el Oso, se lanzan a la búsqueda de un país hermoso y legendario. La historia se convierte en un éxito de ventas, y los personajes del Tigre y el Oso, en los distintivos de Janosch. Se venden cantidades de peluches y emblemas de los animalitos, y el Tigre-Pato, que acompaña a los héroes de Janosch en aventuras emocionantes a la búsqueda de un paraíso que, en realidad, está a la vuelta de la esquina, se transforma en un símbolo de armonía y felicidad, propias de la infancia.

 

 

“Dibujé al Tigre-Pato porque me sobraba lugar”

 

Pero Janosch toma distancia de los personajes que él mismo creó. “El Tigre-Pato es kitsch puro. Lo dibujé porque me sobraba lugar”, asegura. Una obra para niños tan exitosa como la suya, de pronto se transforma en frío cálculo, si se toman en serio las palabras de su autor: “La venganza es, para mí, ofrecer al público algo que ya conocen, es decir, nada nuevo. Un oso que se va de viaje es algo que existe hace 300 años. Los pedagogos hablan sin cesar del valor educativo de un libro infantil, y yo pensé que, si dibujaba un oso, todos se iban a poner a llorar de emoción. Y eso es justamente lo que sucedió. Mientras dibujaba, alguien en la radio habló de Panamá, y pensé que ese era un lindo nombre. Y eso emocionó a la gente”, explica Janosch.

 

Más allá de esa prosaica aclaración del escritor sobre el génesis de su obra, ‘Qué bonito es Panamá’ se transformó en uno de los libros más queridos de los alemanes y fue premiado varias veces. En 1979, recibió el Premio Alemán de Literatura Juvenil, y le siguieron otros. En 1993, Janosch fue condecorado con la Cruz Federal al Mérito. Más de 200 obras, entre ellas, 100 dedicadas a los niños y todas ellas traducidas a más de 30 idiomas, cuenta el autor en su haber. Además de escribir, criticó a la Iglesia católica en varias caricaturas y señaló a menudo que recibir una educación católica fue lo peor que le pasó en su vida. Janosch vive desde 1980 retirado en la isla de Tenerife. ¿Habrá podido encontrar su propio paraíso?

 

Autor: Günther Birkenstock/ Cristina Papaleo

Editor: José Ospina Valencia

 

 

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Un comentario en “LA NIÑEZ, EL PARAÍSO EN LA TIERRA DE JANOSCH”

  1. ¿HA LEÍDO ALGÚN LIBRO A SU BEBÉ?

    Por pa’i Oliva – http://www.paioliva.blogspot.com

    Salió el tema en el programa de los miércoles sobre Educación con el profesor Melquíades Alonso, en Radio Fe y Alegría. Y me pareció muy sugerente. Como lego en esta materia, escribo algunas líneas y ruego me cuenten experiencias para aprender.

    Esto acerca al padre y a la madre a eso tan olvidado como es la lectura. Además les fuerza a que lean mucho para elegir algo sugerente para su bebé. Es un acercamiento material, y más todavía de los espíritus, que alguna huella, todavía desconocida, debe de dejar en ambos.

    Practicar esto significa un parón en el frenesí de la vida moderna. Un obligarse a dedicar tiempo para “gastarlo”, yo diría para “ganarlo”, con su bebé. Así se robustece la vida familiar y nos humanizamos todos.

    Y aquí entra necesariamente la influencia negativa de la diferencia de clases sociales separadas por un abismo económico. ¿Qué padre de los que se pasan el día empujando decenas de kilómetros un carrito (“los carriteros”), cuando llegue reventado a su pobre casita, donde le espera una escuálida comida, va a tener ganas, y hasta un libro, para leerle unas páginas a su bebé? Pienso en esto y me indigna que ocurra, todavía, en muchas de las familias del Paraguay.

    Y esta triste realidad no es por casualidad, ni por mala suerte ni porque Dios lo quiera ni porque valgan menos, sino porque vivimos en una sociedad tremendamente injusta.

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