LA TV SE METE EN TU DORMITORIO

por Ilde Silvero

“Anoche, Alejandro y Luana durmieron en posición cucharita; la cámara lo registró”. “Jessica tuvo relaciones con Johnatan, pero fue casual, nada serio, según mostró la tele”. Estas no son palabras dichas en una película ni en una telenovela. Son frases que se escuchan a diario en los “reality shows” de los canales argentinos y brasileños que se ven en nuestro país. Los jóvenes que protagonizan estas series tienen una cámara metida en sus dormitorios. ¿No constituye esto una violación de su derecho a la intimidad y una humillación a su dignidad personal?

Los defensores de la libertad absoluta de cada persona de hacer lo que quiera con sus vidas podrán argumentar que nadie obligó a estos jóvenes a entrar en estos programas que los exponen y denigran ante la opinión pública. “Si ellos quieren exhibir en la tele sus intimidades es su problema”, afirma mucha gente cuando se aborda el tema.

En realidad, el problema no es tan simple y lo que hacen las personas frente a las cámaras de televisión no es una decisión individual que no debería interesar a la sociedad. Estos hechos tienen influencia sobre los procesos educativos y de formación de la personalidad de millones de niños y adolescentes que contemplan en vivo y en directo escenas y conductas que no son apropiadas para su edad.

El aislamiento temporal en un lugar de chicas y muchachos entre quienes surgen parejas que en días o semanas ya empiezan a tener relaciones sexuales incluso a veces con personas del mismo sexo, se difunde como un “reality show”, es decir, un espectáculo montado con personas de la vida real que no están actuando sino viviendo lo que muestran las cámaras a los televidentes.

En cierta forma y caricaturizando un poco la situación, estos programas son como prostíbulos electrónicos a distancia porque las “madamas” (las agencias productoras) cobran por sus servicios y cobran bastante caro a quienes insertan sus avisos publicitarios en tales espacios.

De manera indirecta, también el público en general paga a las personas que exhiben en los medios de comunicación sus amores, relaciones íntimas, peleas y reconciliaciones, pues constituye el “rating” (cantidad de personas que están viendo el programa), factor esencial para atraer el interés de los anunciantes publicitarios.

La utilización de cámaras de televisión en los dormitorios de la vida real de los jóvenes es un atropello a la dignidad y a la privacidad de estas personas, no importa que las mismas hayan dado su consentimiento para tal efecto. La esencia del problema es que cuando las escenas se transmiten por televisión, dejan de ser acciones privadas en una casa particular y se convierten en actos públicos; por lo tanto, la sociedad tiene derecho a opinar sobre estos programas que afectan a sus miembros, sobre todo, a los más jóvenes.

Por último, los padres, los educadores, los usuarios de los medios de comunicación tenemos derecho a exigir una televisión de mejor calidad en el contenido de sus programas. Es nuestra obligación velar por nuestros valores morales y la buena educación de nuestros hijos, y los “reality shows” están pateando contra nuestro arco.

8 comentarios en “LA TV SE METE EN TU DORMITORIO”

  1. Ya no hace falta quemar libros

    En estos días en que llegó la información de que en Rusia se emitirá el año entrante un reality show donde los protagonistas pueden llegar a ser asesinados, violados o mutilados si fuese necesario, toda la crítica y miedo a la televisión volvieron a mi mente, como es el caso de lo escrito por Bradbury.

    “¿Quién se ha arrancado alguna vez la garra que le sujeta una vez que se ha instalado en un salón con televisor? ¡Le da a uno la forma que desea! Es medioambiente tan auténtico como el mundo. Se convierte y es la verdad”. Era 1953 y Ray Bradbury ya preconizaba en su novela Fahrenheit 451 lo que podía significar la televisión como propulsora de una imagen del mundo opuesta a lo que los libros propusieron tradicionalmente. Cuando su libro cumplió cuarenta años, el autor escribió un prólogo para la edición homenaje y recordaba a uno de sus personajes que vaticinaba un mundo donde quemar libros ya no sería necesario: “Si el baloncesto y el fútbol inundan el mundo a través de la MTV, no se necesitan Beattys que prendan fuego al kerosén o persigan al lector. Si la enseñanza primaria se disuelve y desaparece a través de las grietas y de la ventilación de la clase, ¿quién, después de un tiempo, lo sabrá, o a quién le importará?”. Bradbury es lapidario en 1993: “Porque no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe”.

    En 1980, Umberto Eco escribía en un ensayo hablando de la característica de la Neo TV: “Trata entonces de retener al espectador diciéndole: ‘Estoy aquí, yo soy yo y yo soy tú’”. Eco comprende el esfuerzo que hacen las producciones televisivas por lograr empatía con el televidente. Los realities son el mejor ejemplo de tal empeño, pero no son los únicos. En realidad toda programación que atrape con un contenido vacío con tal de lograr el ráting buscado aplica a tal categoría.

    Los estudios sobre la televisión son innumerables y de toda índole. Algunos tienen un tono casi apocalíptico, como fue el conocido libro Homo Videns del cientista político Giovanni Sartori. Afirmaba que la televisión era un aparato antropogenético, es decir, estaba generando un nuevo tipo de hombre, ya no el homo sapiens (con capacidad de pensar) sino el homo videns (con capacidad de ver). Decía que íbamos a un empobrecimiento hacia la capacidad de comprender ideas abstractas o todo tipo de argumentación racional a causa de nuestro acostumbramiento a imágenes que ya lo dicen todo para nosotros y no nos exigen que pensemos.

    ¿Hay en Paraguay algún programa televisivo que fomente un espíritu crítico? Creo que no llegamos ni a dos títulos. Lo que más abunda es el entretenimiento, lo que está bien, pero no tanto cuando es la única oferta. Habla muy mal de los objetivos que persiguen nuestros canales y de los telespectadores conformistas.

    Por Sergio Cáceres

    Me gusta

  2. Convivir entre pantallas

    Los niños españoles pasan cerca de 4’5 horas diarias frente a una pantalla. En Estados Unidos, el tiempo medio invertido es de 7 horas. La televisión, las redes sociales, los chats y los videojuegos se colocan en el primer puesto del entretenimiento.
    El tiempo que un niño pase delante de una pantalla se lo quita de estar en la calle con sus vecinos, de jugar en grupo, charlar, interactuar. Las relaciones virtuales sustituyen a las de carne y hueso; la capacidad para socializar disminuye. El aislamiento social es la principal secuela del abuso de las nuevas tecnologías.
    “El juego más educativo sigue siendo aquel en que los niños han de luchar por el liderazgo o la colaboración, rivalizar o apoyarse, pelearse y hacer las paces”, opina la periodista Elvira Lindo. La percepción de inseguridad en las calles es otra razón del encierro en los hogares.
    El aislamiento dentro de las casas está vinculado al sedentarismo y al sobrepeso. Una alimentación hipercalórica y baja en nutrientes, sumada a la falta de ejercicio físico, supone que más de 150 millones de niños en el mundo padezcan obesidad, según la OMS. Los problemas de salud varían desde el dolor de cabeza y de espalda hasta el insomnio o las depresiones. Los estudios certifican que muchos niños están sobremedicados. Sin olvidar que todos estos inconvenientes contribuyen a problemas de atención en la escuela, perjudiciales para su integración.
    Además los niños están expuestos a contenidos no aptos para determinadas edades y poco didácticos. La facilidad de acceso a cualquier programa televisivo o videojuego es difícil de controlar. Pero Craig A. Anderson, psicólogo de la Universidad de Iowa, explica que “como mínimo, los padres deberían saber qué hay en los juegos a los que sus hijos están jugando, y pensar en qué clase de valores, aptitudes de conducta y pautas sociales está aprendiendo el niño”.
    Hay una audiencia de 600 millones de usuarios, niños y adultos, que cada día matan virtualmente a civiles o ejecutan torturas. En eso consisten videojuegos como “Call of Duty”, “Battlefield” o “Army of Two”, que premian al jugador, siempre el asesino, por cada disparo acertado. Cruz Roja denunció que no se hubieran fijado límites a estos “crímenes de guerra virtuales”. Y es que el jugador puede ponerse en la piel de criminales como Ratko Mladic, responsable de la matanza de Srebrenica durante la Guerra de los Balcanes; o Adam Lanza, que asesinó a 20 niños en un colegio de Connecticut. Para algunos es un modo de diversión; otros lo consideran apología de la violencia. Los videojuegos, aunque no sean los causantes de acciones violentas por parte de adolescentes, sí la refuerzan.
    Los contenidos sexistas también calan en las mentes de los niños. Se amontonan las críticas hacia el rol de la mujer en los videojuegos. Amnistía Internacional presentó un informe donde señalaba que algunos de los más vendidos “condenan a las mujeres a la absoluta invisibilidad, las muestran como personajes pasivos y víctimas del argumento y las convierten en objeto de agresiones y violaciones a merced del jugador”. En “Grand Theft Auto” el jugador, después de hacerse con los servicios de una mujer que se prostituye y gastar con ella su dinero, lo recupera si la agrede hasta la muerte. Pero lo peor, apunta Amnistía, es que los menores de edad pueden acceder a la mayoría de estos juegos sin control alguno, de forma gratuita y por Internet.
    A pesar de los videojuegos o los programas televisivos con contenidos violentos u obscenos, no podemos declarar por ello la guerra a las nuevas tecnologías. Con un buen uso, se convierten en una gran herramienta. Se trata de determinar para qué fin las emplean los menores, con qué frecuencia o qué contenidos son positivos para su aprendizaje. Los padres adquieren aquí una gran responsabilidad sobre sus hijos: establecer límites e inculcar unos hábitos saludables es clave para su desarrollo.
    En un entorno donde nos inundan las pantallas, el esfuerzo en primar las relaciones humanas debe ser mayor. Frente a lo digital, es necesario hacer de los niños seres sociales.

    Laura Zamarriego Maestre
    Periodista
    ccs@solidarios.org.es
    Twitter: @LZamarriego

    Me gusta

  3. La televisión seduce
    PUBLICADO POR JOTAEFEB ⋅ 7 OCTUBRE, 2013 ⋅ DEJAR UN COMENTARIO
    Ver la televisión es la actividad de ocio practicada por más gente y durante más tiempo. Cuando la comunicación se vuelve fascinación y la racionalidad se sustituye por la emotividad, se pone en marcha la seducción televisiva. “Conseguir el máximo número de espectadores durante el máximo tiempo y hacerlo al margen de la utilidad, calidad o funcionalidad de las emisiones lleva a poner en marcha mecanismos de seducción”. Así lo expresaba el profesor Sánchez Noriega, de la Universidad Complutense de Madrid.

    La multiplicación de canales y de nuevos soportes, el agotamiento de los formatos y una búsqueda de audiencia que determina todo el contenido, han originado desde la pasada década, lo que se denominaneotelevisión. La competencia entre las cadenas y la lucha por la audiencia son su rasgo principal. Los programas, los formatos, los temas, todo está destinado a incrementar la llamada cuota de pantalla.

    Se busca seducir a la audiencia elevando a la categoría de espectáculo cada emisión de hora punta. La creatividad o las ideas quedan subordinadas y el objetivo de producir mayor audiencia, para luego venderla a los inversores publicitarios, es la finalidad de las empresas televisivas.

    Según Noriega, los nuevos modos de ver cuestionan los tradicionales modos de saber y entrañan nuevos modos de seducir. Van mezclados objetos de conocimiento y también de deseo.

    La guerra mediática propicia la simbiosis en los tipos de programas, los formatos estándar han cambiado. Han surgido programas de estructura sencilla que combinan concursos, cotilleo (crónicas sentimentales o “del corazón”); estos programas se dirigen a públicos poco exigentes, consumidores de televisión que saltan de programa en programa.

    Hay tendencia a convertir en principal protagonista al hombre de la calle. Se multiplican sin imaginación los concursos, los videos de aficionados, la imitación a cantantes o los reatity shows.

    En los programas se utiliza la presencia del público, ya sea supuesto o presente en el plató, entrevistado por la calle, concursante, que recibe mensajes y vota, llama o consume. Parece más importante encontrar un protagonista que describir un acontecimiento. Los desconocidos se convierten en famosos de la noche a la mañana. La televisión parece legitimar los hechos significativos, las personas conocidas, las opiniones, los lugares.

    Se fabrican estrellas mediáticas en cualquier ámbito, político, musical, deportivo. Sólo es preciso tener cierto encanto personal. Esa capacidad, sin embargo, es efímera y cambia en poco tiempo. Los famosos se “queman” por sobreexposición y pasan del fulgor a la destrucción, de la idolatría a la desmitificación.

    Es una especie de juego exhibicionista, en el que unas veces se muestra y otras se oculta lo prohibido, de ahí el abuso de imágenes supuestamente robadas y la privacidad invadida.

    Esta nueva televisión mezcla ocio, información, servicios y negocio. Pero la superabundancia que permiten las nuevas tecnologías no suele ir acompañada del buen gusto sino que suele ser telebasura en gran parte de su contenido.

    La mayoría de las programaciones ofrecen escándalos, declaraciones amorosas y confesiones públicas del terreno más íntimo y personal. Tampoco hay freno a la hora de mercantilizar el dolor con argumentos donde abundan la violencia, la agresividad o la desgracia. La información acaba siendo sustituida por el morbo.

    Fascina lo prohibido, seducen la maldad, el horror, las catástrofes… el eros y thanathos, el amor y la muerte. Los productores televisivos lo saben y diseñan programas en los que se utiliza lo que el comunicólogo español Joan Ferrés denomina “pornografía de los sentimientos”.

    Pero seducir, cautivar y fascinar son procesos en los que la voluntad del ciudadano y su capacidad de análisis quedan prácticamente anuladas.

    No se pregunta a los espectadores si las programaciones televisivas son de su gusto y se echa en falta un tono cultural acorde con los tiempos y la preparación de la audiencia. Será preciso fomentar una mayor capacidad crítica de los espectadores ante la televisión o la seducción nos llegará hasta el salón de casa.

    María José Atiénzar

    Periodista

    ccs@solidarios.org.es

    Me gusta

  4. Pan y circo

    En el siglo I, en tiempo del imperio romano, el poeta Juvenal escribió en una de sus obras la expresión panem et circenses: pan y juegos del circo. Frase peyorativa que ironiza la práctica de los emperadores romanos que, para mantener tranquila a la población y ocultar sus canalladas, proporcionaban al pueblo alimento y diversión gratis: regalaban al populacho trigo, panes y entradas para los juegos del circo (circenses); carreras de cuadrigas, luchas de gladiadores y otros. Así mantenían al pueblo distraído y alejado de la política. En nuestros días, para referirse a tal práctica gubernamental, antes se decía “pan y toros” y, durante la dictadura franquista, “pan y fútbol”.

    Hoy, los antiguos juegos circenses son mucho más variados. Fútbol, bodas reales, televisión basura, estupideces varias de presuntos famosos que no hacen ni han hecho nunca nada que valga la pena pero llenan horas de programación televisiva en permanente ejercicio de mal gusto, impudicia y analfabetismo funcional…

    A diferencia del tiempo del imperio romano, hoy nadie regala trigo ni pan; no se da nada, más bien se recorta, se quita, mientras una situación injusta global y delictiva hace que las gentes pierdan el empleo y no puedan ganarse el pan, símbolo de mínima vida digna.

    Mientras más de dos mil millones de personas (un tercio del planeta) seguían por televisión la boda del heredero de la Corona británica William y la ciudadana Kate, el gobierno del conservador Cameron continuaba con su programa de recortes sociales, pero aceptaba pagar la enorme factura por esa boda. Al mismo tiempo, FMI y Unión Europea imponían fuertes recortes sociales a Portugal para poder recibir el rescate financiero, como reducir pensiones, disminuir prestaciones por desempleo a la mitad y recortar el gasto en educación y sanidad. También acogotan a Irlanda y Grecia y extorsionan a España para que vulnere más derechos humanos sociales y económicos de ciudadanos, de los que casi cinco millones están en el paro. En España también, la multinacional Telefónica despedirá al 20% de su plantilla, aunque en 2010 obtuvo más de 10.000 millones de euros de beneficio. Un récord.

    En España, una mujer que ronda la cuarentena, cuyo único presunto mérito es que estuvo casada con un torero mediocre, ocupa las pantallas televisivas con honorarios de ejecutivo de multinacional y, para más inri, es nombrada “princesa del pueblo” por las nutridas masas consumidoras de televisión basura. En otro punto del arco mediático, los partidos que enfrentaron al Real Madrid y al Barça en cuartos de final de la Liga de Campeones europea dieron pie a horas y horas televisivas, dando vueltas sobre la rivalidad entre ambos equipos y sus entrenadores. Nada. Pero el público está entretenido.

    Panem et circenses (perdón, hoy sólo circenses): Despistar, distraer para mantener a la ciudadanía alejada de sus intereses reales. Pues de eso se trata, de convertirnos de nuevo en súbditos, como en el ancienne régime antes de la democracia.

    Pero somos ciudadanos, no súbditos. Súbdito es el natural de un país sujeto a la autoridad de quien detenta el poder con la obligación inevitable de obedecerle. Sin derechos. Ciudadano es la persona que tiene derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Derechos. E interviene en el gobierno del país. Debería. Y esto no es un ejercicio académico; es el corazón mismo de la democracia. O no hay democracia.
    Pues bien, todo el entramado consumista mediático equivalente a los romanos juegos de circo, armazón que oculta o anestesia, que fomenta irracionales pasiones futbolísticas, que programa basura televisiva… persigue un objetivo evidente: impedir que la ciudadanía tome conciencia de lo que ocurre, que ignore que violan sus derechos y, sobre todo, que toda la fuerza y energía que dedicaría a defender sus derechos la diluya en las falaces pasiones por fútbol, bodas reales y otros juegos circenses de nuestro tiempo.
    Como ha escrito Noam Chomsky, “mientras el grueso de la población se mantenga pasiva, entregada al consumismo y apática, los poderosos del mundo podrán seguir haciendo lo que les plazca, y a los que sobrevivan a eso no les quedará sino contemplar un resultado catastrófico”.
    Consigna para los próximos mil años: Ciudadanos y ciudadanas, no súbditos.

    Xavier Caño Tamayo
    Periodista y escritor

    Me gusta

  5. “ES DE EXCLUSIVA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES”

    Pa’i Oliva – http://www.paioliva.blogspot.com

    Es una de las frases más hipócritas que conozco. Y de esta manera o de otra la dan a entender algunos canales de TV cuando se acercan las 9 de la noche.

    A partir de entonces, la TV se convierte en basura. Unas veces serán los conductores de programas con sus insinuaciones, otras, los casi desnudos que se acercan más a la misma pornografía.

    Pero, ahora no me estoy refiriendo a lo que se emite por TV después de las 9 de la noche, sino a lo que ocurre durante el día.

    Por ejemplo, durante el día se supone que se va a cuidar para que los niños puedan acceder a una TV, que sea apta también para ellos. Pero en medio de películas de muñecos, impunemente ponen avances haciendo propaganda de los programas de después de las 9 con las escenas más fuertes para atraer más al público adulto.

    Y telenovelas del día, que llenan la programación, no escatiman escenas de las que abundan en las telenovelas de la noche.

    Por eso pregunto, si desde las 9 de la noche los mismos canales de TV dicen que es la responsabilidad exclusiva de los padres el daño que puedan recibir sus hijos pequeños ¿no será que durante el día los canales de TV tienen una responsabilidad, compartida pero predominante, de lo que transmiten?

    Y sigo preguntando si toma alguna medida el ente regulador de la televisión o ¿quedan estos excesos en total impunidad?

    Me gusta

  6. ¿VIDA MODELO…
    O MODELO VIDA?

    Estas expresiones nos convocan a una serena reflexión por la expresiva inexpresión del juego de palabras y traigo a colación un principio elemental de gramática que dice “el orden de las palabras no altera el significado de la acción”. Nos enseña además el uso de los adjetivos, de los artículos, sean estos definidos, indefinidos, demostrativos, preposiciones, etc, cuyas omisiones varían el sentido de la oración.

    Es así que si decimos a un varón que “es un soberano pederasta o un pederasta soberano”, le decimos las mismas palabras, el sentido es el mismo a pesar de la inversión del orden, el concepto no varía y la opinión que se tiene de la inmoralidad manifiesta del sujeto queda incólume: es pederasta, invertido, homosexual, desviado o bujarrón, expresiones que definen la inmoral conducta de la persona que la sociedad desprecia, con razón, porque esta conducta en la última década se hace aparecer como enfermedad y la practican los más grandes asaltantes o traficantes que han perdido la vergüenza, y han dado la espalda al trabajo honesto dedicándose a la vida fácil, es decir, aparte de la inmoral conducta se dedican al pillaje, al robo, al asalto, etcétera.

    Pero sirva este introito para comentar del por qué el título de este escrito, y vaya que confunde la expresión “vida modelo”, que identifica a un programa televisivo que se sumerge en la aberrante procacidad, en la inescrupulosa obscenidad y deshonrosa mentira que desafía lo moral, lo ético y la vida ejemplar de las personas de bien.

    Hago estas acotaciones preliminares sin negar que me encanta y me fascina la hermosura de las mujeres cuando fueron agraciadas por la naturaleza, por el donaire. Me gusta la elegancia perfecta de la dama; me encanta cuando su atractivo posee el don de la seducción, por la sublime armonía de su cuerpo y su conducta que rememora a la Afrodita, Venus, Helenas, Las gracias, etc.

    Pero estas damas de dudosa reputación que concurren al programa no producen seducción alguna. Al contrario, ese abuso de procacidad y de ordinariez que exhiben al igual del conductor del programa Vida Modelo, creo incita a los niños paraguayos a la prostitución o la pederastia, a la drogadicción, al alcoholismo y otros peores vicios.

    Muchas madres segadas por la ambición y el deseo de una mejor vida inducen a sus hijas a “modelar”, sea por ignorancia, incultura, agnosia o asopia, constituyéndose de esta manera en representantes empresariales de las mismas.

    Estimado lector, es fácilmente perceptible que el mensaje de Vida Modelo no es sino una cordial invitación a nuestras niñas a vender sus cuerpos o a facturar a cuenta del honor, inficionando la moral y la conducta de las indiciadas.

    Una “modelo” oscurantista a quien adorna una ignorancia salvaje e invencible, adujo que ella muestra lo que tiene porque Dios le dio para ello.

    Le aclaro que el Creador puso los sexos al ser humano para un fin noble, no para el mercado de la podredumbre, donde pululan estos tipos de personas.

    Los órganos que Dios nos ha dado es para procrear e inmortalizar la especie humana, si esta damisela cree que se le ha dado para otro fin, es porque su coeficiente intelectual aún no ha llegado a la altura de la zapatilla del creador.

    Quisiera entender al conductor de Vida Modelo, penetrar en su siquis e indagarlo con profunda atención y así poder descubrir lo que guarda más allá de su máscara, de si es consciente que lo que hace es completamente anormal. Allá él en definitiva, pero que no pretenda vendernos imágenes de bajísimo nivel, porque entiendo que “vida modelo” es la que nos enseñó el creador desde el nacimiento de Jesús y el afán de la familia por educar a su primogénito por la senda del bien y de la rectitud.

    En síntesis, aborrezco la insábica y anomálica conducta de estas damiselas practicada con la vehemencia de un volcán. Disiento de quienes se apartan de las normativas reguladoras del comportamiento y la conducta familiar, considerada piedra angular de la sociedad. Desprecio la lumiación en todas sus formas y me preocupa de sobremanera la mala salud del idioma y la baja pureza de la gramática, que mal aplicado dice justamente lo que no quiere decir: “vida modelo” en vez de “vida de modelo”, valga la cacomanía e imperfección.

    Es mi opinión.

    Licenciado Orlando Nicolás Matto

    Me gusta

  7. Nietos de la tele
    JIMMI PERALTA

    “Hoy me toca ser víctima, testigo y cómplice de una segunda o tercera generación de padres que apuestan al “niñerismo” televisivo como alternativa de crianza”.

    En 1980, la familia Peralta-Rodríguez, la mía, se compraba su primer televisor, casi de lujo, era uno a color que aún está de labores en casa. Esa Toshiba de 14 pulgadas generaba, sin saberlo, una mutación especial en la composición de esa joven unión conyugal, y eso que yo aún no nacía.

    Hoy me toca ser víctima, testigo y cómplice de una segunda o tercera generación de padres que apuestan al “niñerismo” televisivo como alternativa de crianza. Y antes de descargar “puristamente” el hacha en el pescuezo de algunos, es mejor analizar, en sentido literal, parte por parte, algunas variantes de este proceso de masificación cultural que genera la tele, más que ningún otro medio de comunicación.

    Cuando dejamos a nuestros niños frente al televisor por 1 minuto, o 6 horas, mientras hacemos otras cosas, tenemos la tranquilidad de que ellos permanecerán “conectados” al artefacto, y la certeza de que miles de palabras, conceptos, erotismos, ideologías, estilos de vida, valoración ética y estética, los estimulan y los acechan. Los niños se encuentran indefensos ante esta ciencia del estímulo.

    Elementos como el dinero, el tiempo, la confianza, la utilidad, lo académico, o lo moral, deberían entrar en juego a la hora de decidir con quién o con qué se quedan nuestros hijos. La cuestión no es satanizar la pantalla, y por lo tanto no puedo negar que parte de mi castellano citadino lo debo a las traducciones mexicanas de los dibujitos animados, y que parte de mi sensiblería va a cuenta de las telenovelas.

    Sin embargo, el “con qué y con quién dejamos a nuestro hijos”, también pasa por otra parte.

    No solamente se explica con el placer y el displacer de estar frente a la televisión, el hecho de que los niños prefieran comer viendo sus programas favoritos, antes que reunirse en la mesa con su familia. Es que ese relacionamiento “perfecto” con el aparato, con el artefacto de dicta y no escucha, con la cosa, resulta más positivo que con las personas.

    Los padres nos seguimos sorprendiendo de que nuestros hijos estén tan “adelantados” con relación a nosotros, y nos sorprendemos falsamente, porque sabemos, ya que a nosotros también nos pasó, que los niños reciben más estímulos y condicionamiento de los que pueden manejar, y que eso ya nos disoció de nuestro padres, desde la forma misma de concebir la vida.

    Arnold Schwarzenegger matando a 100 vietnamitas con una súper arma, no es ni todo ni el gran problema. Esa es la estética contemporánea. El problema es el solipsismo del niño que sólo goza al relacionarse con la máquina, con una única efectiva relación con la máquina que mata al “yo” “humano”, pues las relaciones son con objetos. La vida es con los objetos.

    Este solipsismo, el encerrarse en uno mismo rompiendo vías de comunicación con los demás, tiene nuevos cómplices en las reediciones de la clásica televisión: la computadora, los videos juegos, los celulares, etc.

    Sin relación entre personas no hay solidaridad. Claro que al ritmo que vivimos, pensamos que en tanto nuestros niños se relacionen mejor con las máquinas, serán más efectivos en los procesos de producción, y dentro de esta arista, es sólo un entrenamiento para su futuro trabajo. Sin embargo ya vimos el otro lado de la moneda.

    No tratemos de pensar en medidas radicales, pero si nosotros nos relacionamos con personas la mitad del tiempo de lo que lo hacían nuestro padres ¿cuánto se relacionan con los de su especie nuestros hijos?

    Primero deberíamos de tener en cuenta los factores que nos llevan a esto: la pujante fuerza de consumo de artefactos impulsada por las industrias, el modo de producción que exige una ausencia de ambos padres de las casas, un estándar de vida que exige más horas de trabajo, a cambio de más bienes, y unos padres, como los de mi generación, que ya sufrieron la paternidad televisiva y la destrucción de parte de su criterio humano.

    Me gusta

  8. ¿NOS REFLEJA LA TELEVISIÓN?
    Esa pregunta suya sobre la televisión, es muy difícil de responder. Por un lado, esa mayoría de pueblo desnutrido, con cerebros mal oxigenados que sobre viven por instinto puro, no tiene otra opción más que la televisión que hay, con Laura en América incluida.
    Pero esa minoría que puede pagar la televisión por cable, que conoce la importancia de una alimentación balanceada, que hasta tiene estudios universitarios, disfruta enormemente de Tinelli y su baile en el caño.
    No podemos decir tampoco que estos programas de cuarta categoría son exclusivos de países sudamericanos o subdesarrollados, pues en la televisión italiana y la alemana, por sólo citar dos, se ven cosas hasta peores.
    Lo mismo se podría decir de esas revistas que llaman del corazón en España, y resultan ser un negocio muy rentable, aunque sus temas más interesantes, traten el adulterio de las damas del Jet Set. Está el ejemplo de la costosa revista HOLA, la cual no está hecha para bolsillos desinflados y sin embargo se mantiene en el tiempo, gracias a las señoras presuntamente bien educadas, a las que les encanta saber qué hace la monarquía europea.
    Digamos entonces por ahora, que refleja a un determinado grupo de personas, a quienes les encanta el chisme, lo banal, y hasta lo soez, aquí, allá y en todas partes, porque hay de todo en la viña del señor.
    Saludos
    Ibelise

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s