NO SON BALAS LO QUE NECESITAN, SINO PAN Y JUSTICIA

Federico Mayor Zaragoza

La reacción de la Unión Europea ante las movilizaciones de Túnez y Egipto ha sido impropia de una gran asociación regional. Pone de manifiesto que carece todavía de política exterior conjunta, de seguridad propia, de defensa, etc. Una vez más, los desafíos descubren las extraordinarias carencias de lo que sigue siendo, con muchos parches aún, una comunidad económica. Es triste que lo único que se les haya ocurrido sea reforzar la capacidad defensiva de la ribera norte del Mediterráneo para contener las movilizaciones sociales del sur. ¿De verdad no se dan cuenta de que lo que está sucediendo es una gran participación ciudadana favorecida por el ciberespacio? ¿De verdad no se dan cuenta de que lo que expresan los ciudadanos de estos países es que desean, precisamente, un cambio de sistema y de “colonización” por parte de quienes hasta ahora se han atribuido funciones de gobernación a escala mundial? ¿De verdad no se dan cuenta en Bruselas y en Washington que lo que existe en esos países son ganas de libertad, de participación democrática, de justicia social y de calidad de vida para todos?

Los que vivimos en el barrio próspero de la aldea global no llegamos al 20% de la humanidad. El resto, en un gradiente progresivamente inferior, viven en difíciles condiciones y a veces exclusivamente tratan de sobrevivir. He repetido hasta la saciedad que constituye una auténtica vergüenza colectiva que sigamos invirtiendo 4.000 millones de dólares al día en gastos militares y armas cuando más de 70.000 personas mueren de hambre en un auténtico genocidio de olvido y desamparo. Ahora lo que leemos en la prensa es que “La OTAN alerta a Europa de los efectos de la revuelta y pide más inversión en defensa”. ¿Dónde han ido a parar la mayor parte de las importantes ayudas que Estados Unidos han dado a Egipto? Han vuelto a los EE.UU. en adquisiciones de material militar, para encanto y beneficio de, entre otras empresas, Lockheed Martin y General Dynamics…

 

No. Es un tremendo error pensar que lo que debe hacer Europa es incrementar todavía el potencial militar y el de los regímenes existentes en esos países. Lo que debe hacer es volcarse, de una vez, ayudando a su desarrollo económico sostenible; favorecer una mayor participación en la explotación de los recursos naturales de tantos y tantos lugares del mundo que se han visto empobrecidos por la rapacidad del “Norte”. No requieren más inversión en defensa, si no en “vida”. Lo que Occidente necesita ahora es una rapidísima revisión de los arsenales militares la mayoría de ellos abarrotados de artificios bélicos propios de guerras pasadas; la destrucción definitiva de las ojivas nucleares; el rápido aumento de las fuentes energéticas sostenibles para moderar el consumo y el “poder” del petróleo; unas Naciones Unidas fuertes para poder intervenir rápidamente en derivas inaceptables de violencia y extremismo; coordinación a escala global de todos los recursos tecnológicos y personales para hacer frente a las catástrofes naturales o provocadas…

 

Lo que Europa necesita es anticiparse a las “revueltas” que, en muy poco tiempo, van a tener luga, gracias a la participación no presencial, en todas partes del mundo, incluida Europa, que ya no aceptará el espectáculo lamentable, del acoso de los especuladores, de las democracias que por la “presión del mercado” deben abandonar o disminuir sus programas de acción social.

 

“Europa debe estar lista para defenderse ante nuevas amenazas. Europa no puede permitirse descuidar la defensa”, advirtió el Secretario General de la OTAN, Anders F. Rasmussen. Las amenazas no son ahora de guerra, sino de orden social, de reivindicaciones que les permitan una vida digna. Europa no necesita reforzar su mano armada, sino su mano tendida.

 

Tampoco se trata de una mayor “ciberdefensa”. De momento, aconsejo que se escuche… y se adopten las adecuadas medidas preventivas. La prevención es la mayor victoria.

 

Europa no debe buscar nuevos “socios militares” porque estos no servirán, ante los presentes desafíos, para esclarecer horizontes turbulentos. Haría mejor en aplicarse la profecía de Isaías: “Cuando partas tu pan con el hambriento, tu oscuridad se volverá mediodía”.

 

 

 

 

Presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex Director General de la UNESCO

 

8 comentarios en “NO SON BALAS LO QUE NECESITAN, SINO PAN Y JUSTICIA”

  1. – Mundo
    ‘Comemos lo que nos dicen las grandes empresas agroalimentarias’

    Enric Llopis
    Rebelión
    Adital
    Entrevista a Esther Vivas, coautora del libro “Del Campo al Plato” (Ed. Icaria, 2009)

    Comprar en una gran superficie un kilogramo de azúcar, un litro de leche o un paquete de galletas puede parecer un acto de lo más cotidiano. Pero bajo esta apariencia inocua subyace la relevancia política de nuestras acciones, incluso las más inocentes.

    Esther Vivas, activista social, por la soberanía alimentaria y militante del movimiento antiglobalización, alerta sobre la primacía del capital privado a la hora de imponer gustos, marcas y productos. Junto a Xavier Montagut ha publicado los libros “Del Campo al Plato”, “¿Adónde va el comercio justo?” y “Supermercados, no gracias”.

    Eres coautora del libro “Del Campo al Plato” (Ed. Icaria, 2009). ¿Opinas que nos están envenenando?

    El modelo de producción de alimentos antepone intereses privados y empresariales a las necesidades alimentarias de las personas, a su salud y al respeto al medio ambiente. Comemos lo que las grandes empresas del sector quieren. Hoy hay el mismo número de personas en el mundo que pasan hambre que personas con problemas de sobrepeso, afectando, en ambos casos, a los sectores más pobres de la población tanto en los países del norte como del sur. Los problemas agrícolas y alimentarios son globales y son el resultado de convertir los alimentos en una mercancía.

    925 millones de personas en el mundo padecen hambre. ¿Constituye ello una prueba del fracaso del capitalismo agroindustrial?

    Sí. La agricultura industrial, kilométrica, intensiva y petrodependiente se ha demostrado incapaz de alimentar a la población, a la vez que ha tenido un fuerte impacto medioambiental reduciendo la agrodiversidad, generando cambio climático y destruyendo tierras fértiles. Para acabar con el hambre en el mundo no se trata de producir más, como afirman los gobiernos y las instituciones internacionales. Por el contrario, hace falta democratizar los procesos productivos y propiciar que los alimentos estén disponibles para el conjunto de la población.

    Las empresas multinacionales, la ONU y el FMI proponen una nueva “revolución verde”, alimentos transgénicos y libre comercio. ¿Qué alternativa puede plantearse desde los movimientos sociales?

    Hace falta recuperar el control social de la agricultura y la alimentación. No puede ser que unas pocas multinacionales, que monopolizan cada uno de los tramos de la cadena agroalimentaria, acaben decidiendo lo que comemos. La tierra, el agua y las semillas han de estar en manos de los campesinos, de aquéllos que trabajan la tierra. Estos bienes naturales no han de servir para hacer negocio, para especular. Los consumidores hemos de poder decidir qué comemos, si queremos consumir productos libres de transgénicos. En definitiva, hay que apostar por la soberanía alimentaria.

    ¿Podrías definir el concepto de “soberanía alimentaria”?

    Consiste en tener la capacidad de decidir sobre todo aquéllo que haga referencia a la producción, distribución y consumo de alimentos. Apostar por el cultivo de variedades autóctonas, de temporada, saludables. Promover los circuitos cortos de comercialización, los mercados locales. Combatir la competencia desleal, los mecanismos de dumping, las ayudas a la exportación. Conseguir este objetivo implica una estrategia de ruptura con las políticas de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

    Pero reivindicar la soberanía alimentaria no implica un retorno romántico al pasado, sino que, por el contrario, se trata de recuperar el conocimiento de las prácticas tradicionales y combinarlas con las nuevas tecnologías y saberes. Asimismo, no consiste en un planteamiento localista sino de promover la producción y el comercio local, en la que el comercio internacional funcione como un complemento del anterior.

    Afirma La Vía Campesina que hoy comer se ha convertido en un “acto político”. ¿Estás de acuerdo?

    Completamente. Lo que comemos es resultado de la mercantilización del sistema alimentario y de los intereses del agrobusiness. La mercantilización que se está llevando a cabo en la producción agroalimentaria es la misma que afecta a otros muchos ámbitos de nuestra vida: privatización de los servicios públicos, precarización de los derechos laborales, especulación con la vivienda y el territorio. Es necesario anteponer otra lógica y organizarse contra el modelo agroalimentario actual en el marco del combate más general contra el capitalismo global.

    ¿Estamos en manos de las grandes cadenas de distribución? ¿Qué implica y qué efectos tiene este modelo de consumo?

    Hoy, siete empresas en el estado español controlan el 75% de la distribución de los alimentos. Y esta tendencia va a más. De tal manera que el consumidor cada vez tiene menos puertas de acceso a la comida y lo mismo le pasa al productor a la hora de acceder al consumidor. Este monopolio otorga un control total a los supermercados a la hora de decidir sobre nuestra alimentación, el precio que pagamos por lo que comemos y cómo ha sido elaborado.

    ¿Sirven las soluciones individualistas para romper con estas pautas de consumo?

    La acción individual tiene un valor demostrativo y aporta coherencia, pero no genera cambios estructurales. Hace falta una acción política colectiva, organizarnos en el ámbito del consumo, por ejemplo, a partir de grupos y cooperativas de consumo agroecológico; crear alternativas y promover alianzas amplias a partir de la participación en campañas contra la crisis, en defensa del territorio, foros sociales, etcétera.

    También es necesario salir a la calle y actuar políticamente, como en su momento se hizo con la campaña de la Iniciativa Legislativa Popular contra los transgénicos impulsada por “Som lo que Sembrem”, porque, como se ha visto en múltiples ocasiones, aquellos que están en las instituciones no representan nuestros intereses sino los privados.

    Kyoto, Copenhague, Cancún. ¿Qué balance general puede hacerse sobre las diferentes cumbres acerca del cambio climático?

    El balance es muy negativo. En todas estas cumbres han pesado mucho más los intereses privados y el corto plazo que no la voluntad política real para acabar con el cambio climático. No se han tomado acuerdos vinculantes que permitan una reducción efectiva de los gases de efecto invernadero. Al contrario, los criterios mercantiles han sido una vez más la moneda de cambio, y el mecanismo de comercio de emisiones es, en este sentido, el máximo exponente.

    En Cancún ha hecho fortuna la idea de “adaptación” al cambio climático. ¿Se esconden detrás los intereses de las compañías multinacionales y de un supuesto “capitalismo verde”?

    Así es. En lugar de dar soluciones reales, se opta por falsas soluciones como la energía nuclear, la captación de carbón de la atmósfera para su almacenamiento o los agrocombustibles. Se trata de medidas que lo único que hacen es agudizar aún más la actual crisis social y ecológica y, eso sí, proporcionar cuantiosos beneficios a unas pocas empresas.

    El Movimiento por la Justicia Climática trata de ofrecer alternativas. ¿Cómo nace y cuáles son sus principios?

    El Movimiento por la Justicia Climática hace una crítica a las causas de fondo del cambio climático, cuestionando el sistema capitalista y, como muy bien dice su lema, trata de “cambiar el sistema, no el clima”. De este modo expresa esta relación difusa que existe entre justicia social y climática, entre crisis social y ecológica.

    El movimiento ha tenido un fuerte impacto internacional, sobre todo a raíz de las protestas en la cumbre del clima de Copenhague y, más recientemente, en las movilizaciones de Cancún. Ello ha contribuido a visualizar la urgencia de actuar contra el cambio climático. El reto es ampliar su base social, vincularlo a las luchas cotidianas y buscar alianzas con el sindicalismo alternativo.

    ¿La solución es cambiar el clima o cambiar el sistema capitalista?

    Hace falta un cambio radical de modelo. El capitalismo no puede solucionar una crisis ecológica que el sistema mismo ha creado. La crisis actual plantea la necesidad urgente de cambiar el mundo de base y hacerlo desde una perspectiva anticapitalista y ecologista radical. Anticapitalismo y justicia climática son dos combates que han de ir estrechamente unidos.

    [+info: http://esthervivas.wordpress.com%5D.

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  2. Especulación, primer enemigo para vencer el hambre.

    El representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) en Paraguay, Ing. Jorge Meza, visitó los estudios de Radio Viva para hablar sobre la crisis de hambruna por la que atraviesa no solo en nuestro continente, sino el mundo, pese al contrasentido de la abundancia de alimentos. Esta situación se da, según Meza, principalmente por ese mortífero juego de “especulación de precios” de los mercados a nivel global.

    La mayoría de las veces los costos de los alimentos que consumimos no están condicionados a la existencia de estos productos sino al negocio de la especulación, conforme a la información que llega los mercados. Esto fue demostrado tras una investigación que hizo la FAO que comprobó que en el mundo hay suficiente alimento para todos, aunque se recomienda que los gobiernos incrementen sus reservas.

    El miedo al riesgo es lo que hace subir los precios, no la disponibilidad actual de los productos. Mucho de ese temor se da por las consecuencias que podría ocasionar a la producción los efectos del cambio climático. Otro factor importante del hambre puede atribuirse al desmesurado crecimiento poblacional mundial, lo que en consecuencia incrementa la demanda.

    “Por un lado la oferta está amenazada por los efectos del cambio climático y por otro, la demanda se ve incrementada por un crecimiento poblacional. A esto hay que sumar una demanda diferente, la de los biocombustibles”, expuso Meza, en entrevista en el programa Café para Dos.

    Como ejemplo citó el caso de los Estados Unidos, que en los últimos años ha reformulado la disponibilidad de alimentos para su población, haciéndola menor, en razón de que ha orientado una gran cantidad de maíz para la producción biocombustibles.

    De los poco más de 6 mil millones de personas que habitan en el mundo, alrededor del 18 % sufre de hambre. Las potencias mundiales han abierto justamente el debate para analizar de qué manera pueden contrarrestar esa especulación y para ello, se piensa en cómo mejorar la calidad y cantidad de información precisa para que los mercados puedan tranquilizarse.

    PROGRAMAS INSUFICIENTES

    Muchos gobiernos en América Latina han hecho grandes esfuerzos para ver cómo pueden disminuir el hambre en sus pueblos implementando diferentes tipos de programas, esto hizo que efectivamente disminuya la cantidad de personas que sufren de hambre, sin embargo, mucha de esta gente que ha salido de esa condición se encuentra hoy sobre una línea de fluctuación de pobreza.

    Qué quiere decir esto, que cualquier incremento en los precios de alimentos hace que estas familias vuelvan a su condición inicial porque no se ha afianzado una clase media, o por lo menos, una que los haga salir de la situación de peligro de hambre. “Alrededor del 70 % de los ingresos de estas familias va para la alimentación, si esos alimentos están más caros ellos están más pobres”, remarcó.

    CRISIS ECONÓMICA GLOBAL

    Se debe recordar, que en los últimos años la crisis financiera hizo que se reduzca la capacidad de ingresos de una gran cantidad de personas y si a eso se le suma que los alimentos están más caros, realmente se coloca a la gente en una situación difícil.

    ROL DE LA FAO

    Meza explicó que lo que hace este organismo internacional no es brindar recetas ni soluciones a los países, sino más bien, apoyar los planes que los distintos gobiernos han diseñando para el combate del hambre respetando la soberanía de cada pueblo.

    “Me parece que en Paraguay como en muchos otros países hay espacio como para tener una producción agrícola en una escala mayor, donde hay espacio para los grandes y pequeños productores. No creo que en Paraguay estemos en una situación que tengamos que ser excluyentes, el país se presta muy bien para ser incluyentes con tres o cuatro tipos de producción, aumentando los volúmenes para la exportación pero también satisfaciendo las necesidades internas de las grandes y pequeñas urbes”, opinó.

    RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

    La manera de disminuir los conflictos en el campo, entre los grandes y pequeños productores, es en base a una buena planificación y leyes claras que protejan lo social y ambiental. De esta manera, perfectamente puede convivir la agricultura extensiva como la familiar.

    “La solución no está por eliminar la agricultura extensiva o de comercialización, sino por establecer mejores leyes y planes ambientales. Se dice que la agricultura familiar contribuye poco a la economía nacional, pero la solución no está en eliminarla ni marginalizarla, sino en hacerla más productiva incorporando técnicas y tecnología para darles la posibilidad de mejorar sus ingresos”, remarcó el representante de la FAO en Paraguay.

    Por: Samuel Acosta
    Fuente: Agencia Jakueke

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  3. 34º Reunión del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)

    Instan a promover la agricultura familiar como herramienta contra el hambre

    Por Jorge Zárate

    Para el año 2050 la población del mundo superará los 9 mil millones de habitantes y el hambre, que es ya un problema grave, empeorará gravemente si no se financia la agricultura familiar campesina.

    Así se preocuparon en señalar el presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), Kanayo Nwanze, el ex secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan y la princesa Haya Al Hussein, mensajera de la paz de la ONU, durante el 34º período de sesiones del Consejo de Gobernadores del FIDA que concluyó en Roma, Italia, el domingo 20 de febrero. “Se gastan 300 mil millones de dólares en armas y hay 300 millones de niños que se mueren de hambre”, comparó Al Hussein al abrir la conferencia. “Hemos perdido el sentido de la compasión y la comunidad que hace que la vida valga la pena. Estamos moralmente en bancarrota”, consideró. Hay 925 millones de personas con hambre y 1.600 millones de mal nutridos en este momento en el mundo, mencionó.

    Más de 600 levantamientos se registraron por esta causa desde 1997 en el mundo, comentó, apuntando que esta situación se produjo a causa de que “la agricultura no fue prioridad para los países desarrollados”, y que ese modelo debe revertirse. “Si mi casa se está incendiando, prometo que haría lo imposible por salvarla, creo que es igual con el mundo. La casa se está incendiando”, advirtió en un emotivo mensaje que fue coronado con aplausos del auditorio.
    A su turno, Annan, que es presidente de la Alianza para una Revolución Agrícola en África (AGRA, su sigla en inglés), expuso los avances que la iniciativa tuvo en el continente haciendo hincapié en la necesidad de incrementar los aportes para ayudar a los campesinos pobres. Explicó hasta qué punto el modelo es perverso con un ejemplo de un país africano al que no mencionó en el que la agricultura “produce el 40% del PBI y sólo el 1% de los créditos bancarios acuden a su financiamiento”.
    El subsecretario de Economía de Italia, Luigi Casero, apuntó que la producción agrícola de alimentos debía incrementarse en un 70% para el 2050 para poder alimentar a la población del mundo.

    A su turno, Nwanze, recordó que el FIDA administra un fondo de 1.600 millones de dólares y que tiene 30 oficinas en el mundo y reiteró “el compromiso de trabajar por economías rurales pujantes donde los jóvenes consideren que tienen futuro”, haciendo alusión al lema de la reunión: Alimentando a las generaciones futuras, jóvenes rurales hoy, agricultores productivos mañana”. Para ello reclamó la existencia de asociaciones financieras innovadoras para apoyar a los jóvenes productores como se da en Ghana, Tanzania, Malí y Malawi.

    Liderazgo
    Ya en conferencia de prensa, Kanayo Nwanze, presidente del FIDA, indicó que para el desarrollo agrícola era fundamental el liderazgo político y la infraestructura para comparar los casos de China, India y Vietnam con los de África. “Es necesario invertir en salud, educación e infraestructura, no se trata solo de lo agrícola”, expuso recordando que en África “la falta de liderazgos firmes no permitió la consolidación de un modelo agrícola fuerte”. Consultado sobre la cuestión de la reforma agraria y su utilidad como herramienta en el mundo, dijo que es un “concepto que tiene muchas perspectivas tanto política como socialmente”para agregar que “para el Fida es un elemento fundamental en el sentido en que cuando hay tierras en poder hay inversión”. Nwaye insistió en que “FIDA trabaja junto a los gobiernos en señalar que las poblaciones tienen derecho a la tierra”, expuso.

    Alertan sobre especulación con alimentos

    El presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (Fida), Kanayo Nwanze, reclamó a los países centrales que cesen con la especulación con los precios de los alimentos, señalando que la misma puede derivar en una crisis de graves consecuencias, peor inclusive a la de 2008. “Queremos llegar con este mensaje hasta el G20, con una fuerte alerta contra la volatilización de los precios”, indicó.

    En el mismo sentido, Kofi Annan, que es presidente de la Alianza para una Revolución Agrícola en África (AGRA, su sigla en inglés) indicó que había que hacer esfuerzos por “moderar” la especulación para proteger a “los más pobres entre los pobres”. Annan agregó: “La FAO ha advertido que el alto costo de los alimentos está resurgiendo como una seria amenaza al desarrollo económico y la estabilidad social, ya ha contribuido a fomentar los disturbios en el Oriente Medio y África del Norte.”. “Con el cambio climático que aumentará los eventos extremos, las catástrofes, hace que las recientes subidas de precios, los altos costos y la escasez puede que no sean temporales”, apuntó.
    Los precios del maíz, por ejemplo, se dispararon un 73% en los últimos seis meses, mientras que los precios para el azúcar, las grasas y aceites se han incrementado 20 y 22%, respectivamente en el último trimestre.

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  4. Sacarle dinero al hambre

    Prensa Latina
    Agencia Informativa Latinoamericana
    Adital
    Por Katia Monteagudo

    Trasnacionales ganan enormes sumas de dinero en períodos de hambre, mediante la comercialización especulativa de productos de primera necesidad.

    Hoy no solo las malas cosechas, entre otros impactos del cambio climático, mantienen contra las cuerdas a la seguridad alimentaria global.

    Varios entendidos aseguran que la especulación resulta una de las más poderosas causantes de la actual volatilidad en los precios de los comestibles básicos.

    Clara y abiertamente exponen que los mismos bancos, fondos de inversión y especulación financiera que provocaron la crisis de las hipotecas “subprime” están detrás de esta inflación de precios.

    Afirman además que el mismo tinglado vencedor en la crisis alimentaria del 2008 -a flote otra vez-, aún se mantiene en pie, con más fuerza y generando grandes dividendos, a costa de estómagos y bolsillos.

    La organización mundial GRAIN refiere que el dinero especulativo en alimentos creció de los cinco mil millones de dólares en el 2000 a los 175 mil millones en el 2007.

    En los meses de agosto y septiembre de 2010, en la bolsa de futuros de Chicago, el trigo lograba un incremento del precio del 60 al 80 por ciento, respecto al mes de julio.

    Varios corredores vieron una oportunidad en la prohibición de las exportaciones de trigo en Rusia y déficits en otros países, como Ucrania y Canadá.

    Otras multinacionales alimentarias también reaccionaron ante el temor de la escasez, realizaron contratos de futuros y acapararon toneladas de trigo. De inmediato, en Mozambique aumentó en el 30 por ciento el valor del pan.

    A nivel global, el maíz igual se incrementó en el 40 por ciento y el arroz, en el siete por ciento.

    Tampoco el café ha escapado a la vorágine especuladora. Desde septiembre de 2010, el valor internacional de ese grano comenzó a ascender debido al acaparamiento de grandes operadores, refiere la ONG española ESPANICA.

    Tal volatilidad ha obligado a desembolsar a los 77 países más pobres del mundo el ocho por ciento más de dinero para las compras de sus comidas.

    Olivier de Schutter, relator especial de Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, afirma que los movimientos financieros están detrás de los altos costes en maíz, trigo y arroz.

    A su entender, esos precios no están relacionados con la disponibilidad de los inventarios o el resultado de la última cosecha, sino más bien con la manipulación de la información y la especulación en los mercados.

    Hilda Ochoa-Brillembourg, presidenta del Strategic Investment Group, asesores de inversiones en el Banco Mundial, estima que desde el 2008 la demanda especulativa de futuros de productos agrícolas ha crecido entre el 40 y el 80 por ciento.

    Solo la firma inglesa Armajaro Holdings Ltd, compró en una jornada del pasado año, 240 mil toneladas de cacao, valoradas en 720 millones de euros, y que representan el siete por ciento de la producción mundial.

    En un día Armajaro consiguió que el precio de la tonelada de ese grano se disparara hasta los tres mil 223 euros, la cifra más alta desde 1977.

    Esa cantidad de cacao equivale al consumo de los estadounidenses durante seis meses, y resulta suficiente para producir más de 15 mil millones de barras de chocolate Hershey’s.

    Armajaro posee ahora bastante materia prima para influir en los precios y negociar con compañías procesadoras del producto como Cargill Inc. y Archer-Daniels Midland Co., y productores de chocolate como Hershey Co. y Mars Inc.

    “La gente muere de hambre mientras que los bancos hacen una matanza con sus apuestas en los alimentos”, dice Deborah Doane, directora del Movimiento Mundial para el Desarrollo.

    Caridad García-Manns, operadora de “commodities” del Traders Group Inc, asevera que la mitad de los incrementos en los valores de maiz, trigo y otros alimentos está siendo provocada por la especulación de grandes inversionistas a nivel global.

    Durante el actual año, estas mercancías podrían subir un tercio más de lo ascendido hasta ahora, pero, según la ONU, los precios aún pueden aumentar en más del 40 por ciento en la nueva década que transcurre.

    Iván Angulo, representante en Guatemala de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, señala que solo en ese país casi tres millones de personas están en riesgo por el ascenso de los costos en los comestibles básicos, cifra que se sumaría a los casi mil millones de personas que padecen hambruna crónica hoy en el planeta.

    “Tenemos que ser muy enfáticos de que con el alimento no podemos permitir que haya acciones especulativas, sino que haya racionalidad en todos los sectores”, enfatiza Angulo.

    No obstante, la Comisión Europea decidió posponer un estudio que prepara sobre el aumento de precios en las materias primas, alimentos y sus vínculos con la especulación en los mercados.

    Ese ejecutivo comunitario argumentó que tiene claro que existe una relación entre los mercados financieros y los de las materias primas, pero necesita tiempo para recabar más pruebas.

    Mientras el organismo espera acumular más elementos probatorios de cómo las transnacionales sacan dinero a costa de las penurias, comienzan a reaccionar en cadena las luchas por el pan.

    Hoy también son muchos los convencidos de que morir de hambre no es la opción.

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  5. Privatizaciones o la Gran Sociedad

    Los medios de comunicación han hablado y hablan de la crisis hasta el hartazgo. Los políticos se culpan los unos a los otros y el mercado se sigue beneficiando de las decisiones que toman desde los congresos e instituciones internacionales. Mientras, la ciudadanía espera respuestas de justicia por parte de los gobiernos, cada vez más acomplejados y absortos frente a los grandes poderes fácticos.

    La crisis ha mermado la confianza en la clase política. La sociedad ha visto cómo su dinero ha pasado de largo y ha ido a parar a los bancos, como si las instituciones financieras fueran las que mejor y más hubieran trabajado. Estos gestos han afianzado el sistema neoliberal impuesto a finales de los 70 y ha creado una ola de desilusión e incertidumbre en la sociedad que la ha llevado a diferentes estados de ánimo: apatía, radicalismo ideológico o simple desentendimiento y desapego de la política a través de los grandes acontecimientos deportivos y demás variantes escapistas.

    Pero por otro lado, otra parte de la sociedad ha reaccionado frente a las adversidades con capacidad crítica y constructiva para hacer aquello que sus “líderes” no hacen. Se organizan en plataformas ciudadanas, organizaciones dinámicas y democráticas que quieren aportar su grano de arena en la construcción del siglo XXI.

    El funcionamiento e inmovilismo del modelo sigue siendo el mismo que antecedió al tsunami que comenzó siendo financiero, pasó a hundir la economía real cuando llegó a Europa -con la que se ensañó especialmente, mermando sus políticas sociales y destruyendo cientos de miles de empleos- , para acabar apuntillando la confianza en la clase política.

    Hoy, “la refundación del capitalismo sobre bases éticas”, que anunció a finales del 2008 el presidente de la república francesa, Nicolás Sarkozy, carece de credibilidad. Las grandes frases propagandísticas, fruto de la necesidad de crear titulares como: “No podemos gestionar la economía del siglo XXI con los instrumentos del siglo XX” o “le laissez faire, se acabó”, no hacen más que afianzar la máxima que sostienen las grandes emporios de “cambiar todo para que nada cambie”.

    Las respuestas regresivas que los secuaces de la “economía de casino” están dando a los problemas que ella mismo generó no hacen más que empeorar la situación, sin encontrar soluciones beneficiosas para la sociedad.

    El gobierno conservador de David Cameron acaba de anunciar que va a “desmantelar el Gran Gobierno para reemplazarlo por la Gran Sociedad”. Lo que quiere decir es que va a privatizar. El Estado se va a deshacer de los servicios públicos y de su gestión para ponerlos no al servicio de la ciudadanía, sino al de las empresas privadas. Así es como están reaccionando los gobiernos ante los problemas económicos. El Estado es un incordio, un problema, y no una de las soluciones.

    A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la socialdemocracia ha ido gestando ese estado de bienestar con el que amortiguar las injusticias sociales, con la intención de crear unas clases medias que aportasen con sus impuestos y disfrutasen de una vida digna y con futuro. En la actualidad, y desde hace décadas, es la primera vez que las nuevas generaciones son conscientes que van a vivir peor que las de sus padres.

    Una buena parte de la derecha ha parcelado el estado como un gran negocio. Las pensiones, la sanidad y la educación son grandes caladeros con los que “crear riqueza”. En parte por ideología, en parte porque muchos de ellos ven lo público como algo ajeno y fuera de su radio de acción.

    Es muy común escuchar argumentos como “las administraciones públicas son un derroche” o “todos los funcionarios son unos flojos”. Normalmente este tipo de descréditos acaban en lo mismo: la privatización como cura de todos los males.

    No hay duda de que el sector público es muy mejorable, pero también muy necesario. Si la izquierda y la socialdemocracia no espabila y aporta ideas, genera ilusiones y entronca con plataformas ciudadanas y movimientos sociales, la derecha, con la excusas de la crisis y la deuda, va a seguir en el camino del desmantelamiento del Estado, aunque ahora usen el eufemismo de la Gran Sociedad.

    David García Martín

    Periodista

    ccs@solidarios.org.es

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  6. Justicia y seguridad

    El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas iba a aprobar una nueva resolución que condenaba al gobierno de Israel por la construcción de asentamientos en territorio palestino. Los votos a favor de catorce miembros chocaron con la voluntad de Estados Unidos, uno de los cinco miembros permanentes. Perjudicaría al “proceso de paz”, dijeron, aunque más de cien Estados respaldaran la resolución que los palestinos sometían al Consejo de Seguridad en virtud del Capítulo VI de la Carta de Naciones Unidas para el arreglo pacífico de controversias.

    Estados Unidos contradice el discurso de Barack Obama en El Cairo en 2009, así como su condena a la construcción de nuevos asentamientos que ha reiterado en distintos encuentros con dignatarios israelíes y palestinos. Así se había ganado la antipatía del electorado sionista en Estados Unidos y de la clase política dominante en Israel.

    En momentos de convulsión, Estados Unidos les da la espalda a pueblos que aspiran a las libertades y la democracia por la que tanto los animaba a luchar. La tibieza del “mundo civilizado” deja ver cierta incomodidad ante el desmoronamiento de dictaduras que mantenían “a raya” a los “fundamentalistas islámicos” mientras se garantizaba el suministro de petróleo y gas natural. Este férreo control militar aseguraba también el negocio de armas made in Spain, in France o in the United States of America.

    El veto de Estados Unidos contra una nueva resolución ha pasado desapercibido en muchos medios de comunicación por la costumbre a que Israel incumpla las resoluciones del Consejo de Seguridad – diez de ellas desde 1947. Aunque estas resoluciones tienen más carácter político que jurídico, los distintos organismos internacionales les otorgan un carácter cada vez más jurisprudencial. Una nueva resolución habría confirmado la postura de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en 2004. Entonces, la Asamblea General le había pedido una opinión consultiva sobre el muro en territorio palestino y la construcción de asentamientos. La Corte concluyó que eran ilegales.

    Israel se oponía a que la CIJ analizara el asunto de los territorios ocupados con el argumento de que la Asamblea General no puede hacer recomendaciones sobre una disputa de la que ya se ocupa el Consejo de Seguridad. La Corte respondió: “Si el Consejo de Seguridad, por falta de unanimidad de sus miembros permanentes, es incapaz de ejercer sus responsabilidades para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales […], la Asamblea General tomará en cuenta la cuestión inmediatamente en vistas de hacer recomendaciones apropiadas a los miembros para medidas colectivas”.

    La oposición de un miembro permanente a una postura común conduce a una parálisis que pone en peligro la vida de civiles en conflictos como el de Palestina. Esa oposición suele estar más relacionada a afinidades políticas – como demuestra el apoyo incondicional de Estados Unidos a Israel- que a consideraciones relativas al mantenimiento de la paz y de la seguridad.

    Algunos juristas internacionales consideran que los miembros permanentes le han dado al Consejo de Seguridad un papel de juez que le corresponde más a un órgano jurídico como la CIJ. En repetidas ocasiones “los más fuertes” han presionado para la inadmisibilidad de demandas en la Corte sobre cuestiones que afectan a sus intereses. Casos como el de los asentamientos requieren un sistema con jueces independientes que interpreten los hechos a la luz del derecho internacional. Cuando el asunto acaba en el Consejo de Seguridad, acaban por imponerse los intereses de alguno de los cinco miembros permanentes que, con su veto, impide que se tomen medidas y fuerza otro tipo de “negociaciones” más directas.

    Urge una adaptación del sistema de Naciones Unidas a los tiempos actuales, distintos a los del mundo bipolar, después de la Segunda Guerra Mundial, en que fue concebido. La sociedad internacional no puede permitirse dejar en manos de un país la posibilidad de echar por tierra decisiones relacionadas con la paz. El necesario fortalecimiento del Consejo de Seguridad para mantener la paz pasa por la ampliación de asientos permanentes y por eliminar la posibilidad de veto. La revitalización de Naciones Unidas depende de que se fortalezca la CIJ y que se reconozca su papel en la búsqueda de la justicia y, por tanto, de la paz entre los pueblos.

    Carlos Miguélez Monroy

    Periodista y Coordinador del CCS

    ccs@solidarios.org.es

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  7. Libia se rebela contra la opresión

    “Moriré como un mártir”. “Nunca me iré de esta tierra”. “Hay que hacer frente a las ratas que siembran los disturbios”. Con estas frases desesperadas, el dictador árabe Muamar el Gaddafi pretendió fijar el futuro inmediato de Libia. Estos son los titulares de prensa con que se trata de describir la situación creada. Pero desgraciadamente la realidad supera con creces a las noticias que vienen de Libia.

    Todo el noroeste de África sufre una gran conmoción política: la revuelta árabe irrumpió en Libia, la dictadura más antigua del Magreb, que dura ya 41 años, la más cerrada y la más opulenta, rebosante en petróleo e hidrocarburos que sólo benefician a la clase dirigente. Después de Túnez, Egipto, Yemen, Bahrein, la ola de disturbios alcanzó el feudo del megalómano coronel Muammar el Gaddafi. Como en otros países de la región, el pueblo libio quiso rebelarse también contra la opresión y organizó, a su vez, un “Día de la ira”, según la grandilocuente expresión árabe. No se trata, claro está, del “Dies irae” cristiano de la Misa de Difuntos, sino de un día musulmán de cólera, de protesta contra la tiranía, de hartazgo. Sirvió de recordatorio de una situación política indignante por la que se conculcan las libertades más elementales.

    El problema es que el apagón informativo impuesto por el régimen impide saber lo que de verdad está pasando en este país mediterráneo acogotado bajo la férula de Gaddafi, un autócrata beduino de 68 años que gobierna Libia con mano de hierro desde 1969. Ya ha hecho entrar en escena a su hijo Saif el Islam, de 39 años, con el que quiere instaurar una dinastía si Alá no lo remedia. Entró en escena el “heredero” con una declaración estrepitosa, amenazando a los manifestantes y al desdichado país con “ríos de sangre” tras la primera jornada de la ya por muchos llamada Revolución Verde.

    El coronel Gaddafi considera desde hace cuatro décadas que con los dividendos que le proporciona el oro negro puede obrar a su antojo, dentro y fuera del país. Se cree invulnerable. No obstante Ben Ali de Túnez y Hosni Mubarak de Egipto, sus vecinos, a los que defendió hasta el final, también se creían invulnerables y han sido destronados después de decenios de poder, por un efecto dominó imprevisto entre las dictaduras árabes mediterráneas. Se acabó el statu quo, todo se tambalea.

    El singular jeque beduino ha saltado a los titulares de los periódicos occidentales muchas veces, siempre con aire desafiante y burlón. “Líder Fraternal” o “Guía de la Revolución”, tal como se autoproclama ufano, ha sido acusado del atentado contra un avión de pasajeros de la compañía Panam, hoy desaparecida, a la altura de Lockerbie en Escocia, que hizo correr ríos de tinta en la prensa de todo el mundo. Como represalia Trípoli sufrió, en una operación de castigo del presidente Ronald Reagan, un bombardeo con misiles, en el que murió la hija de Gaddafi, Jana. Más tarde la nación norteafricana no tuvo más remedio que dejar de apoyar a los movimientos revolucionarios y últimamente se contentaba con sus ideas utópicas de panarabismo, una de las obsesiones de este dirigente visionario, por cierto, admirador de Franco.

    Valga este bosquejo para esbozar la compleja personalidad de Muammar el Gaddafi. Le entrevisté dos veces y pude comprobar que sus opiniones constituían el envés de las opiniones occidentales. Contestando en árabe para reafirmar el orgullo de su lengua, con un intérprete al inglés, me recibió en su lujosa tienda de beduino y fue exponiendo su posición política sui generis, en la que mostró, por cierto, simpatía por España, “donde los árabes permanecieron durante ocho largos siglos”, según subrayó y presumió de las miles de palabras árabes que hay en español. Me pareció un iluminado.

    Libia es una nación de un millón 760 mil kilómetros cuadrados casi desérticos con 6,2 millones de habitantes que podrían vivir con desahogo si no fuera por la codicia de la pequeña elite que domina el país. La sumisión ha durado demasiado en Libia, la población ya no soporta más. La mezcla corrupción y despotismo resulta explosiva.

    Ramón Luis Acuña

    Periodista y escritor

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  8. La revolución ciudadana empieza en países musulmanes

    Cuando el 17 de diciembre Mohamed Bouazizi se prendía fuego, en protesta porque la policía de la dictadura de Ben Alí le había confiscado su puesto de frutas, nadie imaginaba que sería el inicio de una nueva revolución ciudadana.

    Túnez y Egipto se rebelan contra sus regímenes; miles de marroquíes salen a la calle y exigen reformas políticas; en Argelia el gobierno autoritario sofoca las manifestaciones con un enorme despliegue policial; en Libia, la ciudadanía exige que Gadafi y su régimen desaparezcan; en Bahrein, los ciudadanos se manifiestan por la democracia y la monarquía responde matando; en Jordania, se manifiestan y el rey promete reformas; en Yemen se extiende la protesta y la policía mata; en Cisjordania se manifiestan contra el gobierno de la Autoridad Nacional Palestina, al que acusan de corrupto y autoritario…

    Una revolución ciudadana parece haber empezado en Oriente Próximo y Norte de África. Vicenç Navarro nos desvela que los medios informativos, sin embargo, han ofrecido una incompleta e interesada imagen de la emblemática revuelta egipcia, presentándola como una acción de jóvenes de clases medias a partir de Facebook, Twitter y otras redes sociales. Por supuesto que los jóvenes que utilizaron Internet jugaron un papel importante, pero la rebelión egipcia es más, mucho más. Navarro precisa que “la revolución egipcia no se inició hace unas semanas. El pasado reciente de Egipto es un tiempo de luchas obreras brutalmente reprimidas, pero incesantes. Sólo en 2009 hubo 478 huelgas prohibidas, claramente políticas (…) La resistencia obrera democrática, infiltrada en los sindicatos oficiales, fue clave en las movilizaciones y en la huelga”.

    Y el periodista egipcio Hossam el-Hamalawy ratifica que “en los últimos tres años, todos los días ha habido huelga en alguna fábrica de Egipto. Huelgas económicas y políticas. Desde el primer día de la revuelta, la clase obrera ha estado en masa en las protestas. Decenas de miles de trabajadores protestaron en la calle y fueron a la huelga (…) Casi todos los sectores de la economía egipcia han estado en huelga estos días.”
    El 6 de abril de 2008 hubo huelga y miles de egipcios se manifestaron contra la subida de precios y la dictadura de Mubarak. La policía abrió fuego, mató a tres personas e hirió a 90. Y nació el “Movimiento 6 de Abril” contra la dictadura. La rebelión egipcia no ha sido sólo la plaza de Tahrir. Tahrir ha sido lo más televisivo de la revolución, pero la rebelión se fraguaba en todo el país hace tiempo. Su próximo antecedente, 2004: manifestaciones masivas en varias ciudades egipcias contra la represión, la corrupción gubernamental, los sueldos míseros y la pobreza; porque en Egipto el 40% malvive con menos de un dólar y cuarto al día. Ahí está el origen de la revuelta.

    Pero en ese panorama de movimientos ciudadanos y de los trabajadores contra las dictaduras del Norte de África y Oriente Próximo, Europa ha afianzado a los dictadores. Con exquisito trato de aliados y acuerdos económicos preferentes. O vendiéndoles armas, como por ejemplo a Libia por valor de 1.400 millones de dólares: las armas que masacran al pueblo libio.
    Como ha dicho la eurodiputada Marietje Schaake citando a Luther King, “hay un momento en el que el silencio se convierte en traición”. El silencio y la pasividad de la Unión Europea ante las implacables y corruptas dictaduras del Norte de África y Oriente Próximo.
    Esta Europa neoliberal y plutócrata ha traicionado los ideales de la Revolución Francesa, ha pisoteado los valores de la revolución ciudadana que generó la democracia y ha hecho la vista gorda ante las constantes violaciones de los derechos humanos, la injusticia y la corrupción de esos regímenes dictatoriales. A cambio de gas, petróleo y control inmigratorio. Como ha escrito Javier Valenzuela, Europa ha sido un obstáculo para las libertades en el Magreb y en el valle del Nilo. Europa ha olvidado las primeras palabras del articulado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Por eso actúa tan miserablemente como lo hace.
    Europa necesita sin duda una nueva revolución ciudadana y tiene como ejemplo a las que han iniciado las ciudadanías de los países musulmanes.

    Xavier Caño Tamayo

    Periodista y escritor

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