INDIGNACIÓN CIUDADANA

José Carlos García Fajardo

Los políticos ascienden en la  vergonzosa categoría del desprestigio. Antes, cuando se preguntaba a los ciudadanos cuáles eran los principales problemas del país respondían que el paro, la economía, el terrorismo, la vivienda…

Llama la atención el ascenso de la corrupción pero ahora los ciudadanos ponen en tercer lugar de su decepción a la clase política, a los políticos, sin más. Por delante del terrorismo.

Aunque ya comienza a asociarse corrupción con otra forma de terrorismo y a la clase política como ejemplo de arbitrariedad, sectarismo y, lo que es peor, como elemento que puede llevar  a la ira por su ineficacia, su falta de dedicación, el espectáculo de las bancadas del Congreso y del Senado vacías. Salvo cuando están los medios de comunicación, sobre todo las televisiones.

Indignan sus sueldos, sus vacaciones, sus dietas y prebendas. Llegan al paroxismo sus pensiones después de haber sesteado durante algunos años, salvo algunos que parecen haber pasado de los pupitres de la escuela a los del Parlamento. Acaba de conmemorarse el 30 aniversario del intento de golpe de Estado de los militares y allí estaban el presidente del Congreso,  José Bono, y otros  más, después de tres décadas de coche oficial y escoltas.

 

Causa vergüenza ajena e indignación la forma de comportarse en las sesiones parlamentarias, en las Comisiones y ante los medios de comunicación. En ninguna sociedad organizada, universidad, magistraturas, colegios de profesionales, sindicatos o empresas económicas, sería posible soportar una conducta semejante. Insultos, descalificaciones, frases hechas, latiguillos, mofa y carcajadas, escándalo desde sus escaños y rechazar siempre, usque ad nauseam, cualquier propuesta, proyecto o plan del gobierno de turno.

 

Jamás aportan una propuesta alternativa, un proyecto ilusionante, una idea constructiva. Obedecen a consignas de sus “responsables ideológicos y de imagen” de cargar todos los males y denuestos al ministro de turno, sea el que sea y hable de lo que hable.

 

 

El método Ollendorff, “¿de dónde vienes?” “¡manzanas traigo!” empalidece ante la bochornosa y reiterada actitud de una masa que supera  a la de un circo romano o a la de las gradas de los hinchas en los encuentros de fútbol.

 

Hubo un tiempo en el que los parlamentarios hacían honor a su nombre y “parlaban” al exponer sus propuestas o en sus turnos de respuesta desde los escaños de la oposición. Durante décadas, les estuvo prohibido leer discurso alguno en sus intervenciones. Tan sólo se les permitía llevar un esquema o unos datos en una cuartilla pro memoria y precisión.

 

Era indigno de un parlamentario no ser capaz de utilizar la réplica o la dúplica  sin papel alguno y refiriéndose en exclusiva a la intervención concreta de su oponente.

 

En este país nuestro, ya están tan acostumbrados a llevar escritas e impresas sus intervenciones, réplicas y dúplicas… diga lo que diga el ministro o el parlamentario que acaba de abandonar la tribuna de “oradores”. Las traen escritas de casa, por supuesto, se las han escrito.

 

De ahí el desprestigio de esta fauna que motiva tanta abstención en las votaciones al Parlamento, a las comunidades y alcaldías, así como al Parlamento Europeo, órgano supremo de representación política en esta flácida Unión Europea.

 

Esta peligrosa deriva tiene su origen, a juicio de Joaquín Leguina (un ex presidente de la Comunidad de Madrid), en la poca o nula experiencia laboral y profesional de los nuevos políticos. Una pobreza curricular que les obliga a unos discursos tan previsibles como planos. Atribuyen al adversario una total incapacidad para gobernar, intereses espurios, corrupción, y malas intenciones. Se viste el maniqueo y se convierte al adversario en enemigo. No se trata de convencer a nadie sino de maltratar al oponente.

 

Los responsables, en su opinión, son unos delincuentes sociales llamados asesores de imagen y que cobran grandes cantidades de dinero por sus miserables consejos.

 

¿Era esta la democracia añorada en la que podríamos participar como ciudadanos libres y sujetos de derechos fundamentales?

 

¿Se puede llamar democracia a un sistema electoral de listas cerradas en las que cada partido mete a sus paniaguados, especialistas en nada, cuneros sin ideas.

 

¿Es posible respetar a quienes jamás regresan a las circunscripciones por las que fueron elegidos? Para rendir cuentas y escuchar sus necesidades y sugerencias.

 

Gracias a los nuevos medios de comunicación, los ciudadanos conocen y piensan sobre estos abusos, sueldos y gratificaciones y están en una fase de decepción y bochorno que habrá de tornarse en ira y rebeldía.

 

Los ciudadanos desprecian a sus políticos y un día  patearán las uvas de la ira en vino fuerte y amargo para barrer a una clase desprestigiada, grosera en sus modos y escandalosa en su desprecio hacia los ciudadanos a los que representan en los concejos municipales, en los consejos autonómicos y en las Cámaras parlamentarias. Y en las estériles instituciones europeas.

 

 

 

 

Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del CCS

 

fajardoccs@solidarios.org.es

 

Un comentario en “INDIGNACIÓN CIUDADANA”

  1. Trabajadores cualificados

    La sociedad devalúa la formación profesional (FP). Durante años se ha pensado que fue creada para aquellos que no tienen capacidades para ir a la Universidad. Se ha puesto el énfasis en el título, cuando lo importante es el trabajador y sus características. El mercado laboral sufre las consecuencias.

    El Gobierno de España pretende ampliar a 62.000 el número de alumnos matriculados en estudios de módulo medio y superior a distancia, el doble que en 2010. Ha elaborado un plan de convalidaciones para superar la parte práctica de los cursos con experiencia laboral. Esta modalidad de enseñanza está pensada para trabajadores en activo o con experiencia previa y se realizará a través de cursos online. Ángel Gabilondo, Ministro de Educación español, sostiene que se trata de una educación de alta cualificación y sirve para el desarrollo personal y para acceder al mercado laboral. El sector que más se pretende beneficiar es el de la construcción, uno de los más castigados por la crisis.

    Se necesitan miles de técnicos de grado medio y superior para mejorar la productividad de las empresas y su rendimiento. El 68% de los estudiantes alemanes escogen FP cuando terminan la educación secundaria obligatoria, según datos de la Oficina de Estadística de la Unión Europea (EUROSTAT). No es casualidad que Alemania haya logrado el pleno empleo en época de depresión económica. Las transformaciones que el mercado laboral ha sufrido en los últimos años han llevado a una educación enfocada a áreas profesionales en lugar de a puestos de trabajo. Se precisan técnicos capaces de trabajar en las distintas fases de un servicio o proceso productivo. Desde la construcción de máquinas hasta su reparación, desde la atención al cliente a la contabilidad.

    Enseñanza profesional y Universidad son sistemas distintos, preparan para empleos diferentes. Uno no es mejor que el otro. En función de sus deseos y capacidades el alumno debe decidir con el apoyo y asesoramiento de su entorno, cuál se adapta mejor a sus posibilidades.

    Los incentivos sociales basados en el prestigio y la intención de cumplir con los deseos familiares empujan a miles de personas a matricularse en facultades donde no encontrarán su sitio. Se ha olvidado que lo más importante es la felicidad. La formación académica abre puertas al mercado laboral. Si no se encuentra una educación adaptada al alumno, éste se verá atrapado durante años en un trabajo que no da sentido a su vida. Un estudiante que desea construir rascacielos puede convertirse en el más feliz de los delineantes o en un arquitecto frustrado.

    Con la llegada del siglo XXI nueve de cada diez niños tienen acceso a la educación en América Latina según Ernesto Espíndola y Arturo León, de la división social de la Comisión Económica para América Latina de la Organización de Naciones Unidas. Sin embargo, la mayoría de estos niños abandona los estudios muy pronto, cuando aún no han adquirido el capital educacional mínimo para mantenerse fuera de la pobreza. Espíndola y León sostienen que la deserción escolar genera elevados costos sociales, como disponer de una fuerza de trabajo menos competente y más difícil de calificar. Estudios primarios enfocados al mundo profesional podrían alargar la permanencia de los escolares en las aulas, que en muchas ocasiones abandonan los estudios para trabajar. Se percibiría la enseñanza como algo más que números y letras, como una vía laboral que permita obtener los ingresos necesarios para ganarse la vida con dignidad. Además permitirían al Estado sacar más rendimiento a sus inversiones en educación.

    Worldskills es una organización internacional no gubernamental que busca promover las capacidades de los estudiantes de reparación de carrocería de vehículos, cocina, control industrial o servicio de restaurante y bar entre otras modalidades. Celebra todos los años impares el Concurso Mundial de las Profesiones en que participan representantes de los 52 países miembros. Entre sus objetivos se encuentra el desarrollo de acuerdos con empresas y organismos gubernamentales con el fin de promocionar el valor de los trabajadores cualificados a nivel mundial.

    Miles de alumnos ocupan aulas universitarias a las que no desean acudir. Mientras, las empresas necesitan técnicos y trabajadores cualificados que ocupen sus áreas productivas. El debate social sobre la superioridad formativa de la Universidad no tiene sentido. Un Catedrático en biología nunca despreciará el trabajo de un jardinero.

    Javier Fernández Díaz

    Periodista

    ccs@solidarios.org.es

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