EL EVANGELIO DEL DOMINGO. “NO SE PUEDE SERVIR A DIOS Y AL DINERO.” MT 6,24

El evangelio de Cristo quiere transformar completamente nuestras vidas.

Él nos pide descubrir un nuevo modo de relacionarnos entre nosotros, basado en el amor. Un amor tan diferente de lo normal que llega hasta a amar a los enemigos. Pero, esto aunque muy exigente no basta para que ya seamos perfectos cristianos. Es necesario también cambiar nuestra relación con las cosas, con los bienes materiales.

Quien vive una autentica experiencia de Dios, descubre que las posesiones o el dinero solo tiene un valor relativo en la vida, y no puede ser el centro de nuestro existir, pues nos esclavizan, nos consumen, nos ciegan y petrifican nuestro corazón.

 

De hecho, existen personas que viven completamente pendientes del dinero. Todo lo que hacen tienen como finalidad el lucro, la ganancia o el acumular más. No son capaces de tener relaciones espontaneas y gratuitas. No encuentran sentido en la caridad, en el despojarse de lo que le sobra o mucho menos en el sacrificarse gratuitamente por alguien o por una causa.

Estas personas viven en un perpetuo stress, porque están siempre preocupadas en cómo multiplicar sus bienes y tienen un verdadero pavor en perder sus cosas. A los demás miran como una posibilidad de hacerse más rico, por eso calculan como sacar provecho de ellos, o entonces como una amenaza a su riqueza, y por eso es mejor mantenerse alejado.

Quienes están hechizados por el dinero, lo adoran como si fuera un ídolo, un dios, y éste despacito va exigiendo el sacrificio de toda su vida y también de todas las personas con las cuales se relaciona. Cuando nos dejamos orientar por el materialismo vamos tornándonos fríos, calculistas, deshumanos y como consecuencia solitarios.

La plata puede cegarnos en tal modo, que ya no reconocemos, ni siquiera a nuestros parientes más cercanos. Cuando nos dejamos hipnotizar por las riquezas, todas las cosas y personas se transforman en cifras.

Sin embargo, cuando encontramos a Jesucristo y nos dejamos iluminar por él, se rompen las cadenas del materialismo, se abren nuestros ojos y se transforman nuestros corazones, es ahí que descubrimos el valor de la providencia. Descubrimos que no podemos pasar por este mundo solo preocupados con lo que comeremos o vestiremos. Aprendemos que las relaciones son importantes y que el sacrificio gratuito da sabor a la vida. Comprendemos que Dios nos cuida en todo momento y que lo que gastamos con los demás, él mismo nos devolverá de muchos modos. Nos damos cuenta que de nada sirve acumular tesoros de éste mundo si nosotros no somos los dueños de nuestras vidas, pues en cualquier momento ella puede terminar y todo lo material se queda.

Por eso, es muy importante permitir que Dios vaya entrando en nuestra vida a través de su Palabra, de la oración, de los sacramentos, de la vida comunitaria, vividos con verdadero espíritu de apertura, pues así poco a poco el Señor nos va liberando de la idolatría al dinero. Una de las señales más concretas de la conversión es el conseguir tener una relación diferente con los bienes de este mundo, esto es, el desapego de los bienes materiales, la disponibilidad a la caridad, la capacidad de amar gratuitamente, la confianza en la providencia divina.

De hecho, conversión que no llega al bolsillo, que no se hace concreta en el repartir con generosidad lo que se posee no es verdadera conversión, sino solo una ilusión, un maquillaje.

El encuentro verdadero con el Señor, nos hace buscar el Reino de Dios y su justicia, pues sabemos que todo lo demás nos será acrecentado.

 

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

 

Gotas de Paz – 431                               Asunción, 25 de febrero de 2011

Un comentario en “EL EVANGELIO DEL DOMINGO. “NO SE PUEDE SERVIR A DIOS Y AL DINERO.” MT 6,24”

  1. VIII DOMINGO T.O.

    Continúa el discurso de la montaña, que ya la liturgia nos ha presentado los anteriores domingos.

    El marco de esta parte del discurso está constituido por una notable atención a la creación, como signo de la presencia del Misterio Creador. Jesús invita con renovada insistencia a una total confianza en Dios, y no en las cosas o en las dinámicas del mundo, como punto de apoyo real del abandono confiado y de la vida nueva introducida por Él, en el mundo.

    El discípulo que se deja absorber completamente, casi de modo obsesivo, de la materialidad de la existencia (de la obsesión por “la comida” y por “el vestido”), revela una fe incierta y vacilante, que no ha hecho experiencia todavía y por tanto no da razón apropiadamente del amor paternal de Dios; el cual cuida de los propios hijos, con el amor y la ternura de una madre, mucho más allá de cualquier expectativa humana, como nadie más lo podría hacer.

    En realidad, haciendo eco al texto de Isaías de la primera lectura, podríamos afirmar que la atención que Dios tiene para con el hombre supera al de una madre. Efectivamente leemos en el texto: “aunque hubiera una mujer que se olvidase, yo no te olvidaré jamás”.

    El cristiano está pues continuamente llamado a vigilar sobre la tentación de “atar el corazón” a lo que a la vida no puede bastar; a la necesidad de hacer una elección: entre basar la propia ilusoria existencia en la mentira de las “cosas del mundo” o confiarse totalmente a Aquel que mucho más que cualquier otro lo ama y que proveerá, paternalmente, también a sus necesidades, en la óptica del uso de los bienes terrenales al servicio del Reino. Ésta es la única pobreza que la Iglesia, desde hace dos mil años vive y propone a todos los hombres.

    La página del Evangelio se abre con una advertencia que constituye la llave hermenéutica de fondo: no se puede servir al mismo tiempo a dos señores, porque se acabará inevitablemente por querer a uno y odiar el otro.

    El hombre aferrado a las cosas del mundo, corre el riesgo de acabar como esclavo del mundo, porque el mundo siempre cobra un precio a cambio de cuánto, falsamente, otorga; mientras que quién elige servir a Dios, experimentará la verdadera libertad, ya que el único “Señor” que libera es sólo el Dios de la vida.

    Quien elige la primera vía podría incluso poseer riquezas, pero estará afligido en el corazón y en la conciencia; quien sigue en cambio la segunda, puede descubrir un sabor particular de la vida, una gozosa y segura satisfacción y una inesperada libertad, hecha de alegría y de paz interior.

    Por qué al final de cuentas, ¿qué persona con sentido común podría pensar que realmente un objeto material cualquiera, por el solo hecho de poseerlo, pueda cambiar algo lo que ella es?

    Citaciones di

    Is 49,14-15: http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9avunhbq.htm

    1Cor 4,1-5: http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9absind.htm

    Mt 6,24-34: http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9bfesyf.htm

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s