SIN DERECHOS HUMANOS

Por Gustavo A. Olmedo Bautista

Ocurre en un instante. El óvulo fecundado da lugar a una nueva vida, con una identidad genética propia y única. Apenas cinco semanas después de aquel suceso, ya podrán verse la cabeza con sus ojos, el tronco y las extremidades inferiores y superiores. Solo pasarán otros 14 días para que el cerebro y el corazón se desarrollen aceleradamente.

Se trata de una persona. Sus huellas digitales son inéditas y exclusivas. Hablamos de los niños por nacer, uno de los seres humanos más frágiles y vulnerables del mundo, y, actualmente, uno de los más desprotegidos ante el Estado de muchos países.

En España es más fácil acceder a un aborto que a un antibiótico. “Una niña de 16 años puede recurrir a una clínica donde eliminan a los bebés sin autorización de los padres o certificado médico o de algún especialista. Pero para la compra de antibiótico sí es obligatoria la presentación de una receta. Es ilógico”.

Esto comentaba compungida una madre española en un reciente congreso realizado en ese país europeo.

Y viendo las legislaciones de estas naciones, que poco a poco buscan imponerse, con el apoyo de unos cuantos legisladores, y a pesar de manifestaciones multitudinarias en contra, uno percibe que estos niños por nacer –cuya fecha se celebra el 25 de marzo– son como “invisibles” para la sociedad.

Y lo son principalmente para ciertos grupos feministas y organizaciones gubernamentales –muchas de ellas con el apoyo de las Naciones Unidas– que promueven su eliminación y afirman que el asesinarlos no está mal; que no es ni debe ser un delito sino un derecho de la mujer.

Es más, su eliminación debe ser apoyada por el Estado, el que esos países garantiza el homicidio en un lugar seguro, limpio, con los equipos y personal apropiado, para proteger la vida de la mujer. Es una sentencia de muerte, protegida y garantizada. Increíble, espantoso, pero real.

Nunca deja de sorprender como las organizaciones de derechos humanos prefieren no hablar de estas personas indefensas, cuya única esperanza es la madre que las trajo al mundo. Sin embargo, para ellos estos humanos no tienen derecho.

El Estado tiene la obligación de crear condiciones adecuadas para las madres embarazadas, especialmente para aquellas más carenciadas; debe crear hogares y albergues y promover la vida y su calidad en todos los ámbitos. La vida del “otro” debe ser respetada.

Ante este fenómeno de nuestro tiempo, tan asqueroso como incomprensible, pero que invade todos los niveles de nuestra sociedad, para no perder también nosotros la plena capacidad de razonar, solo nos resta realizar un incansable trabajo ascético y permanecer junto a aquellos que al encontrar el sentido de la vida, tienen claro su valor, y no se dejan manipular por ideologías irracionales y destructivas.

 

Un comentario en “SIN DERECHOS HUMANOS”

  1. “En España es más fácil acceder a un aborto que a un antibiótico. … para la compra de antibiótico sí es obligatoria la presentación de una receta. Es ilógico”. No es ilógico: es mucho más grave traer un bebé al mundo que curar una gripe. La solución a lo primero debe ser más urgente, y en ambos casos: tanto el de un parto como un aborto. ¿O acaso le vamos a poner trabas a una emergencia de tales calibres? Un niño viene al mundo y otro no vendrá, pero en ambos casos, requieren que se actúe con presteza y sin dilaciones. No es ilógico.
    “… uno percibe que estos niños por nacer –cuya fecha se celebra el 25 de marzo– son como “invisibles” para la sociedad.”
    No son invisibles. Al contrario: si precisamente por ellos es que se levantan clínicas para ayudar a abortar a las chicas o parejas que no desean tener hijos en ese momento. Nada de invisibles: miles de personas –enfermeros, médicos, consejeros, orientadores, etc.‒ y literatura en manuales y folletos son para procurar asistencia a quienes desean abortar. Pero, como hay gente que se opone a eso, me pregunto y les pregunto: ¿Creen que sería mejor sin todas esas asistencias? ¿Creen que porque no haya ayuda de nadie para esas chicas, ellas no van a tener valor para tomar esa decisión? ¡Claro que la tomarán, muchas de ellas! Y lo que no comprenden muchos que se oponen al aborto, es que la toman precisamente en consideración de esos niños: Todo niño tiene derecho a ser deseado. Todo niño tiene derecho a tener padres (OJO: padre y madre, no solo uno) que se responsabilicen de ellos. Nadie merece ser traído al mundo sin ser querido. Yo preguntaría a esos que se oponen al aborto y tanto parecen alabar a las madres humildes que tienen ese montonón de niños, si creen que si esas mujeres tuviesen más autoestima, más educación, más dignidad, más instrucción, igual estarían teniendo hijos como máquinas, hijos que no son queridos, que son puestos en la calle para, en el mejor de los casos, crecer para limosneros. Ante eso, preferible, por dignidad y respeto a la persona, el aborto a tiempo.
    Hay también en el texto otra cuestión discutible. ¿Acaso es un ser humano lo que, como dice allí, es un óvulo recién fecundado? Y digo esto porque hay absurdos fanáticos que inclusive se oponen a eliminar ese óvulo fecundado, que tiene a veces solo horas de producido. Hasta santo Tomás de Aquino consideraba que el ser humano como tal empezaba cuando tenía la ‘forma’ humana. Claro que es difícil decir cuando es eso. Pero es estúpido pensar que es justo al momento de la fecundación, como piensan algunos obcecados y protestantes.
    “Nunca deja de sorprender como las organizaciones de derechos humanos prefieren no hablar de estas personas indefensas” No debería sorprendernos si pensamos que un óvulo fecundado no es ninguna “persona indefensa”. Hasta la ley reconoce que una persona existe después de nacer. Nunca he leído una biografía que hablara del personaje antes de nacer, y no creo que su existencia antes de nacer fuera precisamente muy notable. La vida es un milagro, pero la vida humana tiene derecho a ser digna. Y cuando eso no puede ser, es preferible no nacer. Claro, admito que es una decisión que uno toma, no la supuesta alma que viene al mundo en algún momento de esos nueve meses. Pero quisiera pensar que comprendería muy bien si mis padres, no pudiendo traerme al mundo, hubiesen decidido abortarme. La vida es un regalo, pero es buena cuando es buena, y si no puede serlo, mejor no. No se trata de traer hijos a hogares millonarios, pero sí donde sean deseados y cuidados. Si eso no puede ser, entonces no. El futuro niño tiene derechos.
    “Ante este fenómeno de nuestro tiempo, tan asqueroso como incomprensible, pero que invade todos los niveles de nuestra sociedad” No creo que sea ni “asqueroso” ni “incomprensible”. Ciertamente, no es alegre, sino triste: la caída de un proyecto, el fin de una posibilidad, pero no es como para llorar una realidad, sino algo que pudo ser. De hecho, muchas mujeres que han tenido abortos naturales he conocido, y no se sienten con un ‘duelo’ ante un ‘hijo’ muerto. Fue solo la pérdida de una ilusión, de, como dije antes, un proyecto, algo que pudiera haber sido. Es tan propio de la mala fe de algunos reclamar contra lo que las personas hacen responsablemente, pero no reclamar, ni siquiera inquietarse, por lo que la naturaleza hace, más o menos ciegamente. ¿Alguien levantará un caso ante quien corresponda por esos millones de niños abortados NATURALMENTE?

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