“EL MOCITO” ESTREMECE EN LA BERLINALE

El documental “El mocito” de los cineastas Marcela Said y Jean de Certeau muestra la historia de un testigo de las torturas bajo la dictadura de Pinochet. El filme despertó gran interés en el público de la Berlinale.

El primer largometraje del dúo de cineastas chileno-francés proyectado en la Sección Foro de cine joven de la Berlinale relata la historia de Jorgelino Vergara, un hombre lleno de contradicciones que sigue sufriendo tormentos por las terribles torturas de las que fue testigo hace treinta años.

Vive en la provincia en el sur de Chile, su tierra natal adonde ha vuelto con una carga de culpa que no lo deja en paz. Hombre de pocas palabras, vive de la caza y la pesca en una choza rudimentaria.

 

Jorgelino Vergara viaja a la capital para preguntar si tendría acceso a alguna pensión o indemnización, a final de cuentas fue testigo de los crímenes en el centro de torturas Simón Bolívar contra su voluntad.

 

No fue verdugo, explica a un funcionario que lo mira atónito. Era el que traía el café, el que llevaba la comida a los prisioneros y también el que sacaba los cuerpos.

 

Durante la conversación, el funcionario le pregunta si vio viva a la comunista Carmen Reinalda Pereyra, que estaba embarazada. Sí, responde Vergara. Ya no tenía reacciones, la tiraron al gimnasio y al día siguiente estaba muerta. La mataron a palos.

 

Víctima y verdugo

 

“Buscábamos a los victimarios y de casualidad encontramos a este personaje, que tenía una historia tan fuerte que nos dimos cuenta que la película era él, alguien que estaba del lado de los perpetradores y que aunque tenía un bajo rango, era a la vez cómplice”, afirma Marcela Said en conversación con Deutsche Welle.

 

La cineasta debutó en el 2001 con el documental “I love Pinochet” que documenta el mundo de los simpatizantes del ex dictador. Posteriormente exploró entre los grupos más conservadores de Chile con su cinta “Opus Dei”, realizada junto con su marido, el francés Jean de Certau.

 

Jorgelino Vergara, apodado “el mocito”, quien fuera el mozo del coronel Manuel Contreras, examina junto con la cámara su antiguo centro de trabajo. En una de las habitaciones hay un letrero que reza: “sala de torturas”. Vergara recuerda como los militares parecían disfrutar viendo a los prisioneros colgados.

 

En otra escena cuenta que le ordenaron sacar el cuerpo de Víctor Díaz López, que tenía que meter en el portamaletas donde había otros cuerpos que serían arrojados al mar. “Ningún detenido salió vivo de ese centro, los mataron a todos”.

 

Tema tabú

 

“Sé sobrevivir y no me quiebro porque me enseñaron a ser perro”, dice Vergara claramente alcoholizado. La cinta documenta las protestas de familiares de las víctimas que siguen pidiendo justicia.

 

“Los hijos de las víctimas no olvidan lo sucedido. No puede haber perdón sin justicia y esto tiene que ver con la verdad y con actos de reparación”, dice Said.

 

“Esta película provocará que la sociedad se confronte con su pasado, se está haciendo justicia a duras penas, pero no hay todavía una cifra oficial de personas que trabajaron en la DINA y la CNI.  Se cree que fueron entre 3.000 y 5.000, pero hasta ahora hay sólo 50 personas en prisión”, explica.

 

La cineasta chilena concluye que en su país sigue habiendo un sentimiento muy grande de impotencia entre las familias de las víctimas y hay vergüenza en las familias de los victimarios, pero de eso no se habla, es tabú.

 

Autora: Eva Usi

Editor: Pablo Kummetz

 

 

2 comentarios en ““EL MOCITO” ESTREMECE EN LA BERLINALE”

  1. EL ASESINO DEL GENERAL CHILENO CARLOS PRATTS ES HALLADO APUÑALADO EN BUENOS AIRES

    El ex agente chileno Enrique Arancibia Clavel, quien fue condenado en 2000 a cadena perpetua por el asesinato del general chileno Carlos Prats, fue encontrado apuñalado ayer jueves en Buenos Aires. Así lo anunció este viernes un abogado que precisó que Clavel había recibido más de 15 cuchilladas en el cuello, el tórax y los intestinos. Arancibia Clavel, un ex agente de la DINA, la policía secreta chilena creada en 1974 por el dictador Augusto Pinochet, tenía 66 años y disfrutaba de libertad condicional desde 2007. El asesinato con coche bomba en 1974 del general Prats, quien fue ministro de Defensa y ministro del Interior del gobierno de Salvador Allende, fue cometido en el marco de la Operación Cóndor. El plan de represión política fue creado en los años 70 y 80 por varias dictaduras militares en América del Sur para la eliminación de los opositores.
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  2. “¡Exijo una explicación!”: Conmovedor testimonio sobre la pesadilla de Pinochet

    La edición de autor del Dr. Enrique Jenkin ¡Exijo una explicación! no cuenta la historia de la popular tira cómica chilena Condorito, sino que fue el título elegido por este médico traumatólogo para relatar su historia de vida y entregar, de paso, su visión personal del cataclismo que significó la destrucción social y política desatada en la sociedad chilena por la dictadura de Pinochet, la peor tragedia de Chile en el siglo 20. La explicación que pide Jenkin, quien apoyó las políticas de salud pública y cambio social de Salvador Allende, atañe a las atrocidades de la dictadura y, además, cumple con creces la proverbial sentencia de tener un hijo, plantar un árbol y hacer un libro. Para quienes no vivieron esta historia, el texto ofrece un fluido testimonio personal de sufrimiento en el contexto del golpe, la prisión, tortura, exilio y el retorno posterior a un país desconocido, transformado, pero todo relatado de muy buen humor.

    Parodiando la manida frase del Condorito de Pepo -René Ríos Elphick-, el Dr. Jenkin en el fondo exige explicaciones a la elite política y propietaria chilena que junto al imperio estadounidense echaron mano a la brutalidad del ejército, la marina y la aviación para destruir la frágil institucionalidad republicana y abortar las moderadas reformas sociales, económicas y políticas que se había propuesto el gobierno legítimo de Salvador Allende, quien no alcanzó a cumplir la mitad del mandato popular de 6 años para el que fue elegido por voluntad del pueblo. Pagó con la vida su tentativa por hacer de Chile un mundo mejor.

    El autor caracteriza su libro como “una piececita más para el puzle de nuestra historia”. Se preguntó “¿si era necesario un libro más sobre las atrocidades de la dictadura”? y respondió que “sí, en la medida en que tu yo interior continúa golpeando a la puerta para dejar salir lo que durante años ha rondado, runruneado: ideas y recuerdos de mi convulsionada cabecita”. Su historia personal, como la de centenares de miles de chilenos, fue fracturada por el golpe. Traumatólogo al fin, describe el 11 de septiembre de 1973 como el “hecho más traumático de mi existencia, el brutal mecanismo del golpe que nos exilió de la historia, la salida del riel de la civilización y la cultura”. Le repugna el lenguaje actual de la derecha, que ahora gobierna legalmente tras ganar las elecciones pero sigue hablando “pacata e impúdicamente de ‘gobierno militar’ en vez de lo que fue: dictadura”. Y razonamientos como éste lo condujeron al título: “¡Exijo una explicación!”.

    Nacido en Copiapó en 1930, Jenkin se graduó como médico cirujano en la Universidad Católica y, posteriormente, se especializó en traumatología en Italia (1961) y en cirugía de la mano en Francia (1962). Ingresó a la salud pública en 1963 y trabajó en el hospital público El Salvador hasta el golpe (1973). Durante el exilio (1975-1982) fue jefe de traumatología en la clínica germana Sportklinik, en Hellersen y luego recibió el título de profesor de la entonces República Federal de Alemania. De regreso a Santiago, en 1982 ayudó a formar el departamento de traumatología de una clínica privada y trabajó allí hasta que lo despidieron “por viejo”, en 2005. Tenía 75 años.

    Pero en “su otro historial” fue detenido por Investigaciones en octubre de 1973, a un mes del golpe militar. Trasladado al Estadio Nacional, el campo deportivo que los militares convirtieron en una gigantesca cárcel, pasó a convertirse en “prisionero de guerra”, según la ficción castrense que pretendió presentar la asonada a la Constitución como una conflagración contra “el comunismo”, pero asesinando y torturando a un supuesto “enemigo” desarmado y con la ventaja de no hacer caso a las reglas obligatorias del Convenio de Ginebra de 1949 sobre trato a prisioneros de guerra. Hasta hoy, los militares chilenos enfrentan juicios por violación a los derechos humanos y delitos de lesa humanidad.

    En esta etapa de su vida como “prisionero de guerra” de la dictadura, Jenkin conoció la tortura y el encierro. Fue embarcado en Valparaíso, junto a centenares de detenidos, rumbo a Chacabuco, antigua salitrera del extenso desierto de Atacama transformada en campo de concentración. Trasladado de regreso a Santiago lo encerraron en el Estadio Chile, otro campo deportivo que la astucia castrense también trocó en prisión, la misma donde asesinaron al canta-autor Víctor Jara. Fue internado en la Academia de la Fuerza Aérea, convertida en sede del servicio de inteligencia de esa rama castrense, para recibir otra dosis intensiva de interrogatorios y torturas y, después de sufrir variados abusos y vejámenes, recuperó una libertad vigilada e insegura que lo condujo al exilio a fines de 1974. La historia que relata Jenkin resulta conmovedora porque también es la historia de las vidas truncadas por la dictadura a toda una generación, cientos de miles de hombres y mujeres, la mejor gente del país, independientemente de su oficio o profesión. Lo bueno es que Jenkin sobrevivió para contarlo.

    Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.

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