CAPITALISM: A LOVE STORY

Este es el tráiler oficial de ‘Capitalism: a love story‘, el documental de Michael Moore en el que pone en solfa las bases del sistema capitalista, desde el enfoque de la crisis económica que padecemos y de la transición entre el Gobierno de Bush y el de Obama.

Moore lo tiene muy claro:

“El capitalismo es malo y no se puede reformar” y el “libre mercado” en realidad es un sistema para “robar” a los trabajadores y garantizar que el 1% de la población de Estados Unidos mantenga su riqueza, mientras el 99% se empobrece día a día”.

 

Y, por ello, en esta entrega de dos horas de duración, arremete tanto contra los bancos y multinacionales, como contra los políticos conniventes, en su opinión George Bush y Ronald Reagan, no cortándose a la hora de afirmar que la crisis no es producto más que de un “golpe de Estado financiero”.

 

Si esto te parece provocador o digno de la mejor escuela marxista, no te pierdas algunos de los golpes de efecto más comentados por los medios: el precinto de la bolsa de Wall Street con una cinta amarilla y el aviso ‘Escena de un crimen. No pasar’, o la versión jazzística de ‘La Internacional‘ con la que cierra el filme.

 

A pesar de que el documental se centra en EEUU, la advertencia de Moore es contundente: Europa corre un serio peligro si calca las estructura del ‘país de las libertades’. “Cuanto más intentéis comportaros como nosotros, más difícil va a ser para vuestras sociedades”, sentencia el creador. ¿Un poco tarde ya?

 

2 comentarios en “CAPITALISM: A LOVE STORY”

  1. FED, lo que viene es peor
    14 Marzo 2011
    Por Santiago Brugal Almanza
    Comienza a escucharse la palabra “estanflación”, algo definido como estancamiento económico con inflación, considerada como “el peor escenario posible”, pero lo que parece estar produciéndose es todavía mayor: una contracción económica con inflación o “contracflación”.
    En reciente serie de artículos The Wall Street Journal (WSJ) aborda diferencias de opinión de los presidentes de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), donde se manifiestan contradicciones irreconciliables.
    Señaló que el presidente de la FED de Dallas, Richard Fisher, dijo que los precios más altos del petróleo podrían motivar al banco central a retirar su enorme estímulo monetario para evitar un brote de inflación.
    Contrariamente, el presidente de la FED de Atlanta, Dennis Lockhart, argumentó que podrían necesitarse más estímulos (QE3), para evitar otra recesión, después la segunda flexibilización cuantitativa (QE2) dispuesta por el Gobierno, que vence en junio venidero.
    Con esas inyecciones de liquidez, otros estímulos y la emisión de deudas, se ha estado manteniendo artificialmente la economía estadounidense, provocando burbujas financieras (flujos de capitales especulativos) y dando una falsa sensación de “efecto riqueza”.
    El problema, entre otros, es que el aumento de los precios puede llevar a un incremento en la inflación si el crecimiento es fuerte y las empresas elevan el valor pecuniario de sus productos y servicios para contrarrestar los mayores costos de las materias primas, o una recesión al perjudicar el gasto de los consumidores si la economía es débil.
    Fisher señaló que el factor crucial para determinar si se acelerará la inflación general será la capacidad que tengan las compañías para trasladar a los consumidores los mayores costos de los insumos a través de precios más altos.
    El presidente de la FED de Atlanta destacó que las aerolíneas ya están trasladando los costos más altos de los combustibles a los consumidores, y el transporte terrestre podría imitarlas. Otras materias primas, también están golpeando a las empresas, recordó.
    Anteriormente el presidente de la FED de New York, William Dudley, reconoció la existencia o convivencia y confrontación, tanto de las tendencias deflacionarias, como de las presiones inflacionarias o sea algo nuevo: deflación con inflación.
    Dijo que el rol prominente de las presiones en los precios sobre la economía ha despertado algunos temores sobre un retorno de la estanflación, es decir, una alta inflación acompañada de crecimiento débil y alto desempleo.
    Es poco probable que la economía crezca lo suficiente para cambiar el curso de la política económica en los próximos meses, si bien los crecientes precios de los bienes básicos justifican una mayor vigilancia en el frente inflacionario, agregó Dudley.
    “La capacidad ociosa en nuestra economía aún es muy grande, y esto seguirá siendo un factor que presiona a la baja los precios”, dijo aunque reconoció que los precios están “aumentando rápidamente” y “algunas de estas presiones podrían elevar la inflación básica”.
    La inflación básica o subyacente, excluye de la general los componentes energía y alimentos, que tienden a ser volátiles, por lo que es una medición más objetiva, utilizada por la FED para valorar los cambios en la política monetaria.
    El presidente de la Reserva Federal de St. Louis, James Bullard, dijo que quieren llevar la política monetaria hacia un perfil más normal y “finalizar el programa un poco antes de lo que se pretendía inicialmente, para luego tomar una pausa por un tiempo”.
    En tanto, el presidente de la Reserva Federal de Richmond, Jeffrey Lacker, admitió que los precios del petróleo podrían afectar los del productor, y tendrán un efecto de filtración hacia el consumidor, lo que podría detonar la inflación básica.
    A su vez, el Libro Beige de la FED, un resumen de la actividad económica, examinó las condiciones en sus 12 regiones sobre la base de información obtenida hasta el 18 de febrero y expone:
    “Los informes de los 12 distritos de la Reserva Federal sugirieron que la actividad económica general continúo expandiéndose en enero e inicios de febrero a un ritmo entre modesto y moderado”.
    Agregó que, “las empresas manufactureras en muchos distritos expresaron que estaban trasladando los mayores costos de los insumos a los clientes o que planeaban hacerlo en un futuro cercano”.
    El WSJ opinó que: “En el peor escenario posible, esto puede provocar ambas cosas: una economía débil con alto desempleo y elevada inflación, conocido por los economistas como estanflación.”
    Pero lo que se está produciendo, es un fenómeno nuevo, peor y más complejo que la estanflación, pues es estructural, sistémico e irreversible, acelerado por la crisis y que no tiene solución bajo las leyes del capitalismo.
    Es la contracción de las economías desarrolladas y no un peligro de nueva recesión o de estancamiento con inflación, mientras los países emergentes crecen impetuosamente, como han venido mostrando todos los indicadores macro globales.
    Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo en su última previsión a la baja que en el 2011 el PIB de Estados Unidos se desacelerará hasta el 2,7 por ciento y en la eurozona, en torno al 1,5 por ciento.
    Para los países en desarrollo, revisó al alza su previsión para 2011, situándola en 6,5 por ciento.
    “El PIB de los países desarrollados continúa bajo presión, el desempleo sigue alto y las situaciones de estrés agravadas en los países periféricos de la eurozona continúan siendo un factor negativo adicional para la economía mundial”, resumió Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional.
    “Vemos que la recuperación continúa, pero muy desigualmente: rápida en Asia y América Latina, incierta en EE.UU. y lenta en Europa”, indicó.
    El FMI también reconoció que los países emergentes han estado bajo amenaza debido a la excesiva liquidez global del dólar y la apreciación de las monedas locales, lo cual ha afectado la competitividad de sus productos en el extranjero.
    “Parte del problema puede ser atribuido a flexibilización cuantitativa en Estados Unidos, pero desde otro punto de vista que puede ser necesario porque todos dependemos del crecimiento de la economía estadounidense”, dijo.
    O sea, para Strauss-Kahn el mundo debe soportar los efectos nocivos de la invasión de los mercados con emisiones de dólares cada vez más devaluados (o efecto dólar) porque “todos dependemos de Estados Unidos”.
    Tal afirmación resulta una paradoja porque en realidad ocurre que no solo Estados Unidos, sino la Unión Europea y Japón, están dependiendo cada vez más de los emergentes, especialmente de China.
    Pero esos flujos de capitales especulativos que se están sumando a los otros componentes de la inflación, sobre todo en los mercados emergentes, comienzan a regresar a Estados Unidos a través del alza de los costos de las materias primas.
    Los precios siguen con tendencia al alza, por lo que la FED está considerando modificar el balance inflación-recesión, (subir los tipos de interés), como anunció el Banco Central Europeo (BCE) para mantener bajo control la inflación en la zona del euro.
    Evidentemente la FED, está dividida y reconociendo que las herramientas para atacar la inflación provocan más contracción y las utilizadas contra la deflación, generan más inflación y ésta a su vez contracción, por lo que están atrapados en un círculo vicioso.
    Conducir la política monetaria con creciente inflación, contracción económica, alto desempleo y extremo endeudamiento (que se dirige a la cesación de pagos o default) y crecientes gastos militares, parece ser una tarea imposible para el banco central estadounidense o sea, que la FED perdió la fe en si misma.
    (*) El autor es periodista, jurista, fue diplomático y miembro de la Comisión Económica de la Asamblea General de la ONU

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  2. Europa cobarde, Europa libre

    RAFAEL ARGULLOL *
    El lado oscuro de Europa lo conocemos bien: durante cinco siglos -hasta el pasado- nuestro continente colonizó y saqueó el resto del mundo. En América los europeos acabaron con poblaciones enteras y civilizaciones imponentes, y en el África de hoy todavía son bien visibles las fronteras del expolio, con ese mapa geométrico trazado en las cancillerías europeas para repartir el botín y que, al no respetar las tradiciones e identidades locales, ha sido después, tras las independencias de esos países, motivo continuo de conflictos sangrientos. Tampoco Asia se libró, por supuesto, de la furia depredadora e imperial europea, que durante mucho tiempo consideró a antiguas civilizaciones del calibre de la china o la india como productos primitivos y exóticos. Con razón, ese lado oscuro ha sido estudiado minuciosamente por los historiadores, porque durante cinco siglos la globalización dirigida por Europa, casi siempre con violencia, preparó el escenario del mundo que ahora contemplamos. Los no europeos nos recuerdan a menudo nuestro lado oscuro, para reprocharnos el pillaje sufrido o simplemente para justificar situaciones actuales, y muchos europeos también nos lo recordamos de tanto en tanto, bien por sinceridad, bien para gozar de una buena conciencia.

    Lo que no es nada evidente es que unos y otros nos acordemos, aunque sea levemente, del lado luminoso de Europa. Es posible que los no europeos se muestren insensibles a cualquier indicio de esta luz, sea porque la desconozcan o desprecien, sea porque la “rica” y “tecnológica Europa” interesa por otra cosa, como tierra de migración, y no por sus supuestos valores morales y espirituales (es difícil aceptar la moralidad y la espiritualidad de la cultura que te ha oprimido).

    Más extraordinario es que los propios europeos no parezcan ya en condiciones de reconocer, con cierta convicción y consecuencia, el lado luminoso que también alimenta su herencia. Dicho brutalmente: una Europa cobarde y acomodaticia se ve incapaz de defender su patrimonio espiritual, al que sistemáticamente camufla u oculta con el ánimo de preservar privilegios económicos que hagan más llevadero el implacable declive. Como si estuviera vencida de antemano, Europa disimula su mejor legado para conservar, triste y groseramente, prebendas para las que intuye que hay una fecha de caducidad.

    Durante muchos años he denunciado -y sigo denunciando- las tropelías históricas de Europa, pero desde hace tiempo encuentro necesario recuperar un sentimiento de autoestima fundamentado en lo que vengo llamando, aquí, el lado luminoso. Curiosamente esta necesidad se me hizo más patente a grandistancia de las fronteras europeas, en Benarés, durante las muy estimulantes conversaciones con el pensador indio Vidya Nivas Mishra acerca de las afinidades y distancias entre las mentalidades europea e india, que culminaron en un libro conjunto.

    Aunque soy un gran admirador de la tradición hindú y Mishra -fallecido poco después en un accidente de automóvil- era un hombre en extremo convincente, pronto me di cuenta de que estábamos situados en miradores radicalmente diferentes. Mientras en mis palabras aludía siempre al “yo” -un “yo” bastante desamparado, por cierto, falto de cobertura religiosa o ideológica, al menos en mi caso-, Mishra siempre se refería a “nosotros”, pero no a un “nosotros” puramente actual, sino a una entidad colectiva que se remontaba cuatro milenios atrás. (Los mismos, elocuentemente, de existencia de Benarés, junto con Damasco la ciudad más antigua continuamente habitada). Esta circunstancia, pensé entonces, a lo largo de nuestras charlas, otorgaba una imbatible superioridad al punto de vista de Mishra sobre el mío.

    Ese hombre, me dije, habla con la enorme seguridad de saberse acompañado por millones de compatriotas cohesionados por el flujo continuo de miles de años, en tanto que yo -¡otra vez el solitario yo!- tenía que presentarme como representante exclusivo de mí mismo y, cuando aludía al pasado, tenía que hablar de un río, el de la civilización europea, constantemente interrumpido por diques y cambios abruptos de cauce. Mi posición en el diálogo era claramente desfavorable pues, frente a la fortaleza de la continuidad que dibujaba mi interlocutor, yo, como europeo, no podía dejar de mencionar nuestros constantes virajes y revoluciones, de la antigüedad clásica al medievo cristiano, del renacimiento a la ilustración y a la modernidad. Europa se había negado y reinventado constantemente de manera revolucionaria hasta el punto que, en nosotros, tradición y revolución se requerían mutuamente y eran, casi, una misma cosa.

    En Benarés, tan lejos de Europa, me di cuenta de que este era, precisamente, el rasgo esencial del pensamiento europeo y que, si bien era cierto que a lo largo de la historia habíamos ejercido como invasores y expoliadores implacables, no era menos cierto que habíamos conseguido desarrollar un “instinto” para la crítica y la autocrítica del que carecían, por lo que yo sabía -aunque, desde luego, podía equivocarme- las otras regiones del mundo. En el último día de nuestras conversaciones traté de explicarle esta singularidad europea a Vidya Nivas Mishra aludiendo al destino de Antígona y al hecho de que, en la tragedia de Sófocles, se daba carta de naturaleza a la libertad individual como el motor de la condición humana. Le añadí que, con este presupuesto, era imposible que el pensamiento no fuera el escenario de la crítica y la autocrítica, y que la historia no fuera sino una sucesión de revoluciones, de sacudidas ansiosas de libertad, que obligadamente me dejaban a mí en soledad frente a sus milenios de comunidad espiritual. Pero no estoy seguro de que me comprendiera pese a su permanente sonrisa afable e inteligente.

    Y creo, en efecto, que este es nuestro lado luminoso, el haz de libertad que brilla en medio de la oscuridad a la que, con tanto afán sangriento y codicioso, hemos contribuido. Hemos destruido mucho pero, en la estela de Antígona, hemos apostado con frecuencia por la libertad de conciencia, incluso contra la omnipresente “razón de Estado” (confundida, en ocasiones, con la “razón de Dios”) en la que encuentran cobijo tantas tradiciones del mundo que nos rodea.

    Esta es la gran lección del humanismo europeo, antiguo y moderno, lección que los europeos actuales, sumidos en la molicie mental y refugiados en una concepción gélida y burocrática de Europa, se empeñan en olvidar. La vergonzosa actitud de la comunidad europea ante los recientes acontecimientos en los países del norte de África -todos ellos antiguas colonias europeas- no son sino la lóbrega coronación de un silencio culpable que se repite ante cada hecho que incomoda la seguridad senil y avariciosa de un continente que omite cualquier construcción moral ante la vigilancia de los “mercados”. Europa calla ante cualquier atropello de los derechos individuales -proceda este de reyezuelos, como los de Túnez o Uzbekistán, o de emperadores, como en el caso chino-, siempre temerosa de que cualquier gesto le suponga la definitiva retirada de prebendas que -y esto aumenta el miedo- consideran ya medio perdidas bajo la espada de Damocles de la decadencia.

    Y este es, sin duda, el camino peor porque, afortunadamente obsoleta su función saqueadora, la única auténtica riqueza de futuro que le queda a Europa es Antígona. Quiero decir: la reivindicación de la libertad individual de conciencia, el derecho a la crítica, la necesidad de la autocrítica. Esta, la razón del individuo, es el bien único, espléndido, que todavía podemos exportar y que aún puede ganarnos un respeto en el mundo. Acobardados y sumisos ante la razón de Estado solo nos queda prepararnos para ser unos obedientes y eficaces esclavos.

    *Rafael Argullol es escritor. Artículo publicado en Tribuna de El País, 16/02/2011

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    Este artículo y todos los otros envíos de “other news” están disponibles en http://www.other-news.info/noticias/

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