LA VIOLENCIA EN AMÉRICA LATINA

  • Bruno Peron Loureiro

Se agravó la violencia en América Latina a lo largo de 2010, año también de tragedias naturales. La proliferación de bandas criminales, contrabandistas de todo tipo, traficantes de drogas y el crimen organizado, conformaron un escenario de inseguridad pública en la región.

Durante el gobierno del mexicano Felipe Calderón Hinojosa, en la guerra declarada al narcotráfico, murieron en México quince mil personas. Durante el año 2010 fueron asesinadas tres mil personas solamente en Ciudad Juárez, ciudad fronteriza con los Estados Unidos y considerada la más peligrosa del mundo.

 

Los rituales preceden la consumación de la violencia. Su objetivo principal es amenazar y shockear. Decapitaciones, mutilaciones, secuestros y torturas de miembros de bandas rivales perpetúan la violencia entre los narcotraficantes mexicanos. La entrada de periodistas y militares a este escenario sangriento exacerbó la situación.

 

La tentativa del combate armado al narcotráfico en México es tan frustrada como en el Brasil, donde la captura de criminales no corta el mal por la raíz ni genera precedentes para algún cambio. La invasión policial a la favela del “Complejo de Alemán” que dejó casi cuarenta muertos en Río de Janeiro, no inhibió la motivación al crimen.

 

Está en la cultura del país la búsqueda del dinero fácil, la negligencia en el trabajo y el estigma de la honestidad, dónde devolver una cartera extraviada es sinónimo de favor en vez de serlo de honestidad. Esta base cultural sin embargo no quiere decir que todos sean así. El primer género de violencia a combatir es aquella cometida contra el ciudadano, comenzando por el cambio de conducta de los que tienen por costumbre “colearse” en las filas y pasar antes de su turno. Muchos todavía creen que la discreción y la invisibilidad les confieren impunidad eterna para jugar con la sociedad u optar por la vida criminal.

 

Balas perdidas, hurtos y robos, inseguridad urbana, la codicia del que tiene más, la criminalización del consumo de estupefacientes (una política sin sentido y de falso alivio de los problemas de salud pública) y el cobijo bajo las alas del Estado asistencialista y corrupto son fenómenos asimilados como de rutina entre los medio-ciudadanos del Brasil.

 

Programas policiales (o “de investigación” como prefieren llamarles) como los de los comerciantes estériles César Filho (SBT), José Luis Datena (Bandeirantes) y Marcelo Recende (Record) nada agregan a nuestro afán de desprendimiento de la violencia histórica rumbo a la construcción de un mundo de personas que trabajen para la colectividad y la calidad de vida.

El trabajo en el capitalismo mientras tanto es motivo de violencia cobarde, una vez que el lucro sobre el excedente de producción es recogido casi integralmente por el patrón y distribuido a los vendedores en forma de migajas llamadas “comisiones”.

 

De los diez países con la mayor tasa mundial de homicidios, nos recordó José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), más de la mitad son latinoamericanos y esta situación es “epidémica”. Insulza alertó que las muertes por violencia en algunos países de América Latina son mayores que las que ocurren en otros que están en guerra.

 

Hay países como Brasil o México que concentran los casos y números de violencia, mientras que otros ganan menor notoriedad pero no por eso son menos violentos. En Honduras, un ajuste de cuentas entre bandas rivales en septiembre de 2010 provocó la masacre de diez y ocho trabajadores en una industria de calzados en San Pedro Sula.

 

Luego de esta expresión de violencia en Honduras, que fue tan notoria dentro del “american way” de la democracia que aprobó la destitución cruel y esencialmente anti-democrática del presidente legítimo Manuel Zelaya, su país vecino El Salvador aprobó una ley que pena el pertenecer a cualquier banda considerada como criminal.

 

El castigo de la ley casi siempre precede, pero desafortunadamente también sofoca, el cambio cultural en América Latina. De este modo, las “autoridades” electas y otras colocadas en “cargos de confianza” concentran sus esfuerzos en multar, aprehender y reprimir, en lugar de preparar a una generación más ciudadana y extirpar de una vez la herencia de la media-ciudadanía.

Tal vez la recepción de emigrantes en cualquier país debería ser producto de un diálogo entre los interesados y el sector público. Los argentinos protestaron violentamente contra los millares de emigrantes bolivianos y paraguayos que ocupan edificios vacíos en Buenos Aires.

 

Nuestro ambiente de convivencia y trabajo se descompone a través de la violencia.

Perdemos tiempo esperando que terceros, “autoridades” políticas y otros impostores, construyan por nosotros el mundo que es resultado de nuestros sueños y no de los de ellos.

 

Reconozca su capacidad de sembrar un mundo mejor, y reparta las semillas.

COMPLEMENTOS

 

http://www.clicapiaui.com/geral/44727/apresentadores-de-programas-policiais-tem-maior-salario-da-tv.html

Los presentadores de programas policiales tienen el mayor salario de la TV

16/01/2011 -11.34 – Folha Online

 

Ellos tienen de los mayores salarios de la TV, y llenos de fama se vuelven anclas de sus propios programas. Los periodistas policiales, titulo que rechazan y cambian por “de investigación” o de “seguridad pública”, son blancos de disputa entre las emisoras. Que lo digan Roberto Cabrini (SBT), Marcelo Rezende (Record) y José Luiz Datena (Bandeirantes).

Además de buenas audiencias, a costa muchas veces del sensacionalismo con muy pocos límites, la cobertura policial confiere repercusión a las emisoras de TV. Y ellas dan cada vez más espacio al tema. Un noticiero local de Record llega a tener el 80% de sus reportajes relacionados con la inseguridad. En días como la invasión a los morros de Río de Janeiro el porcentaje sube al 100%.

 

“No sé si este tipo de reportero está más valorizado, pero es difícil de encontrar. Pocos van por ese camino. Allí el glamour es cero. Es el sudor y la prisa.” dice Marcelo Rezende.

 

Los directores de periodismo niegan que los reporteros policiales ganen más que los otros en la TV, pero reconocen la importancia de esta área. “Los temas policiales acaban siendo un vehículo de cobro de las autoridades” dice Jose Emílio Ambrosio, director de Periodismo de Band.

http://brunoperon.com.br

 

Publicación Barómetro 07-02-11

 

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