CINE – “THE FIGHTER”: SIETE NOMINACIONES AL OSCAR DESDE UN RING

 

  • Jorge Zavaleta Balarezo

“The Fighter”, dirigida por David O. Russell (autor de “Tres reyes”, comedia “negra” sobre la guerra del Golfo), y nominada al Oscar este año, aspira a presentarse como una muestra de cine independiente y ello se transmite de inmediato en su estética que acude a las granulaciones densas y tonalidades poco cargadas como a las tomas que siempre parecen estar “un poco más adelantadas”. Así, asistimos al desarrollo de la historia sobre “Irish” Micky Ward (Mark Wahlberg), un boxeador norteamericano que en los años 80 llegó a optar el título mundial. Pero en verdad quien se luce y quien aparece muy delgado en este performance es Christian Bale, a estas alturas más identificado con el rol de Batman que Christopher Nolan le ha otorgado en las películas sobre el “hombre murciélago”. Bale le da vida a Dicky, medio hermano de “Irish”, y es otro merecido candidato al Oscar por este rol tan categórico que desarrolla.

 

 

La narrativa de “The Fighter” es inusual y al mismo tiempo nos cuenta dos historias: la de “Irish” y la de Dicky. La del primero es una de consagración profesional, no exenta de sacrificios y aunque nunca pueda dejar de lado a su madre y a sus numerosas hermanas que hasta se enfrentan a la bella y carismática Charlene (Amy Adams), quien hace de la novia de “Irish”, y que como en pocas películas de boxeo, anima al luchador en todo momento de su carrera. La otra historia, y la más trágica y verista, es la que protagoniza Bale, ex boxeador, y que tiene que ver con su dependencia de los narcóticos, los escándalos que causa en el vecindario o su propia temporada en prisión que, al final, parece contribuir al hallazgo de un nuevo “sentido” en su existencia.

 

 

 

“The fighter” es una película de marcado tono realista. Aquella escena en el bar, cuando “Irish” y Charlene se conocen, mientras en el fondo suena “Sara Smile”, una balada de Daryl Hall y John Oates de 1976, revela cómo los afectos y las cercanías surgen naturales en la película, marcando instantes decisivos. “The fighter” tampoco es una historia de ascenso y caída ni trae consigo una rémora moralista. El triunfo, si se alcanza, al final será obra conjunta de los hermanos, a veces distanciados por la incomprensión de la duda y el temprano fracaso existencial. Christian Bale luce esos ojos dislocados y disparejos, una gorra y una camiseta mientras se decide él mismo a dirigir a su hermano, sacrificándose en medio de todas las condiciones marginales y hasta abyectas en que sobrevive.

 

 

 

No se trata entonces ni necesariamente de una película de aprendizaje. Es un filme sobre la rutina de los entrenamientos, los sinsabores, los primeros triunfos y derrotas en el ring, la experiencia de saberse humanos y querer conquistar lo imposible. En todos esos registros, representando cada uno de ellos con una gran soltura, Christian Bale aporta lo mejor de sí, su táctica como preparador físico parece imitar su propia técnica de gran actor.

 

Se dirá que “The fighter” es una cinta morosa y que cae en un permanente sinsentido. Lo primero no siempre es cierto, la cinta parece desmoronarse a ratos desde sus propios momentos de crisis y subyace a ella esa idea de que nunca está comenzando realmente, como si la historia que narra se contara a ratos con entusiasmo y efectividad y en otros momentos sólo se cayera en ese desencanto que persigue a sus protagonistas. Sobre el “sinsentido”, la verdad es que representa la peculiar “filosofía” de Bale, el saberse fraternalmente unido a “Irish”, la obligación que siente por acompañarlo, el no querer abandonarlo todo a pesar de las trampas que le pone la vida, como zancadillas que hieren sus emociones e instintos.

 

 

 

Con todo, la película de David O. Russell es asimismo un examen de conciencias personales, la constatación de un periodo en la vida de unos personajes marginales que de pronto cobra un sentido más allá de cualquier sueño. Por eso los instantes celebratorios del combate final dicen mucho acerca de esos objetivos que se alcanzan tras una pelea que no sólo ha sido como las que “Irish” protagoniza entre las cuerdas sino que involucra a amigos y familiares para quienes se abre el camino de una definitiva redención. Claro que la principal figura en esta nueva etapa es el propio Bale, quien nunca abandona a su hermano y que, más allá del frenesí o los improperios, impone su propia visión de la vida. Una vida maltratada y doliente, la de un luchador, él también, al que ya no parecían quedarle tiempo ni oportunidades para más. Con Mark Wahlberg, Christian Bale conforma una pareja estupenda en este filme que llama poderosamente la atención por su eficacia y originalidad.

(Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

 

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