POR SER DIFERENTE

Queda claro que la Iglesia no es atacada por ninguna de sus múltiples obras buenas

Un mundo donde todos piensan diferente corre el gran peligro de pensar igual. Un pluralismo relativista termina siendo una especie de dictadura del pensamiento unívoco y unilateral. Un pastel que quiera ser de todos los sabores posibles es, al final de cuentas, un pastel que no sabe a nada definido.

Para sorpresa de unos y para dolor de muchos, la Iglesia católica y el cristianismo actualmente están siendo blanco de persecuciones, de discriminaciones y de indiferencia. A tal grado, que se presentó al Consejo de Europa la propuesta de establecer una jornada europea a favor de los mártires cristianos. ¿El motivo de esta propuesta? Hacer ver la intolerancia de algunos contra el catolicismo y el cristianismo por presentar a las sociedades sabores definidos y diferentes, verdades universales y principios intocables.

 

Queda claro que la Iglesia no es atacada por ninguna de sus múltiples obras buenas. Ni por su reconocida caridad y cercanía con los más desfavorecidos. Tampoco por llevar educación a todos los estratos sociales. Ni mucho menos por la cantidad de hombres y mujeres que dan su vida día a día llevando un mensaje de amor y de felicidad auténtica.

 

En realidad, la Iglesia está siendo perseguida por ser “blasfema”. En los lugares donde se banaliza y pisotea la dignidad humana, haciendo del hombre un mero instrumento en las manos de la economía y del hedonismo, la Iglesia defiende “la blasfemia” del valor de cada persona y la inviolabilidad de su integridad. Para los oídos de los que hacen riqueza utilizando al hombre como medio y no como fin, la postura de la Iglesia les suena como una “herejía” que atenta contra el progreso económico y científico.

 

Donde un laicismo mal entendido quiere desterrar del mundo a Dios para vivir en el horizonte de lo inmediato, la Iglesia predica la blasfemia de la trascendencia que da la fe.

Donde se propugna el relativismo moral basado, como dice el Papa Benedicto XVI (ver noticia), en un mero cálculo de consecuencias, la Iglesia enseña que la verdadera libertad y la realización humana están en la búsqueda de la verdad del hombre y del mundo, en la vivencia de unas virtudes y valores que no saben ni entienden nada de utilitarismos. ¡Esta es una blasfemia muy dura de entender para los paladines del libertinaje!

 

Allí donde el ser diferente es “pecado” contra la nación, la Iglesia es condenada a la muerte y persecución por creer en la blasfemia de la comunión fraterna.

 

Los ojos de mundo ya han contemplado este fenómeno en el pasado. A Jesucristo también lo crucificaron por ser blasfemo, por proclamarse Hijo de Dios. La historia de la Iglesia está tejida con la sangre de mártires (mártir, en griego significa testigo) que testimoniaron la fe con sus propias vidas.

 

Autor: Pablo Yeudiel González Cuéllar | Fuente: Catholic.net

 

 

4 comentarios en “POR SER DIFERENTE”

  1. PABLO, EL APÓSTOL

    Frei Betto
    Escritor y asesor de movimentos sociais

    El pasado 25 de enero se celebró la fiesta de Pablo de Tarso, que da nombre a la capital paulista. Tenemos información sobre él gracias a las 13 cartas que escribió y al relato del evangelista Lucas, con quien hizo viajes misioneros, titulado Hechos de los Apóstoles, documentos que integran el Nuevo Testamento.

    Pablo o Saulo nació probablemente el año 1 de nuestra era y falleció el 64, a los 63 años, en Roma. Sus padres habrían emigrado desde Palestina a Tarso. Judíos piadosos, evitaron matricular a su hijo en escuelas griegas. Apenas cumplió 14 años Pablo fue enviado a Jerusalén, donde vivía su hermana casada. Estudió en la más famosa escuela rabínica de la época: “a los pies de Gamaliel” (Hechos 22,3).

    Sus textos demuestran una sólida formación teológica. Y era además un excelente escritor. Su “Himno al Amor” (1 Corintios 13, 1-13) es de los poemas más hermosos de la literatura universal: Aunque yo hablase la lengua / de los hombres y de los ángeles, / si no tuviese amor / sería como bronce que suena / o címbalo que retiñe…

    Pablo se encontraba entre los que apedrearon al joven levita Esteban, condenado por “blasfemia” por haberse hecho cristiano. Las ropas de los ejecutores quedaron depositadas “a los pies de un joven, llamado Saulo” (Hechos 7,58).

    Se volvió enemigo de los cristianos: “Perseguía a muerte esa doctrina, arrestando y encarcelando a hombres y mujeres” (Hechos 22,4). Tenía 28 años: “Fui con el propósito de apresarlos (a los cristianos) y traerlos arrestados a Jerusalén, donde serían castigados. Pero yendo de camino y al aproximarme a Damasco, al mediodía, de repente me rodeó una intensa luz del cielo. Caí por tierra y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” A lo que respondí: “¿Quién eres, señor?” Él me dijo: “Soy Jesús Nazareno, a quien tú persigues” (Hechos 22, 5-10).

    En Damasco, al predicar en las sinagogas, se le despertó la vocación apostólica. Poco después se retiró al desierto, quizás para prepararse, espiritual y teológicamente, en alguna comunidad judeocristiana. Allí permaneció 13 años. Pero no se sabe nada sobre ese período de su vida.

    A los 41 años Pablo se dirigió a Jerusalén para “visitar” al jefe de la naciente Iglesia, Pedro (Gálatas 1,18).

    Pablo dedicó más de 14 años a viajes misioneros. Recorrió cerca de 15 mil km y enfrentó todo tipo de dificultades: fue azotado, apedreado, aprisionado, asaltado; naufragó, se sintió traicionado, pasó hambre, frío y noches sin dormir (2 Corintios 11, 24-27), expuesto “al peligro en todo momento” (1 Corintios 15,30).

    No siempre es fácil adecuar el cambio en el modo de pensar con el de actuar. Fue lo que sucedió con los judeocristianos de Jerusalén y con Pedro. Creían que un pagano convertido al cristianismo debería, primero, aceptar ciertos rituales judíos, como la circuncisión y las prácticas de pureza. Pablo disentía de ello. Para él un pagano podía abrazar la fe en Cristo sin la menor observancia de la ley mosaica. Ante la indecisión, en el año 51 participó, en Jerusalén, en el primer concilio de la historia de la Iglesia.

    Después, en Antioquía, ocurrió un incidente entre él y Pedro. He aquí lo que Pablo escribe en la carta a los Gálatas (2, 11-14): “Cuando Pedro fue a Antioquía, yo le enfrenté en público, porque él estaba claramente equivocado. De hecho, antes de que llegaran algunas personas de parte de Santiago, Pedro comenzó a evitar a los paganos y ya no se mezclaba con ellos, pues tenía miedo a los circuncidados. Los demás judíos también empezaron a fingir y hasta Bernabé se dejó arrastrar por la hipocresía. Cuando noté que ellos no actuaban correctamente, conforme a la verdad del Evangelio, le dije a Pedro, enfrente de todos: “Tú eres judío pero vives como los paganos y no como los judíos. ¿Cómo entonces puedes obligar a los paganos a vivir como judíos?”

    Pablo no estaba en contra de que los judeocristianos observaran la ley mosaica. Encaraba ese tema con tolerancia. La cuestión se complicó al observar que Pedro cambió su modo de actuar, pasando a admitir que la salvación no vendría solo como don gratuito de Cristo, sino también por el cumplimiento de la ley de Moisés. Al retomar antiguas prácticas judías Pedro hizo que los paganocristianos se sintieran inferiores a los judeocristianos, cual si fueran fieles de segunda clase.

    Pablo ponía empeño en no ser un peso para las comunidades que le acogían. Se sustentaba con su oficio de fabricante de tiendas y de objetos de cuero (Hechos 18,3).

    Al llegar a Atenas le sugirieron que fuera al Areópago, en la colina de Marte, donde se reunían los interesados por la filosofía. Allí ejerció toda su pedagogía evangelizadora: valoró a sus oyentes como “sumamente religiosos” (Hechos 17,22) y al encontrar un altar dedicado “al dios desconocido”, supo sacar provecho: “Aquel a quien veneran sin conocerle es éste que yo les anuncio” (Hechos 17,23). Y parafraseando a Arato, poeta conocido por los griegos, concluyó que Dios “no está lejos de cada uno de nosotros; y en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17, 27-28).

    Para estos tiempos de fundamentalismos religiosos Pablo dejó un legado importante mediante su testimonio de quien pasó de perseguidor a perseguido, de miembro de la élite a predicador itinerante, de fariseo intolerante a cristiano dotado de espíritu ecuménico, de legalista a misericordioso.

    Pablo supo ser griego con los griegos y judío con los judíos; respetó la jerarquía de la Iglesia sin dejar de criticar incluso al papa, Pedro; demostró que lo contrario del miedo no el es valor sino la fe.

    Místico, Pablo se atrevió a exclamar: “Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” (Gálatas 2,20).

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  2. EL VERDADERO CAMBIO NECESARIO QUE SÍ PRECISA LA IGLESIA
    Lo que necesitamos es fe en plenitud, cultivo espiritual, comunión eclesial, autenticidad, lealtad, conversión y pasión por Jesucristo, por su Iglesia y por la misión evangelizadora a favor de la humanidad
    Autor: Editorial Ecclesia | Fuente: http://www.revistaecclesia.com

    El pasado 3 de febrero un grupo de 144 teólogos alemanes, austriacos y suizos -un tercio de su actual totalidad en ejercicio- hicieron público un memorandum titulado «Iglesia 2011: Un cambio necesario Necesidad de avanzar hacia un nuevo comienzo». La supresión del celibato sacerdotal, el acceso de las mujeres al sacerdocio ministerial, una mayor participación de los laicos y procesos más democráticos en las elecciones episcopales son los reclamos principales del mismo. En España, tres antiguos profesores de Teología han encabezado asimismo una campaña de recogida de firmas de adhesión al manifiesto.

    ¿Es este el verdadero cambio que necesita nuestra Iglesia? ¿Nuestra propia identidad cristiana y eclesial y los problemas y limitaciones pastorales con que topamos hoy día y hasta nuestros mismos pecados pasados o presentes demandan en realidad abordar cuestiones de esta naturaleza? ¿Con medidas similares han conseguido otras Iglesias y confesiones cristianas revitalizar, redinamizar y fertilizar sus comunidades o, al contrario, han sido sumidas todavía más en la crisis y en las crisis? ¿Siguiendo estas propuestas -no todas de la misma envergadura y cualificación-, seríamos más fieles al Evangelio y prestaríamos mejor servicio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? Creemos sincera, humilde y firmemente que no.

    En referencia a la supuesta posibilidad y conveniencia del sacerdocio femenino, la Iglesia -repite paciente y fundamentadamente el magisterio papal de las últimas décadas- no puede dar lo que no tiene y a lo que no está legitimada. Las razones del celibato sacerdotal, de carácter disciplinar, sí, y también de amplio respaldo y cobertura espiritual, pastoral y doctrinal -al menos en cuanto a imitación y seguimiento de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote y de cuyo sacerdocio participan los sacerdotes ministeriales-, son muy poderosas, fecundas y válidas. Y la mayor y mejor participación de los laicos en la vida de la Iglesia no puede ser jamás cuestión de aspiraciones en lograr simplemente por lograr poderes humanos o influencias sociales, en fomentar grupos de presión, en alcanzar cuotas estadísticas y en seguir meros eslóganes publicitarios. Y por lo respecta a los procesos de los nombramientos de los obispos, bueno será recordar que estos nunca se producen sin una amplia y detenida consulta intraeclesial, que obviamente en ningún lugar está escrito que no pueda ser de otra manera ni aún mayor o también menor a tenor de las circunstancias.

    El verdadero cambio necesario que urge nuestra Iglesia pasa siempre y también ahora por el reto de la santidad, de la fidelidad, de la comunión, de la constante renovación espiritual y del ardor evangelizador. El verdadero cambio necesario es vivir de la Palabra de Dios, que encuentra en la Iglesia -como recordó días atrás en el Congreso sobre la Biblia de la CEE el teólogo y arzobispo Ladaria- el único ámbito adecuado para su interpretación como Palabra actual de Dios. El verdadero cambio que necesitamos es el del desapego iluminado desde la fe y desde la independencia ideológica ante las consignas y reclamos de la moda y de lo política, social o culturalmente correcto, que aunque pueda conllevar renuncias, son, en realidad, ofrendas libres, generosas y en positivo por la auténtica causa del Reino.

    Claro que hay que escuchar y discernir los signos de los tiempos. Claro que siempre es bueno el diálogo y el encuentro. Y estos mismos signos de los tiempos y desde el diálogo y el encuentro precisos lo que se reclama de nosotros los cristianos, de nosotros miembros de la Iglesia, no son posturas acomodaticias ni posicionamientos ideologizados y trasplantados desde fuera. No son viejas y superadas polémicas, ni nuevas o larvadas divisiones o disensiones. No son posiciones lejanas y hasta contrarias al magisterio eclesial, sino todo lo contrario.

    En medio de estos presentes tiempos recios de increencia y secularización, lo que reclaman los signos de los tiempos no es que nosotros también nos secularicemos y presentemos, vivamos y transmitamos un Evangelio «light» o bajo en calorías para así, supuestamente -solo supuestamente- hacerlo más atractivo y simpático, porque si la sal se vuelve sosa… Lo que necesitamos es fe en plenitud, cultivo espiritual, comunión eclesial, autenticidad, lealtad, conversión y pasión por Jesucristo, por su Iglesia y por la misión evangelizadora a favor de la humanidad. Es, en suma, ser más de Dios, del Dios de Jesucristo, para así ser más y mejor de y para los hombres nuestros hermanos.

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  3. CRECEN LAS ORDENACIONES SACERDOTALES EN EL MUNDO CONFIRMA EL ANUARIO ESTADÍSTICO DE LA IGLESIA
    CIUDAD DEL VATICANO – El número de sacerdotes ordenados en el mundo ha aumentado, mientras que el de aquellos que han renunciado al ejercicio del sacerdocio ha disminuido sensiblemente.

    Así lo revela L’Osservatore Romano anticipando así algunos pasajes del Annuarium Statisticum Ecclesiae 2009, preparado como cada año por la Oficina central de Estadística de la Iglesia y publicado por la Libreria Editrice Vaticana. El mismo será presentado en los próximos días en el Vaticano.

    Las estadísticas oficiales más recientes se refieren a 2009. El número total de sacerdotes en esta fecha era de 410.593, de los que 275.542 eran miembros del clero diocesano y 135.051 del clero religioso. En 1999, las cifras eran de 405.009 sacerdotes, de los que 265.012 eran diocesanos y 139.997 religiosos.

    La incidencia del clero diocesano y del clero religioso no ha variado de forma significativa: el 65% frente al 35% respectivamente en 1999, el 67% y el 33% respectivamente en 2009.

    El número total de sacerdotes en el mundo en 2009, respecto a 1999 – informa también L’Osservatore Romano -, ha experimentado un crecimiento del 1,4 %, resultante del aumento del 4 % del clero diocesano y de la disminución del 3,5% del clero religioso.

    El porcentaje ha bajado en América del Norte (alrededor de un 7 % para el clero diocesano y un 21 % para el clero religioso), Europa (con un 9 %) y Oceanía (con 4,6 %). Al contrario, los sacerdotes africanos han aumentado (38,5 %), así como los de Asia (30,5 %) y los sacerdotes diocesanos de América Central y del Sur.

    En cambio, en África y en Asia, el clero religioso ha disminuído. La distribución por continentes del clero en 2009 se sigue caracterizando por una fuerte predominancia de los sacerdotes europeos (46,5 %) que son alrededor de un 56 % más que los Americanos. El clero asiático se estima en un 13,5 %, el africano en un 8,9 % y el de Oceanía un 1,2 %.

    Por Marine Soreau

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    1. Aumenta el número de seminaristas en el mundo, disminuyen las religiosas Presentado al Papa el Anuario Pontificio 2011
      ROMA, lunes 21 de febrero de 2011. – Aumenta el número de los bautizados en el mundo (aproximadamente la mitad de los católicos vive en el continente americano), así como el de los sacerdotes y seminaristas, mientas se registra una leve disminución en el número de las religiosas.

      Es lo que se desprende, a grandes rasgos, del Anuario Pontificio 2011, presentado el sábado pasado a Benedicto XVI por el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de estado del Vaticano, y por el arzobispo Fernando Filoni, sustituto en la Secretaría de Estado para los Asuntos Generales.

      Los datos estadísticos del año 2009 dan un análisis sintético de las principales dinámicas de la Iglesia Cctólica en las 2.956 circunscripciones eclesiásticas del planeta: los fieles bautizados en el mundo pasaron de 1.166 millones en el 2008 a 1.181 millones en el 2009, con un aumento absoluto de 15 millones de fieles y un porcentaje del 1,3 %.

      La distribución de los católicos entre los continentes difiere notablemente de la repartición de la población.

      América, del 2008 al 2009 ha mantenido en población una incidencia constante en el total planetario semejante al 13,6 %; mientas que los católicos (en América) han alcanzado en dos años, el 49,9 % del número de católicos en el mundo.

      En Asia el crecimiento fue del 10,6 al 10,7 %, pero el mismo es notablemente inferior al que el continente tiene por lo que se refiere a la población mundial (60,7 %).

      Europa tiene un peso de población inferior de tres puntos de porcentaje del de América, pero su incidencia en el mundo católico del 24 %, o sea casi la mitad de la de los países americanos.

      Tanto para los países africanos como para los de Oceanía, el peso de la población respecto al total es poco diferente de la de los católicos (15, 2 y 0,8 %respectivamente, para África y Oceanía).

      El número de obispos en el mundo pasó del 2008 al 2009 de 5.002 a 5.065 con un aumento del 1,3 %.

      El continente más dinámico resulta el africano (1,8 %) seguido por Oceanía (1,5 %), mientras debajo de la media en su conjunto resulta Asia (0,8 %) y América (1,2 %). En Europa el aumento se plaza entorno al 1, 3 %.

      La población sacerdotal mantiene un ritmo de crecimiento moderado inaugurado en el 2000, después de un largo período de resultados más desilusionantes.

      El número de sacerdotes, sea diocesanos que religiosos, aumentó en el curso de los últimos diez años del 1,34 % a nivel mundial, pasando de 405.178 en el 2000 a 410.593 en el 2009.

      En particular en el 2009, los sacerdotes aumentaron del 0,34 % respecto al 2008.

      Tal aumento deriva por un decremento del 0,08 % clero religioso y del aumento del 0,56 % del diocesano. El decrecimiento del porcentaje ha afectado solamente a Europa (0,82 % para los diocesanos y 0,99 para los religiosos), visto que en los otros continentes los sacerdotes en general aumentaron.

      Excepto en el Asia y África, el clero religioso ha disminuido en todas partes.

      Los diáconos permanentes aumentaron de más del 2,5 %, pasando de los 37.203 del 2008 a los 38.155 del 2009.

      La presencia de los diáconos mejora en Oceanía y en Asia con ritmos elevados: en Oceanía, donde los diáconos no alcanzan aún el 1 % del total, con 346 unidades en el 2009 y en Asia donde registran un aumento del 16 %.

      Los diáconos aumentan también en áreas en las que su presencia cuantitativamente es más relevante. En América y en Europa, donde en el 2009 residen aproximadamente el 98 % de la población total, los diáconos crecieron respectivamente del 2,3 al 2,6 %.

      Una disminución se registró en cambio entre las religiosas profesas. En el 2008 ellas eran en el mundo 739.068, reduciéndose en el 2009 a 729.371.

      La crisis por lo tanto permanece, a pesar de África y Asia, donde en cambio hay un aumento. ´

      El número de los candidatos al sacerdocio en el mundo creció del 0,82 %, pasando de 117.024 unidades en el 2008 a 117.978 en el 2009. Gran parte del aumento atribuible en Asia y África, con ritmos de crecimiento del 2,39 % y del 2,20 %, respectivamente. Europa y América han registrado una contracción, respectivamente del 1,64 y del 0,17 % en el mismo período.

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