BEBÉS DE NAMIBIA, MONGOLIA, TOKIO Y SAN FRANCISCO: UNA PELÍCULA PARA SONREÍR

El cineasta Thomas Balmès filma las primeras etapas de cuatro bebés en cuatro familias muy distintas

Qué malo es Bayar, el pequeño mongol! ¡Y qué niñita bien es la japonesita Mari! Hattie, que vive en San Francisco recibe todo tipo de mimos, mientras que Ponijao, en una tribu rural de Namibia cuenta con un ejército de hermanos.

Son cuatro bebés a los que Thomas Balmès ha seguido cámara en ristre durante su primer año de vida, hasta que se alzan y caminan. El montaje es sencillo, claro, directo y luminoso (la publicidad habla de “experiencia visual y sensorial inédita”, pero es una exageración) y no se narra ninguna historia, no hay voz en off, no se traduce nada del mongol o del japonés… Simplemente, tenemos un ojo omnisciente pero centrado solo en los bebés. Un ejemplo se puede ver en el trailer: http://www.youtube.com/watch?v=1vupEpNjCuY . El resultado no deja de ser hermoso.

El periodo prenatal se resuelve muy rápidamente y cada parto en apenas unos segundos. Vemos a la mamá de Bayar realizando gimnasia mongola para embarazadas, parecida al tai-chi. Vemos a la mamá del pequeño namibio preparar la pintura con la que se unta antes del parto. Y directamente entramos en sus casas.

No hay mucha reflexión sobre “el modelo familiar”, aunque se pueden deducir algunas cosas. Por ejemplo, los dos bebés de países ricos (San Francisco y Tokio), son hijos únicos, aunque tienen gatos en casa. Bayar comparte su yurta en la estepa con dos hermanos mayores y un gato (mártir y paciente, que aguanta al niño como un santo) y con cabras, vacas… y la antena parabólica. Ponijao es el pequeño de ocho o nueve hermanos, aunque nunca le vemos con más de cinco o seis. Su madre, que se conserva muy joven y sana, siempre está a su lado, disponible para dar de mamar a los diversos pequeños. Tienen un perro y muchas cabras. Los hermanos mayores organizan carreras de burros.

La película no tiene dramatismo: los niños no se ponen enfermos, no se accidentan. No hay emociones fuertes. Todo es suave, lo que ayuda a reflexionar sobre las distintas formas de criar a los pequeños. La japonesita se enfrasca en terribles berrinches, rodeada de todo tipo de objetos que le agobian, mientras el africano Ponijao juega con cualquier piedra, con sus hermanos, con su madre. Cuando aprende a levantarse, enseguida aprende a bailar, con gran alegría de su familia.

Los papás japoneses y americanos llevan sus bebés a gimnasias de bebé, se juntan con otros padres para cantarles (“la tierra es nuestra Madre, ella nos cuida”, cantan en un gimnasio californiano). El papá americano se ducha con el bebé en un brazo (y éste no llora: no lo intente usted en su casa). La mamá americana se baña desnuda en una piscina al aire libre con el bebé: todo muy “alternativo”. Al papá africano no lo vemos, pero sale en los créditos de agradecimiento. Aunque Bayar sea un pequeño Gengis Khan que tortura a su gato y a sus cabras y desmonta la yurta, quizá es el que lleva una vida más equilibrada: mucha estepa, padres cerca, animales, televisión (dosis pequeñas), un cielo enorme.

“Cuando presenté la película a la familia Imba [la familia de Namibia] me di cuenta de que era universal, es una comedia, es una película que provoca risa, y eso me gusta. Me gusta que la gente se divierta con la película. Incluso hay gente que se pone el DVD cuando está deprimida porque le anima”, ha afirmado el director.

“Esta misma familia Imba, cuando vio el documental se quedó horrorizada de cómo se trataba a los niños en América o en Japón, cómo se puede imponer a los niños unos espacios tan reducidos… Les parecía algo espantoso”, añade Balmès.

El resultado es hermoso porque las imágenes son hermosas; cotidianidad exótica, pero cotidianidad. Los bebés se muestran como son. Su inocencia (incluso cuando pegan, roban o se pelean con sus hermanos) nos interpela. En una cultura como la nuestra, que tiene miedo a los niños, que es anti-natalista y materialista, este hermoso documental, a ratos divertido, siempre interesante, brilla como una proclama a favor de la vida, la esperanza, el futuro, los niños.

fuente: ForumLibertas

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