EL ORIENTALISMO EN EL ARTE

Una ola de polémica y temores recorre Europa cuando hoy se tematiza el islam. Pero no siempre fue así. Una exposición en Múnich ilustra con qué entusiasmo se identificaron los artistas del siglo XIX con el Oriente.

La exposición se realiza en el museo Hypo-Kunsthalle de Múnich y lleva el título “El orientalismo en Europa”. Obras provenientes de todo el mundo muestran qué imágenes y clichés generó Occidente en el siglo XIX sobre lo que creía era Oriente.

La exposición comienza cronológicamente con la campaña de Napoleón en Egipto (1798 a 1801), que militarme fue un fracaso, pero igualmente desempeñó un importante papel en toda la historia colonial.

 

“Quizás más importante que la operación militar fue que Napoleón llevó en su expedición a científicos y artistas, que comenzaron a describir Egipto, tanto el contemporáneo como los monumentos históricos”, dice Roger Diederen, curador de la exposición. Ello desató una verdadera egiptomanía, no sólo en Francia, sino en toda Europa.

 

Los nombres de los pintores cuyos maravillosos motivos de Oriente se exhiben en la muestra han pasado al olvido. Roger Diederen logró reunir obras de casi cien artistas de catorce países. Y las expone dramáticamente iluminadas en paredes pintadas con colores oscuros y fracturados.

 

Una cultura islámica desconocida

 

“El objetivo de los artistas, en su mayoría académicos, era realizar detalladas representaciones. Ése fue a menudo el primer motivo para viajar al norte de África o al Oriente Próximo”, resalta Diederen. La mayoría de los artistas del siglo XIX tenían una formación académica. Su objetivo, dice el curador “era la pintura de historias, es decir de temas bíblicos o mitológicos, y cuando llegaron al norte de África se vieron confrontados con una cultura islámica que desconocían por completo”.

 

Así fue que Oriente se transformó en superficie de proyección de todo tipo de temas sumamente conocidos. Naturalmente tampoco faltan representaciones de “salvaje noble” ni fantasías eróticas de harén. Pero también la pintura paisajística recibió nuevos impulsos.

 

“La pintura paisajística existía ya desde hace siglos. Pero cuando los artistas llegaron a esos desiertos, experimentaron tormentas de arena, horizontes interminables, una nueva luz y sobre todo su intensidad, se vieron confrontados con desafíos artísticos completamente nuevos”, subraya Diederen.

 

En la a menudo arrogante mirada de los señores coloniales sobre la extraña cultura siempre se mezcló, sin embargo, también respeto y fascinación. Uno de los artistas que se marchó a Oriente a pintar historias fue Jean-Léon Gérôme, representado en la exposición con cinco obras. En sus comienzos artísticos, Gérôme pintó escenas de arenas y luchas de gladiadores.

 

Ni soberbia ni idealización

 

En su viaje a Egipto y Constantinopla comenzó a interesarse, sin embargo, por otras cosas. En el camino realizó bosquejos incluso con óleo, para registrar la impresión que le producía la luz. En la exposición se muestra un pequeño croquis de un campamento de sencillas tiendas, con la silueta de Constantinopla en el fondo: ni huella de soberbia ni idealización, sino puro interés artístico por lo extraño y singular.

 

Oriente también inspiró a fotógrafos, escritos y compositores. Verdi escribió su ópera “Aída” con ocasión de la inauguración del Canal de Suez, en 1869. El mismo año, Thomas Cook, empresario inglés creador del prototipo de la agencia de viajes, ofreció el primer periplo a Egipto.

 

Los pintores franceses Renoir y Matisse también viajaron al norte de África. Y no sólo ellos: Vassily Kandinsky, August Macke y Paul Klee crearon en medio del paisaje norafricano singulares obras de una luz embriagadora. Sus obras abstractas conforman el último momento culminante de la magnificencia de imágenes en Múnich.

 

La fascinación por Oriente continuó hasta la Primera Guerra Mundial y el colapso del Imperio Otomano. Luego, el arte europeo descubrió otros motivos.

 

Autores: Dorothee Canstein / Pablo Kummetz

Editor: Enrique López

 

“La esclava blanca”, de Leconte du Nouy. Escenas eróticas, embriaguez, exotismo: así se ven muchas obras del orientalismo.

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