CARTA A UN AMIGO QUE PIENSA QUE LOS DERECHOS HUMANOS NO SON PARA LOS DELINCUENTES

  • Jesús Dapena Botero

(Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Querido amigo:

Con lo que no estoy del todo de acuerdo contigo es que los Derechos Humanos no sean para los delincuentes.

También ellos son seres humanos y, si bien hay algo de una elección personal de ese destino, hay un factor que no deja de ser imponderable que es el social, como factor causante de la delincuencia.

Cuando vi, estando muy joven, “A sangre fría”, película basada en la novela del escritor estadounidense Truman Capote, salí bastante preocupado por la condena de los asesinos a la pena de muerte, porque comprendía que tenía razón un viejo abogado colombiano, Alfonso Meluk, quien escribió un ensayo, bastante bueno, sobre la etiología social de la delincuencia en Colombia.

Después descubría a través de su historia de la locura, al filósofo francés Michel Foucault, quien tanto contribuyó a la reforma psiquiátrica que tendía a tumbar las tapias del manicomio, ese lugar de gran encierro y enormes oprobios a los que se sometía al loco y luego él escribiría otra magna obra que no he leído en su totalidad, la cual se llama Vigilar y castigar, donde muestra como la sociedad bien pensante ejerce todo su sadismo y su crueldad, que castiga en los asesinos, al aplicárselas a éstos, lo cual sustentaba con una práctica política de apoyo a los presos.

Yo estaría de acuerdo con la madre que pide una cárcel digna para su hijo en prisión.

Recuerdo lo lindo que me pareció una historia que me contó una analizante, de cuando acompañaba a la familia de su novio a hacer pic-nics, al pie de la cárcel para que el padre prisionero, viera desde la ventana del penal a toda la familia completa, mientras almorzaban, en un mantel de cuadros rojos y blancos, en la hierba para acompañarlo a él.

Me opongo a las torturas de Abu Grahib y de Guantánamo, tanto como a la pena de muerte desde que vi la película Death man, walking, basada en la historia de Sister Helen Prejean, quien sirviera de asesora espiritual a los condenados a muerte en Lousiana y de ahí pasara a la lucha contra la pena de muerte en dicho Estado.

Sister Helen Prejean no sólo ayuda a los reos, sino a sus familias y a las familias de las víctimas de estos delincuentes, basada en la lectura de Albert Camus de Reflexiones sobre la guillotina y en El Padrenuestro, oración que los católicos rezan todos los días:

“Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores…” Me enseñó a rezar el Padre Astete, antes de que modernizaran el rezo con “Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.”

No digo que esta gente no vaya a la cárcel pero habría que hacer grandes reformas en esas instituciones totales y totalitarias, que se convierten en escuelas del crimen y donde los carceleros sean tan corruptos como los prisioneros, a los que vigilan y castigan.

Lo que habría que pensar es en las causas del mal para pretender evitarlo, si es posible, y que las cárceles se conviertan en verdaderos sitios de rehabilitación dentro del contexto de nuestro malestar en la cultura.

Por eso no me gusto el reaccionario mensaje de la madre de la víctima a la madre del asesino, también una víctima activa, responsable de algo que todavía se nos escapa.

————–

Los Derechos Humanos son para los Humanos Derechos, No para los DELINCUENTES

Hace poco, las madres de PANDILLEROS encarcelados realizaron una manifestación exigiendo los “DERECHOS” de sus hijos. Acá está la respuesta de una madre ciudadana hacia la madre que protestaba.

DE MADRE A MADRE:

Vi tu enérgica protesta delante de las cámaras de TV en la reciente manifestación en favor de la reagrupación de presos y su transferencia a cárceles cercanas a sus familiares, y con mejores prestaciones.

Vi cómo te quejabas de la distancia que te separa de tu hijo y de lo que supone económicamente para ti ir a visitarlo como consecuencia de esa distancia.

Vi también toda la cobertura mediática que dedicaron a dicha manifestación, así como el soporte que tuviste de otras madres en la misma situación y de otras personas que querían ser solidarias contigo y que contabas con el apoyo de algunas organizaciones y sindicatos populistas, comisiones pastorales, órganos y entidades en defensa de los derechos humanos, ONGs etc. etc.

Yo también soy madre y puedo comprender tu protesta e indignación.

Enorme es la distancia que me separa de mi hijo.

Trabajando mucho y ganando poco, idénticas son las dificultades y los gastos que tengo para visitarlo. Con mucho sacrificio sólo puedo visitarlo los domingos porque trabajo incluso los sábados para el sustento y educación del resto de la familia. Felizmente, también cuento con el apoyo de amigos, familia, etc.

Si aún no me reconoces, yo soy la madre de aquel joven que se dirigía al trabajo con cuyo salario me ayudaba a criar y mandar a la escuela a sus hermanos menores, y que fue asaltado y herido mortalmente a balazos disparados por tu hijo.

En la próxima visita, cuando tú estés abrazando y besando a tu hijo en la cárcel yo estaré visitando al mío y depositándole unas flores en su tumba, en el panteón.

¡Ah! Se me olvidaba: ganando poco y sosteniendo la economía de mi casa, a través de los impuestos que pago, tu hijo seguirá durmiendo en un colchón y comiendo todos los días. O dicho de otro modo: seguiré sosteniendo a tu hijo malhechor.

Ni a mi casa, ni en el cementerio, vino nunca ningún representante de esas entidades que tan solidarias son contigo para darme apoyo ni dedicarme unas palabras de aliento.

¡Ni siquiera para decirme cuáles son MIS DERECHOS!

________

De ahí a pedir de nuevo la pena de muerte no hay sino un paso, los derechos humanos son derechos y lo son para toda la gente.

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