PREGUNTAS EN NAVIDAD…

  • Andrés Colmán Gutiérrez

¿De qué sirve llenar la casa, los árboles, la ciudad entera de luces doradas y resplandecientes… cuando el alma permanece a oscuras?

¿De qué sirven tantos árboles de plástico importado y adornados con nieves de algodón, ni tantos muñecos barbudos ridículamente vestidos con abrigos de lana en medio de este calor infernal… cuando bastan “dos trocitos de madera” -como canta Maneco- para techar el mágico pesebre?

 

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CARTA A PAPÁ NOEL

  • Marcelo Colussi

Querido Papá Noel:

Ante todo, perdón por lo rústico de mi escritura. Yo soy un trabajador –en este momento desocupado, para ser exacto, o mejor dicho: subocupado, porque vendo baratijas navideñas en un mercado popular de mi ciudad, y creo que a eso los economistas le dicen subocupación, ¿verdad?–, y como trabajador no tengo un pulido estilo literario. Pero creo que eso no debería importarte, ¿no es cierto?, porque que yo sea o no un estilizado escritor o un rudo ganapán no altera lo que quiero decirte ahora. Y sé que lo vas a saber entender. Por último: la gran mayoría, como yo, somos rudos trabajadores y no estilizados artistas. ¡Pero eso no implica que no podamos escribir, aunque sea toscamente!, ¿verdad, Papá Noel?.

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AUTOS DE HIDRÓGENO: EL FUTURO HOY

La industria automotriz busca optimizar y abaratar los costos de las pilas de combustible de hidrógeno para sus vehículos eléctricos. Esta tecnología también podría incursionar pronto en el sector aéreo y marítimo.

Los autos eléctricos no son sólo vehículos cargados a través de un tomacorriente. La industria automotriz trabaja bajo presión para optimizar los vehículos que utilizan hidrógeno como su fuente primaria de energía. Se trata de un auto eléctrico que se pone en marcha gracias a una pila de combustible de hidrógeno.

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NATIVIDAD

Pasados innumerables siglos desde de la creación del mundo, cuando en el principio Dios creó el cielo y la tierra y formó al hombre a su imagen; después también de muchos siglos, desde que el Altísimo pusiera su arco en las nubes tras el diluvio como signo de alianza y de paz; veintiún siglos después de la emigración de Abrahán, nuestro padre en la fe, de Ur de Caldea; trece siglos después de la salida del pueblo de Israel de Egipto bajo la guía de Moisés; cerca de mil años después de que David fuera ungido como rey; en la semana sesenta y cinco según la profecía de Daniel; en la Olimpíada ciento noventa y cuatro, el año setecientos cincuenta y dos de la fundación de la Urbe, el año cuarenta y dos del imperio de César Octavio Augusto; estando todo el orbe en paz, Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su piadosísima venida, concebido del Espíritu Santo, nueve meses después de su concepción, nace en Belén de Judea, hecho hombre, de María Virgen: la Natividad de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

(Martirologio Romano)