¿DE QUÉ SE RÍE SANTA CLAUS?

  • Guillermo Guzmán

Un compinche alto pana, investigador de la conducta humana y no humana, inclusive; metódico, riguroso respecto a esas cuestiones de la investigación científica y, en tanto que científico calificado, me preguntó circunspecto acerca de mi parecer sobre la risa del tal San Nicolás, éste, también conocido en los bajos fondos de las bolsas de valores como Santa Claus.

Para el momento, mi respuesta fue jocosa pero, no obstante, a una repregunta entendí que he debido tomar la cosa en serio desde el principio. Y es que el jo jo jo del referido personaje no es al parecer, nada bizantino, todo lo contrario, es obviamente un cliché de marketing y, afirmar esto, es axiomático.

 

No habría que exprimir mucho la imaginación para percatarse de lo que se trata: un invento del capitalismo anglosajón para vender más que juguetes para los niños, chucherías inútiles para los adultos y, de paso, combatir y arrinconar a un tal Niño Jesús -muy de acá de esta parte del mundo y al que sí queremos porque es un elemento de la imaginería de nuestra cultura.

 

La bobalicona risa -jo jo jo- del tal Claus o Santa, hace el mismo papel que el de las fanfarrias de la televisión cuando anuncia necedades que, como instrumentos de tortura bloquean la capacidad de pensar por sí mismos, a una audiencia cautiva, tanto como los perros pavlovnianos, y es así como en la puerta de cada tienda el fetiche reluce con su traje rojo y caperuza igual con ribetes blancos, además de con lentes transparentes que contrastan con pobladas cejas blancas y tupida barba no de otro color y que hacen juego Wap con los rosados cachetes del bribón, al tiempo que la televisión machaca y machaca la necesidad de ir a comprar.

 

Para el capitalismo el afán de lucro no tiene límites pero, es el momento de descolonizar la cabeza de la gente y emprender la construcción de un nuevo sistema ético y la revalidación de la moral de los niños, en primer lugar.

 

¿Hasta cuando el bolsa de Santa Claus va a andar con su bolsa al hombro y hablando bolserías con su bolsa risa?

 

Cuando a principios de 2008 los mercados financieros de Wall Streets se estremecieron, las bolsas de todo el mundo tuvieron un “coitus interruptus” en sus ganancias; es que la crisis del petróleo y la de otras fuentes de energías, no es vaina de juego pero, para entonces, con la llegada de la navidad -ese año 2008- fue cuando empezaron a reiniciar la gozadera, puesto que el tal Santa Claus se dio con furia para alentar los mercados, es decir, que a falta de petróleo, Santa limpia los bolsillos de la gente, con su risita sarcástica, burlona y embaucadora.

 

En resumen, la risa de “Santa” sirve para embaucar a los pendejos y para embuchar a los zánganos.

(Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

 

Un comentario en “¿DE QUÉ SE RÍE SANTA CLAUS?”

  1. Hamburgo, en donde la Navidad se vive en la calle

    En Hamburgo compiten cada año para ver quién es el más rápido.
    En los viejos mercados navideños de Hamburgo solía venderse lo necesario para abrigarse en invierno; los de hoy se han convertido en el sitio de encuentro por excelencia para compartir lo que no se compra: calor humano.

    Se dice que los hamburgueses cultivan la virtud de la mesura y desdeñan la hipérbole y los excesos. Pero si el Christkindlesmarkt de Nuremberg es el mercado navideño más conocido de Alemania; el de Braunschweig el más hermoso; el de Dortmund el más grande; el de Bautzen el más antiguo (su historia arranca en 1384); y el de Frankfurt am Main el primero en ser exportado como si de una franquicia se tratara (el Frankfurt Christmas Market de Birmingham, Inglaterra, es tenido por la más colosal feria navideña a la alemana fuera del continente europeo), ¿qué opción le queda a Hamburgo sino ser el lugar que más bazares de Adviento tiene por metro cuadrado, uno casi al lado del otro?

    Si un lujo puede darse una de las ciudades más ricas en la tierra de Goethe, ese es el de montar un Weihnachtsmarkt en cuanta superficie medianamente espaciosa quede libre en sus calles. Después de todo, se trata de un negocio rentable precisamente porque el mercado navideño se ha transformado en el sitio de encuentro por excelencia de quienes visitan y viven en Hamburgo. Tan fuerte es su magnetismo que este año, por primera vez, las ferias más frecuentadas se mantendrán abiertas hasta el 30 de diciembre.

    La otra cara de la moneda

    Pero el hecho de que la popularidad de los mercados de Hamburgo haya crecido tanto en la última década y media trae consigo cambios que no todos perciben como positivos. Lo que para algunos suponía un paseo tranquilo para comprar coronas de adviento a buen precio, adornos navideños originales y delicias culinarias propias de esta época festiva parece haberse convertido en una mera excursión a través de las Fressmeile, término despectivo con que se alude en alemán a los sitios ruidosos a donde solamente se va a beber y comer con calidad de fast-food.

    De eso y más se quejan Marlies y Gerhard Balke, una pareja de hamburgueses, mientras disfrutan de un ambiente relativamente sereno en el mercado navideño cerca de la iglesia de Petri, degustando el tradicional Lebkuchen (conocido en español como pan de jengibre) y una taza de Glühwein (la bebida caliente a base de vino tinto y especias). “El mercado del Ayuntamiento está siempre tan lleno que uno no puede ni acercarse a los puestos para comprar regalos” comenta Gerhard. “Los ancianos y la gente con impedimentos físicos y psíquicos tienen que visitarlo temprano en la tarde para poder pasear con calma por el Rathausmarkt”, dice Marlies de la feria adornada por un vistoso árbol de Navidad, obsequio de la ciudad hermana de Trondheim, Noruega.

    Navidad para todos los gustos

    “Si no me equivoco, el de la iglesia de Petri fue el primer Weihnachtsmarkt en el centro de la ciudad; le siguió el de la calle Spitaler y mucho después inauguraron el del Ayuntamiento, que es hoy día el más grande de Hamburgo”, evoca la señora Balke, refiriéndose a tres de las principales ferias ubicadas en el casco antiguo de la ciudad.

    En las cercanías también se encuentran el mercado de Gänsemarkt, con su programación musical y literaria, sus misas y coros navideños; el de la plaza Gerdhard Hauptmann, con su carrusel para nostálgicos, su pesebre a escala humana y 150 talleres de artesanos demostrando sus destrezas; y el de Jungfernstieg, ubicado en el boulevard al borde del Alster –el lago que le da su majestuoso talante– y engalanado con un imponente juego de luces, a tono con la señorial arquitectura que lo rodea.

    Más allá de la “ciudad vieja” está el mercado de St. Pauli, en donde la clásica atmósfera navideña se ve aderezada con la irreverencia, el humor y el toque de erotismo propios de la Reeperbahn, la zona de tolerancia conocida internacionalmente como “la milla del pecado”. En el oeste de la ciudad sobresale el Weihnachtsmarkt de Ottensen; en la orilla sur del río Elba, el del Harburger Rathausplatz, y en el noreste de Hamburgo, el Winterzauber de Wandsbek con su pista de patinaje – tributo a la primera pista de patinaje artificial instalada en Alemania en 1881 en ese mismo lugar.

    Autor: Evan Romero Castillo
    Editor: Claudia Herrera Pahl

    Me gusta

Responder a jotaefeb Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s