EL HUMOR EN EL MUSEO

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  • por Jesús Ruiz Nestosa

“La revista más osada para el lector más inteligente”, era el desafío que lanzaba, a manera de subtítulo, la revista de humor “La Codorniz”, hoy desaparecida, pero que hará su entrada triunfal en el Museo de Arte Contemporáneo “Reina Sofía” de Madrid. Nuevo director y nuevo reordenamiento, el museo cumplirá sus veinte años con una revisión total de sus colecciones que abarcan desde 1945 a 1968.

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EL IMPERATIVO DE CANCÚN: POR UN ACUERDO CLIMÁTICO GLOBAL

  • Connie Hedegaard*

Los últimos meses nos han recordado, de forma trágica e impactante, los enormes costos humanos, económicos y ambientales que el mundo afronta debido al cambio climático. Estos eventos incluyen mortales inundaciones en Europa central, inundaciones y aludes de lodo en México y en China. Los recientes eventos climatológicos son también una llamada de atención para la comunidad internacional, pues indican que se necesitan, y con urgencia, medidas estrictas y eficaces para limitar el calentamiento global.

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ME LLAMO JESÚS, COMO DIOS

  • Nechi Dorado

Ese viernes se levantó como siempre, abrió sus ojazos negros como el abandono, negros como la tristeza de esperar un mañana que nunca llega. Toda la semana estuvo pensando en el próximo domingo cuando se celebrara el Día del Niño, uno más entre tantos que dejaría las manitas vacías y los sueños muertos como tantas ilusiones de los niños pobres.

Hacía frío, la puerta de su humilde casa apenas atajaba un poco el chiflete que se adueñaba del ambiente sin pedir permiso. En el único lugar donde sí se estaba calentito era pegado a sus cuatro hermanitos en el mismo camastro cuyo colchón tenía más pozos que las calles de la villa.

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EL EVANGELIO DEL DOMINGO. A LA ESPERA DEL SEÑOR

Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro con Cristo, acompañados por las buenas obras.

Quizá hayamos tenido la experiencia –decía R. Knox en un sermón sobre el Adviento– de lo que es caminar en la noche y arrastrar los pies durante kilómetros, alargando ávidamente la vista hacia una luz en la lejanía que representa de alguna forma el hogar. ¡Qué difícil resulta apreciar en plena oscuridad las distancias! Lo mismo puede haber un par de kilómetros hasta el lugar de nuestro destino, que unos pocos cientos de metros. En esa situación se encontraban los profetas cuando miraban hacia adelante, en espera de la redención de su pueblo. No podían decir, con una aproximación de cien años ni de quinientos, cuándo habría de venir el Mesías. Sólo sabían que en algún momento la estirpe de David retoñaría de nuevo, que en alguna época se encontraría una llave que abriría las puertas de la cárcel; que la luz que sólo se divisaba entonces como un punto débil en el horizonte se ensancharía al fin, hasta ser un día perfecto. El pueblo de Dios debía estar a la espera.

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