6 comentarios en “POR UN MUNDO SIN MALTRATO”

  1. La violencia social contra las mujeres

    Giovanni Beluche

    Con demagogia, como cada año, quienes feminizan la pobreza saltan a conmemorar el aniversario del Día de la No Violencia contra las Mujeres. Sin desmedro de algunos esfuerzos institucionales, impulsados por mujeres muy comprometidas, no se tocan las profundas causas de la desigualdad y la violencia a que son sometidas las mujeres trabajadoras, por la doble condición de opresión de género y explotación de clase.

    Violencia en lo laboral

    El desempleo abierto entre las mujeres ronda el 9.9%, es decir, una de cada diez mujeres está desempleada. La vulnerabilidad es mayor, porque este dato excluye a las mujeres que laboran en el sector informal, la mayoría sin garantías sociales y laborales. Las vendedoras ambulantes sufren la persecución policial y el decomiso de sus mercancías. ¿Qué alternativa les ofrecen?

    El MTSS reconoce que en Costa Rica cuatro de cada diez patronos (38% de las empresas) no paga el salario mínimo de ley, lo que afecta a 309,000 personas trabajadoras, sobre todo en empleo doméstico, vendedoras en tiendas, actividades agrícolas, construcción y guardas. Obsérvese que en tres de estas cinco actividades la presencia de mujeres es abrumadora. Incluso hay mujeres trabajando como guardas en residenciales, contratadas por empresas de seguridad. Hay que sumar la proscripción del derecho a sindicalización, siendo sectores muy sensibles a la violación de garantías laborales y sociales.

    La criminalización de la protesta social

    Es una forma de violencia contra las mujeres, porque el represor normalmente es hombre y actúa amparado por el Estado patriarcal. Las mujeres detenidas enfrentan mayores riesgos de violencia sexual y otras ofensas. Criminalizar la protesta social significa que son penalizadas, como criminales, las mujeres que bloquean una calle para exigir el derecho al agua, vivienda digna, tierra para trabajar, caminos para sacar sus productos, atención después de desastres.

    En agosto de este año fueron agredidas mujeres de nuestros pueblos originarios, cuando pacíficamente se encontraban en la Asamblea Legislativa, solicitando que se discuta un proyecto de ley sobre la autonomía de sus territorios que lleva 17 años de espera. Lo mismo ocurrió en la provincia de Limón, contra mujeres que fueron detenidas y procesadas arbitrariamente, por defender los intereses nacionales contra la privatización de los muelles.

    Deuda social en salud, gobiernos locales, vivienda popular y educación sexual

    Las mujeres deben someterse a una larga espera para una cita con especialistas en la CCSS, agravando el riesgo de cáncer de mamas o de útero. Mientras, las autoridades se pavonean en marchas con lazos de colores como si eso fuera a detener las enfermedades. La falta de presupuesto para las oficinas de la mujer en las municipalidades, si es que existen, denota el interés por construir una sociedad igualitaria. Es violencia la ausencia de proyectos de vivienda de interés social, especialmente para las madres que solas sacan adelante a una familia, pero no pueden pagar una casa a los precios del dios mercado. La inexistencia de programas de educación sexual, por la intromisión de las iglesias en los asuntos del Estado, también genera violencia.

    Estas y otras formas de violencia se pueden evitar y revertir, falta voluntad política para colocar el desarrollo social por encima de la acumulación de capital.

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  2. Un crimen que no cesa

    Alberto Ampuero (especial para ARGENPRESS.info)

    El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y comienza una campaña de dieciséis días para alertar sobre el problema.

    Así lo decidió la Asamblea General de la ONU, en su resolución 54/134 del 17 de diciembre de 1999. Aunque las mujeres activistas de América latina ya celebraban la fecha desde 1981

    La fecha fue elegida en recuerdo del brutal asesinato en 1960 de las tres hermanas Mirabal, activistas políticas de la República Dominicana, por orden del dictador Rafael Trujillo. Este hecho, que desencadenó después la caída del régimen, marcó un hito. La lucha de las mujeres logró visibilizar este crimen y sacarlo de la esfera privada (de lo que ocurre puertas adentro) hacia lo público

    Lo que se intenta con la conmemoración de las hermanas Mirabal es reforzar en lo público, en la esfera política, que esto es un crimen y un crimen que no cesa, comentó la socióloga Cecilia Lipszyc

    Lo que dicen los estudios sobre la violencia contra las mujeres es que representa un fenómeno global que se manifiesta en todas las sociedades y culturas, cualquiera que sea la raza o el origen social

    Los datos de la violencia contra las mujeres son en Estados Unidos tan graves como en cualquier otro país.

    Se calcula que más de un millón de mujeres son víctimas de este delito en Estados Unidos. El problema es mayor entre las latinas, por su tendencia a no reportar los crímenes, ya sea por razones culturales o por su estatus migratorio
    La violencia de género es un fenómeno estructural directamente relacionado con la desigualdad entre los géneros.

    “Muchas veces se habla de violencia física, psicológica, sexual, etc. Es cierto, la violencia asume esas formas. Sin embargo se trata de una violencia que tiene una direccionalidad y una intencionalidad: promover o sostener las jerarquías entre los sexos”, escribió la psiquiatra y feminista Franca Ongaro Basaglia

    Estas relaciones implican un abuso y ejercicio de poder de una persona hacia otra ejerciendo cualquier tipo de maltrato. Incluso se acepta que haya un grado de violencia conyugal. Se habla de los pleitos conyugales, “se pelearon”, se dice, pero no se analiza que hay una desigualdad entre quienes se pelearon, que hay una relación de género, que hay un poder. A los hombres además se les permite ser violentos, en rangos y grados distintos. En todo este cuadro complejo de convivencia entre los géneros es donde se gesta la violencia, afirma la especialista

    La violencia entre parejas adolescentes es uno de los males de estos tiempos.

    Son muchísimas las adolescentes que no pueden reconocer que están siendo maltratadas, hasta que sangran o se miran al espejo y advierten que en la última pelea su novio les dejó un ojo negro. Se amparan en frases del estilo “tenemos un amor muy pasional” o “es mi culpa, lo insulté y se enojó. Por eso me pegó”. Lo cierto es que la baja autoestima y la necesidad de refugiarse en un vínculo pueden ser los motores para mantener este tipo de relaciones.

    Los estudios demuestran que la adolescente que se encuentra en este tipo de situaciones no ha sido ajena durante su infancia a algún tipo de maltrato (físico, emocional o sexual).

    Los “feminicidios” son la cara más extrema de la violencia de género. Se trata de homicidios de mujeres por el hecho de ser mujeres. En la mayoría de los casos ocurren en el marco de relaciones familiares, en las que las víctimas han soportado durante un largo tiempo la violencia. A veces, incluso, han llegado a denunciarla pero no han obtenido una respuesta adecuada de las instituciones públicas para ser protegidas

    Marcela Lagarde, una de las académicas feministas más reconocidas de México investigó los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez y concluyó “que no era un problema de las mafias que mataban en Juárez sino que es un problema de la convivencia de género en México”.

    Algunas mujeres han sido víctimas de las mafias, pero son un porcentaje chiquitito. La mayor parte de mujeres y niñas asesinadas en todo el país, y en Juárez también, fueron muertas por conocidos en grado distintos, aseguró.

    Según el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) cuatro de cada 10 mexicanas son asesinadas por sus parejas

    La campaña de los 16 días de activismo para alertar sobre el problema culmina el 10 de diciembre.

    Alberto Ampuero es periodista radicado en Riverside, California.

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  3. Día Internacional de lucha contra todas las formas de violencia hacia las mujeres: Por la conquista de todos y cada uno de nuestros derechos

    INDYMEDIA

    Cotidianamente llegan cientos de denuncias a la oficina de Violencia Domestica de la Corte Suprema de la Nación. Según datos de esta oficina, en el periodo comprendido entre 2008-2009, fueron recibidas más de 5000 denuncias, al menos 400 denuncias mensuales.

    Cada día las organizaciones de mujeres se arman de coraje, y sostiene a miles de mujeres que son violentadas de diferentes modos. Cada día miles de mujeres son humilladas, maltratadas, violadas, asesinadas. Los medios masivos cada vez hablan más de estos temas pero omiten profundizar en las razones que producen esta violencia: El Patriarcado.

    La Asociación Civil La Casa del Encuentro en el año 2009 registro -solo de diarios de más tirada – 231 femicidios. En el año 2010, solo en el periodo de enero a junio registraron 126 femicidios, es decir que cada día por medio una mujer, adolescente o niña es asesinada. Todas muertes evitables. Se estima que al menos 600 mujeres y niñas fueron introducidas a las redes mafiosas de explotación sexual.

    En Argentina se realizan alrededor de 500.000 mil abortos. 80.000 mujeres por año son internadas por abortos inseguros. En los últimos 27 años, más de 3000 muertas. 46 proyectos de legalización del aborto que nunca fueron tratados.

    La violencia hacia las mujeres llega a todos los niveles. Según el Comité Contra la Tortura, en el año 2009, 6 mujeres murieron en penales, 5 de esas muerte fueron producto de enfermedades tratables. No hay estadísticas sobre las violaciones sistemáticas a sus derechos más básicos.

    El 25 de noviembre es el “Día Internacional de la eliminación de todas las formas de violencia hacia la mujer”. Este día fue elegido en conmoración del violento asesinato político de las Hermanas Mirabal. Ellas fueron asesinadas por la policía secreta del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo. Fue en el año 1999 que la ONU (Naciones Unidas) propuso ese día para recordar a estas luchadoras sociales.

    La violencia y su consecuencia más terrible: la muerte, ha sido históricamente la forma utilizada de adoctrinamiento hacia las mujeres. La iglesia no dudo en quemar mujeres para mantener su poder. Las innumerables guerras y/o conflictos armados convirtieron el cuerpo de las mujeres un territorio de violencia. Todos los días, cientos de mujeres que son apedreadas hasta la muerte, esclavizadas, mutiladas, sometidas a las diferentes formas de violencia. A pesar de todo esto las mujeres estamos en la calle para manifestarnos en contra de la violencia y por la conquista de todos y cada uno de nuestros derechos.

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  4. Con la ley no basta

    María Elena Naddeo (ARTEMISA)

    Necesitamos una nueva cultura de la prevención en violencia de género. La semana pasada, Daina Sperdutti, una joven de 17 años de la provincia de Mendoza denuncia que su novio la golpea desde hace un año. No resiste más, los moretones son abundantes, y publica las fotos en Facebook, previa denuncia penal. ‘Pensé que podía cambiar a mi lado’; ‘un llamado de teléfono bastaba para ponerlo celoso y zamarrearme’, dice.

    Son pocas los detalles volcados en la denuncia. Pero bastan para encontrar las coincidencias, el patrón cultural y delictual que recorre las miles de situaciones de violencia de género, los hechos de violencia basados en la condición de mujer de las víctimas.

    La denuncia de esta joven, implica un rasgo de toma de conciencia destacable, pero sólo público y visible después de un año de sufrimientos. Y habla también de la importancia que puede tener en la vida de los chicos y de las chicas, la formación temprana en la familia, la escuela, las organizaciones sociales.

    Han pasado 50 años desde el asesinato de las hermanas Mirabal (1960), más de 30 de la sanción en Naciones Unidas de la Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (1979). La nueva Ley Nacional de Violencia de Género ya tiene una reglamentación importante, protocolos de aplicación en materia judicial. Iniciativas de líneas telefónicas de ayuda, servicios terapéuticos, de asistencia a las víctimas son reclamados con mayor insistencia a lo largo y a lo ancho del país.

    ¿Qué deberíamos hacer en materia de prevención? Las políticas encaradas en estos 26 años de democracia han sido insuficientes. El patrón cultural de la dominación machista se reproduce en las nuevas generaciones de jóvenes, novios y parejas. Los femicidios aumentan en la Argentina del crecimiento económico y social.

    De alguna manera el rechazo del poder político en la Ciudad autónoma de Buenos Aires y en todas las provincias de nuestro país para aplicar la Ley de educación sexual puede ser una de las claves. Negarse a trabajar desde el sistema educativo los contenidos vinculados con la prevención de la violencia de género, esconde una de las pautas de dominación sobre el cuerpo de mujeres y de niñas.

    Necesitamos profundizar el debate. El abuso sexual infantil, las violaciones, la explotación sexual y la actividad prostituyente son parte de la misma realidad. Someter a quien se considera un objeto de placer, por la fuerza o por dinero.

    Es un debate áspero, no deseado, siempre termina en el vacío, o en las risas del poder político, o en enfrentamientos en los propios grupos de mujeres. No aflojemos, necesitamos una nueva estrategia para abordar la lucha contra la violencia de género.

    María Elena Naddeo es Diputada porteña, Diálogo por Buenos Aires.

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  5. Cuando la discapacidad tiene cara de mujer

    Prof. Juan Carlos Sánchez (especial para ARGENPRESS.info)

    Muchas veces se identifica a la discapacidad con una silla de ruedas o un bastón blanco, sin pensar en las y los sujetos que tienen algún tipo de deficiencia física o mental. Menos aún, se piensa en el género y suele asociarse a las y los niños o jóvenes.

    La invisibilización constituye una vieja problemática que, aún hoy y pese a las campañas de concientización desde algunas organizaciones no gubernamentales, todavía sigue siendo de notable importancia por cuanto el Estado ha optado por políticas sectoriales y transversales antes que implementar políticas integrales destinadas a abarcar las diferentes problemáticas que encierra.
    En el Día Internacional de Lucha contra la Violencia hacia la Mujer, nos encontramos con un gran abanico de reclamos desde el género femenino; algunos de los cuales, en forma indirecta, tienen relación con la mujer con discapacidad y la mujer que acompaña a alguna persona con discapacidad. Sin embargo, dicha invisibilidad mencionada anteriormente provoca que no se conozcan algunas cuestiones que afectan a ambas, las cuales son de gran importancia.
    Hablar de violencia, en principio, nos obliga a pensar en la existencia de una relación de poder, de mando y obediencia notoriamente exacerbada por una personalidad que se ha formado con un molde reacio a las cuestiones que atañen al pensar en el diferente y al respeto a las normas. En el primer caso, nos referimos al machismo como dogma preponderante en muchos varones y que se cultiva desde la juventud y en el segundo, a las instituciones públicas y privadas que suelen obstaculizar o soslayar el cumplimiento de la normativa vigente a quienes ejercen sus derechos.
    Dependiendo del ámbito en el cual se cometan este tipo de actos, nos encontraremos con la violencia familiar, social e institucional donde la fuerza suele condicionar las conductas de quienes son obligados a responder a ella.
    Sin embargo, cuando se ejerce contra una persona con discapacidad resulta notorio el aprovechamiento de las desventajas producidas por la deficiencia que posee por parte del victimario, lo cual impide, en muchas ocasiones, la defensa de sus derechos conculcados.
    Y si se trata de una mujer con discapacidad, ello se agrava notablemente dependiendo el tipo de deficiencia. En general, comienza desde la familia; a veces, en su infancia y en otras, en su adolescencia afectando a quienes poseen discapacidad mental o intelectual, en su gran mayoría, trasladándose luego a lo social e institucional en la adultez.
    La violación de niñas y adolescentes con discapacidad mental ha sido noticia lamentablemente en muchas oportunidades, de la mano de parientes cercanos que aprovecharon su condición para estos actos aberrantes y solamente pudieron ser rescatadas de sus garras, gracias a otros familiares o vecinos que conocían a la ocasional víctima. Y muchas veces, fueron jueces valientes los que autorizaron el aborto si ellas quedaban embarazadas, teniendo en cuenta la enorme presión de los grupos católicos y de la misma Iglesia.
    En mujeres adultas, suele advertirse en la sutil discriminación a nivel laboral y educativo por cuanto empresarios y directivos escolares suelen retacear las oportunidades a quienes poseen algún tipo de discapacidad, pese a las leyes vigentes en nuestro país. De igual forma, en la vejez, son institucionalizadas en gran medida ya sea por la familia o el mismo Estado.
    No existe diferencia entre la violencia física o moral, siempre constituye un cercenamiento de derechos, el cual se agrava por la indefensión en la cual se encuentran estas integrantes del género femenino.
    Distinto es el caso de aquellas que acompañan a una persona con discapacidad; en particular, las madres que acompañan a sus hijos e hijas. Ellas suelen estar en continua actividad debido a la atención de las patologías que aquejan a su prole, debiendo limitar notoriamente su labor hogareña y ello provoca, cuando no existe un consenso familiar, en discusiones de pareja que terminan a los golpes e insultos.
    Sin dudas, la indefensión se debe, en este caso, a la necesidad de preservar a las y los hijos, más allá de su propia personalidad, la cual muchas veces descuida en gran proporción.
    También podemos encontrar casos referidos a agresiones provocadas por las personas a quienes cuidan, las cuales en plena conciencia de sus actos se aprovechan de su minusvalía para ejercer violencia sobre sus cuidadoras.
    Pero de estas cosas no se habla. Solamente son problemáticas transversales, de acuerdo al discurso socio – sanitario hegemónico como producto del neoliberalismo que supimos conseguir.
    Y la discapacidad también tiene cara de mujer. Ya sea aquella que posee una deficiencia como la que se dedica con esmero al cuidado de una persona con discapacidad. Pero la violencia social e institucional la agrava sustantivamente.
    Desde la negativa a tomar las denuncias por violaciones por parte del personal policial a la lucha por la obtención de aquella medicación necesaria, nos encontramos con un amplio abanico de situaciones violentas a nivel social e institucional.
    Pero es el Estado quien tiene la responsabilidad de establecer las políticas y de cumplir con la normativa vigente. Y lamentablemente, es el gran ausente aún hoy, pese a las políticas sociales que se vienen implementando.
    La falta de capacitación de los agentes públicos en materia de discapacidad, el incumplimiento en las prestaciones establecidas por la normativa vigente y la ausencia de voluntad política para solucionar los inconvenientes provocados por las diferentes barreras sociales y estatales conspiran contra la posibilidad de una vida digna para las mujeres con discapacidad, en particular y del colectivo, en general.
    En consecuencia, también el Estado es violento por cuanto las acciones de sus funcionarios constituyen actos lesivos en lo físico y en lo moral.
    Hoy más que nunca se impone continuar la lucha por esas mujeres que siguen trabajando en la construcción de su destino, pese a sus deficiencias y por quienes acompañan a sus hijos en la tarea de convivir con su discapacidad. Y la mejor manera, sin dudas, es acompañarlas en sus enésimos reclamos y colaborar en la construcción de otro mundo en donde ellas sean realmente valoradas.
    No es poca cosa en estos tiempos tan volátiles como violentos…

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  6. Declaración del Secretario General de la OEA en el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

    La Organización de los Estados Americanos (OEA) y yo como Secretario General nos sumamos hoy a la conmemoración del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres renovando nuestro compromiso por mantener y profundizar los esfuerzos y el trabajo hasta lograr la eliminación de esta lacra en todas sus formas. En esta perspectiva, la OEA exhorta a los Estados Miembros, a los integrantes de la sociedad civil, a los empresarios, a los académicos y a la sociedad del hemisferio a continuar apoyando esta lucha por los derechos y la igualdad entre hombres y mujeres.

    La violencia sistemática de que son objeto las mujeres y las niñas en los países de las Américas, es un hecho que atenta contra la vigencia de los Derechos Humanos, la paz y la gobernabilidad democrática en la región. La escalada de muertes de mujeres por el crimen organizado y por personas de su entorno familiar es un indicador de que el machismo y las desigualdades de género ponen en constante riesgo su vida, obstaculizando la construcción de sociedades pacíficas.

    Cuando se cumplen hoy 50 años del brutal asesinato de las hermanas Mirabal por la dictadura trujillista en la República Dominicana, el mundo recuerda su valentía en la lucha por la libertad, la justicia social y por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. Fue este acto concreto el que llevó a la Organización de las Naciones Unidas a establecer el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

    La OEA celebra el Año Interamericano de las Mujeres bajo el lema de “Mujeres y poder: Por un mundo con igualdad”. Conmemora también 15 años de la entrada en vigor de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, conocida como la “Convención de Belém do Pará,” quince años de la adopción de la Plataforma de Acción de Beijing, y diez años de la adopción del Programa Interamericano para la Promoción de los Derechos Humanos de la Mujer y de la Equidad e Igualdad de Género (PIA), ocasiones todas estas, en que hemos podido reflexionar sobre la necesidad de terminar con la amenaza de la violencia contra las mujeres.

    Desde que la Convención de Belém do Pará entró en vigor, se han promulgado leyes y políticas a nivel nacional, así como normas y procedimientos. Sin embargo todavía no podemos decir que la incidencia de la violencia haya disminuido. La brecha que sigue existiendo entre la adopción de estas leyes y su implementación rigurosa, amenaza la seguridad y el desarrollo de las mujeres. Eliminar esta brecha es prioridad fundamental para la Organización de los Estados Americanos y su Comisión Interamericana de Mujeres (CIM), y tras ese objetivo tambien se orientan nuestros esfuerzos.

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