HALLAN OBRAS PROHIBIDAS POR LOS NAZIS Y BUSCAN A SUS PROPIETARIOS

Escultura de Edwin Scharff “Rostro de Anni Mewes” , en el Nuevo Museo de Berlín, 8 de noviembre de 2010

  • Juan Carlos Tellechea

Durante unas excavaciones para construir una nueva línea de metro en el centro de Berlín, arqueólogos dieron con un espectacular hallazgo: 11 esculturas que habían sido declaradas “arte degenerado” y prohibidas por el régimen nazi (1933-1945), hasta ahora desaparecidas, de las que se desconoce quiénes eran sus propietarios y cómo llegaron al lugar donde fueron encontradas.

Se trata de bronces y otras obras de arte incombustibles que resistieron al incendio y posterior derrumbe de un edificio de apartamentos bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial que se erigía en el predio del antiguo ayuntamiento medieval de Berlín, demolido en 1665, en la entonces Königstrasse, una calle comercial, hoy Rathausstrasse, frente a la actual alcaldía de la capital alemana.

El alcalde de la ciudad-Estado de Berlín, Klaus Wowereit, expresó su enorme satisfacción por el hallazgo y dijo que representaba un “postrer triunfo” contra el régimen nazi, al presentar las piezas en conferencia de prensa en el Neues Museum berlinés. “Las piezas pertenecen ahora a la ciudad”, afirmó Wowereit. Hasta que quede aclarada jurídicamente su propiedad, acotó por su parte el presidente de la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano, Hermann Parzinger.

Los expertos dieron por azar con las piezas al revisar entre enero y octubre de este año los escombros de lo que había sido un edificio de viviendas y se presume que éstas se encontraban en alguno de los apartamentos destruidos durante el incendio y derrumbe posterior.

Hasta ahora se desconoce quién o quienes eran los propietarios de estas obras, consideradas como desaparecidas, y cómo fueron a dar a ese edificio, dijo a RFI el jefe arqueólogo de Berlín, Matthias Wemhoff, director del Museo de Prehistoria e Historia de la Antigüedad. Asimismo se analizan restos encontrados entre los escombros para determinar si pudieron eventualmente pertenecer a otras piezas de arte que se hubieran quemado en el incendio.

En el inmueble vivían varios vecinos de confesión judía que fueron deportados por los nazis a campos de concentración y de exterminio. Pero uno de los habitantes era el asesor fiscal y fideicomisario Erhard Oewerdieck, quien ayudó a varias personas buscadas por la GESTAPO a salir al exterior o les dio protección en su casa, por lo que su nombre figura entre los “justos” mencionados en el monumento al Holocausto (Yad Vasehem), en Jerusalén (Israel).

Se investiga ahora si estas obras pudieron haber estado en el apartamento de Oewerdieck, de quien se encontró entre los escombros una caja fuerte conteniendo documentos, pero ninguno relacionado con las piezas, y cómo pudieron llegar éstas al edificio. Mientras tanto, los arqueólogos encabezados por Wemhoff siguen excavando el área para ver si encuentran más objetos de arte de este período.

Las esculturas halladas hasta ahora y que habían sido decomisadas por los nazis son: “Bailarina” (en latón, cerca de 1930) de la artista Marg Moll (Mulhouse, Alsacia, Francia 1884-Múnich 1977), alumna de Henri Matisse y Fernand Léger en París; “Embarazada” (terracota, 1918), de Emy Roeder (1890-1971); “Rostro de Anni Mewes” (bronce, 1917/1921), de Edwin Scharff (1887-1955), quien estudio escultura en Francia en 1912/1913; “Figura de pie con túnica” (bronce, 1925), de Gustav Heinrich Wolff (1886-1934), quien vivió en Francia y fue detenido por los nazis en París; “Cabeza” (terracota, vitrificado negro, 1925), parcialmente destruída, de Otto Freundlich (1878-1943), quien vivió en París, fue detenido allí por los nazis y deportado al campo de exterminio de Lublin-Maidanek, donde fue asesinado; “Busto de mujer” (bronce, 1931), de Naum Slutzky, quien trabajó en la escuela Bauhaus en Weimar en 1919 y en 1933 emigró a Londres huyendo de los nazis; “Muchacha de pie” (bronce, 1930), de Otto Baum (1900-1977); y “Hagar” (bronce, 1923), de Karl Knappe (1884-1970).

De algunas de las obras encontradas se desconoce incluso su autoría: “Figura de pie con túnica con racimo de uvas” (bronce de 43 centímetros de altura), que estilísticamente parece inspirada en el “art deco” francés (1920-1930); “Torso masculino”, (hierro fundido, de 76,5 centímetros de altura) al que le falta la cabeza, que se presume pudo haber sido creado por un artista del sur de Alemania; y “Cabeza masculina” (de mineral fundido).

El régimen de Adolf Hitler había adoptado el término “arte degenerado” (“entartete Kunst”) para describir virtualmente todo el arte moderno y proscribirlo en favor de lo que denominaba el “arte heroico” que ensalzaba las supuestas virtudes de “la pureza racial, incorrupta de los alemanes, arios o de raza superior”.

Entre los artistas que caían bajo el calificativo de “arte degenerado” figuraban, entre muchos otros, Paul Klee, Vassily Kandinsky, Emil Nolde, Max Ernst, Ernst-Ludwig Kirchner, Max Pechstein, Edvard Munch, Marc Chagall u Otto Dix, así como las corrientes del dadaísmo, cubismo, expresionismo, fauvismo, impresionismo y surrealismo.

En 1937 el Tercer Reich realizó una exposición en la Casa del Arte de Munich exhibiendo obras de estas tendencias para ridiculizarlas y agitar a la opinión pública en contra del arte moderno. En la muestra que fue exhibida después en otras ciudades de Alemania y Austria, figuraban estas piezas halladas ahora. En total, los nazis decomisaron unas 15.000 obras de arte moderno.

El régimen de Hitler vendía estas obras, para obtener divisas, y las que no lograba colocar entre los comerciantes de arte las depositaba en el ministerio de Propaganda, cuyo titular era Joseph Goebbels, o las destruía. Muchas piezas fueron adquiridas por comerciantes que las compraban para rescatarlas de una segura destrucción.

2 comentarios en “HALLAN OBRAS PROHIBIDAS POR LOS NAZIS Y BUSCAN A SUS PROPIETARIOS”

  1. Alemania: ¿aquí no ha pasado nada?

    “Aquí no ha pasado nada”, “no sabíamos nada”, “nosotros no colaboramos con el régimen”. Estas han sido, durante décadas, las respuestas de los alemanes, de muchos alemanes, a las insistentes preguntas de los extranjeros acerca de la participación de los germanos en los crímenes perpetrados por el terror pardo instaurado por los nazis.

    Curiosamente, después de 1945 en Alemania no se hallaban siquiera las huellas de los antiguos miembros del Partido Nacionalsocialista, de los miembros de las SS, de los verdugos de los campos de concentración o de exterminio, de los cómplices de la barbarie hitleriana. Extraño fenómeno de amnesia colectiva, que ocultaba un generalizado complejo de culpabilidad. Con el paso del tiempo, empezaron a circular leyendas sobre los llamados “núcleos de resistencia” anti-nazi, sobre la “moderación” o la “actitud crítica” de algunos de los jefes de los servicios de inteligencia, de algunas dependencias oficiales del Tercer Reich. Se habló concretamente de la postura muy independiente de algunos miembros del servicio exterior, “detractores” de la política nacionalsocialista. Pero el mito se derrumbó la pasada semana, cuando una comisión de historiadores dirigida por Eckart Conze e integrada por expertos alemanes, norteamericanos e israelíes entregó al titular de Exteriores, Guido Westerwelle, un informe de 900 páginas sobre la responsabilidad de la diplomacia alemana en el Holocausto. El documento, encargado en 2005 por el entonces responsable de la diplomacia de Bonn, Joshka Fisher, no deja títere con cabeza. En efecto, los historiadores estiman que la totalidad del servicio exterior estuvo involucrada en el Holocausto. ¿Ejemplos concretos? El estudio cita el caso de Werner von Bargen, alto cargo nazi que organizó la deportación de los judíos belgas, quien fue reintegrado en el Ministerio de Asuntos Exteriores en 1954 y nombrado poco después embajador en Irak. Al alcanzar la edad de jubilación, von Bargen fue condecorado con la Orden Federal de Merito. ¿Simple excepción? ¿Accidente histórico? No, en absoluto. También se da el caso de otro miembro de la carrera diplomática, destacado en Belgrado, que presenta una nota de gastos ocasionados por el Exterminio de los judíos. Más claro…

    Señalan los autores del informe que en marzo de 1952, 49 de los 75 directores de la Cancillería eran antiguos miembros del Partido Nacionalsocialista. No hay que extrañarse, pues, al comprobar que las candidaturas de antiguos oponentes del régimen hitleriano fueron rechazadas por el departamento de personal del Ministerio.

    Pero la presencia de los antiguos nazis en la administración del Estado no se limitaba al servicio diplomático. Llama la atención la actividad paralela de la llamada “célula de protección jurídica”, creada para defender los intereses de los prisioneros de guerra alemanes en el extranjero, que se había convertido en un órgano de inteligencia que facilitaba información a los antiguos criminales de guerra. El jefe de este departamento, Hans Galwik, antiguo fiscal nazi, ayudo a muchos correligionarios expatriados. De este modo, Klaus Barbie y Kurt Lishka recibieron información detallada sobre los países que no los habían colocado en la lista de los asesinos con orden de búsqueda y captura, de lugares donde no corrían el riesgo de ser extraditados.

    ¿Estaban al tanto de ello los antiguos jefes del servicio diplomático de Alemania occidental? Curiosamente, el Ministro de Exteriores, Willy Brandt, participó en el homenaje a un antiguo juez nazi, responsable de la muerte de 900 personas. Según su correligionario socialdemócrata y sucesor en el cargo, Frank-Walter Steinmeier, en la época de Brandt la cuestión de los criminales nazis no era un asunto prioritario.

    Conviene recordar que ya en 1952 el Canciller federal Konrad Adenauer, primer jefe de la diplomacia alemana después de la Segunda Guerra Mundial, abogó en pro del nombramiento de profesionales cualificados en el servicio exterior, empleando las siguiente palabras: “no se puede reconstruir el Ministerio de Asuntos Exteriores sin contar en los puestos de dirección con profesionales que conozcan la historia; ello significa que es preciso acabar con la mini-caza de los nazis”.

    El informe redactado por la comisión de historiadores pone en tela de juicio el “buenismo” de los padres de la democracia germana. Si bien los nazis de la época hitleriana han muerto, actualmente aflora en el Viejo Continente una extrema derecha que hace suyo el ideario de los regímenes autoritarios de los años 30. ¿Y aquí no ha pasado nada?

    Adrián Mac Liman

    Analista político internacional

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