El próximo lunes, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, inicia su primera visita oficial a Cuba, y el momento no es el más adecuado. Aún está por ver si mantendrá el apoyo que su antecesor, Lula da Silva, concedió al régimen de La Habana. La mandataria brasileña llegará a la isla diez días después de la muerte, tras dos meses de huelga de hambre, del preso político Wilman Villar Mendoza.
Por su parte, las Damas de Blanco han pedido reunirse con ella, y la bloguera Yoanni Sánchez ha solicitado su mediación para poder viajar a Brasil al estreno de un documental en el que participa. Estas circunstancias son bastante similares a las de la última visita de Lula a La Habana, en marzo del 2010.
En aquel entonces, Lula ensalzó las cualidades del régimen castrista, pidió respeto a las decisiones del Gobierno cubano y, pocos días después de la muerte del disidente Orlando Zapata, condenó el uso de la huelga de hambre por presos políticos para lograr su liberación alegando una cuestión de derechos humanos (DDHH). Como si eso no bastara, los comparó con presos comunes, preguntándose qué pasaría si todos los delincuentes hiciesen lo mismo. Sus palabras indignaron a los disidentes cubanos, a Estados Unidos y a gran parte de la comunidad internacional.
Ahora, la visita de un jefe de Estado brasileño se repite, pero con una diferencia, pues Dilma Rousseff ha demostrado que discrepa con su antecesor en política internacional, al admitir que Brasil erró cuando se abstuvo de votar sobre la resolución de la ONU que condenaba la lapidación en Irán.
A este respecto, Mauricio Santoro, especialista en relaciones internacionales de la Fundación Getulio Vargas, comenta que “la mandataria hizo un cambio muy importante con respecto a Irán en la política brasileña en materia de derechos humanos, pero no será lo mismo con Cuba. Cuba no es Irán. Irán fue una opción de Lula para tener una posición más fuerte en política sobre Medio Oriente, pero Cuba es un referente muy importante para la izquierda brasileña. No tanto como modelo actual, pero sí como referencia histórica del nacionalismo, de la autonomía frente a Estados Unidos; de ahí que hasta hoy ningún presidente brasileño en la democracia ha criticado Gobiernos cubanos, porque tienen esa premisa de no intervenir en asuntos internos”.
Para este analista, Dilma Rousseff no va a cambiar esa tradición ni modificará su actitud, pero, al contrario de su antecesor, no defenderá con énfasis al Gobierno cubano, quien justificaba la fuerte represión a los presos políticos. “Ella será más discreta, no hará esas declaraciones,” puntualiza Santoro,
Si bien reconoce que habrá un cambio, no es el deseado. “Será más simbólico; mientras Lula defendía al Gobierno, su sucesora guardará silencio en materia de derechos humanos. En otras palabras, no es el giro que nos gustaría, pero es una mejoría”, afirma.
Comunicación con la disidencia
Tampoco parece probable que la Presidenta se reúna con las Damas de Blanco o con la disidencia cubana, ya que, tal como ha explicado a esta emisora un diplomático brasileño que prefiere permanecer anónimo, “la tradición de la diplomacia brasileña es mantener contacto directo con las autoridades y no con la sociedad civil o, en el caso de Cuba, con la disidencia”. Prueba de ello, según explica la misma fuente, es que en la reciente visita a Egipto el único interlocutor fueron las autoridades oficiales, por lo que “en Cuba no deberá ser distinto”.
Sin embargo, reconoce que Brasil debería abrir puentes de comunicación con la disidencia cubana en el exterior, ya que, probablemente, ésta jugará un papel importante de la Cuba posterior al castrismo.
Respecto a la postura de la mandataria en este viaje, coincide con Santoro en que se abstendrá de elogiar al Gobierno de los hermanos Castro. “No habrá críticas, pero tampoco alabanzas, al menos en público”, reconoce este diplomático, quien no descarta que, en entorno privado, puedan producirse críticas y presiones. Prueba de ello podría ser la concesión del visado a Yoanni Sánchez para entrar en Brasil, que se realizó en tiempo récord, hecho que constituye un claro mensaje a La Habana.
Por su parte, Santoro advierte que Brasil maneja un doble rasero en materia de derechos humanos y es más generoso con Cuba que con otros países. “La la sociedad brasileña ejerció fuerte presión respecto a Irán, y, al final, por tal razón, entre otras, el Gobierno modificó su actitud. Con Cuba es más difícil, pero entre bastidores sí puede ocurrir algo que no se haga público, y no se descarta que la Presidenta solicite, en privado, al Gobierno que autorice a Yoanni Sánchez a salir de Cuba,” afirma.
Pese al acercamiento de la Presidenta brasileña con su homólogo estadounidense, Barack Obama, un cambio de postura ante Cuba es poco probable, sostiene el diplomático brasileño, quien afirma que “nuestro país siempre ha sido y será independiente en sus decisiones y especialmente en lo que se refiere a los países latinoamericanos”.
En términos similares se expresa Santoro, quien reconoce límites en el acercamiento de Brasil con Estados Unidos. “Es una relación cordial, pero no es una alianza,” comenta, “hay posiciones muy distintas, especialmente en Latinoamérica y Oriente Medio. El Gobierno brasileño es menos intervencionista, y eso no va a cambiar. Rousseff está intentando evitar temas explosivos como Irán, pero los de discordia siguen”.
En definitiva, es poco probable que la Presidenta brasileña critique la violación de los derechos humanos en Cuba o se reúna con la disidencia en la isla, al menos de forma pública, aunque en el ámbito privado no se pueda descartar. Sin embargo, el previsible silencio de la Jefa del Estado brasileña puede ser muy significativo. La decisión de las autoridades cubanas sobre un eventual viaje de Yoanni Sánchez podría dar alguna pista.
Patricia Ameijeiras
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Cumbre de las Américas y el fantasma de Cuba
Por Luisa Fernanda López
El trasfondo de la polémica sobre la presencia de Cuba en la próxima Cumbre de las Américas, tendría más que ver con la intención de aislar a Estados Unidos de la región, que con el retorno de la isla a la OEA.
Vuelve y juega. Cada vez que se aproxima una cita continental en la que participan los Estados Unidos, reaparece el fantasma de Cuba. Hace pocos días, las naciones del ALBA mencionaron la posibilidad de no asistir si el gobierno de Castro no era invitado a la Cumbre de las Américas que tendrá lugar en Cartagena de Indias el próximo mes de abril.
De inmediato la diplomacia del país anfitrión, Colombia, enfiló todas sus baterías para evitar que esta amenaza se convierta en un boicot a la Cumbre. La canciller colombiana adelantó un viaje que tenía planeado a La Habana para conocer de primera mano el interés de Cuba en participar en la reunión de alto nivel. Según medios locales, éste sería el primer paso de la estrategia de la ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, María Ángela Holguín, para buscar que la presencia de Cuba se de por consenso.
Más que Cuba, el problema es EEUU
La Cumbre de las Américas es una reunión de mandatarios de las naciones que hacen parte de la Organización de Estados Americanos, OEA. En 1962 Cuba fue expulsada, y solo el año 2009 se levantó la suspensión que excluía a la isla del Sistema Interamericano.
A partir de entonces, Cuba debía pedir oficialmente su reintegro, algo que hasta el momento no ha sucedido. Pero entonces, ¿por qué estaría interesada La Habana en asistir a esta cita continental? Para el profesor en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, José Antonio Sanahuja, lo que está en juego aquí “no es el retorno de Cuba a este foro del Sistema Interamericano, sino más bien el intento por parte de los países del ALBA de acabar con las Cumbres de las Américas y empujar al continente hacia un mayor aislamiento y autonomía frente a la potencia del norte”.
Esta posición de los países del ALBA se ve como una apuesta arriesgada, ya que en la región hay naciones de peso que no ven incompatible una relación cordial con los Estados Unidos con la existencia de foros regionales como la CELAC o UNASUR. La polémica se plantea especialmente incómoda para Colombia, que actúa como anfitrión, y cuyo presidente ha insistido en darle a su política exterior un claro carácter conciliador. Juan Manuel Santos, desde el día de su posesión, ha buscado el acercamiento hacia Sudamérica y el equilibrio entre Estados Unidos y las iniciativas regionales.
Frente al debate de si Cuba ha de asistir o no a la Cumbre de Cartagena de Indias, Estados Unidos ha sido tajante. “La Cuba de hoy de ninguna manera cumple con el umbral y los estándares de participación”. Así lo dijo Willian Ostick, portavoz del Departamento de Estado para América Latina.
Para el profesor José Antonio Sanahuja,”estos estándares son imprecisos y en todo caso se fijan unilateralmente”. Cree que son un pretexto y que este tipo de aseveraciones tienen que ver más con una situación interna preelectoral. El actual mandatario norteamericano, Barack Obama, no puede arriesgar los apoyos en La Florida y otros Estados con fuerte presencia de la comunidad cubano-americana, que podría ser decisivo en su reelección a la presidencia.
La Cumbre de las Américas se realizó por primera vez en Miami en 1994 y jamás ha sido invitada Cuba. A la cita de Cartagena está previsto que asista el presidente de Estados Unidos y la élite económica del continente.
Publicado por jotaefeb | 09/02/2012, 10:5530.01.2012
Cuba: mandatos de diez años y no al pluripartidismo
Raúl Castro: limitar a un “máximo de dos periodos consecutivos de cinco años” el desempeño de los cargos políticos “fundamentales”.
El presidente cubano, Raúl Castro, descartó el final del monopolio de poder del Partido Comunista (PCC) en la isla y reafirmó los planes de limitar el desempeño de cargos políticos a un máximo de diez años.
En su intervención en la clausura de la Primera Conferencia Nacional del PCC, Castro reiteró su anuncio de abril de 2011 de limitar a un “máximo de dos periodos consecutivos de cinco años” el desempeño de los cargos políticos “fundamentales”, aunque no mencionó un plazo determinado para la reforma.
“Implementaremos la decisión de limitar a un máximo de dos periodos consecutivos de cinco años el desempeño de los cargos políticos y estatales principales”, dijo el mandatario al final del inédito cónclave político celebrado este fin de semana en La Habana.
Las reformas, agregó, se pueden ir aplicando en forma “paulatina” antes de realizar cambios en la Constitución. “Considero que una vez definidas y acordadas las políticas por las instancias pertinentes, podemos iniciar su aplicación paulatina sin esperar por la reforma constitucional”, apuntó.
Rejuvenecimiento sistemático del Partido y el Gobierno
Castro anunció los planes de limitar el ejercicio de cargos públicos tras el VI Congreso de abril de 2011, en el que el gobierno institucionalizó el proceso de “actualización” económica con elementos de mercado.
Entonces pidió también el “rejuvenecimiento sistemático” de las filas del partido y de la envejecida cúpula gubernamental. Castro, de 80 años, se refirió hoy a la renovación generacional como una de las tareas estratégicas fundamentales del régimen.
El presidente, por otro lado, aludió a las “ilusiones” surgidas en medio del proceso de reformas económicas de que la cúpula comunista cubana pondría fin al monopartidismo. La idea de un partido único como “fuerza dirigente superior” de la sociedad es un “concepto al que jamás renunciaremos”, indicó.
Castro apuntó directamente a las distintas especulaciones, surgidas tanto dentro como fuera de la isla en los últimos meses, de que el gobierno cubano pondría en marcha una reforma política tras la apertura económica.
“Nuestros adversarios, y hasta algunos que simpatizan con nosotros”, señaló, “se ilusionaron con que la Conferencia consagraría el inicio del desmontaje del sistema político y social conquistado por la Revolución a lo largo de más de medio siglo”.
Ceremonia de clausura de la Primera Conferencia del PCC: la idea de un partido único como “fuerza dirigente superior” de la sociedad es un “concepto al que jamás renunciaremos”.
No a “legalizar los partidos del imperialismo”
El menor de los Castro aludió asimismo a lo que Cuba considera tradicionalmente una política “injerencista” e “imperialista” por parte de Estados Unidos en la nación caribeña.
“Renunciar al principio de un sólo partido equivaldría sencillamente a legalizar el partido o los partidos del imperialismo en suelo patrio”, señaló.
Aunque aseguró su respeto por los sistemas pluripartidistas de otros países, el presidente cubano subrayó que Cuba no permitirá el regreso del “multipartidismo” de la “república burguesa” a la isla.
El líder cubano fundamentó la defensa del partido único con el pensamiento del héroe nacional José Martí.
Castro ya había advertido en declaraciones anteriores en contra de “ilusiones” con respecto al cónclave comunista clausurado hoy. Aunque prevista en la Constitución como instrumento de gobierno, la Conferencia no había sido celebrada hasta ahora nunca en la historia del castrismo.
La convocatoria del evento hizo surgir algunas expectativas con respecto a posibles cambios en el seno del PCC. Sobre todo sectores cercanos a la Iglesia católica, convertida en un importante actor social en la isla e interlocutor habitual del régimen, piden una “actualización” política con mayor participación social.
La Conferencia debe servir oficialmente para poner en marcha la reestructuración del partido en sintonía con los nuevos “lineamientos” de la política económica. Castro, que pide superar la vieja “mentalidad” e ideas “obsoletas” en el aparato estatal y el PCC, no comentó al detalle los resultados de la cumbre partidista.
dpa
Editor: Pablo Kummetz
Publicado por Anónimo | 31/01/2012, 7:47Partido Comunista Cubano busca adaptarse al siglo 21
El Partido Comunista de Cuba se reunió el sábado con el objetivo de modernizar sus estructuras y su visión de la situación.
Esos cambios eran reclamados por el presidente Raúl Castro, para sostener las reformas económicas.
Los 811 delegados a la conferencia, que finalizará el domingo, deben encontrar soluciones para poner fin a la burocracia y la corrupción, dos males que son criticados frecuentemente por el mandatario. Este último advirtió a los participantes que la búsqueda de remedios es imperativa, sin los cuales el gobierno corre el riesgo de hundirse.
El encuentro, que constituye una suerte de congreso extraordinario, es el primero en su tipo desde la fundación del partido en 1965, por parte de Fidel Castro, ya que los congresos ordinarios son convocados normalmente cada 5 años.
Raúl Castro subrayo que el esfuerzo no tiene como objetivo cambiar el sistema, sino garantizar la permanencia del socialismo en Cuba.
Publicado por Anónimo | 29/01/2012, 9:59Cuba: un inédito cónclave
Cuba celebra la Primera Conferencia Nacional del PCC, vista por gran parte de la población con escepticismo e incluso indiferencia, pero también con ciertas expectativas por la esperanza de nuevos cambios.
Oficialmente, el debate en el seno del único partido autorizado en la nación caribeña está destinado a poner a la militancia a la altura del nuevo modelo de “actualización” económica del régimen de Raúl Castro. Pero la Primera Conferencia Nacional del PCC es también un evento desconocido tras más de 50 años de castrismo. Aunque prevista como instrumento de gobierno en la Constitución, la cita del 28 y el 29 se celebra por primera vez en la historia de la Cuba socialista.
Fiel a su tradicional hermetismo, el régimen La Habana no ha dado aún muchas pistas al respecto. Y en un país que carece de las clásicas formas de opinión pública, el cónclave ha levantado expectativas difíciles de descifrar en la sociedad cubana.
Mientras importantes actores sociales como la Iglesia Católica piden cambios políticos, el debate en torno a la Conferencia parece pasar desapercibido para el ciudadano común. El escepticismo es habitual en una sociedad que ha vivido en varias ocasiones aparentes cambios y la posterior marcha atrás, como durante el proceso de “Rectificación de errores” del ex presidente Fidel Castro en los 80.
Raúl Castro: “no hay que hacerse ilusiones”
Su hermano Raúl restó recientemente importancia a posibles esperanzas de un anuncio de cambios políticos. “No hay que hacerse tantas ilusiones con la Conferencia, que ha levantado tantas expectativas”, dijo el actual presidente cubano al margen de la visita en La Habana de su homólogo iraní, Mahmud Ahmadineyad.
El menor de los Castro apuntó al VI Congreso del PCC celebrado en abril de 2011, que institucionalizó el programa de apertura económica de la “actualización”. “El Congreso es lo definitivo”, agregó, la Conferencia es sólo una “cuestión interna del Partido”.
Los temores de sectores opositores apuntan también en ese sentido. El llamado Documento Base preparado para la Conferencia no contiene indicios de la “actualización política” que piden por ejemplo representantes religiosos.
Convertida en un importante actor social y el principal interlocutor del régimen en los últimos tiempos, la Iglesia Católica aboga por cambios políticos de mayor calado que permitan la pluralidad democrática.
Pese a las esperanzas de algunos observadores en medio del proceso de reformas, la Conferencia representa para otros lo que consideran los viejos mecanismos de poder del castrismo. El debate no parece haber llegado a la sociedad. Encapsulado en el habitual lenguaje burocrático del PCC, el Documento base no causa confianza entre los sectores opositores marginados de la vida política.
“Ni siquiera en la TV estatal se percibe entusiasmo”
“Ni siquiera en la televisión estatal se percibe entusiasmo por el evento”, señalaba recientemente también la bloguera Yoani Sánchez, una de las caras más conocidas y críticas de la disidencia. Otros, sin embargo, creen que en la madurez de las actuales circunstancias.
La Conferencia “constituye la última oportunidad para la generación histórica de la Revolución cubana de acometer reformas profundas y duraderas”, apuntaba Lenier González, viceeditor de la revista “Espacio Laical”, cercana a la Iglesia.
El propio Raúl Castro reconoció en el VI Congreso la necesidad de preparar el relevo generacional en las altas cúpulas de poder. “No somos los perfectos los que estamos ahí, pero es lo que podemos hacer por ahora”, dijo en abril de 2011 tras presentar sólo tres nuevas caras en el Buró Político. El presidente, de 80 años, ha declarado la renovación de las filas del PCC como una de las tareas prioritarias.
El régimen no ha despejado hasta el final las incógnitas sobre la Conferencia. “La renovación es indispensable en todo”, dijo únicamente el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, hace unos días. El veterano político de 74 años no dio sin embargo detalles sobre posibles avances en la agenda del cónclave.
dpa
Editor: Pablo Kummetz
Publicado por Anónimo | 28/01/2012, 8:43