Salvador Allende: ¿cómo murió?

  

Exhumación de Salvador Allende: una investigación necesaria y factible

Como muy importante para la sociedad chilena y factible desde el punto de vista forense califican expertos alemanes los peritajes para definir la causa de muerte del presidente chileno.

Cuando este lunes 23 de mayo se realice la exhumación de los restos del presidente chileno Salvador Allende, se reabrirá uno de los capítulos más controvertidos y que mayores pasiones despierta en la historia reciente de este país sudamericano.

En realidad, se trata de un capítulo que nunca se cerró. Aunque la familia Allende sostiene hasta hoy que cree en la versión de que el ex presidente chileno se suicidó, los rumores y distintas interpretaciones siguen rondando.

En abril pasado, el juez Mario Carroza, quien investiga casos de detenidos desaparecidos durante la dictadura militar, acogió la petición de la familia y decidió ordenar la exhumación de Allende. La senadora Isabel Allende, hija de Salvador Allende, ha señalado que espera que con esta exhumación se despejen las dudas y especulaciones sobre la muerte de su padre y se alcance la verdad histórica y jurídica sobre el caso.

La versión oficial

El 11 de septiembre de 1973, cuando La Moneda -el palacio de gobierno chileno- era bombardeado y cercado por los militares, el presidente socialista, Salvador Allende, decidió permanecer hasta el último minuto en su lugar. Hizo que sus acompañantes abandonaran el edificio, pero algunos de sus guardias y personal médico decidieron quedarse.

Allende se refugió en uno de los salones hasta donde llegó uno de sus cercanos, el doctor Patricio Guijón, justo en el momento en que el presidente se habría quitado la vida. Según el testimonio de Guijón, el mandatario se disparó en la boca con un rifle que le había regalado Fidel Castro.

El cuerpo fue llevado al Hospital Militar, donde se le realizó una autopsia rápida que confirmó el testimonio del testigo. Luego fue sepultado en medio de la noche en un cementerio de la ciudad costera de Viña del Mar, a unos 130 kilómetros de Santiago, en presencia de unos pocos familiares, a quienes no se les dejó ver el cuerpo.

Independientemente de su veracidad, se ha dicho que la versión del suicidio sirvió a los intereses del Gobierno militar, mientras que la teoría de que el presidente fue asesinado ayudó a la oposición. Ésta siempre afirmó que la muerte de Allende fue un crimen, lo que fue un poderoso argumento en la lucha contra la dictadura de Augusto Pinochet.

Despejando interrogantes

Pamela Pereira, abogada de la familia Allende, ha sostenido que no se puede confiar en una autopsia realizada sin las condiciones médicas y científicas necesarias y en la que agentes  militares estuvieron presentes. La gran interrogante es si hoy, 37 años después de la muerte, es posible para los médicos forenses realizar una investigación que proporcione resultados confiables.

En 1990 el cuerpo de Allende fue exhumado para ser traslado al mausoleo familiar en el Cementerio General de Santiago y darle un funeral de Estado como ex presidente. Este lunes, un equipo de peritos chilenos y extranjeros desenterrará los restos para intentar encontrar lo que se ha llamado la verdad jurídica e histórica sobre las causas del deceso.

El Dr. Marcel Verhoff, del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Giessen, Alemania, especialista en análisis en distintos períodos post mortem, explica que es muy importante conocer si se tomaron medidas de conservación del cuerpo en 1973 y en qué condiciones fueron depositados los restos nuevamente en el mausoleo en 1990. Se sabe que estarían esqueletizados y que habrían sido reducidos para ubicarlos en la nueva sepultura. Por lo mismo, no es seguro que la calavera se encuentre completa.

“Si los huesos del cráneo todavía se conservan completos, también después de 37 años, las lesiones deberían ser perfectamente identificables. Lesiones óseas que contradijeran la versión de un disparo en la boca serían posiblemente bien representables, a nivel del cráneo o en el resto del esqueleto,”, explica el Profesor Verhoff. “Cuanto más partes blandas del cuerpo estén disponibles, más conclusiones se pueden sacar. En especial, en ese caso pueden ayudar investigaciones complementarias con la técnica de la tomografía computarizada”, agrega.

No está claro cuánto tiempo tomará esta investigación. El especialista señala que los estudios  macroscópicos pueden estar listos dentro de pocos días, pero que será necesario realizar también otros análisis que llevan algo más de tiempo: tomografía computarizada, histología, análisis con el microscopio electrónico de barrido y análisis toxicológicos.

El Dr. Verhoff indica que para asegurar resultados óptimos “de todas maneras sería ideal tener un equipo multidisciplinario compuesto por médicos forenses, antropólogos, arqueólogos, radiólogos, toxicólogos, criminalistas”, entre otros.

Asimismo, “las investigaciones deberían ser documentadas de tal forma que los resultados y las conclusiones finales sean confiables”, recomienda el especialista en medicina legal.

Mirar al futuro

Para el Profesor Stefan Rinke, del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín, la búsqueda de la verdad es un proceso indispensable. “Es necesario, tomando en cuenta las emociones de los familiares que quieren saber qué pasó y también para toda la sociedad chilena, que tiene sentimientos fuertes con respecto al presidente Allende”, dice.

El académico indica que despejar las interrogantes en este caso es tan importante como en otros casos menos conocidos que nunca se cerraron. “Como alemán, habitante de un país que ha vivido tiempos duros, creo que es algo absolutamente necesario para ver con optimismo el futuro”, señala el profesor Rinke. “Esto no va a resultar si la gente no sabe qué pasó y no hay un juicio correcto. Si los culpables ya murieron es más complicado, pero estoy convencido de que al menos se tiene que constatar la verdad histórica, sobre todo en asuntos tan discutidos como la muerte de Allende, que crea tantos rumores. Para la paz interna de un país es necesario”.

La investigación sobre la muerte del presidente Allende trae a la memoria hechos que en Chile no han sido completamente cerrados y que todavía generan discrepancias y conflictos. Más allá de las causas de su deceso, su muerte ocurrió en un contexto de violencia extrema, que marcó el inicio de un período de dictadura de 17 años en Chile.

Por eso, junto con la búsqueda de la verdad, el profesor Rinke indica que se necesita tiempo para que la sociedad chilena asuma estos hechos. “El período de 20 años que ha transcurrido desde la vuelta a la democracia en Chile aún es corto. Al menos por una generación vamos a debatir esto antes de que pase a formar parte de la historia”, agrega. Las trabajos que se inician este lunes en el cementerio general de Santiago serán un paso importante en este proceso.

Autora: Victoria Dannemann

Editor: Pablo Kummetz

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7 pensamientos en “Salvador Allende: ¿cómo murió?”

  1. El otro 11 de setiembre: atentado de EEUU en Chile

    En 1973 EEUU impulsaba con militares chilenos un golpe de Estado que iniciaría una cruenta dictadura.
    Atentado que se cobró la vida del presidente constitucional Salvador Allende.

    Por: Kelly Viscuña (AVN)

    En el primer discurso al país, en el Estadio Nacional, el 5 de noviembre de 1970, Allende había sido enfático y preciso: “Pero ha llegado por fin, el día de decir basta. Basta a la explotación económica. Basta a la desigualdad social. Basta a la opresión política (…) Nos reunimos aquí para conmemorar nuestra victoria de Chile y también para señalar el comienzo de la liberación”.

    El 4 de septiembre de 1970 se realizaron en Chile las elecciones presidenciales ganadas por el líder de la Unidad Popular (UP) el socialista Salvador Allende quien resultó victorioso con el 35% total de los votos. Durante su gobierno, Allende estatizó la banca privada, el comercio exterior y el cobre, aumentó el salario de los trabajadores, además radicalizó la reforma agraria, generó formas colectivas de producción y creó un sector social de la economía, administrado por los trabajadores, dicen los historiadores del Instituto del Tercer Mundo de Montevideo.

    Opuestos a tales políticas, varias organizaciones con intereses anticonstitucionales como la Armada de Chile, la Oficina de Inteligencia Naval de los Estados Unidos (ONI), entre otras, comenzaron a fraguar el golpe de Estado contra el Presidente Allende quien tras tres años de haber demostrado su decisión de construir el socialismo en Chile, fue objeto de la asonada militar el 11 de septiembre de 1973 por parte de las fuerzas armadas bajo “la fachada de la Cofradía Naútica del Pacífico Austral”, según un documento del Centro de Estudios por la Democracia y Defensa del Ciudadano (Cedec).

    Generales de los altos mandos de las Fuerzas Armadas y de Carabineros se unieron bajo la dirección de Augusto Pinochet, quien fue influido por el ex presidente estadounidense Richard Nixon, el vicepresidente George H. Bush y la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Para cumplir con su objetivo, el entonces presidente estadounidense, golpeado por las constantes derrotas en la guerra en Vietnam, ordenó el apoyo total a los golpistas contra Allende mediante el proyecto FUBELT también conocido como Track III, el cual operaba secretamente con la CIA, agrega el Cedec.

    Otros documentos desclasificados del gobierno de EEUU, publicados el 11 de septiembre de 1998 por el National Security Archive revelan varios memorandos de la CIA e informes sobre el Proyecto FUBELT los cuales detallan las acciones destinadas a derrocar desde septiembre de 1970 a Salvador Allende.

    Las intenciones de Nixon eran cada vez más palpables, según un artículo de la OR publicado en 1998, Estados Unidos “estranguló” la economía de Chile para preparar el golpe de Estado, como dijo Henry Kissinger, en manuscritos del director de la CIA, Richard Helms, tomados en reuniones en 1970 con Nixon, quien ordenó hacer “chillar” a la economía chilena, ante esto el Banco Mundial y otras instituciones financieras internacionales dominadas por Estados Unidos cancelaron préstamos.

    De acuerdo con los documentos, la International Telephone & Telegraph (ITT) formó un comité de representantes de corporaciones estadounidenses para realizar una estrategia contra Allende junto a Nixon.

    El 11 de septiembre, ante las informaciones recibidas, Allende se dirige hacia el palacio La Moneda y portaba la metralleta que le había regalado el líder de la revolución cubana Fidel Castro la cual no había disparado jamás. Resistió seis horas de ataques de cohetes Sura 3 lanzados por las fuerzas militares golpistas contra la casa del gobierno.

    Según el testimonio de uno de sus doctores, Patricio Guijón, “cuando regresé para llevarme mi mascarilla antigas grité ¡Allende no se rinda, milicos de mierda! y con el fusil AK-47 que le había regalado Castro, Allende se disparó en la barbilla, explotando la bóveda craneana y murió al instante”, citado por Radio Cooperativa.

    Afirma el historiador español, especialista en Chile, Mario Amorós que “si, como sostienen -y yo les creo- los compañeros que lo acompañaron hasta los instantes previos a su suicidio, se disparó él mismo, fue para evitar que el presidente que el pueblo eligió fuera humillado por los golpistas”.

    El 13 de septiembre el régimen de los militares chilenos, designó a Augusto Pinochet presidente de Chile, y los partidos que apoyaban a la UP fueron puestos fuera de la Ley y el resto en receso indefinido.

    En Chile se desató una cruenta represión, se crearon campos de fusilamientos, se realizaban torturas y en los meses siguientes los “desaparecidos” fueron miles, además la dictadura se hizo presente con la regulación de la radio y televisión por parte de Pinochet, según la cronología “Los Días del presidente Allende” del historiador chileno Dr. Alejandro Witker.

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  2. La muerte de Allende relatada por García Márquez

    El golpe en Chile en el 73 y la truncada revolución, analizados por el nobel de literatura.

    El golpe de Estado en Chile del 11 de septiembre de 1973 fue organizada por militares y carabineros chilenos, partidos de derecha, empresarios, así como planeada, organizada, solventada y asesorada por EEUU. La acción militar culminó con el bombardeo al Palacio de la Moneda y la muerte del presidente constitucional Salvador Allende, imponiéndose la dictadura militar de Augusto Pinochet.

    En 2003, el premio nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez realizó el siguiente artículo sobre la trágica muerte de Allende, con un interesante análisis sobre las razones de ese amargo final para el proceso democrático chileno:

    La verdadera muerte de un Presidente

    Por: Gabriel García Márquez

    A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad.

    La última foto con vida de Salvador Allende, en el palacio de la Moneda.
    La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa.

    La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.

    Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.

    Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.

    El periodista Augusto Olivares que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública.

    Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacios, logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.

    Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: “Traidor”, y lo hirió en la mano.

    *Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil.

    La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que la Sra. Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.

    Había cumplido 64 en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible.

    Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería un poco a la antigua, con esquela perfumada y encuentros furtivos.

    Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.

    El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.

    * Observación: La muerte de Salvador Allende ha sido una larga discusión histórica, muerte en combate o suicidio. García Márquez se habla de la primera versión. Según un equipo internacional de forenses que presentó un estudio en julio de este año, Allende se suicidó en medio de las balas, los gases lacrimógenos y el incendio que consumía el palacio presidencial durante el golpe militar de 1973. El informe fue entregado a la prensa por el Servicio Médico Legal (SML), poniendo fin a 38 años de versiones diversas y contradictorias sobre su muerte.

    El historiador español, especialista en Chile, Mario Amorós afirma respecto “a mi juicio es casi anecdótico saber si se suicidó o si lo mataron, ya que murió a consecuencia del Golpe de los militares que traicionaron su juramento de lealtad y su deber de obediencia al jefe de la República”, manifestó. Se mostró optimista sobre que el resultado de la autopsia sirva poner fina alas especulaciones y permita a la sociedad dedicarse a “conocer su ejemplar trayectoria política”.

    Según el mismo, Allende “forma parte de lo mejor de la historia chilena y es patrimonio de todos los demócratas, sobre todo, de quienes entregan lo mejor de su vida a la lucha por la justicia social y la libertad”, afirmó el especialista español. “Su nombre, como el de Pablo Neruda o Víctor Jara, derrumban la cordillera de los Andes y une a Chile con todos los pueblos del mundo”.

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  3. Nuevo informe eleva a más de 40.000 las víctimas de la dictadura de Pinochet

    Por Mónica Acero
    El presidente chileno, Sebastián Piñera, recibió el 18 de agosto un informe oficial que acreditó otros 9.800 casos de torturas y 30 de desapariciones y ejecuciones durante la dictadura de Augusto Pinochet, lo que se suma a los cerca de 27.200 y 3.200 reportados anteriormente.

    El documento es considerado el cierre del proceso que se inició en 1990 con el informe RETTIG de la Comisión de Verdad y Reconciliación, que estableció en su momento cerca de 2.300 detenidos desaparecidos y ejecutados políticos.

    La Comisión Valech se encuentra a cargo de la calificación de detenidos desaparecidos, ejecutados políticos y víctimas de prisión política y tortura, durante la dictadura del ex militar Pinochet quien gobernó Chile de 1973 hasta 1990.

    En 1991, un año después del fin de la dictadura de Pinochet, un informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, conocido como Informe Rettig (por el jurista Raúl Rettig), certificó 2.296 casos de desaparición forzada y ejecuciones. Un año más tarde, se acreditaron otros 899 casos calificados de violaciones a los derechos humanos.

    En 2003 se creó la Comisión Valech (presidida por el obispo Sergio Valech) para esclarecer la identidad de las personas que sufrieron privación de libertad y torturas por razones políticas durante la dictadura. Esta Comisión buscaba complementar la labor de la Comisión Rettig, que se concentró en muertos y desaparecidos.

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  4. Salvador Allende: Suicida no, héroe

    Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

    Aunque en el léxico forense sea técnicamente correcto; ofrendar la vida por una causa en la que se cree desde la perspectiva inteligente del luchador social, es un acto de tal grandeza que reducirlo al suicidio, es no sólo inexacto sino mezquino. Salvador Allende es un héroe, un paradigma del ser humano capaz de asumir la muerte como un servicio y entregar la vida para plantar una semilla y levantar una bandera.

    En las dramáticas circunstancias en las que cayó combatiendo el primer presidente socialista electo en América Latina, determinar quien tiró del gatillo no hará diferencia alguna ni cambiará la historia: Allende es un mártir y tanto los autores intelectuales que desde Washington dieron la luz verde al golpe como sus ejecutores materiales, los fascistas al mando de Augusto Pinochet, fueron sus verdugos. Ningún tecnicismo cambiará la historia.

    Tal vez inmolación sea una expresión más apropiada, aunque todavía sin la fuerza de convicción y la plasticidad necesaria para expresar la dimensión humana, el dolor de aquella acción y el alcance de una tragedia semejante. En este caso decir que no existen palabras para describir el gesto es literalmente cierto. Quizás un poeta con las luces de Silvio Rodríguez que fue capaz de encontrar los giros necesarios para reivindicar la necedad hasta hacerla heroica, encuentre la metáfora apropiada.

    Empujado a una situación extrema en la cual entregarse sería humillar una causa, faltar a la palabra empeñada ante el pueblo y la Patria y de cierta manera admitir que la brutalidad y el fascismo podían prevalecer por sobre el líder al que el pueblo había confiado su destino, Salvador Allende, un hombre inteligente y bueno, prefirió negarles la razón. Su muerte puede haber sido la primera victoria de la resistencia.

    Obviamente los fascistas hubieran preferido no tener que bombardear La Moneda ni matar al presidente, para ellos hubiera sido más rentable atraparlo y desmoralizarlo exhibiéndolo en la derrota. Con su muerte Salvador Allende frustró el plan y sumó su vida al baldón que las hordas fascistas echaron sobre sí mismas al faltar al juramento de fidelidad a la Constitución.

    Salvador Allende facilitó las cosas para que fuera la historia y no el fascismo quien lo juzgara. Eso es exactamente lo que ocurrirá cuando el pueblo chileno transite por aquellas “grandes alamedas” que él avizoró como parte de un brillante porvenir. No es la forma de su muerte sino el contenido de subida lo que confiere la inmortalidad de que disfruta para siempre en el más allá de los pueblos.

    Allá nos vemos.

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  5. Allende fue sentenciado a muerte antes del 11 de Septiembre de 1973

    Dr. Enrique Villanueva M*

    El 11 de Septiembre de 1973 estábamos en la Escuela de Aviación Capitán Avalos en Santiago, desde allí fuimos testigos del desenlace de una historia que intentamos denunciar y de una ofensiva militar a la cual en vano intentamos oponernos. Por ello de lo que podemos dar fe es que la Fuerza Aérea de Chile, como parte de un plan de guerra asumió la responsabilidad de bombardear La Moneda, para que luego en tierra el ejercito con las fuerzas de Infantería, terminaran la tarea de liquidar todo vestigio de resistencia “ del enemigo “.

    En rigor los Hawker Hunter cumplieron una misión de bombardeo táctico cumpliendo tres misiones especificas, las que no se pueden realizar sin un plan previa y cuidadosamente estudiado, atacaron las antenas de las radios Corporación, Del Pacífico, Magallanes, Portales y Luis Emilio Recabarren, la Residencia Presidencial de Tomás Moro y La Moneda.

    Pero lo que no debemos olvidar es que los aviones atacaron el Palacio de Gobierno, el mas importante símbolo de la democracia en Chile con poderosos caza bombarderos, asumiendo que allí estaban atrincheradas las tropas enemigas y el puesto de mando del gobierno de Allende, con la misión de aniquilarles

    .

    ¿Qué duda puede haber entonces que la orden fue bombardear La Moneda y terminar con la resistencia armada que Allende y sus mas cercanos partidarios estaban ofreciendo?, por lo demás una valiente y ejemplar resistencia. Los militares sabemos y más aún los jefes de las FFAA, Pinochet, Leigh y Merino que bombardear significa aniquilar, no asustar, por lo que la misión fue bien clara y explicita, asesinar a Salvador Allende y a todos los que estaban resistiendo en el palacio presidencial.

    Para refrendar esto solo basta analizar donde descargaron los cohetes los aviones, los primeros Hawker Hunter dispararon dos cohetes sobre el Palacio presidencial, uno entró por una ventana al salón presidencial y el otro hizo impacto en el techo de un pasillo en el segundo piso y en total, pasaron en vuelo rasante ocho veces descargando 18 cohetes en 20 minutos.
    Por tal razón y mas allá de las excusas, la elección del blanco fue en al marco de la lógica de la guerra cuyo precedente histórico es Guernica en Abril de 1937, la ciudad sagrada del pueblo vasco, en este caso el bombardeo por los aviones de Franco y Hitler de la legión Cóndor se dirigieron contra toda la ciudad, no sólo contra los objetivos militares. En La Moneda el botín era Allende y al igual que en Guernica, porque los “rojos” resistían más de lo esperado. En Guernica las esperanzas de entrar en Bilbao de manera rápida se esfumaban con la resistencia republicana, en La Moneda mientras mas rápido y fulminante fuera el ataque ello disminuiría la posibilidad de respuestas de las fuerzas leales al gobierno.

    Entre los mitos creados para ocultar la planificación del bombardeo como parte del plan del golpe de estado, se ha dicho que los aviones fueron dirigidos por pilotos estadounidenses. Ante esto debo decir que meses antes del 11 de septiembre, fuimos movilizados a Cerro Moreno Antofagasta, un importante numero de técnicos y Pilotos, para que en el marco de la instrucción de cadetes futuros pilotos, se realizaran practicas en condiciones simuladas de bombardeos y maniobras, parecidas al teatro de operaciones aéreo elegido en Santiago.

    Por ello es que la actitud cobarde de los pilotos de la FACH al no querer entregar sus identidades, es contraria a la prepotencia con que esos oficiales actuaban antes del golpe de estado, los que sin ningún disimulo conspiraban y mostraban su odio por el gobierno de Allende. Así conocimos nosotros en Cerro Moreno, en el grupo 7, y 10 de Aviación al entonces Teniente Ernesto Amador González Yarra y al Teniente Fernando Rojas Vender, dos de los pilotos que al parecer bombardearon La Moneda.

    Ellos saben que en Chile no hubo guerra y que el golpe no se puede justificar como una acción para prevenirla, por el contrario esos pilotos fueron los actores principales justamente de la barbarie desatada por Pinochet con el cobarde bombardeo del Palacio de La Moneda. Saben que son cómplices del asesinato del presidente elegido democráticamente por el pueblo de Chile.
    La guerra de Pinochet, de Leigh, de Merino, y de estos pilotos consistió en apresar a personas indefensas para torturarlas y asesinarlas, para luego quemar sus cadáveres y hacerlas desaparecer, esas acciones simplemente no tienen justificación militar. No creo que exista un teórico serio o un militar de honor que pueda comprometerse en explicar hechos como el desaparecimiento de personas o las torturas, como son los sucedidos en Chile, con argumentos como que estos actos fueron el producto de una guerra.

    Por eso se inventó esto de la guerra sucia, para justificar como acciones militares la represión generalizada que se refiere a un conjunto de acciones represivas o calificadas como antisubersivas.

    En este contexto de odio es bien difícil pensar que hay una sola posibilidad respecto de la muerte de Allende, técnicamente es también difícil aceptar la tesis del suicidio con un AK 47, un fusil ametralladora de grueso calibre (7,62×39 mm.). Se trata de un rifle de asalto operado por gases, esto quiere decir que parte de los gases de la combustión de la pólvora es usada para realizar la operación del disparo automático cuyo efecto de retroceso es muy poderoso.

    Estuve en Centroamérica y conocí casos de personas que se suicidaron con un AK 47, hechos que demuestran que es muy difícil que el occiso quede sentado en una silla o mueble sin brazos laterales estrechos como es el caso de Allende. Además lo que se ha sabido es que nuestro presidente héroe tenía más de un impacto de bala en su cuerpo.

    En su caso lo mas probable es que al apretar el disparador (gatillo) en esa posición y volarse media cabeza, el cuerpo de este tendría que haber sufrido un sacudón primero, separándose sus rodillas, y el fusil AK debió haber caído con fuerza al suelo, mientras que el tronco se debió inclinar hacia adelante y a la derecha, cayendo al suelo junto al sofá.
    Pero bueno mas allá de cómo murió, Allende es un héroe de la democracia porque fue consecuente con su compromiso con Chile y su pueblo, por eso que el determinar la causa de muerte después de 37 años no reviste mayor importancia. Ahora bien, si esa investigación transcurre sin inconvenientes y las pruebas no son manoseadas, igual se llegara a la conclusión de que este presidente murió combatiendo asediado por la traición de las FFAA y abandonado por su partido y por los demás partidos de la Unidad Popular.
    La historia es lo que cuenta y esta nos demuestra que el presidente fue acorralado por el gobierno de Nixon, sentenciado por Kissinger, cercado por la derecha y sectores del Democracia Cristiana, fue bombardeado por un grupo de pilotos de la Fuerza Aérea que no se atreven a reconocer su acto técnico de cobardía y fue abandonando en el palacio presidencial, resistiendo hasta su muerte con un grupo de valientes.

    Si hay una conclusión de esta investigación esta solo confirmara que Allende fue asesinado, se demostrará que mas de alguna bala salió de una pistola representativa del odio que inspiro su asesinato, el que se inicio con el bombardeo a La Moneda.

    * Ex Militar Fuerza Aérea de Chile exonerado en 1973, Vicepresidente del CEEFA (Centro de Estudios Exonerados Fuerza Aérea de Chile 1973 )

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  6. Chile: Exhuman los restos de Allende

    ANSA

    Expertos chilenos y extranjeros iniciaron hoy en el cementerio General, en medio de gran recogimiento y puntualmente a las 07:30 locales (11:30 GMT), la exhumación de los restos del ex presidente Salvador Allende, una tarea encabezada por el juez Mario Carroza y a la cual asisten sus hijas, Isabel y Carmen Paz.

    Las dos mujeres, que portan claveles rojos, estaban acompañadas por otros familiares, abogados y por los presidentes de los partidos socialista (Osvaldo Andrade), Por la Democaracia (Carolina Tohá), Comunista (Jorge Teillier) y el ex candidato presidencial y ex ministro de Allende Jorge Arrate.

    Los 12 expertos chilenos y extranjeros estuvieron encabezados por Patricio Bustos, director nacional del Servicio Médico Legal, a cuyas instalaciones cercanas al cementerio General fueron llevados los restos óseos para ser analizados. La exhumación con fines jurídicos de los restos de Allende (1970-1973) busca establecer una verdad histórica sobre la muerte del ex mandatario en el palacio de La Moneda, atribuida a suicidio por su familia y personas cercanas a él.

    Entre los expertos internacionales presentes se cuenta el antropólogo Luis Fonderbrider, representante del alto comisionado de Naciones Unidas en misiones humanitarias.

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  7. Salvador Allende, la exhumación para establecer la verdad jurídica
    Publicado el : 23 de mayo 2011 – 12:36 de la tarde |
    Por José Zepeda

    La diligencia jurídica para establecer la causa de la muerte del presidente Salvador Allende se realizara hoy 23 de mayo a las 7.30 de la mañana en el Cementerio General de Santiago de Chile. Once expertos serán los encargados de llevar adelante el peritaje, cinco de ellos son extranjeros. Se pondrá fin de este modo a las variadas especulaciones que han rodeado el caso desde hace 38 años.

    Los hechos incuestionables son los siguientes: Poco antes de las 14.30 horas, ese 11 de septiembre de 1973, Allende decide la rendición y ordena a su gente que abandone el Palacio de La Moneda, él se queda atrás. Varias dependencias están en llamas por los ataques de las aviones Hawker Hunter, la balacera continúa y el general Javier Palacios lleva adelante su propósito de ingresar a La Moneda. A los pocos minutos el médico Patricio Guijón regresa para llevarse una máscara antigases de recuerdo de esas horas dramáticas. Allí, en el Salón Rojo, se encuentra al Presidente con el cráneo destrozado. El Doctor Oscar Soto recuerda el momento:

    “… Y se encuentra el espectáculo que el presidente tiene una metralleta entre sus rodillas. Se ha disparado debajo de la barbilla. Eso ha producido un estallido del cráneo. La masa encefálica está por toda la habitación. Digamos por el techo, por las paredes. Entonces, yo ni él( Patricio Guijón) tenemos ninguna duda de que el presidente se suicidó”.

    Desde el mismo once comienzan a tejerse las especulaciones. Todos los médicos personales del mandatario afirman que éste se suicidó con la metralleta AK 47 que le había regalado Fidel Castro. Un sector de la izquierda desmiente al principio esta versión porque le parece poco gloriosa. Propagan la versión de que el presidente fue conminado a rendirse por un grupo de militares y que ante su negativa y su respuesta a balazos motivó que esa gente lo ultimará en la refriega.
    El Nobel Gabriel García Márquez fue más lejos y elaboró una verdadera epopeya en la que Allende se batía solo, hasta su último aliento, en contra de muchos militares. Años más tarde un periodista (Camilo Taufic) saca un libro en el que asegura que efectivamente Allende se suicidó, pero como no murió tras pegarse un balazo de pistola en la cabeza, un miembro de su seguridad personal, el GAP, Enrique Huerta, se habría visto en la obligación de darle un tiro de gracia.

    De vuelta a los hechos irrefutables: Allende es sepultado el 12 de septiembre de 1973 en el cementerio Santa Inés de Viña del Mar. Al sepelio solo asiste su viuda, Hortensia Bussi, acompañada de su cuñada Laura Allende. 17 años después se exhuma su cadáver, el 14 de agosto de 1990. El médico Arturo Gijón es el primero en verlo en la misma fosa. Las palabras salen de su garganta con dificultad: “se mato el hombre” Luego, cuando sube de la fosa, agrega: “es el presidente” Días más tarde, el cuatro de septiembre El Chicho, como le llamaba cariñosamente la gente, recibe honores de estado en un funeral multitudinario en la capital chilena.

    Dos antecedentes históricos ayudan a analizar lo ocurrido. Las últimas palabras de Allende, difundidas por radio a las 9.10 de la mañana de ese once de setiembre, son elocuentes, él ya había tomado una decisión irrevocable:

    “Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente”.

    El general Palacios entregó el siguiente informe por radio: “Misión cumplida. Moneda tomada, presidente muerto».
    A su vez el coordinador del golpe, Patricio Carvajal, dice por interno a Augusto Pinochet:
    “Hay una comunicación, una información de personal de la Escuela de Infantería que está ya dentro de La Moneda. Por la posibilidad de interferencia, la voy a transmitir en inglés: They say that Allende committed suicide and is dead now (Dicen que Allende se suicidó y ahora está muerto)”

    Si las evidencias son tan elocuentes, ¿Por qué entonces esta investigación solicitada expresamente por la familia Allende? Porque a juicio de muchos es importante el valor histórico de lo ocurrido. La versión del suicidio es de gente muy próxima al presidente Allende y, en consecuencia, siempre ha corrido el riesgo de ser vista como una opinión interesada. Isabel Allende, senadora, hija del presidente, desea, como tanta otra gente establecer de una vez y para siempre la verdad de lo ocurrido.
    La verdad más probable es la suicidio. Las razones de este gesto definitivo han contribuido a crear un aura de grandeza en torno a la figura de Allende: el presidente había prometido no renunciar. Tampoco iba a permitir que lo ultrajaran física y sicológicamente. Él no se veía subiendo a un avión para marchar al exilio. Lo dijo, quería que su inmolación sirviera de castigo moral a la traición. Es esa consecuencia de morir por lo que creía lo que, más allá de su evaluación histórica, concita respeto y admiración.

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